Amar en tiempos de guerra. Sonríeme

Sonríeme cuando te miro…
… porque te amo. Yo no amo al triste o al alegre, al rico o al pobre, al leso o al ganador, al amante o al inquisidor, al santo o al pecador. No amo tu luz ni tu oscuridad, sino a ti, el que te atreviste a portarlas. Yo amo al que tuvo el coraje de jugar tu juego.

 
Sonríeme cuando te miro…
… porque te amo incluso cuando me hieres o cuando me dueles, aunque me defienda y a lo mejor con ello te dañe. Porque tú, en realidad, me enseñas alguna lección que me falta por aprender. No se puede tocar el cielo sin antes haber sentido todo lo que es posible sentir, tanto lo bueno como lo malo.

 
Sonríeme cuando te miro…
… porque te amo incluso cuando te venzo. Así es como tú me enseñas a mantenerme ecuánime y comprensiva aun en la victoria.
(Menudo reto el de aprender a amar en tiempos de guerra. Aunque es más fácil de lo que parece. El primer paso es actuar con humanidad en cualquier situación, por lo fea que sea. Si en la vida todos somos héroes encubiertos…
Otro «menudo reto» es aprender a amar nuestro proprio dolor, eso que a veces sentimos como un desgarro en el pecho, esas lágrimas que corren por nuestras mejillas cuando dejamos de frenar nuestros sentires. Esta es la única forma de trasmutar el dolor, porque todo lo que miras con amor en amor se transforma, tarde o temprano. Es la semilla que se volverá árbol.
Cuando la vida nos duele, no estaría de más recordar que en la materia nada dura para siempre. Ni la alegría ni el dolor. Y que el universo material es mujer y funciona en ciclos, repitiendo la misma lección hasta que la integremos. Somos hijos de la eternidad y de lo temporal, del infinito y de lo finito, del espíritu y de la carne, unimos en nuestro ser dos de las formas de existir del Todo. Y ello sí que es el mayor de nuestros retos.)

 
Sonríeme cuando te miro…
… porque te amo. Porque amo las tormentas de tu alma y los arcoíris de tu mirada. Porque amo las rosas de tu pecho y el fuego de tu vientre. Porque tú también me amas. Porque amas las tormentas de mi alma, los arcoíris de mi mirada, las rosas de mi pecho, el fuego de mi vientre. Porque tú y yo somos uno.

 
Sonríeme cuando te miro porque siempre te amo y cuanto más te amo, más me amo. Sonríeme, porque siempre te sonrío, incluso en los reflejos de las lágrimas, porque te amo como te amo y porque me amas como me amas. Sonríeme.

Mónica Nita – Camino de Libertad 1º, La Bruja del Amor y el Yonqui del Dinero

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