Antes de tiempo, me voy…

Antes de tiempo, me voy… Porque no puedo ver mermar tu amor – eso me dolería aún más que tu ausencia. Me voy porque quiero recordarte buscando el calor de mi abrazo dormido en las mañanas sin amanecer aún; y antes de querer olvidarme de la triste soledad en dos buscando alivio entre unas sábanas frías y repletas de sueños perdidos. Me voy porque no quiero que me ames como a una madre, cuando yo siempre te quise amante, y antes de que a mi arte, nacido en la pasión de cortesanas y conjuros de brujas, la mate la aburrida santidad de las madres vírgenes de las iglesias de este mundo, tan absurdo, a veces. Me voy antes de que el muro de hielo que se está levantando entre nosotros difumine tu rostro y deforme nuestros sentires – prefiero recordar tu pelo oliendo a perfume, tabaco y almohada sudada, y esa mirada tuya, tan cómplice a veces, que me comprendía aún sin hablar. Me voy antes de que la ausencia de la pasión, tan aburrida e insulsa, sea lo único que llene el vacío de entre nosotros.

Antes de tiempo me voy… Antes de que te vuelvas sordo a mis lágrimas – los dos perdidos en la cansina rutina de vernos despeinados demasiadas veces al día. Me voy mientras aún creas en mí, mientras aún adores a la diosa que habita las entrañas de mi alma, mientras aún añores el desenfreno de nuestras carnes y el recuerdo de mis gemidos aún te estremezca la piel. Me voy antes de que mi rostro de carne y tierra te aburra tanto, que te haga olvidar lo que sentiste y lo que sentí cuando nuestras miradas se recorrieron, hambrientas, por primera vez y se dijeron sin palabras, en una tímida e incrédula sonrisa: «es ella», «es él».

Antes de tiempo me voy… Porque prefiero ser la estrella fugaz que añores en tus noches sin sueño; antes que volverme fría luz que destapa tus misterios, dejándote desnudo delante de mi mirada crítica, siempre en busca de la perfección en un mundo donde nunca la habrá. Me voy porque prefiero que tu ausencia me sea amena compañía, y antes de que me vuelva ausente en tu presencia. Me voy mientras aún quede algo de eso que nos unió, que me hizo amarte y que te hará no olvidarme, y antes de que mi oscuridad te obnubile tanto, que te olvides de mi luz, que creíste eterna y perfecta aun sabiendo que soy de carne, sangre y huesos. Me voy. Antes de tiempo me voy, antes de que la triste rutina y nuestros arrebatos derrumben lo bello que hubo y que ya no podrá haber. Me voy…

 

(Escrito en abril de 2017)

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