Ayer te amé

De hace un tiempo, mi vida es una cadena seguida de sincronicidades. Ando siguiendo el hilo de un guion invisible que a veces ni siquiera intuyo, pero confío – porque sé que, tras todo este desmadre, lo único que hay es cándido amor.

Gentes, lugares, situaciones, acciones… se conjugan en una clase de juego donde el destino me dirige hacia una suerte cuyos misterios muchas veces no desentraña ni mi nutrida imaginación, pero que luego me doy cuenta de que fue la mejor opción; aunque no necesariamente la más venturosa.

Es como si leyera el misterioso libro de los mundos, pero cobijada entre sus tapas, y no como lectora de dramas reales de carne y huesos; como si estuviera dentro del ojo de Dios y a la vez me mirara a mí misma asombrada, como alguien que se ve por primera vez.

Pienso en la vida, en la belleza de sus amaneceres y penumbras que son como nuestros juegos de… ahora te como y mañana te mato, pero luego me lo pienso mejor y decido desquiciarme en tu abrazo, desnuda, que elijo por encima de mi sabrosa soledad con aroma a rosas, humo de incienso e inocencia perdida, pero no olvidada.

Ayer cumpliste un poco más de vida caminada desde el santo día que naciste en este alocado mundo, y te amé. Te amé como cada día y cada noche desde que nacimos en el pensamiento del cosmos y nos inventamos para caminar juntos hacia Dios… Ayer te amé. Te amé tanto… te amé como cada día, y como tú me amas a mí…

 

Imagen de Jplenio en Pixabay

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