Amores de los domingos por la tarde…

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Quiero uno de esos amores despeinados, emperezados, que pecan sin vergüenza, como los domingos por la tarde;

De esos amores que se entrevén en las miradas que echan de menos, turbias por solitarios añoros y tristezas, aunque riendo destellos porque saben que la esperanza se cumplirá algún día de esta infinita eternidad a la que estamos (a veces felizmente) condenados;

De esos amores cuando una olvida cuándo acaba la legítima pasión y cuándo nace la descarada lujuria, perdida por entre llamas desatadas y el olor a sexo.

Quiero uno de esos amores desvergonzados como las risas de los amantes que han saciado sus cuerpos y, descansando, desentrañan los misterios del universo ocultos en los silencios de los domingos por la tarde, riéndose del tiempo cuando amaban sin saber si el amor existía y buscaban respuestas en la Fata Morgana de los desiertos dorados que ofrece ilusiones a cambio de sueños y promesas en lugar de esperanzas en ocaso.

Quiero uno de esos amores que solo los domingos por la tarde regalan: despeinados, emperezados, pecadores e inocentes a la vez, legítimos y también prohibidos, santos, aunque salpicados de lujurias que gimen, desvergonzados y que huelen a musk…

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