Abdullah Azzam, el padre de la Yihad Global: el maestro palestino de Osama bin Laden

«La yihad y el rifle solos: sin negociaciones, sin conferencias y sin diálogos» – Abdullah Azzam.

«Con los infieles no hay dialogo, ni negociación, ni pacto; solo conquista y victoria» – ibidem.

«Aquellos que creen que el islam puede florecer y ser victorioso sin la yihad, la lucha y la sangre, están engañados y no tienen comprensión de la naturaleza de esta religión» – ibidem.

«Continuaremos la yihad sin importar cuánto tiempo sea el camino, hasta el último aliento y el último latido del pulso, o hasta que veamos establecido el Estado Islámico» – ibidem.

«Una hora en el camino de la yihad vale más de 70 años de oración en casa» – ibidem.

«La yihad en Afganistán se ampliará hasta que el mundo entero sea conquistado, porque Alá ha prometido la victoria al islam» – ibidem.

«La sangre debe fluir. Debe haber viudas; debe haber huérfanos» – Fayiz Azzam, primo de Abdullah Azam

 

Muchos creen que el padre de la idea de yihad global y del Califato Universal fue Osama bin-Laden. Sin embargo, no fue él, sino Abdullah Yusuf Azzam (1941-1989), un teólogo palestino apenas conocido en Occidente que fue uno de los ideólogos de los Hermanos Musulmanes, una organización que destacó por su virulencia impulsando el radicalismo islámico en el mundo y colaboró estrechamente con los nazis y la Italia fascista durante la Segunda Guerra Mundial. Lo cual fue una constante en gran parte del mundo árabe sobre la que he hablado en un anterior artículo. Desafortunadamente y a diferencia de Europa, el mundo árabe no fue desnazificado después de la guerra y las ideas del nacional-socialismo alemán, adaptadas según el caso, siguen teniendo mucho éxito incluso en nuestros días en algunos países árabes, mientras Mein Kampf, el intragable libro de Hitler, aún cotiza como best-seller. «En Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con esvásticas y retratos de Hitler», dijo Joseph Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, en 1937 – y hay decenas de citas que se podrían dar al respecto. En realidad, la propia idea del Califato Universal es bastante parecida al Reich de los Mil Años de Hitler (Tausendjähriges Reich).

Azzam ayudó a crear varias organizaciones terroristas como, por ejemplo, Al-Qaeda y Lashkar-e-Taiba (LeT), que mantuvieron una estrecha colaboración incluso después de su muerte. Antes de ello, Azzam había predicado durante muchos años la yihad contra Israel y fue miembro del Movimiento Islámico, el ala de los Hermanos Musulmanes en los Territorios Palestinos que se convirtió posteriormente en Hamas, la organización terrorista que hoy en día gobierna en la Franja de Gaza, ayudando, entre otras a escribir su carta fundacional. Aunque hubo algunos detractores negando lo anterior, el propio bin Laden admitió en una entrevista concedida a Al Jazeera en 1989 que Azzam apoyó abiertamente a Hamas tanto financiera como ideológicamente. Por lo que no sorprende saber que, después de su muerte, Hamas incluyera a Azzam en su lista de mártires. La muerte de Azzam no supuso la desaparición del concepto de yihad global y organizaciones como LeT, Al-Qaeda, o el Estado Islámico, entre otras, siguen llamando a la guerra amparándose en sus ideas.

Después de la Guerra de los Seis Días de 1967 entre Israel y varios países árabes, Azzam se trasladó a Jordania, pero sus acciones subversivas lo pusieron en el ojo de mira de las autoridades hachemitas y se vio obligado a marcharse, primero a Arabia Saudita, y luego a Pakistán. Mientras estuvo en Jordania, Azzam participó en operaciones paramilitares contra Israel; sin embargo, se desilusionó rápido con la OLP (la Organización para la Liberación de Palestina) de Yasser Arafat debido a la orientación marxista de la organización y su financiación por la Unión Soviética. Pero Azzam no las tenía solo con Israel, sino también con Occidente, así que ideó un movimiento trasnacional panislámico contra las potencias occidentales, que hoy en día conocemos como la yihad global.

En Arabia Saudita, Azzam trabajó como profesor en la Universidad Rey Abdul Aziz, permaneciendo allí hasta 1979. Así conoció a Osama bin Laden, que estudió en la misma universidad. Cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en 1979, Azzam emitió una fatwa intitulada «Defensa de las Tierras Musulmanas, la Primera Obligación después de la Fe», dictaminando que tanto las luchas afganas como las palestinas eran yihads y que todos los musulmanes de todo el mundo estaban obligados a participar. Dicha fatwa, redactada en la más pura ortodoxia coránica, expresa la necesidad de librar la guerra donde fuera, siendo uno de los documentos más elocuentes que hay sobre la naturaleza del yihadismo. Llama la atención su referencia a Andalusia – o sea, la España morisca -, que usó para justificar por qué hay que hacer la yihad. Aclaro, para quien lo desconozca, que los islamistas consideran tierra musulmana (umma) no solo los territorios de los países donde se practica el islam, sino también los que una vez estuvieron bajo dominación árabe y posteriormente fueron reconquistados por sus pueblos legítimos, que es el caso de España e Israel, entre otros. El texto fue avalado por las principales autoridades religiosas de Arabia Saudita, el gran muftí Ibn Baz incluido, y es de libre lectura en Internet – al final del articulo dejo el enlace.

Yunis Al-Astal,

Esta idea de volver a conquistar los territorios que una vez estuvieron bajo dominación musulmana, e incluso todo el mundo, es recurrente en el discurso de varios líderes islamistas. Uno de ellos es Yunis Al-Astal, un parlamentario palestino de Hamás, quien, en 2008, declaró públicamente y sin tapujos que: «Muy pronto, si Alá quiere, Roma será conquistada como lo fue Constantinopla, tal como fue profetizado por nuestro profeta Mahoma. Hoy, Roma es la capital de los católicos, o la capital de los cruzados, que ha declarado su hostilidad al islam y ha plantado a los hermanos de los monos y los cerdos en Palestina con el fin de evitar el despertar del islam; esta capital suya (Roma) será un puesto avanzado para las conquistas islámicas, que se extenderán por Europa en su totalidad, y luego seguirán en las dos Américas e incluso en Europa del Este. Creo que nuestros hijos y nuestros nietos heredarán nuestra yihad». Ibn Jaldún, un conocido sociólogo árabe, justifico la idea aduciendo argumentos del Corán: «En la comunidad musulmana, la guerra santa es un deber religioso debido al universalismo de la misión (musulmana) y (la obligación) de convertir a todos al islam ya sea por persuasión o por la fuerza. (…) Los otros grupos religiosos no tenían una misión universal y la guerra santa no era un deber religioso para ellos, salvo solo con fines de defensa. (…) El islam tiene la obligación de ganar poder sobre otras naciones».

Volviendo a Azzam, en 1979 este se marchó a Peshawar, Pakistán, cerca de la frontera afgana, y allí organizó campos de entrenamiento paramilitar, reclutando y preparando voluntarios para la lucha – se estima que hubo entre 16.000 y 35.000 venidos de todo el mundo. Para financiar sus actividades, contó con el apoyo de Osama bin Laden, que también vivió en Peshawar durante un tiempo y cuya familia es poseedora de una fortuna que se eleva a miles de millones de dólares – la parte de bin Laden se estimó en 300 millones. Se trata de un dato reconocido abiertamente y en muchas ocasiones por Azzam. Por poner un ejemplo, en un discurso que dio en Peshawar, dijo que: «Hay una persona que siempre nos ha apoyado: Osama bin Laden», al que consideraba un «ángel enviado por Dios», según sus propias palabras. A ello se sumó la asistencia financiera y militar de la CIA (el Congreso norteamericano aprobó formalmente en abril de 1980 la cantidad de 15 millones de dólares para financiar la resistencia afgana, aunque el grueso provino de fuentes no tan claras), y también del gobierno de Arabia Saudita y de la inteligencia pakistaní, que unieron sus esfuerzos para detener el expansionismo soviético y, de esa forma, desestabilizar Rusia. Arabia Saudita sufragó en Pakistán campos de refugiados e incluso formó su propio núcleo yihadista: la Unión Islámica, dirigida por Abdul Radsul Sayyaf, cuyo ayudante era bin Laden. También financió una escuela llamada Dawa’a Al-Jihad, o sea, «Llamada a la yihad», que se convertiría en uno de los centros de reclutamiento e instrucción de terroristas más famosos del mundo. A partir de ese momento, para los yihadistas, el campo de batalla iba a ser todo el mundo. La yihad global acababa de nacer.

En Peshawar, Azzam puso las bases de la Oficina de Servicios de los Guerreros Sagrados (muyahidines), impulsando la ira contra los no musulmanes (más exactamente, principalmente contra los cristianos y judíos, aunque no solo) que, según él, conspiran contra el islam desde antes de las Cruzadas. Junto con bin Laden, editó la revista mensual Al Jihad, que sirvió de propaganda del recién creado movimiento. Tras la retirada de los rusos de Afganistán en 1989, Azzam intentó convencer a bin Laden trasladar la yihad a los Territorios Palestinos, pero la idea no le gustó al último, que prefirió quedarse en Afganistán y, junto con Ayman al-Zawahiri, puso las bases de Al-Qaeda. Por lo que Azzam decidió entrenar a solas a miembros de Hamas en suelo afgano, para luego combatir contra Israel. Durante la Primera Intifada, Azzam apoyó a Hamas tanto a nivel financiero como logístico, desde su base en Pakistán, lo cual lo enfrentó con la Yihad Islámica Egipcia y su líder, Aymán al-Zawahiri. Por su parte, bin Laden también creó una red para reclutar palestinos que entrenaran en Afganistán para la lucha contra Israel, asegurándoles, además de dinero, pasaportes falsos para eludir los controles de la inteligencia israelí.

En la década de los 80, Azzam viajó por todo Medio Oriente, Europa y América del Norte, generalmente acompañado por su principal ayudante, el jeque palestino Tamim Al-Adnani, recaudando dinero e impulsando a la yihad contra los «enemigos del islam». La retórica que usó Azzam estaba repleta de cuentos milagrosos con ángeles que cabalgaban delante de las tropas musulmanas, pájaros que interceptaban las bombas y muyahidines que sobrevivían ilesos a las balas y se levantaban después de haber sido atropellados por los tanques rusos. También reavivó la propaganda del célebre líbelo de sangre de la Europa medieval, diciendo que los judíos mezclan la sangre de los musulmanes en su pan de Pascua – por muy absurdo que parezca, este líbelo medieval, que en nuestros tiempos no se creería ni un niño, es un tema que aparece con recurrencia en los canales neonazis, radical islamistas y conspiracionistas.

En Estados Unidos, Azzam se dedicó no solo a recaudar fondos, sino también a impulsar a la yihad global y en la Primera Conferencia de la Yihad, organizada en la Mezquita Al-Farook, de Brooklyn, instó a su audiencia, que contaba unas 200 personas, a llevar la yihad allá donde fuera, Estados Unidos incluidos. En este sentido, en un documental de Steven Emerson de 1994 intitulado «Terroristas entre nosotros: yihad en América», se escucha a Azzam exhortando a su audiencia a librar la yihad en el mismo corazón de Estados Unidos, recalcando que esta «significa solamente luchar, luchar con la espada» – y negando de esa forma la interpretación que le suele dar en Occidente canales como la BBC, por ejemplo, en el sentido de que la yihad se refiere solo a una lucha espiritual interior de autosuperación. En el mismo vídeo aparece su primo, Fayiz Azzam, diciendo que: «La sangre debe fluir. Debe haber viudas; debe haber huérfanos».

La formulación ideológica de la yihad global de Azzam conformó posteriormente la base de Al-Qaeda. En esa visión se requería de una vanguardia como núcleo de la nueva sociedad islámica que había ideado: «Esta vanguardia constituye la base sólida (en árabe: “qaeda”) para la sociedad esperada. (…) Continuaremos la yihad sin importar cuánto tiempo sea el camino, hasta el último aliento y el último latido del pulso, o hasta que veamos establecido el Estado Islámico». Azzam recalcó que se debía librar la yihad incluso en los territorios que cuentan con una minoría musulmana, como por ejemplo Filipinas, ya que, según su interpretación del Corán, allá donde haya un musulmán, todo el territorio tiene que ser musulmán – o sea, todo el mundo, porque dudo que haya un país en el que no exista una minoría musulmana, o no viva siquiera una persona de fe musulmana. Azzam promovió como patria de la yihad a Palestina.

Azzam falleció el 24 de noviembre de 1989 en un atentado con coche bomba que nadie reclamó. Se barajaron muchas hipótesis sobre los autores del atentado, pero, hasta la fecha, sigue siendo un asunto irresuelto. Las diversas teorías apuntan a algunas milicias islámicas rivales, la CIA, el Mossad, el KHAD (la inteligencia afgana), o el KGB. Ali Soufan, un ex agente de la FBI, escribió en su libro The Black Banners que el autor habría sido Aymán al-Zawahiri, el rival de Azzam. En casi el mismo sentido se pronunció el yerno de Azzam, Abdullah Anas, quien dijo que el autor había sido la Yihad Islámica Egipcia – cuyo líder era Zawahiri. Otra de las hipótesis formuladas indicaba a la inteligencia iraní, férrea rival del wahabismo saudita (que financió a Azzam); mientras que Humam Khalil Abu-Mulal al-Balawi, un agente doble jordano, dijo que tenía datos que probaban la cooperación en el asesinato de la Dirección General de Inteligencia de Jordania con la CIA. Incluso Osama bin Laden estuvo en el punto de miras, aunque los datos indican que en esos momentos estaba en buenas relaciones con Azzam; sin embargo, sí se sabe que entre ambos hubo una seria disputa con respecto a dónde debía Al-Qaeda enfocar sus operaciones.

La muerte de Azzam no significó ni mucho menos la desaparición de sus teorías sobre la yihad global, ya que sus más de cien libros, artículos y discursos – en los que, principalmente, describió los requisitos de la yihad global y glorificó el papel de los terroristas suicidas – continuaron siendo públicos tanto en Internet como en la propia editorial de Azzam, que operaba desde un apartado de correos de Londres. Hoy en día, la rama libanesa de Al-Qaeda lleva su nombre: Abdullah Azzam Brigades.

 

Algunos datos sobre el modus operandi de los yihadistas      

El modus operandi de los islamistas radicales es bastante conocido para muchos y hay información de sobra tanto en las redes como en libros de especialidad. Uno de los mejores libros que he encontrado en este sentido ha sido Humillación y Agonía.: Análisis conductual de las ejecuciones del DAESH, de Juan Enrique Soto Castro (Inspector Jefe de la Policía Nacional española, Jefe de la Sección de Análisis de Conducta de la Unidad Central de Inteligencia Criminal, Doctor en Psicología, experto en Neurociencias y Licenciado en Ciencias Policiales) y David Garriga Guitar (Licenciado en Criminología, especialista en terrorismo yihadista, presidente de CISEG – Comunidad de Inteligencia y Seguridad Global, cofundador de OPRA – Observatorio de Prevención contra el Radicalismo Violento, y autor de los libros Yihad ¿qué es? y Las Legiones de Satán: Asesinos en Serie en tierras del Islam).

En dicho libro, los autores analizan unos vídeos que el Estado Islámico (también llamado DAESH o ISIS) difundió en las redes entre los años 2004 y 2014, con ejecuciones en directo tanto de ciudadanos occidentales inocentes como de militares del ejército sirio. A diferencia de la gran mayoría de los analistas, los autores no solo que analizan la psique de los terroristas yihadistas a raíz de las grabaciones, sino que, además, expresan su esencia, su principal rasgo, que es la COBARDÍA. No entraré en detalles que cualquiera puede conocer leyendo el libro – advierto de que hace falta un estómago bastante fuerte para ello -, sino que solamente esbozaré algunos datos que me han parecido imprescindibles para comprender el perfil de los terroristas.

En primer lugar, los autores destacan el recurso por parte de los terroristas de conceptos religiosos como una constante en su actuación. Desde cánticos que se oyen de fondo, que son, casi siempre, suras del Corán cantadas o recitadas – mientras los terroristas degüellan, ahorcan, o ahogan lentamente a seres humanos inocentes e indefensos – hasta el uso de banderas, sellos y otros símbolos con significado coránico que se remontan a los tiempos del Profeta Mahoma, o imágenes de ataques suicidas realizados por jóvenes con una mirada sonriente sobre un fondo de efectos visuales y sonoros que dan un aura de heroísmo e incluso romanticismo a las acciones suicidas – cuando, en realidad, no son más que unos asesinos cobardes que colocan bombas en autobuses de niños o centros comerciales muy concurridos. También llaman la atención los amplios y muy especializados conocimientos de los terroristas en técnicas de comunicación persuasiva y de manipulación, delatando con ello que dedican una cantidad ingente de recursos a la propaganda, que es una de las armas más potentes con las que cuentan los terroristas yihadistas.

Para justificar sus acciones, los terroristas analizados en el libro, en este caso, integrantes del Estado Islámico, emulan al Profeta Mahoma, que llevaba una bandera negra y lisa en sus batallas – significando el cumplimiento estricto de los preceptos religiosos. Su primer uso data del siglo VII d. C., en las primeras épocas del islam. En el Estandarte Negro (en árabe: Al-Raya), que es usado actualmente no solo por el Estado Islámico, sino también por otras organizaciones islamistas radicales (como por ejemplo: AQI, que es Al-Qaeda en Irak; Al-Shabab, en Somalia; o Al-Qaeda en la Península Arábiga), aunque con diferencias dependiendo de cada grupo, los terroristas del Estado Islámico han añadido la primera parte del texto de la Shahada (que se traduce como «testimonio»): «‘ilaha ‘illa-llah», cuya traducción sería: «No hay más dios que Alá». Según los autores antes citados, «El hecho de mostrar esta frase en la bandera puede añadir un matiz de autenticidad histórica a su misión. Pero el principal poder recae en el hecho de que el nombre de Alá aparece en ella. Todo lo que se haga contra ella (quemarla, mancillarla, etc.) será castigado, y duramente, ya que para los musulmanes será sagrada solo por contener el nombre de Alá. La utilización del nombre de Alá junto a la profesión de fe convierte la bandera en sagrada, por lo que se la considera un símbolo religioso, lo que hace que cualquier acto contra ella pueda ser castigado».

Pero los integrantes del Estado Islámico han ido más lejos aún en su intento de legitimar sus atrocidades, poniendo en la parte inferior de su bandera el sello del Profeta Mahoma. Y, aunque la autenticidad del sello no ha sido probada hasta la fecha, lo anterior confiere a los terroristas una legitimidad religiosa, delatando un desesperado intento de ser considerados los auténticos sucesores del Profeta y los portadores del verdadero mensaje del islam.

Los terroristas del Estado Islámico cuentan con una amplia gama de medios de comunicación, que van desde revistas, hasta televisiones y agencias de noticias digitales. Destaca Amaq (que en árabe significa las «profundidades»), que distribuye sus noticias por medio de servicios encriptados y anónimos como por ejemplo Telegram. Amaq informa habitualmente sobre el número de mártires del califato y de los atentados perpetrados, manejando información proveniente directamente del Estado Islámico. También destaca la revista mensual Rumiya, que sustituyó a Dabiq, cuyo último número se publicó en julio de 2016 bajo el título Rompiendo la Cruz. Rumiya se dedica principalmente a difundir propaganda y a reclutar, y es editada en varios idiomas (inglés, francés, alemán y ruso, entre otros). Se difunde en las redes. En uno de sus primeros números se aconsejaba cometer atentados en Occidente usando armas blancas, porque son fáciles de obtener y esconder.

A diferencia de la mayoría de los musulmanes, que consideran que los cristianos y los judíos – a los que llaman la «Gente del Libro» (Corán 2:62 y 2:87) – disfrutan del perdón divino debido a su religión monoteísta y creen que «no tendrán que temer y no estarán tristes» si actúan rectamente, los terroristas yihadistas los consideran infieles sin más. Pero no solo a ellos, sino también a los demás musulmanes que no sean suníes o que se alejen de su visión radical, por lo que todos ellos son dignos de su castigo – los terroristas se consideran a sí mismos una clase de brazo armado de Alá, que vigilan para el cumplimiento del orden divino en la tierra.

Los terroristas aducen como argumento de su actuación una interpretación extremista del Corán. Sin embargo, los métodos que emplean se alejan, a veces mucho, de los conceptos coránicos. En este sentido, los autores hacen referencia a la decapitación, que no es un castigo previsto por las leyes islámicas, aunque sí usado a veces a lo largo de la historia para castigar a los infieles. Sin embargo, la decapitación es uno de los métodos de ejecución que los terroristas suelen elegir para asesinar a occidentales inocentes y es lo que más destaca en los videos que lanzan en las redes. Lo cual delata sin lugar a dudas que el propósito de esos desdeñables individuos no es respetar los preceptos coránicos, sino producir terror y, con ello, un infructuoso y atroz intento de doblegar a Occidente, ya que las imágenes de las victimas indefensas, con las manos atadas a la espalda y con la cabeza cortada colocada encima del cuerpo sin vida, sí provoca una fuerte impresión a cualquiera.

En realidad, las únicas suras del Corán que mencionan la decapitación como castigo a los infieles son 8:12 («Cuando vuestro Señor inspiró a los ángeles: Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues, a los que creen! ¡Infundiré el terror en los corazones de quienes no crean! ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!»); y 47:4 («Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra. Es así como debéis hacer. Si Alá quisiera, se defendería de ellos, pero quiere probaros a unos por medio de otros. No dejará que se pierdan las obras de los que hayan caído por Alá»).

En su atento análisis psicológico de los yihadistas del Estado Islámico, los autores del anterior mencionado libro demuestran que, de hecho, los que más se alejan de los preceptos coránicos son los propios terroristas. En este sentido citan el caso de un piloto jordano al que los terroristas asesinaron quemándolo vivo. Sin embargo, en el Corán hay muchas suras y hadices que delegan esta condena exclusivamente a Dios. En el mismo sentido sentenció, entre otros, el imam Abu Dawud, quien transmitió tres hadices bajo el título: «La natura detestable de quemar a las fuerzas enemigas con fuego».

Pero lo que más destaca en la actuación de los terroristas yihadistas es su cobardía, ya que casi nunca atacan objetivos estratégicos o militares – aunque cuentan con recursos para ello -, sino que sus víctimas son casi siempre de las más vulnerables, que eligen solo para generar el máximo daño físico o psicológico a la población civil. Sus víctimas suelen ser civiles indefensos, como por ejemplo las que aparecen en los vídeos analizados en el libro citado, que eran un taxista, un fotógrafo que informaba sobre la guerra civil de Siria, e incluso un voluntario que participaba en misiones humanitarias en acciones claramente altruistas, ayudando a las víctimas civiles de Siria. Casi todos eran padres de familia y blancos fáciles que, antes de su inhumano asesinato, habían sido desmoralizados hasta el límite mediante largos cautiverios en condiciones que ni siquiera podemos imaginar. Todas las víctimas fueron ejecutadas después de quitarles toda capacidad de defensa, maniatadas y, seguramente, tras torturas que las llevaron al extremo de justificar ante las cámaras su muerte como culpa exclusiva de sus gobiernos, exculpando de esa forma a los terroristas.

El modus operandi de los terroristas del Estado Islámico y demás grupos terroristas yihadistas parecen copiadas del mismo manual. En concreto, se trata de un pequeño libro titulado La gestión de la Barbarie, escrito bajo el pseudónimo Abu Bakr al Naji, que describe los pasos a seguir para implantar el Califato Mundial. En dicho manual se lee que, en la primera fase de su implantación, llamada la Fase de humillación y agotamiento, se tiene que hacer uso precisamente de vídeos como los analizados por los autores citados, con el fin de minar la confianza y la moral de las sociedades occidentales mediante el recurso a acciones que causen un terror ilimitado. La segunda fase, intitulada El desembarco de los salvadores, comenzaría una vez destruidos los pilares básicos del mundo occidental. En esta fase, los terroristas que anteriormente hubieran vivido en Occidente y luego se habrían marchado y entrenado junto al Estado Islámico, volverían como salvadores a sus anteriores países para apoyar la instauración del nuevo Califato, que sería presentado entonces como único remedio frente al caos provocado por el terror inducido por los yihadistas de forma paulatina.

Concluyendo, del análisis del modus operandi de los terroristas yihadistas lo que más destaca es una cobardía sin límites, psicopatía llevada a sus extremos, falta absoluta de valores humanos y de respeto por la vida, todo ello disfrazado bajo los velos de una «santidad» incapaz de respetar siquiera su propio libro sagrado, el Corán. Una barbarie sin limites y sin lugar en las sociedades modernas, que debería causar no miedo, sino rechazo absoluto, seguido de un endurecimiento de las penas por tales atrocidades. El buenismo y el multiculturalismo mal entendido y aún peor aplicado desde luego que no son ninguna solución.

FUENTES:

1) Webs:

SITE Intelligence Group: www.ent.siteintelgroup.com – Es un excelente portal de seguimiento de la actividad de los grupos terroristas en internet, que vigila la actividad en línea de las organizaciones terroristas y que fue entre los primeros en informar de los primeros vídeos analizados por los autores citados en la segunda parte del presente artículo. Los registros sobre terroristas, ejecuciones y movimientos de SITE Intelligence Group superan muchas veces los registros de las propias agencias de inteligencia de los Estados occidentales.

Journal of Counterterrorism & Security International: www.iacspjournal.com – Es publicado por la Asociación Internacional de Profesionales de Contraterrorismo y Seguridad en cooperación con la Fundación de Educación e Investigación de Contraterrorismo y Seguridad.

Counter Extremism Project: www.counterextremism.com – Una excelente base de datos de terroristas y extremistas.

Behavior and Law: www.behaviorandlaw.com – Es una fundación española especializada en la investigación, divulgación y formación en Ciencias Forenses y del Comportamiento.

Editorial Behaviour and Law – Ciencias del Comportamiento y Ciencias Forenses: www.blediciones.com

IPT – The Investigative Project on Terrorism: https://www.investigativeproject.org/ – Es el centro de datos más completo del mundo sobre grupos terroristas islámicos radicales. Durante más de dos décadas, el IPT ha investigado las operaciones, la financiación, las actividades y los grupos de fachada de los grupos terroristas y extremistas islámicos en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Steve Emerson Blog: https://www.steveemerson.com – Steven Emerson es considerado una de las principales autoridades en redes extremistas islámicas, financiamiento y operaciones, así como en seguridad nacional e inteligencia. Es el Director Ejecutivo de The Investigative Project on Terrorism, una organización sin fines de lucro que mantiene uno de los almacenes más grandes del mundo de datos de archivo e inteligencia sobre grupos terroristas islámicos y de Medio Oriente.

Documento «Defensa de las Tierras Musulmanas, la Primera Obligación después de la Fe» de Abdullah Azzam, citado en el presente artículo: https://english.religion.info/2002/02/01/document-defence-of-the-muslim-lands/

 

2) Libros:

Humillación y Agonía: Análisis conductual de las ejecuciones del DAESH, de Juan Enrique Soto Castro y David Garriga Guitart

Historia de la Yihad, de José Javier Esparza,

La Yihad Global, el terrorismo del siglo XXI, de George Karim Chaya,

Descifrando la mente del yihadista, de Bahae Eddine Boumnina

Al-Andalus 2.0. La ciber-yihad contra España, de Manuel Ricardo Torres Soriano

Califato ISIS, de Alfonso Poza

The Grand Yihad: how the Left sabotage America, de Andrew McCarthy

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