El amor transmuta la envidia y la negatividad en Luz

“La enfermedad, en todas sus formas, se manifiesta cuando el aura protectora que nos recubre el cuerpo se debilita a través de nuestro comportamiento reactivo. Las personas felices son resistentes a la enfermedad porque no se dejan llevar por la ira y la depresión”.

“Ira; envidia; codicia; celos; yo quiero; yo necesito; ¿y yo qué? Esa inclinación constante a pensar sólo en nosotros mismos provoca pinchaduras en nuestro escudo protector. Los pensamientos y las acciones egoístas actúan como una púa afilada y perforan nuestra aura personal y, en un sentido global, la capa de ozono de la Tierra, que está diseñada para protegernos a todos”.

“Cuando miramos a otras personas y sentimos envidia por lo que ellas tienen y a nosotros nos falta, creamos un vacío, un agujero en nuestra capa de ozono personal y global. Cada vez que envidiamos a alguien, perforamos la energía vibrante que nos protege. Y cuando hay suficientes agujeros, la enfermedad puede entrar”.

“Necesitamos ver las emociones negativas que hacen estragos en nuestras vidas. Por ejemplo, la envidia es la incapacidad de apreciar lo que tenemos. Cuando sentimos que carecemos de algo, creamos los celos. Pero si conseguimos identificar nuestras emociones negativas, podremos trabajar para transformarlas en lo opuesto a lo que representan. Así, transformaremos un sentimiento de carencia en un sentimiento de abundancia y, en el proceso, nos uniremos más con nuestro espíritu. No nos podemos permitir el lujo de invertir energía en emociones negativas, pues estas crean un agujero negro que nos vuelve vulnerables a la enfermedad. No hay ninguna cura física para el rencor, el resentimiento o el odio. Lo único que podemos hacer es admitir: «Tengo esta cualidad negativa, y esto es lo que debo hacer para corregirla».

“Miriam, la hermana de Moisés, contrajo lepra porque, inadvertidamente, dijo algo en contra de Tzipora, la esposa de Moisés. Es importante recordar que, aunque sus palabras no fueron intencionadas, aun así tuvieron un efecto negativo. Hablar mal sobre otra persona, aunque fuera «inadvertidamente», no es excusa bajo la Ley Universal de Causa y Efecto”.

“Cuando uno tiene un pensamiento negativo, está expresando duda en el Creador. Esto genera un espacio vacío en el reino cósmico, y ese vacío se llena de negatividad. Por lo tanto, aquellos que a menudo son víctimas de la negatividad son personas que lo han creado para sí mismas”.

“Todas las partes de nuestro cuerpo se ven afectadas por lo que pensamos y por la energía de los alimentos que comemos”.

“La vida es un boomerang, y la energía que transmitimos al exterior siempre vuelve a nosotros”.

“La energía es circular. Cuando sucumbimos a los celos, incitamos lo mismo en la otra persona, así como en nosotros mismos. Cuando expresamos ira, recibimos ira. La energía que recibimos es la misma que compartimos con el mundo”.

“La gente se pregunta por qué ha de haber negatividad. La respuesta es: porque solo a través de la transformación de nuestra negatividad personal podemos llenarnos de Luz”.

“Las circunstancias en las que nos encontramos no fueron creadas para castigarnos; son una herramienta que nos ayuda a elevarnos a otro nivel de consciencia. Cuando verdaderamente entendamos esto, no sentiremos codicia, ira ni envidia, porque sabremos que siempre estamos exactamente donde necesitamos estar”.

“No importa cuán negativo parezca ser algo; siempre podremos convertirlo en algo bello”.

Karen Berg By Kabbalahmoscow – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=59698473

Las anteriores son unas citas que encontré en el libro “Simplemente Luz: sabiduría del corazón de una mujer”, de Karen Berg, directora del Centro de Kabbalah y fundadora de Kids Creating Peace (Niños creando paz), una ONG que ofrece programas educativos para el manejo y resolución de conflictos personales y sociales entre los niños y jóvenes de Israel y Palestina. En sus libros, la autora enseña principalmente que la manera más importante de desarrollar nuestra relación con Dios es viendo amor y bondad en todas sus creaciones, especialmente en aquellos a quienes nos cuesta amar, que son las personas que nos han lastimado.

Hace varios meses escribí un artículo sobre la envidia, explicando sus causas (entre las cuales destaca la baja autoestima) y qué pueden hacer los que adolecen de la misma para sanarla y sanarse a sí mismos, recalcando que, según el cristianismo, es uno de los siete pecados capitales (o sea: que matan el alma, no solamente el cuerpo), junto con la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira y la soberbia. Esta vez me centraré más en cómo neutralizar esta emoción de tan baja vibración por los que la sufren de forma pasiva (los sujetos envidiados). Me referiré más a la envidia, pero se trata de lo mismo en el caso de la ira, los celos, etcétera, cambiando solamente algunos matices.

Ello porque, aunque parezca inocente, en realidad, la envidia causa estragos no solamente en los que envidian, sino que también puede afectar a los que son sus víctimas. En lenguaje popular, los efectos que provoca esta tan baja emoción se llaman “mal de ojo”, que es una clase de magia negra en variante light, y son, principalmente, los siguientes: bloquea los campos energéticos de la persona envidiada e incluso puede perforarlos, permitiendo así la entrada de entes negativos y energías de baja frecuencia en sus campos áuricos, y provocando de esa forma desde sensaciones de malestar que desaparecen en menos de un día, hasta enfermedades.

Las personas que tienen una vibración alta sienten enseguida cualquier energía negativa que penetra en sus campos áuricos y suelen defenderse, principalmente, interponiendo alrededor de sí mismas y de su hábitat un muro energético protector (que, cuanta más Luz tiene la respectiva persona, más fuertes es), que hará que dicha negatividad se elimine sin más, volviendo a su emisor. Si se trata de personas con una intuición que funciona óptimamente, incluso detectan de dónde procede esa energía, algunos llegando a percibir los pensamientos de sus “verdugos”. Pero muchas personas no se incluyen en los anteriores casos y, de repente, comienzan a sentirse mal, sin saber por qué. O, si la situación se prolonga y se produce un desgarro en sus campos áuricos, empiezan a perder paulatinamente su energía, con todos los efectos que ello conlleva y que van desde cambios de personalidad, abatimiento, y hasta pérdidas financieras e incluso enfermedades. Ello porque, como nos han demostrado nuestros físicos, todo es energía: la materia es energía condensada (que, a su vez, es información condensada), sin importar si se trata de pensamientos, estados almicos, dinero, o cualquier otra manifestación de esta en la materia.

La forma más habitual de protegerse de las bajas vibraciones que recibimos de los demás suele ser envolverlas en una bola de energía y mandarlas de vuelta a su emisor. Sin embargo, según las tradiciones místicas, la principal misión de todos nosotros al encarnar en la tierra es, además de la personal, que es única para cada cual, la de transformar la negatividad en Luz. Solo así podremos crear, entre todos, un mundo mejor, sanándonos en profundidad no solo a nosotros mismos, sino también a lo que nos rodea e incluso a nuestros verdugos, transmutando de esta forma la negatividad en Luz. “No es por hacer cosas positivas durante toda nuestra vida que recibimos más Luz, sino por transformar lo negativo que tenemos, en la belleza de la vida”, decía la autora antes citada. A lo que añadiría que nuestro reto no es amar a los que nos aman, ya que esto es algo que cualquiera puede hacer, incluso el ser más vil, sino amar a los que no nos aman, como dice la Biblia, porque es allí donde la alquimia empieza a funcionar verdaderamente.

Para cerrar este breve post, os dejo algunas cuantas reflexiones de Karen Berg, la autora que he citado al principio:

“Llegará el día en que todo el mundo entenderá lo esencial: cuando un niño árabe es herido, una madre israelí debe llorar por él; y cuando es herido un niño israelí, una madre árabe también debe llorar por él. Así debe ser. Independientemente del color de nuestra piel o de la religión en la que fuimos educados, cuando sangramos, nuestra sangre tiene el mismo color”.

“Todos somos iguales en presencia de la Luz, la separación no existe. No hay diferencias entre musulmanes, cristianos, judíos o individuos que profesen cualquier otra fe. Cuando hablamos de la Luz, nos referimos a una unidad que va más allá de todas las diferencias. Hay cuatro tipos de sangre conocidos, pero ninguno de ellos contiene un código racial o religioso. Todos tenemos un mismo código universal de sangre. De esta forma, estamos unidos, somos Uno”.

“Todos somos chispas de la misma Luz, y todos hemos llegado aquí con el mismo propósito colectivo: eliminar el caos de este mundo. Esta es nuestra tarea y el modo de ganar nuestra dignidad”.

“Porque amar a Dios significa tener afinidad con Él; unirse a Él. Y la única manera de lograrlo es parecernos a Él, emular Sus características. Para demostrarle a Dios nuestro amor, debemos imitar Su atributo esencial: Ama al prójimo como a ti mismo. Esta es la cualidad más elevada del amor. Si todos tuviéramos la capacidad de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, ya habríamos alcanzado la pureza del ser y habríamos logrado el Paraíso en la tierra”.

 

 

 

 

Por qué bendecir la comida. Explicación científica y su conexión con la Teoría de la Consciencia Universal y la unidad de la existencia

Desde siempre, todas las religiones y corrientes místicas del mundo han recomendado bendecir y agradecer por la comida como fuente de salud y bienestar, y hasta hace pocas décadas, lo anterior fue, principalmente, una cuestión de fe. Sin embargo, empezando con la década de los 60 del siglo pasado, la fe vino a ser respaldada por una serie de experimentos científicos, los más destacados en este sentido siendo, en mi opinión, los del doctor Cleve (Grover Cleveland) Backster.

Backster fue especialista en interrogatorios de la CIA, instructor de polígrafo (detector de mentiras) y entrenó policías en las técnicas de detección de mentiras, entre otras. A raíz de unos experimentos que realizó con plantas en la década de los 60, Backster concluyó que estas tienen percepción extrasensorial (ESP) y reaccionan a los pensamientos humanos y a lo que ocurre en su entorno. En su momento, parte de la comunidad científica rechazó su teoría – a la vez que la fiabilidad del polígrafo en sí, aunque el sistema de evaluación numérica de las gráficas del polígrafo ideada por Backster se sigue utilizando hasta hoy en día -, argumentando que las plantas no poseen órganos sensoriales, por lo que descartaron la posibilidad de que tengan ESP. Fue algo parecido con lo que ocurre hoy en día con la teoría de los campos morfogenéticos de Ruppert Sheldrake, por poner un ejemplo.

Sin embargo, las nuevas teorías en el sentido de que la consciencia no está encerrada estrictamente en el cerebro o en el sistema nervioso, y que la mente sería más bien un fenómeno energético que no se circunscribe a las formas vivientes biológicas, sino que podría pasar por entre ellas a través de un espacio supuestamente vacío, pero inteligente (llamado por algunos Campo Fuente, Consciencia Universal, etcétera), corroboran la teoría de Backster (y también la de Sheldrake). A lo que se añaden los descubrimientos de otros científicos que posteriormente confirmaron lo mismo y que citaré brevemente al final de este artículo. En su libro Primary Perception — Biocommunication with Plants, Foods, and Human Cells, publicado en 2003, Backster resumió los resultados de su trabajo de 36 años, la conclusión más importante siendo que la «percepción primaria» es algo común en todos los seres vivos, independientemente si se trata de plantas, animales o seres humanos, y que las plantas (e incluso una simple célula viva biológica, de animales o seres humanos) pueden sentir la emoción y el pensamiento emotivo en otros seres humanos y animales. Y más: que esa percepción primaria no es influenciada por la distancia ni por el electromagnetismo.

Haré un breve paréntesis para mencionar otro campo en el que destacó Backster, que es el de la hipnosis y que, pese a parecer que no tenga nada que ver con lo anterior, en realidad, son temas que se relacionan más de lo que se podría suponer. En este sentido, Backster impartió clases en el Servicio de Contrainteligencia de Estados Unidos sobre el posible peligro de que las potencias extranjeras podrían servirse de la hipnosis para sustraer información clasificada al personal de gobierno en el extranjero. A tal fin, hipnotizó, con su permiso, a la secretaria del oficial jefe del Servicio de Contrainteligencia, pidiéndole que extrajera del archivador del general un documento clasificado como «alto secreto», y que no recordara nada al respecto en cuanto saliera de la hipnosis. Lo cual ocurrió y, raíz de ello, Backster fue contratado por la contrainteligencia militar estadounidense. También experimentó con pentotal sódico (más conocido como el “suero de la verdad”) en el hospital Walter Reed de Washington D.C.

Los primeros experimentos con plantas que realizó Backster fueron casuales y se realizaron con un árbol de caucho y una dracena en su propio laboratorio, el 2 de febrero de 1966. Trabajando hasta las 7 de la mañana y queriendo tomar una pausa, a Backster se le ocurrió conectar el polígrafo a la dracena para ver qué pasaba. Esperaba que el polígrafo mostrara una pauta plana y regular de la actividad eléctrica de la planta; sin embargo, la gráfica se mostró sorprendentemente viva y llena de picos, igual que cuando conectaba el polígrafo a los seres humanos. Sorprendido, el científico supuso la planta a varios estímulos, pero el polígrafo no registró ya nada. Sin embargo, cuando pensó coger una cerilla y quemar la parte de la planta donde había colocado los electrodos, el trazador del polígrafo saltó rápidamente a lo alto de la gráfica, mostrando una excitación espectacular, igual que cuando una persona se siente amenazada.

Cuarenta años después, el 2 de febrero de 2006, Backster fue invitado a un aula universitaria para reproducir de nuevo su experimento, a fin de realizar un programa de televisión para Discovery Channel Myth Busters. Para realizar el documental, un estudiante iba a hacer de actor y tenía que acercarse a la planta con una cerrilla en la mano. Pero pese a los muchos intentos, la planta no reaccionó y el polígrafo se quedó sin picos. Solo cuando el director del programa se acercó, lleno de nervios y odiando de verdad a la planta porque tiraba por los suelos su proyecto televisivo, teniendo una intención verdadera de quemarla, el gráfico empezó a mostrar una reacción importante. De esa forma, se dieron cuenta de que en el caso del estudiante-actor que no tenía la intención de quemar la planta, sino que simplemente interpretaba un papel, la planta no se sintió amenazada, por lo cual el polígrafo no mostró ningún pico. Pero cuando el director del programa se acercó, lleno de nervios por el fallo del documental y odiándola, la planta sí reaccionó. Paso seguido, el director pidió perdón a la planta y le mandó sentimientos de amor y, enseguida, la gráfica del polígrafo se tranquilizó.

Volviendo a la década de los 60, Backster empezó a dejar plantas conectadas a su polígrafo sin proponerse nada en especial, simplemente para observar sus reacciones y posteriormente intentar detectar cuál podría haber sido su causa. Un día encontró una reacción muy fuerte en el gráfico y se dio cuenta de que esa se había producido justo cuando él había vertido una cazuela de agua hirviendo en la pila de su laboratorio. Haciendo un análisis de la pila, Backster se percató de que la pila estaba llena de bacterias y, justo cuando las bacterias murieron al entrar en contacto con el agua, el gráfico del polígrafo registró picos de “terror”.

El 3 de noviembre de 1969, Backster fue invitado en la Universidad de Yale, donde cortó una hoja de hiedra y la conectó al polígrafo, pidiendo a los alumnos que atraparan algún insecto para estimular una reacción en la planta. Los alumnos le trajeron una araña y constataron que, cuando la araña estaba atrapada entre las manos del estudiante, la planta no mostraba ningún pico; solo cuando se retiraban las manos y la araña era consciente de que se podía escapar, se apreció una reacción significativa en la gráfica del polígrafo.

Posteriormente, Backster conectó a su polígrafo bacterias de yogur, huevos de gallina e incluso células humanas vivas, y lo que pudo observar con regularidad fue que, al parecer, todos los seres vivientes están sintonizados íntimamente con su entorno y que, cuando se produce algún estrés, sufrimiento o muerte, todos los seres vivos cercanos manifiestan una reacción eléctrica inmediata, como si compartieran el mismo dolor. A la vez, se dio cuenta de que los campos electromagnéticos no interfieren en ello. En este sentido, hizo un experimento con un huevo que encerró en una caja revestida de plomo, pero que mostró un pico alto en el gráfico del polígrafo justo cuando Backster metía otros huevos en una cazuela para hervirlos.

“Por indicación de varios científicos – escribió Backster en su libro antes citado -, más especialmente de los físicos, intenté más tarde proteger de las interferencias electromagnéticas a las plantas conectadas más pequeñas, empleando una jaula de malla de cobre (también llamada Jaula de Faraday). (…) Las plantas se comportaban como si no existiese la jaula de malla. Mucho más tarde, pude confirmarlo trabajando en una habitación aislada con los últimos avances de la técnica. (…) Tengo por seguro que la información que se comunicaba entre las plantas, las bacterias, los insectos, los animales y los seres humanos no correspondía a ninguna frecuencia electromagnética conocida, de amplitud modulada, de frecuencia modulada, ni de ningún otro tipo de señal del que sea posible protegerse por medios convencionales. No parecía que la distancia representara ninguna limitación. Realicé observaciones que daban a entender que esta señal podía cubrir decenas o incluso centenares de kilómetros. Parecía como si la señal no perteneciera siquiera al espectro electromagnético; si no, tendría profundas implicaciones”. Lo cual no es más que la confirmación de la existencia de una clase de telepatía nata en los seres vivos, de la conexión que existe en toda la naturaleza y, a la vez, una de las muchas investigaciones realizadas últimamente que intentan demostrar la existencia de una Consciencia Universal que no es de naturaleza electromagnética, ya que las ondas EM no pueden penetrar recintos revestidos de plomo ni jaulas Faraday.

Los experimentos de Backster con células humanas fueron aún más asombrosos. De los muchos que hizo, citaré uno realizado en 1988 junto con el doctor Brian O´Leary, un astronauta de la NASA, docente en la Universidad de Cornell, en el Instituto de Tecnología de California, en la Universidad de California y en la Universidad de Princeton. Backster guardó unas células de la boca de O´Leary y, después, O´Leary se marchó a Arizona, a unos 500 kilómetros de distancia, mientras sus células quedaron bajo observación en el laboratorio de Backster. “Se había acordado previamente que el doctor O´Leary llevaría un registro preciso de los hechos que le pudieran provocar ansiedad momentánea. Entre estos se contaron el haberse pasado de salida de la autopista al ir a devolver el coche alquilado antes de llegar al aeropuerto, haber estado a punto de perder el vuelo porque había una larga cola en la taquilla, el despegue de su vuelo y el aterrizaje en Phoenix, haber descubierto que su hijo no había llegado al aeropuerto a tiempo para recogerle, y algunos otros hechos que quedaron registrados. Más tarde, cuando se realizaron comparaciones trasladando los hechos registrados a la parte correspondiente de la grafica, se advirtió una buena correlación entre las reacciones de la gráfica y casi todos los momentos de ansiedad anotados. La gráfica se mostraba muy reposada a partir del momento en que llegó a su casa y se relajó”, escribió Backster. Lo cual demostró que la mente de O´Leary había estado retransmitiendo ondas de información que recogían sus células vivientes en un laboratorio hallado a 500 kilómetros de distancia, y que hay algo, algún campo de energía desconocida, que hace posible que nuestros pensamientos se propaguen por el espacio de forma instantánea incluso a grandes distancias. Lo cual fue demostrado posteriormente también por la física cuántica, en experimentos con átomos que habían estado unidos en algún momento y que, pese a su posterior separación y a las distancias enormes en las que se hallaban, reaccionaban de forma instantánea cuando al otro le era aplicado algún estímulo.

La conclusión que sacó Backster de sus incontables experimentos fue que los alimentos que consumimos, las plantas, los animales y los seres humanos estamos conectados irremediablemente por medio de un campo de energía desconocida aún, que hace que reaccionemos consciente o inconscientemente a lo que ocurre en nuestro entorno, o incluso a grandes distancias – una demostración más de la unidad de la existencia. A la vez, Backster demostró que, si “rezamos” por nuestros alimentos, si les mandamos pensamientos de agradecimiento, amorosos, el polígrafo deja de mostrar picos extremos, como si esos aceptaran su papel de mantenernos vivos. A nivel personal, he adoptado una antigua forma de oración budista y, después de bendecir los alimentos que cocino o me preparo para consumir, envolviéndoles en Luz (también llamada Shejiná en el Zohar, Espíritu Santo en la Biblia judeo-cristiana, etcétera, y que los antiguos afirman que sería el aspecto femenino de la divinidad), bendigo a todos los seres vivientes que hayan contribuido que el respectivo alimento llegue a mi mesa: desde las lombrices que nutrieron la tierra, hasta el agricultor que cuidó las plantas, el transportista que las llevó al mercado, la vendedora que me las vendió, etcétera).

Pese a las abrumadoras pruebas que ofreció Backster, parte de la comunidad científica los rechazó en su momento y aún hoy en día, aunque posteriormente fueron confirmados por muchos otros científicos. En este sentido cito al científico ruso V.N. Pushkin, quien reprodujo los resultados de Backster en 1972, pero utilizando EEG (electroencefalograma). En el experimento, se llevó a un potente estimulo emocional a un sujeto hallado bajo hipnosis, y enseguida un geranio que había colocado al lado manifestó una fuerte reacción.

De igual forma, Robert E. Miller, investigador científico industrial y, previamente, profesor de ingeniería química con doctorado en materia, quien publicó el resultado de sus investigaciones en la revista Psychic en abril de 1972, demostró con herramientas de precisión que, durante 5 minutos, una hoja de césped que había puesto bajo observación aumentó su crecimiento un 840% más de lo habitual, justo cuando estuvieron presentes en el lugar del experimento unos famosos curanderos psíquicos, Ambrese y Olga Werral, de Baltimore, quienes «abrazaron mentalmente» las semillas durante una sesión de oración.

En el mismo sentido escribió el doctor Harold Saxton Burr, investigador de la fisiología de las plantas y miembro de la Escuela Medica de Yale, que pasó cerca de 60 años estudiando las características eléctricas de los organismos vivos, desde las plantas hasta los seres humanos, y descubrió que los campos bioeléctricos pueden ser medidos usando solamente un microvoltímetro y otros instrumentos de fácil adquisición en el mercado. Burr publicó el resultado de sus investigaciones en su libro Heliografia para la Inmortalidad (Blueprints for Inmortality), en el que expuso las propiedades básicas de todos los sistemas protoplasmáticos y sus campos electrodinámicos inherentes. El científico demostró que todo sistema vivo está compuesto de protoplasma y que cada organismo cuenta con una clase de progenitor de sistema nervioso que también está hecho de protoplasma. También demostró que hay una universalidad en el campo de este fenómeno y dijo que: «Está en todas partes. A través del universo, a través de mí y de las plantas, hay un campo que puede ser medido por instrumentos eléctricos». Lo cual dista bastante del trabajo de Backster, aunque la esencia es, prácticamente, la misma. «De acuerdo a lo que sé – dijo Burr – no hay ninguna correlación entre el trabajo de Backster y el efectuado por nosotros. Con esa clase de investigación, él está al borde de la ciencia y puede ser que esté en lo correcto. Visitó mi laboratorio y estuve encantado de conversar con él. El verdadero problema es: ¿Cómo vamos a interpretar la evidencia física? He estado metido en esto mucho tiempo, por lo que me es imposible pensar que solo hay una respuesta y que esa respuesta la tengo yo. Backster podría estar completamente en lo correcto; aunque para mí, la evidencia no es muy clara”.

Aristide Esser, un médico nacido en Holanda que trabajó en el Centro de Investigación del Rockland State y en el Hospital de Orangeburg, Nueva York, y Thomas Etler, un físico y colaborador suyo, llevaron a cabo varias investigaciones con plantas intentando probar las teorías de Backster. “Obtuvimos fantásticos resultados – dijo Esser. No efectuamos todos los experimentos que hubiéramos deseado, por falta de fondos. Así que los resultados fueron de calidad más que de cantidad. Pero fueron verdaderamente sorprendentes. Y, por cierto, vimos a las plantas reaccionar a la emoción y puedo decir, sin titubear, que en los casos de exámenes preliminares, pude confirmar las observaciones de Backster. (…) Esto es muy sencillo. Se adapta un electrodo a cada lado de la hoja, se le induce corriente eléctrica y luego se mide la resistencia. Cuando las cosas están estabilizadas, el trazo registrado por la pluma es una línea recta con pequeñas ondulaciones en ambos lados. Una vez que se obtiene esto, se puede tocar la hoja, soplarla, moverla y hasta quemarla, y no pasará nada. Pero si apartas al dueño o a cualquier otra persona y, sin dejarla saber lo que estás haciendo, la presionas hasta que esté sumamente alterada, inmediatamente, la grabación de la pluma mostrará enormes deflexiones simultaneas al momento cuando al individuo se le dio el estímulo emocional. Enseguida podrás hacer todo cuanto hiciste antes del estímulo emocional, pero no pasará nada. Las deflexiones están sincronizadas con los estímulos emocionales provocados a la persona. Así que no veo la posibilidad de que estos sean solo unos artefactos, porque si lo fueran, no se podría observar este fenómeno en otros momentos en que la planta estuviese conectada sin que su dueño se encontrase cerca. Y en esas circunstancias no se observó ninguna deflexión”.

Un resumen de los experimentos de Esse fue publicado el 21 de marzo de 1969 por el Medical Word News en un breve reportaje, y poco más tarde, en un artículo bastante más extenso, se expuso el resultado de sus estudios en parapsicología. También fue citado por el científico francés R.H France en su libro Germs of Mind in Plants (Gérmenes mentales en las plantas), en el que hizo referencia a la naturaleza de la percepción en las plantas. En este sentido, France mencionó unas observaciones midiendo la reacción de unas plantas para con unas abejas que ni siquiera estaban en su campo visual. «Es concebible que los estados emocionales de los organismos vivos puedan generar o liberar alguna forma de energía subatómica. Esto es lo más avanzado a que hemos llegado al especular sobre un posible mecanismo; una liberación específica del quantum de energía durante un estado emocional que hace que la planta, por una razón u otra, sea capaz de observarlo y convertirlo en una reacción, obteniendo una tremenda diferencia potencial. Pero realmente no sabemos si el efecto de Backster es una disminución de la conductividad, o un aumento del potencial. Esto es algo que deberá ser resuelto”, dijo el científico.

El Doctor Harold Puthoff, físico del láser en la Universidad de Stanford, fue otro de los científicos que analizó los efectos de las investigaciones de Backster. Puthoff afirmó que los efectos de Backster podrían involucrar taquiones, una partícula subatómica postulada en 1967 por Gerald Feinberg, un físico de la Universidad de Columbia, que se supone que viajan más rápido que la luz, pero aún no se han podido detectar experimentalmente.

Otro científico que respaldó a Backster fue Marcel Vogel, un químico de la IBM con 40 años de experiencia científica, autoridad en la estructura de los cristales líquidos, que también demostró que las plantas reaccionan a las emociones humanas. Según el científico, los seres humanos tenemos un campo eléctrico muy limitado, que se debe al protoplasma en movimiento, lo cual también sucede con las plantas. Cuando el campo eléctrico del hombre penetra en el de la planta, puede resultar una respuesta medible. El científico probó que la mera intención de quemar una planta es un estímulo suficiente para que esta reaccione. Vogel concluyó que: “Las plantas son instrumentos muy sensitivos que miden las emociones humanas”.

Junto con otros cuatro médicos, Vogel usó las plantas para analizar las condiciones mentales humanas y desarrollar reacciones comunes hacia ellas. Personas con diagnósticos de problemas psicológicos fueron puestas al lado de plantas y las lecturas resultantes fueron utilizadas para un catálogo de lecturas poligráficas mostrando el efecto que tenían en personas halladas en estados esquizofrénicos, maniacos, depresivos, alcohólicos, drogadictos, etcétera. “Ahora estoy obteniendo lo que podría llamarse espectrogramas del pensamiento – dijo Vogel -, grabaciones del mismo proceso del pensar. No son iguales a los electroencefalogramas. Son grabaciones de los campos de radiación que el cuerpo emite, provocadas por el pensamiento, una emoción fuerte, o por la meditación profunda. (…) Uno se puede sentir muy solo cuando se encuentra en la cima. Backster lo aprendió por experiencia propia y sobresale entre un creciente número de intrépidos e imaginativos científicos, quienes nos están demostrando lo que ha sido denominada la emergencia de la parafísica. En este nuevo terreno se está utilizando instrumentación moderna y muy sensitiva para investigar la naturaleza bioenergética del hombre y del universo. Se podría decir que se encuentra al borde de la ciencia, pero es casi seguro que la historia la describirá como el hito más sobresaliente de la ciencia”. Aclaro que en la parafísica convergen tanto la ciencia como las antiguas religiones y tradiciones místicas. Backster podría ser considerado uno de sus pioneros, aunque el termino aún no había sido concebido en sus tiempos, ya que, igual que en el caso de la parafísica, el trabajo de Backster fue encaminado a demostrar la unidad de la vida y del universo, y que hay una conexión sutil en toda la creación, tanto en lo vivo como en lo no vivo, según demostraron los físicos modernos.

“Antes de que comenzara todo esto – dijo Backster -, yo era más bien un no creyente, un ateo. Pero si se me preguntara, tengo que decir que ahora cuento con una nueva visión recién adquirida respecto de lo que realmente representan los niveles más elevados de espiritualidad. Siento que en la actualidad se ha formado un camino para la exploración científica de fenómenos previamente elusivos tales como la meditación y la oración. Pero lo que es más importante: creo que esta investigación podrá dar un significado más completo al concepto que uno tiene del alma. Ya ha hecho eso por mí”.

 

 

Abdullah Azzam, el padre de la Yihad Global: el maestro palestino de Osama bin Laden

«La yihad y el rifle solos: sin negociaciones, sin conferencias y sin diálogos» – Abdullah Azzam.

«Con los infieles no hay dialogo, ni negociación, ni pacto; solo conquista y victoria» – ibidem.

«Aquellos que creen que el islam puede florecer y ser victorioso sin la yihad, la lucha y la sangre, están engañados y no tienen comprensión de la naturaleza de esta religión» – ibidem.

«Continuaremos la yihad sin importar cuánto tiempo sea el camino, hasta el último aliento y el último latido del pulso, o hasta que veamos establecido el Estado Islámico» – ibidem.

«Una hora en el camino de la yihad vale más de 70 años de oración en casa» – ibidem.

«La yihad en Afganistán se ampliará hasta que el mundo entero sea conquistado, porque Alá ha prometido la victoria al islam» – ibidem.

«La sangre debe fluir. Debe haber viudas; debe haber huérfanos» – Fayiz Azzam, primo de Abdullah Azam

 

Muchos creen que el padre de la idea de yihad global y del Califato Universal fue Osama bin-Laden. Sin embargo, no fue él, sino Abdullah Yusuf Azzam (1941-1989), un teólogo palestino apenas conocido en Occidente que fue uno de los ideólogos de los Hermanos Musulmanes, una organización que destacó por su virulencia impulsando el radicalismo islámico en el mundo y colaboró estrechamente con los nazis y la Italia fascista durante la Segunda Guerra Mundial. Lo cual fue una constante en gran parte del mundo árabe sobre la que he hablado en un anterior artículo. Desafortunadamente y a diferencia de Europa, el mundo árabe no fue desnazificado después de la guerra y las ideas del nacional-socialismo alemán, adaptadas según el caso, siguen teniendo mucho éxito incluso en nuestros días en algunos países árabes, mientras Mein Kampf, el intragable libro de Hitler, aún cotiza como best-seller. «En Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con esvásticas y retratos de Hitler», dijo Joseph Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, en 1937 – y hay decenas de citas que se podrían dar al respecto. En realidad, la propia idea del Califato Universal es bastante parecida al Reich de los Mil Años de Hitler (Tausendjähriges Reich).

Azzam ayudó a crear varias organizaciones terroristas como, por ejemplo, Al-Qaeda y Lashkar-e-Taiba (LeT), que mantuvieron una estrecha colaboración incluso después de su muerte. Antes de ello, Azzam había predicado durante muchos años la yihad contra Israel y fue miembro del Movimiento Islámico, el ala de los Hermanos Musulmanes en los Territorios Palestinos que se convirtió posteriormente en Hamas, la organización terrorista que hoy en día gobierna en la Franja de Gaza, ayudando, entre otras a escribir su carta fundacional. Aunque hubo algunos detractores negando lo anterior, el propio bin Laden admitió en una entrevista concedida a Al Jazeera en 1989 que Azzam apoyó abiertamente a Hamas tanto financiera como ideológicamente. Por lo que no sorprende saber que, después de su muerte, Hamas incluyera a Azzam en su lista de mártires. La muerte de Azzam no supuso la desaparición del concepto de yihad global y organizaciones como LeT, Al-Qaeda, o el Estado Islámico, entre otras, siguen llamando a la guerra amparándose en sus ideas.

Después de la Guerra de los Seis Días de 1967 entre Israel y varios países árabes, Azzam se trasladó a Jordania, pero sus acciones subversivas lo pusieron en el ojo de mira de las autoridades hachemitas y se vio obligado a marcharse, primero a Arabia Saudita, y luego a Pakistán. Mientras estuvo en Jordania, Azzam participó en operaciones paramilitares contra Israel; sin embargo, se desilusionó rápido con la OLP (la Organización para la Liberación de Palestina) de Yasser Arafat debido a la orientación marxista de la organización y su financiación por la Unión Soviética. Pero Azzam no las tenía solo con Israel, sino también con Occidente, así que ideó un movimiento trasnacional panislámico contra las potencias occidentales, que hoy en día conocemos como la yihad global.

En Arabia Saudita, Azzam trabajó como profesor en la Universidad Rey Abdul Aziz, permaneciendo allí hasta 1979. Así conoció a Osama bin Laden, que estudió en la misma universidad. Cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en 1979, Azzam emitió una fatwa intitulada «Defensa de las Tierras Musulmanas, la Primera Obligación después de la Fe», dictaminando que tanto las luchas afganas como las palestinas eran yihads y que todos los musulmanes de todo el mundo estaban obligados a participar. Dicha fatwa, redactada en la más pura ortodoxia coránica, expresa la necesidad de librar la guerra donde fuera, siendo uno de los documentos más elocuentes que hay sobre la naturaleza del yihadismo. Llama la atención su referencia a Andalusia – o sea, la España morisca -, que usó para justificar por qué hay que hacer la yihad. Aclaro, para quien lo desconozca, que los islamistas consideran tierra musulmana (umma) no solo los territorios de los países donde se practica el islam, sino también los que una vez estuvieron bajo dominación árabe y posteriormente fueron reconquistados por sus pueblos legítimos, que es el caso de España e Israel, entre otros. El texto fue avalado por las principales autoridades religiosas de Arabia Saudita, el gran muftí Ibn Baz incluido, y es de libre lectura en Internet – al final del articulo dejo el enlace.

Yunis Al-Astal,

Esta idea de volver a conquistar los territorios que una vez estuvieron bajo dominación musulmana, e incluso todo el mundo, es recurrente en el discurso de varios líderes islamistas. Uno de ellos es Yunis Al-Astal, un parlamentario palestino de Hamás, quien, en 2008, declaró públicamente y sin tapujos que: «Muy pronto, si Alá quiere, Roma será conquistada como lo fue Constantinopla, tal como fue profetizado por nuestro profeta Mahoma. Hoy, Roma es la capital de los católicos, o la capital de los cruzados, que ha declarado su hostilidad al islam y ha plantado a los hermanos de los monos y los cerdos en Palestina con el fin de evitar el despertar del islam; esta capital suya (Roma) será un puesto avanzado para las conquistas islámicas, que se extenderán por Europa en su totalidad, y luego seguirán en las dos Américas e incluso en Europa del Este. Creo que nuestros hijos y nuestros nietos heredarán nuestra yihad». Ibn Jaldún, un conocido sociólogo árabe, justifico la idea aduciendo argumentos del Corán: «En la comunidad musulmana, la guerra santa es un deber religioso debido al universalismo de la misión (musulmana) y (la obligación) de convertir a todos al islam ya sea por persuasión o por la fuerza. (…) Los otros grupos religiosos no tenían una misión universal y la guerra santa no era un deber religioso para ellos, salvo solo con fines de defensa. (…) El islam tiene la obligación de ganar poder sobre otras naciones».

Volviendo a Azzam, en 1979 este se marchó a Peshawar, Pakistán, cerca de la frontera afgana, y allí organizó campos de entrenamiento paramilitar, reclutando y preparando voluntarios para la lucha – se estima que hubo entre 16.000 y 35.000 venidos de todo el mundo. Para financiar sus actividades, contó con el apoyo de Osama bin Laden, que también vivió en Peshawar durante un tiempo y cuya familia es poseedora de una fortuna que se eleva a miles de millones de dólares – la parte de bin Laden se estimó en 300 millones. Se trata de un dato reconocido abiertamente y en muchas ocasiones por Azzam. Por poner un ejemplo, en un discurso que dio en Peshawar, dijo que: «Hay una persona que siempre nos ha apoyado: Osama bin Laden», al que consideraba un «ángel enviado por Dios», según sus propias palabras. A ello se sumó la asistencia financiera y militar de la CIA (el Congreso norteamericano aprobó formalmente en abril de 1980 la cantidad de 15 millones de dólares para financiar la resistencia afgana, aunque el grueso provino de fuentes no tan claras), y también del gobierno de Arabia Saudita y de la inteligencia pakistaní, que unieron sus esfuerzos para detener el expansionismo soviético y, de esa forma, desestabilizar Rusia. Arabia Saudita sufragó en Pakistán campos de refugiados e incluso formó su propio núcleo yihadista: la Unión Islámica, dirigida por Abdul Radsul Sayyaf, cuyo ayudante era bin Laden. También financió una escuela llamada Dawa’a Al-Jihad, o sea, «Llamada a la yihad», que se convertiría en uno de los centros de reclutamiento e instrucción de terroristas más famosos del mundo. A partir de ese momento, para los yihadistas, el campo de batalla iba a ser todo el mundo. La yihad global acababa de nacer.

En Peshawar, Azzam puso las bases de la Oficina de Servicios de los Guerreros Sagrados (muyahidines), impulsando la ira contra los no musulmanes (más exactamente, principalmente contra los cristianos y judíos, aunque no solo) que, según él, conspiran contra el islam desde antes de las Cruzadas. Junto con bin Laden, editó la revista mensual Al Jihad, que sirvió de propaganda del recién creado movimiento. Tras la retirada de los rusos de Afganistán en 1989, Azzam intentó convencer a bin Laden trasladar la yihad a los Territorios Palestinos, pero la idea no le gustó al último, que prefirió quedarse en Afganistán y, junto con Ayman al-Zawahiri, puso las bases de Al-Qaeda. Por lo que Azzam decidió entrenar a solas a miembros de Hamas en suelo afgano, para luego combatir contra Israel. Durante la Primera Intifada, Azzam apoyó a Hamas tanto a nivel financiero como logístico, desde su base en Pakistán, lo cual lo enfrentó con la Yihad Islámica Egipcia y su líder, Aymán al-Zawahiri. Por su parte, bin Laden también creó una red para reclutar palestinos que entrenaran en Afganistán para la lucha contra Israel, asegurándoles, además de dinero, pasaportes falsos para eludir los controles de la inteligencia israelí.

En la década de los 80, Azzam viajó por todo Medio Oriente, Europa y América del Norte, generalmente acompañado por su principal ayudante, el jeque palestino Tamim Al-Adnani, recaudando dinero e impulsando a la yihad contra los «enemigos del islam». La retórica que usó Azzam estaba repleta de cuentos milagrosos con ángeles que cabalgaban delante de las tropas musulmanas, pájaros que interceptaban las bombas y muyahidines que sobrevivían ilesos a las balas y se levantaban después de haber sido atropellados por los tanques rusos. También reavivó la propaganda del célebre líbelo de sangre de la Europa medieval, diciendo que los judíos mezclan la sangre de los musulmanes en su pan de Pascua – por muy absurdo que parezca, este líbelo medieval, que en nuestros tiempos no se creería ni un niño, es un tema que aparece con recurrencia en los canales neonazis, radical islamistas y conspiracionistas.

En Estados Unidos, Azzam se dedicó no solo a recaudar fondos, sino también a impulsar a la yihad global y en la Primera Conferencia de la Yihad, organizada en la Mezquita Al-Farook, de Brooklyn, instó a su audiencia, que contaba unas 200 personas, a llevar la yihad allá donde fuera, Estados Unidos incluidos. En este sentido, en un documental de Steven Emerson de 1994 intitulado «Terroristas entre nosotros: yihad en América», se escucha a Azzam exhortando a su audiencia a librar la yihad en el mismo corazón de Estados Unidos, recalcando que esta «significa solamente luchar, luchar con la espada» – y negando de esa forma la interpretación que le suele dar en Occidente canales como la BBC, por ejemplo, en el sentido de que la yihad se refiere solo a una lucha espiritual interior de autosuperación. En el mismo vídeo aparece su primo, Fayiz Azzam, diciendo que: «La sangre debe fluir. Debe haber viudas; debe haber huérfanos».

La formulación ideológica de la yihad global de Azzam conformó posteriormente la base de Al-Qaeda. En esa visión se requería de una vanguardia como núcleo de la nueva sociedad islámica que había ideado: «Esta vanguardia constituye la base sólida (en árabe: “qaeda”) para la sociedad esperada. (…) Continuaremos la yihad sin importar cuánto tiempo sea el camino, hasta el último aliento y el último latido del pulso, o hasta que veamos establecido el Estado Islámico». Azzam recalcó que se debía librar la yihad incluso en los territorios que cuentan con una minoría musulmana, como por ejemplo Filipinas, ya que, según su interpretación del Corán, allá donde haya un musulmán, todo el territorio tiene que ser musulmán – o sea, todo el mundo, porque dudo que haya un país en el que no exista una minoría musulmana, o no viva siquiera una persona de fe musulmana. Azzam promovió como patria de la yihad a Palestina.

Azzam falleció el 24 de noviembre de 1989 en un atentado con coche bomba que nadie reclamó. Se barajaron muchas hipótesis sobre los autores del atentado, pero, hasta la fecha, sigue siendo un asunto irresuelto. Las diversas teorías apuntan a algunas milicias islámicas rivales, la CIA, el Mossad, el KHAD (la inteligencia afgana), o el KGB. Ali Soufan, un ex agente de la FBI, escribió en su libro The Black Banners que el autor habría sido Aymán al-Zawahiri, el rival de Azzam. En casi el mismo sentido se pronunció el yerno de Azzam, Abdullah Anas, quien dijo que el autor había sido la Yihad Islámica Egipcia – cuyo líder era Zawahiri. Otra de las hipótesis formuladas indicaba a la inteligencia iraní, férrea rival del wahabismo saudita (que financió a Azzam); mientras que Humam Khalil Abu-Mulal al-Balawi, un agente doble jordano, dijo que tenía datos que probaban la cooperación en el asesinato de la Dirección General de Inteligencia de Jordania con la CIA. Incluso Osama bin Laden estuvo en el punto de miras, aunque los datos indican que en esos momentos estaba en buenas relaciones con Azzam; sin embargo, sí se sabe que entre ambos hubo una seria disputa con respecto a dónde debía Al-Qaeda enfocar sus operaciones.

La muerte de Azzam no significó ni mucho menos la desaparición de sus teorías sobre la yihad global, ya que sus más de cien libros, artículos y discursos – en los que, principalmente, describió los requisitos de la yihad global y glorificó el papel de los terroristas suicidas – continuaron siendo públicos tanto en Internet como en la propia editorial de Azzam, que operaba desde un apartado de correos de Londres. Hoy en día, la rama libanesa de Al-Qaeda lleva su nombre: Abdullah Azzam Brigades.

 

Algunos datos sobre el modus operandi de los yihadistas      

El modus operandi de los islamistas radicales es bastante conocido para muchos y hay información de sobra tanto en las redes como en libros de especialidad. Uno de los mejores libros que he encontrado en este sentido ha sido Humillación y Agonía.: Análisis conductual de las ejecuciones del DAESH, de Juan Enrique Soto Castro (Inspector Jefe de la Policía Nacional española, Jefe de la Sección de Análisis de Conducta de la Unidad Central de Inteligencia Criminal, Doctor en Psicología, experto en Neurociencias y Licenciado en Ciencias Policiales) y David Garriga Guitar (Licenciado en Criminología, especialista en terrorismo yihadista, presidente de CISEG – Comunidad de Inteligencia y Seguridad Global, cofundador de OPRA – Observatorio de Prevención contra el Radicalismo Violento, y autor de los libros Yihad ¿qué es? y Las Legiones de Satán: Asesinos en Serie en tierras del Islam).

En dicho libro, los autores analizan unos vídeos que el Estado Islámico (también llamado DAESH o ISIS) difundió en las redes entre los años 2004 y 2014, con ejecuciones en directo tanto de ciudadanos occidentales inocentes como de militares del ejército sirio. A diferencia de la gran mayoría de los analistas, los autores no solo que analizan la psique de los terroristas yihadistas a raíz de las grabaciones, sino que, además, expresan su esencia, su principal rasgo, que es la COBARDÍA. No entraré en detalles que cualquiera puede conocer leyendo el libro – advierto de que hace falta un estómago bastante fuerte para ello -, sino que solamente esbozaré algunos datos que me han parecido imprescindibles para comprender el perfil de los terroristas.

En primer lugar, los autores destacan el recurso por parte de los terroristas de conceptos religiosos como una constante en su actuación. Desde cánticos que se oyen de fondo, que son, casi siempre, suras del Corán cantadas o recitadas – mientras los terroristas degüellan, ahorcan, o ahogan lentamente a seres humanos inocentes e indefensos – hasta el uso de banderas, sellos y otros símbolos con significado coránico que se remontan a los tiempos del Profeta Mahoma, o imágenes de ataques suicidas realizados por jóvenes con una mirada sonriente sobre un fondo de efectos visuales y sonoros que dan un aura de heroísmo e incluso romanticismo a las acciones suicidas – cuando, en realidad, no son más que unos asesinos cobardes que colocan bombas en autobuses de niños o centros comerciales muy concurridos. También llaman la atención los amplios y muy especializados conocimientos de los terroristas en técnicas de comunicación persuasiva y de manipulación, delatando con ello que dedican una cantidad ingente de recursos a la propaganda, que es una de las armas más potentes con las que cuentan los terroristas yihadistas.

Para justificar sus acciones, los terroristas analizados en el libro, en este caso, integrantes del Estado Islámico, emulan al Profeta Mahoma, que llevaba una bandera negra y lisa en sus batallas – significando el cumplimiento estricto de los preceptos religiosos. Su primer uso data del siglo VII d. C., en las primeras épocas del islam. En el Estandarte Negro (en árabe: Al-Raya), que es usado actualmente no solo por el Estado Islámico, sino también por otras organizaciones islamistas radicales (como por ejemplo: AQI, que es Al-Qaeda en Irak; Al-Shabab, en Somalia; o Al-Qaeda en la Península Arábiga), aunque con diferencias dependiendo de cada grupo, los terroristas del Estado Islámico han añadido la primera parte del texto de la Shahada (que se traduce como «testimonio»): «‘ilaha ‘illa-llah», cuya traducción sería: «No hay más dios que Alá». Según los autores antes citados, «El hecho de mostrar esta frase en la bandera puede añadir un matiz de autenticidad histórica a su misión. Pero el principal poder recae en el hecho de que el nombre de Alá aparece en ella. Todo lo que se haga contra ella (quemarla, mancillarla, etc.) será castigado, y duramente, ya que para los musulmanes será sagrada solo por contener el nombre de Alá. La utilización del nombre de Alá junto a la profesión de fe convierte la bandera en sagrada, por lo que se la considera un símbolo religioso, lo que hace que cualquier acto contra ella pueda ser castigado».

Pero los integrantes del Estado Islámico han ido más lejos aún en su intento de legitimar sus atrocidades, poniendo en la parte inferior de su bandera el sello del Profeta Mahoma. Y, aunque la autenticidad del sello no ha sido probada hasta la fecha, lo anterior confiere a los terroristas una legitimidad religiosa, delatando un desesperado intento de ser considerados los auténticos sucesores del Profeta y los portadores del verdadero mensaje del islam.

Los terroristas del Estado Islámico cuentan con una amplia gama de medios de comunicación, que van desde revistas, hasta televisiones y agencias de noticias digitales. Destaca Amaq (que en árabe significa las «profundidades»), que distribuye sus noticias por medio de servicios encriptados y anónimos como por ejemplo Telegram. Amaq informa habitualmente sobre el número de mártires del califato y de los atentados perpetrados, manejando información proveniente directamente del Estado Islámico. También destaca la revista mensual Rumiya, que sustituyó a Dabiq, cuyo último número se publicó en julio de 2016 bajo el título Rompiendo la Cruz. Rumiya se dedica principalmente a difundir propaganda y a reclutar, y es editada en varios idiomas (inglés, francés, alemán y ruso, entre otros). Se difunde en las redes. En uno de sus primeros números se aconsejaba cometer atentados en Occidente usando armas blancas, porque son fáciles de obtener y esconder.

A diferencia de la mayoría de los musulmanes, que consideran que los cristianos y los judíos – a los que llaman la «Gente del Libro» (Corán 2:62 y 2:87) – disfrutan del perdón divino debido a su religión monoteísta y creen que «no tendrán que temer y no estarán tristes» si actúan rectamente, los terroristas yihadistas los consideran infieles sin más. Pero no solo a ellos, sino también a los demás musulmanes que no sean suníes o que se alejen de su visión radical, por lo que todos ellos son dignos de su castigo – los terroristas se consideran a sí mismos una clase de brazo armado de Alá, que vigilan para el cumplimiento del orden divino en la tierra.

Los terroristas aducen como argumento de su actuación una interpretación extremista del Corán. Sin embargo, los métodos que emplean se alejan, a veces mucho, de los conceptos coránicos. En este sentido, los autores hacen referencia a la decapitación, que no es un castigo previsto por las leyes islámicas, aunque sí usado a veces a lo largo de la historia para castigar a los infieles. Sin embargo, la decapitación es uno de los métodos de ejecución que los terroristas suelen elegir para asesinar a occidentales inocentes y es lo que más destaca en los videos que lanzan en las redes. Lo cual delata sin lugar a dudas que el propósito de esos desdeñables individuos no es respetar los preceptos coránicos, sino producir terror y, con ello, un infructuoso y atroz intento de doblegar a Occidente, ya que las imágenes de las victimas indefensas, con las manos atadas a la espalda y con la cabeza cortada colocada encima del cuerpo sin vida, sí provoca una fuerte impresión a cualquiera.

En realidad, las únicas suras del Corán que mencionan la decapitación como castigo a los infieles son 8:12 («Cuando vuestro Señor inspiró a los ángeles: Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues, a los que creen! ¡Infundiré el terror en los corazones de quienes no crean! ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!»); y 47:4 («Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra. Es así como debéis hacer. Si Alá quisiera, se defendería de ellos, pero quiere probaros a unos por medio de otros. No dejará que se pierdan las obras de los que hayan caído por Alá»).

En su atento análisis psicológico de los yihadistas del Estado Islámico, los autores del anterior mencionado libro demuestran que, de hecho, los que más se alejan de los preceptos coránicos son los propios terroristas. En este sentido citan el caso de un piloto jordano al que los terroristas asesinaron quemándolo vivo. Sin embargo, en el Corán hay muchas suras y hadices que delegan esta condena exclusivamente a Dios. En el mismo sentido sentenció, entre otros, el imam Abu Dawud, quien transmitió tres hadices bajo el título: «La natura detestable de quemar a las fuerzas enemigas con fuego».

Pero lo que más destaca en la actuación de los terroristas yihadistas es su cobardía, ya que casi nunca atacan objetivos estratégicos o militares – aunque cuentan con recursos para ello -, sino que sus víctimas son casi siempre de las más vulnerables, que eligen solo para generar el máximo daño físico o psicológico a la población civil. Sus víctimas suelen ser civiles indefensos, como por ejemplo las que aparecen en los vídeos analizados en el libro citado, que eran un taxista, un fotógrafo que informaba sobre la guerra civil de Siria, e incluso un voluntario que participaba en misiones humanitarias en acciones claramente altruistas, ayudando a las víctimas civiles de Siria. Casi todos eran padres de familia y blancos fáciles que, antes de su inhumano asesinato, habían sido desmoralizados hasta el límite mediante largos cautiverios en condiciones que ni siquiera podemos imaginar. Todas las víctimas fueron ejecutadas después de quitarles toda capacidad de defensa, maniatadas y, seguramente, tras torturas que las llevaron al extremo de justificar ante las cámaras su muerte como culpa exclusiva de sus gobiernos, exculpando de esa forma a los terroristas.

El modus operandi de los terroristas del Estado Islámico y demás grupos terroristas yihadistas parecen copiadas del mismo manual. En concreto, se trata de un pequeño libro titulado La gestión de la Barbarie, escrito bajo el pseudónimo Abu Bakr al Naji, que describe los pasos a seguir para implantar el Califato Mundial. En dicho manual se lee que, en la primera fase de su implantación, llamada la Fase de humillación y agotamiento, se tiene que hacer uso precisamente de vídeos como los analizados por los autores citados, con el fin de minar la confianza y la moral de las sociedades occidentales mediante el recurso a acciones que causen un terror ilimitado. La segunda fase, intitulada El desembarco de los salvadores, comenzaría una vez destruidos los pilares básicos del mundo occidental. En esta fase, los terroristas que anteriormente hubieran vivido en Occidente y luego se habrían marchado y entrenado junto al Estado Islámico, volverían como salvadores a sus anteriores países para apoyar la instauración del nuevo Califato, que sería presentado entonces como único remedio frente al caos provocado por el terror inducido por los yihadistas de forma paulatina.

Concluyendo, del análisis del modus operandi de los terroristas yihadistas lo que más destaca es una cobardía sin límites, psicopatía llevada a sus extremos, falta absoluta de valores humanos y de respeto por la vida, todo ello disfrazado bajo los velos de una «santidad» incapaz de respetar siquiera su propio libro sagrado, el Corán. Una barbarie sin limites y sin lugar en las sociedades modernas, que debería causar no miedo, sino rechazo absoluto, seguido de un endurecimiento de las penas por tales atrocidades. El buenismo y el multiculturalismo mal entendido y aún peor aplicado desde luego que no son ninguna solución.

FUENTES:

1) Webs:

SITE Intelligence Group: www.ent.siteintelgroup.com – Es un excelente portal de seguimiento de la actividad de los grupos terroristas en internet, que vigila la actividad en línea de las organizaciones terroristas y que fue entre los primeros en informar de los primeros vídeos analizados por los autores citados en la segunda parte del presente artículo. Los registros sobre terroristas, ejecuciones y movimientos de SITE Intelligence Group superan muchas veces los registros de las propias agencias de inteligencia de los Estados occidentales.

Journal of Counterterrorism & Security International: www.iacspjournal.com – Es publicado por la Asociación Internacional de Profesionales de Contraterrorismo y Seguridad en cooperación con la Fundación de Educación e Investigación de Contraterrorismo y Seguridad.

Counter Extremism Project: www.counterextremism.com – Una excelente base de datos de terroristas y extremistas.

Behavior and Law: www.behaviorandlaw.com – Es una fundación española especializada en la investigación, divulgación y formación en Ciencias Forenses y del Comportamiento.

Editorial Behaviour and Law – Ciencias del Comportamiento y Ciencias Forenses: www.blediciones.com

IPT – The Investigative Project on Terrorism: https://www.investigativeproject.org/ – Es el centro de datos más completo del mundo sobre grupos terroristas islámicos radicales. Durante más de dos décadas, el IPT ha investigado las operaciones, la financiación, las actividades y los grupos de fachada de los grupos terroristas y extremistas islámicos en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Steve Emerson Blog: https://www.steveemerson.com – Steven Emerson es considerado una de las principales autoridades en redes extremistas islámicas, financiamiento y operaciones, así como en seguridad nacional e inteligencia. Es el Director Ejecutivo de The Investigative Project on Terrorism, una organización sin fines de lucro que mantiene uno de los almacenes más grandes del mundo de datos de archivo e inteligencia sobre grupos terroristas islámicos y de Medio Oriente.

Documento «Defensa de las Tierras Musulmanas, la Primera Obligación después de la Fe» de Abdullah Azzam, citado en el presente artículo: https://english.religion.info/2002/02/01/document-defence-of-the-muslim-lands/

 

2) Libros:

Humillación y Agonía: Análisis conductual de las ejecuciones del DAESH, de Juan Enrique Soto Castro y David Garriga Guitart

Historia de la Yihad, de José Javier Esparza,

La Yihad Global, el terrorismo del siglo XXI, de George Karim Chaya,

Descifrando la mente del yihadista, de Bahae Eddine Boumnina

Al-Andalus 2.0. La ciber-yihad contra España, de Manuel Ricardo Torres Soriano

Califato ISIS, de Alfonso Poza

The Grand Yihad: how the Left sabotage America, de Andrew McCarthy

Escombros

La vida es como una clase de montaña rusa. A veces, estamos arriba; otras, abajo; y la falta de oscilaciones delata no equilibrio, como algunos podrían pensar, sino, más que nada, una existencia mediocre, anodina, falta de experiencias que pongan a prueba la capacidad de reacción y la adaptabilidad del sujeto en causa – lo cual suele ser modelo a seguir en sociedades como la nuestra, en la que la uniformidad se ha vuelto modelo a seguir y meta, y una consciencia abierta es tachada de locura, rebeldía (punible), o, en el mejor de los casos, «inadaptabilidad».

Pero, en realidad, el propósito de esas continuas oscilaciones que casi todos tenemos que atravesar a lo largo de nuestras vidas está encaminado para que el ser humano aprenda a mantener la serenidad y la ecuanimidad independientemente de los condicionamientos externos, asumiendo paulatinamente que las mismas son estados interiores que más bien dependen de uno mismo, y no de nada exterior. Es una forma de superar la ilusión de lo que los orientales llaman «maya», que no es otra cosa que este mundo de quimeras donde lo que percibimos con nuestros cinco sentidos dista mucho de lo que verdaderamente es – en este sentido, los físicos modernos se parecen a los antiguos magos alquimistas y las realidades que describen parecen copiadas de los antiguos manuales que iniciaban a los elegidos en los misterios de los mundos sutiles (que son la base y conforman el «real»). Sin esas oscilaciones sería imposible desapegarse de la materia, lo cual es imprescindible para volver a nuestro estado originario de Luz hecha carne.

Hay veces cuando la vida se nos vuelve una montaña de escombros, cuando todo se derrumba y parece perdido irremediablemente – lo cual, muchas veces no es un mero parecer, sino la realidad pura y dura que cada cual tiene que superar como pueda, si no quiere sucumbir a la desintegración de su propia existencia y de sí mismo. Algunos dicen que este tipo de experiencias son otorgados a los más fuertes, porque sin una fuerza interior capaz de mover montañas es imposible sobrevivirles. Pero yo no creo esto.

Yo creo que el derrumbe es una mera etapa que, tarde o temprano, casi todos tenemos que aprender a lidiar y superar, a no ser que elijamos estancarnos en una existencia que ya no nos aporta nada – excepto la comodidad de lo conocido – y que incluso puede degenerar en involución. «Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan», nos dijo el maestro Jesús hace dos milenios, legándonos con ello una de las más importantes lecciones maestras que nos prepara para aceptar que, en algún momento, todos tenemos que abandonar el confortable estado de oruga, para renacer como mariposas. Un proceso que siempre es doloroso, pero sin el que nos estancamos, lo cual duele aún más que perderlo todo.

Una de las cosas más seguras de nuestras existencias es que, en algún momento, en alguna vida, en alguna hora, el derrumbe llegará sí o sí, generalmente precedido de una serie de altibajos, que casi siempre aumentan en fuerza a medida que nuestra propia fuerza y capacidad de superarlos aumenta. Dicen que lo más seguro en la vida es la muerte; yo añadiría, además, el derrumbe, esos eventos impredecibles y de los que casi nunca somos culpables, que transforman nuestras vidas, nuestros conceptos e incluso a nosotros mismos, en una montaña de escombros.

Aunque en un primer momento podría parecer una venganza del destino, un castigo que no entendemos a qué viene, en realidad, es uno de los momentos cruciales de nuestras existencias que nos ayudan a vaciarnos y, de esta forma, aprender que no somos nuestro ego (que desde luego no hay que despreciar ni mucho menos, como claman algunas de las recientes pseudofilosofías que llenan las cabezas de los desprevenidos de pajaritos que no sirven de nada – excepto para llenar los bolsillos de los gurús de turno). Porque es justo en esos momentos de caída libre cuando nos damos cuenta de que somos más, mucho más que nuestro ego (que no es más que esa parte nuestra que nos ayuda a vivir en la materia), y tomamos contacto con nuestra verdadera esencia, que muchas veces es cuando se nos muestra por primera vez, en toda su bella desnudez.

En esos momentos dolidos, algunos se agarran de lo viejo e intentan reconstruirse a partir de los escombros del derrumbe de sus vidas. Sin embargo, la solución no es esta, sino empezar de cero, volvernos odres nuevos para vino nuevo. Ser conscientes que lo viejo ya no es, ya no sirve y ya no nos aporta nada. Y bendecir el momento y la experiencia, aunque duela. Encender una vela de agradecimiento delante de nuestros escombros y partir hacia nuevos horizontes que, aunque no sepamos aún dónde nos llevan, marcarán nuestros destinos y nos acercarán a nuestras metas, a lo que verdaderamente somos: Luz hecha carne, hijos de Dios que recuerdan, por fin, lo que verdaderamente son.

La presencia judía milenaria en la Franja de Gaza

La mayoría de los historiadores consideran que la historia judía en Gaza empezó en el año 145 a. C., cuando Jonatán, el hermano de Judá el Macabeo, se alió con Antíoco VI de Siria durante una de las guerras sirias y quiso atraer de su parte la población de Gaza. En este sentido se expresaron Josefo en Antigüedades 13.5.5, y Simón en 1 Macabeos 11:61-62. Cuando en el año 63 a. C. Jerusalén fue conquistada por los romanos, Gaza y otras ciudades de Judea pasaron a integrarse en la provincia romana de Siria, hasta el año 36 a. C., cuando varias ciudades costeras, Gaza incluida, volvieron a integrarse en el territorio de Egipto, que por aquel entonces estaba gobernado por la reina Cleopatra. Tras su muerte, Gaza fue entregada por el emperador Octavio César al rey Herodes como recompensa por su juramento de lealtad, volviendo a formar parte de Judea hasta la muerte de Herodes en el año 4 a. C., cuando de nuevo fue integrada a Siria. Sin embargo, siguió existiendo población judía en Gaza hasta el año 61 d. C., cuando los judíos fueron desalojados por el gobernador romano. Poco más tarde, los judíos volvieron a conquistar Gaza en la Gran Guerra contra los romanos de 67-70 d. C, que perdieron, aunque los romanos les permitieron luego vivir allí, y en el periodo bizantino floreció en Gaza una gran comunidad.

Gaza fue por siglos el puerto de entrada de los peregrinos judíos que visitaban Jerusalén y el preferido por los comerciantes judíos. Entre las pruebas arqueológicas que demuestran lo anterior está una grabación en caracteres hebreos y griegos que fue descubierta en uno de los pilares de la Gran Mezquita de Gaza, que llevaba encima la imagen de la Menorah y a los lados un shofar y un etrog. Dicho hallazgo fue descubierto en 1870 y se guardó en el mismo sitio hasta 1987, cuando fue destruido por los árabes durante la Primera Intifada. Otra prueba es un pavimento de mosaico descubierto en 1965 por el Departamento de Antigüedades de Egipto en la ciudad de Maiumas, representando al rey David tocando el arpa. El nombre está escrito en letras hebreas y el mosaico era dedicado a una sinagoga que fue destruida durante la conquista árabe. También se sabe que Gaza, junto con Tiberiades y Zoar, fue una de las ciudades santas donde acudían los peregrinos judíos cuando los bizantinos les prohibieron visitar Jerusalén, lo cual fue testificado por el filósofo del siglo X, Sahl ben Mazli’ah.

Cuando los árabes invadieron la región en el siglo VII d. C., Gaza contaba con una gran población judía, la más importante de Judea de aquellos tiempos. Existen varios documentos que fueron encontrados en la Geniza de El Cairo que testifican que había una importante comunidad judía en Gaza durante el período musulmán temprano. En este sentido tenemos una carta del año 1030 en la que leemos que los judíos del sur de Palestina se habían refugiado en Gaza, y de otro documento de 1052 nos enteramos de que un grupo de judíos de Jerusalén y Gaza habían visitado los campos que había cerca de la Franja para comprobar si el maíz había madurado lo suficiente como para proclamar la Pascua. También se sabe que, en el siglo VIII, el rabino Moisés de los masoritas vivía en Gaza, lo cual demuestra que la ciudad era un centro de aprendizaje judío. En la misma Geniza de El Cairo se encontró una carta escrita en nombre de la comunidad judía de Gaza con la firma de quince ancianos.

Durante las cruzadas, Gaza fue conquistada y destruida por los conquistadores cristianos, que asesinaron a casi toda su población. En 1153, los templarios construyeron allí una fortaleza y convirtieron la Gran Mezquita de Gaza en la Catedral de San Juan. Dos decenios más tarde, el ejército de Saladino volvió a conquistar Gaza. De esa época contamos con los informes de varios viajeros, entre ellos Meshullam de Volterra, quien visitó Gaza en 1481 y escribió que había allí unos 50 o 60 propietarios judíos que tenían una pequeña, pero bonita sinagoga, y que el rabino de la ciudad era Moisés de Praga, que había huido de Jerusalén. Lo mismo fue corroborado por el rabino Obadaiah de Bentinoro, quien visitó Gaza en 1488 y mencionó al mismo rabino. En aquellos tiempos, los judíos vivían en un barrio en la parte más alta de Gaza, que incluso hoy en día los árabes locales llaman Jarat al-Yahud (que significa el barrio de los judíos). En el barrio aún existe una iglesia católica que está orientada hacía Jerusalén, delatando con ello que, originalmente, fue una sinagoga.

Bajo el gobierno de los turcos otomanes, la comunidad judía de Gaza contaba con una corte rabínica y un yeshivá (escuela talmúdica), y de los escritos del rabino académico David ben Solomón ibn Zimra, también conocido como Radbaz, resulta que este consideraba la Franja como parte de Eretz Israel (la Tierra de Israel). También se sabe que muchos judíos de España y Portugal huyeron de la Inquisición escapándose a Gaza, y lo mismo hizo el gran cabalista medieval Rabino Avraham Azoulai, quien huyó de Hebrón a la Franja, donde vivió sus últimos años de vida y escribió dos de sus libros más conocidos: Jesed l’Avraham, un importante compendio sobre temas místicos, y Baal Brit Avraham, un comentario sobre el Tanaj. Varios testimonios de la época mencionan las sinagogas de Gaza, como por ejemplo el de Samuel ben David, quien visitó la Franja en 1641, y el del geógrafo Joseph Schwartz, quien informó que vio en una ruina en Ashkelon «las grandes y notables piedras traídas de la sinagoga de Gaza». También vivió en Gaza el rabino Israel Najara, nativo de Damasco, que se refugió allí debido a una plaga mortal, convirtiéndose en rabino jefe y presidente de la Corte Rabínica, su tumba estando hoy en día en el cementerio judío de Gaza. Posteriormente, su hijo fue elegido rabino de Gaza en 1664.

Dos siglos más tarde, en 1835, el gobernador egipcio de Gaza destruyó la última gran sinagoga de la ciudad y usó las piedras para construir la fortaleza egipcia de Ashkelon. Lo único que sobrevive en nuestros días son las puertas, que fueron rescatadas por los judíos gazatíes de Hebrón e instaladas en la sinagoga Avraham Avinu, que fue destruida por los árabes en 1929. Según varios informes, en la década de 1870 había unas noventa familias judías en Gaza, que se dedicaban principalmente a comprar cebada de los beduinos y la exportaban a las cervecerías de Europa. En 1908, el conocido periodista lituano y principal artífice de la implantación del hebreo como idioma hablado, Eliezer Ben Yehuda, fue invitado a abrir una escuela en Gaza, lo cual hizo en 1910. Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, los turcos expulsaron a todos los residentes de Gaza, pero, después de la guerra, un pequeño número de judíos regresaron. Sin embargo, volvieron a abandonarla en 1921 debido a los disturbios árabes.

Gaza fue incluida en la Declaración Balfour como parte de la patria judía, e igual fue reconocida inicialmente por la ONU. Sin embargo, tanto Gaza como otras partes de la patria judía fueron arrebatados por los árabes en la Guerra de Independencia de 1947. La Franja fue capturada por Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967, aunque luego la evacuó unilateralmente en 2005, a cambio de paz – pero hasta la fecha los árabes palestinos no se han molestado en respetar el acuerdo, como casi siempre. Fue una decisión que muchos expertos militares criticaron, porque permitió a Hamás a aumentar drásticamente su arsenal de cohetes – la inteligencia israelí calculó que Hamás, Yihad Islámica y otros grupos terroristas palestinos tienen al menos 30.000 cohetes y proyectiles de mortero almacenados en Gaza.

Hoy en día ya no hay judíos en Gaza y los muy pocos cristianos que aún quedan viven aterrorizados – los Territorios Palestinos ocupan el noveno lugar en la lista de los países más peligrosos del mundo para los cristianos. El radicalismo islámico es tan acuciante en Gaza, que se llegó a increpar a un inocente niño por expresar su deseo de paz y reconciliación con Israel. Se trata de Abdel Rahman al-Shantti, un niño rapero palestino que por aquel entonces tenía once años de edad, muy conocido por su música. «Me gustaría difundir el amor entre nosotros e Israel. No hay razón para la lucha y las guerras. Tenemos que dejar que esta relación sea cada vez mejor», dijo el joven. Las críticas de los palestinos fueron atroces, culpando a su padre de que no había educado bien a su hijo. Consecuencia de ello, ese pidió al canal Russia Today que retirara el video.

Como las olas que vuelven a su orilla

Siempre volvía a ti, como las olas del mar que vuelven a su orilla. Era como un baile, como el trance hipnótico de dos bailarines que se olvidaron de sí, absortos en un abrazo que borró las memorias y ya no les importa que aún quedan mundos y vidas por vivir.

A veces era agonía, como la que sienten las olas que han perdido su orilla en la otra punta del horizonte y yacen acunadas en esa unión que lo junta todo, pero aún así duele cuando se añora el abrazo de las arenas que pueblan su orilla.

Otras, me ahondaba en ti como en las aguas de un océano que me bendecía y sanaba con sal y vientos mis heridas, y te dejaba explorarme como las olas que se agarran, sedientas, a su orilla.

Me acuerdo de ti y de mí abrazados como si el otro fuese el último ser de los mundos; y otras pensando que, aunque lo perdiéramos todo, siempre quedábamos el uno al otro.

Siempre volvía a ti, como las olas del mar que vuelven a su orilla, sabiendo que lo que las une sobrevive al tiempo y a las lejanías, y arde los dolidos hechizos con que quieren partir almas los que no saben que el amor disuelve aún distancias.

Pensaba en ti y me dejaba llevar por el vaivén de recuerdos y melancolías que corrían como las olas corren hacia su orilla, abandonando el paso de las eras a clepsidras que no marcan tiempos, sino solo su recorrido por los mundos de quimeras.

Pensaba en ti sin prisas, como las olas que descansan abrazando a su orilla cuando la brisa amaina, como el sueño de unos amantes que, después de haberse perdido, se vuelven a tocar y recuerdan que, aunque son dos, en el comienzo solo hubo una semilla.

Pienso en ti y me pregunto qué fuerza tan grande es esa capaz de unir mares y tierras en el baile de las olas que danzan a su orilla. Y qué fuerza tan grande fue esa que unió tu alma y la mía…

Documentos árabes que delatan que los reclamos de los palestinos sobre el Monte del Templo son injustificados

En un artículo anterior vimos que la Mezquita Al-Aqsa, considerada hoy en día el tercer lugar más sagrado del islam, no es la «mezquita más lejana» mencionada en el Corán, principalmente porque fue construida varias décadas después de la muerte del Profeta Mahoma. En el mismo sentido se pronunció, entre otros, el abogado y periodista saudita Osama Yamani, que demostró en un artículo publicado en el periódico Okaz que Al-Aqsa no está ubicada en el Monte del Templo de Jerusalén, sino cerca de La Meca.

Pese a ello, después de la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel recuperó Jerusalén Este, que desde 1948 estaba bajo ocupación de Jordania – una ocupación ilegal que no fue condenada ni por la ONU, ni por los países europeos, ni por nadie -, los árabes/palestinos emitieron una nueva teoría, según la cual Al-Aqsa no se refiere solo a la mezquita en sí, sino a todo el Monte del Templo. Lugar que es sumamente sagrado para los judíos también debido a que allí estaba antes el Templo de Salomón, destruido por los romanos en el año 70 d. C. Ello fue ocasionado, lo más probable, por el clamor de varias personalidades religiosas judías de construir una sinagoga en el recinto, que es el único lugar sagrado del mundo de los judíos, sin pensar que ello podría molestar a los musulmanes. Pero, aunque la pretensión de los judíos fue más que justificada y, además, humilde – se trataba de una mera sinagoga, no de un templo -, los palestinos se opusieron y, para colmo, desde entonces dejaron de utilizar el término de «al-Haram al-Sharif» con el que siempre habían nombrado el Monte del Templo, y pasaron a llamar a todo el complejo por el nombre de la mezquita, Al-Aqsa.

Sin embargo, en 2016, Mordechai Kedar, un erudito israelí de la cultura árabe, profesor en la Universidad Bar-Ilan y agente durante 25 años de la inteligencia militar israelí especializado en grupos islamistas, demostró que lo anterior es otro de los muchos inventos de los árabes intentando negar el nexo de los judíos con su tierra ancestral, basándose, principalmente, en dos documentos árabes.

El primero es un folleto sobre la historia del Monte del Templo elaborado por el Consejo Superior Musulmán en 1925, que por aquel entonces estaba dirigido por Hajj Amin al-Husseini, muftí de Jerusalén entre 1921-1948 y amigo de los nazis, intitulado «Una breve guía de Al-Haram al-Sharif, Jerusalén». El propio título del documento delata el nuevo embuste de los palestinos, ya que llama el Monte del Templo por su nombre de Al-Haram al-Sharif, y no Al-Aqsa. Pero además de ello, en dicha guía, Al-Aqsa aparece como capítulo aparte, igual que la Cúpula de la Roca, siendo mencionada como el nombre de la mezquita, y no de todo el recinto. Como si lo anterior fuese poco, en el folleto se lee: «La identidad del sitio con el Templo de Salomón está fuera de toda duda».

El segundo de los documentos que demuestran sin lugar a duda la teoría de Kedar es un mapa trazado en 1965, cuando la ciudad estaba bajo ocupación jordana, por el topógrafo Abd al-Rahman Ratz, que fue aprobado por la autoridad de turismo del Gobierno jordano. En dicho mapa, que es un documento oficial del Gobierno de Jordania, el Monte del Templo aún era llamado «Al-Haram al-Sharif» y la mezquita Al-Aqsa aparece como la mezquita ubicada en la parte sur del complejo.

 

Además de lo anterior, el mapa jordano delata otra falacia de recién invención de los palestinos. Y es que, según algunos de sus líderes – entre ellos, Sheikh Akrama Sabri, muftí de Jerusalén entre 1994-2006, según el cual: «todo (el complejo) es Aqsa» -, ahora resulta que el Templo de Salomón ni siquiera estuvo ubicado debajo de lo que hoy en día es la Cúpula de la Roca, uno de los monumentos musulmanes más famosos del mundo. Según esta nueva teoría – si es que tal atropello a la historia se pueda nombrar así -, el Monte Moriah de la Biblia no se ha encontrado, por lo que el Templo judío tuvo que estar en el Monte Sinaí, Egipto, o en el monte Gerizim, en Cisjordania. Sin embargo, en el mapa jordano el Monte Moriah no solo que aparece mencionado, sino que, además, está rodeado en color rojo.

Si a lo anterior añadimos que en el árabe clásico el nombre de Jerusalén es «Bayt al-Maqdis», que significa «templo», las falacias palestinas se caen en picado, ya que, a diferencia de los judíos, los musulmanes nunca han tenido templos, sino mezquitas. Dicho en otras palabras: el propio nombre de Jerusalén en árabe delata que, hasta la década de los sesenta del siglo pasado, los árabes siempre se refirieron a Jerusalén como la Ciudad del Templo.

Mordechai Kedar

El profesor Mordechai Kedar justifica la obcecación de los palestinos de reconocer el legítimo derecho de los judíos sobre su capital, Jerusalén – que nunca en la historia fue la capital de otro pueblo, más que del judío – en el Corán, según el cual el islam no vino al mundo para vivir en paz con las demás religiones, sino para sustituirlas. Según el libro sagrado musulmán, el judaísmo y el cristianismo son «Dean Al-Batl», o religión falsa; mientras que el islam es la «ley Haq», o religión verdadera. Por lo que está claro que el regreso de los judíos a su tierra es una amenaza teológica. Es una situación parecida con la que se dio en el cristianismo, según el cual los judíos tienen que vagar por el mundo hasta el día del Juicio Final. Por lo cual, está claro que el retorno de los judíos a Eretz Israel, la Tierra de Israel, invalida los postulados de ambas religiones.

Si alguien no ha entendido aún qué subyace tras el conflicto palestino-israelí, a qué se debe su prolongación durante décadas, en lo anterior tiene una de las respuestas – aunque hay más. Se trata de una verdadera guerra teológica – en pleno siglo de la física cuántica, de los colisionadores de hadrones y de los viajes espaciales -, en la que la disputa por Jerusalén no es más que su cúspide.

Regálame una canción para cruzar océanos y mares

Regálame una canción para cruzar océanos y mares,

Y abrázame para que, si me marcho, no olvidarte.

 

Regálame ganas para caminar hacia tierras tan lejanas ahora,

Y besa mis melancolías que recuerdan paraísos que mi alma añora.

 

Regálame fuerza para olvidar las mañanas turquesas pintadas por el viento de los mares

Y limpia mis lagrimas con sabor a ti, mi océano, el más fiel de mis amantes.

 

Regálame brisas cuando cruzo desiertos que cambian realidades por sueños,

Y calienta las gélidas noches con fuegos que cuentan historias amarradas en ceños.

 

Regálame días, noches y años para bendecir el dulce sabor de estas tierras

De frutos dorados como el sol que brilla en las miradas que han perdonado sus guerras.

 

Regálame fuerzas que revivan mis ganas de volver a cruzar mundos,

Y estrellas que guíen mis noches cuando me pierdo deambulando por caminos vagabundos.

 

Regálame risas como las que antaño transformaron mis llantos,

Sabores de mangos bañados por vientos salados y brisas cuyo vuelo suena a cantos.

 

Regálame juegos para recordar cómo era de niña

Y susurros que ericen mi piel como el frescor del mar que estas islas tiñe.

 

Regálame una copa de tinto y vamos a pecar con algún que otro cigarro,

Para olvidar las locuras del mundo y vivir nuestros sueños que renacen del barro.

Palestina antes del radicalismo islámico: el Acuerdo Faisal-Weizmann y la Correspondencia Faisal-Frankfurter

La idea en sí (del sionismo) es natural, modesta y justa. ¿Quién puede desafiar los derechos de los judíos en Palestina? Históricamente, es realmente su país.

Yusuf Diya al-Khalidi, funcionario otomano

Los árabes, especialmente los educados entre nosotros, miran con la más profunda simpatía el movimiento sionista. Nuestra diputación en París conoce en detalle las propuestas presentadas ayer por la Organización Sionista a la Conferencia de Paz y las consideramos moderadas y apropiadas. Haremos todo lo posible, en lo que a nosotros respecta, para ayudarles y damos a los judíos una cálida bienvenida a casa.

Faisal ibn Hussein, rey hachemita

Las dos ramas principales de la familia semítica, que son los árabes y los judíos, se entienden mutuamente y espero que, como resultado del intercambio de ideas en la Conferencia de Paz, que se guiará por los ideales de autodeterminación y nacionalidad, cada nación haga progresos definidos hacia la realización de sus aspiraciones. Los árabes no están celosos de los judíos sionistas y tienen la intención de darles juego limpio, y los judíos sionistas han asegurado a los árabes nacionalistas su intención de ver que ellos también tienen juego limpio en sus respectivas áreas.

Faisal ibn Hussein, rey hachemita, 12 de diciembre de 1918, The Times

Los recursos del país siguen siendo tierra virgen y serán desarrollados por los inmigrantes judíos. Una de las cosas más sorprendentes hasta los últimos tiempos fue que el árabe de Palestina solía abandonar su país, vagando por alta mar en todas direcciones. (…) Al mismo tiempo, hemos visto a los judíos de países extranjeros emigrar a Palestina desde Rusia, Alemania, Austria, España y América. La causa es obvia para aquellos que tienen una visión más profunda. Sabían que el país era para sus hijos originales una patria sagrada y querida. El regreso de estos exiliados a su patria será, material y espiritualmente, una escuela experimental para sus hermanos que están con ellos en los campos, fábricas, oficios y todas las cosas relacionadas con la tierra.

Hussein ibn-Ali, padre del emir Faisal y sharif de La Meca, Al Qiblade, 1918

 

Hoy en día es casi imposible imaginar Oriente Medio sin las convulsiones que suelen darse con frecuencia, especialmente entre palestinos y judíos. Sin embargo, la situación no fue siempre así y, antes del surgimiento del islamismo y de Hajj Amin al-Husseini, el muftí de Jerusalén, un siniestro personaje que fue uno de los padres del radicalismo islámico y amigo de los nazis, el movimiento sionista fue bienvenido en la región. Una de las pruebas más claras de ello es el acuerdo que el rey hachemita Faisal ibn Hussein firmó con el dirigente del movimiento sionista Chaim Weizmann en 1919, y también en otros documentos de la época.

Faisal, hijo de Hussein bin Ali, sharif de La Meca, era considerado descendiente directo del Profeta Mahoma y fue el líder político del mundo árabe, en su totalidad, después de la Primera Guerra Mundial, siendo reconocido como el único líder árabe del mundo en aquel momento. El rey hachemita consideraba que el regreso de los judíos a su antigua patria era consistente con la fe musulmana, ya que el Corán afirma sin lugar a dudas que Israel es la tierra de los judíos, y que era en el mejor interés de las naciones árabes emergentes que lograran la independencia de Turquía y de las potencias coloniales europeas, e imaginaba una asociación constructiva entre los judíos y los árabes.

El emir Faisal fue reconocido formalmente como jefe de la delegación árabe en la Conferencia de Paz de París de 1919, en la que se concluyó el Tratado de Versalles, que marcó el fin de la Primera Guerra Mundial y puso las bases de nuevas naciones soberanas y de la Sociedad de las Naciones, la predecesora de la ONU. En dicha conferencia, Faisal pidió el reconocimiento por parte de la Sociedad de las Naciones de las veintidós naciones árabes que hasta entonces habían estado bajo dominación otomana. Poco después, reconoció formalmente las pretensiones de los judíos de establecer su patria en Palestina, firmando un acuerdo que validaba lo anterior en nombre de todo el mundo árabe, que es conocido como el Acuerdo Faisal-Weizmann.

Aunque ha habido debates sobre el tema, un importante segmento de investigadores considera que dicho acuerdo constituye el reconocimiento formal por parte de los árabes de la Declaración Balfour y, en consecuencia, de la Palestina judía, que es Israel. Uno de ellos fue Chuck Morse, quien expuso su argumento en su libro The Nazi Connection to Islamic Terrorism (La conexión entre el nazismo y el terrorismo islámico).

El reconocimiento de la patria judía por parte de la máxima autoridad árabe del momento se deduce también de la correspondencia escrita entre el emir Faisal y Felix Frankfurter, profesor de la Facultad de Derecho de Harvard y posteriormente juez de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Faisal consideraba las reclamaciones judías como «modestas y apropiadas», dando al pueblo judío un «cálido bienvenido a casa». En el mismo sentido se expresó años más tarde Yusuf Diya al-Khalidi, un funcionario otomano que conoció personalmente a Theodor Herzl, el padre del sionismo, y que dijo que: «La idea en sí (del sionismo) es natural, modesta y justa. ¿Quién puede desafiar los derechos de los judíos en Palestina? (…) Históricamente, es realmente su país»¹.

El preámbulo del Acuerdo Faisal-Weizmann es una ilustración perfecta de la visión progresista que muchos árabes tenían en aquel momento, haciendo referencia al «parentesco racial y los antiguos lazos existentes entre los árabes y el pueblo judío», y habla de una «colaboración lo más cercana posible en el desarrollo del Estado árabe y Palestina (en sus comienzos, y a diferencia de hoy en día, tanto los árabes como los judíos se referían a la futura patria judía como Palestina y «palestinos» eran llamados los judíos nativos de la zona, los árabes considerándose solo árabes, y no palestinos, como veremos en un futuro artículo).

El artículo 2 del Acuerdo pedía que una comisión definiera las fronteras permanentes entre los futuros Estados árabe y Palestina (Israel), lo cual se podría considerar que se realizó en 1922, cuando el Mandato Británico de Palestina se dividió a lo largo del río Jordán en un sector árabe oriental llamado Transjordania, que hoy en día es el Reino Hachemita de Jordania, y en un sector judío occidental llamado Cisjordania, que actualmente son Israel y los Territorios Palestinos. Por aquel entonces se consideraba que Transjordania (la Jordania de hoy en día) sería la Palestina árabe y, como tal, quedó fuera de los límites de la inmigración judía. A continuación, podrán leer el Acuerdo en su totalidad:

«Artículo I: El Estado árabe y Palestina (Nota mía: referencia al Estado judío) en todas sus relaciones y compromisos estarán controlados por la más cordial buena voluntad y comprensión, y para ello se establecerán y mantendrán agentes árabes y judíos debidamente acreditados en los respectivos territorios.

»Artículo II: Inmediatamente después de la finalización de las deliberaciones de la Conferencia de Paz, las partes del Estado árabe y Palestina determinarán las fronteras definidas entre el Estado árabe y Palestina.

»Artículo III: En el establecimiento de la Constitución y la Administración de Palestina, se adoptarán todas las medidas que concedan las máximas garantías para llevar a cabo la Declaración del Gobierno británico del 2 de noviembre de 1917 (Nota mía: se refiere a la Declaración Balfour).

»Artículo IV: Se tomarán todas las medidas necesarias para alentar y estimular la inmigración de judíos a Palestina a gran escala y lo antes posible, para asentar a los inmigrantes judíos en la tierra a través de asentamientos más cercanos y cultivos intensivos del suelo. Al adoptar tales medidas, los campesinos árabes y los agricultores inquilinos estarán protegidos en sus derechos y serán asistidos para el avance de su desarrollo económico.

»Artículo V: No se prohibirá ni interferirá de ninguna manera ninguna regulación o ley con el libre ejercicio de la religión; y, además, se permitirá para siempre el libre ejercicio y disfrute de la profesión y el culto religiosos, sin discriminación ni preferencia. Nunca será necesaria ninguna prueba religiosa para el ejercicio de los derechos civiles o políticos.

»Artículo VI: Los Lugares Santos Mahometanos estarán bajo control mahometano.

»Artículo VII: La Organización Sionista propone enviar a Palestina una Comisión de Expertos para hacer un estudio de las posibilidades económicas del país e informar sobre los mejores medios para su desarrollo. La Organización Sionista pondrá a disposición del Estado árabe a la Comisión antes mencionada con el fin de realizar un estudio de las posibilidades económicas del Estado árabe e informar sobre los mejores medios para su desarrollo. La Organización Sionista hará todo lo posible para ayudar al Estado árabe a proporcionar los medios para desarrollar sus recursos naturales y sus posibilidades económicas.

»Artículo VIII: Los partidos acuerden actuar con total acuerdo y armonía en todos los asuntos aquí adoptados ante el Congreso de Paz.

»Artículo IX: Cualquier asunto de controversia que pueda surgir entre la sala de partes contratantes será remitido al Gobierno británico para su arbitraje».

Al final del acuerdo, Faisal añadió una posdata en la cual condicionaba el cumplimiento del acuerdo en función de la posterior independencia de los países árabes. Aunque después de firmar el documento el emir fue expulsado por los franceses a Iraq, muchos consideran que sus cláusulas se deberían de cumplir porque hoy en día todos los países árabes son independientes, lo que otorga validez al acuerdo.

Como veremos luego, en el siglo XIX, poco antes de comenzar la emigración de los judíos sionistas a Palestina, la población en la región era más escasa y la tierra era un desierto yermo. Se aproxima que, a mediados del siglo XIX, no había más de 100.000 personas en todo el territorio, de los cuales muchos eran judíos que vivían allí desde tiempos ancestrales, llegando a contar unos 200.000 en 1882 y manteniéndose casi igual hasta 1919, cuando se firmó el acuerdo. Fue por ello que Hussein ibn-Ali, el padre del emir Faisal y sharif de La Meca, escribió en Al Qiblade en 1918: «Los recursos del país siguen siendo tierra virgen y serán desarrollados por los inmigrantes judíos. Una de las cosas más sorprendentes hasta los últimos tiempos fue que el árabe de Palestina solía abandonar su país, vagando por alta mar en todas direcciones. (…) Al mismo tiempo, hemos visto a los judíos de países extranjeros emigrar a Palestina desde Rusia, Alemania, Austria, España y América. La causa es obvia para aquellos que tienen una visión más profunda. Sabían que el país era para sus hijos originales una patria sagrada y querida. El regreso de estos exiliados a su patria será, material y espiritualmente, una escuela experimental para sus hermanos que están con ellos en los campos, fábricas, oficios y todas las cosas relacionadas con la tierra».

El emir Faisal mantuvo la misma postura en las cartas que posteriormente intercambió con Felix Frankfurter – en lo que se conoce como Correspondencia Faisal-Frankfurter -, como por ejemplo en la siguiente, fechada el 3 de marzo de 1919:

«Estimado Sr. Frankfurter,

»Quiero aprovechar esta oportunidad de mi primer contacto con los sionistas americanos para decirles lo que a menudo he podido decirle al Dr. Weizmann en Arabia y Europa.

»Sentimos que los árabes y los judíos son primos, al haber sufrido opresiones similares a manos de poderes más fuertes que ellos, y por una feliz coincidencia han sido capaces de dar el primer paso hacia el logro de sus ideales nacionales juntos.

»Los árabes, especialmente los educados entre nosotros, miran con la más profunda simpatía el movimiento sionista. Nuestra diputación en París conoce en detalle las propuestas presentadas ayer por la Organización Sionista a la Conferencia de Paz, y las consideramos moderadas y apropiadas. Haremos todo lo posible, en lo que a nosotros respecta, para ayudarles y damos a los judíos una cálida bienvenida a casa.

»Con los jefes de su movimiento, especialmente con el Dr. Weizmann, hemos tenido y seguimos teniendo relaciones cercanas. Él ha sido un gran ayudante de nuestra causa y espero que los árabes pronto estén en condiciones de hacer que los judíos regresen por su bondad. Estamos trabajando juntos para un Oriente Próximo reformado y renovado, y nuestros dos movimientos se complementan entre sí. El movimiento judío es nacional y no imperialista. Nuestro movimiento es nacional y no imperialista, y hay espacio en Siria (Nota mía: el termino Siria muchas veces incluía también a Palestina) para los dos. De hecho, creo que ninguno de los dos puede lograr un verdadero éxito sin el otro.

»Las personas menos informadas y menos responsables que nuestros líderes y los suyos, ignorando la necesidad de cooperación de los árabes y sionistas, han estado tratando de explotar las dificultades locales que necesariamente deben surgir en Palestina en las primeras etapas de nuestros movimientos. Algunos de ellos, me temo, han tergiversado sus objetivos para el campesinado árabe, y nuestros objetivos para el campesinado judío, con el resultado de que las partes interesadas han sido capaces de hacer capital de lo que llaman nuestras diferencias.

»Deseo darles mi firme convicción de que estas diferencias no se basan en cuestiones de principio, sino en cuestiones de detalle como las que inevitablemente deben producirse en todos los contactos de los pueblos vecinos, y que se ajustan fácilmente por la buena voluntad mutua. De hecho, casi todos ellos desaparecerán con pleno conocimiento.

»Espero con interés, y mi pueblo conmigo (Nota mía: que eran todos los árabes, en cuyo nombre hablaba), un futuro en el que os ayudemos a vosotros también, para que los países en los que estamos mutuamente interesados vuelvan a ocupar su lugar en la comunidad de pueblos civilizados del mundo.

»Atentamente, Fdo.: Faisal».

Lo primero que hay que puntuar aquí es que el emir habló en nombre de los árabes – de todos ellos – en su carta y que la propuesta de la Palestina judía a la que Faisal se refería incluía ambos bancos del Jordán, que hoy son el Estados de Israel y el Reino de Jordania – igual que en la Declaración Balfour. De la carta también resulta que tanto Faisal como Weizmann tenían una visión nacionalista y apoyaban el concepto de repúblicas democráticas libres y soberanas.

El mismo tono amistoso del emir hacia los judíos se observa también en otros documentos y declaraciones suyas. Por poner un ejemplo, el 12 de diciembre de 1918, Faisal fue citado por el periódico londinense The Times: «Las dos ramas principales de la familia semítica, que son los árabes y los judíos, se entienden mutuamente y espero que, como resultado del intercambio de ideas en la Conferencia de Paz, que se guiará por los ideales de autodeterminación y nacionalidad, cada nación haga progresos definidos hacia la realización de sus aspiraciones. Los árabes no están celosos de los judíos sionistas y tienen la intención de darles juego limpio, y los judíos sionistas han asegurado a los árabes nacionalistas su intención de ver que ellos también tienen juego limpio en sus respectivas áreas».

Desgraciadamente, el posterior líder árabe de Palestina, Hajj Amin al-Husseini, fue imperialista, igual que Hitler. En cambio – y a contrario de las teorías conspirativas que Adolf Hitler expuso en su libro Mein Kampf, que luego fueron difundidos por al-Husseini en todo el mundo árabe y hoy en día hacen la delicia de millones de neonazis, islamistas radicales y toda clase de extremistas -, el sionismo fue y es un movimiento nacional cuya finalidad era y es la autodeterminación nacional y establecer una patria donde el pueblo judío pueda vivir tranquilo, evitando la cruel discriminación y los sangrientos pogromos que sufrió durante los casi dos milenios que duró su exilio. Tanto de los anteriores documentos como de otros que serán presentados a lo largo de esta serie, resulta que las intenciones de los judíos sionistas fueron siempre la convivencia pacífica con los árabes, lo cual fue mutuo antes de que el muftí Husseini incitara a la violencia e hiciera alianza con Hitler y Mussolini – y sus sucesores se mantuvieron en la misma línea hasta el día de hoy.

El emir Faisal fue un musulmán tradicionalista y, cuando reconoció la patria judía en Palestina, estaba actuando con todo el respeto hacia el Corán, que afirma que Israel pertenece a los judíos y a nadie más. El libro sagrado musulmán refleja la misma idea que la Torá y las palabras de Moisés hacia su pueblo que aparecen en los dos libros sagrados son casi idénticas: «Recuerda, mi pueblo, los favores que Alá te ha concedido. (…) Ve, pueblo mío, a la tierra santa que Alá te ha asignado» (sura V). Y también: «Cuando la promesa del más allá llegue a suceder (en el Día del Juicio Final), os traeremos como una multitud reunida de varias naciones» (sura XVII:104).

El emir Faisal se convirtió en rey de Siria en 1920, pero poco después fue destituido por los franceses. En 1921, con la ayuda de los británicos, fue nombrado rey de Iraq, cargo que mantuvo hasta su muerte, en 1933. De lo anterior se deduce que, en sus comienzos, las pretensiones de los sionistas fueron reconocidas de forma oficial por la única autoridad árabe de aquel momento. Hoy en día, algunos lo niegan; sin embargo, los peros que pueda haber con respecto al Acuerdo Faisal-Weizmann se desmontan al leer la correspondencia del emir con Felix Frankfurter, en parte reproducida anteriormente.

Fragmento de mi libro La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

En la imagen del principio del artículo se ven el emir Faisal y Chaim Weizmann, vistiendo un tocado árabe como signo de amistad, en 1918, en Transjordania

 

 

 

La Mezquita Al-Aqsa no es la «mezquita más lejana» mencionada en el Corán

Uno de los símbolos más aireados por los árabes para justificar su reclamo en el sentido que Jerusalén es el tercer lugar sagrado del islam es la mezquita Al-Aqsa, que significa la «mezquita más lejana» – sobre la cual hay pruebas sólidas que confirman que fue construida sobre las ruinas del Templo de Solomon. Según esta nueva teoría, impulsada con especial ímpetu después de 1967, cuando Israel recuperó Jerusalén durante la Guerra de los Seis Días, Mahoma dirigía las plegarias hacia dicha mezquita hasta que, al decimoséptimo mes de su peregrinaje de La Meca a Medina, Alá le ordenó que las dirigiera hacia la Kaaba, en La Meca.

Sin embargo, según se deduce del Corán, Al-Aqsa no está ubicada en Jerusalén, sino que más bien sería una de las dos mezquitas situadas cerca de la aldea Ji’irrana, ubicada entre La Meca y Taaf, en la Península Arábiga, en lo que hoy es Arabia Saudita. Los textos sagrados musulmanes hablan de dos mezquitas: Al-Adna, que significa la «mezquita más cercana»; y Al-Aqsa, que significa la «mezquita más lejana» y supuestamente es la que aparece en el sura 17:1 que dice: «Exaltado es Aquél que llevó a su Siervo de noche desde la Mezquita Sagrada (La Meca) a la mezquita al-Aqsa (la lejana), cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrar el de nuestros signos». Sin embargo, Al-Aqsa fue construida en el año 692, después de la muerte de Mahoma, por el califa Abd el-Malik. Por lo que está claro que es imposible que el profeta se refiriera a Al-Aqsa de Jerusalén simplemente porque aún no existía.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que, en el año 682, cincuenta años después de la muerte de Mahoma, Abdullah Ibn al-Zubayr de La Meca, que era el sobrino de Aisha, la tercera esposa del profeta, se rebeló contra los omeyas que gobernaban Damasco y les prohibió la peregrinación a la ciudad sagrada, imposibilitándoles de esa forma cumplir con uno de los cinco mandamientos musulmanes básicos. Debido a ello, los omeyas se vieron obligados a elegir la mezquita Al-Aqsa de Jerusalén como lugar de peregrinación, alterando la interpretación coránica en el sentido de que el viaje celestial de Mahoma se había dado allí. Es por eso que hoy en día los sunitas consideran Jerusalén su tercera ciudad sagrada. En lo que concierne a los chiitas, ellos no aceptaron la versión anterior, por lo que su segunda ciudad más sagrada después de La Meca es Najif, en Irak, donde está la tumba de Ali bin Abi Talib, el fundador de esta rama del islam. Fue después de la revuelta iraní de 1979 cuando algunos chiíes, iraníes e integrantes de Hezbolá empezaron a decir que Jerusalén era una ciudad musulmana santa para evitar que los sunitas los tacharan de aliados de los judíos.

Pero que la mezquita – como tampoco la Cúpula de la Roca y la propia ciudad de Jerusalén – no tuviera importancia alguna para los árabes antes de 1967 lo confirman, entre otras, las fotos de Bonfils Studio Beirut de 1875, en las que se aprecia lo mismo que describieron los viajeros que visitaron la región y cuyos testimonios dibujan una tierra donde reinaba la maleza – aunque en dichas fotos sí se ven judíos rezando al Muro de los Lamentos.

Otro punto que aclara las cosas es que, cuando Mahoma visitó Jerusalén, ya era la ciudad sagrada del judaísmo, por lo que no podría ser la ciudad sagrada del islam también. Y, como si fuese poco, en el año 632, cuando falleció Mahoma, Jerusalén estaba ocupada por los cristianos y no había ninguna mezquita allí, hecho confirmado por el Dr. Manfred R. Lehmann. Entonces, si ni las escrituras sagradas del islam ni la historia afirman que Jerusalén es una ciudad islámica, ¿a qué se debe el ímpetu de los musulmanes de hoy en día de afirmar que sí lo es? Y más aún: ¿por qué gastan los políticos europeos el dinero de los contribuyentes europeos para defender una farsa?

 

Síntesis de mi libro La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

 

 

 

Números que no cuadran en el recuento de los refugiados palestinos. La ONU se reinventa las matemáticas y el derecho para los palestinos

«En Judea casi no es una exageración decir que por millas y millas no hay ninguna seña de vida o población» – Arthur Penrhyn Stanley, cartógrafo británico

 

Según la doctora Rivka Shpak-Lissak, historiadora de la Universidad Hebrea que documentó la migración árabe a Palestina, la región fue gobernada por los árabes únicamente entre los años 640 – 1099 d. C., lo cual significa poco más de 400 años, periodo en el cual la población disminuyó de 2,5 millones personas, a 500.000. La misma doctora demostró que fue en el siglo XIX cuando la población árabe aumentó de forma sustancial, registrándose un crecimiento de 94%. En concreto, pasó de 246.359 personas a principios del siglo XIX, a 525.150 en 1914, proviniendo en gran parte de Egipto. Se trata de la tasa de crecimiento más alta registrada en la región y se debió al auge económico que registró Palestina a partir de 1900 debido a la migración sionista.

La escasez poblacional en Palestina fue documentada también por el erudito Hadriani Relandi en su libro Palaestina, ex Monumentis veteribus illustrata, escrito en 1714, en el que examinó muchos de los lugares mencionados en la Biblia o la Mishná, trazó un mapa de la tierra de Israel y organizó un censo de la población en cada comunidad. Las conclusiones que sacó son más que claras. En primer lugar, ningún asentamiento de Tierra Santa tenía nombre de origen árabe, sino hebreo, griego o romano. En segundo lugar, casi toda Palestina era tierra yerma y sus pocos habitantes vivían en las ciudades de Jerusalén, Jaffa, Acco, Tzfat y Gaza (todos ellos nombres de origen hebreo), en su gran mayoría siendo judíos y, en un porcentaje más reducido, cristianos. También había musulmanes, que en su mayoría eran tribus beduinas nómadas, y que eran temporeros de la agricultura. La única excepción fue Nablus, conocido por aquel entonces como Shchem, donde vivían 120 personas de la familia musulmana Natsha y 70 shomronitas. En Nazaret (que hoy en día es de mayoría palestina) vivían 700 cristianos, y en Jerusalén 5000 personas, en gran parte judíos, pero también cristianos y árabes. En Gaza vivían 550 personas, la mitad judíos y la otra mitad cristianos. La misma pauta se repite en toda Tierra Santa de aquellos tiempos.

El vacío poblacional se mantuvo el próximo siglo también, lo cual fue testificado en 1857 por James Finn, el cónsul británico en Palestina, en cuyo informe a Londres se lee que: «El país se encuentra en un grado considerablemente vacío de habitantes y, en consecuencia, necesitado de un cuerpo poblacional». Lo misma conclusión sacó el historiador Arnold Blumberg, que documentó en su libro Sión antes del Sionismo: 1838-1880 el periodo previo a las grandes migraciones de los judíos europeos a Oriente Medio y dijo que: «no se hizo ningún censo, pero el estimado más fiable establece un máximo de 300.000 habitantes en 1841».

Uno de los documentos más aclaratorios en el mismo sentido es un mapa elaborado por Palestine Exploration Fund, una misión de reconocimiento británica entre 1871 y 1878, realizado a una escala de 1/63.000. Se trata del mapa más preciso que existe del territorio y con su ayuda se puede calcular con exactitud el tamaño de los poblados de Tierra Santa. Dicho mapa delató que, antes del comienzo de la migración sionista a Palestina, la región estaba casi yerma y que los escasos poblados tenían una superficie que en media rondaba 150/100 metros, conformados generalmente por dos hileras de casuchas o ni eso. Haciendo unos sencillos cálculos, resulta que Haifa tenía una superficie de 190 por 440 metros; Nazaret de 600 por 300 metros; Jaffa de 240 por 540 metros; Shekh Munis, donde ahora se encuentra la Universidad de Tel Aviv, era una pequeña aldea de 90 por 180 metros. El propio Jerusalén solo media 1000 por 1000 metros y no había nada fuera de sus muros.

Lo anterior fue corroborado por incontables testimonios, de los cuales es más que aclaratorio un informe redactado por el reverendo W. J. Starcey y publicado en el periódico London Time bajo el título La desolación de Palestina, y también en el número 20 de 10 de junio de 1880 del periódico Livermor Herald, en el cual se lee: «Nada puede exceder bien la desolación de gran parte de ella. Sin árboles por veinte o treinta millas a la redonda, bosques que existieron hace treinta años (por ejemplo, los del Monte Carmel y del Monte Tabor) han desapareciendo, ricas llanuras del mejor suelo de jardín pidiendo ser cultivadas, pero que están agrietadas con grietas de unos cuantos centímetros de profundidad, sin setos ni límites; terrazas de montaña, formadas de forma natural o artificial, listas para ser plantadas con vides; la gente vive nada más que en chozas de barro, tierra y miseria; los habitantes cuentan con ropa escasa solo suficiente para ser decentes; sin caballos o vacas, ni ovejas, ni perros; sin caminos, excepto el de Jaffa a Jerusalén, y esto como un camino para carros sobre un campo arado, el resto, en el mejor de los casos, son como los senderos de ovejas de Sussex, pero en su mayor parte como el lecho seco del río más rocoso donde, en medio de bloques de piedra, cada uno hace su camino al andar tan bueno como mejor pueda, torres o sobre piedras sueltas arrojadas desde las paredes del lado en cualquiera de los lados; nada sobre ruedas para ser recibido en un viaje de más de 300 millas. Todo está gravado, cada árbol frutal, pero ninguno se planta ahora; cada vaca o caballo, etcétera; cada verdura vendida de un jardín privado. No se ve nada, ni una pequeña granja, ni lejos ni cerca. Nada más que Jerusalén en sí. (…) Nada se hace por el bien o la mejora del pueblo o de la tierra por parte del gobierno. No sólo así, sino que todas las ofertas – y he oído hablar de varias hechas por individuos o empresas – son rechazadas, a menos que primero se dé un soborno a las autoridades. Esta es una imagen que no tiene nada que ver con lo que una vez fue la tierra donde “fluía leche y miel”. (…) No hay esperanza para Palestina mientras permanezca en manos de los actuales gobernantes. Palestina no vale nada para el Gobierno turco».

Fue a esa tierra yerma donde migraron los judíos sionistas, los primeros siendo unos 25.000 jóvenes obreros y estudiantes que llegaron entre 1882-1891, un año después del anterior reporte, la mayoría refugiándose de los sangrientos pogromos de la Rusia zarista. Lo cual fue confirmado por el cartógrafo británico Arthur Penrhyn Stanley, quien dijo que: «En Judea casi no es una exageración decir que por millas y millas no hay ninguna seña de vida o población».

En el vídeo: imágenes de Palestina alrededor del año 1900, a dos décadas después de empezar la emigración sionista y, seguidamente, la emigración árabe

Palestine & Jerusalem – circa 1900 – YouTube

Sin embargo, pocos años más tarde comenzó también la migración árabe a Palestina, y fue mucho más cuantiosa. El profesor Usiel Oskar Schmeltz demostró que el 53% de la población árabe musulmana de Palestina a principios del siglo XX era inmigrante. En el mismo sentido se expresó el profesor David Grossman, que probó que en 1914 la mayor parte de la tasa de crecimiento de la población de árabes musulmanes fue un derivado de la inmigración, y no de crecimiento natural, en una media de 50%. Según el profesor, ello se debió a las nuevas políticas del Gobierno otomano de fomentar la inmigración a Palestina después de que llegaran las primeras olas de judíos. Lo anterior fue reflejado también por la Enciclopedia Británica de 1911, en la que leemos que: «los habitantes de Palestina están compuestos por un gran número de elementos, que difieren ampliamente en cuanto a afinidades etnológicas, idioma y religión. (…) A principios del siglo XX, una lista de no menos de 50 idiomas eran hablados en Jerusalén como lenguas vernáculas».

La Comisión Mundial de Migración Internacional de Ginebra también registró lo anterior y en uno de sus informes se lee que: «La mayor parte de la población migrante del mundo se encuentra en Oriente Medio». Por su parte, el Instituto Real de Asuntos Internacionales con respecto al crecimiento de la población de Palestina durante las décadas de 1920 y 1930 estableció que: «El número de árabes que han entrado ilegalmente en Palestina desde Siria y Transjordania es desconocido, pero considerable». La invasión de los árabes fue registrada también por la Comisión Británica Hope-Simpson, que en su documento Prevención de la inmigración ilícita de 1930 recomendó frenarla. Lo mismo demostró Fred Gottheil, profesor de economía de la Universidad de Illinois, en su libro The Smoking Gun: Arab Immigration into Palestine, 1922-1931, en el que se lee que: «de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, los trabajadores migrantes de Oriente Medio que se desplazan dentro y fuera de Oriente Medio constituyen aproximadamente el 9% del total mundial» – lo cual es una cifra fabulosa teniendo en cuenta el tamaño más que reducido de la región. «Esta inmigración ilegal no solo procedía del Sinaí, sino también de Transjordania y Siria», aclaró el informe de la Comisión Real de Palestina, redactado por el gobernador británico del Sinaí entre 1922-1936. A lo que se añade que, en 1934, el gobernador del distrito sirio de Hauran, Tewfik Bey El Hurani, admitió en una entrevista acordada al periódico La Syrie que solo en unos pocos meses, entre 30.000 y 36.000 sirios de Houran se habían trasladado a Palestina.

Pero la inmigración árabe a Palestina a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX no se debió exclusivamente a las políticas otomanas, sino principalmente a la riqueza creada por los recién llegados judíos sionistas, que reformaron radicalmente el paisaje y secaron los pantanos, plantaron bosques – apenas quedaban árboles en Palestina porque los otomanos habían puesto impuesto por cada uno, por lo que los campesinos los talaban para no pagarlo -, construyeron pueblos, carreteras, universidades y generaron una floreciente industria y comercio. A ello se debió el que, en el periodo comprendido entre 1922 y 1947, la población árabe en las ciudades judías creció un 290% en Haifa; 158% en Jaffa; 131% en Jerusalén; 64% en Hebrón; 56% en Nablus; y 37% en Belén.

Pese a lo anterior, la población de Palestina seguía siendo escasa. No disponemos de datos claros del todo, pero lo que sí es seguro es que, a principios del siglo XX, en Israel, que por entonces formaba parte del Imperio otomano, había una población árabe que, según Juan B. Culla, que examinó los registros turcos, contaba 325.000 personas en 1891. Pocas décadas más tarde, en 1937, la población total de Palestina, que por aquel entonces estaba integrada en el Mandato Británico, era de aproximadamente 700.000 habitantes, de los cuales 400.000 eran judíos. Ello se reflejó en el informe de la Comisión Real del 12 de enero de 1937 cuando, a la pregunta del lord Peel: «Quiere detener por completo la inmigración judía. ¿Qué quiere hacer con los 400.000 judíos que hay aquí actualmente?», Hajj Amin al-Husseini, el muftí de Jerusalén en aquellos tiempos, respondió que: «Vivirán como siempre vivieron antes en los países árabes», reconociendo como reales las mencionadas cifras. Del mismo informe resulta que la población árabe de Israel se había doblado en los 14 años anteriores.

De gran interés para aclarar este asunto es el registro oficial del acta del encuentro entre Hitler y el muftí Husseini el 28 de noviembre de 1941, en la Cancillería del Reich en Berlín. En dicha reunión, el muftí mencionó la cifra de «1.700.000 árabes que habitan en Siria, Transjordania, Irak y Palestina». Sin embargo, los palestinos de hoy en día afirman que, antes del nacimiento del Estado de Israel, en 1948, en su territorio había un millón de palestinos. Pero según el muftí, solo siete años antes había 1.700.000 árabes en un territorio inmenso que comprendía no solo el diminuto territorio de Israel, sino también Siria, Irak y Transjordania. Corroborando ambos datos, resultaría que 1.000.000 de árabes vivían en un escaso territorio del tamaño de la provincia española de Badajoz, de poco más de 20.000 kilómetros cuadrados y casi yermo, que es el actual Israel; y el resto de 700.000 vivían en una enorme área de más de 700.000 kilómetros cuadrados y bastante más fértil. Dicho en otras palabras: que en el diminuto y desértico Israel vivían un millón de palestinos, mientras que en un territorio 35 veces más grande vivían solo 700.000.

Lo anterior fue corroborado por el testimonio del conde Folke Bernadotte, el mediador de la ONU para Palestina durante la guerra árabe-israelí de 1947-1948, que informó que: «Como resultado del conflicto en Palestina, casi toda la población árabe huyó o fue expulsada de la zona bajo ocupación judía». Hay que remarcar que, incluso en esos tempranos tiempos, el pro arabismo de la ONU era evidente, delatado por el uso de la palabra «ocupación», erróneamente empleada si tenemos en cuenta que a esas fechas la patria judía ya había sido reconocida por el Acuerdo Faisal-Weizmann, por la Declaración Balfour y por la propia ONU. Y sigue el funcionario de la ONU: «Esto incluyó a las grandes poblaciones árabes de Yafo, Haifa, Acre, Ramle y Lida. De una población de algo más de 400.000 árabes antes del estallido de las hostilidades, el número actualmente estimado de árabes en el territorio controlado por los judíos es de aproximadamente 50.000». Por lo que, si hacemos un sencillo cálculo, resulta que los refugiados palestinos en 1948 sumaban 350.000 personas, a lo que hay que añadir que, como vimos antes, esos llegaron a Palestina después o a la vez que los judíos sionistas, atraídos por la riqueza creada por esos y asimismo por la fetua de yihad del muftí Husseini..

Sin embargo, solo dos años más tarde, en 1950, la Comisión de la ONU para la Conciliación en Palestina cuantificó en 711.000 a los refugiados palestinos, sin saberse aún en base a qué llegó a esa cifra, que es más del doble que la barajada por su propio funcionario. En la misma línea se pronunció la mass-media occidental. Por citar un ejemplo, el New York Times afirmó en 1953 que hubo 870.000 refugiados palestinos; en 1955 casi 906.000; unos 925.000 en 1957; para que en 1967 llegaran a un millón.

Pero ello no paró allí y actualmente están registrados en las bases de la ONU más de 5,4 millones de palestinos con estatuto de refugiados, que reciben una jugosa financiación internacional. Cifra que varios líderes palestinos aumentaron a 8 millones y pretenden que todos ellos vuelvan a Israel – cuya población es de 9 millones, de los que la quinta parte son árabes -, en base a un inaudito derecho de retorno que, para más inri, es alegal según las normas del derecho internacional. Sin embargo, de todos ellos, solamente un ínfimo porcentaje abandonó efectivamente sus hogares cuando los países árabes declararon la guerra a Israel en 1947. Daniel Pipes, historiador, analista político y presidente de Middle East Forum, calculó que 99% de los actuales refugiados palestinos son falsos, y que, si se aplicaran los estandartes correctos que se aplican a los demás refugiados del mundo, simplemente desaparecerían. Los requisitos deberían ser: tener como mínimo 73 años de edad (ya que una persona que se refugió de Israel en 1948 tendría esta edad ahora); ser apátrida; y no vivir en la Franja de Gaza, que es prácticamente un Estado y no se puede considerar refugiado a alguien que vive en su propio país.

Según el anterior mencionado analista, la manera como la ONU perpetúa y expande el problema de los refugiados palestinos – por medio de su agencia UNRWA – suele revestir tres formas. Uno: permitiendo que dicho estatuto se herede de generación en generación, lo cual es un peculiar derecho que solo se reconoce a los palestinos. Dos: manteniendo el estatuto de refugiado incluso después de que la persona en causa haya adquirido la nacionalidad de otro Estado – hay refugiados palestinos que viven en Estados Unidos, Europa, Israel, etcétera, pero cuentan como refugiados, según la ONU. Y tres: asignando tal estatuto a los palestinos que residen en la Franja de Gaza. Sin lo anterior, jamás se habría llegado a aumentar el número de refugiados de 350.000 en 1948, a 5,3 millones en la actualidad, lo cual es un caso único e inaudito en la historia.

Pero la ONU no ha alterado solo las matemáticas en lo que respecta a los refugiados palestinos, sino también el derecho. En este sentido, el organismo internacional no solo que ha creado un precedente inaudito hasta la fecha, habilitando una agencia especial solo para los palestinos, que es la UNRWA – para los más de 70 millones de refugiados que hay en el mundo hay otra agencia, que es ACNUR -, sino que, además, cambió incluso la definición de refugiado del derecho internacional, pero solo para los palestinos. Según esos nuevos y peculiares estándares, cualquier persona que haya pasado dos años en Palestina antes de 1948 (reitero: dos años, no una vida ni tener raíces allí, que es lo que el derecho internacional requiere para que una persona sea considerada refugiado), con o sin pruebas (lo cual es un atropello a la ley sin precedentes), y todos sus descendientes (caso único e inaudito en el derecho), se consideran refugiados palestinos. Si a lo anterior añadimos que la UNRWA gasta por cada refugiado palestino casi el doble de lo que gasta ACNUR por cualquier otro refugiado, según demostró David May, y que, mientras la última tiene en su plantilla 16.800 empleados, la UNRWA tiene 30.000 (casi doble) para atender 13 veces menos personas, empezamos a entender a qué se debe que el conflicto más mediatizado de nuestros tiempos, que es el palestino-israelí, perdura tras décadas. Ahora, cabe preguntarnos por qué la ONU habilitó una agencia destinada única y exclusivamente para 350.000 refugiados palestinos (que, como vimos, según los estándares internacionales en materia de refugiados, la mayoría ni siquiera se podrían considerar como tal), y no lo hizo para los 14.000.000 refugiados que hubo solo un año antes cuando la India se separó de Pakistán, ni tampoco lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial, para los más de 50.000.000 refugiados que hubo. También cabe preguntarnos por qué la ONU cambió la definición de refugiados solo para los palestinos y con total desprecio no solo para los demás refugiados del mundo, sino también para con la ley y el sentido común. Porque la diferencia entre la definición de un refugiado palestino y la definición de un refugiado normal y común es más que abismal, lo cual lo explicaré con detalle en un futuro post. También cabe preguntarnos por qué, mientras absolutamente todos los demás refugiados del mundo son recolocados en pocos años y su número disminuye hasta desaparecer, los refugiados palestinos aumentan en progresión geométrica y aún después de casi ocho décadas siguen existiendo, pese a la ingente cantidad de dinero que han recibido, siendo llamados por muchos «los refugiados de lujo de la ONU».

Todo lo anterior ocurre en el diminuto territorio de Israel, en el cual un censo de 1931 contabilizó 23 idiomas habladas por los árabes y 28 habladas por los cristianos, y cuya población no judía provenía de 24 países. Otra curiosidad es que fue un libanés cristiano ortodoxo llamado Farid Georges Kasab quien llamó «palestinos» por primera vez a los árabes de Palestina, en su libro Palestina, helenismo y clericalismo, publicado en 1909. Un año más tarde, en el periódico árabe Haifa Al Nafir también apareció el término, y en 1911 lo encontramos en el periódico Al Munadi que, según su fundador Muhamad Musa al Magrhibi, cubría «solamente noticias relevantes para los palestinos». En 1913, el término cobró más importancia, siendo usado por el parlamentario otomano Ruhi al Jalid en su artículo La raza palestina. Es imposible encontrar allí al pueblo palestino que cuenta con una existencia milenaria, según reza el estribillo que escuchamos en Occidente…

 

Síntesis de mi libro «La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU»

 

Después de Husseini: Yasser Arafat, el multimillonario Premio Nobel de la Paz que engendró la era de terrorismo

«Planeamos eliminar al Estado de Israel y establecer un Estado puramente palestino. Haremos la vida insoportable para los judíos por medio de la guerra psicológica y la explosión demográfica. (…) Los palestinos nos encargaremos de todo, incluida toda Jerusalén» – Yasser Arafat, 1996, Estocolmo

 

Pese a lo expuesto en los anteriores artículos de esta serie, Hajj Amin al-Husseini, el muftí de Jerusalén, fue y sigue siendo alabado como modelo a seguir por los palestinos. Su sucesor fue Yasser Arafat, su sobrino lejano, que engendró una dolorosa y prolongada era de terrorismo en Medio Oriente y el resto del mundo. Las circunstancias de su muerte aún no son claras del todo e informes de la inteligencia francesa barajaron como causa principal el haber contraído el SIDA, probablemente debido a su insaciable apetito sexual y depravación. Aunque fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, Arafat estuvo muy lejos de ser un pacifista y su herencia, igual que la de su tío Husseini, fue el caos y la muerte. Son notorios su corrupción, sus descaradas mentiras y los incontables actos de terrorismo que impulsó no solo en Israel, sino también en otras partes del mundo. Pese a ello, el ex secretario de la ONU Kofi Anan y también el ex presidente francés Jacques Chirac lo homenajearon como «valiente símbolo del nacionalismo palestino», mientras que el expresidente de Gobierno español José-Luis Rodríguez Zapatero manifestó su simpatía para con el líder palestino desfilando por Madrid con la kufiyya árabe (que no palestina) al cuello. Es inexplicable el apoyo de algunos segmentos de la izquierda occidental al terrorismo islamista.

Yasser Arafat no fue palestino, como afirmó siempre, sino egipcio, y nunca participó en ningún campo de batalla – lo mismo que muchos de los líderes palestinos, que suelen vivir en refugios de cinco estrellas en países como Qatar, entre otros. Se sabe que no combatió ni en la guerra de 1948 que la Liga Árabe declaró a Israel el mismo día de su nacimiento, ni tampoco en la Guerra de Suez de 1956, aunque más tarde afirmó lo contrario, como demostró Bret Stephens de Wall Street Journal. Su verdadero nombre fue Muhammad Abdel Rahman Abdel Rauf al-Qudwa al-Husseini y nació en Egipto en 1929, siendo el quinto hijo de un rico comerciante. Fue educado en El Cairo y después de la muerte de su madre vivió un tiempo con un tío suyo en Jerusalén, que por aquel entonces formaba parte del Mandato Británico. Uno de sus biógrafos escribió en el New York Sun que el muftí Husseini lo prefería a cualquier otro.

Junto con George Habash al-Hakim, uno de los enemigos más fieros de Israel, Arafat fundó el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), tristemente famoso por los incontables atentados terroristas cometidos tanto en Israel como en otras partes del mundo. Algunas fuentes afirman que fue traficante de armas en su adolescencia. Si los palestinos no tienen hoy en día su Estado se debe, principalmente, a Yasser Arafat, hecho que reconoció incluso su viuda. Por lo que su apodo de El Padre de Palestina es otra de las incontables inversiones orwellianas con que nos toparemos a lo largo de este turbio asunto.

A finales de la década de los 50, Arafat fundó Al-Fatah, o Movimiento para la Liberación de Palestina, una organización terrorista cuya sucesora es la Autoridad Palestina, bastante más moderada que su antecesora. En 1969 fue nombrado presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que se fusionó con Al-Fatah y cuyo único propósito declarado fue la destrucción de Israel. La otra cara de la OLP es que, tras su fachada política, en realidad fue una empresa criminal más que rentable. El investigador Bret Stephens demostró que la enorme riqueza de Arafat se debió no solo al robo del dinero enviado por la comunidad internacional para programas de ayuda a la población palestina, sino también a que su organización se dedicaba a la «extorsión, tráfico ilegal de armas, tráfico de drogas, lavado de dinero y fraude». Ganancias que le permitieron disponer de una fortuna que la revista Forbes calculó en 300 millones de dólares (otras fuentes hablan de 1000 millones) y mantener a su esposa en una lujosa mansión parisina con una asignación de 100.000 dólares mensuales, mientras su gente vivía en la indigencia – pero de ello culpaba a Israel, no a su rapacidad e ineptitud para gobernar.

La OLP tuvo sedes en varios países árabes, causando problemas en casi todos, especialmente en Jordania. Una de sus especialidades fue el secuestro de aviones civiles. Son de triste recuerdo el bombardeo, el 21 de febrero de 1970, del vuelo 330 de SwissAir hacia Tel Aviv, cuando fueron asesinados 47 pasajeros y los tripulantes; el secuestro de un Pan-American 747, que fue volado en una pista del aeropuerto de El Cairo; y el secuestro de un TWA 707 y un SwissAirDC-8, que fueron llevados a un desierto jordano, lo cual provocó la reacción del rey hachemita y la detonación de una contienda que dejó 2000 fallecidos y la expulsión del país de Arafat y su banda de terroristas.

Posteriormente, Arafat estableció su cuartel en el Líbano, desde donde planeó el tristemente famoso asesinato de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 y donde también causó problemas que perduran hasta hoy en día. Los actos de terror de Arafat no se limitaron exclusivamente al secuestro de aviones, sino que son de triste recuerdo los incontables asesinatos de civiles, sin importar si se tratara de hombres, mujeres, niños o ancianos indefensos. Por poner unos ejemplos, menciono lo ocurrido el 11 de abril de 1974, cuando los terroristas de la OLP asesinaron a 18 residentes de Kiryat Shmona en sus propias casas. Solo un mes después, el 15 de mayo, atacaron una escuela en Ma’alot, asesinando a 26 civiles, entre ellos varios niños. Y la lista se volvería interminable.

Durante la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel fue atacado simultáneamente por Egipto, Siria y Jordania en otra guerra de exterminio. Sin embargo, el pequeño país ganó de nuevo y captó los territorios de Judea y Samaria, el Este de Jerusalén, el canal de Suez, la Franja de Gaza y los Altos del Golán. Pese a su diminuto territorio, a que dichos territorios formaban parte de la antigua tierra de Judea y de lo establecido en la Declaración Balfour, y a que Israel necesita parte de ellos para su defensa, el pequeño Estado acató la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU y acordó retirarse de esos a cambio de paz y de que sus vecinos árabes reconocieran su derecho de existir. La OLP rechazó la resolución, pero aun así, fue invitada a participar en la ONU con estatuto de observador – donde Arafat acudió en uniforme militar y con la pistola a la cadera – y en 1980 la Comunidad Económica Europea, la precursora de la Unión Europea, lo reconoció como «único representante legítimo del pueblo palestino».

Pero la sed de sangre de Arafat y su banda de terroristas no amainó y en 1985, el Frente para la Liberación de Palestina secuestró el crucero italiano Achille Lauro y, mientras su esposa miraba aterrorizada, dispararon de la forma más brutal y cobarde posible a León Klinghoffer, un anciano judío de 69 años de edad que estaba a bordo, en silla de ruedas, al que luego arrojaron al mar. El líder de los terroristas fue Mohammed Abu al-Abbas, que más tarde fue condecorado por Arafat como líder mártir, «luchador distinguido y líder nacional que dedicó su vida a servir a su propia gente y a su patria».

Poco más tarde estallaba la Primera Intifada, durante la cual las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron a más de 3600 ataques con cócteles molotov, 100 ataques con granadas de mano y 600 asaltos con armas y explosivos dirigidos contra su población civil. Sin embargo, los israelíes no fueron sus únicas víctimas y los escuadrones de muerte de Arafat asesinaron a cualquiera de los propios palestinos que supuestamente «colaboraban con el enemigo». El periódico árabe Al-Mussawar publicó en 1990 la declaración de Arafat: «Hemos estudiado los archivos de quienes fueron ejecutados y se descubrió que solo 2 de los 118 que fueron ejecutados eran inocentes», a los que Arafat declaró «mártires de la Revolución palestina».

En 1993, bajo el mandato de Bill Clinton, Arafat y el primer ministro israelí Yitzhak Rabín firmaron los Acuerdos de Paz de Oslo, motivo por lo cual el año siguiente fue condecorado como Premio Nobel de la Paz. Pero pese a haberse comprometido a realizar por medio de la recién nacida Autoridad Palestina la reforma democrática y establecer un Estado de derecho, después de que Arafat ganara las primeras elecciones no hubo otras y ni siquiera se reformó el compromiso de eliminar de la Carta Nacional Palestina las cláusulas sobre la aniquilación del Estado de Israel, una tradición heredada por Hamás, la organización terrorista que gobierna en Gaza y cuyo único punto en su Carta Magna no es asegurar el bienestar de su pueblo, sino destruir al país vecino. «Planeamos eliminar al Estado de Israel y establecer un Estado puramente palestino. Haremos la vida insoportable para los judíos por medio de la guerra psicológica y la explosión demográfica. (…) Los palestinos nos encargaremos de todo, incluida toda Jerusalén», declaró Arafat en 1996 en Estocolmo delante de una audiencia árabe, explicando que el alto el fuego no era más que una estrategia coránica igual que el acuerdo de diez años de Khudaibiya que Mahoma hizo, pero rompió después de dos, tiempo durante el que sus tropas reunieron las fuerzas suficientes para conquistar a la inocente tribu Koreish. Lo anterior fue documentado por Bret Stephens.

Hago un breve inciso para comentar un aspecto de la anterior cita que posiblemente no ha sido advertido por algunos lectores. Es más que habitual entre los defensores de la causa palestina mostrar imágenes de una Gaza con una densidad poblacional exagerada y culpando de ello a Israel. Sin embargo, la anterior cita del líder palestino deja claro que la explosión demográfica es un arma contra el Estado judío, por lo que, culpar de ello a Israel es absurdo. La explosión demográfica como arma no es una idea exclusiva de los palestinos, sino que es una estrategia común en el mundo islámico, a la que se han referido públicamente varios líderes árabes, entre ellos el presidente Erdogan de Turquía y Muhamar Gadafi de Libia, que amenazaron que conquistarían Europa «por el vientre de sus mujeres». La natalidad de las mujeres palestinas es de las más altas del mundo, llegando hasta seis, ocho o incluso más hijos por mujer, y es una estrategia de la yihad, igual que la inmigración masiva.

En el año 2000, el presidente estadounidense Bill Clinton presentó a Arafat la propuesta del presidente israelí Ehud Barak, en Camp David, para crear un Estado palestino en más del 90% de Cisjordania y toda la Franja de Gaza, con su capital en Jerusalén Este. Pese a la deslumbrante oferta que, prácticamente, era lo que el líder palestino siempre había reclamado de cara a Occidente, Arafat la rechazó inexplicablemente, sin hacer siquiera una contraoferta. Lo cual pone de manifiesto una vez más que sus intenciones nunca fueron la creación de un Estado palestino, como se expresaba públicamente, sino la destrucción de Israel. La ruptura de las negociaciones fue seguida por la Segunda Intifada que, como veremos en un futuro post, fue un acto premeditado, pero del que se culpó, como siempre, a Israel. Durante la Segunda Intifada se perpetraron atentados suicidas atando explosivos a niños adoctrinados en la cultura de shahada, o martirio, que fue impulsada con ímpetu bajo el liderazgo de Arafat, cuyos objetivos eran deliberadamente civiles israelíes.

Cuando George W. Bush reanudó las negociaciones para la creación de un Estado palestino, el requisito no negociable fue esa vez el cese incondicional del terrorismo. Consecuencia de ello es que hasta hoy en día los palestinos no han fundado un Estado propio – pero de ello culpan a Israel. Al final, incapaz de gobernar, Arafat se mudó a vivir en medio de un lujo impresionante en París y es allí donde murió el Premio Nobel de la Paz que engendró la era del terrorismo.

 

Fragmento de «La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU»

 

Más información:

La auditoría de Yasser Arafat realizada por la revista Forbes:

https://www.forbes.com/global/2003/0317/014.html?sh=1787e27e3fb6

La polémica fortuna de Arafat:

https://www.elmundo.es/elmundo/2004/11/09/internacional/1099998737.html

Suha y la fortuna de Arafat:

http://elmed.io/suha-y-la-fortuna-de-arafat/

 

Como el río que corre hacia el mar

Como el río que corre hacia el mar, así somos los que vivimos en este mundo. Fluimos hacia el Infinito, temerosos por diluirnos el él y de esa forma olvidar nuestra esencia y perder nuestra individualidad; igual que el río que teme desvanecerse en el mar y extraviarse en su sempiternidad.

Como el río, que guarda en sus entrañas las memorias de los millones de gotas de lluvia que lo formaron y el vuelo de las nubes donde nacieron sus caudales, así somos nosotros, depositarios de memorias ancestrales y de la sabiduría de los que nos precedieron.

Pero el río no se olvida de sí cuando se funde con el mar, sino que se expande, volviéndose igual de inmenso que este. De la misma forma nosotros, los seres humanos, no nos perdemos en el abandono del olvido cuando nos unamos al Infinito, sino que nos volvemos células de su cuerpo, dioses que creamos entre todos, a lo largo de los eones de los tiempos, existencias que poco a poco desentrañan los misterios la deidad, esa consciencia luminosa de donde emanamos y a la que volvemos cuando los tiempos de la revelación tocan.

Como el río, que antes fue nubes, lluvia y vaho, para luego volverse mar, así repetimos los seres humanos incontables ciclos y estados del ser hasta que no quede nada por saber o sentir, hasta que la existencia quede resuelta y la luz de la consciencia se expanda abarcando todo lo creado y también lo increado aún.

Bajamos del Infinito para vivir nuestra faceta humana y volveremos a él cuando recordemos quienes somos, y que somos perfectos y siempre lo fuimos, aunque en el ajetreo de la materia cada uno jugó sus papeles dispares para así comprender los misterios de la existencia y a sí mismo.

Bajamos para subir y subimos para bajar, como el río que nace en el mar, para luego volverse nube, rocío, río y luego de nuevo océano. Todos iguales en nuestra esencia, pero a la vez únicos e irrepetibles, como las copias de un fractal de Dios que solo existe una vez y luego jamás se vuelve a repetir, condenados irremediablemente a la eternidad – a no ser que decidamos alejarnos de su seno y dejar de existir para siempre.

Lo masculino y lo femenino en un mundo dual

Vivimos en un mundo dual, por lo que, por mucho que queramos, no podremos eludir la oscuridad, el dolor, el desamor, el desencanto. La otra cara de la medalla es que, por mucho que lo intentemos, tampoco podremos eludir la luz, la verdad, el amor y todos los demás colores de la vida. Todos sentimos todas esas emociones y el mundo se nos presenta a todos en sus ambas polaridades. Es como una clase de juego – que a veces se transforma en una montaña rusa de locuras y desenfreno – que nos pone a prueba, retándonos a lograr el equilibrio tanto cuando tocamos el cielo como cuando bajemos a los infiernos del Hades y de nuestras mentes.

Mantenerse positivo es un buen ejercicio. Pero mantenerse siempre positivo es imposible y, además, contraproducente, porque en los mundos duales venimos para experimentar ambas facetas de la polaridad, aprendiendo de las dos para luego trascenderlas y llegar al Uno, a la Unidad, allá donde estas dejan de existir.

Expresarse en ambas circunstancias es esencial tanto como autoterapia, como debido a que verbalizar ayuda a adentrarse en el propio subconsciente, y este es el primer paso hacia la maestría del ser. Las emociones suelen ser una buena guía que, si le hacemos caso, nos llevarán a buen puerto casi seguro – aunque es posible que durante el recorrido atravesemos tormentas y los mares se nos echen encima. Por ello hay que respetarlas, honrarlas como maestras y nunca temer adentrarse en sus profundos caudales.

Las mujeres lo tenemos más fácil en eso de las emociones porque, si algo nos es característico casi en exclusiva, es nuestra alta capacidad de sentir, lo cual tiene como efecto experimentar una alta gama de emociones.

Los hombres no lo tienen tan fácil, principalmente debido a los condicionamientos sociales y a una educación casi espartana y muy pasada de moda, pero que aún perdura, que le niega su legítimo derecho de manifestar su lado emotivo cuando le hace falta. También se debe a la necesidad de protegerse a sí y a su tribu/clan/familia en un ambiente más hostil que amable, donde la emotividad puede llegar a ser peligrosa a veces. A ello se debe la tendencia del hombre de mirar hacia el exterior.

Sin embargo, e igual que en el caso de la mujer, para que el hombre adquiera su verdadero y pleno potencial, deberá recorrer el camino hacia dentro. De ello no se escapa nadie, es una condición sine qua non de la evolución. Y es aquí donde encuentra su más bello papel la mujer. Porque ella tiene a su espalda milenios de evolución experimentando los tormentos de las emociones y los vaivenes asincrónicos de los desajustes hormonales cíclicos. Y la mujer, cuando se completa a sí misma y hace de sus tempestades aliados, se vuelve maestra y apoyo del hombre en su recorrido hacia su propio devenir, guiándolo por el tortuoso camino hacia dentro, que solo puede ser andado cuando se ha conseguido el dominio de las emociones, pero no eludiendo experimentarlas, que es lo que la mayoría de los hombres han sido enseñados, sino nadando y sobreviviendo a sus tormentos con plena consciencia. Por ello, muchas veces he dicho que, para que un hombre se vuelva maestro de sí mismo, requiere a su lado de una mujer que ya lo es.

La esencia del hombre es proteger. Aunque está claro que en una sociedad enferma lo masculino enferma también y hay muchos hombres que no solo que no protegen, sino que dañan incluso a propósito por motivos que van desde la mera tontería hasta el placer del sádico de someter y doblegar, que se debe a un fallo de personalidad del copón que requiere con premura sanación por las buenas o por las malas, porque al final desintegra el ser de ambos: del verdugo y de la víctima. En contrapartida, la esencia de la mujer es unir – y aquí también hay «aunques» que ocuparían libros enteros y que no trataré en este breve post.

El hombre, para comprender la existencia, la tiene que desmenuzar, dividirla en partes y analizar cada una hasta que no queden secretos (es lo que hace la actual ciencia, cuyo enfoque es muy masculino). En la otra punta está lo femenino, que encuentra el sentido de la existencia en su unidad (juntando las partes para comprender el entero), lo cual se relaciona con el amor que, a su vez, tiene mucho que ver con lo emocional. Pero, igual que en el anterior caso, está claro que en una sociedad enferma lo femenino enferma también y hay muchas mujeres que se han vuelto incapaces de manifestar su esencia más básica, principalmente porque han perdido la capacidad de amarse a sí mismas, lo cual deriva en una baja autoestima, que es uno de los principales ingredientes en una relación tóxica sea de dependencia, sea de víctima/verdugo (aquí hace par con el sádico del que hablaba antes).

Para poder acceder a los dones y sabiduría de ese gran maestro, que es el subconsciente, y al que se llega por medio de las emociones, el hombre necesita de una mujer como guía. O, si no, desarrollar lo suficiente su lado femenino como para lograr abrir esa puerta hacia sí mismo – donde vientre, plexo y corazón se armonizan volviéndose una. Lo cual es bastante más difícil que lo primero. Es aquí donde interviene la compenetración, lo recíproco, porque mientras la mujer necesita del hombre para sobrevivir en un entorno que muchas veces requiere de más fuerza física de la que tiene para domarlo y adaptarlo a las necesidades humanas, el hombre necesita de la mujer para elevarse por encima de lo físico y trascender su condición. Por ello, mujer y hombre son imprescindibles el uno al otro. Porque lo masculino y lo femenino solo tienen sentido – y solo pueden sobrevivir – si entretejen sus esencias, creando sinergias que derrumban las leyes matemáticas y hacen que uno más uno no sumen dos, sino miles.

Pensé en lo anterior cavilando sobre el feminismo, un concepto muy politizado últimamente, al que han dado un nuevo sentido más que erróneo y que parece que intenta cambiar la dictadura machista de los últimos miles de años por otra igual de nociva, que sería la feminista. Es otra aberración de nuestros tiempos y una prueba clara de que tanto lo masculino como lo femenino aún están en pañales en este mundo. El feminismo debería manifestar el principal rasgo de lo femenino, que es la unidad, el unir, y no fomentar una nueva desigualdad, sino la consciencia de la compenetración de los dos polos de la existencia: lo masculino y lo femenino; el sol y la luna; el día y la noche. También debería fomentar el apoderamiento de nuestra esencia femenina, el anhelo de unión, pero no solo en la mujer, sino también en el hombre. Porque tanto hombres como mujeres tenemos ambos polos dentro de nosotros, somos una clase de andróginos álmicos donde femenino y masculino se entremezclan y en los que solo las dosis y las cuantías difieren, y no la esencia.

Sin embargo, en el camino hacia dentro que todos tenemos que recorrer para trascender nuestra condición, lo sutil prevalece y la maestría de las emociones es imprescindible. Lo cual hace que sea la mujer la que maneje mejor el proceso principalmente debido a sus dones natos, ayudando luego al hombre a recuperar su esencia femenina y a potenciar su lado sensible, sensitivo, e incluso psíquico, sin lo cual jamás se volverá entero como ser – como tampoco será nunca entera una mujer que no ha completado su aspecto masculino.

Solo conseguiremos una sociedad sana cuando ambos polos del ser humano estén equilibrados. Jamás funcionará una sociedad en la que prevalezca lo masculino, y la prueba la tenemos delante de nuestras narices: un mundo azotado permanentemente por guerras (que son consecuencia de la falta de la consciencia de unión y de la fragmentación excesiva, que se debe a un defectuoso o deficiente femenino a nivel social) y en las que las artes están empezando a brillar por su ausencia, desapareciendo tras sucedáneos que muchas veces rozan lo grotesco (lo cual se debe a la ausencia o fallo del sentido de belleza, que también pertenece a lo femenino). Es el efecto de un exceso de masculino, lo cual deriva en enfermedad y deforma paulatinamente. Pero si prevaleciera lo femenino tampoco sería mejor ni mucho menos, porque jamás habrá equilibrio si uno de los polos domina al otro. Y sin equilibrio no se puede evolucionar porque falta coherencia, falta sosiego y falta el empuje que nace en la sinergia creada por la mente-corazón / hombre-mujer unidos. Nunca habrá trascendencia ni a nivel personal ni a nivel social si el ser humano no equilibra sus ambos polos primero dentro de sí, y luego a nivel de sociedad, que es el reflejo de los hombres y las mujeres que la conforman.

Extraña

Extraña. Vaya adonde vaya, extraña soy en este mundo. Tan extraña, que se ha vuelto un peso que a veces rebasa mis fuerzas, pero aun así cargo porque no tengo otra elección.

Extraña en un mundo donde las sosas amabilidades se han convertido en el sucedáneo del amor, y el amor, en un lastre que rehuimos por miedo a que nos dañe. Hablo en primera plural por usanza, pero la verdad es que me excluyo de esta categoría porque, en realidad, no es que yo huya del amor, sino que él me rehúye a mí. A lo mejor soy demasiado intensa, lo cual, en este rincón del universo te transforma en un perro verde sobrado despampanante – y aquí es mejor pasar desapercibido, así te ahorras disgustos y envidias disfrazadas de críticas que deconstruyen, aunque pretendan erigir, y sabiendo desde el principio que falsean con descaro.

Extraña soy en este mundo y hasta por entre mis propios pensamientos. No reconozco mi rostro en sus tantos espejos, la mayoría rayados y borrosos. Extraña en el mundo de otros.

Solo mis días se quedaron fieles y quietos, para grabar el derrumbe de una vida que, aparentemente, desperdicié porque no supe llevarla según las normas – dislates – de una sociedad que clama al engaño y pretende sustituir el amor por un triste orgasmo en la carne. Aquí, donde hay que maquillar el llanto con sonrisas perfectas que uno aprende a esbozar cuando ha olvidado Ser.

Extraña en un mundo absurdo y cargando un peso que me dijeron que era mío, pero que no, no lo es, sino que es de sus tinieblas, donde nació – que no en mi alma, que solo lo cobija mientras está de paso en este mundo de locura.

Extraña, solo yo conmigo y el runrún del océano…

La amistad del muftí Husseini con François Genoud, el banquero suizo del Tercer Reich. El muftí nazi delató la farsa de los refugiados palestinos

«Al gran muftí Amín al-Husseini: El Movimiento Nacional-Socialista del Gran Reich alemán ha enarbolado desde su advenimiento la bandera de la lucha contra la judería mundial. Por tanto, siempre ha observado atentamente la lucha de los árabes amantes de la libertad, sobre todo en Palestina, contra los intrusos judíos. El reconocimiento de este enemigo y la lucha conjunta contra él son la sólida base de la alianza natural entre la Gran Alemania Nacional-Socialista y los musulmanes amantes de la libertad del mundo entero».

Telegrama de Heinrich Himmler al muftí Hajj Amin al-Husseini

 

Es de gran interés el registro oficial del acta alemana del encuentro entre Hitler y el muftí Husseini de 28 de noviembre de 1941, en la Cancillería del Reich en Berlín²³. Del acta resulta que el muftí le dijo a Hitler que «los países árabes estaban firmemente convencidos de que Alemania ganaría la guerra y que entonces la causa árabe prosperaría», y que «estaban dispuestos a participar en la guerra no solo negativamente, por medio de comisión de actos de sabotaje e instigación de revoluciones, sino también positivamente por la formación de una Legión Árabe». El muftí también mencionó una carta que había recibido de Alemania en la que se leía que no pretendía ningún territorio árabe y reconocía las aspiraciones de independencia y libertad de los árabes, apoyando la eliminación del hogar nacional judío.

Adolf Hitler y Hajj Amin al-Husseini

Lo más interesante de dicha acta es que el muftí mencionó la cifra de «1.700.000 árabes que habitan en Siria, Transjordania, Irak y Palestina». Los palestinos de hoy en día afirman que, antes del nacimiento del Estado de Israel, en su territorio había un millón de palestinos. Pero el muftí afirmó que solo seis años antes había 1.700.000 árabes en un territorio inmenso que comprendía no solo el diminuto territorio de Israel, sino también Siria, Irak y Transjordania. Corroborando ambos datos, resultaría que 1.000.000 de árabes palestinos vivían en un escaso territorio del tamaño de la provincia española de Badajoz, de poco más de 20.000 kilómetros cuadrados y casi yermo, que es el actual Israel; y el resto de 700.000 vivían en un enorme área de más de 700.000 kilómetros cuadrados y bastante más fértil… Dicho en otras palabras: que en el diminuto y desértico Israel vivían un millón de palestinos, mientras que en un territorio 35 veces más grande vivían tan solo 700.000. Está claro que los cálculos, por mucho uno lo intente, no van a cuadrar. Sin decir que el muftí ni siquiera mencionó en ningún momento a ningún pueblo palestino, sino la palabra «árabes». Este simple dato es más que suficiente para desmontar la farsa de los refugiados palestinos.

Pese a lo anterior y a lo expuesto en los anteriores artículos de la presente serie, que son datos públicos que cualquiera puede consultar, cuando en 2015 el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu mencionó en un discurso ante el Congreso Sionista Mundial el importante papel que el muftí Husseini tuvo en la Solución Final, la prensa internacional saltó por los aires y la ONU consideró «impensable» que alguien sugiriera siquiera que los palestinos estuvieran detrás del Holocausto. «Cualquier sugerencia que el Holocausto contra los judíos pudo ser inspirado por palestinos, musulmanes o cualquier otro que no sean los nazis sería impensable», dijo a la prensa Farhan Haq, un portavoz del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. El argumento base que esgrimían los voceros de la ONU fue que sería imposible que Amin al-Husseini hubiera influido en el Holocausto porque este se reunió con Hitler en 1941, cuando ya había empezado la matanza de los judíos europeos. Sin embargo, ninguno de los anteriores tuvo en cuenta hechos históricos que demuestran que al-Husseini estuvo en contacto con los nazis bastante antes de su encuentro oficial con Hitler en 1941. Sin mencionar los datos que he aportado al principio de este capítulo y solo por poner algunos ejemplos, recordaré lo siguiente:

  • En febrero de 1933, poco después de que Hitler se convirtiera en canciller, el muftí envió un telegrama a Berlín diciendo que esperaba con interés difundir la ideología nazi en Oriente Medio y Palestina;
  • Se guarda un documento sobre una visita de al-Husseini a Yemen en 1936, en el cual el muftí es llamado «un enviado de Hitler»;
  • En julio de 1937, el muftí visitó al cónsul general alemán y le expresó de nuevo su apoyo al Reich;
  • En noviembre y diciembre de 1937, un representante del muftí viajó a Berlin buscando apoyo financiero y militar alemán. Más tarde, al-Husseini se reunió con Adolf Eichmann para hablar sobre la cuestión judía.  En una página del diario del muftí fechada el 9 de noviembre de 1944, se lee: «El mejor de los amigos de los árabes: Eichmann».Encima de la palabra Eichmann está escrito en árabe con la letra de Al-Husseini: un diamante muy raro y el mejor redentor de los árabes.
  • Y lo más evidente de todo: que Husseini vivió en Alemania antes y durante la guerra en una mansión que el Gobierno nazi le puso a disposición, desde donde se dedicaba a emitir sus discursos pro nazis en árabe que se escuchaban en todo el mundo árabe – las grabaciones aún se guardan.

Además de lo anterior, una de las pruebas más concluyentes en este sentido es la duradera amistad entre al-Husseini y François Genoud, también conocido como el banquero suizo del Tercer Reich, amistad que empezó en 1936 y duró hasta bien entrada la década de los 60, cuando ese viajó a Palestina. Genoud fue un férreo nazi que dedicó su vida a ayudar a los criminales de guerra nazis y luego también a los que consideraba los sucesores naturales de Hitler: los islamistas radicales. Entre otras, costeó la defensa del juicio de Eichmann y, posteriormente, también de Klaus Barbie, el jefe de la Gestapo en Francia y del famoso terrorista internacional (y amigo de los terroristas palestinos, como se verá más adelante) Carlos el Chacal. También creó un fondo de ayuda para los criminales de guerra nazis que estaban en prisión e incluso les mandó cestas de chocolate, como demostró Kevin Coogan.

Genoud ganó verdaderas fortunas publicando de forma póstuma las obras de Hitler y Goebbels y se suicidó más que convenientemente a una avanzada edad, justo cuando la justicia suiza destapaba, después de cincuenta años, uno de los episodios más vergonzosos de la Segunda Guerra Mundial: la colaboración del sistema financiero suizo con la Alemania nazi, ocultando el oro robado a las víctimas y a los países conquistados.

Hjalmar Schacht, ministro de Finanzas del Tercer Reich

Trabajando para las agencias de inteligencia suizas y alemanas, Genoud viajó mucho por Medio Oriente y en 1955 se convirtió en el asesor y banquero del nacionalismo árabe creando Arabo-Afrika, una empresa de importación-exportación que sirvió de tapadera para la difusión de propaganda antijudía y la entrega de armas al Frente de Liberación Nacional de Argelia. También hizo inversiones para Hjalmar Schacht, el ministro de Finanzas del Tercer Reich, expresidente del Reichsbank durante la guerra e intermediario clave en la posguerra entre los alemanes y los árabes.

Anteriormente, Genoud había ayudado a muchos criminales de guerra nazis a refugiarse en el mundo árabe. Fue el caso de Alois Brunner, que durante años fue el protegido del expresidente sirio Hafez el-Assad, en Damasco. Unos cuantos años antes, en 1940, junto con un ciudadano libanés, había fundado un club nocturno llamado Oasis, en Lausana, para servir como tapadera de la Abwehr, la inteligencia militar alemana. En noviembre de 1956, William J. Porter de la Embajada de los Estados Unidos en Rabat, notificó al Departamento de Estado que: «El Sr. François Genoud, un ciudadano suizo que reside en Frankfurt/Main, Alemania, y que pretende representar los intereses de Hjalmar Schacht, llamó a la embajada esta semana para hablar sobre (…) inversiones masivas en Marruecos».

La relación de Genoud con el mundo árabe fue muy activa y en la década de los 50 había abierto cuentas bancarias suizas a nombre de los ejércitos de liberación de Marruecos, Túnez y Argelia. En 1958, en asociación con un ciudadano sirio y con Hjalmar Schacht de asesor, Genoud fundó el Arab Commercial Bank, en Ginebra, para administrar el botín de guerra de los separatistas argelinos. Posteriormente, cuando se proclamó la independencia de Argelia en 1962, Genoud se convirtió en el director del Banco del Pueblo Árabe, en Argel.

A partir de la década de 1960, Genoud ayudó a financiar numerosas causas terroristas de los islamistas radicales, vendiéndoles armas y pagando honorarios para su defensa. En noviembre de 1969 se sentó junto al abogado radical Jacques Verges como asesor en el juicio en Suiza de tres terroristas del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) que habían explotado un avión de El Al. Arab Commerical Bank de Genoud pagó la defensa. En la misma década empezó a suministrar armas a los palestinos por medio de New European Orden (El Nuevo Orden Europeo), con sede en Lausana, Suiza. En abril de 1969, Genoud reunió en Barcelona a varios palestinos y los puso en contacto con ex nazis para ayudarlos en su entrenamiento militar. También financió al ayatolá Jomeini, en exilio en Francia mientras Irán estuvo gobernado por el Sah Mohammed Reza Pahlavi. En la década de los 70, Genoud también financió a varios grupos de izquierda para la liberación árabe armada.

Wadi Haddad

También participó el 21 de febrero de 1972 en el secuestro de un Boeing 747 de Lufthansa con destino a Frankfurt. Aquella noche, unos terroristas palestinos secuestraron el avión en el que viajaba el hijo de 19 años de edad del senador Robert F. Kennedy, pidiendo un rescate de 5 millones de dólares. El rescate fue entregado un día después y fue destinado al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), que desde entonces ha cometido numerosos ataques terroristas en todo el mundo. Dicha operación fue orquestada por el terrorista palestino Wadi Haddad con la ayuda de François Genoud. «La cantidad de dinero exigida a Lufthansa fue muy alta», confesó Genoud al periodista francés Pierre Pean, revelando su papel en el secuestro. «Un número demasiado bajo nos habría hecho perder credibilidad. Un número demasiado alto podría haber hecho fracasar la operación, especialmente considerando la rapidez con la que se tuvo que recolectar el dinero».

En la prensa francesa el nombre de Genoud empezó a nombrarse con cada vez más frecuencia cuando se hablaba de los vínculos entre los grupos fundamentalistas islámicos y la extrema derecha europea. En agosto de 1987, el International Herald Tribune informó desde París que: «François Genoud, banquero suizo pronazi que vive en Lausana (…) quien ha sido nombrado varias veces en la prensa francesa como el administrador del “cofre de guerra nazi”, contactó con Wahid Gordji, un funcionario de la embajada iraní en París que fue imputado por un tribunal francés en el atentado con bombas cuando fueron asesinadas trece personas en París en 1986. Esos ataques supuestamente fueron llevados a cabo por un terrorista fundamentalista islamista pro iraní. Gordji también había pagado la publicación de un catálogo de pedidos por correo publicitario de libros neonazis»,  informó el periódico.

También fue amigo del famoso negacionista del Holocausto, David Irving. «Se le preguntó a David Irving sobre Genoud», escribió Gerry Gable, editor de Searchlight, «e Irving dijo: “Oh, conozco a Genoud desde hace muchos años, somos muy buenos amigos. Es un hombre interesante, un banquero del movimiento (neonazi)». Posteriormente, la amistad entre los dos nazis se rompió porque se pelearon por los derechos de la traducción de los diarios de Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler. «No era una persona obsesionada con si uno era de izquierda o de derecha, simplemente cualquiera que estuviera en contra de Israel», escribió el periodista estadounidense Martin Lee, mientras que, en 1992, el Observer llamó a Genoud «uno de los principales nazis del mundo» y dijo: «Los servicios de seguridad afirman que transfirió el oro de los nazis derrotados a cuentas bancarias suizas». «Mis puntos de vista no han cambiado desde que era joven. Hitler fue un gran líder y, si hubiera ganado la guerra, el mundo sería un lugar mejor hoy», declaró el propio Genoud a un periódico londinense en 1992.

A la luz de los anteriores, la negativa tan abrupta de la ONU y demás medios que se han dado tanta prisa y aún más ímpetu por negar la conexión entre los palestinos y los nazis es, como mínimo, sospechosa. A ello hay que añadir una carta de 1943, hecha pública en marzo de 2017 por la Biblioteca Nacional de Archivos de Israel, mediante la cual Heinrich Himmler, el jefe de las SS, elogiaba al muftí al-Husseini y declaraba que los lideres nazis habían seguido de cerca los movimientos árabes contra los judíos, especialmente los movimientos de Palestina. El telegrama de Himmler decía lo siguiente: «Al gran muftí Amín al-Husseini: El Movimiento Nacional-Socialista del Gran Reich alemán ha enarbolado desde su advenimiento la bandera de la lucha contra la judería mundial. Por tanto, siempre ha observado atentamente la lucha de los árabes amantes de la libertad, sobre todo en Palestina, contra los intrusos judíos. El reconocimiento de este enemigo y la lucha conjunta contra él son la sólida base de la alianza natural entre la Gran Alemania Nacional-Socialista y los musulmanes amantes de la libertad del mundo entero. Con este espíritu, le transmito, en el aniversario de la ignominiosa Declaración Balfour, mis más afectuosos saludos y deseos para la materialización exitosa de su lucha hasta la certera victoria final. Heinrich Himmler, Reichsfuhrer-SS».

Judíos iraquíes sobrevivientes del Farhud

En el 26º aniversario de la Declaración Balfour, Himmler expresaba públicamente sus mejores deseos ante el mitin de protesta organizado por al-Husseini en Berlín, delante del Ministerio de la Luftwaffe (el Ejército del Aire nazi), rechazando el establecimiento de un Estado judío. La cartera del Ministerio pertenecía en aquel momento a Herman Göring quien, con el consentimiento de Hitler, había gestionado previamente como fideicomisario unos fondos en valor de 920.000 dólares que el muftí al-Husseini había invertido en acciones de siete grandes empresas alemanas. Ese día, el muftí no fue el único invitado árabe en la oficina del jefe de la Luftwaffe, sino que también estuvo presente Rachid Alí al-Gillani, ex premier de Irak con quien, a mediados de 1941 y con el apoyo de Hitler, Husseini había organizado el pogromo conocido como el Farhud, que arrasó el barrio judío de Bagdad y dejó más de 200 muertos, marcando el principio del fin de la comunidad judía de Irak (el 40% de la población capitalina era judía). El Farhud, también llamado la Noche de los Cristales Rotos de Oriente Medio, fue incitado por la propaganda pronazi aventada en Irak por Husseini y sus colaboradores, y fue seguida por el pogromo de Trípoli de 1941. Fue tan solo uno de muchos ataques contra los judíos en el norte de África y Oriente Medio.

Durante su estancia en la Alemania nazi, Husseini consiguió más de lo que había imaginado: desde su propio programa radiofónico que emitía desde Berlín, hasta bloquear la inmigración judía a Medio Oriente, o el entrenamiento de sesenta paracaidistas árabes por las SS, que el muftí llamaba su «núcleo bélico para la guerra contra los judíos». Su muy famoso llamamiento al linchamiento de judíos («Matad a los judíos dondequiera que los encontréis. Matadlos con los dientes si es necesario») se hizo en una emisión radiofónica desde Berlín el 1 de marzo de 1944. Aparte de oficina, coche oficial y nomina, los nazis le confirieron a Husseini el estatuto de Ario de Honor y en el verano de 1943, Himmler no solo le dijo que a esa fecha ya habían asesinado a tres millones de judíos, sino que incluso le contó sobre el programa nuclear alemán. A cambio, aparte de la férrea propaganda del nazismo en el mundo árabe, Husseini ayudó a los nazis a reclutar musulmanes bosnios para las Waffen-SS (las unidades Handschar, Skanderbeg y Kama).

A la luz de los anteriores, está más que demostrada la influencia del nazismo en el movimiento nacionalista palestino, cuestión que, por mucho que niegue la ONU, los árabes y el poderoso lobby antijudío, es de suma importancia para desentrañar los orígenes de un conflicto que se perpetua de hace décadas (gracias, en gran medida, a la ONU) y también para comprender qué es el islamismo radical que está azotando el mundo con cada vez más ímpetu. El primer gran líder del nacionalismo palestino fue un nazi activo; el siguiente fue su discípulo y sobrino Yasser Arafat; y el actual líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas también fue uno de sus discípulos y homenajeó a Husseini en muchas ocasiones e incluso escribió un libro negando el Holocausto, aunque posteriormente rectificó y dijo que se había equivocado. Sin mencionar a Hamás, la organización terrorista que gobierna en Gaza y cuyo único punto expresado en su Pacto de constitución es la aniquilación de Israel – en base a los Protocolos de los Sabios de Sion, una farsa de la Ojrana, la policía secreta zarista, delatada como tal hace un siglo.

Está claro que pese a que en un principio el nazismo había tachado a los árabes de raza semítica inferior, posteriormente los consideró potenciales aliados contra dos enemigos comunes: la democracia y «el judío». Por ello empezaron a invertir en propaganda en los países árabes. Pero los palestinos no fueron los únicos. El partido político Baaz de Irak, al que perteneció Sadam Husein, y el régimen Asad de Siria también tienen un indudable origen nazi y son clave para ilustrar la sinergia que hay entre el nazismo y el panarabismo. No hay duda de que Husseini no solo que conocía de primera mano el exterminio de los judíos europeos, sino que incluso quiso copiar el modelo en Palestina y uno de sus primeros planes en este sentido fue un ataque químico contra la ciudad de Tel Aviv, por suerte fallido. En su libro Los planes para el exterminio de los judíos en Palestina, los historiadores Klaus-Michael Mallmann y Martin Cuppers demostraron que el muftí tenía previsto construir cerca de Nablus, en Palestina, un campo de exterminio como el de Auschwitz, que había visitado con Himmler.

Alfred Rosenberg De Bundesarchiv, Bild 146-1969-067-10 / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5664905

Los nazis invirtieron un capital considerable en las actividades del muftí y otros líderes árabes pronazis. El muftí tenía sus estaciones de radio no solo en Berlín, sino también en Zeissen, Bari, Roma, Tokio y Atenas, desde donde difundía propaganda pronazi en todo Medio Oriente. Propaganda que daba mucho resultado, si tenemos en cuenta las palabras de Joseph Goebbels, quien anotaba en 1937: «En Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con esvásticas y retratos de Hitler». El año de esta anotación, 1937, es importante, ya que, como vimos antes, algunos afirman que las relaciones entre Husseini y los nazis comenzaron en 1941, después de empezar el genocidio nazi contra los judíos. Lo cual no es cierto, sino que la peligrosa amistad se entabló recién comenzada la década de los 30 del siglo pasado.

Pero la afinidad entre el nazismo y el islamismo radical se hizo notar bastante antes y fue el propio padre de la ideología nazi quien la mencionó entre los primeros. En el temprano 1899, Houston Stewart Chamberlain, cuyo libro Los fundamentos del siglo XIX sentaría las bases del nazismo unas cuantas décadas más tarde, ya estaba fascinado por el islam, por la poderosa voluntad de los árabes y por la forma en que esos se enfrentan a la muerte siguiendo los dictados del Corán. Por su parte, el filósofo del Partido Nazi, Alfred Rosenberg, fue un gran admirador de Chamberlain y odiaba el cristianismo, aunque admiraba al profeta Mahoma – pero pese a ello, detestaba a los mestizos y a los negros de África. Fue uno de sus libros sobre el sionismo, publicado en 1922, que lo convertiría en aliado de los islamistas radicales. «Una Palestina controlada por judíos podría convertirse en un punto focal para las ideas judías de la dominación mundial», escribió Rosenberg. Las ideas de Rosenberg se reflejan casi calcadas hoy en día en el Pacto de Hamás, en la que se lee que los sionistas buscarán controlar toda la región y luego la dominación mundial, y que el esquema sionista no tiene límites (Artículo 32). Para darse cuenta de lo absurdo de esta afirmación sobra mirar en el mapa el diminuto territorio de Israel y el territorio de los países árabes, más de cien veces más grande. También ayuda saber que los judíos representan aproximadamente un 0,02% de la población mundial, mientras que los musulmanes representan casi un cuarto, en concreto 24%.

También es curiosa la similitud entre la visión que tenía Rosenberg sobre Jesús de Nazaret y la que tienen los musulmanes al respecto. Según Rosenberg, Jesús no era judío ni fue crucificado; mientras que los musulmanes creen que sí fue judío, pero minimizan este aspecto, o evitan hablar de ello, y niegan su crucifixión. Sin embargo, hay una nueva corriente que afirma que Jesús no fue judío, sino palestino, y en este sentido se ha pronunciado recientemente la BBC²⁴. Sin analizar datos más complejos, solo si pensamos que el término palestino se creó un siglo después de la crucifixión de Jesús, tras la revuelta de Bar Kojba contra el Imperio romano, como veremos más adelante, se vuelve claro que la teoría de la BBC es una bazofia más que absurda. Referencias a Jesús como palestino también se hicieron en la edición de 13 de diciembre de Sunday Morning de BBC Radio Scotland, sin ninguna mención explícita de la identidad judía de Jesús. Aunque tampoco se puede pedir mucho de una emisora como la BBC por cuyos pasillos pasearon terroristas. Me refiero a una de sus invitadas, Ahlam Tamimi, que perpetró un atentado en Jerusalén que causó 145 víctimas, entre las que 15 mortales, la mitad siendo niños. El informe, actualmente eliminado de la cuenta de YouTube de la BBC, se compartió online bajo el título «Ahlam Tamimi, tu voz es fuerte: respuestas de solidaridad en los sitios jordanos y palestinos con la palestina Ahlam Tamimi».

 

Fragmento de La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

 

FUENTES:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

Klaus-Michael Mallmann y Martin Cuppers, Los planes para el exterminio de los judíos en Palestina

Chuck Morse, The Nazi connection to Islamic Terrorism.

Pilar Rahola y Tomás Alcoverro, Atrapados en la discordia

Eric Frattini, ONU, historia de la corrupción

Adam LeBor, El Súperbanco, la historia oculta del grupo de tecnócratas que gobierna el mundo

Hjalmar Schacht, Las confesiones de un brujo

Neal H. Petersen, From Hitler´s doorstep: the wartime intelligence reports of Allen Dulles, 1942-1945

LeBor Adam, Los banqueros de Hitler

John Weitz, Hitler´s Banker

Andrew McCarthy, The Gran Jihad, how the left sabotage America

Palestina y los nazis – 3º Parte: La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), los Hermanos Musulmanes y su amistad con los nazis alemanes

«El islam promete el cielo si ellos (los musulmanes) mueren peleando; es una fe atractiva y práctica para los soldados» – Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi

 

 

Adolf Hitler y Hajj Amín al-Husseini, el muftí de Jerusalén, en Berlín, 1941

Cuando Husseini se entrevistó con Hitler en Berlín, en noviembre de 1941, tenía ya más de veinte años de experiencia organizando oleadas terroristas contra los judíos del Mandato Británico de Palestina. Era un antisemita de larga experiencia que, según Wisliceny, «nos superaba en sus ataques antijudíos». No pudo exterminar a los judíos de Palestina porque los nazis perdieron la guerra, pero luego siguió con sus planes y, ayudado por los nazis alemanes que después de guerra se escaparon a El Cairo, igual que él, entrenaron a las fuerzas del dictador egipcio Gamal Abdel Nasser.

Entre sus alumnos estuvieron Yasser Arafat y Mahmoud Abbas, el anterior y el actual líder de Al Fatah, que posteriormente se llamó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y hoy en día es la Autoridad Palestina (AP). Las intenciones de la OLP nunca han sido pacíficas y, solo con citar a Yasser Arafat en un comunicado que presentó a la prensa árabe en agosto de 2002, durante sus ataques terroristas durante la Segunda Intifada, sobra. Después de alabar como héroe a Hajj Amín al-Husseini, declaró: «Esta será una guerra de exterminio y una masacre gigantesca que será comparada con las masacres mongolas y las cruzadas». Para más inri, en un evento organizado hace pocos años en Gaza, Mahmoud Abbas, el actual líder de la Autoridad Palestina, que es considerado el más moderado de todos los que ha habido hasta ahora, también celebró la memoria de Husseini¹⁵.

La OLP, en realidad, no es más que una avanzadilla de los Hermanos Musulmanes, una organización islamista que fabrica terroristas adoctrinándolos con que llegarán al paraíso, donde los esperan 72 vírgenes para satisfacer todos sus placeres si cometen martirio, que está financiada, principalmente, por Irán. El propio presidente Mahmoud Ahmadinejad de Irán, un país que pretende ser una potencia mundial nuclear, subió al poder con la ayuda de las guerrillas palestinas entrenadas por la OLP. El portavoz de los Hermanos Musulmanes es el teólogo islamista egipcio Sheikh Yousef Al-Qaradhawi, que suele vivir en Qatar – igual que otros líderes palestinos. Pese a sus discursos judeofobos que niegan los valores humanos tal como los entendemos en Occidente, dicho individuo suele viajar mucho al viejo continente y fue fideicomisario del Centro de Estudios Islámicos de la Universidad de Oxford.

Emblema de los Hermanos Musulmanes

Pero, aunque la Hermandad Musulmana pretende ser una organización de izquierda y esgrime los valores clásicos de justicia social, democracia y servicios sociales, en realidad no es más que una organización extremista en el seno de la cual nacieron varias organizaciones terroristas, como por ejemplo Hamás, que gobierna actualmente en la Franja de Gaza. Su portavoz, el jeque Al-Qaradawi, no tuvo ningún reparo en elogiar a Hitler de forma pública. La organización fue fundada en 1928, en El Cairo, por Hassan al-Banna, un maestro de escuela egipcio. Por mediación de su hermano, Abdul Rahman al-Banna, en 1935, la organización estableció vínculo con el muftí Husseini y sus miembros participaron en los disturbios de 1936-1939 conocidas como las Revueltas Árabes, organizados por el muftí Husseino, y posteriormente en la guerra de aniquilación que los árabes declararon a Israel el mismo día de su nacimiento. También mantuvieron una relación informal de espionaje con el Tercer Reich, aprovechando que tenían sucursales en varias capitales árabes. En 1945, Sa’id Ramadan, un miembro de la organización, organizó formalmente la rama de los Hermanos en Jerusalén.

Por lo que, la madre de Hamás es una sociedad secreta panarabista que promueve la utopía del Dar el-Islam, que es una clase de Nuevo Orden Mundial islamista. La organización ha sido ilegalizada en varios países árabes y es considerada organización terrorista en Occidente. Sa’id al-Ashmawy, expresidente del Tribunal Penal Superior de Egipto, describió la ideología los Hermanos Musulmanes como una «perversión del islam». También se refirió a la «la ideología fascista» de la Hermandad, a «su forma de vida totalitaria (…) y a su irreal interpretación del Corán».

La creencia fundamental de los Hermanos Musulmanes es que el islam tiene que obtener una total victoria sobre los infieles, para dar paso a su utopía de califato universal. El parecido de sus conceptos con la ideología nazi es obvio y consideran que primero hay que aniquilar a los judíos, y luego a Occidente, en una guerra santa, la yihad. Los Hermanos justifican su ideología en el Corán, en los días del profeta Mahoma, cuando en Yathrib, que actualmente es Medina, la importante comunidad de judíos que vivía allí rechazó el ministerio del profeta Mahoma y optó por permanecer leal a la religión hebrea, por lo que fueron aniquilados.

Emblema OLP-CG

He hecho este breve inciso aclarando la relación maternal que hay entre los Hermanos Musulmanes y las actuales organizaciones terroristas palestinas para que se comprenda mejor la sucesión de eventos de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días; ahora volveré a desarrollar lo sucedido en la guerra: «El muftí me explicó hoy largo y tendido que los musulmanes dentro y fuera de Palestina le dan la bienvenida al nuevo régimen en Alemania y esperan que se extiendan las formas de gobierno antidemocráticas y fascistas a otros países»¹⁶, reportaba Heinrich Wolff, el cónsul alemán en Jerusalén, a sus jefes en Berlín. Se sabe que, a casi dos meses después de que Hitler subiera al poder, Hajj Amin al-Husseini le hizo una visita. Sin embargo, fue pasados dos años cuando la alianza nazi-palestina iba a estrecharse. En ese tiempo, en Medio Oriente, Husseini se había vuelto una figura importante y era ovacionado con: «¡Viva Hajj Amín, el Hitler de Palestina!», tal como reportaba el diario Palestine a mediados de 1934.

La alianza con los nazis le dio seguridad a Husseini y pensó que era el momento para cargarse a los judíos, usando sus artimañas de siempre, en este caso el falso rumor que unos árabes habían sido atacados en Tel Aviv. La respuesta no tardó en llegar: el 19 de abril de 1936, en lo que se conoce como Bloody Sunday (el Domingo Sangriento), los árabes atacaron en Jaffa a unos transeúntes judíos desarmados. Fue el principio de lo que se conocería como las Revueltas Árabes. Para una mejor coordinación, el 25 de abril de 1936 se formó el Alto Comité Árabe, presidido por Husseini. Las masacres de la población civil judía venían acompañadas de la destrucción de sus cosechas y el robo del ganado y todo lo que se podía robar, y pronto se extendieron en un amplio territorio. La investigación británica que se realizó al respecto no pudo no reconocer que «el muftí debe ser considerado cabalmente responsable de los disturbios». También se vieron obligados a reconocer que el motín había sido posible debido a los poderes desmedidos de Husseini, otorgados por los propios británicos, como veremos a continuación. Pero lo anterior no impidió que lo toleraran aún hasta finales de 1937.

Muchos árabes se opusieron a esas sangrientas masacres, pero los que se oponían, entre ellos miembros prominentes del Partido de Defensa Nacional Nashashibi, fueron asesinados u obligados a huir del país. Una comisión británica reportó que «cualquier árabe sospechado de apoyar tibiamente la causa nacionalista judía está pidiendo que lo visite un grupo de pistoleros¹⁷. (…) Fawzi El-Husseini, un primo del muftí, se volvió el portavoz de una sección minoritaria de la burguesía urbana que deseaba colaborar con los sionistas. Eso le costó la vida»¹⁸. Según un historiador de la época, en «los siguientes dos años, las fuerzas del muftí mataron a más de cuatrocientos judíos y varios miles de árabes»¹⁹. Se trataba de los árabes que rehusaban participar en la violencia, ya que muchos de ellos se habían dado cuenta de que no eran los judíos quienes los oprimían, sino los efendis como Husseini. De hecho, en Palestina hubo tan poco apoyo por parte de los árabes a la causa de Husseini, que se vio obligado a reclutar mercenarios, principalmente sirios e iraquíes, pero no solo – por ello, los apellidos de los palestinos de hoy en día son sirios, iraquíes, sauditas, egipcios, etcétera. Mientras, los fascistas italianos y los nazis alemanes le mandaban alegremente armas.

Durante ese tiempo, los nazis difundían con ímpetu propaganda antijudía entre los musulmanes. Andrew G. Bostom documentó la charla de Hitler con al-Mashriqi (por su verdadero nombre, Muhammad Inayat Allah Khan), el rey de Afganistán durante un corto periodo de tiempo, que tradujo Mein Kampf al urdu impulsado por su enorme similitud con su propio libro. Durante la misma, Hitler le dijo que había leído su libro, Al-Tazkirah. Lo anterior no es de extrañar, ya que Mashriqi, igual que el líder nazi, predicaba una doctrina militarista y había fundado el movimiento khaksar de separación musulmana en la India, promoviendo la yihad. Lo anterior fue corroborado por Albert Speer, el ministro de Guerra de Hitler, quien escribió en sus memorias que el führer consideraba el islam una religión perfecta para los alemanes, mucho más compatible con el nazismo que el cristianismo, y lamentaba que los alemanes fuesen cristianos y no musulmanes²⁰.

Joseph Goebbels

En este sentido, Hitler no fue un caso aislado. Como demostró el historiador Christopher Hale, Himmler, el jefe de las SS, también consideraba que el islam era mejor que el «suave» judeo-cristianismo y le informó a Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler, que: «El islam promete el cielo si ellos (los musulmanes) mueren peleando; es una fe atractiva y práctica para los soldados». Poco más tarde, en un discurso para los bosnios musulmanes de las SS que había creado el muftí Husseini, Himmler dijo: «En los últimos dos siglos, Alemania, su gobierno y sus líderes fueron amigos del islam debido a sus principios, y no por razones de oportunismo o cálculo político (…). El Dios todopoderoso, que ustedes llaman Alá, envió al Führer a los pueblos torturados y sufrientes de Europa (…). Fue el Führer el que liberó primero a Europa y después liberará a todo el mundo de los judíos, los enemigos de nuestro país. También son sus enemigos, pues el judío siempre ha sido enemigo de ustedes». Hay historiadores que afirman que el líder nazi incluso encargó una investigación sobre el texto del Corán, para averiguar si en sus páginas había alguna predicción que revelara que Hitler iba a completar la obra del profeta Mahoma.

Por su parte, el muftí también era muy detallista con Himmler. Se guarda un telegrama de 6 de octubre de 1943 en la que Husseini felicitaba a este por su cumpleaños, expresando su deseo de «una cooperación aún más estrecha para lograr nuestros objetivos comunes en el próximo año». Por su parte, Himmler le envió un telegrama a Husseini en la que mencionaba la «alianza natural» entre los nazis y los árabes: «El movimiento nacional-socialista de la Gran Alemania tiene, desde sus inicios, inscrito en su bandera la lucha contra los judíos del mundo. Por tanto, ha seguido con especial simpatía la lucha de los árabes amantes de la libertad, especialmente en Palestina, contra los intrusos judíos. En el reconocimiento de este enemigo y de la lucha común contra él se encuentra la base firme de la alianza natural que existe entre la Gran Alemania nacional-socialista y los musulmanes amantes de la libertad en todo el mundo».

En 1935, «la oficina de propaganda de los nazis subsidiaba una gran variedad de cursos, institutos y diarios, gastándose millones de marcos en las actividades “educativas” de los agregados culturales y de prensa alemanes en el mundo islámico», explica el historiador norteamericano Howard Sachar. Se alababa la similitud entre el pangermanismo nazi y el nacionalismo panarábico, y claro está, siempre se recordaba al enemigo común: «el judío». Husseini difundía alegremente esas publicaciones y, cuando se decretaron las Leyes raciales antijudías de Núremberg, Hitler recibió un montón de telegramas de felicitación de los árabes. «En Palestina, el diario Al Liwa tomaba prestado de los nazis el slogan “Un País, Un Pueblo, Un Líder”. Ahmed Husseini, líder del movimiento Egipto Joven, le comentaba a (la revista italiana) Lavoro Fascista que “Italia y Alemania son hoy las únicas democracias verdaderas en Europa y las demás son tan solo plutocracias parlamentarias”. A lo largo y ancho del Oriente Medio, grupos y partidos de ultraderecha pulularon en imitación consciente del nazismo y del fascismo italiano», escribió Francisco Gil-White.

 

Fragmento de La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

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Fuentes:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

El conflicto Palestino-Israelí

Eric Frattini, Kidon, los verdugos del Mossad

Documentos juicios Núremberg delatando el papel de I.G. Farben en la Segunda Guerra Mundial: http://www.profit-over-life.org/

Recurso para la investigación del Holocausto. Proyecto Nikor, Nazi Conspiracy and Agression: Individual Responsibility of Defendants, Hjalmar Schacht: http://www.nizkor.org

Juicio contra I.G. Farben en: http://www.werle.rewi.huberlin.de/IGFarbenCase.pdf

Informe de Ford sobre el historial de guerra de la empresa, publicado en 2001: http://www.media.ford.com/article_display.cfm?article_id=10379

I.G. Farben, recursos históricos, http://www.wollheim-memorial.de

Palestina y los nazis – Parte 2º: El muftí de Jerusalén como coparticipe en la Solución Final de los nazis alemanes

«Los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países» – Hajj Amín al-Husseini, muftí de Jerusalén.

 

Los orígenes de la judeofobia en el mundo musulmán se remontan a los tiempos bíblicos, hace más de tres o cuatro mil años atrás, y sus características y funciones políticas han sido y son las mismas que en el mundo cristiano, el cristianismo siendo una sus fuentes. Sin embargo, hoy en día, la virulencia de los ataques judeófobos perpetrados por los musulmanes son incluso peores que los de la Europa medieval y fue hace poco que se escucharon gritos como: «Árabes, levántense y peleen juntos por sus derechos sagrados. Maten a los judíos donde se los encuentren. Esto complace a Dios, a la historia y a la religión», gritos salidos del pecho de Hajj Amín al-Husseini, el padre de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mentor de Mahmoud Abbas, el actual presidente de la Autoridad Palestina, y tío abuelo de Yasser Arafat, el anterior presidente.

La verdad histórica es que, en los años treinta del siglo pasado, pese a su virulento antisemitismo, Hitler favoreció en una primera fase que los judíos saliesen de Alemania y del territorio europeo que controlaba, siendo la expulsión, y no el asesinato, su política inicial. En este sentido, cito al historiador alemán Tobias Jersak, quien dijo que, «a partir de la publicación en 1995 de la documentación de Michael Wildt sobre el Servicio de Seguridad de la SS y el problema judío, ya nadie niega que, empezando con 1933, la política nazi concerniendo el problema judío buscaba la emigración de los judíos, preferentemente a Palestina». Por otro lado, Gunnar Paulsson aclaró que, incluso después de conquistar Polonia, «los nazis permitían todavía la emigración judía y hasta la favorecían, y consideraban mientras otros planes de expulsión», como por ejemplo reasentarlos en Palestina o Madagascar. Christopher Simpson también demostró que, aunque la matanza de judíos había empezado, promovida principalmente por individuos como Reinhard Heydrich y los 65 comandos Einsatzgruppen del frente del este, «otros ministerios preferían una variedad de planes de deportación y reasentamiento, aunque no se ponían de acuerdo dónde relocalizar a los refugiados ni tampoco cuánto terror aplicarles». Michael R. Marrus y Robert O. Paxton concluyeron que, «hasta el otoño de 1941, aunque nadie definía la Solución Final con precisión, todo indica que se trataba de un vasto programa de emigración masiva que quedaba todavía por especificar».

Sin embargo, en el otoño de 1941 algo sucedió y los nazis cambiaron de opinión, optando ya no para la expulsión de los judíos, sino para su genocidio. Tampoco había dónde expulsarlos porque, como apunta el escritor y exsacerdote católico James Carroll, «los mismos líderes mundiales que habían denunciado la violencia antijudía de los nazis se rehusaban a recibirlos como refugiados. Para que la Solución Final se volviera irreversible, fue crucial el descubrimiento tardío de Hitler sobre la indiferencia política de las democracias europeas para con la suerte de los judíos».

Hajj Amín al-Husseini y Adolf Hitler

El 9 de noviembre de 1941, el muftí palestino Hajj Amín al-Husseini llegaba a Berlín, siendo recibido por los nazis con todos los honores. Poco antes había dirigido para el Gobierno pro nazi de Irak una gran matanza de los judíos de Bagdad, a la que se sumaban varios pogromos que había organizado en las últimas dos décadas en la Palestina británica. El 28 de noviembre del mismo año, Husseini tuvo una larga y tendida charla con Hitler quien, tal como resulta de las minutas nazi, aseguró al muftí que Alemania conquistaría Oriente Medio, que el «objetivo único de Alemania sería la destrucción del elemento judío que reside en la esfera árabe», y que colocaría a Husseini como el «vocero con mayor autoridad para el mundo árabe»⁷. Poco después, el 20 de enero de 1942 se convocó la famosa Conferencia de Wannsee, cuando se estableció que la Solución Final ya no era un programa de expulsión de los judíos, sino de exterminio. Varios investigadores consideran que la llegada de Husseini a Berlín tuvo mucho que ver con lo anterior y ello fue demostrado años más tarde, en 1961, durante el juicio de Adolf Eichmann, el tristemente famoso arquitecto del Holocausto, aliado de Heinrich Himmler y amigo de Husseini.

La influencia del muftí Husseini sobre Eichmann y Himmler fue demostrada delante del Tribunal de Crímenes de Guerra de Núremberg por Andrej Steiner, entre otros, que fue un arquitecto checoslovaco-estadounidense que había participado en la resistencia como miembro del Grupo de Trabajo de Bratislava, una organización judía clandestina. Steiner testificó sobre una conversación que tuvo durante la guerra, en Bratislava, con Dieter Wisliceny, la mano derecha de Eichmann. Según contó, cuando preguntó a Wisliceny por qué los judíos no podían ser enviados a Palestina, «Wisliceny se rio y me preguntó que si no había oído hablar del gran muftí Husseini. Me explicó que el muftí tenía lazos muy estrechos de cooperación con Eichmann y que por lo tanto Alemania no podía permitir que Palestina fuera el 66 destino final, pues sería un golpe contra el prestigio de Alemania, en la opinión del muftí».

Wisliceny explicó a Steiner que: «El muftí es un enemigo mortal de los judíos y siempre ha peleado por la idea de exterminarlos. Insiste siempre en esta idea y también en sus pláticas con Eichmann. El muftí es uno de los progenitores de la destrucción sistemática del pueblo judío europeo por los alemanes y se ha convertido en el colega permanente, socio y consejero de Eichmann en la implementación de este programa. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a acelerar las medidas de exterminio. Le oí decir que, acompañado por Eichmann, había visitado de incógnito la cámara de gas de Auschwitz»⁸. «El muftí jugó un papel decisivo en la decisión de exterminar a los judíos de Europa. No se debe ignorar la importancia de su papel. El muftí propuso repetidamente a las autoridades, principalmente a Hitler, Ribbentropp y Himmler, exterminar a los judíos de Europa. Lo consideró una solución adecuada para la cuestión palestina», testificó Wisliceny. Es evidente pues que el ex oficial de las SS, que corroboró el testimonio de Steiner ante los investigadores de Núremberg, consideraba a Husseini no solo coarquitecto y codirector del Holocausto, sino instigador directo y principal del asesinato de millones de judíos de Europa.

A ello se añade el testimonio independiente del periodista y abogado Rudolf Kastner prestado ante el Tribunal de Núremberg sobre sus conversaciones con Eichmann y Wisliceny en Budapest. Según los testimonios y confesiones que Kastner entregaría mucho después a otra corte, resulta que había colaborado con las nazis durante la guerra, en Hungría, conspirando contra sus compatriotas judíos a cambio de salvar a unos cuantos de su elección. Según el relato de Kastner, en junio de 1944, cuando negociaba la salida de sus elegidos, Eichmann se resistió enviarlos a Palestina y respondió ante su insistencia que: «Yo soy un amigo personal del gran muftí. Le prometimos que ningún judío europeo entraría ya más a Palestina. ¿Lo entiende ahora?»⁹. Unos días después, Wisliceny le confirmó a Kastner que, efectivamente, Eichmann y Husseini eran muy amigos.

Dieter Wisliceny

El propio Wisliceny explicó lo siguiente: «En mi opinión, el gran muftí, que ha estado en Berlín desde 1941, jugó un papel importante en la decisión del Gobierno alemán de exterminar a los judíos europeos y no debe menospreciarse la importancia de ello. Repetidamente le planteó el exterminio de la judería europea a las autoridades con quienes hablaba, y sobre todo a Hitler, Ribbentrop y Himmler. Le parecía una solución cómoda al problema palestino. En sus mensajes enviados por radio desde Berlín nos superaba en sus ataques antijudíos. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a que acelere las medidas de exterminio. He oído que, acompañado de Eichmann, visitó de incógnito las cámaras de gas de Auschwitz»¹⁰.

Sin embargo, tal como delata un documento de Wisliceny presentado en Núremberg, las relaciones entre Eichmann y Husseini databan de 1937¹¹ y Eichmann confesó en su juicio que en 1939 había viajado a Palestina para familiarizarse con el lugar¹². Posteriormente, según Wisliceny, cuando el muftí llegó a Berlín, Eichmann se reunió con él para discutir la solución al problema judío¹³. Ello deja claro que, antes de la visita de Husseini a Berlín, los nazis no habían ideado aún el sistema de campos de exterminio para asesinar a los judíos europeos – aunque sí existían campos de concentración, pero su fin era, principalmente, el trabajo forzado, y no específicamente el exterminio. Los campos de exterminio fueron un proyecto formalizado en Wannsee, después de que Husseini llegara a Berlín y se entrevistara con Hitler. Esto es lo que dejan claro los testimonios de Andrej Steiner y Rudolf Kasztner sobre sus conversaciones con Dieter Wisliceny, corroborados por el último como testigo directo de lo anterior. Hay otros testimonios en el mismo sentido, como por ejemplo el de un oficial alemán llamado Wilhelm Melchers, que durante los juicios de Núremberg dijo que: «El muftí era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó que le gustaría verlos a todos liquidados».

Durante su juicio en Jerusalén, años más tarde, Eichmann intentó negar su relación con Husseini y declaró: «Vi al muftí solo una vez. Esto fue durante una recepción oficial ofrecida por el Departamento VI en la casa de huéspedes del Servicio de Seguridad a la que habían sido invitados la mayoría de los Oficiales Especialistas de la Oficina Central de Seguridad del Reich. Cada oficial especialista, incluyéndome a mí, fue presentado al muftí. (…) Nunca intercambié palabras con el muftí más que para decir mi nombre cuando me presentaron. No tuve nada que ver con el muftí en términos políticos». Esa estrategia de mentir, negar y distorsionar los hechos se prolongó durante todo el juicio. Eichmann, el principal arquitecto del Holocausto nazi, incluso tuvo la desfachatez de intentar convencer al tribunal de que no era antisemita en absoluto. Sin embargo, sus declaraciones fueron negadas por otros testigos, como los mencionados antes y, asimismo, por otras pruebas.

En realidad, Eichmann fue enviado a Oriente Medio justo para ponerse en contacto con Husseini y otros líderes árabes. Él y el SS Oberscharführer Herbert Hagen llegaron a Haifa en barco el 2 de octubre de 1937, a las seis de la tarde, pero el muftí no estaba porque se había huido para escapar de los británicos, lo cual se refleja en el mismo informe que los dos líderes nazis redactaron a efecto. Es probable que Eichmann conociera al muftí en la primera mitad de 1942 y una de las pruebas en este sentido es que, en las notas de Dieter Wisliceny de 26 de julio de 1946 se lee que este informó personalmente al muftí sobre la Solución Final: «Después de la llegada del muftí al-Husseini a Alemania, visitó a Himmler. Poco después, el gran muftí visitó al director de la Sección Judía del Departamento IV de la Gestapo, el Obersturmbannführer Adolf Eichmann, en su oficina de Berlín, 166 Kurfürstenstrasse. Ya no recuerdo la fecha exacta de la visita. Posiblemente fue a 68 finales de 1941 o principios de 1942. Por casualidad, estaba con Eichmann en Berlín unos días después, cuando me contó en detalle sobre esta visita. Eichmann dio una conferencia al gran muftí en su sala de mapas, donde había recopilado recuentos estadísticos de la población judía de varios países europeos; dio una conferencia detallada sobre la solución de la cuestión judía en Europa. El gran muftí, según él, quedó muy impresionado y le dijo a Eichmann que ya le había preguntado a Himmler y que, de hecho, había obtenido el consentimiento de Himmler en este punto, que un representante de Eichmann debería venir a Jerusalén como su asesor personal cuando él, el gran muftí, volvería después de la victoria de las potencias del Eje. En esa conversación, Eichmann me preguntó si no estaba dispuesto a ocupar el cargo. Pero rechacé en principio tales aventuras orientales. Eichmann quedó muy impresionado por la personalidad del gran muftí. Me dijo repetidamente, tanto en ese momento como en una ocasión posterior, que el muftí le había causado una impresión poderosa, y también a Himmler, y que tenía una influencia reconocida en los asuntos árabe-judíos».

Ver las imágenes de origenEl ex fiscal general de Israel, Gideon Hausner, que participó en el juicio de Eichmann, también demostró los vínculos del muftí con este en su libro Justicia en Jerusalén: «A principios de 1942, Eichmann lo recibió a él y a su séquito en la sede del departamento y les dio una conferencia sobre la Solución Final en Europa. El ex muftí quedó tan impresionado, que inmediatamente le pidió a Himmler que designara a alguien del equipo de Eichmann para que fuera su “asesor personal” para “resolver finalmente” el problema judío también en Palestina, una vez que el ex muftí fuera reinstalado en su oficina por el Eje victorioso. Eichmann acogió con agrado la oferta. (…) Los lazos personales entre los dos continuaron a través del sobrino del muftí, quien más tarde llamó a Eichmann en su oficina». El fiscal preguntó a Eichmann si recordaba la propuesta que se había hecho para que Wisliceny se convirtiera en asesor del muftí y ese respondió: «No recuerdo eso, pero estoy seguro de que eso necesariamente habría sucedido. Puedo decir eso con seguridad. Pero no recuerdo eso».

De los documentos nazis intervenidos después de la guerra y analizados por el escritor y periodista Maurice Pearlman en su detallado trabajo sobre Husseini, resulta que: «en varias etapas de la guerra, y en particular hacia el final, los oficiales (nazis) a cargo de los asuntos judíos (es decir, del exterminio) estaban conformes, a cambio de dinero, con desviar a los judíos que iban a los campos de concentración. En los últimos días de la guerra incluso pensaban permitir que los niños fueran hacia Palestina en barcos “ilegales”. Pero cada vez el ex muftí, amenazando que delataría a los responsables a Hitler si se escapaba algún judío a Palestina, insistió que fueran todos a los campos de concentración. Ninguno escapó». Ello fue corroborado por Steiner, quien afirmó que en una ocasión, cuando Wisliceny y Eichmann quisieron negociar con algunos judíos que querían pagar para enviar a unos niños al campo de 69 concentración de Teresienstadt y de ahí a Palestina, Husseini se enteró y se negó rotundamente, enviando cartas a varias autoridades nazi, que posteriormente fueron presentadas como pruebas en el juicio de Eichmann, e insistió que los enviaran a Polonia; es decir, a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

También se guardan las cartas que Husseini, presentándose como alto diplomático, envió a los gobiernos de Hungría, Rumania, Bulgaria e Italia, solicitando que no dejasen escapar ni a un solo judío¹⁴. A ello se añade un extenso registro fotográfico y grabaciones vídeo delatando las actividades del muftí a servicio de Hitler, y de especial relevancia son las que reflejan su actividad en la ex Yugoslavia que he mencionado en las páginas anteriores. Husseini también participó en debates de alto nivel con los nazis sobre el esfuerzo bélico alemán en Oriente Medio y sus planes para el exterminio de los judíos de Palestina y, «de no ser por Hajj Amín al[1]Husseini, la matanza no hubiera sido tan extendida y cientos de miles de judíos quizá se habrían salvado», aprecia Maurice Pearlman.

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El muftí palestino Husseini saludando a sus tropas que había puesto a servicio de los nazis

Cuando acabó la guerra, a petición del Gobierno yugoslavo y en base a las abrumadoras pruebas presentadas, en el Parlamento británico hubo una fuerte presión para enjuiciar a Husseini por crímenes de guerra y contra la humanidad, pero los Gobiernos británico y francés, que tenían a Husseini bajo su custodia, lo dejaron escapar a Egipto. Posteriormente, un artículo publicado en 1947 por la revista The Nature explicaba que todo ello había hecho que Husseini tuviera una excelente reputación en el mundo árabe musulmán. En 1996, el historiador Rafael Medoff comentaba que «los primeros trabajos académicos sobre el muftí, como el de Maurice Pearlman o el de Joseph Schechtman, si bien obstaculizados por la inaccesibilidad de algunos documentos clave, por lo menos lograron comunicar los hechos básicos de la carrera del muftí como colaborador nazi. Uno hubiera pensado que la siguiente generación de historiadores, con mayor acceso a los materiales de archivo relevantes (sin mencionar la perspectiva histórica más amplia que se obtiene con el paso del tiempo) hubiera podido mejorar el trabajo de sus predecesores. En vez de eso, sin embargo, los historiadores actuales del conflicto árabe-israelí han minimizado o inclusive justificado las actividades nazis del muftí».

Francisco Gil-White aclaró que «el trabajo de Pearlman es de 1947 y el de Schechtman de 1967. Desde entonces ha imperado un silencio casi total sobre el muftí. (…) Medoff, escribiendo en 1996, no cita un solo trabajo académico anterior a 1990 que mencione a Husseini. Y los publicados entre los años 1990-96, o no dicen absolutamente nada sobre la participación nazi de Husseini, o relegan eso a un “resumen” de un párrafo, a veces una frase, que deja casi todo fuera. Algunos autores inclusive afirman – de pasada – que las actividades nazis de Husseini fueron imaginadas por los “propagandistas sionistas”». A ello se añade que en el propio Museo del Holocausto de Estados Unidos no se informa sobre el muftí Husseini, 70 aunque ha habido varios requerimientos por parte de Israel a tal efecto. ¿Quién y por qué no quiere que se conozca el pasado nazi del padre palestino del radicalismo islámico? ¿Qué poder en la sobra es tan poderoso como para prohibir presentar al público la ingente cantidad de pruebas que hay sobre las actividades de Husseini en la guerra? Porque pruebas sí que hay, y muchas, y están expuestas en el Museo Yad Vashem de Israel, pero, ¿por qué nadie en Occidente se atreve a hablar abiertamente de este tema?

Fragmento de mi libro: La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

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FUENTES:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

El conflicto Palestino-Israelí

Eric Frattini, Kidon, los verdugos del Mossad

Documentos juicios Núremberg delatando el papel de I.G. Farben en la Segunda Guerra Mundial: http://www.profit-over-life.org/

Recurso para la investigación del Holocausto. Proyecto Nikor, Nazi Conspiracy and Agression: Individual Responsibility of Defendants, Hjalmar Schacht: http://www.nizkor.org

Juicio contra I.G. Farben en: http://www.werle.rewi.huberlin.de/IGFarbenCase.pdf

Informe de Ford sobre el historial de guerra de la empresa, publicado en 2001: http://www.media.ford.com/article_display.cfm?article_id=10379

I.G. Farben, recursos históricos, http://www.wollheim-memorial.de

 

 

Tan cerca, tan guapo…

El Lucero se acurrucó en la otra orilla de la Luna

Sus cabellos dorados destellan y alumbran la noche

Pienso en mi vida, que fue una Rueda de la Fortuna,

A veces soñando en medio de las nubes y otras, saltando de bache en bache.

 

Se acurrucó el Lucero como yo en tus brazos,

Tan bello cuando se pierde por entre los sueños.

Bésame despacio mientras me mires a los ojos

Y vamos a caminar por la vida a veces rectos y otras, saltando peldaños.

 

Tan bellos tus ojos, como el destello de infinitas estrellas,

Y tu boca que estremece mi cuerpo,

Tan cerca ahora, tú y yo, después de vidas y millas;

Entra en mí y quédate allí, tan cerca, tan guapo…

Palestina y los nazis – 1º Parte: Muhammad Hajj Amin al-Husseini, el muftí de Jerusalén amigo y colaborador de los nazis

Quién fue Muhammad Hajj Amin al-Husseini

 

En Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con esvásticas y retratos de Hitler.

Joseph Goebbels, ministro nazi de Propaganda, 1937

 

Mohammed Hajj Amin al-Husseini, uno de los padre del islamismo radical, se formó en la famosa Universidad Al-Azhar de Egipto, aunque no terminó sus estudios, por lo que no estaba calificado para ser muftí de Jerusalén, que fue su cargo desde 1921 hasta 1948. Fue un fanático muy cercano a la Hermandad Musulmana y odiaba a los judíos y a Occidente en general, a diferencia de su predecesor y hermanastro, Kamil al-Husseini, que fue un hombre moderado que mantuvo buenas relaciones tanto con los judíos como con los cristianos. Después de la muerte de su hermanastro y con la ayuda de los británicos, Husseini fue nombrado muftí de Jerusalén y desde el primer momento empezó a cometer abusos y a predicar la yihad, pidiendo a sus seguidores que asesinasen a cuantos judíos pudiesen. Fue corresponsable de la creación del primer grupo terrorista palestino, llamado Mano Negra, que se dedicaría a asesinar judíos y a destruir sus cosechas y propiedades. La Gran Revuelta Árabe de 1936-1939 fue invocada en nombre de ese grupo y en los años 90 el grupo terrorista Hamás usó su nombre como apodo de la rama militar de la organización, las Brigadas de Izzedin al-Qassam, llamando Qassam también a un cohete que manufactura y lanza contra la población civil israelí.

El fanatismo de Husseini fue tal, que emitió una fetua que establecía que «todos los musulmanes que mantenían relaciones amistosas con los judíos debían ser considerados infieles». Por ello, la mayoría de las víctimas del muftí y de sus fanáticos fueron los musulmanes moderados que se negaban a arremeter contra los judíos e incluso los ayudaban. No tuvo reparo en asesinar por esta razón incluso a un familiar suyo. El odio de Husseini no se dirigía solamente contra los sionistas, sino también contra los judíos que llevaban una vida ancestral en la región, de antes de la llegada de los árabes a Palestina. En 1929, Husseini distribuyó panfletos que decían: «Oh árabes, no olviden que el judío es su peor enemigo y ha sido el enemigo de sus antepasados», y cuando un grupo de jóvenes judíos recibió permiso de los británicos para realizar una marcha por la paz en el Muro de los Lamentos, el muftí denunció – falsamente – la profanación de la mezquita Al-Aqsa, situada justo al lado y encima del antiguo Segundo Templo, que fue seguida de una masacre en Hebrón, la segunda ciudad sagrada judía, donde sus fedayines atacaron un hospital y una sinagoga y asesinaron a 67 judíos. Seguidamente, atacaron los pacíficos barrios judíos ortodoxos de Jerusalén y otras comunidades hebreas en Haifa, Jaffa, Safed, Motza y Tel Aviv. Cuando fue citado por los británicos para dar cuentas de lo ocurrido, Husseini acudió con los Protocolos de los Sabios de Sion en la mano, aunque a esas fechas ya se había demostrado su falsedad.

Según muchos investigadores, las Revueltas Árabes fueron financiadas en gran parte por la Alemania nazi, ya que se sabe que, en 1937, cuando un representante del muftí viajó a Berlin, el almirante Wilhelm Canaris, jefe de Abwehr, la inteligencia militar alemana, ordenó un envío de armas a Palestina en una operación encubierta. A ello se añade que el muftí fue el principal propagandista del nazismo en Oriente Medio – en 1937, cuando se celebraba el cumpleaños del profeta Mahoma, las calles de Palestina y otros países árabes se llenaron de banderas alemanas e italianas y de fotografías de Hitler y Mussolini. Fue un antisemita acérrimo que organizó muchos pogromos contra los judíos de Palestina y de otros países árabes, siendo el principal aliado árabe de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Durante y antes de la guerra, el muftí residió en Berlín, en una lujosa villa que los nazis habían confiscado a una familia judía y se la pusieron a disposición junto con otros honores y un sueldo de 65.500 reichmarks pagado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ribbentrop. Hay datos que confirman que se realizaron transferencias sustanciales de dinero a Suiza en las cuentas del muftí y que incluso en abril de 1945, cuando el Ejército Rojo se acercaba a Alemania, el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán le pagó 50.000 reichmarks.

Con la ayuda de la cúpula nazi, el 18 de diciembre de 1942 abrió en Berlín el Instituto Central Islámico, cuyo invitado de honor fue el propio Goebbels, el ministro nazi de Propaganda. En el discurso de apertura, Husseini mencionó las teorías conspiracionistas judeófobas habituales calcadas a los Protocolos de los Sabios de Sion lo cual, evidentemente, gustó mucho a sus invitados, entre quienes estaban Himmler y Rosenberg. En abril de 1944, con la ayuda de Himmler, Husseini abrió una escuela de imanes en Guben, que fue dirigida por las SS de Himmler, donde se formaban imanes que debían inspirar y motivar a los árabes que iban a luchar en las filas de las SS. Posteriormente, Husseini creó una legión árabe ya que, si bien al principio Hitler no se había entusiasmado mucho con la idea, después de la derrota de Stalingrado necesitaba urgentemente soldados para sus tropas.

En marzo de 1943, Himmler se reunió con Husseini en Berlín para organizar una unidad musulmana de las Waffen SS, a la que llamaron la 13ª División SS Handzar (que es el nombre de la daga de los oficiales turcos durante el Imperio Otomano) y que era formada en gran parte por musulmanes bosnios. El muftí se fue a Sarajevo (en la ex Yugoslavia) para pedir apoyo al clero musulmán y a finales de abril de 1943 ya había reclutado 12.000 soldados que, junto con los demás efectivos musulmanes, contaban unos 21.000 hombres. La división cometió verdaderas atrocidades durante la guerra, asesinando indiscriminadamente a miles de civiles desarmados. Handzar no fue la única división musulmana que combatió en las filas nazis, aunque sí la mejor preparada, y sus integrantes, después de participar en múltiples masacres de civiles en Bosnia, se ofrecieron luego como voluntarios para cazar judíos en Croacia.

Según el profesor Bernard Lewis, en noviembre de 1941, en un encuentro que tuvo con Hitler, Husseini intentó convencerle para que ampliase el exterminio de los judíos en la Francia de Vichy y la Italia fascista, aunque en el acta de la reunión lo único que consta es la petición de Husseini para que Hitler proclamase su apoyo al independentismo árabe. Lo que sí se sabe con certeza es que Hitler le prometió que sería nombrado führer de una entidad nazi-árabe, lo cual se deduce de los diarios de Husseini, y también que, a menos de dos meses después del dicho encuentro se celebró la Conferencia de Wannsee en la cual se acordó lo que se conoce como la Solución Final, o sea: el asesinato en masa del pueblo judío. Pamela Geller demostró que Husseini abogó para que los nazis procedieran a intensificar el genocidio de los judíos en la mayor cantidad posible, en una ocasión llegando a solicitar que los nazis asesinaran a 400.000 judíos que pensaban deportar a Palestina.

Pese a conocer la suerte de los judíos capturados por los nazis, el muftí se negó incluso al rescate de varios miles de niños judíos que los Gobiernos aliados de los nazis de Rumania, Hungría y Bulgaria querían mandar a Palestina. En dos cartas dirigidas a los ministros de Exteriores de Rumania y Hungría, el muftí hizo referencia a un boletín de la agencia judía según el cual Rumania quería enviar a Palestina 1800 niños judíos y Hungría 900. «Esto no resolverá el problema judío», escribió Husseini a los dos ministros, recomendándoles que mandaran los niños a Polonia, aunque sabía perfectamente que allí iban a ser asesinados. «Permítame llamar la atención de Su Excelencia sobre la necesidad de evitar que estos judíos abandonen su país; y si hay razones que hagan necesaria su salida (remoción), será inevitablemente mejor e indefinidamente preferible que salgan de su país y se vayan a otros países donde están bajo supervisión activa como Polonia, por ejemplo, para que no representen un peligro o causen daño», escribió el muftí¹. Hay que saber que «supervisión activa» era el término en clave para la matanza masiva de judíos. En el caso de Bulgaria, el muftí intervino con éxito en Berlín y evitó el envío a Palestina.

Dieter Wisliceny

En 1942, Himmler permitió que 10.000 niños judíos fueran trasladados de Polonia a Theresienstadt, para desde allí enviarlos a Palestina. Con respecto a esto, Günther-Eberhardt Wisliceny, Obersturmbannführer de las Waffen-SS, adjunto de Adolf Eichmann para Eslovaquia y también amigo personal, declaró después de la guerra que: «Estaba planeado cambiar a estos niños por prisioneros civiles alemanes, a través de los servicios de la Cruz Roja Internacional». Pero Wisliceny fue convocado a Berlín por Eichmann, quien le reveló que «la idea de la operación planeada había sido conocida por el gran muftí por medio de su servicio de inteligencia en Palestina. Como resultado, protestó enérgicamente ante Himmler, utilizando el argumento que esos niños judíos en pocos años se convertirían en adultos y fortalecerían el elemento judío en Palestina. Siguiendo este consejo, Himmler prohibió toda la operación e incluso emitió una prohibición con respecto a casos en el futuro para que a ningún judío se le debería permitir emigrar a Palestina desde territorios bajo control alemán»².

En 1943, el muftí impidió la emigración de otros 4000 niños judíos y 500 adultos acompañantes a Palestina. «Solicito a Su Excelencia», le escribió al ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop, en una carta de 13 de mayo de 1943, «que haga todo lo posible para disuadir a Bulgaria, Rumanía y Hungría de implementar el plan judío-angloamericano y que preste especial atención a esta cuestión; al hacerlo, estaría prestando un servicio inolvidable al amable pueblo árabe»³. En una segunda carta de 10 de junio de 1943, el muftí le escribió a Ribbentrop que se había enterado de que setenta y cinco judíos, entre ellos también personalidades importantes, habían llegado a Palestina a finales de mes, que otros grupos de judíos de Rumania y Hungría también habían llegado o estaban listos para marcharse, y setecientos judíos de Polonia que tenían familiares en Palestina también estaban listos para partir; además de cinco mil refugiados de Bulgaria, Rumania, Hungría y Eslovaquia que ya tenían los certificados de inmigración en su poder. «Me parece que debería poner en conocimiento de Su Excelencia el hecho de que los árabes, leales amigos del Eje, se sienten heridos cuando notan que sus amigos de los poderes del Eje facilitan el objetivo judeo-inglés de la transferencia de judíos, que son agentes de los británicos y los comunistas, enemigos de los árabes y enemigos de Europa, en Palestina»⁴.

El muftí conocía perfectamente cuál sería de suerte de esos niños. Hay datos que sugieren que visitó el campo de exterminio de Auschwitz en compañía de Himmler, hecho corroborado por Ernst Verduin, un judío holandés que sobrevivió a Auschwitz 3 (Monowitz) cuyo número tatuado era 150811. Verduin vio unos cincuenta hombres vestidos de forma extraña, acompañados por oficiales de alto rango del campo. Cuando preguntó a un guardia quiénes eran, ese le contestó que eran «el muftí de Jerusalén y su séquito que querían ver cómo los judíos trabajaban hasta morir, para que él pudiera hacer lo mismo con los judíos que vivían en Palestina». Se sabe que el muftí había visitado anteriormente los campos de Auschwitz-Birkenau y Majdanek, y en junio de 1942 también el de Oranienburg. Por lo que no se puede decir que desconocía la suerte que tenían los judíos en Europa.

De hecho, incluso supo la cifra de judíos asesinados, ya que en un comunicado en la radio de 20 de septiembre de 1944 preguntó a sus oyentes si rechazaban a 11 millones de judíos. Se sabe que el número total de judíos al comienzo de la guerra era de unos 17 millones, de lo cual se deduce que Husseini conocía la cifra de 6 millones que los propios nazis decían que habían asesinado. Incluso la terminología que usaba era muy parecida a la de los nazis, y mientras esos hablaban de Endlösung (Solución final), el muftí usaba el termino Endgültige Lösung (Solución definitiva), lo cual es muy poco probable que sea una coincidencia, sino más bien demuestra que Husseini estaba familiarizado con la terminología nazi.

En el mismo sentido había advertido también Eichmann, quien le dijo a Ribbentrop que no se debería permitir que los niños emigraran cuando se enteró de la intención de la Oficina del Jefe de Seguridad del Reich de intercambiar 5000 niños judíos por 20.000 prisioneros alemanes. Eichmann le dijo a Ribbentrop que el cambio tenía que ser realizado de inmediato, ya que en caso contrario no se podría realizar el traslado hacia Palestina – supuestamente porque ya habrían sido gaseados⁵. «El muftí es un enemigo declarado de los judíos y no oculta su opinión de que le gustaría verlos a todos asesinados», se lee en unas notas de un funcionario de alto nivel del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán.

Después de la guerra, Husseini se refugió a El Cairo, donde asumió el mando del recién creado Alto Comité Árabe. Tanto Israel como Yugoslavia pidieron a Reino Unido, que por aquel entonces ejercía su protectorado en Egipto, que lo extraditaran para su juicio como criminal de guerra, pero los británicos se negaron debido a su gran influencia en el mundo árabe. En el mismo sentido se pronunciaron la Liga Árabe y el Gobierno egipcio. Después de la creación del Estado de Israel en 1948, Husseini se opuso a cualquier negociación o armisticio. En 1959, Husseini abandonó la carrera política y se trasladó al Líbano, donde falleció en 1974.

Husseini fue un islamista radical y nazi durante toda su vida, y muchos lo consideran el padre del movimiento yihadista y del fundamentalismo islámico de hoy en día. No solo fue uno de los impulsores del Holocausto nazi, sino que después de la guerra lo trasladó a Palestina, pero sustituyendo las cámaras de gas por terroristas y bombas humanas. El antisemitismo al estilo nazi continúa hasta hoy en día en un importante segmento del mundo árabe gracias en gran medida a Husseini, y las dementes teorías conspirativas de Hitler circulan con la misma impunidad en muchos países árabes regidos por sistemas políticos que emulan el nacional-socialismo alemán en una toxica mezcla de judeofobia, socialismo, nacionalismo e imperialismo. Husseini fue un líder panárabe de mentalidad autoritaria que afirmaba que los discípulos del profeta Mahoma deben trabajar para la creación de un califato árabe unido en el mundo islámico y, luego, en el mundo entero – ya que, según el Corán, el islam conquistaría el mundo y sería la única religión del planeta. A diferencia de Europa, que fue desnazificada después de la guerra, el legado de Husseini aún persiste hasta nuestros días y el islamofascismo está en pleno auge en muchos segmentos de la población musulmana.

Husseini no solo colaboró con los nazis en el exterminio de los judíos europeos, sino que también llevó el nazismo al mundo árabe, principalmente a Iraq, y el resultado ya lo conocemos: un legado de gobiernos socialistas totalitarios y la persecución y aniquilación de la minoría judía del país, aunque se trataba de comunidades ancestrales que llevaban muchos siglos viviendo allí. El primer pogromo contra los judíos iraquíes fue inspirado por Husseini y entre 1951 y 1952, el resto que quedaban en el país, que contaban unos 250.000, fueron expulsados con poco más de lo puesto. Hasta la fecha, ni la ONU ni nadie les compensó con nada, a diferencia de las ingentes cantidades de dinero que se han pagado a los palestinos. El mismo fue el caso de otros aproximadamente 850.000 judíos expulsados de los países árabes en 1948, cuando nació el Estado de Israel, después de confiscar sus bienes, que tampoco recibieron ninguna ayuda internacional, sino que fueron asimilados silenciosamente por el país judío. También es de triste fama el pogromo árabe de 1929 en el que toda la comunidad judía indígena de Hebrón fue aniquilada. La justificación de Husseini fue que temía que Palestina se convirtiera en otra Andalucía – se refería a al-Andalus, el nombre de la España morisca que, según los islamistas, pertenece al islam, y no a los españoles.

Las trayectorias de Husseini y Hitler fueron muy parecidas, el primero siendo el representante más férreo del panarabismo, y el segundo, del pangermanismo. La principal diferencia entre las dos ideologías es que, mientras el panarabismo persigue la creación de un califato mundial basado en la fe islámica, con la lengua y cultura árabe como pieza central, el pan-arianismo soñaba con un imperio mundial dominado por una supuesta raza germánica. El panarabismo considera que la ummah árabe debe ser la autoridad gobernante central sobre el mundo islámico y no islámico; mientras que el pan-arianismo nazi planteaba una unión de todos los pueblos arios de habla alemana en un nuevo orden mundial gobernado por los nazis. Pero, mientras el panarabismo es religioso, el nazismo fue secular y se regía por el darwinismo social – aunque hay muchos que consideran que el nazismo en sí fue una religión.

A diferencia del movimiento sionista, que perseguía la soberanía del pueblo judío y salvaguardarlo del terror, asesinato y atroz discriminación que había sufrido durante casi dos milenios en Europa, en un pequeño trozo de tierra que, además, es su tierra ancestral, la causa de Husseini fue, según lo expresó él mismo en sus declaraciones públicas, un vasto califato árabe que prepararía el escenario para el utópico Dar el-Islam, o mundo bajo dominación islámica. A diferencia de los judíos sionistas, que ofrecieron a los árabes ciudadanía, autonomía y el control de sus lugares sagrados, tal como se refleja en el Acuerdo Faisal-Weizmann y lo mantienen hasta el día de hoy, Husseini representaba una cepa regresiva del islam según la cual los no musulmanes eran ciudadanos de segunda con pocos derechos y discriminados en su propio país (llamados dhimmis).

Al convertirse, con la ayuda de los ingleses, en gran muftí de Jerusalén en 1921, al-Husseini dictó una fetua de yihad contra los judíos y declaró que los musulmanes que mantenían relaciones amistosas con esos eran considerados infieles – una condena que perdura en muchos sectores palestinos. También organizó los primeros escuadrones suicidas, el primer objetivo siendo los árabes moderados que se negaban a cooperar. Eso provocó la huida de los árabes moderados de la región, la disidencia quedando prácticamente anulada durante largo tiempo, y condujo a la radicalización de la población palestina, que perdura en gran medida hasta el presente. Husseini sustituyó el sistema tradicional de gobierno que había en Palestina por un mando supremo centrado en su autoridad, de una forma casi idéntica que la de Hitler en Alemania y, prácticamente, aplicaba integralmente lo que los nazis llamaban Führerprinzip.

Husseini fue el principal impulsor de organizaciones y partidos políticos de índole nazi en el mundo árabe. En octubre de 1933, justo después de que Hitler ganara el poder, participó en la creación de una organización llamada Egipto Joven, también conocida como las Camisas Verdes – igual que las Camisas Pardas de los nazis, la famosa SA de triste memoria que todos conocemos -, en cuyas filas estuvo Gamel Abdel Nasser, un protegido de Husseini que más tarde sería el presidente (y dictador) de Egipto. No solo el nombre era casi idéntico con el de las SA de Alemania, sino también su eslogan: «Un pueblo, un partido, un líder».

También se formaron partidos y organizaciones parecidas en Túnez y Marruecos, mientras que, en Siria, Anton Saada, conocido como «el Führer de la nación siria», encabezó el Partido Social Nacionalista (PPS) de Damasco. Como curiosidad, Saada proclamó en su plataforma que «los sirios eran la raza superior por su propia naturaleza». De la rama libanesa del PPS nacerían posteriormente varias milicias y organizaciones islamistas de corte fascista que se enfrentaron en la Guerra Civil del Líbano de 1975. Sami al-Joundi, fundador del movimiento sirio Ba’ath, escribió posteriormente: «Éramos racistas. Admiramos a los nazis. Estábamos inmersos en la lectura de literatura y libros nazis que eran la fuente del espíritu nazi. Fuimos los primeros que pensamos en una traducción de Mein Kampf».

Las Camisas Verdes de Egipto emularon en gran parte al Partido Nazi alemán, utilizando una variación del saludo nazi, procesiones de luz de antorcha y campañas terroristas contra los opositores políticos egipcios y judíos. Durante la guerra, a menudo actuaron como una quinta columna para los nazis y muchos miembros llevaron a cabo acciones de espionaje y sabotaje en nombre del Tercer Reich y contra el Gobierno egipcio pro británico. Los activistas de las Camisas Verdes enviaron información de inteligencia al general nazi Erwin Rommel, el famoso Zorro del Desierto, mientras sus Afrika Korps luchaban en el norte de África, cerca de la frontera egipcia. Cuando Rommel llegó cerca de la ciudad egipcia de Alejandría, los miembros de las Camisas Verdes y del Joven Egipto utilizaron su influencia para paralizar al Gobierno pro británico de El Cairo hasta el punto que Egipto no pudo prestar mucha ayuda a los británicos durante la batalla de El Alamein.

Anwar Sadat, el siguiente presidente egipcio, también fue miembro secreto de las Camisas Verdes durante la guerra y fue juzgado y encarcelado por los británicos como espía nazi. Gamel Abdel Nasser, también miembro de las Camisas Verdes, participaría más tarde en el golpe de Estado de los oficiales de julio de 1952, en Egipto. Siguiendo los pasos de al-Husseini en Palestina, los oficiales egipcios, al tomar el poder, prohibieron inmediatamente toda oposición política y sofocaron toda disidencia. Anwar Sadat, un protegido de Nasser, expresó su admiración por Hitler en una carta enviada al diario egipcio Al Mussawar el 18 de septiembre de 1953, ocho años después de la derrota del Tercer Reich. El nazismo ha dejado huella en el Egipto de hoy en día. Las tropas ceremoniales del presidente egipcio todavía llevan cascos copiados de la Wehrmacht nazi, y los jefes de Estado visitantes son recibidos en el aeropuerto de El Cairo con un desfile militar. En 2001, un columnista egipcio escribió en al-Akhbar, que es patrocinado por el Gobierno: «Gracias, Hitler de bendita memoria, que en nombre de los palestinos vengaste de antemano a los criminales más viles de la Tierra»⁶.

Hitler tenía mucho interés por Palestina y Medio Oriente. En enero de 1932 ya existía un Partido Nazi en Haifa y para 1937 también se fundaron las Juventudes Hitlerianas, que juntaban entre sus miembros a casi todos los niños alemanes de Palestina. En Egipto existía otro Partido nazi, que había sido creado incluso antes de que Hitler subiera al poder por los empleados de las empresas alemanas que estaban en el país. En el Líbano también se fundó uno en 1933. Ello facilitaba el trabajo de incontables agentes nazis que, camuflados de turistas o periodistas, visitaban Medio Oriente llevando material de propaganda, siendo Ankara, Chipre, Haifa, El Cairo, Beirut, Damasco, Bagdad y Teherán los destinos más usuales.

Las acciones nazis en Medio Oriente fueron amplias. Como he dicho antes, hay datos que demuestran que la Abwehr, la inteligencia alemana, junto con la Italia fascista, financiaron las Revueltas Árabes de 1936-1939. Además, el cónsul alemán en Ginebra fue instruido para asistir en secreto a la delegación iraquí ante la Liga de las Naciones para trabar el plan de partición de Palestina. Pronto, empezando con el otoño de 1938 y hasta marzo de 1945, la radio alemana empezó a emitir propaganda antisionista en árabe veinticuatro horas al día durante siete días a la semana, que gozó de gran popularidad. Como si lo anterior fuese poco, en 1942 los nazis crearon el Batallón de Entrenamiento Árabe-Germano formado por voluntarios que provenían, principalmente, de Egipto y Arabia Saudita. Levante-Deutsche-Arabische Legion (también conocida como Sonder Verbande) fue la más famosa formación árabe en el ejército alemán.

También se sabe que en África del Norte se aplicaron muchas de las leyes antijudías nazis. El-Belag, un periódico argelino, propuso en diciembre de 1940 a las fuerzas francesas de Vichy que adoptaran medidas raciales tales como obligar a los judíos a usar ropajes distintivos, mientras que, en las zonas rurales del Túnez, los judíos fueron obligados a coser en su ropa la estrella de David, copiando el modelo de la Alemania nazi. «Si las tropas aliadas no hubiesen echado a los alemanes del continente africano en 1943, dos años antes de la caída de Berlín, entonces la comunidad judía de dos mil años de antigüedad de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y quizás Egipto y Palestina también, con toda probabilidad hubiera encontrado el mismo destino que sus hermanos en Europa», apuntó un académico de la época experto en asuntos del Medio Oriente.

Al-Husseini fue el primer líder árabe que felicitó la subida al poder de Hitler, comunicando al Consejo alemán en Jerusalén que «los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países». Una canción árabe muy popular a finales de la década de 1930 tenía como refrán «No más Monsieur, no más Mister. En el cielo Alá, en la tierra Hitler». Por mucho que lo nieguen, el nazismo fue muy popular en el mundo árabe desde el primer día y los primeros telegramas de felicitación de Hitler después de subir al poder llegaron de los árabes y fueron entregados al consulado alemán de Jerusalén.

Ver las imágenes de origenLa OLP (Organización para la Liberación de Palestina) mantuvo vínculos con los neonazis incluso después de la guerra, aunque después de los Acuerdos de Oslo y el nacimiento de la Autoridad Palestina en la década de los 90 hicieron intentos serios para camuflarlo y no ofender la sensibilidad de sus nuevos aliados izquierdistas. Sin embargo, la nefasta alianza se vio delatada por varios atentados perpetrados por terroristas palestinos en colaboración con neonazis. También hay un montón de fotos que cualquiera puede ver en Internet con manifestaciones de palestinos o árabes saludando, incluso hoy en día, con el saludo nazi y, sin ir más lejos, Fawsi Salim el Mahdi, excomandante de Tanzim 17, la guardia de élite de Yasser Arafat, famosa por sus atentados terroristas, era conocido como Abu Hitler porque nombró a sus dos hijos Eichmann y Hitler. Me parece más que extraño que la izquierda occidental sea tan entusiasmada con unos admiradores de Hitler…

Algunos intelectuales y revisionistas árabes de nuestros tiempos han intentado justificar la efusión de los árabes para con el régimen nazi justificando que se oponía a los británicos y franceses, cuyo colonialismo preocupaba a los árabes. Sin embargo, ello no se sostiene porque la misma afinidad se observa hoy en día y la cooperación entre los neonazis e islamofascistas se da con cada vez más frecuencia y comparten casi el mismo discurso judeofobo – el tema postre suele ser el conflicto palestino-israelí. Las redes están llenas de fotos de árabes manifestándose con eslóganes nazis, esvásticas y alabanzas a Hitler, y los negacionistas del Holocausto son casi todos neonazis o islamistas radicales. Solo por poner un ejemplo, en 2006, Robert Faurisson, un negacionista del Holocausto franco-británico, pronunció un discurso en la Conferencia Internacional para Revisar la Visión Global del Holocausto, patrocinada por Irán, y en 2012 le fue otorgado el Premio por Coraje en Teherán por el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Además de sus anteriores actividades, Faurrison fue imputado en 1960 por su supuesta membresía a la Organización del Ejército Secreto, un grupo terrorista que operaba en Francia y Argelia, famoso por la virulencia de sus ataques – solo en el año 1962 secuestró a más de 3000 civiles, la mayoría de ellos siendo torturados, asesinados o desaparecidos.

El sucesor de al-Husseini, Sheikh Ekrima Sa’id Sabri, gran muftí de Jerusalén entre 1994-2006, se mantuvo en la misma línea que su antecesor y no tuvo ningún reparo en declarar abiertamente, en 2001, hablando del Holocausto nazi que: «Es cierto, el número era inferior a seis millones e Israel está utilizando este tema para obtener simpatía» – lo cual es el mismo discurso que el de los neonazis. En el mismo sentido se había expresado un año antes en una entrevista al diario italiano La Repubblica, cuando dijo: «¿Seis millones de judíos muertos? De ninguna manera, eran mucho menos. Paremos con este cuento de hadas explotado por Israel para capturar la solidaridad internacional». Y como guinda encima del pastel, el 20 de febrero de 2005, en el canal saudí Al Maid dijo que: «Cualquiera que estudia los Protocolos de los Sabios de Sion y específicamente el Talmud descubrirá que uno de los objetivos de estos Protocolos es causar confusión en el mundo y socavar la seguridad en todo el mundo».

Dudo que lo anterior fuera incultura o falta de información, porque hasta los peores negacionistas del Holocausto se vieron obligados a reconocer, frente a la contundencia de las pruebas, que sí hubo entre cuatro y seis millones de víctimas judías asesinadas por el régimen nazi, David Irving, uno de sus cabecillas, siendo uno de ellos. La cifra de seis millones fue barajada por los propios nazis – y ya vimos que, de una forma algo difuminada, se refirió a ella incluso el muftí Husseini – y, aunque hasta la fecha se han documentado solo unas 4.800.000 víctimas mortales, seguramente que hubo más imposibles de documentar. La Segunda Guerra Mundial es el evento mejor documentado de la historia y negar lo anterior es negar el trabajo de miles de académicos, especialistas, historiadores e investigadores más que preparados y más que honrados, que en su gran mayoría ni siquiera son judíos ni tienen nada que ver con el judaísmo. Dudo que está capacitado para hacerlo un individuo que en pleno siglo XXI no sabe aún que el plagio de los Protocolos fue destapado hace un siglo y que hay miles de artículos y libros que lo demuestran. Aunque, en realidad, ni siquiera hace falta estudiar ningún libro, sino que sobra leer los 160 pasajes de los Protocolos, que representan más de la mitad del plagio, que son idénticos o casi idénticos con otro libro escrito cien años antes y que no tiene nada que ver con ningún judío. También dudo que puede hacerlo alguien con una mente tan simple que pueda creer que tal cuento podría ser real – la geopolítica es mucho más compleja que ese triste plagio. Es molesto ver que un documento tan odioso a la vez falso es ventilado por individuos sin cultura alguna para impulsar al odio contra un pueblo entero; pero es inaceptable que lo haga una personalidad como el gran muftí de Jerusalén. Es el motivo por el que he decidido incluir al final de este libro un capítulo dedicado en exclusiva a este tema.

En realidad, la popularidad del nazismo en el mundo árabe se debió y se debe a su parecido con el islamismo radical. Lo que más define a ambas ideologías es su judeofobia y cristianofobia, además de los aspectos autoritarios de ambos. Llama la atención el parecido que hay entre el concepto árabe de ummah y el concepto nazi de patria, o el Lebensraum. También son similares los conceptos de califa y führer. Luego, la sharía comparte con la ideología nazi la idea de un gobierno centralizado e hipernacionalista; mientras que la yihad es similar al blitzkrieg, y Dar el-Islam es casi calcado a la idea del Reich de los Mil Años de Hitler. Por ello pienso que más bien a eso se debió la popularidad de Hitler en el mundo árabe, que perdura hasta nuestros días. Es cierto que no son pruebas irrefutables, pero no se puede obviar ni quitar importancia a que los árabes incluso islamizaron el nombre de Hitler como Abu Ali – excepto en Egipto, donde lo bautizaron Muhammad Haidar. Los árabes pro nazis de Hitler llegaron tan lejos que alardearon que habían encontrado la casa donde supuestamente hubiera nacido su madre, en Tanta, Egipto, que fue convertida en lugar de peregrinación.

 

Fragmento de mi libro La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

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Fuentes:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

El conflicto Palestino-Israelí

Eric Frattini, Kidon, los verdugos del Mossad

Documentos juicios Núremberg delatando el papel de I.G. Farben en la Segunda Guerra Mundial: http://www.profit-over-life.org/

Recurso para la investigación del Holocausto. Proyecto Nikor, Nazi Conspiracy and Agression: Individual Responsibility of Defendants, Hjalmar Schacht: http://www.nizkor.org

Juicio contra I.G. Farben en: http://www.werle.rewi.huberlin.de/IGFarbenCase.pdf

Informe de Ford sobre el historial de guerra de la empresa, publicado en 2001: http://www.media.ford.com/article_display.cfm?article_id=10379

I.G. Farben, recursos históricos, http://www.wollheim-memorial.de

Nuevos comienzos

La acarició como se acaricia alguien amado que perdiste durante mucho tiempo y lo acabas de reencontrar. Sin prisas y sin creerlo. Con lo que queda de esa larga añoranza que, por fin, empieza a desvanecerse. Con alguna sonrisa por en medio y ganas de fundir tu ser con el suyo. Miró sus ojos y vio vidas cruzando fugaces su mirada, como un tren que corre sin paradas, y la sintió. Sintió su carne, el calor que desprendía su cuerpo, sintió su vida. La sintió respirando el aire que expulsaba y se adentró en su ser lo más hondo que pudo.

Ella lo miraba parada, como una estatua elevada en honor a los renaceres que siguen a las tormentas que a veces nublan los cielos de todos nosotros, dioses fingiendo la necedad para ver si comprendemos a qué se debe el paso del tiempo y por qué la vida es a veces regalo, y otras, tempestad. Intentó aguantarse un estallido de risa que le entró sin entender qué celebraba, pero no lo consiguió muy bien y se le escapó una sonrisa que disimuló mordiéndose un labio.

A él le pareció tan familiar ese ademán suyo, la reconocía en todos esos gestos que poco a poco despertaban recuerdos hace mucho olvidados. Y esa sonrisa disimulando a ver qué, porque ya no quedaban secretos entre ellos, destapó un caudal de recuerdos que de repente irrumpieron en su mente y empezó a sentirse extraño y a la vez cercano a ella. Quería entrar dentro de ella, llegar hasta el más lejano rincón de su ser, allá donde los enigmas se desvanecen sin rastro, y sentir su cuerpo estremeciéndose y temblando en su abrazo, como un pájaro que dejó de ser apresado y alza su vuelo hacia el sol.

El tiempo empezó a correr locamente; a veces paraba, otras, se envolvía en remolinos que bailaban al ritmo de sus cuerpos agarrados el uno al otro con hambre, como se agarran los náufragos de los sueños que les devuelven la esperanza y las ganas de revivir ilusiones, aunque tan breves como los instantes que duran las noches. La estrujó debajo de su cuerpo en un intento de volverse una con ella, haciéndola desaparecer entre sus carnes, para así tenerla siempre consigo. Bebió su aire y nadó en esos ojos suyos que destellaban hechizos, ocultos por entre los bucles despeinados de sus cabellos negros. De repente, el viento de la noche empezó a soplar como trayendo presagios de nuevos comienzos.

– Sopla el viento, mi hermano – susurró ella mientras envolvía la luna en el contorno de sus manos. Su brisa me amaestró en el arte de comprender las locuras del mundo y me acercó tantos horizontes, que necesitaría muchas vidas para pisar todas esas tierras cuyas fragancias me trajo en su aleteo. El viento me contó lo que vio sobrevolando los tantos mundos que se juntaron en este y me fue maestro, amigo y a veces amante, cuando tú no estabas. Él me enseñó los secretos de las palabras y me adentró en los misterios de los poemas de las noches. Lavó mi alma y ahuyentó los nubarrones que tantas veces atormentaron mi soledad. Luego me volvió serena, domando mi sangre rebelde que es amor y fuego a la vez, devolviéndome la calma en medio de la locura y la paciencia en medio de los sinsentidos de la vida.

– La brisa sabe a sal ahora, le dijo él lamiendo su mejilla. A sal de mar y a vientre sanado. A guerras que se fueron y a eras que se esfumaron. Sabe a ti, a mí y a nuevos comienzos…

Prefacio de mi libro: La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

Aprended a ver en lugar de mirar tontamente, y a actuar en vez de hablar. Lo que habéis visto estuvo a punto de dominar el mundo aún no hace tantos años. Las naciones les enviaron donde pertenecen los de su clase. Pero no cantemos la victoria antes de tiempo. ¡Aún es fértil el vientre del que salió la bestia!

Bertolt Brecht, opositor del Partido Nazi

El verdadero musulmán afirma que Alá le protege; el islamista considera que es él quien debe proteger a Alá.

Sanaa el Aji

(Mi libro en Amazon: Amazon.com: La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU: Claves para comprender el conflicto palestino-israelí y el islamismo radical (Camino libre) (Spanish Edition) eBook: Nita, Mónica: Kindle Store)

 

Lo que me animó a escribir este libro fue el auge del nazismo tanto en España como en Europa y el resto del mundo. «Aprended a ver en lugar de mirar tontamente, y a actuar en vez de hablar. Lo que habéis visto estuvo a punto de dominar el mundo aún no hace tantos años. Las naciones les enviaron donde pertenecen los de su clase. Pero no cantemos la victoria antes de tiempo. ¡Aún es fértil el vientre del que salió la bestia!», escribió Bertolt Brecht en su libro La resistible ascensión de Arturo Uli. Brecht fue un opositor del Partido Nazi y huyó de Alemania, donde lo esperaba una muerte segura, el día después del incendio del Reichstag. Sus libros y los de otros 23 escritores que se oponían al régimen fueron quemados en la Opernplatz de Berlin, el 10 de mayo de 1933.

Poco antes de terminar de escribir este libro, el Estado Islámico (también conocido como ISIS, o Daesh) lanzó un nuevo mensaje a España, animando a sus «lobos solitarios» a cometer atentados suicidas y a «aspirar a una muerte gloriosa». Los expertos en antiterrorismo advirtieron que España es uno de objetivos del Estado Islámico y Al-Qaeda. «Juro por Dios que no temo morir, porque es el camino de la yihad; no me canso de amar a la muerte», se escucha en el videomensaje difundido por Adnaj Media-Andaluzía Especial, en forma de cántico de guerra. Lo anterior viene después de que, hace pocos meses, la Policía Nacional en colaboración con el CNI detuvo en Barcelona a tres yihadistas argelinos, de los cuales dos habían llegado en pateras a nuestro país, uno de ellos perteneciendo a Jun and Kilafah, una franquicia del Estado Islámico que opera en Argelia.

Empecé a investigar de forma exhaustiva lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial al toparme a diario, en las redes, con una enorme cantidad de propaganda neonazi más o menos encubierta, más o menos amable, y más o menos odiosa. Después de más de un año de ardua lectura y búsquedas en archivos y redes, me di cuenta de que, muy probablemente, el quid de la historia moderna es justo ese conflicto que, si logramos comprender, entenderemos mejor tanto nuestro pasado como el presente, y así podremos construir un futuro que no nos haga avergonzar cuando miremos a los ojos de nuestros hijos. Al adentrarme en el tema, descubrí la historia del pueblo judío y me di cuenta de que el actual conflicto palestino-israelí está más que relacionado con la Segunda Guerra Mundial. También entendí que, si algo se ha dado de forma continuada en los últimos milenios, eso ha sido que el hostigamiento de ese pequeño pueblo siempre ha venido emparejado con épocas de oscuridad no solo para él, sino para la humanidad como conjunto. Es una constante en nuestra historia que las guerras, las crisis y las revueltas sociales siempre han sido precedidas por el auge del antisemitismo. Hoy en día, esta lacra está adquiriendo cada vez más fuerza, presagiando que los cuervos de la destrucción están abriendo de nuevo sus alas de guerra.

Algunos de los temas tratados en el presente libro podrían molestar a las personas de fe musulmana. Ello no es mi intención ni mucho menos. Todo lo contrario, tengo amigos musulmanes, igual que tengo amigos judíos y de otras religiones y credos. Respeto el islam igual que respeto el cristianismo, en cuyo seno nací, y el judaísmo, al que aprecio por su bella, aunque trágica historia. En realidad, hablaré poco del islam en las páginas que siguen, pero sí del islamismo radical como ideología política que deriva del islam – e intenta sustituirlo – y de su parentesco con el nazismo europeo de los comienzos del siglo pasado. Sin embargo, aunque respete la fe y el libro sagrado de los musulmanes, nadie puede negar que el Corán contiene versículos misóginos, tolera la poligamia y la pedofilia, e impulsa al asesinato por el mero hecho de pensar distinto o practicar otra religión, siendo, de todos los textos sagrados, el que más incita a la guerra y a la intolerancia. Ello ha dado lugar al islamismo, que en su variante radical es una ideología impregnada por el amor a la muerte y a la vez es la forma más letal de imperialismo del siglo XXI, que muchos consideramos mucho más peligrosa que el nazismo del siglo pasado.

Como concepto, el islamismo, que también se llama islam político, es una corriente ideológica que pretende aplicar la sharía, que es un conjunto de normas basadas en el Corán y los hadices (las sentencias del profeta Mahoma), a toda la sociedad. Es la ideología tradicional de los Hermanos Musulmanes, que son la madre de casi todas las organizaciones terroristas islamistas del mundo, y no tiene un equivalente en el mundo occidental. Abarca tanto movimientos y partidos políticos moderados como posturas extremistas, y en su aspecto radical se refiere principalmente al panislamismo y al yihadismo. Se trata de un fenómeno que se presenta en las dos ramas principales del islam, tanto en la sunní como en la chií. En la rama sunní wahabista es la fuente de numerosos grupos terroristas como por ejemplo los Tabligh o el movimiento talibán, y algunas organizaciones como el Estado Islámico (Daesh o ISIS), Al-Qaeda, Hamás, Yihad Islámica Palestina, Boko Haram, Jemaa Islamiya y el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. En la rama chií destacan los grupos terroristas liderados por la República Islámica de Irán, el más conocido siendo Hezbolá. El islamismo registró un importante auge después del fracaso del socialismo y el nacionalismo árabe, y luego también después del triunfo de la revolución islámica en Irán. Actualmente es un fenómeno que se da en todos los países que cuentan con un alto porcentaje de población musulmana.

Los principales rasgos del islamismo son su objetivo de edificar un Estado en el que la legitimidad sea religiosa y su lucha contra los valores occidentales. Al-Zawahiri resumió bastante bien el concepto que el islamismo tiene en el mundo musulmán cuando dijo que: «La democracia es una nueva religión. La legislación en el islam es un derecho de Dios, mientras que la legislación en la democracia es un derecho del pueblo. Se trata, pues, de una nueva religión basada en glorificar al pueblo y otorgarle los derechos y las características divinas. La democracia es asociacionismo con Dios e infidelidad manifiesta. Dios ha dicho «la decisión pertenece solo a Dios. Él ha ordenado que no sirváis a nadie sino a Él”».

Puntos de vista como el anterior hicieron que la Organización Islámica emitiera una Declaración de Derechos Humanos en el Islam basada en la sharía, que también se conoce como la Declaración de El Cairo, de 1990, y es paralela a la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948. Said Rajaie-Khorassani, representante de Irán ante la ONU, lo justifico alegando que la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU era una «interpretación secular de la tradición judeocristiana» y que por tanto no podía ser puesta en práctica por los musulmanes sin infringir la ley islámica. Una de sus críticas fue que, si bien reconoce a la mujer dignidad humana, para nada hace referencia a la igualdad de derechos en general ni ilegitimiza la práctica de la poligamia, que está casi generalizada en muchos países islámicos. Otra es que no reconoce el derecho de cambiar de religión y no ha conservado el fundamento de libertad de culto.

Algunos habrán oído hablándose del choque de civilizaciones y consideran que, igual que el cristianismo tuvo su época de violencia y cruzadas, ahora le toca al islam, que es la religión más nueva de la tierra, por lo que piden paciencia y comprensión frente a este nuevo fenómeno nacido en la década de los veinte del siglo pasado. Sin embargo, al analizarlo, uno se da cuenta de que no se trata del proceso natural de una religión arcaica que evoluciona más lento de lo que debería, sino de una ideología totalitaria (el islamismo radical) que intenta secuestrar a la religión (el islam), robando sus argumentos (el Corán y los hadices) para justificarse. Pilar Rahola, periodista española experta en Medio Oriente, lo explicó de una forma muy comprensiva cuando dijo que: «El problema no eran los alemanes, era el nazismo. Y obviamente, los nazis eran alemanes, pero también lo eran sus víctimas; asimismo, el problema no eran los luchadores comunistas, era el estalinismo, y muy a menudo las víctimas eran comunistas; ergo, el problema no es el islam, es el islamismo. Y a pesar de que todos los yihadistas son musulmanes (con el fenómeno incorporado y creciente de los conversos), la mayoría de sus víctimas también son musulmanas». Y es que, a quienes más ha asesinado esta ideología fascista que intenta imponer una tiranía feudal en todo el mundo han sido los propios musulmanes.

También le han caído víctimas el arte y la propia historia de la humanidad. Para ello sobra mirar las huellas del Daesh en Siria e Irak, donde los radicales yihadistas han destruido piezas de inconmensurable valor que estaban guardadas en el Museo de Mosul o en complejos arqueológicos como el de Alepo, de más de 7000 años de antigüedad, solo porque no eran características del islam. Lo hacían considerando que estaban emulando al profeta Mahoma que, al regresar a La Meca después de ocho años de guerra, se fue a Kaaba y destruyó todos los símbolos que le parecieron paganos. Solo por poner un ejemplo, mencionaré el complejo arquitectónico del dios Bel erigido en el año 32 d. C. en honor al dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad, que se guardaba casi intacto después de casi dos mil años y era de una extraordinaria belleza. Apenas queda nada de él, y como colmo de la locura, los yihadistas decapitaron a Jaled al-Assad, el arqueólogo sirio que custodiaba el lugar y era considerado gran experto en Palmira, de 82 años de edad, porque se negó a delatar a sus secuestradores dónde estaban las piezas más valiosas del yacimiento. Ello puso de manifiesto una vez más que, en el caso del islamismo no estamos frente a un choque de civilizaciones, como intentan justificarlo algunos, sino que se trata de un choque entre la civilización – con sus valores de tolerancia, convivencia, respeto y democracia – y la barbarie.

Las principales fuentes del islamismo radical son el wahabismo y el salafismo. Para Abd al-Wahhab, el padre del wahabismo que desarrolló el islamismo, era más que justificado invadir y destruir pueblos sin siquiera darles un previo aviso, considerando que era necesario declarar la guerra contra los infieles. Su influencia en el mundo musulmán ha sido y es enorme porque unificó el Corán y los hadices, y los impuso como política única de Estado. Sin embargo, visto desde el punto de vista de los valores occidentales, la revolución de este influyente reformador del islam supuso más bien un retroceso, una involución hacia los orígenes más retrógrados del islam originario, el de los salaf, que eran los amigos del profeta. El wahabismo está impulsado en todo el mundo principalmente desde Arabia Saudita, la principal financiadora de las mezquitas de Europa y un país que cuenta con un triste récord: más de 40.000 ejecuciones públicas y 350.000 amputaciones, sin mencionar la destrucción sistemática de los pueblos y del patrimonio religioso de las etnias que vivían en su territorio de hace milenios. Todo ello en nuestros tiempos, en la era de la informática, de la física cuántica y de los viajes espaciales.

Los grandes ideólogos del islamismo radical, todos ellos enemigos declarados de las libertades individuales, que consideran un opio para el islam son, como fuentes clásicas: Ibn Taymiyya y Muhammad Ibn Abd al-Wahhab; y de los tiempos modernos: Hassan al-Banna y Sayid Qutb, ambos ejecutados ya por el régimen egipcio, y Yusuf al-Qaradawi y Mustafá Setmarian, más conocido como Abu Musab al-Suri. Todos eran egipcios, excepto Setmarian, que fue el fundador de Al-Qaeda en España y autor del primer atentado yihadista perpetrado en Europa en 1985 con una bomba colocada en el bar El Descanso de Madrid, que es sirio de nacionalidad española. En un discurso en la Franja de Gaza, Setmarian dijo que era obligación de todo musulmán asesinar a las mujeres israelíes, aunque estuvieran embarazadas, porque sus hijos serían enemigos del islam.

Setmarian fue denunciado por 2500 intelectuales musulmanes de 23 países ante el Consejo de Seguridad de la ONU, pidiendo que sea juzgado por crímenes de lesa humanidad. Ello no solo que no ocurrió, sino que sus libros siguen siendo de libre adquisición y lectura en Internet. El más importante de ellos es Da’wat al-muqawamah al-islamiyyah al-’alamiyyah, de 1604 páginas, también publicado en inglés, que es considerado el Mein Kampf (el libro de Hitler) del yihadismo. De hecho, Setmarian es considerado el Goebbels (el ministro de Propaganda nazi) del islamofascismo. Ali Gommaa, el gran muftí de Egipto hasta 2013 y segunda autoridad espiritual del mundo sunita, dijo que dicho libro es la Biblia del sunismo.

Los pilares de la ideología de Setmarian son tres: 1.º Ha llegado la edad de oro del islam.  2.º La pureza del islam está amenazada por la civilización occidental, los Estados seculares e Israel. Los musulmanes son oprimidos por esos Estados sin Dios y la única solución está en el corazón mismo del Corán: es obligación de todo musulmán luchar por la imposición de la sharía y reinstaurar el Califato, con el fin de conseguir una sociedad islámica perfecta.  3.º El prestigio, el poder y la pureza del islam, vis a vis de Occidente, hace que el juego sea de suma cero, porque el islam vencerá. La sociedad islámica es la voluntad de Alá; los mártires serán recompensados. Tanto los enemigos internos (los musulmanes no comprometidos) como los externos (los cristianos y los judíos) serán una presa fácil.

Setmarian promovió el asesinato de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado justificando que es una forma para que la prensa dé más cobertura a los atentados terroristas, lo que hará que las sociedades occidentales entren en pánico – lo cual es el primer paso para la destrucción de cualquier Estado de derecho. «Cada uno debe hacer la yihad según su capacidad. Si no eres capaz de realizar una acción violenta, insulta, menosprecia, molesta a los infieles que tengas alrededor; si tienes cierta valentía y un cuchillo, utilízalo; si eres capaz de empuñar un arma, úsala; si te ves con ánimo de utilizar un kalashnikov, haz una matanza», dijo. También recomendó cometer atentados terroristas en acontecimientos deportivos, fiestas sociales, conmemoraciones y lugares emblemáticos, sobre todo judíos.

El ideólogo más importante de los Hermanos Musulmanes es Yusuf al-Qaradawi, considerado por el Foreign Policy el tercero de los más influyentes intelectuales del mundo. Al-Qaradawi es presidente de The International Union of Muslim Scholars (La Unión Internacional de los Alumnos Musulmanes); director del programa Ash-Shariah wal-Hayat («La sharía y la vida»), emitido por Al-Jazeera y que tiene una audiencia estimada de sesenta millones de personas; es el responsable de centenares de fetuas que proclama desde el Consejo Europeo de Fetuas que preside; y autor de 120 libros. También es el alma mater de Qatar Foundation que, aunque en apariencia es una fundación de caridad,  por medio de la misma la dictadura de Qatar compró el Futbol Club Barcelona. Una pésima decisión vender uno de los clubs de futbol más representativos de España y con fama mundial al país que más dinero ingresa al yihadismo y donde, por cierto, se refugió Al-Qaradawi debido a la orden de arresto que la Interpol emitió a su nombre a petición de las autoridades egipcias. En Qatar también viven los dirigentes de la organización terrorista palestina Hamás, que se enriquecieron de la noche a la mañana gracias a artimañas como las que se verán a lo largo de este libro, muchas veces con la ayuda de la ONU.

Algunas de las lindezas que al-Qaradawi suelta impunemente en el canal televisivo Al-Jazeera, emitida desde Qatar, con una audiencia de decenas de millones de personas, suenan así: «Oh Alá, agarra a los judíos, los traidores agresores, este pueblo arrogante, astuto y libertino que extiende la tiranía y la corrupción en el mundo. Oh Alá, no dejes ni uno solo. Cuéntalos y mátalos a todos, no dejes ninguno. (…) Para los homosexuales el mismo castigo que para los fornicadores, la muerte. (…) Pegar a las mujeres está permitido cuando han fallado otros métodos de persuasión. (…) Los suicidas son mártires. Su cuerpo es su fuerza. Alá los bendice. (…) Para que una mujer violada quede absuelta de ser la culpable de su violación, deberá demostrar que ha tenido una conducta ejemplar (sí, ha leído bien, en muchos países musulmanes, la mujer se considera culpable de su violación e incluso puede ser condenada a muerte debido a ello, o como mínimo a castigos corporales o cárcel, porque se supone que ha sido ella la que ha provocado al violador)».

De varios documentos desclasificados por los británicos y norteamericanos, y también de algunos que se guardan del Gobierno nazi alemán, sabemos que los Hermanos Musulmanes espiaron y cometieron sabotajes durante el Mandato Británico de Palestina. Un papel destacado lo tuvo el muftí de Jerusalén, Hajj Amin al-Husseini, del que hablaré detalladamente a lo largo de este libro. Husseini estudió en la famosa Universidad Al-Azhar de El Cairo con Rashid Rida y posteriormente, fue el representante de la organización en Palestina. Durante la Segunda Guerra Mundial, se alió con Mussolini y con el Tercer Reich, viviendo en una lujosa mansión en Berlín que le obsequió el régimen nazi y que había sido confiscada de una familia judía. Husseini aportó al régimen nazi soldados que asesinaron a decenas de miles de inocentes en la antigua Yugoslavia, las cifras barajadas por los historiadores siendo de aproximadamente 200.000 cristianos serbios, 22.000 judíos bosnios y 40.000 gitanos. También organizó brigadas de estudiantes árabes para luchar en las Arabishes Freiheitkorps nazis y en mayo de 1943 bloqueó la entrada en Palestina de 4000 niños judíos acompañados por 500 adultos, que terminaron en las cámaras de gas nazis. En septiembre de 1943 impidió otro envío de 500 niños judíos, que también terminaron asesinados por los nazis. Los Gobiernos judío y yugoslavo pidieron después de la guerra que sea entregado para ser juzgado por crímenes de guerra, pero el Gobierno británico se negó y el criminal de guerra palestino vivió tranquilamente en Egipto hasta 1974 y posteriormente en el Líbano.

Después de la guerra, Husseini fue uno de los fundadores de la Liga Árabe y gracias a él, decenas de nazis encontraron refugio en los países árabes. Uno de ellos fue Johann von Leers, Alter Kämpfer y miembro honorífico de los Sturmbannführer (paramilitares nazis) de las Waffen SS. Fue uno de los principales ideólogos del nazismo que después de la guerra vivió en Egipto bajo el manto protector de Husseini, siendo nombrado asesor para asuntos judíos del dictador Gamal Abdel Nasser. También fue el principal conferenciante de la causa antisemita en Medio Oriente y editor de la traducción al árabe de Los Protocolos de los Sabios de Sion que, junto con el libro de Hitler, siguen siendo best-sellers en varios países árabes incluso hoy en día. Otros nazis que encontraron refugio en los países árabes gracias al muftí palestino se dedicaron a formar y entrenar ejércitos para luchar contra los judíos, entre otras.

Un familiar de Husseini fue Yasser Arafat, que se formó con él desde su juventud, honrándolo siempre como «nuestro máximo y primer héroe». De la misma forma es honrado por Mahmoud Abbas, el actual líder palestino. La principal herencia de Husseini es la feroz judeofobia de gran parte del mundo árabe y, si bien es cierto que tanto la judeofobia como la cristianofobia están muy arraigadas en el propio Corán, también es que, antes de Husseini, nunca habían alcanzado límites tan preocupantes. Hoy en día, en los países que cuentan con regímenes islamistas, la judeofobia es política de Estado, mientras que la cristianofobia está cobrando dimensiones que, según se expresó el papa Francisco, no se conocían desde las persecuciones de los primeros cristianos hace dos mil años. Sin embargo, es la judeofobia la que gana con diferencia, siendo el odio colectivo que más ha aumentado en nuestros tiempos, gracias al líder palestino y no solo, como veremos más adelante. Tal es así, que un estudio de 2005 de Pew Research Center titulado Islamic Extremism: Common Concern for Muslim and Western Publics advirtió de que la inmensa mayoría de los ciudadanos que viven en países de mayoría musulmana tienen puntos de vista negativos o muy negativos respecto de los judíos. Ello fue corroborado por el profesor Jaleel Mohammed, uno de los fundadores del Center for Islamic Pluralism, quien dijo que «el 95% de los musulmanes están expuestos al aprendizaje antisemita».

«Es curioso que los judíos, denominados como tales o de manera indirecta – los sionistas -, sean erigidos en figura del enemigo absoluto por tres posturas extremistas muy distintas: la extrema derecha xenófoba, la nueva extrema izquierda tercermundista y el islamismo radical», dijo con toda la razón del mundo Pierre-André Taguieff. Sin embargo, «Europa no se explica sin los judíos, base del pensamiento, de la filosofía, la psicología, la matemática y la ciencia modernas. Pero Europa tampoco se explica sin el odio secular a los judíos, y esta bipolaridad nos condujo a la peor tragedia de la humanidad. Primero les dijimos: “No podéis vivir entre nosotros como judíos”, y los obligamos a convertirse. Después les dijimos: “No podéis vivir entre nosotros”, y los expulsamos. Y después les dijimos: “No podéis vivir”, y los exterminamos. En pocas palabras, ese es el trayecto que llevó desde el edicto de expulsión de los Reyes Católicos de España hasta Auschwitz. Por el camino, Dreyfuss, pogromos, persecuciones, odio», escribió Pilar Rahola en su libro Basta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eso tan bello que me haces sentir…

El sol aún dormía cuando se despertó, casi a la misma hora de siempre.

– Apenas he dormido – pensó, mirando el reloj.

Escuchó el mar mezclado con el viento y sintió melancolía. Esa melancolía que nace cuando uno recuerda la transitoriedad de todo lo que hay y empieza a aceptar que los momentos que conforman la vida nunca serán eternos más que en las mentes y en los recuerdos de los hombres. Esa melancolía que entra cuando uno recuerda que, aunque nos envuelve la eternidad, todo sufre el paso del tiempo y nada perdura para siempre en su rueda sin fin. Eso que se siente cuando uno se da cuenta de que, aunque todo es infinito, tú y yo incluidos, ese infinito está compuesto por momentos únicos que van y jamás vuelven, sin repetirse nunca.

Miró a su derecha y lo vio allí, al lado, durmiendo tranquilo y sin enterarse de su melancolía. Paseó sus dedos, sin tocarlo, por encima de sus labios y de unas arrugas que descansaban en su rostro como huellas del tiempo, del sol y del mar, y sonrió, cerrando los ojos. La melancolía desapareció y en su lugar empezó a sentir alegría inocente y a la vez, pasión.

El mar cantaba su runrún de siempre y el sonido lejano de las olas la transpuso, entrando en una clase de ensoñación, pero sin perder el contacto con este mundo. Sentía paz. Una paz inmensa, como el océano. Una sensación de infinito en el que se esfumaron los últimos recuerdos de tristeza que le quedaban. Sentía que comprendía los porqués de todos los segundos de su vida y a todos les encontraba sentido, sin sobrar ni faltar ninguno.

Pensó que, tras esta realidad material donde las cosas parecen estar bien definidas – aunque no son más que sombras -, todo es perfecto. Como un puzle cuyas piezas, por sí solas, no tienen mucho sentido, pero que luego, cuando uno mira el conjunto, se le estremece la piel, comprendiendo la existencia, o trozos de ella, y se da cuenta de que todo es perfecto así como es, aunque a veces no lo entendamos.

– Nunca me cansaré de ti – pensó escuchando el rugir lejano del mar. A veces me siento una contigo. Siento que soy tu arena, tu sal y tu vértigo. Siento que fui tú, hace eones, para luego nacer como mujer y expresar otras formas de decir que te amo. Para unirme contigo desde otras perspectivas y así comprenderte mejor. Fui tus aguas y bailé como olas. Fui los acantilados donde anidan las gaviotas que, hartas de los sinsentidos del mundo, se refugian en el silencio estático y pulcro de la naturaleza. También fui viento, acariciando tu rostro y, a veces, haciéndote rugir, para luego reencontrarme alegre en tu abrazo. Y ahora soy otra de tus orillas, cantando en palabras eso tan bello que me haces sentir…

Bendito océano que bendijo mi vida…

El océano se envolvió perezoso en su manta de aguas y espuma, preparándose para ensoñar, como cada noche.

– Los días y las noches son como segundos para ti – pensé. Dentro de tu eternidad, las pobres vidas humanas no son más que instantes, igual que sus guerras, que dejaron de importarte hace mucho, tan acostumbrado como eres con las locuras del mundo… Aún siento esa extraña melancolía que tantas veces se hizo una conmigo – pensé después de una breve pausa. Esa nostalgia que tan familiar me es porque pasamos juntas un montón de vidas; tantas, que ya he perdido la cuenta. Pero ahora es liviana, como una pluma y como mi alma que se reinventó de nuevo después de probar los límites de una existencia que a veces quiere ganar sus laureles a prueba de fuego, para disolver en sus cenizas mis tantas imperfecciones…

El océano se balanceaba inocente, como si hubiera nacido ayer, sin dejar entreverse las arrugas que el paso callado de las eras le habían rajado en el rostro.

– Las noches son para abrir las ventanas del alma – me dijo. Bébete mi brisa salada como las lágrimas que limpian y sanan, y ríete celebrando la vida. Abrázame sin miedos, pues en mi vientre naciste. Abrázame y déjate llevar por el runrún de mis olas que tantos secretos te destaparon durante tantas vidas…

Lo acaricié cerrando los ojos para sentir mejor su frescor y me adentré en sus aguas, ahora teñidas de negro por la noche. Jugué con los destellos que la luna reflejaba y lavé mi alma, para renacer con más vida. Y lo bendije. Lo bendije por sanarme de nuevo, por devolverme a mí, por recordarme quién soy y porque siempre estuvo a mi lado. Allí, callado, sereno, paciente. Lo amé, bendito océano que bendijo mi vida…

Si un día después de la guerra aún queda amor…

Miró el castaño, sonriendo al verde inocente de sus hojas que tanto había echado de menos el invierno pasado. Por entre sus ramas, el cielo brillaba con destellos hipnóticos y unas cuantas nubes se desperezaban sin prisa. El murmullo del océano se escuchaba a lo lejos, como un recuerdo que no quiere dejarse olvidar.

«Paz», pensó levantando su mirada que dejaba entrever el cansancio de presenciar demasiados dramas que no pudo ni supo amainar. «Paz», siguió pensando. «Me pregunto si alguna vez este mundo será redimido, si alguna vez se hartarán de desenterrar el hacha de guerra y aprenderán que, sin paz, no hay camino, que no se puede tocar a Dios si el ruido de los tambores de guerra ensordece el mundo». Se acercó al castaño, acarició su corteza del color de la tierra y lo abrazó con ese amor que a veces sentía desbordarse desde su pecho como un río, como queriendo envolver en olvido lo que pudo ser, pero no fue. «Mi vida está repleta de tus recuerdos y a veces oigo tu voz como si estuvieras a mi lado, como un fantasma que no quiere estar, pero tampoco marcharse. Anda, besa mis heridas y sana las grietas que me cavaron en el alma los que no me amaron, y vamos a olvidarnos de todo…», pensó con melancolía.

«El mundo sin ti es soso», le pareció escuchar su voz, como el aleteo de una brisa que no se atrevía acercar por miedo a que la rechazara y la perdería de nuevo. «Si estuviera contigo, le diría al tiempo que pare, que deje de correr, que sus segundos se vuelvan infinitos, a ver si así me aburro de ti. Que perdamos las mentes, para así olvidarnos de las guerras que enloquecen el mundo. Qué extraño es este amor que siento por ti… Es ese amor que hace que ames en una mujer lo que odiarías en todas las demás. Ese amor que hace que, pese a conocer todos tus vicios, locuras y desmadres, los perdone todos porque sé que jamás podría olvidar tu sonrisa, que es manjar para este loco que te ama, pero no sabe cómo amarte y, por miedo a perderte, prefiere huir».

El viento removió las hojas del castaño y sintió de nuevo esa melancolía que tan familiar se le había hecho esos últimos años. Recordó sus labios y le pareció escucharlo cantando el estribillo de una canción de los sesenta:

«Un día después de la guerra,

Si hay un día después de la guerra,

Te tomaré en mis brazos y te haré el amor.

Si un día después de la guerra aún tenga brazos;

Si un día después de la guerra aún queda amor»…

La desolación de Palestina antes de la llegada de los judíos sionistas. Testimonios que demuestran que no había ningún pueblo palestino

«A los que distorsionan el libro de su Señor, el Corán, les digo: ¿De dónde sacaron el nombre de Palestina, mentirosos, malditos, cuando Alá ya la ha llamado Tierra Santa y la ha legado a los hijos de Israel hasta el Día del juicio? No existe tal cosa como Palestina en el Corán. Su demanda por la tierra de Israel es una falsedad y constituye un ataque al Corán, a los judíos y a su tierra. Por lo tanto, no tendrás éxito y Alá te fallará y te humillará, porque Alá es quien los protegerá (a los judíos)». Luego, el jeque añadió: «Los palestinos son unos asesinos de niños, ancianos y mujeres. Atacan a los judíos y luego los usan (niños, ancianos y mujeres) como escudos humanos y se esconden detrás de ellos, sin piedad por sus hijos como si no fueran sus propios hijos, para decirle a la opinión pública que los judíos los forzaron a matarlos. Esto es exactamente lo que vi con mis propios ojos en los años 70, cuando atacaron al ejército jordano, que los refugió y protegió. En lugar de agradecerle (al ejército jordano), llevaron a sus hijos frente al ejército jordano, para hacer creer al mundo que el ejército mata a sus hijos. Ese es su hábito y costumbre, su crueldad, su corazón de piedra para con sus hijos, y su mentira a la opinión pública, para conseguir su apoyo. (…) (Los judíos) son personas pacíficas que aman la paz, que no son hostiles y no son agresores, pero si son atacados, se defienden causando el menor daño posible a los atacantes. Es un honor para ellos que Allá los haya elegido sobre los mundos, es decir, sobre la gente y los genios hasta el Día del Juicio. Dejé claras las razones de la elección de Alá en mis libros y folletos. Cuando Alá los eligió, no lo hizo por cortesía, y no fue injusto con otros pueblos, es solo que ellos (los judíos) se lo merecían» (Sheikh Ahmad Adwan, jeque de Jordania)

«Si bien la realidad del pueblo judío es un hecho conocido, la idea del pueblo palestino es algo que se creó recientemente por razones políticas. Admitimos fácilmente los sistemas de un pueblo árabe, pero afirmar que los árabes que viven dentro del territorio israelí son palestinos y que, por lo tanto, tienen una nacionalidad específica es algo que no tiene ninguna base étnica o histórica» (Sheikh Abdul Hadi Palazzi, jefe de la comunidad musulmana en Italia)

«Los judíos tienen derecho a su propia tierra. Los árabes quieren un estado a expensas de otras nacionalidades. (…) El sionismo significa que los judíos quieren establecer su propio Estado. Es su derecho. Nunca escuchamos que los (antiguos) judíos vivieran en Alaska o en Australia. La historia y todas las religiones y culturas admiten que los judíos vivieron en Palestina. El sionismo es el establecimiento de una patria judía, que es el derecho de cualquier nación. No se puede esperar que establezcan su tierra natal en la luna. Tienen derecho a regresar a su tierra natal. ¿Qué quieren los árabes? Quieren establecer una patria árabe, pero no en el territorio reconocido como suyo por la historia y la geografía. No señor. Quieren que su tierra sea a expensas de la tierra y de la existencia misma de los demás. En ese sentido, los árabes son más lo que ellos llaman «zioinst» que los judíos. Si los árabes se respetan a sí mismos, deberían ceñirse a sus propias fronteras. Deberían permanecer dentro de la Península Arábiga, en el Hijaz, para ser precisos. Los árabes pueden seguir soñando que son la raza suprema (nota mía: los árabes se consideran a sí mismos el pueblo elegido). (…) Los árabes, en su audacia, traspasaron sus fronteras y quieren un Estado árabe a expensas de otras nacionalidades y del derecho de los demás a existir y vivir con dignidad, libertad e independencia. ¿Son los sionistas los que son hostiles a los árabes, o son los árabes los que son hostiles a toda la gente libre?» (Malika Mazan, poeta y activista marroquí)

«La soberanía judía en la Tierra de Israel se extendió por 1400 años. (…) Fueron los judíos quienes implantaron la cultura y las costumbres del asentamiento permanente» (Ibn Khaldun, uno de los historiadores árabes más fidedignos, 1377)

«El país se encuentra en grado considerable vacío de habitantes y, en consecuencia, necesitado de un cuerpo poblacional» (informe de James Finn, cónsul británico en Palestina en 1857)

«Fuera de los portones de Jerusalén, no hemos visto ciertamente objeto viviente ni oído sonido viviente. Hemos hallado el mismo vacío, el mismo silencio, como si hubiésemos encontrado las puertas sepultadas de Pompeya. (…) Un silencio completo y eterno reina en el poblado, en las carreteras, en el país. (…) La tumba de todo un pueblo» (Alfonse de Lamartine, poeta francés, 1835)

«No hay una sola aldea solitaria a lo largo de toda su extensión. (…) Uno puede andar diez millas a la redonda y no ver diez seres humanos» (Mark Twain, escritor norteamericano, 1867)

«En Judea casi no es una exageración decir que por millas y millas no hay ninguna seña de vida o población» (Arthur Penrhyn Stanley, 1881)

«Cuanto antes la trabajen los judíos, mejor, porque sus colonias son lugares brillantes en el desierto» (T.E. Lawrence, famoso arabista más conocido como Lawrence de Arabia)

«Y después de eso, Nosotros (Alá) les dijimos a los hijos de Israel: “Morad seguros en la Tierra Prometida. Y cuando se cumpla la última advertencia, los reuniremos en una multitud mezclada» (Corán 17:104)

«Y cuando Moisés dijo a su pueblo: ¡Pueblo! Recordad la gracia que Alá os dispensó cuando suscitó de entre vosotros a profetas e hizo de vosotros reyes, dándoos lo que no se había dado a ninguno en el mundo. ¡Pueblo! Entrad en la Tierra Santa que Alá os destinó y no volváis sobre vuestros pasos; si no, ¡regresaréis habiendo perdido!», (Corán, Cap. 5, La mesa servida, Suras 20 y 21)

«Me asombré de ver los asentamientos judíos. (…) Habían colonizado las dunas de arena, tomado agua de ellas y las habían transformado en un paraíso» (Rey Abdullah de Transjordania, 1946)

El historiador Arnold Blumberg documentó en su libro Sión antes del Sionismo: 1838-1880 el periodo previo a las grandes migraciones sionistas de los judíos europeos a Oriente Medio. Blumberg examinó la población que existía en el territorio comprendido en las fronteras finales establecidas por el Imperio Británico, que son casi las mismas que las del actual Estado de Israel, y demostró que, a mediados del siglo XIX, «la mayoría de ellos eran musulmanes sunitas. En el extremo Norte había concentraciones de musulmanes chiítas y drusos. Había otros asentamientos grandes de drusos cerca de Haifa. (…) Había un pequeño remanente de samaritanos viviendo entre los musulmanes de Nablus. (…) Las cuatro ciudades sagradas para el judaísmo en Palestina, que son Jerusalén, Hebrón, Safed y Tiberias, tenían poblaciones judías importantes. También subsistían pequeñas comunidades judías en la mayoría de las ciudades grandes e inclusive en los pueblos de Galilea. En Belén y Nazaret los árabes cristianos eran mayoría». «Lo que se ve es un popurrí de etnias, religiones y culturas, incluyendo a un buen número de judíos», dice Gil-White, y «no es fácil discernir en este resumen dónde está el pueblo palestino». En realidad, «en Safed, Tiberias y Jerusalén, de hecho, los judíos eran mayoría para mediados del siglo XIX. Un documento del consulado británico de 1859 testifica: “Los mahometanos de Jerusalén son menos fanáticos que en muchas otras partes, a consecuencia de que su número no excede una cuarta parte de la población entera”».

Por lo cual, el argumento pro-palestino se cae estrepitosamente ya que, como documentan Joan Peters, Nathan Weinstock y muchos otros historiadores, la población de lengua árabe de Palestina era una mezcla increíble de gente que había llegado de varias partes del mundo, de los que solo algunos eran árabes. Esa gente no poseía una identidad cultural y étnica común, a lo que se añade la diversidad religiosa, ya que algunos eran musulmanes, la mayoría chiítas y sunitas, otros eran judíos, otros cristianos, drusos, etcétera.

Por otro lado, el sistema social en el «desierto marginado» de Palestina era claramente feudal y muy pocos campesinos poseían título de propiedad sobre la tierra. Los campesinos arrendaban la tierra y eran prácticamente los siervos de los grandes terratenientes efendis que tenían derecho a gran parte de su cosecha y que ostentaban el poder político y comercial pero que, a diferencia del antiguo sistema feudal europeo, no se encargaban de la defensa militar de sus campesinos, que estaban totalmente desprotegidos frente a las bandas de tribus beduinas que pululaban por la zona. Pero los beduinos no eran los únicos depredadores. Además de ellos, había soldados turcos que extorsionaban a gusto a los campesinos, y mucho peores que ellos eran las tropas irregulares de los bashi-bazouk o howari, que eran mercenarios árabes que, pese a tener el mismo origen árabe, no tenían escrúpulo alguno a la hora de robar las gallinas, vacas y las cosechas de los pueblos con los que no tuvieran lazos de sangre o alianza.

Para más inri, Blumberg demostró que «toda la población árabe musulmana de la región, fuera nómada beduina o asentada en pueblos, recordaba que eran Yeminis o Kais. (…) Los Kais, cuya residencia en Palestina databa de la conquista musulmana del siglo VII, provenían de unas tribus que tenían unas muy viejas enemistades con los Yeminis. Estos últimos, según recordaban, habían sido guerreros en el sur de la península árabe». Por lo cual, está más que claro que la población de Palestina del siglo XIX no solo que no tenía una identidad común, lo cual significa que no conformaba un pueblo, sino que se dividía en identidades que se cruzaban de forma compleja y que invocaban lazos de clase, tribu, clan, ocupación y linaje más que diferente.

De paso, la impresionante gama de identidades culturales que habitaban Palestina en el siglo XIX ni siquiera se consideraban a sí mismos palestinos y menos aún pensaban que viven en un lugar llamado Palestina. El historiador Nathan Weinstock aclaró que «el territorio del Mandato Británico de Palestina correspondía a la Siria Mediterránea y sus habitantes se consideraban ciudadanos de Siria (bilad al-Sham)». Pero ni siquiera eso estaba claro si tenemos en cuenta que, en 1919, el Congreso Árabe en Jerusalén dijo que las tierras árabes constituían «un todo completo e indivisible» y que no se admitían identidades regionales, lo cual fue asentado de nuevo por el Partido Baaz (Baath), que en 1951 declaró lo mismo.

En realidad, los únicos que se autodenominaban palestinos eran quienes soñaban con regresar a Oriente Medio para recrear ahí su patria: los judíos sionistas, mientras que los árabes de la zona rechazaban ser llamados «palestinos», considerando que palestinos eran los judíos que vivían allí, como veremos luego. El líder sionista Hillel Kook (alias Peter Bergson) decía: «Soy hebreo. Mi lealtad es a la nación hebrea. Mi país es Palestina» Y como matiza Gil-White, «la gran mayoría de los así llamados árabes palestinos que hoy se quejan del Estado de Israel, igualmente vinieron de otros lados y al mismo tiempo que los judíos sionistas». Y para más inri, «los judíos sionistas que inmigraron a Palestina no despojaron a nadie de su tierra», como se verá a continuación.

Una diferencia importante entre las dos etnias es que, a diferencia de los judíos, que durante siglos volvieron a Israel para repoblar su tierra ancestral y una vez llegados, ahí se quedaban («El año que viene, en Jerusalén», rezaron cada año, durante dos milenios, los judíos esparcidos por todo el mundo, en el Pésaj, la Pascua judía), la gran mayoría de los árabes de Palestina eran una población transitoria rotante de inmigrantes con diversos orígenes étnicos que jamás conformaron un pueblo palestino. Y es que los terratenientes árabes importaban labradores de fuera para trabajar sus latifundios, pero debido a las condiciones usureras, a las que se añadían los constantes robos, después de más o menos tiempo, esos se marchaban, según documenta Peters. Ello hizo que Palestina fuese un área despoblada, y viajeros europeos del siglo XIX escribieron que había pocos campesinos y que el lugar era sobre todo un desierto. Por ejemplo, después de visitar Palestina, Mark Twain escribió que en el Valle de Jezreel no había un solo pueblo en 30 millas a la redonda. A mediados de siglo, el cónsul británico de Palestina también se quejó de que había muy poca gente en la zona y reportó que estaba casi «vacía de habitantes» y que urgentemente precisaba de «una población substancial de la religión que sea». A finales de siglo, Pierre Loti, un escritor francés, después de visitar Palestina, escribió que las ciudades y los palacios se habían convertido en polvo.

El reverendo Carl Hermann Voss resumió muy bien la situación de Palestina en un estudio que publicó en 1953, diciendo que: «En los doce siglos y medio que hubo entre la conquista árabe del siglo VII y los comienzos del regreso de los judíos en 1880, Palestina fue yerma. Sus antiguos canales y sistemas de irrigación fueron destruidos y la maravillosa fertilidad de la que habla la Biblia desapareció para convertirse en desierto y desolación». A ello se añade la investigación de Arnold Blumberg, quien dijo que: «no se hizo ningún censo, pero el estimado más fiable establece un máximo de 300 000 habitantes en 1841».

El propio muftí Husseini dijo que, en toda el área, o sea, el actual Israel, el Líbano, Siria y Jordania, en un territorio que abarca 35 veces más que la superficie del actual Israel, había unos 1.700.000 personas a principios del siglo pasado (en un futuro post daré la cita entera, que es bastante larga y se relaciona con otro aspecto que analizaré en breve). Hoy en día, el pueblo de Israel cuenta con casi 9.000.000 habitantes, lo cual significa que, a finales del siglo XIX, la población total de Palestina era de aproximadamente un 3% de lo que es ahora y que la zona estaba casi vacía. Además de lo anterior, varios viajeros dejaron testimonio de sus visitas a Tierra Santa en libros, catálogos y artículos, reflejando la desolación de la región durante el gobierno otomano. En 1697, Henry Mandruell describió a Nazareth como «una aldea desconsiderable», sobre Nablus dijo que había «un solo bote de ninguna descripción en el lago (Tiberíades)». En 1857, el cónsul británico en Palestina James Finn informó a Londres que: «El país se encuentra en grado considerable vacío de habitantes y, en consecuencia, necesitado de un cuerpo poblacional». En una enciclopedia alemana de 1827, Palestina fue descrita como «desolada y vagabundeada por bandas de ladrones árabes». En 1858, el académico suizo Félix Bovet escribió los árabes de Palestina: «Clavaron sus carpas en los campos ríspidos o construyeron sus lugares de refugio en sus ciudades ruinosas. No crearon nada en ellas», y agregaría en tono melancólico: «El viento del desierto que los trajo podría un día sacarlos sin dejar tras de sí rastro alguno de su presencia». En 1835, el poeta francés Alfonse de Lamartine acotó: «Fuera de los portones de Jerusalén, no hemos visto ciertamente objeto viviente ni oído sonido viviente. Hemos hallado el mismo vacío, el mismo silencio, como si hubiésemos encontrado las puertas sepultadas de Pompeya. (…) Un silencio completo y eterno reina en el poblado, en las carreteras, en el país. (…) La tumba de todo un pueblo». El escritor norteamericano Mark Twain visitó Palestina en 1867 y escribió sobre el valle de Jezrael: «No hay una sola aldea solitaria a lo largo de toda su extensión. (…) Uno puede andar diez millas a la redonda y no ver diez seres humanos».

Por si fuese poco, una comisión inglesa recorrió el área en 1878 y luego informó que halló «las tierras en desorden, expuestas a incursiones de beduinos saqueadores (provenientes) del otro lado del (río) Jordán, abandonadas por los agricultores, y sólo levemente cultivadas”. En 1881, cuando empezaron a llegar los primeros judíos sionistas a Palestina, el cartógrafo británico Arthur Penrhyn Stanley dijo que: “En Judea casi no es una exageración decir que por millas y millas no hay ninguna seña de vida o población”.

Una vez llegados, los judíos sionistas reformaron radicalmente el paisaje, secando pantanos, plantando bosques (apenas quedaban árboles en Palestina porque los otomanos habían fijado impuesto por cada uno, por lo que los campesinos los tallaban para no pagarlo), construyendo pueblos, carreteras, universidades, y generando una floreciente industria y comercio. Ello fue lo que atrajo la inmigración árabe, por lo que, en el periodo comprendido entre 1922 y 1947, la población árabe en las ciudades judías creció un 290% en Haifa, 158% en Jaffa, 131% en Jerusalén, 64% en Hebrón, 56% en Nablus, 37% en Belén, los últimos tres siendo lugares en los antes hubo pocos o ningún judío. Tal fue así que, en 1930, un informe británico advirtió del flujo incontrolable de inmigrantes árabes ilegales que llegaban desde Egipto, Siria y Transjordania.

En 1934, Tewfik Bey El-Hurani, el gobernador de Hauran, un distrito sureño de Siria, dijo al periódico La Syrie que: «en los últimos meses, entre 30 000 y 36 000 hauraneses (sirios) han entrado a Palestina y se han asentado allí». El oficial británico encargado de la provincia del Sinaí entre 1922 y 1936, dijo con respecto a los nómades árabes: «Esta inmigración ilegal no solamente estaba ocurriendo desde el Sinaí, sino también desde Transjordania y Siria». En 1939, Winston Churchill también observó que «los árabes se han amontonado en el país», y el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt dijo que «la inmigración árabe a Palestina desde 1921 ha excedido vastamente el total de la inmigración judía durante todo el período». Aunque Churchill no era justamente un amante de los judíos sino todo lo contrario, cuando fue recriminado por apoyar el movimiento sionista, dijo: «¿Por qué está siendo cometida una cruel injusticia si gente nueva llega y crea medios de subsistencia para más gente, transformando el desierto en palmerales y naranjales? ¿Por qué es una injusticia que haya más trabajo y riqueza para todos? No hay injusticia. La injusticia ocurre cuando aquellos que viven en el país lo dejan siendo un desierto por mil años». Incluso T. E. Lawrence, cuyos credenciales arabistas no pueden ser cuestionadas, dijo durante un viaje a Palestina en 1909: «Cuanto antes la trabajen los judíos, mejor, porque sus colonias son lugares brillantes en el desierto». La riqueza creada por el trabajo de los judíos recién llegados fue advertida incluso por los oficiales ingleses. En este sentido, el secretario de Estado Malcolm MacDonald dijo que: «Si ni un solo judío hubiera venido a Palestina luego de 1918, yo creo que la población árabe aún estaría hoy en día alrededor del guarismo en el que había estado de forma habitual bajo el gobierno turco».

También es importante un censo de 1931 que contabilizó al menos 23 idiomas diferentes que se hablaban en la región por musulmanes y 28 idiomas habladas por cristianos, sumando un total de al menos 51 idiomas habladas en la pequeña área de lo que hoy en día es Israel. En el mismo censo, los no judíos de Palestina eran provenientes de 24 países y también de América y Europa.

A esa tierra de nadie emigraron los judíos a finales del siglo XIX. Pero casi a la vez, en 1878, «los turcos habían comenzado sistemáticamente a colonizar el lugar con musulmanes de fuera, principalmente circasianos y argelinos», según explica Blumberg. «Millones de muhagir, musulmanes que salieron huyendo de los nuevos Estados cristianos en los Balcanes tras las derrotas turcas del siglo XIX, abandonaron lo que habían sido provincias otomanas en Serbia, Grecia, Bulgaria, Rumania, Bosnia-Herzegovina, Tesalia, Epirus (el Sur de Albania) y Macedonia», explica la historiadora Bat Ye’or. Por lo cual, de repente, a finales del siglo XIX, la demografía de Palestina fue alterada por inmigración judía y también musulmana.

El sultán de Turquía, en bancarrota ya, fingía cooperar con los sionistas y cobraba mucho por tolerar que entrase un puñado de judíos europeos en la zona. Sin embargo, estaba decidido a destruir el movimiento sionista, por lo cual reasentó a los refugiados musulmanes en Judea, Galilea, Samaria y Transjordania, donde les otorgó derechos colectivos sobre la tierra en condiciones muy favorables. Pese a ello, los judíos sí sentían un amor profundo por esas tierras por las que habían rezado durante dos mil años y, sin importarles el estado deplorable en el que las encontraron, en poco tiempo transformaron ese desierto en un oasis rebosante de vida. Debido a ello, muchos musulmanes foráneos se sintieron atraídos por la prosperidad que nacía y «masas de vagabundos empobrecidos y tradicionalmente sin tierra, que son endémicos en Oriente Medio», empezaron a llegar.

Ese repentino flujo de musulmanes fue documentado por los británicos en un estudio de 404 páginas que, según escribió el historiador Howard Sachar, «detalla los logros de la Patria Nacional Judía, incluyendo una economía tan vigorosa que había estimulado un crecimiento del 50% en la población árabe desde 1921». Lo anterior es visible también hoy en día y una simple mirada sobra para darse cuenta de que Israel, además de ser la única democracia de Oriente Medio, es el país más floreciente de la zona, envidiable hasta por las civilizaciones más desarrolladas de Europa, a pesar de que apenas cuenta con 72 años de existencia, periodo en el que, casi permanentemente, fue azotado por guerras iniciadas por sus vecinos árabes y por los desdeñables terroristas islamistas.

Después de la llegada de los sionistas, «sin duda, alguna los árabes, tanto felajines (campesinos) como terratenientes, empezaron a gozar de una prosperidad jamás vista en Palestina hasta entonces», escribió Sachar, lo cual incluso los detractores del sionismo lo reconocen, como por ejemplo Nathan Weinstock, quien dijo que: «No hay la menor duda de que los pioneros judíos sí limpiaron los pantanos, rescataron la tierra abandonada, reforestaron los montes y lo hicieron todo verde otra vez con el uso cuidadoso de técnicas avanzadas basadas en la irrigación racional e intensiva». Incluso el Rey Abdullah de Transjordania, quien participaría en el esfuerzo por destruir el recién nacido Estado judío en 1948, escribió en 1946: «Me asombré de ver los asentamientos judíos. (…) Habían colonizado las dunas de arena, tomado agua de ellas y las habían transformado en un paraíso».

Ahora queda claro que el resplandor económico ocasionado por los judíos que inmigraron a Israel a finales del siglo XIX, reflejado en el estudio de Peel, fue lo que atrajo a los árabes a emigrar a Palestina. Pero ello también deja claro que los judíos no desplazaron a ningún palestino ni menos aún robaron la tierra de nadie, sino todo lo contrario: la compraron a precio de oro, como se verá a continuación. Pese a ello, el reporte Hope-Simpson de los británicos, publicado en 1930, sí menciona un supuesto desplazo, aunque luego se contradice por sí solo cuando reconoce los factores de lo anterior y más aún cuando admite que los funcionarios británicos rutinariamente hacían la vista gorda con la inmigración ilegal de miles de árabes. Y no solo eso, sino que el reporte «confiesa que la inmigración ilegal árabe era una injusticia que desplazaba a los inmigrantes judíos en potencia». La política británica favoreció la inmigración ilegal árabe, mientras que una gran multitud de judíos se esforzaban por emigrar ilegalmente en los años treinta del siglo pasado para salvar sus vidas de la amenaza nazi, pese a que había prometido permitir una patria judía en la Declaración de Balfour. De hecho, la enorme ola de inmigrantes musulmanes que llegaron en esa época a Palestina abrumó incluso a la población islámica que ya vivía allí.

«Un dato curioso confirma lo reciente de la llegada de los así llamados palestinos a Palestina. Cuando los Estados árabes lanzaron un ataque genocida conjunto para impedir la creación de un Estado judío en 1948, y perdieron, provocaron además un éxodo de musulmanes—y lo causaron ellos, no los judíos que se defendían—. Posterior a ello, la ONU, siempre tan solícita con las quejas de los árabes contra los israelíes, se arrogó el poder de definir lo que es un refugiado palestino. Dictaminó que dos años de residencia en el Mandato Británico de Palestina bastaban para que un árabe o musulmán tuviera derecho a la categoría. O sea que, según la ONU, cualquier inmigrante a Palestina era palestino, por reciente que fuera, ¡con tal de que no fuera judío! Si la ONU hubiese requerido una residencia sustancial para los musulmanes, y en particular una residencia de más de una generación para elaborar su categoría, la población resultante de refugiados palestinos habría aproximado un conjunto vacío», escribe Francisco Gil-White. Luego concluye: «Los puntos principales aquí son dos. Primero, que los judíos se asentaron sobre todo en tierras abandonadas e improductivas y por lo tanto no desplazaron a la población nativa. Segundo, que la gran mayoría de los supuestos palestinos de quienes ahora tanto se habla son descendientes, por un lado, de la multitud musulmana reasentada ahí por los turcos otomanos al mismo tiempo que empezaban las inmigraciones sionistas, y por el otro de musulmanes que inmigraron atraídos por la prosperidad que produjeron los judíos. En Palestina casi todo el mundo era inmigrante: llegaron todos al mismo tiempo a una tierra prácticamente vacía. Si los inmigrantes musulmanes son nativos de Palestina, entonces también lo son los inmigrantes judíos. Pero como ya vimos, esos musulmanes no se consideraban a sí mismos palestinos».

El mundo árabe consideraba la región bautizada por los británicos como Palestina como parte de Siria y aún hacia la primera década de los cincuenta, los académicos árabes afirmaban que el movimiento sionista se había movilizado en territorio sirio. En la Conferencia de Paz de Paris de 1919, la comisión árabe que representaba a Palestina dijo: «Nosotros consideramos a Palestina como parte de Arabia Siria, ya que nunca ha sido separada de ella en ningún tiempo. Nosotros estamos unidos a ella con lazos de índole nacional, religioso, lingüístico, natural, económico y geográfico». Más tarde, en el documento nº 22 de marzo de 1946, el Comité Árabe se refiere al problema palestino delante del Comité Anglo-Americano de la siguiente manera: «(…) geográficamente, Palestina es parte de Siria. (…) Es de común conocimiento que Palestina no es sino el sudeste de Siria» (palabras de Ahmed Shuqeiri, el primer presidente de la OLP, cuando se dirige al Consulado de Seguridad). En 1937, en la Comisión Peel, el líder palestino Auni Bey Abdul-Haiti va aún más allá y dice: «No existe tal país… Palestina es un término inventado por los sionistas. Nuestro país fue por siglos parte de Siria». Mientras que en la convención investigadora anglo-americana de 1946, el historiador árabe Philip Hitti dijo que: «No hay en absoluto tal Palestina en la historia árabe».

La población árabe, que en su mayoría era conformada por descendientes de los inmigrantes que habían llegado a Palestina en la segunda mitad del siglo XIX, comenzó a identificarse como pueblo separado solo después del nacimiento del Estado de Israel en 1947. Ello fue confirmado por Hafez Assad, quien le dijo a Yasser Arafat, cuyas ansias de controlar comprendían no solo Israel, sino también Líbano: «Usted no representa a Siria más que yo (…), no se olvide, no existe ningún pueblo palestino ni ningún Estado palestino. Sólo existe Siria».

De hecho, en 1917, el comité político árabe encabezado por el muftí de Jerusalén, Hajj Amín al-Husseini, no fue llamado Comité Palestino, como es llamado hoy en día, sino Alto Comité Árabe, y aún se guarda el documento nº 22 de marzo de 1945 donde se puede leer: «Los árabes de Palestina son descendientes de los primitivos habitantes de la región que se establecieron desde el comienzo de la historia. (…) Ellos (los árabes de Palestina) no pueden admitir contra su voluntad a una inmigración extranjera cuyo reclamo está basado en una conexión bíblica que cesó hace muchos siglos». Pero lo anterior es absurdo y es el mismo caso de España, por poner un ejemplo, que estuvo durante ocho siglos bajo ocupación árabe, excepto el Principado de Asturias. Sin embargo, «España nunca cesó de ser el país de los españoles y aunque en el caso de Israel fueron trece siglos, el principio es el mismo», matizó muy cabalmente Benjamín Netanyahu. Por lo cual, que el pueblo judío fuera expulsado a la fuerza de su tierra y debido a ello viviera en el exilio durante siglos no significa que Israel no sea su país, y más si tenemos en cuenta que, pese a lo anterior, en Judea siempre quedó un importante segmento de población judía durante los últimos dos milenios, aunque no pudieron constituirse como Estado debido a la ocupación romana, árabe, otomana y luego británica.

Sobran las pruebas sobre la desolación de Palestina bajo el dominio árabe. En este sentido es muy relevante la colección de fotos del prolífico escritor y fotógrafo Felix Bonfils, que vivió en Beirut junto con su familia. Se trata de unas 15.000 fotos de Palestina, Egipto, Siria y Grecia y más de 9000 vistas estereoscópicas (https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Photographs_of_Palestine_by_F%C3%A9lix_Bonfils). Lo curioso es que en ninguna de esas fotos se ve ni rastro de ningún pueblo palestino ni tampoco lo mencionó nunca. No se ven en las fotos ni banderas y apenas hay mezquitas en Palestina. Si hubo un pueblo palestino de un millón de habitantes, que es lo que afirman los actuales palestinos, desde luego que no vivió en Palestina. Ello lo corrobora la simple lógica también, ya que, si hubiera habido un millón de palestinos a principios del siglo pasado, debido a la alta tasa de natalidad de las mujeres musulmanas, de las más altas del mundo, hoy en día serían unos 40 millones; pero resulta que solo hay 4 millones.

Tampoco mencionan al pueblo palestino ni la Biblia, ni el Corán, ni casi ningún libro de la época (en los 2-3 que existen, se refieren a los judíos y a las cruzadas, no a ningún pueblo palestino). Por lo que, está claro que los que hoy en día se llaman palestinos en realidad son los descendientes de los egipcios, sauditas y otros países árabes que acudieron a la llamada del muftí Husseini para la yihad.

Lo mismo muestra una colección de fotos del Príncipe de Gales de Inglaterra, que más tarde sería el Rey Eduardo VII, tomadas en 1862 por Francis Bedford, el primer fotógrafo en viajar en una gira real, durante una gira de cuatro meses que hizo por Palestina y Oriente Medio. No se ven palestinos, ni mezquitas, sino, principalmente, pueblos fantasma y tierra yerma. La única mezquita que se ve en las fotos es la Cúpula de la Roca del Monte del Templo, construida encima del antiguo Templo de Salomón, pero está vacía de musulmanes. Ello no es habitual, y si miramos cualquier otra ciudad musulmana de la época, veríamos muchas mezquitas, no solo una en una gran tierra casi yerma.

Retrocediendo un siglo, resulta que tampoco encontramos ni rastro de ningún pueblo palestino en Palestina, ni tampoco nombres árabes en la zona. En el libro Palaestina, ex Monumentis veteribus illustrata, escrito por el erudito Hadriani Relandi en 1714, el autor examinó durante su viaje a Palestina muchos de los lugares que se mencionan en la Biblia o la Mishná, trazó un mapa de la tierra de Israel y organizó un censo de la población en cada comunidad. Las conclusiones que sacó son más que claras:

  • En primer lugar, ningún asentamiento de la Tierra Santa tenía nombre de origen árabe, sino hebreo, griego, latino o romano.
  • En segundo lugar, casi toda Palestina era tierra yerma, vacía y los pocos habitantes de la zona vivían en las ciudades de Jerusalén, Jaffa, Acco, Tzfat y Gaza (todos ellos nombres de origen hebreo), en su gran mayoría siendo judíos y cristianos. También había musulmanes, en su mayoría tribus beduinas nómadas, que Relandi dice que eran temporeros de la agricultura. La única excepción en este sentido fue Nablus, conocido como Shchem, donde vivían unas 120 personas de la familia musulmana Natsha y unos 70 shomronitas. En Nazaret (que hoy en día es de mayoría palestina) vivían unos 700 cristianos y en Jerusalén unas 5000 personas, en su gran parte judíos y también algunos cristianos. En Gaza vivían unas 550 personas, mitad de ellas judíos y la otra mitad cristianos. La misma pauta se repite en toda Tierra Santa de aquellos tiempos.
  • En tercer lugar, no hay rastro de ninguna cultura del supuesto pueblo palestino de mil años de antigüedad, como grita McGovern o de dos mil años de antigüedad, como se escucha en la BBC cuando afirma que Jesús de Nazaret fue palestino. No hay en Palestina nada de lo que se ve, por ejemplo, en España, donde las huellas de la dominación árabe están por todas partes empezando con los monumentos arquitectónicos y terminando con literatura, medicina y un largo etcétera.

Otro documento que demuestra sin lugar a dudas que nunca hubo ningún pueblo palestino en Israel es un mapa elaborado por Palestine Exploration Fund, una misión de reconocimiento británica entre 1871 y 1878, a una escala de 1 a 63.000, que demuestra que en Tierra Santa la población era escasa, confirmando el lema sionista: «Un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo». Con este mapa, el más preciso que existe, se pueden calcular con precisión el tamaño de los poblados de Tierra Santa, lo cual nos hace llegar a la misma conclusión: que era tierra yerma, confirmando una vez más lo que ya sabemos y corroborando los testimonios de los que la visitaron antaño.

Uno de ellos fue Mark Twain, que visitó Tierra Santa en 1867, unos quince años antes de que empezara la migración sionista. Su testimonio es más que aclarador: «Llegamos sanos y salvos a la montaña Tabor. (…) Durante todo el camino no vimos un alma viviente. (…) Apenas había un árbol o un arbusto en ninguna parte. Incluso el olivo y el cactus, esos rápidos amigos de la tierra sin valor, casi abandonado el país. (…) Palestina se siente tristemente envuelta en cilicio y cenizas. Sobre ella se cierne el hechizo de una maldición que ha arruinado sus campos y aprisionado su esencia en cadenas. La Tierra Santa está desolada y privada de amor. La Tierra Santa ya no pertenece a este mundo de acción. Se dedica a la poesía y la tradición, una tierra de sueños. (…) Nazaret está abandonada, (…) Jericó está maldita, (…) Jerusalén … un pueblo de miserables».

Examinando, con la ayuda del mapa, el tamaño de las aldeas, veremos que eran muy pequeñas: los más grandes tenían una superficie de 150 por 100 metros y apenas tenían dos hileras de casas. Áreas enteras estaban absolutamente vacías; Haifa tenía una superficie de 190 por 440 metros; Nazaret de 600 por 300 metros; Jaffa de 240 por 540 metros; Shekh Munis, donde ahora se encuentra la Universidad de Tel Aviv, era una pequeña aldea de 90 por 180 metros. El propio Jerusalén solo media 1000 por 1000 metros y no había nada fuera de sus muros (y dentro ya sabemos con precisión que siempre hubo una mayoría judía).

Lo anterior es corroborado por un montón de testimonios. Uno de ellos, que se llama justo así: La desolación de Palestina, fue publicado en el número 20 de 10 de junio de 1880 del periódico Livermor Herald (https://cdnc.ucr.edu/cgi-bin/cdnc?a=d&d=LH18800610.2.11): «Desolación de Palestina. El reverendo W. J. Starcey escribe al periódico London Time sobre la deplorable condición de la Tierra Santa, que ha visitado recientemente. Él dice: «Nada puede exceder bien la desolación de gran parte de ella. Sin árboles por veinte o treinta millas a la redonda, bosques que existieron hace treinta años (por ejemplo los del Monte Carmel y del Monte Tabor) han desapareciendo, ricas llanuras del mejor suelo de jardín pidiendo ser cultivadas, pero que están agrietadas con grietas de unos cuantos centímetros de profundidad, sin setos ni límites; terrazas de montaña, formadas de forma natural o artificial, listas para ser plantadas con vides; la gente vive nada más que en chozas de barro, tierra y miseria; los habitantes cuentan con ropa escasa solo suficiente para ser decentes; sin caballos o vacas, ni ovejas, ni perros; sin caminos, excepto el de Jaffa a Jerusalén, y esto como un camino para carros sobre un campo arado, el resto, en el mejor de los casos, son como los senderos de ovejas de Sussex, pero en su mayor parte como el lecho seco del río más rocoso donde, en medio de bloques de piedra, cada uno hace su camino al andar tan bueno como mejor pueda, torres o sobre piedras sueltas arrojadas desde las paredes del lado en cualquiera de los lados; nada sobre ruedas para ser recibido en un viaje de más de 300 millas”. Todo está gravado (Nota mía: los turcos pusieron impuestos sobre cada árbol, por lo que los que poseían arboles los cortaron); cada árbol frutal, pero ninguno se planta ahora; cada vaca o caballo, etc.; cada verdura vendida de un jardín privado. No se ve nada, ni una pequeña granja, ni lejos ni cerca. Nada más que Jerusalén en sí. (…) Nada se hace por el bien o la mejora del pueblo o de la tierra por parte del gobierno. No sólo así, sino que todas las ofertas —y he oído hablar de varias hechas por individuos o empresas— son rechazadas, a menos que primero se dé un soborno a las autoridades. Esta es una imagen que no tiene nada que ver con lo que una vez fue la tierra donde “fluía leche y miel”. (…) No hay esperanza para Palestina mientras permanezca en manos de los actuales gobernantes. Palestina no vale nada para el gobierno turco».

A continuación, daré más citas al respecto. Es imposible que toda esa gente se haya confabulado para que, un siglo después, se pudiera argumentar que no hubo ningún pueblo palestino en Palestina de aquellos tiempos.

«No hay un pueblo solitario en toda su extensión (valle de Jezreel, Galilea); ni en treinta millas a la redonda. (…) Uno puede andar diez millas por aquí y no ver diez seres humanos. Ven a Galilea, para que la clase de soledad lo haga a uno triste. (…) Nazaret está desamparada (…) Jericó yace en ruinas (…) Belén y Betania, en su pobreza y humillación (…) despojadas de cualquier ser vivo (…) Un país desolado cuyo suelo es lo suficientemente rico, pero está entregado por completo a la maleza (…) una extensión silenciosa, lúgubre (…) una desolación (…) Nunca vimos un ser humano en toda la ruta (…) Apenas un árbol o arbusto por ningún lado. Hasta el olivo y el cactus, esos veloces amigos de una tierra sin valor casi abandonado el país (…) Palestina se sienta en cilicio y cenizas (…) desolada y desagradable» – Mark Twain, Los inocentes en el extranjero, 1867.

«Palestina es una tierra en ruinas y desolada» – Conde Constantine François Volney, autor e historiador francés del siglo XVIII.

«La tierra en Palestina carece de gente para labrar su suelo fértil» – Arqueólogo británico Thomas Shaw, mediados de 1700.

«En 1590, un “simple visitante inglés” de Jerusalén escribió: “No hay nada para ser visto excepto un poco de las viejas murallas que aún se conservan y todo el resto es hierba, musgo y hierbajos muy parecidos a un trozo de rancio o suelo húmedo”» – Artillero Edward Webbe, Fondo de Exploración de Palestina, Declaración trimestral, p. 86.

«Luego entramos en el distrito de las colinas y nuestro camino atravesaba el lecho estruendoso de un antiguo arroyo, aguas bravas se han ido hacia el pasado junto con la raza feroz y turbulenta que una vez habitó estas salvajes colinas. Puede que haya habido cultivo aquí hace dos mil años. Las montañas, o enormes montículos pedregosos que rodean este camino accidentado, tienen crestas niveladas hasta la cima; en estas repisas paralelas todavía hay algo de verdor y tierra: cuando el agua fluía aquí y el país estaba atestado de esa extraordinaria población que, según las Historias Sagradas, se apiñaba en la región, estos escalones de la montaña pueden haber sido jardines y viñedos, como vemos ahora prosperando a lo largo de las colinas del Rin. Ahora el distrito está bastante desierto y cabalga entre lo que parecen ser tantas cascadas petrificadas. No vimos animales moviéndose entre los pedregosos frenos; apenas una docena de pajaritos en todo el recorrido» – William Thackeray en De Jaffa a Jerusalén, 1844.

«Los propios árabes no pueden ser empleados sino residentes temporales. Instalaron sus tiendas en sus campos de pastoreo o construyeron sus lugares de refugio en sus ciudades en ruinas. No crearon nada en él. Como eran extraños a la tierra, nunca llegaron a ser sus dueños. El viento del desierto que los trajo hasta aquí podría algún día llevárselos sin que dejen rastro de su paso por él»- Comentarios de cristianos sobre los árabes en Palestina en el siglo XIX.

«El país está en un grado considerable vacío de habitantes y por lo tanto su mayor necesidad es de un cuerpo de población» – James Finn, cónsul británico en 1857.

«El área estaba despoblada y permaneció estancada económicamente hasta la llegada de los primeros pioneros sionistas en la década de 1880, quienes llegaron a reconstruir la tierra judía. El país había permanecido como «Tierra Santa» en la conciencia religiosa e histórica de la humanidad, que lo asoció con la Biblia y la historia del pueblo judío. El desarrollo judío del país también atrajo a un gran número de otros inmigrantes, tanto judíos como árabes. La carretera que va de Gaza al norte era sólo una pista de verano apta para el transporte en camellos y carretas. (…) Las casas eran todas de barro. No se veían ventanas por ningún lado. (…) Los arados utilizados eran de madera. (…) Los rendimientos eran muy pobres. (…) Las condiciones sanitarias en el pueblo (Yabna) eran horribles. (…) No existían escuelas. (…) La tasa de mortalidad infantil era muy alta. (…) La parte occidental, hacia el mar, era casi un desierto. (…) Las aldeas de esta zona eran pocas y estaban poco pobladas. Muchas ruinas de aldeas estaban esparcidas por la zona ya que, debido a la prevalencia de la malaria, sus habitantes abandonaron muchas aldeas» – El informe de la Comisión Real Británica, 1913.

«Hay muchas pruebas, como ruinas antiguas, acueductos rotos y restos de caminos antiguos, que muestran que no siempre ha sido tan desolado como parece ahora. En la parte de la llanura entre el Monte Carmelo y Jaffa, rara vez se ve una aldea u otros lugares de vida humana. Aquí hay algunos molinos rudos que son movidos por la corriente. Un viaje de media hora más nos llevó a las ruinas de la antigua ciudad de Cesarea, una vez una ciudad de doscientos mil habitantes y la capital romana de Palestina, pero ahora completamente desierta. Mientras se ponía el sol, contemplamos el puerto desolado, una vez lleno de barcos, y miramos el mar en vano en busca de una sola vela. En este mercado una vez abarrotado, lleno del estruendo del tráfico, reinaba el silencio del desierto. Después de nuestra cena, nos reunimos en nuestra tienda como de costumbre para hablar sobre los incidentes del día, o la historia de la localidad. Sin embargo, fue triste, mientras me acostaba en mi lecho por la noche, escuchar el gemido de las olas y pensar en la desolación que nos rodea» – BW Johnson, en Gente joven en tierras bíblicas, 1892.

El historiador James Parker escribió: «Durante el primer siglo después de la conquista árabe (670-740 d. C.), el califa y los gobernadores de Siria y Tierra Santa gobernaron enteramente sobre súbditos cristianos y judíos. Aparte de los beduinos de los primeros días, los únicos árabes al oeste del Jordán eran las guarniciones».

También es muy convincente la descripción del mayor Condor en 1884 de cuán arruinada se había vuelto la región, la disminución resultante de la población, responsabilizando de ello al gobierno otomano: «Lo que sí aprendemos del estudio de la tierra y de la historia es la desolación provocada por medios humanos en Palestina. Encontramos por todas partes el bosquecillo que cubre la prensa de los vientos, los cardos que crecen entre los viejos campos en cierres, las terrazas en ruinas, el viñedo viejo desierto, los olivares exterminados y muchos de los bosques antiguos totalmente talados. Los bosques que existían en la época de Tito y de los cruzados a menudo se destruyen por completo, y los hermosos bosques viejos están representados por acres de tocones y raíces; las grandes ciudades de Antonino al otro lado del Jordán se encuentran en un desierto de pueblos en ruinas, sobre los cuales vaga el árabe con sus rebaños de camellos. En resumen, vemos que la pobreza y la disminución de la población, el deterioro de carreteras y acueductos, la ruina de las antiguas cisternas, la destrucción de los bosques, terrazas y los viñedos son la causa de la presente desolación. Esto se ha señalado a menudo, y la experiencia demuestra que, con un gobierno justo y fuerte en el país, Palestina podría convertirse, como el sur de Italia, en un jardín del mundo».

La lista se haría interminable si citáramos a todos los que escribieron sobre la situación devastadora en que se encontraba Tierra Santa mientras estuvo bajo dominio árabe y otomano. Entre ellos están: Sir George Gawler, Alphonse de Lamartine, Siebald Rieter, Arnold Van Harff, Martin Kabatnik, Sir George Adam Smith, Edward Robinson, el sacerdote Michael Nuad, Johann Tucker, Felix Fabri, etcétera. Todos ellos hablan de una tierra yerma y casi vacía, excepto las comunidades judías de Jerusalén, Gaza, Haifa, Hebron, Safed, Acre y algunas ciudades de Galilea. Napoleón Bonaparte incluso pensó en impulsar un regreso masivo de judíos, después de visitar Tierra Santa y ver lo devastada que se había vuelto. A ellos se añaden muchos árabes de la época que también consideraban que Tierra Santa seguía siendo judía, pese a la diáspora:

Ibn Khaldun, uno de los historiadores árabes más fidedignos, escribió en 1377: «La soberanía judía en la Tierra de Israel se extendió por 1400 años. (…) Fueron los judíos quienes implantaron la cultura y las costumbres del asentamiento permanente».

En 985, el escritor árabe Muqaddasi se quejó de que en Jerusalén la gran mayoría de la población era judía y dijo que «La mezquita está vacía de adoradores».

A ello se añade el mismísimo Corán, donde leemos:

«Y después de eso, Nosotros (Alá) les dijimos a los hijos de Israel: “Morad seguros en la Tierra Prometida. Y cuando se cumpla la última advertencia, los reuniremos en una multitud mezclada» – Corán 17:104.

«Hijos de Israel, recordad la gracia que os dispensé y que os distinguí entre todos los pueblos» (Corán 2:47)

«Y cuando Moisés dijo a su pueblo: ¡Pueblo! Recordad la gracia que Alá os dispensó cuando suscitó de entre vosotros a profetas e hizo de vosotros reyes, dándoos lo que no se había dado a ninguno en el mundo. ¡Pueblo! Entrad en la Tierra Santa que Alá os destinó y no volváis sobre vuestros pasos; si no, ¡regresaréis habiendo perdido!», (Corán, Cap. 5, La mesa servida, Suras 20 y 21).

«Hicimos a los hijos de Israel los herederos (de la tierra)», (Corán, Sura 26, La Sura de los poetas, Verso 59).

Sheikh Ahmad Adwan, jeque de Jordania

El jeque de Jordania, Sheikh Ahmad Adwan, también habló en el mismo sentido, afirmando sin tapujos que no existe la palabra Palestina en el Corán y que Alá dio Israel a los judíos. El erudito jordano publicó su opinión en su página Facebook, y posteriormente fue citado por Al Quds y otros medios árabes. «A los que distorsionan el libro de su Señor, el Corán, les digo: ¿De dónde sacaron el nombre de Palestina, mentirosos, malditos, cuando Alá ya la ha llamado Tierra Santa y la ha legado a los hijos de Israel hasta el Día del juicio? No existe tal cosa como Palestina en el Corán. Su demanda por la tierra de Israel es una falsedad y constituye un ataque al Corán, a los judíos y a su tierra. Por lo tanto, no tendrás éxito y Alá te fallará y te humillará, porque Alá es quien los protegerá (a los judíos)». Luego, el jeque añadió: «Los palestinos son unos asesinos de niños, ancianos y mujeres. Atacan a los judíos y luego los usan (niños, ancianos y mujeres) como escudos humanos y se esconden detrás de ellos, sin piedad por sus hijos como si no fueran sus propios hijos, para decirle a la opinión pública que los judíos los forzaron a matarlos. Esto es exactamente lo que vi con mis propios ojos en los años 70, cuando atacaron al ejército jordano, que los refugió y protegió. En lugar de agradecerle (al ejército jordano), llevaron a sus hijos frente al ejército jordano, para hacer creer al mundo que el ejército mata a sus hijos. Ese es su hábito y costumbre, su crueldad, su corazón de piedra para con sus hijos, y su mentira a la opinión pública, para conseguir su apoyo».

El canal Israel en árabe le hizo una entrevista al jeque en la que justificó que su apertura hacia el pueblo judío por su fe en el Corán y, después de citar varios suras, además de las anteriores, agregó: «(Los judíos) son personas pacíficas que aman la paz, que no son hostiles y no son agresores, pero si son atacados, se defienden causando el menor daño posible a los atacantes. Es un honor para ellos que Allá los haya elegido sobre los mundos, es decir, sobre la gente y los genios hasta el Día del Juicio. Dejé claras las razones de la elección de Alá en mis libros y folletos. Cuando Alá los eligió, no lo hizo por cortesía, y no fue injusto con otros pueblos, es solo que ellos (los judíos) se lo merecían».

Incluso el ministro del Interior y Seguridad Nacional de Hamás, Fathi Hammad, admitió en el canal Al-Hekma TV de Egipto el 23 de marzo de 2012 que los árabes mintieron en la cuestión Palestina y negó que existieran palestinos, diciendo que esos son de Egipto y Arabia Saudita, y no de Palestina. Hammad admitió que el pueblo palestino es un invento y que nunca existió y que una invasión de la tierra palestina, que en realidad es un territorio que perteneció a los judíos más de mil años antes de que incluso naciera Mahoma. Los palestinos reales son inmigrantes ilegales de las naciones árabes circundantes empujados a ocupar el área para cometer una intifada (resistencia). «Al-Aqsa y la tierra de Palestina representan la punta de lanza del islam y de los musulmanes. Por tanto, cuando buscamos la ayuda de nuestros hermanos árabes, no buscamos su ayuda para comer, vivir, beber, vestir o vivir una vida de lujo. No. Cuando buscamos su ayuda, es para continuar librando la yihad», dijo el ministro, y poco después añadió: «Todos tenemos raíces árabes, y cada palestino, en Gaza y en toda Palestina, puede demostrar sus raíces árabes, ya sea de Arabia Saudita, de Yemen o de cualquier lugar. Tenemos lazos de sangre. (…) Personalmente, la mitad de mi familia es egipcia. Todos somos así. Más de 30 familias en la Franja de Gaza se llaman Al-Masri (apellido egipcio). Hermanos, la mitad de los palestinos son egipcios y la otra mitad son saudíes. ¿Quiénes son los palestinos? Tenemos muchas familias llamadas Al-Masri, cuyas raíces son egipcias. ¡Egipcio! Pueden ser de Alejandría, de El Cairo, de Dumietta, del norte, de Asuán, del Alto Egipto. Somos egipcios. Somos árabes. Somos musulmanes. Somos parte de ti».

Que nunca hubo un pueblo palestino también lo dijo Sheikh Abdul Hadi Palazzi, jefe de la comunidad musulmana en Italia: «Si bien la realidad del pueblo judío es un hecho conocido, la idea del pueblo palestino es algo que se creó recientemente por razones políticas. Admitimos fácilmente los sistemas de un pueblo árabe, pero afirmar que los árabes que viven dentro del territorio israelí son palestinos y que, por lo tanto, tienen una nacionalidad específica es algo que no tiene ninguna base étnica o histórica».

«Los judíos tienen derecho a su propia tierra. Los árabes quieren un estado a expensas de otras nacionalidades», dijo la poeta y activista marroquí (amazigh) Malika Mazan en una entrevista hecha pública en Internet el 19 de septiembre de 2014. A continuación, reproduciré parcialmente la trascripción de la entrevista: «Los judíos querían algo que los uniera en su propia tierra. Iniciaron varias actividades políticas y económicas, habiendo vivido en una diáspora y sufrieron el racismo, las masacres y las cámaras de gas de los nazis. Creían que era su derecho. Quizás el nazismo les presentó una oportunidad histórica para despertar y pensar en una forma de regresar a su tierra, en lugar de dispersarse por todo el mundo. Querían rectificar el error histórico. (…) El sionismo significa que los judíos quieren establecer su propio Estado. Es su derecho. Nunca escuchamos que los (antiguos) judíos vivieran en Alaska o en Australia. La historia y todas las religiones y culturas admiten que los judíos vivieron en Palestina. El sionismo es el establecimiento de una patria judía, que es el derecho de cualquier nación. No se puede esperar que establezcan su tierra natal en la luna. Tienen derecho a regresar a su tierra natal. ¿Qué quieren los árabes? Quieren establecer una patria árabe, pero no en el territorio reconocido como suyo por la historia y la geografía. No señor. Quieren que su tierra sea a expensas de la tierra y de la existencia misma de los demás. En ese sentido, los árabes son más lo que ellos llaman «zioinst» que los judíos. Si los árabes se respetan a sí mismos, deberían ceñirse a sus propias fronteras. Deberían permanecer dentro de la Península Arábiga, en el Hijaz, para ser precisos. Los árabes pueden seguir soñando que son la raza suprema (nota mía: los árabes se consideran a sí mismos el pueblo elegido). (…) Los árabes, en su audacia, traspasaron sus fronteras y quieren un Estado árabe a expensas de otras nacionalidades y del derecho de los demás a existir y vivir con dignidad, libertad e independencia. ¿Son los sionistas los que son hostiles a los árabes, o son los árabes los que son hostiles a toda la gente libre?».

 

La carta fundacional de la OLP delata que el pueblo palestino es un invento de los árabes de 1967

Que el pueblo palestino es un invento que los árabes se sacaron de la manga en 1967 para justificar a la opinión pública internacional su descarada Yihad contra Israel, transformando la víctima (Israel) en acosador, lo reconocieron los propios líderes árabes, como habéis visto en algunos de los posts que he aportado estos días por aquí (y más datos daré en el futuro, porque esta conspiranoia de los árabes es la mayor de la historia moderna y da para unos cuantos libros). En realidad, la misma etimología del nombre lo dice todo, porque Palestina es un nombre derivado de los filisteos, una antigua tribu de piratas de Creta (Grecia), que durante un breve periodo de tiempo vivieron en Gaza y que desaparecieron de la faz de la tierra hace unos dos mil años. O sea, que un pueblo árabe se llama como un pueblo europeo que ni siquiera existe de hace dos milenios, para no decir que en árabe no existe la letra “p”.
Sin embargo, hay otra prueba igual o aún más elocuente que las anteriores, que demuestra sin lugar a dudas que el pueblo palestino es un invento de 1967 (ya expliqué en un post anterior por qué ese año). Y esta es la propia carta fundacional de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), que se fundó en 1964 por la Liga Árabe y a instancia del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (si alguien se riera al enterarse de que ni siquiera la organización más importante de los palestinos fue fundada por ellos, nadie se enfadaría, es más que comprensible). Dicha carta, en su artículo 24 dice:
«Esta organización no ejerce ninguna soberanía sobre Cisjordania (nota mía: que estaba ocupada en aquel momento por Jordania, y no por Israel), en el Reino Hachemita de Jordania, en la Franja de Gaza (nota mía: ocupada por aquel entonces por Egipto) o en la zona de Himah. Sus actividades se llevarán a cabo a nivel popular en las áreas liberacionales, organizativas, políticas y financieras».
O sea, que en 1964 no existía ni pueblo palestino ni pretensiones sobre Gaza y Cisjordania, mientras esas estaban bajo gobierno de los jordanos y egipcios.
Pero por sorpresa, tres años más tarde, en 1967, la situación cambió a 180º de un día para otro, justo después de que Israel ganara dichos territorios en la Guerra de los Seis Días que le declararon sus vecinos árabes, pero que de nuevo ganó el diminuto país de Israel. Por lo que, en 1968, el dichoso artículo 24 de la carta de constitución de la OLP fue modificado y desde entonces no solo que los palestinos gritan a cuatro vientos que quieren esas tierras, sino que incluso se inventaron el pueblo palestino, pero en lugar de decir que fue creado en 1967, intentan retorcer la historia peor que los negacionistas del Holocausto…
Las cosas se aclaran aún más si a ello añadimos la declaración del líder palestino Mahmoud Abbas, quien dijo que: «Rechazamos (que los refugiados palestinos en Siria renunciasen a sus reclamos de derecho de retorno para poder ser acogidos en Cisjordania) y dijimos que es mejor que mueran en Siria a que renuncien a su derecho de retorno».
Yo no digo que no sea trágico lo que ocurre en Medio Oriente, pero los palestinos no son victimas de Israel, sino de su propio odio y también de los trapicheos de sus propios hermanos árabes. Se les ha puesto en bandeja tener su propio Estado unas cuantas veces, han recibido dinero internacional suficiente para crear no uno, sino veinte Estados. Pero si en lugar de trabajar para la paz, han votado que les gobierne una organización terrorista, que es Hamás, y lo único a que se dedican es hacer 6-8 niños por pareja (para tener carne de cañón en su sucia Yihad contra Israel), que no culpen a otros.
«No hay diferencias entre jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Somos todos parte de un mismo pueblo: la nación árabe. Mire, yo tengo parientes con ciudadanía palestina, libanesa, jordana y siria. Nosotros somos un solo pueblo. Solo por razones políticas y tácticas sostenemos la existencia de una identidad palestina. Porque es de interés nacional de los árabes abogar por la existencia de los palestinos como una forma de oponernos al sionismo. Sí, la existencia de una identidad palestina independiente se debe sólo a razones tácticas. El establecimiento de un Estado palestino es una nueva herramienta para continuar la lucha en contra de Israel y a favor de la unidad árabe.
Una entidad palestina independiente requiere luchar por el interés nacional en el remanente de los territorios ocupados. El gobierno jordano no puede hablar en nombre de los palestinos de Israel, Líbano o Siria. Por razones tácticas, Jordania, que es un Estado con fronteras específicas, no puede reclamar Haifa o Yaffo; mientras que, como palestino, yo no dudaría en reclamar Haifa, Yaffo, Jerusalén y Beersheva. Jordania sólo puede hablar por los jordanos y palestinos de Jordania. El Estado palestino estaría legitimado para representar a todos los palestinos del mundo árabe y allende de él. Así, una vez que hayamos recobrado todo derecho en toda Palestina, no dudaríamos siquiera un minuto en unir Palestina y Jordania». (Sahir Muhsein, jefe del departamento de operaciones militares de la OLP – Organización para la Liberación de Palestina – entre 1971 y 1979, en una entrevista a la revista Trouw, en 1977)

La farsa de los refugiados palestinos. ONU, la principal responsable de perpetuar el conflicto en Oriente Medio y uno de los mayores financistas del radicalismo islámico

«La población de refugiados palestinos se calculó en 711.000 en 1950 (anotación mía: otras cifras que se barajaron fueron de 600.000). Hoy, parece que aún quedan entre 30.000 y 50.000 (anotación mía: otras estimaciones hablan de unos 20.000) de esos refugiados originales, y la UNRWA declara estar al cuidado de 4.950.000 de sus descendientes. Pero 285.000 de ellos parecen haber desaparecido del Líbano. ¿Cuántos palestinos habría en estos territorios si se elaborara un censo como es debido? ¿Cuántos “refugiados” desaparecerían de la nómina de la UNRWA como han desaparecido del Líbano? ¿Cómo podría afectar eso al presupuesto de la propia UNRWA?» (Shoshana Bryen, analista de políticas norteamericanas de Defensa y experta en Medio Oriente)

«El 99% de los refugiados palestinos son falsos, (…) si se aplicaran los estandartes correctos, simplemente desaparecerían» (Daniel Pipes, historiador, analista político y presidente de Middle East Forum)

«Estoy seguro de que hay miembros de Hamás en la nómina de la UNRWA, y no lo considero un crimen» (Peter Hansen, exdirector de la UNRWA)

«La única forma de resolver el problema de los refugiados palestinos es eliminar a la tóxica UNRWA, que sigue envenenando la mente de nuestros hijos con un odio que lleva a la violencia; hacer que los Estados árabes concedan la ciudadanía a los palestinos que, de todas formas, llevan décadas viviendo en ellos, y establecer un Estado palestino (completamente desmilitarizado) junto a Israel» (Basam Tawil, analista árabe)

 

La definición universal de la ONU para los refugiados es: «cualquier persona que se haya visto obligada a abandonar su hogar permanente en su hábitat natural desde tiempos inmemoriales será considerada refugiada», lo cual otorga el derecho a recibir apoyo financiero, legal y de otros tipos. Sin embargo, hay una categoría de refugiados única en el mundo, que son los palestinos. Solo en su caso, la definición cambió inexplicablemente de esta forma: «Todos los árabes que abandonaron Israel en 1948 y que vivieron allí dos años, serán considerados refugiados él y sus descendientes». Otro aspecto intrigante es que, pese a haber más de 70 millones de desplazados en el mundo, todos ellos atendidos por ACNUR, la agencia de la ONU creada a tal efecto, en el caso de los palestinos, es otra agencia de la ONU la que los asiste, que es la UNRWA.

Cuando estalló la guerra de 1948 que los árabes declararon a Israel, en el país había dos tercios árabes y el resto judíos. Sin embargo, gran parte de esos árabes no vivían allí desde tiempos inmemoriales (en un futuro post aportaré datos concretos) y este es uno de los puntos clave para entender la trama de los refugiados palestinos y qué hay detrás de la misma. Ya sabemos que existen mapas y miles de fotos que delatan que, en los dos siglos anteriores al nacimiento del Estado de Israel, en 1947, la población en Palestina era escasa. También contamos con documentos del Vaticano, que también registró los datos poblacionales de esa época y que demuestran lo mismo. Según los datos que tenemos (en un futuro post aportaré de sobra), el comienzo del asentamiento de árabes en Israel en un porcentaje importante empezó en 1831. Antes, la mayor parte de la población era conformada por judíos y cristianos; también había un porcentaje más pequeño de beduinos y árabes que, generalmente, no eran poblaciones estables, sino transitorias. Se sabe que, en 1831, el hijo de un gobernante egipcio, Ibrahim Pasha, se apoderó de parte de la tierra y trasladó allí campesinos egipcios. Sin embargo, la antigua Judea seguía casi yerma, lo cual hacía que la periferia del imperio otomano, que controlaba la zona por aquel entonces, fuera vulnerable. Por lo que los turcos invitaron a la gente de todo el imperio a establecerse allí. Fue el caso de la familia Husseini de Argelia, por ejemplo, que se refugió a Palestina debido a las luchas de poder internas. Otra ola de colonos egipcios llegó en 1869, después de la finalización de la construcción del Canal de Suez.

Sin embargo, el mayor flujo de árabes en la tierra de Israel se produjo en 1917, cuando se firmó la Declaración Balfour, y fueron mercenarios árabes de los países vecinos que acudieron a la llamada de Hajj Amín al-Husseini a la yihad contra los judíos. Aunque en su fórmula originaria, el hogar judío a que se refería la declaración comprendía toda Palestina (que actualmente es Israel, Jordania y un trozo de Siria), como agradecimiento por su ayuda en la guerra contra los otomanos, Gran Bretaña regaló al rey Abdullah de Jordania más de dos tercios del territorio que antes había prometido a los judíos, que hoy en día conocemos como el Reino Hachemita de Jordania. Con respecto a los judíos, los ingleses redujeron drásticamente el número de personas que podía emigrar a Palestina, incluso durante la Segunda Guerra Mundial (aportaré datos en un futuro post). Pero, mientras los judíos no podían entrar en la región, los árabes sí, y lo hicieron en masa, muchos de ellos alentados por la riqueza que traían los nuevos llegados, los judíos sionistas, y otros tantos que acudieron al llamamiento del muftí de Jerusalén, Hajj Amín al-Husseini, para impedir que los judíos se establecieran en su tierra ancestral.

Un libro interesante que aclara lo ocurrido es La historia secreta del MI 6, del profesor Keith Jeffery, sobre la historia del servicio secreto de inteligencia británica entre 1909 y 1949. Aunque el MI 6 censuró partes del libro, lo que el profesor Jeffery llamó la Operación Vergüenza, sí se pudo dar a conocer. En base a los documentos de la inteligencia británica, sabemos ahora que, durante la Segunda Guerra Mundial, los agentes británicos sabotearon los intentos de los judíos sobrevivientes del Holocausto de llegar a Palestina entre 1946 y principios de 1948, llegando hasta el extremo de intentar bombardear cinco naves de la Haganá, una de ellas con 4500 inmigrantes a bordo. Por otro lado, el MI 6 creó un falso grupo de defensa palestino para luchar contra los judíos. Ahora sabemos que ello ocurría mientras el UNSCOP, un comité de las Naciones Unidas que siguió a la Comisión Peel, estaba recorriendo el territorio de Palestina para trazar mapas para, en función del censo de población, dividir el territorio entre judíos y árabes. Pero mientras a los judíos se les impedía entrar en la región incluso cuando el Holocausto nazi estaba en plena marcha, y también después, los árabes llegaban a Palestina a trompicones y sin ninguna pega.

Es extraño cómo, después de la Segunda Guerra Mundial, cientos de millones de refugiados han reconstruido sus vidas, sin la ayuda de la ONU ni de nadie, incluidos los judíos que fueron echados de los países árabes después del nacimiento del Estado de Israel, pero solo los refugiados palestinos, pese a recibir cantidades ingentes de dinero y asistencia por parte de la UNRWA, creada única y exclusivamente para ellos, lo que más han dado a esta humanidad han sido terroristas y terror. Lo anterior me hace preguntar por qué la ONU ha invertido e invierte tanto dinero para perpetuar esta situación, porque si el conflicto palestino-israelí aún existe, de ello es responsable en gran medida la ONU, además de algunos de los Estados árabes. La única respuesta que se me ocurre es que la ONU cultiva de esta forma el antisemitismo, el odio hacia el único país del pueblo judío del mundo. Un país del tamaño de la Comunidad Valenciana, conformado por una población de menos de 0,02% del total mundial.

En un artículo publicado en The Hill por David May, analista de la Fundación para la Defensa de las Democracias, bajo el título La Agencia de las Naciones Unidas para los Palestinos está demasiado corrupta para ser salvada, se analizan ciertos aspectos de la UNRWA que deberían ser de conocimiento general. Y es que, a raíz de varios informes delatando la corrupción y abusos cometidos por la mencionada agencia, han sido varios los países que últimamente han recortado o anulado su ayuda a UNRWA, entre ellos Suiza, los Países Bajos y Bélgica, y muy probablemente seguirán otros. Según delatan fuentes internas, se trata de actos como «conducta sexual inapropiada, nepotismo, represalias, discriminación y otros abusos de autoridad (…) para suprimir diferencias legítimas y (…) alcanzar objetivos personales». Un año antes procedió de la misma manera Estados Unidos, que cerró el grifo de los 360 millones de dólares anuales en ayudas, que representaban una cuarta parte del presupuesto de la agencia. Ignazzio Cassis, el ministro de Exteriores suizo, dijo lo mismo que muchos otros: que la agencia no hace más que exacerbar el conflicto palestino-israelí, confiriendo estatuto de refugiado a millones de palestinos que, en realidad, no lo son, para así justificar su existencia e incrementar el volumen de donaciones que recibe. (Actualmente, el presidente Biden ha reabierto el grifo de dólares a la UNRWA, y una de sus consecuencias más claras es el estallido del actual conflicto palestino-israelí)

Un caso único en la historia es que, gracias a la ONU y a su agencia, UNRWA, de menos de 700 000 personas que podrían ser considerados refugiados (aunque hay discusiones en este sentido, como veremos en un futuro post), actualmente hay más de 5,4 millones de palestinos con estatuto de refugiado, aunque de ellos solo unos 30 000 abandonaron verdaderamente sus hogares cuando los países árabes declararon la guerra a Israel en 1948. Según los datos que tenemos, el interés desproporcionado de la ONU con respecto a los refugiados palestinos se vuelve más que patente, sin embargo, ello se vuelve falto de ética cuando nos enteramos de que, para el resto de más de 70 millones de desplazados del mundo, atendidos todos ellos por ACNUR, la otra agencia de la ONU para refugiados, se gasta mucho menos que lo que recibe la UNRWA de los palestinos.

Para más inri, la ONU tampoco reconoce el estatuto de refugiado a los judíos que fueron expulsados de los países árabes cuando nació el Estado de Israel. En un artículo para Jersalen Post, Gilad Erdan advirtió de que, a diferencia de los palestinos, que cuentan con una propaganda inaudita hasta la fecha y cuyas fotos se pueden ver expuestas en los pasillos de las Naciones Unidas, nadie habla de los aproximadamente 850 000 refugiados judíos expulsados de los países árabes e Irán en 1948 cuando se creó el Estado de Israel. Un número bastante más elevado que las cifras en alza de los palestinos que abandonaron Israel en el mismo periodo. Y aunque en sus inicios, la UNRWA contemplaba también la ayuda a ellos, sin embargo, esa nunca llegó, y tampoco hubo ni entonces ni después ninguna condena internacional por su saqueo y asesinato. De los miles de millones de dólares que han sido donados a la UNRWA, ni un solo céntimo se ha destinado jamás a ayudar a los refugiados judíos ni se ha hablado jamás de un supuesto derecho de retorno de esos a sus tierras que, por cierto, si se les devolviera, su superficie sería mayor que la del actual Israel (una asociación norteamericana guarda todas las escrituras de propiedad que lo demuestran).

La UNRWA gasta por cada refugiado palestino casi el doble de lo que gasta ACNUR por cualquier otro refugiado, según demostró David May, y mientras la última tiene en su plantilla 16 800 empleados, la UNRWA tiene unos 30 000 para atender mucho menos personas. De paso, la principal responsable de perpetuar no solo la dependencia de los palestinos de las ayudas internacionales, creando así una población parasitaria, y también de perpetuar la fantasía del derecho de retorno (no previsto para tales situaciones en ningún tratado de derecho del mundo) es igualmente la UNRWA. Lo peor de todo es que muchos de los supuestos refugiados contabilizados por UNRWA ni siquiera existen, sino que son inventados por la agencia para justificar su presupuesto, tal como demostró un reciente censo realizado en el Líbano, que probó que dos de cada tres refugiados palestinos simplemente no existe. Si a ello añadimos que, en 2016, por ejemplo, el presupuesto por cada refugiado palestino de la UNRWA fue cuatro veces mayor que el presupuesto para cualquier otro refugiado de ACNUR (246 dólares frente a 58), llegaremos a la conclusión que, para la UNRWA, el problema de los refugiados palestinos y la perpetuidad del conflicto palestino-israelí es el negocio más redondo del mundo. Para colmo, la UNRWA tiene, además, un largo historial de conducta indebida que va desde la incitación al antisemitismo, al apoyo a las acciones violentas contra Israel. «La UNRWA es una organización que actúa contra los intereses del Estado de Israel y de aquellos que están a favor de un acuerdo de paz regional. Cerrar la UNRWA sería el primer paso para tratar la enfermedad antes de que se torne verdaderamente maligna», cerró David May su artículo con una conclusión de las más acertadas posibles.

«La población de refugiados palestinos se calculó en 711 000 en 1950 (anotación mía: otras cifras que se barajaron fueron de 600 000). Hoy, parece que aún quedan entre 30 000 y 50 000 (anotación mía: otras estimaciones hablan de unos 20 000) de esos refugiados originales, y la UNRWA declara estar al cuidado de 4 950 000 de sus descendientes. Pero 285.000 de ellos parecen haber desaparecido del Líbano. ¿Cuántos palestinos habría en estos territorios si se elaborara un censo como es debido? ¿Cuántos “refugiados” desaparecerían de la nómina de la UNRWA como han desaparecido del Líbano? ¿Cómo podría afectar eso al presupuesto de la propia UNRWA?», se preguntaba Shoshana Bryen, analista de políticas norteamericanas de Defensa y experta en Medio Oriente. Y es que no puede pasar desapercibido que se esfumen de un día para otro 285.535 personas en un país tan pequeño como el Líbano.

Lo anterior surge del descalabro del número de refugiados palestinos en el Líbano que declaró UNRWA, en concreto 449.957 personas, y el resultado de una encuesta de la Administración Central de Estadísticas del Líbano y de la Oficina Central de Estadísticas palestina que solo contabilizaron 174.535 personas. Pero el presupuesto asignado por la ONU a UNRWA fue para medio millón de personas, y ya vemos que, en realidad, no son ni la mitad. Entonces, ¿adónde va ese dinero? Lo más probable que en el mismo lugar que los 13 millones de dólares en «gastos no presupuestarios» que salieron en déficit en una auditoría realizada por la propia UNRWA en 2006. Las múltiples anomalías de este tipo hicieron que se intentara en repetidas ocasiones que se enmendara la Ley de Ayuda Internacional de Estados Unidos, pero hasta la fecha ninguno de los intentos ha dado resultado, siendo bloqueadas por el Departamento de Estado.

A lo anterior se añade que las cifras verdaderas de refugiados palestinos han sido más que infladas debido a la propia definición de la ONU que, como sabemos, se inventó un nuevo criterio, único en el mundo, solo para los palestinos. Y es que, mientras para que una persona tenga el estatuto de refugiado se requieren muchos años de residencia en la zona de donde fue obligado a marcharse, en el caso de los palestinos la ONU dijo que solo eran necesarios dos años. Otra anomalía es que los palestinos son el único grupo de refugiados del mundo que transmite su condición de generación en generación, lo cual, añadido a la altísima natalidad de las mujeres palestinas, de una media de entre seis hasta ocho hijos por mujer, hace que, mientras todos los demás grupos de refugiados resuelven su problema en relativamente pocos años, los refugiados palestinos aumentan en progresión geométrica. Sin embargo, los palestinos van aún más allá y no se conforman siquiera con la cifra de 5,3 millones de refugiados, sino que afirman que son 6 millones y pretenden que todos ellos vuelvan a Israel que, recordemos, es un país de 9 millones de habitantes, de los cuales 20% son árabes y también hay muchos cristianos y de otros credos.

El mismo es el caso con los palestinos que no viven en campos de refugiados. En este sentido, se sabe que la Autoridad Palestina cuenta como residentes a 400 000 palestinos que están fuera del país de más de un año, más unos 100 000 bebés nacidos en el extranjero, pero que son inscritos como residentes en la Margen Occidental, según declaró el propio viceministro palestino del Interior, Hasán Ilwi. Los palestinos de Jerusalén Este también están contados erróneamente, pero esta vez doble, porque están registrados como residentes en la Autoridad Palestina, por un lado, y por otro como ciudadanos israelíes palestinos. Los anteriores datos son importantes porque, en función de ellos, se asigna el presupuesto de la UNRWA que pagamos entre todos de nuestros bolsillos.

Daniel Pipes, historiador, analista político y presidente de Middle East Forum, concluye en el mismo sentido, estableciendo que el 99% de los refugiados palestinos son falsos, y que, si se aplicaran los estandartes correctos, simplemente desaparecerían. Los requisitos deberían ser: tener al menos 73 años de edad (una persona que se refugió de Israel en 1948 tendría esta edad ahora), ser apátrida y no vivir en la Franja de Gaza, que es prácticamente un Estado (casi todos los países del mundo reconocen el Estado palestino, aunque aún no es un Estado en sí debido a la negativa de los líderes palestinos). Según el historiador, la manera como la UNRWA perpetúa y expande el problema de los refugiados palestinos suele revestir tres formas: permitiendo que dicho estatuto se herede de generación en generación; manteniendo el estatuto de refugiado incluso después de que la persona en causa haya adquirido la nacionalidad de otro Estado; o asignando tal estatuto a los palestinos que residen en la Franja de Gaza. Sin lo anterior, jamás se habría llegado a aumentar el número de refugiados de 600.000, en 1948, a 5,3 millones en la actualidad, lo cual es un caso único en la historia. Y es que, según un conteo, los verdaderos refugiados palestinos que existen hoy en día no superarían 20.000 o, como mucho, 30.000 personas. Hay mucha diferencia entre las dos cifras.

Como si lo anterior fuese poco, resulta que se ha demostrado que la UNRWA ha manteniendo relaciones de colaboración con Hamás, e incluso que miembros de la organización terrorista han integrado la plantilla de la agencia. Ello pese a la negativa de Hamás de reconocer a Israel, lo cual es más que extraño para una agencia de la ONU, ya que en la ONU Israel sí es reconocido como Estado. Debido a las gestiones de la UNRWA, los palestinos son el único grupo de refugiados el mundo que, en lugar de disminuir, crece. Sin embargo, lo que más choca es la absurda pretensión de la UNRWA de, prácticamente, eliminar a Israel del mapa, ya que, si 5,3 millones de refugiados palestinos regresaran a Israel, significaría su desaparición. En Europa, tenemos el claro ejemplo de Francia, que cuenta con una población musulmana de 9% y los problemas de convivencia ya se suceden uno tras otro; imaginaros qué sería si aceptara que ese 9%, que en caso de Israel es un 20%, se transformara en 70%, que es lo que se le pide a Israel. Imposible. Cualquiera que analice en lo mínimo las gestiones de la agencia de la ONU se daría cuenta de que las pretensiones y actuación de los palestinos y de la UNRWA se han dirigido no para crear prosperidad para los palestinos, sino a destruir el Estado de Israel.

«Está claro que los palestinos se niegan a aceptar que se establezca un Estado palestino junto al Estado de Israel, y que no están dispuestos a acceder al regreso de los refugiados a un Estado palestino: su único objetivo es destruir y desplazar el país vecino. (…) La única forma de resolver el problema de los refugiados palestinos es eliminar a la tóxica UNRWA, que sigue envenenando la mente de nuestros hijos con un odio que lleva a la violencia; hacer que los Estados árabes concedan la ciudadanía a los palestinos que, de todas formas, llevan décadas viviendo en ellos, y establecer un Estado palestino (completamente desmilitarizado) junto a Israel», dijo el analista árabe Basam Tawil.

Adnan Abu Hasna, portavoz de la UNRWA, admitió que la agencia era corrupta, pero a la vez acusó que los propios países árabes hacen muy poco o nada para ayudar a los palestinos. Que ello es así ya lo sabemos, y también conocemos el motivo, que es para tener a disposición carne de cañón barata en la yihad contra Israel y Occidente. Pese a su casi infinita riqueza debida al petróleo, muchos de ellos solo aportan unos mil dólares per cápita a la causa palestina, según declaró Abu Hasna. Salman Abu Sita, director de la Sociedad de la Tierra Palestina, de Londres, dijo en una entrevista a Al Yazira, tras la habitual retahíla culpando a Israel de todos los males del mundo, que a los palestinos no se le concedería la ciudadanía en los países árabes en los cuales residen en base al principio árabe de tawtin. En la misma ocasión hubo una disputa acalorada sobre la eventual concesión de pasaportes a los palestinos en los países de residencia, que se dio entre el Dr. Husein Alí Shaaban, que apoyaba a la Autoridad Palestina, y el Dr. Ibrahim Hamami, que apoyaba a Hamás. El primero opinaba que, si los países árabes incorporaran a los palestinos con los mismos derechos y obligaciones que los propios ciudadanos (recordar que muchos de ellos llevan décadas o incluso toda la vida viviendo en dichos países, lo cual, en cualquier país europeo significaría haber adquirido hace tiempo la nacionalidad en base a la naturalización), ello no afectaría el derecho de retorno a Israel, sino que solo sería una buena forma de facilitarles la vida. El segundo tenía una opinión opuesta y consideraba que, si los palestinos se convertían en ciudadanos con plenos derechos en los países árabes, perderían su identidad palestina y no volverían a Israel.

Lo anterior, expresado públicamente en un canal de televisión tan conocido como Al Jazzera, con difusión internacional, dejaría pasmado a cualquier europeo, porque puso de manifiesto el deseo de la clase política palestina, ya no de los líderes de otros países árabes, de mantener abierto el problema de los refugiados palestinos. «Esta polémica refleja tan sólo el deseo de aferrarse a la descabellada exigencia de regresar al territorio del Estado de Israel mientras se ignora por completo la descortés negativa de los judíos a suicidarse», remarcó con toda la razón del mundo Basam Tawil. De lo anterior, lo único que se puede deducir es que los líderes palestinos no desean que esos regresen a un Estado palestino al lado del Israel, sino destruir a Israel. En la misma entrevista se pudieron escuchar las reharto conocidas acusaciones de que Israel es un Estado segregacionista y de apartheid, aunque en su territorio viven en igualdad de condiciones casi dos millones de árabes (una quinta parte de su población), mientras que los árabes han expulsado de sus países a casi todos los judíos, y en la Franja de Gaza, que contaba con una presencia judía y cristiana milenaria, apenas quedan cristianos y ya no hay ningún judío.

Si nos ponemos a analizar las cifras, por mucho que lo intentemos, no van a cuadrar. «Como resultado del conflicto en Palestina, casi toda la población árabe huyó o fue expulsada de la zona bajo ocupación judía. Esto incluyó a las grandes poblaciones árabes de Yafo, Haifa, Acre, Ramle y Lida. De una población de algo más de 400 000 árabes antes del estallido de las hostilidades, el número actualmente estimado de árabes en el territorio controlado por los judíos es de aproximadamente 50 000», declaró el conde Folke Bernadotte, mediador de la ONU para Palestina durante la guerra árabe-israelí, en 1948. Dos años más tarde, en 1950, la Comisión de la ONU para la Conciliación en Palestina cifró en 711 000 los refugiados palestinos, sin estar aún muy claro en base a qué se llegó a esa cifra. O sea, que de, prácticamente 350.000 refugiados palestinos, se llegó a 711.000 dos años más tarde, para que hoy en día haya 6.000.000!!

Sin embargo, lo más absurdo en todo este asunto es que, en la nómina de la UNRWA, donde trabajan más de 23 000 palestinos, ha habido personas que se ha demostrado que estaban implicadas en actividades terroristas. Dicho en otras palabras: en una de las agencias de la ONU ha habido terroristas en nómina y con contrato. De hecho, Peter Hansen, exdirector de la agencia, declaró sin tapujos que: «Estoy seguro de que hay miembros de Hamás en la nómina de la UNRWA, y no lo considero un crimen». Solo entre los años 2000 y 2004 han sido imputados trece palestinos por su implicación en actividades terroristas, e incluso el ex cónsul general de la agencia denunció que no se están tomando medidas para impedir que se contraten terroristas de Hamás y la Yihad Islámica. Como si fuese poco, en el verano de 2014, las Fuerzas de Defensa de Israel encontraron misiles y cohetes de Hamás en las instalaciones de la UNRWA. Algunos incluso fueron disparados desde las dependencias de la agencia de la ONU, mientras que el año siguiente, empleados y funcionarios de UNRWA incitaron y promovieron discursos de odio de una forma muy amplia en las redes sociales contra los judíos. También fue encontrado un túnel utilizado por los terroristas de Hamas bajo una escuela de la Franja de Gaza perteneciente a la ONU. Incluso se han dado casos cuando se descubrió que el presidente del sindicato de trabajadores palestinos de UNRWA, Suhail al-Hindi, era miembro del nuevo liderazgo político de Hamás. Yoni Fighel, ex gobernador militar y coronel retirado de las Fuerzas Armadas israelíes, advirtió de que, mientras los empleados de la UNRWA sean miembros de Hamas, jamás habrá paz, ya que esos cumplirán los objetivos de su organización, que desde luego que no están encaminados hacia la paz, si lo que dicen en su Constitución es cierto. Ni menos aún juzgando por su saludo nazi de sig heil, con el brazo en lo alto, que no es una peculiaridad solo de los terroristas de Hamás, sino de muchas otras organizaciones terroristas islamistas e incluso de los palestinos que salen a manifestarse supuestamente de forma pacífica.

El diplomado en ciencias políticas Dore Gold explicó a Jerusalem Post que el verdadero lastre para la solución del conflicto palestino-israelí es la propia agencia de la ONU, recalcando que, mientras ACNUR ha disminuido el problema de millones de refugiados en distintas partes del mundo, la UNRWA ha provocado justo lo contrario. «Hay 58 campos de refugiados palestinos en Oriente Medio. Con la aplicación de los Acuerdos de Oslo de 1990, 26 de ellos (…) quedaron bajo control palestino. Sin embargo, no hay indicios de que ni uno solo vaya a ser cerrado. Está claro que la Autoridad Palestina quiere esos campos (…) para mantener vivo su agravio con Israel. En otras palabras, quiere perpetuar el conflicto. (…) La disposición de los palestinos para (…) resolver esta cuestión es probablemente la mayor prueba de fuego de sus intenciones.  (…) Si se quiere poner en marcha una nueva iniciativa de paz, debería incluir (…) un programa para desmantelar los campos de refugiados y promover un esfuerzo masivo internacional para la construcción de nuevas viviendas. Esta iniciativa debería empezar en la Margen Occidental, pero también incluir a Jordania, que alberga la mayor población de refugiados palestinos», dijo Gold.

Es curioso que la ONU, desde sus propios comienzos actuó de forma errónea, como si la disputa entre los árabes y los judíos no fuera igual que las demás, por lo que creó una agencia que se encargara solo y únicamente de los refugiados palestinos. Si tenemos en cuenta que el total de desplazados fue de entre 700.000 y 800.000, según la ONU, aunque ya vimos que analistas independientes barajaron cifras bastante más bajas, y que solo para ellos fue creada la UNRWA, cabe preguntarnos a qué se debió dicho trato cuando, en la misma época, tan solo un año antes, la partición de la India para crear el Estado de Pakistán tuvo como resultado 14 millones de refugiados, para los que no se creó ninguna UNRWA. También cabe preguntarnos por qué no se creó también una UNRWA para los judíos desplazados de los países árabes ni se les otorgó reparación alguna, y eso que fueron en mayor número que los palestinos.

Hay mucha diferencia entre la ACNUR, la agencia para los refugiados de todo el mundo que la ONU considera que no se merecen las peculiares atenciones que se conceden a los palestinos, y la UNRWA. En primer lugar, a diferencia de la primera, la segunda sí se encarga de buena parte de la educación – y aquí hay que ver por qué, entre otras, en los manuales escolares palestinos Israel ni siquiera aparece en el mapa, además de otras barbaridades -, y también de la salud. Se sabe que la ONU se ha encargado para que grandes y sangrientos conflictos pasen desapercibidos, como por ejemplo las guerras de Correa, de Vietnam, Afganistán, Nigeria, Somalia, Irak y la lista se volvería interminable. Casi nadie ha oído siquiera de la guerra de Sudán, donde se perpetró, lo más probable, el mayor genocidio de nuestra historia, después del Holocausto nazi. Sin embargo, todos han oído del conflicto palestino-israelí, que son cuatro gatos, y del que claro que toda la culpa se le echa a Israel por inercia, sin saber absolutamente nada de lo que verdaderamente ocurre, gracias a la propaganda rabiosa digna del ministerio nazi de Goebbels que propaga la ONU, los países islámicos, y que perpetúan alegremente los neonazis del Occidente.

Otro aspecto que no se dice del conflicto palestino-israelí es que, si se creara un Estado palestino – que de facto ya existe -, se perdería la financiación internacional que vierte ingentes cantidades de dinero en las arcas palestinas, haciendo que líderes como Yasser Arafat aparezca en el listado de los hombres más ricos del mundo, según Forbes. Si se creara el Estado palestino tampoco tendría sentido ya la UNRWA y su sequito de empleados entre los que hay incluso terroristas en nómina. Por ello ni la UNRWA ni los líderes palestinos quieren crear ningún Estado. Pero, en este caso, ¿a qué se debe la descarada propaganda que ha convencido a casi todos los occidentales que de lo anterior es culpable Israel?

Otra de las formas de desentrañar este conflicto es conocer la carta fundacional de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), que se fundó en 1964 por la Liga Árabe y a instancia del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (si alguien se riera al enterarse de que ni siquiera la organización más importante de los palestinos fue fundada por ellos, nadie se enfadaría, es más que comprensible). Dicha carta, en su artículo 24 dice: «Esta organización no ejerce ninguna soberanía sobre Cisjordania (nota mía: que estaba ocupada en aquel momento por Jordania, y no por Israel), en el Reino Hachemita de Jordania, en la Franja de Gaza (nota mía: ocupada por aquel entonces por Egipto) o en la zona de Himah. Sus actividades se llevarán a cabo a nivel popular en las áreas liberacionales, organizativas, políticas y financieras». O sea, que en 1964 ni existía pueblo palestino ni pretensiones sobre Gaza y Cisjordania, mientras esas estaban bajo gobierno de los jordanos y egipcios. Pero por sorpresa, tres años más tarde, la situación cambió a 180º de un día para otro, justo después de que Israel ganara dichos territorios en la Guerra de los Seis Días que le declararon sus vecinos árabes, pero que de nuevo ganó el diminuto país. Por lo que, en 1968, el dichoso artículo 24 de la carta de constitución de la OLP fue modificado y desde entonces no solo que los palestinos gritan a cuatro vientos que quieren esas tierras, sino que incluso se inventaron el pueblo palestino, pero en lugar de decir que fue creado en 1967, intentan retorcer la historia peor que los negacionistas del Holocausto… Las cosas se aclaran aún más si a ello añadimos la declaración del líder palestino Mahmoud Abbas, quien dijo que: «Rechazamos (que los refugiados palestinos en Siria renunciasen a sus reclamos de derecho de retorno para poder ser acogidos en Cisjordania) y dijimos que es mejor que mueran en Siria a que renuncien a su derecho de retorno».

Si nos ciñéramos solamente a la ley, los verdaderamente perjudicados en esta causa no son ni de lejos los palestinos, sino los judíos. En este sentido, hay que saber que los Acuerdos de San Remo de 1920, ratificados por la Sociedad de las Naciones, la predecesora de la ONU, que contenían el compromiso para la creación de un hogar nacional para el pueblo judío, nunca han sido derogados. Dichos acuerdos afirmaron prácticamente la soberanía de Israel sobre las tierras del Oeste y en sus comienzos también del Este del río Jordán. Ahora ya sabemos que, pese a los acuerdos iniciales, un año más tarde, Gran Bretaña eliminó Transjordania del territorio asignado de forma inicial al hogar judío, que regaló al Rey Abdullah, creando así el Reino de Jordania. Posteriormente, la partición de Palestina en 1948 después de la Guerra de Independencia de Israel, transformó los territorios bíblicos de Judea y Samaria en Cisjordania, que fue entregada a Jordania también. Dos décadas después, Israel las recuperó después de la Guerra de los Seis Días.

Se sabe que antes y durante la Guerra de Independencia de 1948, muchos árabes se marcharon del actual territorio de Israel haciendo caso a sus líderes. No hay un consenso aún con respecto al número aproximado y las cifras han cambiado a través del tiempo, como hemos visto antes, en función de los intereses de momento. Solo por poner un ejemplo, citaré algunos datos. En este sentido, el New York Times dio un número al alza de los refugiados, afirmando en 1953 que fueron 870 000; en 1955 casi 906 000; unos 925 000 en 1957; para que en 1967 llegaran a casi un millón. Sin embargo, el académico israelí Efraim Karsh estableció, después de una detallada investigación, que el número real de árabes que huyeron de Israel en la guerra de 1947-1948 fue de entre 583 121 y 609 071 personas (y de ello hay que culpar a las naciones árabes por declarar una guerra de aniquilación a Israel, no a los judíos).

Después de la guerra, en 1949 nació la UNRWA con el fin de prestar apoyo a los refugiados árabes y, en sus comienzos, también para ayudar a los refugiados judíos que los países árabes expulsaron de sus territorios, y que fueron bastantes más. Si las cifras fueran correctas, resultaría que, actualmente, hay más empleados en la UNRWA que refugiados palestinos vivos. Porque, como vimos antes, la agencia de la ONU, aparte de modificar las cifras para fines puramente financieros, cuenta como refugiados también a los descendientes de los refugiados originarios, incluyendo bisnietos y hasta el infinito, si fuera por la UNRWA y la ONU. Cuantos más, mejor, porque así justifican sus nóminas.

 

  • CONTINUARÁ –

 

 

Hajj Amin al-Husseini, el padre del radicalismo islámico y del terrorismo palestino, y su implicación en el Holocausto nazi

«Éramos racistas. Admiramos a los nazis. Estábamos inmersos en la lectura de literatura y libros nazis que eran la fuente del espíritu nazi. Fuimos los primeros que pensamos en una traducción de Mein Kampf. (Sami al-Joundi, fundador del movimiento Ba’ath)

«Los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países». (Hajj Amin al-Husseini, el primer líder árabe que felicitó la subida al poder de Hitler)

«No más Monsieur, no más Mister. En el cielo Alá, en la Tierra Hitler». (Refrán de una popular canción árabe a finales de la década de 1930)

«El muftí es un enemigo mortal de los judíos y siempre ha peleado por la idea de exterminarlos. Insiste siempre en esta idea y también en sus pláticas con Eichmann. El muftí es uno de los progenitores de la destrucción sistemática del pueblo judío europeo por los alemanes y se ha convertido en el colega permanente, socio y consejero de Eichmann en la implementación de este programa. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a acelerar las medidas de exterminio. Le oí decir que, acompañado por Eichmann, había visitado de incógnito la cámara de gas de Auschwitz. (…) El muftí jugó un papel decisivo en la decisión de exterminar a los judíos de Europa. No se debe ignorar la importancia de su papel. El muftí propuso repetidamente a las autoridades, principalmente a Hitler, Ribbentropp y Himmler, exterminar a los judíos de Europa. Lo consideró una solución adecuada para la cuestión palestina. (…) En mi opinión, el gran muftí, que ha estado en Berlín desde 1941, jugó un papel importante en la decisión del gobierno alemán de exterminar a los judíos europeos, y no debe menospreciarse la importancia de ello. Repetidamente le planteó el exterminio de la judería europea a las autoridades con quienes hablaba, y sobre todo a Hitler, Ribbentrop y Himmler. Le parecía una solución cómoda al problema palestino. En sus mensajes enviados por radio desde Berlín, nos superaba en sus ataques antijudíos. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a que acelere las medidas de exterminio. He oído que, acompañado de Eichmann, visitó de incógnito las cámaras de gas de Auschwitz» (Dieter Wisliceny, oficial de las SS nazis y mano derecha de Adolf Eichmann, el autor principal del genocidio nazi, en su declaración oficial firmada presentada el 26 de julio de 1946 al tribunal de Nuremberg – Transcripción, Sesión 50, op cit.)

«El muftí era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó (que) le gustaría verlos a todos liquidados» (Wilhelm Melchers, oficial de las SS nazis)

CONTENIDO:

  1. Quién fue Muhammad Hajj Amin al-Husseini
  2. El muftí de Jerusalén como coparticipe en la Solución Final de los nazis alemanes

 

  1. Quién fue Muhammad Hajj Amin al-Husseini. Paralelismos entre el nazismo alemán y el islamismo radical 

Nazi-islamistas árabes/palestinos

Las trayectorias de Husseini y Hitler fueron muy parecidas, el primero siendo el representante más férreo del panarabismo y el segundo un adepto feroz del pangermanismo. La principal diferencia entre las dos ideologías es que, mientras el panarabismo persigue la creación de un imperio mundial basado en la fe islámica, con la lengua y cultura árabe como pieza central, el pan-arianismo soñaba con un imperio mundial dominado por una raza germánica. El panarabismo considera que la ummah árabe debe de ser la autoridad gobernante central sobre el mundo islámico y no islámico; mientras que el pan-arianismo nazi planteaba una unión de todos los pueblos arios de habla alemana en un nuevo orden mundial gobernado por los nazis. Pero, mientras el panarabismo es religioso y socialista, el nazismo fue secular, socialista y se regía por el darwinismo social.

A diferencia de la causa sionista, que buscaba la soberanía para el pueblo judío y salvaguardarlo del terror que había sufrido durante casi dos milenios en Europa, en un pequeño trozo de tierra que, además, es su tierra ancestral, la causa de Husseini fue, según lo expresó él mismo en sus declaraciones públicas, un vasto califato árabe que prepararía el escenario para el utópico Dar el-Islam, o sea, el mundo bajo dominación islámica. A diferencia de los judíos sionistas, que ofrecieron a los árabes ciudadanía, autonomía y el control de sus lugares sagrados, tal como se refleja en el Acuerdo Faisal-Weizmann y se mantiene hasta el día de hoy, Husseini representaba una cepa regresiva del islam según la cual los no musulmanes eran ciudadanos de segunda con pocos derechos y discriminados en su propio país.

Al convertirse en gran muftí de Jerusalén en 1921, al-Husseini dictó una fatwa de yihad contra los sionistas y declaró que los musulmanes que mantenían relaciones amistosas con los judíos debían ser considerados infieles, una condena que perdura en muchos sectores palestinos y árabes hasta hoy en día. También organizó los primeros escuadrones suicidas, el objetivo primero siendo los árabes moderados que se negaban cooperar. Eso provocó la huida de los palestinos moderados de la región, la disidencia quedando prácticamente anulada durante largo tiempo, y asimismo condujo a la radicalización de la población palestina, que perdura en gran medida hasta el presente. Husseini sustituyó el sistema tradicional de gobierno que había en Palestina por un mando supremo centrado en su autoridad, de una forma casi idéntica que la de Hitler en Alemania y, prácticamente, aplicaba integralmente lo que los nazis llamaban Führerprinzip.

Husseini fue el principal impulsor de organizaciones y partidos políticos de índole nazi en el mundo árabe. En octubre de 1933, justo después de que Hitler ganara el poder, Husseini participó en la creación de una organización llamada Egipto Joven, también conocida como los Camisas Verdes, igual que las Camisas Pardas de los nazis, la famosa SA de triste memoria que todos conocemos, y en cuyas filas estuvo Gamel Abdel Nasser, un protegido de Husseini y más tarde presidente (y dictador) de Egipto. No solo el nombre era casi idéntico con el de las SA de Alemania, sino también su eslogan: «Un pueblo, un partido, un líder».

Como lo imaginan Saadeh y el SSNP,»Siria natural»incluye: Siria moderna, Líbano, Palestina, Jordania, Irak, Kuwait, Chipre,la península del Sinaí,la región de Ahvaz de Irány la región kilikiana de Anatolia

También se formaron partidos y organizaciones parecidas en Túnez y Marruecos, mientras que, en Siria, Anton Saada, conocido como «el Führer de la nación siria», encabezó el Partido Social Nacionalista (PPS) de Damasco. Como curiosidad, Saada proclamó en su plataforma que «los sirios eran la raza superior por su propia naturaleza». De la rama libanesa del PPS nacerían posteriormente varias milicias y organizaciones islamistas de corte fascista que se enfrentaron en la Guerra Civil del Líbano de 1975.  Sami al-Joundi, fundador del movimiento sirio Ba’ath, escribió posteriormente: «Éramos racistas. Admiramos a los nazis. Estábamos inmersos en la lectura de literatura y libros nazis que eran la fuente del espíritu nazi. Fuimos los primeros que pensamos en una traducción de Mein Kampf. Cualquiera que viviera en Damasco en ese momento era testigo de la inclinación árabe hacia el nazismo».

Las Camisas Verdes de Egipto emularon en gran parte al Partido Nazi alemán, utilizando una variación del saludo sig heil, procesiones de luz de antorcha y campañas terroristas contra los opositores políticos egipcios y judíos. Durante la guerra, las Camisas Verdes egipcias a menudo actuaban como una quinta columna para los nazis, ya que muchos miembros del grupo secreto llevaron a cabo acciones de espionaje y sabotaje en nombre del Tercer Reich y contra el gobierno egipcio pro-británico. Los activistas de las Camisas Verdes enviaron información de inteligencia al general nazi Erwin Rommel, el famoso Zorro del Desierto, mientras sus Afrika Korps luchaban en el norte de África, cerca de la frontera egipcia. Cuando Rommel pudo llegar a los acercamientos de la ciudad egipcia de Alejandría, los miembros de las Camisas Verdes del Joven Egipto utilizaron su influencia coercitiva para paralizar al gobierno pro-británico de El Cairo hasta el punto de que Egipto no pudo prestar mucha ayuda a los británicos durante la batalla de El Alamein. Anwar Sadat, el presidente egipcio que le siguió al anterior y joven teniente y miembro secreto de las Camisas Verdes durante la guerra, fue juzgado y encarcelado por los británicos como espía nazi. Gamel Abdel Nasser, también miembro de las Camisas Verdes, participaría más tarde en el golpe de Estado de los oficiales de julio de 1952 en Egipto. Siguiendo los pasos de al-Husseini en Palestina, los oficiales egipcios, al tomar el poder, prohibieron inmediatamente toda oposición política y sofocaron toda disidencia. Anwar Sadat, un protegido de Nasser, expresó admiración por Hitler en una carta al diario egipcio Al Mussawar el 18 de septiembre de 1953, ocho años después de la derrota del Tercer Reich.

El nazismo sigue teniendo su huella en el Egipto de hoy en día. Las tropas ceremoniales del presidente egipcio todavía llevan cascos copiados de la Wehrmacht nazi, y los jefes de Estado visitantes son recibidos en el aeropuerto de El Cairo por un desfile militar. El ex primer ministro israelí Menachem Begin, sobreviviente del Holocausto nazi, fue recibido por los stormtroopers egipcios con cascos cuando viajó a El Cairo para asistir al funeral de Anwar Sadat en 1981. En 2001, un columnista egipcio escribió en al-Akhbar, patrocinado por el gobierno: «Gracias, Hitler, de bendita memoria, que en nombre de los palestinos vengaron de antemano a los criminales más viles de la Tierra», escribió Chuck Morse en su libro The Nazi connection to Islamic Terrorism.

Al-Husseini fue el primer líder árabe que felicitó la subida al poder de Hitler, comunicando al consejo alemán en Jerusalén que «los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países». Una popular canción árabe a finales de la década de 1930 tenía como refrán «No más Monsieur, no más Mister. En el cielo Alá, en la Tierra Hitler». La triste realidad es que el nazismo fue muy popular en el mundo árabe desde el primer día y los primeros telegramas de felicitación de Hitler después de subir al poder llegaron de los árabes y fueron entregados al consulado alemán de Jerusalén. La OLP (Organización para la Liberación de Palestina) mantuvo vínculos con los neonazis incluso después de la guerra, aunque después de los Acuerdos de Oslo y el nacimiento de la AP (Autoridad Palestina) en la década de los 90 hicieron intentos serios para camuflarlo y no ofender la sensibilidad de sus nuevos aliados izquierdistas. Sin embargo, la nefasta alianza se vio delatada por varios atentados perpetrados por terroristas palestinos en colaboración con neonazis, uno de los más famosos siendo el de Entebbe, del que hablaré más adelante. También hay un montón de fotos que cualquiera puede ver en Internet con palestinos o árabes saludando, hoy en día, con el saludo nazi en sus manifestaciones y, sin ir más lejos, Fawsi Salim el Mahdi, excomandante de Tanzim 17, la guardia de élite de Yasser Arafat, famosa por sus atentados terroristas, era conocido como Abu Hitler porque nombró a sus dos hijos como Eichmann y Hitler. Me parece vergonzoso y más que extraño que la izquierda occidental sea tan entusiasmada con unos admiradores de Hitler.

Algunos intelectuales y revisionistas árabes de nuestros tiempos han intentado justificar la efusión de los árabes con el régimen nazi debido a que esos se oponían a los británicos y franceses, cuyo colonialismo preocupaba a los árabes. Sin embargo, ello no se sostiene porque la misma afinidad se observa hoy en día y la cooperación entre los neonazis e islamofascistas se da con cada vez más frecuencia, ya que comparten casi el mismo discurso judeofobo – y el tema postre que suelen usar es el conflicto palestino-israelí. Las redes están llenas de fotos de árabes manifestándose con eslóganes nazis, esvásticas y alabanzas a Hitler, y entre los negacionistas del Holocausto casi todos son o neonazis, o islamistas.

Para colmo, el sucesor de al-Husseini, Sheikh Ekrima Sa’id Sabri, Gran Muftí de Jerusalén entre 1994-2006, se mantuvo en la misma línea y no tuvo ningún reparo en declarar abiertamente, en 2001, hablando del Holocausto nazi que: «Es cierto, el número era inferior a seis millones e Israel está utilizando este tema para obtener simpatía». En el mismo sentido se había expresado un año antes en una entrevista al diario italiano La Repubblica, cuando dijo: «¿Seis millones de judíos muertos? De ninguna manera, eran mucho menos. Paremos con este cuento de hadas explotado por Israel para capturar la solidaridad internacional». Y como guinda encima del pastel, el 20 de febrero de 2005, en el canal saudí Al Maid dijo que: «Cualquiera que estudia los Protocolos de los Sabios de Sión y específicamente el Talmud descubrirá que uno de los objetivos de estos Protocolos es causar confusión en el mundo y socavar la seguridad en todo el mundo».

En realidad, la popularidad del nazismo en el mundo árabe se debió y se debe a su parecido con el islamismo político. Y es que, lo que más define a ambas ideologías es su judeofobia y cristianofobia, además de los aspectos autoritarios de ambos. Llama la atención el parecido que se da entre el concepto árabe de Ummah, y el concepto nazi de patria, o el Lebensraum. También son similares los conceptos de califa y Führer. Luego, la sharía comparte con la ideología nazi la idea de un gobierno centralizado e hipernacionalista; mientras que la yihad es similar al blitzkrieg; y Dar el-Islam es casi calcado a la idea del Reich de los Mil Años de Hitler. Más bien a eso se debió la popularidad de Hitler en el mundo árabe, que perdura hasta nuestros días, y una de las muchas pruebas es que el Mein Kampf de Hitler y los Protocolos de los Sabios de Sión, la farsa más descarada de la historia moderna, son incluso hoy en día best-seller en algunos países árabes. Aunque, sinceramente, lo último tampoco es un argumento muy a tener en cuenta, ya que, recientemente, en España, el libro del dictador nazi también fue best-seller en la conocida cadena Fnac. Los árabes incluso islamizaron el nombre de Hitler en Abu Ali, excepto en Egipto, donde lo bautizaron Muhammad Haidar. Los árabes pro-nazis de Hitler incluso llegaron tan lejos como afirmar que habían encontrado la casa donde supuestamente hubiera nacido su madre, en Tanta, Egipto, que fue convertida en lugar de peregrinación.

Husseini fue un islamista radical y nazi durante toda su vida, y muchos lo consideran el padre del movimiento yihadista y del fundamentalismo islámico de hoy en día. No solo fue uno de los impulsores del Holocausto nazi, sino que después de la guerra lo trasladó a Palestina, pero sustituyendo las cámaras de gas por terroristas y bombas humanas. El antisemitismo al estilo nazi continúa hasta hoy en día en un importante segmento del mundo árabe gracias en gran medida a Husseini, y las teorías conspirativas y dementes de Hitler se propagan con la misma impunidad en muchos países árabes regidos por sistemas políticos que emulan el nacionalsocialismo alemán en una amalgama toxica de judeofobia, socialismo, nacionalismo e imperialismo. Husseini fue un líder panárabe de mentalidad autoritaria que afirmaba que los discípulos del profeta Mahoma deben trabajar para la creación de un califato árabe unido en el mundo islámico y, en última instancia, en el mundo entero. A diferencia de Europa, que fue desnazificada después de la guerra, el legado venenoso de Husseini aún persiste hasta nuestros días y el islamofascismo está en auge en ciertos segmentos de la población árabe.

Al-Husseini se formó en la famosa Universidad Al-Azhar de Egipto, aunque no terminó sus estudios, por lo que no estaba calificado para ser muftí de Jerusalén, que fue su cargo desde 1921 hasta 1948. Fue un fanático muy cercano a la Hermandad Musulmana, que es la madre de casi todos los grupos terroristas islamistas de hoy en día, desde Al-Qaeda hasta Hamás y el Estado Islámico, y odiaba a los judíos y a Occidente en general, a diferencia de su predecesor y hermanastro, Kamil al-Husseini, que fue un hombre moderado que mantuvo buenas relaciones tanto con los judíos como con los cristianos. Después de la muerte de su hermanastro, y con la ayuda de los británicos, Husseini fue nombrado muftí de Jerusalén y desde el primer momento empezó a cometer abusos y a predicar la yihad, pidiendo a sus seguidores que asesinasen a cuantos judíos pudiesen. Fue corresponsable de la creación del primer grupo terrorista palestino, Mano Negra, que se dedicó a asesinar judíos y a destruir sus cosechas y propiedades, y en los años 90, el grupo terrorista Hamás, que actualmente es el órgano de gobierno en Gaza, usó su nombre como apodo de la rama militar de la organización, las Brigadas de Izzedin al-Qassam, llamando Qassam también a un cohete que manufactura y lanza contra la población civil israelí.

Cuando en 1937 un representante del muftí viajó a Berlin para buscar apoyo financiero y militar alemán, el almirante Wilhelm Canaris, el jefe de Abwehr, la inteligencia militar alemana, ordenó un envío de armas a Palestina, en una operación encubierta. El muftí fue el principal propagandista del nazismo en Oriente Medio y en 1937, cuando se celebraba el cumpleaños del profeta Mahoma, las calles de Palestina y otros países árabes se llenaron de banderas alemanas e italianas, y de fotografías de Hitler y Mussolini.  Fue un antisemita acérrimo que organizó muchos pogromos contra los judíos de Palestina y de otros países árabes, siendo el principal aliado islámico de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Durante y antes de la guerra, el muftí residió en Berlín, en una lujosa villa que los nazis habían confiscado a una familia judía y se la pusieron a disposición junto con otros honores y un sueldo de 65 500 reichmarks pagado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ribbentrop. Hay datos que confirman que se realizaron transferencias sustanciales de dinero a Suiza, en las cuentas del muftí, y que incluso en abril de 1945, cuando el Ejército Rojo se acercaba a Alemania, el Ministerio de Relaciones Exteriores le pagó 50 000 reichmarks.

Hajj Amin al-Husseini saludando a sus tropas nazis que entrenó para Hitler

Con la ayuda de la cúpula nazi, el 18 de diciembre de 1942 se fundó el Instituto Central Islámico, cuyo invitado de honor fue el propio Goebbels, el ministro nazi de Propaganda. En el discurso de apertura, Husseini mencionó las teorías conspiracionistas judeófobas habituales calcadas a los Protocolos de los Sabios de Sion que, evidentemente, gustó mucho a sus invitados, entre los cuales estaban Himmler, Rosenberg y Goebbels. En abril de 1944, con la ayuda de Himmler, Husseini abrió una escuela de imanes en Guben, que fue dirigida por las SS de Himmler y donde se formaban imanes que debían inspirar y motivar a los árabes que iban a luchar en las filas de las SS. Posteriormente, Husseini creó una legión árabe nazi, ya que, si bien al principio Hitler no se había entusiasmado mucho con la idea, después de la derrota de Stalingrado necesitaba urgentemente soldados para sus tropas. En marzo de 1943, Himmler se reunió con Husseini en Berlín para organizar una unidad musulmana de las Waffen SS, a la que llamaron la 13ª División SS Handzar (palabra que se refiere a la daga de los oficiales turcos durante el Imperio Otomano, a quien Husseini también había servido) y que era formada en gran parte por musulmanes bosnios. El muftí se fue a Sarajevo (en la ex Yugoslavia) para pedir apoyo al clero musulmán y a finales de abril de 1943 ya había reclutado 12 000 soldados que, junto con los demás efectivos musulmanes, contaban unos 21 000 hombres. La división cometió verdaderas atrocidades durante la guerra, asesinando indiscriminadamente a miles de civiles desarmados. Debido a ello, después de la contienda, Yugoslavia pidió que se le entregara a Husseini para juzgarlo por crímenes de guerra, pero este se escapó a Egipto con la ayuda de los ingleses. Handzar no fue la única división musulmana que combatió en las filas nazis, aunque sí la mejor preparada, y sus integrantes, después de participar en múltiples masacres de civiles en Bosnia, se ofrecieron luego como voluntarios para cazar judíos en Croacia.

Según el profesor Bernard Lewis, en noviembre de 1941, en un encuentro que tuvo con Hitler, Husseini intentó convencerle para que ampliase el exterminio de los judíos en la Francia de Vichy y la Italia fascista, aunque en el acta de la reunión lo único que consta es la petición de Husseini para que Hitler proclamase su apoyo al independentismo árabe. Lo que sí se sabe con certeza es que Hitler le prometió que sería nombrado el Führer de una entidad nazi-árabe, tal como se deduce de los diarios de Husseini, y también que, a menos de dos meses después del dicho encuentro, se celebró la Conferencia de Wannsee, en la cual se acordó lo que se conoce como la Solución Final, o sea: el asesinato en masa del pueblo judío. La escritora Pamela Geller demostró que Husseini abogó para que los nazis procedieran a intensificar el genocidio de los judíos en la mayor cantidad posible, en una ocasión llegando a solicitar que los nazis asesinaran a 400 000 judíos que pensaban deportar a Palestina.

Pese a conocer la suerte de los judíos capturados por los nazis, el muftí se negó incluso al rescate de varios miles de niños judíos que los gobiernos aliados de los nazis de Rumania, Hungría y Bulgaria querían mandar a Palestina. En dos cartas dirigidas a los ministros de Exteriores de Rumania y Hungría (que se guardan), el muftí hizo referencia a un boletín de la agencia judía según el cual Rumania quería enviar a Palestina 1800 niños judíos y Hungría 900. «Esto no resolverá el problema judío», escribió Husseini a los dos ministros, recomendándoles que mandaran a los niños a Polonia, aunque sabía perfectamente que allí iban a ser asesinados. «Permítame llamar la atención de Su Excelencia sobre la necesidad de evitar que estos judíos abandonen su país; y si hay razones que hagan necesaria su salida (remoción), será inevitablemente mejor e indefinidamente más preferible que salgan de su país y se vayan a otros países donde están bajo supervisión activa como Polonia, por ejemplo, para que no representan un peligro o causan daño», escribió el muftí. Hay que saber que «supervisión activa» era el término en clave para la matanza masiva de judíos. En el caso de Bulgaria, el muftí intervino con éxito en Berlín y evitó el envío a Palestina.

En 1942, Himmler permitió que 10 000 niños judíos fueran trasladados de Polonia a Theresienstadt, para desde allí enviarlos eventualmente a Palestina. Con respecto a esto, Günther-Eberhardt Wisliceny, el Obersturmbannführer de las Waffen-SS, adjunto de Adolf Eichmann para Eslovaquia y también amigo personal, declaró después de la guerra que: «Estaba planeado cambiar a estos niños por prisioneros civiles alemanes, a través de los servicios de la Cruz Roja Internacional». Pero Wisliceny fue convocado a Berlín por Eichmann, quien le reveló que «la idea de la operación planeada había sido conocida por el Gran Muftí, por medio de su servicio de inteligencia en Palestina. Como resultado, protestó enérgicamente ante Himmler, utilizando el argumento de que esos niños judíos en pocos años se convertirían en adultos y fortalecerían el elemento judío en Palestina. Siguiendo este consejo, Himmler prohibió toda la operación e incluso emitió una prohibición con respecto a casos en el futuro para que a ningún judío se le debería permitir emigrar a Palestina desde territorios bajo control alemán». (El juicio de Adolf Eichmann. Acta de actuaciones en el Tribunal de Distrito de Jerusalén , op. cit. , Vol. I. p. 244.)

En 1943, el muftí impidió la emigración de otros 4000 niños judíos y 500 adultos acompañantes a Palestina. «Solicito a Su Excelencia», le escribió al ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop, en una carta de 13 de mayo de 1943, «que haga todo lo posible para disuadir a Bulgaria, Rumanía y Hungría de implementar el plan judío-angloamericano y que preste especial atención a esta cuestión; al hacerlo, estaría prestando un servicio inolvidable al amable pueblo árabe». (Ibíd. , Vol. III, pág. 1138.) En una segunda carta de 10 de junio de 1943, el muftí le escribió a Ribbentrop que se había enterado de que setenta y cinco judíos, entre ellos también personalidades importantes, habían llegado a Palestina a finales de mes, que otros grupos de judíos de Rumania y Hungría también habían llegado o estaban listos para marcharse, y setecientos judíos de Polonia que tenían familiares en Palestina también estában listos para partir; además de cinco mil refugiados de Bulgaria, Rumania, Hungría y Eslovaquia que ya tenían los certificados de inmigración en su poder. «Me parece que debería poner en conocimiento de Su Excelencia el hecho de que los árabes, leales amigos del Eje, se sienten heridos cuando notan que sus amigos de los poderes del Eje facilitan el objetivo judeo-inglés de la transferencia de judíos, que son agentes de los británicos y los comunistas, enemigos de los árabes y enemigos de Europa, en Palestina».(Ibíd. , pag. 1139.)

El muftí conocía perfectamente cuál sería de suerte de esos niños y, además, hay testimonios que certifican que visitó el campo de exterminio de Auschwitz en compañía de Himmler, hecho que fue corroborado también por Ernst Verduin, un judío holandés que sobrevivió a Auschwitz 3 (Monowitz) y cuyo número tatuado era 150811. Verduin vio unos cincuenta hombres vestidos de forma extraña, acompañados por oficiales de alto rango del campo. Cuando preguntó a un guardia quiénes eran, ese le contestó que eran «el muftí de Jerusalén y su séquito que querían ver cómo los judíos trabajaban hasta morir, para que él pudiera hacer lo mismo con los judíos que vivían en Palestina». Se sabe que el muftí había visitado anteriormente los campos de Auschwitz-Birkenau y Majdanek, y en junio de 1942 también visitó el campo de concentración de Oranienburg. Por lo que no se puede decir que el muftí desconocía la suerte que tenían los judíos en Europa. De hecho, incluso supo la cifra aproximada de judíos asesinados, ya que en un comunicado en la radio de 20 de septiembre de 1944 preguntó a sus oyentes si rechazaban a 11 millones de judíos. Se sabe que el número total de judíos al comienzo de la guerra era de unos 17 millones, de lo cual se deduce que Husseini conocía la cifra de 6 millones que habían sido asesinados por los nazis. Incluso la terminología que usaba era muy parecida a la de los nazis, ya que mientras esos hablaban de Endlösung (Solución final), el muftí se refirió a Endgültige Lösung (Solución definitiva), lo cual es muy poco probable que sea una coincidencia, sino más bien demuestra que Husseini estaba familiarizado con la terminología nazi.

En el mismo sentido había advertido también Eichmann, quien le dijo a Ribbentrop que no se debería permitir que los niños emigraran cuando se enteró de la intención de la Oficina del Jefe de Seguridad del Reich de intercambiar 5000 niños judíos por 20 000 prisioneros alemanes. Eichmann le dijo a Ribbentrop que el cambio tenía que ser realizado de inmediato, ya que en caso contrario no se podría realizar el traslado hacia Palestina – supuestamente porque ya habían sido gaseados. «El muftí es un enemigo declarado de los judíos y no oculta su opinión de que le gustaría verlos a todos asesinados», se lee en unas notas de un funcionario de alto nivel del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán.

Después de la guerra, Husseini se refugió a El Cairo, donde asumió el mando del recién creado Alto Comité Árabe. Tanto Israel como Yugoslavia pidieron el Reino Unido, que por aquel entonces ejercía su protectorado en Egipto, que lo extraditaran para su juicio como criminal de guerra, pero los británicos se negaron debido a su gran influencia en el mundo árabe. En el mismo sentido se pronunciaron la Liga Árabe y el gobierno egipcio. Después de la creación del Estado de Israel en 1948, Husseini se opuso a cualquier negociación o armisticio. En 1959, Husseini abandonó su carrera política y se trasladó al Líbano, donde falleció en 1974.

Husseini impulsó el nazismo en el mundo árabe, principalmente en Iraq, y el resultado ya lo conocemos: un legado de gobiernos socialistas totalitarios y la persecución y aniquilación de la minoría judía del país, aunque se trataba de comunidades ancestrales que llevaban siglos viviendo allí. El primer pogromo contra los judíos iraquíes fue inspirado por Husseini, y entre 1951 y 1952, el resto de judíos que quedaban en el país, unos 250 000, fueron expulsados con poco más que las camisas que llevaban encima. También es de triste fama el pogromo árabe de 1929 durante el que toda la comunidad judía indígena de Hebrón fue aniquilada. La justificación de Husseini fue que temía que Palestina se convirtiera en otra Andalucía. Se refería a al-Andalus, el nombre de la España morisca. Y es que para él y otros islamistas de la misma índole los territorios que estuvieron bajo el islam una vez siempre le pertenecerán a ese, aunque los conquistaron por la fuerza, lo cual es el caso de Israel y España, entre otros.

  1. El muftí de Jerusalén como coparticipe en la Solución Final de los nazis alemanes

Los orígenes de la judeofobia en el mundo musulmán se remontan a los tiempos bíblicos, hace más de tres o cuatro mil años atrás, y sus características y funciones políticas han sido y son las mismas que en el mundo cristiano, el cristianismo siendo una sus fuentes. Sin embargo, hoy en día, la virulencia de los ataques judeófobos perpetrados por musulmanes son bastantes peores que los de la Europa medieval y fue hace poco que se escucharon gritos como: «Árabes, levántense y peleen juntos por sus derechos sagrados. Maten a los judíos donde se los encuentren. Esto complace a Dios, a la historia y a la religión», gritos salidos del pecho de Hajj Amín al Husseini, el padre de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mentor de Mahmoud Abbas, el actual presidente de la Autoridad Palestina y tío abuelo de Yasser Arafat.

La verdad histórica, apoyada por pruebas sólidas, es que, en los años treinta del siglo pasado, pese a su virulento antisemitismo, Hitler favoreció, en una primera fase, que los judíos saliesen de Alemania y del área europea que controlaba, siendo la expulsión, y no el asesinato, la política nazi inicial. Sobre ello hay un consenso casi unánime en el ámbito académico. En este sentido cito al historiador alemán Tobias Jersak, quien dijo que, «a partir de la publicación en 1995 de la documentación de Michael Wildt sobre el Servicio de Seguridad de la SS y el problema judío, ya nadie niega que, empezando con 1933, la política nazi concerniendo el problema judío buscaba la emigración de los judíos, preferentemente a Palestina». Por otro lado, Gunnar Paulsson aclaró que, incluso después de conquistar Polonia, «los nazis permitían todavía la emigración judía y hasta la favorecían, y consideraban mientras otros planes de expulsión», como por ejemplo reasentarlos en Madagascar. Christopher Simpson también demostró que, aunque la matanza de judíos había empezado, promovida principalmente por individuos como Reinhard Heydrich y los comandos Einsatzgruppen, «otros ministerios preferían una variedad de planes de deportación y reasentamiento, aunque no se ponían de acuerdo dónde relocalizar a los refugiados ni tampoco cuánto terror aplicarles». Michael R. Marrus y Robert O. Paxton concluyeron que, «hasta el otoño de 1941, aunque nadie definía la Solución Final con precisión, todo indica que se trataba de un vasto programa de emigración masiva que quedaba todavía por especificar».

Sin embargo, en el otoño de 1941 algo sucedió y los nazis cambiaron de opinión, optando ya no para la expulsión de los judíos, sino para su genocidio. No había dónde expulsarlos porque, como apunta el escritor y exsacerdote católico James Carroll, «los mismos líderes mundiales que habían denunciado la violencia antijudía de los nazis se rehusaban a recibirlos como refugiados. Para que la Solución Final se volviera irreversible, fue crucial el descubrimiento tardío de Hitler sobre la indiferencia política de las democracias europeas para con la suerte de los judíos».

Poco más tarde, el 9 de noviembre de 1941, el muftí palestino Hajj Amín al Husseini llegaba a Berlín, siendo recibido por los nazis con todos los honores. Llegaba justo después de haber dirigido para el gobierno pro nazi de Irak una gran matanza de los judíos de Bagdad. También se sabía que a lo anterior se sumaban varias matanzas de judíos que había organizado en las últimas dos décadas en la Palestina Británica. El 28 de noviembre del mismo año, Husseini tuvo una larga y tendida charla con Hitler quien, tal como resulta de las minutas nazi, aseguró al muftí que Alemania conquistaría el Oriente Medio, que el «objetivo único de Alemania sería la destrucción del elemento judío que reside en la esfera árabe», y que colocaría a Husseini como el «vocero con mayor autoridad para el mundo árabe». (Author: Germany. Auswärtiges Amt [Foreign Ministry]. Title: Documents on German foreign policy, 1918-1945, from the archives of the German Foreign Ministry. Akten zur deutschen auswärtigen Politik. English Publisher: Washington, U.S. Govt. Print. Off., 1949- Description: Book v. fold. maps. 24 cm.; Series D, Vol. XIII no. 515). Pocos días después, el 20 de enero de 1942 se convocó la famosa Conferencia de Wannsee, donde se estableció que la Solución Final ya no era un programa de expulsión de los judíos, sino de exterminio. Varios investigadores consideran que la llegada de Husseini a Berlín tuvo mucho que ver con lo anterior y ello fue demostrado años más tarde, en 1961, durante el juicio de Adolf Eichmann, el tristemente famoso arquitecto del Holocausto, aliado con Heinrich Himmler y amigo de Husseini.

Dieter Wisliceny

La influencia del muftí Husseini sobre Eichmann y Himmler fue demostrada delante del Tribunal de Crímenes de Guerra de Núremberg por Andrej Steiner, entre otros, que era un arquitecto checoslovaco-estadounidense que había participado en la resistencia como miembro del Grupo de Trabajo de Bratislava, una organización judía clandestina. Steiner testificó sobre una conversación que tuvo durante la guerra, en Bratislava, con Dieter Wisliceny, la mano derecha de Eichmann. Según contó, cuando preguntó a Wisliceny por qué los judíos no podían ser enviados a Palestina, «Wisliceny se rio y me preguntó que si no había oído hablar del Gran Muftí Husseini. Me explicó que el muftí tenía lazos muy estrechos de cooperación con Eichmann y que por lo tanto Alemania no podía permitir que Palestina fuera el destino final, pues sería un golpe contra el prestigio de Alemania, en la opinión del muftí». Wisliceny explicó a Steiner que: «El muftí es un enemigo mortal de los judíos y siempre ha peleado por la idea de exterminarlos. Insiste siempre en esta idea y también en sus pláticas con Eichmann. El muftí es uno de los progenitores de la destrucción sistemática del pueblo judío europeo por los alemanes y se ha convertido en el colega permanente, socio y consejero de Eichmann en la implementación de este programa. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a acelerar las medidas de exterminio. Le oí decir que, acompañado por Eichmann, había visitado de incógnito la cámara de gas de Auschwitz» (declaración oficial firmada presentada el 26 de julio de 1946 al tribunal de Nuremberg. Transcripción, Sesión 50, op cit.]. «El Mufti jugó un papel decisivo en la decisión de exterminar a los judíos de Europa. No se debe ignorar la importancia de su papel. El muftí propuso repetidamente a las autoridades, principalmente a Hitler, Ribbentropp y Himmler, exterminar a los judíos de Europa. Lo consideró una solución adecuada para la cuestión palestina». Es evidente pues que Wisliceny, que corroboró el testimonio de Steiner ante los investigadores de Nuremberg, consideraba a Husseini no solo coarquitecto y codirector del Holocausto, sino instigador directo y principal del asesinato de millones de judíos de Europa.

Rudolf Kastner

A ello se añade el testimonio independiente del periodista y abogado Rudolf Kastner prestado en el Tribunal de Núremberg, sobre sus conversaciones con Eichmann y Wisliceny en Budapest. Según los testimonios y confesiones que Kastner entregaría mucho después a otra corte, resulta que había colaborado con las nazis durante la guerra, en Hungría, conspirando contra sus compatriotas judíos a cambio de salvar a unos cuantos de su elección. Según el relato de Kastner, en junio de 1944, cuando negociaba la salida de sus elegidos, Eichmann se resistió enviarlos a Palestina y respondió ante su insistencia que: «Yo soy un amigo personal del gran muftí (Husseini). Le prometimos que ningún judío europeo entraría ya más a Palestina. ¿Lo entiende ahora?» [citado por Maurice Pearlman] Unos días después, Wisliceny le confirmó a Kastner que, efectivamente, Eichmann y Husseini eran muy amigos.

El propio Wisliceny explicó lo siguiente: «En mi opinión, el gran muftí, que ha estado en Berlín desde 1941, jugó un papel importante en la decisión del gobierno alemán de exterminar a los judíos europeos, y no debe menospreciarse la importancia de ello. Repetidamente le planteó el exterminio de la judería europea a las autoridades con quienes hablaba, y sobre todo a Hitler, Ribbentrop y Himmler. Le parecía una solución cómoda al problema palestino. En sus mensajes enviados por radio desde Berlín, nos superaba en sus ataques antijudíos. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a que acelere las medidas de exterminio. He oído que, acompañado de Eichmann, visitó de incógnito las cámaras de gas de Auschwitz».

Sin embargo, tal como delata un documento de Wisliceny presentado en Núremberg, las relaciones entre Eichmann y Husseini databan de 1937 [Transcripción, Sesión 16, op cit.] y Eichmann confesó en su juicio que en 1939 había hecho un viaje a Palestina para familiarizarse con el lugar y reunirse con el muftí. [Transcripción, Sesión 90, op cit) Posteriormente, según Wisliceny, cuando el muftí llegó a Berlín, Eichmann se reunió con él para discutir la solución al problema judío. [Transcripción, Sesión 16, op cit.] Ello deja claro que, antes de la visita de Husseini a Berlín, los nazis no habían ideado aún el sistema de campos de exterminio para asesinar a los judíos europeos (aunque existían campos de concentración, pero cuyo fin era, principalmente, el trabajo forzado, y no específicamente el exterminio), sino que ello fue formalizado en Wannsee después de que Husseini llegara a Berlín. Esto es lo que dejan claro los testimonios de Andrej Steiner y Rudolf Kasztner sobre sus conversaciones con Dieter Wisliceny, corroborados por el último como testigo directo de lo anterior. Hay otros testimonios en el mismo sentido, como por ejemplo el de un oficial alemán llamado Wilhelm Melchers, que durante los Juicios de Núremberg dijo que: «El muftí era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó (que) le gustaría verlos a todos liquidados».

Durante su juicio en Jerusalén, años más tarde, Eichmann intentó negar su relación con Husseini y declaró: «Vi al muftí solo una vez. Esto fue durante una recepción oficial ofrecida por el Departamento VI en la casa de huéspedes del Servicio de Seguridad a la que habían sido invitados la mayoría de los Oficiales Especialistas de la Oficina Central de Seguridad del Reich. Cada Oficial Especialista, incluyéndome a mí, fue presentado al muftí. (…) Nunca intercambié palabras con el muftí más que para decir mi nombre cuando me presentaron. No tuve nada que ver con el muftí en términos políticos». Esa estrategia de mentir, negar y distorsionar los hechos se prolongó durante todo el juicio. Incluso intentó convencer al Tribunal de que no era antisemita en absoluto. Sin embargo, sus declaraciones han sido negadas por otros testigos, como los mencionados antes y, asimismo, por otras pruebas.

En realidad, Eichmann fue enviado a Oriente Medio justo para ponerse en contacto con Husseini y otros líderes árabes. Él y el SS Oberscharführer Herbert Hagen llegaron a Haifa en barco el 2 de octubre de 1937, a las seis de la tarde, pero el muftí no estaba porque se había huido para escapar de los británicos, lo cual se refleja en el mismo informe que los dos líderes nazis redactaron al efecto. Según algunos historiadores, posiblemente, Eichmann conoció al muftí en la primera mitad de 1942. En las notas de Dieter Wisliceny de 26 de julio de 1946 se lee que este informó personalmente al muftí sobre la Solución Final: «Después de la llegada del muftí Al-Husseini a Alemania, visitó a Himmler. Poco tiempo después, el Gran Muftí visitó al director de la Sección Judía del Departamento IV de la Gestapo, el Obersturmbannführer Adolf Eichmann, en su oficina de Berlín, 166 Kurfürstenstrasse. Ya no recuerdo la fecha exacta de la visita. Posiblemente fue a finales de 1941 o principios de 1942. Por casualidad, estaba con Eichmann en Berlín unos días después, cuando me contó en detalle sobre esta visita. Eichmann dio una conferencia al Gran Muftí en su Sala de Mapas, donde había recopilado recuentos estadísticos de la población judía de varios países europeos; dio una conferencia detallada sobre la solución de la cuestión judía en Europa. El Gran Muftí, según él, quedó muy impresionado y le dijo a Eichmann que ya le había preguntado a Himmler y que de hecho había obtenido el consentimiento de Himmler en este punto, que un representante de Eichmann debería venir a Jerusalén como su asesor personal cuando él, el Gran Muftí, volvería después de la victoria de las potencias del Eje. En esa conversación, Eichmann me preguntó si no estaba dispuesto a ocupar el cargo. Pero rechacé en principio tales aventuras orientales. Eichmann quedó muy impresionado por la personalidad del Gran Muftí. Me dijo repetidamente, tanto en ese momento como en una ocasión posterior, que el muftí le había causado una impresión poderosa, y también a Himmler, y que tenía una influencia reconocida en los asuntos árabe-judíos. Que yo sepa, Eichmann veía al muftí de vez en cuando y hablaba con él».

El Fiscal General de Israel, Gideon Hausner, también demostró los vínculos del muftí con Eichmann en su libro Justicia en Jerusalén: «A principios de 1942, Eichmann lo recibió a él y a su séquito en la sede del departamento y les dio una conferencia sobre la Solución Final en Europa. El ex muftí quedó tan impresionado, que inmediatamente le pidió a Himmler que designara a alguien del equipo de Eichmann para que fuera su “asesor personal” para “resolver finalmente” el problema judío también en Palestina, una vez que el ex muftí fue reinstalado en su oficina por el Eje victorioso. Eichmann acogió con agrado la oferta. (…) Los lazos personales entre los dos continuaron a través del sobrino del muftí, quien más tarde llamó a Eichmann en su oficina». El fiscal preguntó a Eichmann si recordaba la propuesta que se había hecho para que Wisliceny se convirtiera en asesor del muftí, ese respondió: «No recuerdo eso, pero estoy seguro de que eso necesariamente habría sucedido. Puedo decir eso con seguridad. Pero no recuerdo eso».

De los documentos nazis intervenidos después de la guerra y analizados por el escritor y periodista Maurice Pearlman en su detallado trabajo sobre Husseini, resulta que: «en varias etapas de la guerra, y en particular hacia el final, los oficiales (nazis) a cargo de los asuntos judíos (es decir, del exterminio) estaban conformes, a cambio de dinero, con desviar a los judíos que iban a los campos de concentración. En los últimos días de la guerra incluso pensaban permitir que los niños fueran hacia Palestina en barcos “ilegales”. Pero cada vez el ex muftí, amenazando que delataría a los responsables a Hitler si se escapaba algún judío a Palestina, insistió que fueran todos a los campos de concentración. Ninguno escapó». Ello fue corroborado por Steiner, quien afirmó que en una ocasión, cuando Wisliceny y Eichmann quisieron negociar con algunos judíos que querían pagar para enviar a unos niños al campo de concentración de Teresienstadt y de ahí a Palestina, Husseini se enteró y se negó rotundamente, enviando cartas a varias autoridades nazi, que posteriormente fueron presentadas como pruebas en el juicio de Eichmann, e insistiendo que los enviaran a Polonia; es decir, a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

También se guardan las cartas que Husseini, presentándose como alto diplomático, envió a los gobiernos de Hungría, Rumania, Bulgaria e Italia, solicitando que no dejasen escapar a un solo judío. (Transcripción, Sesión 63 op cit.). A ello se añade un extenso registro fotográfico delatando las actividades del muftí a servicio de Hitler, y de especial relevancia son las que delatan su actividad en la ex Yugoslavia que he mencionado anteriormente. Husseini participó también en debates de alto nivel con los nazis sobre el esfuerzo bélico alemán en el Oriente Medio y sus planes para el exterminio de los judíos de Palestina y, «de no ser por Hajj Amín al Husseini, la matanza no hubiera sido tan extendida y cientos de miles de judíos quizá se habrían salvado», según Maurice Pearlman.

Cuando acabó la guerra, a petición del gobierno yugoslavo y en base a las abrumadoras pruebas presentadas, en el Parlamento británico hubo una presión sostenida para enjuiciar a Husseini por crímenes de guerra y contra la humanidad, pero los gobiernos británico y francés, que tenían a Husseini bajo su custodia, lo dejaron escapar a Egipto. Posteriormente, un artículo publicado en 1947 por la revista The Nature, explicaba que todo ello había hecho que Husseini tuviera una excelente reputación en el mundo árabe musulmán. En 1996, el historiador Rafael Medoff comentaba que «los primeros trabajos académicos sobre el muftí, como el de Maurice Pearlman o el de Joseph Schechtman, si bien obstaculizados por la inaccesibilidad de algunos documentos clave, por lo menos lograron comunicar los hechos básicos de la carrera del muftí como colaborador nazi. Uno hubiera pensado que la siguiente generación de historiadores, con mayor acceso a los materiales de archivo relevantes (sin mencionar la perspectiva histórica más amplia que se obtiene con el paso del tiempo) hubiera podido mejorar el trabajo de sus predecesores. En vez de eso, sin embargo, los historiadores actuales del conflicto árabe-israelí han minimizado o inclusive justificado las actividades nazis del muftí».

Francisco Gil-White aclaró que «el trabajo de Pearlman es de 1947 y el de Schechtman de 1967. Desde entonces ha imperado un silencio casi total sobre el muftí. (…) Medoff, escribiendo en 1996, no cita un solo trabajo académico anterior a 1990 que mencione a Husseini. Y los publicados entre los años 1990-96, o no dicen absolutamente nada sobre la participación nazi de Husseini, o relegan eso a un “resumen” de un párrafo, a veces una frase, que deja casi todo fuera. Algunos autores inclusive afirman—de pasada—que las actividades nazis de Husseini fueron imaginadas por los “propagandistas sionistas”».

Saludo nazi de las organizaciones terroristas palestinas Hamas y Fatah

                  • CONTINUARÁ –

 

 

La situación crítica de los cristianos en el mundo islámico y en los territorios palestinos

«Desde la época de las catacumbas, nunca había habido, hasta nuestros días, un intento tan masivo, organizado e impune de acabar con las comunidades cristianas. (…) La persecución que sufren hoy en día los cristianos en muchas partes del mundo es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia» (Papa Francisco)

«¿Alguien oye nuestro grito? ¿Cuántas atrocidades tendremos que soportar antes de que alguien acuda en nuestra ayuda?» (Fouad Twal, patriarca católico emérito de Jerusalén)

«A menudo se olvida que los cristianos somos el grupo humano más perseguido en el mundo» (Renato Raffaele Martino, cardenal, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y ex observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas

«Más de 300 personas son asesinadas cada día en el mundo por su fe cristiana, y cada mes se destruyen unas 200 iglesias alrededor del mundo» (The Washington Times, julio de 2017)

«El islam político actúa y perpetúa leyes anticristianas de manera normalizada, sistemática e integral, y lo hace amparado por la legalidad internacional» (Pilar Rahola, en su libro S.O.S. Cristianos)

«Con los “infieles” no hay dialogo, ni negociación, ni pacto; solo conquista y victoria.» (Abdullah Yusuf Azzam, ideólogo palestino de la yihad global)

«El terrorismo es un deber; el asesinato, una norma. Toda la juventud musulmana debería convertirse en yihadista» (Mustafa Setmarian, discurso pronunciado en el campo de entrenamiento de Al-Ghuraba, de Afganistan)

«La yihad significa lucha. Debes luchar allí donde puedes hacerlo. Cuando se nombra la yihad en el Libro Sagrado, se habla de la obligación de luchar. La yihad no debe ser abandonada hasta que Alá sea el único dios adorado. La yihad continua hasta que la palabra de Alá se eleve por encima de todo. (…) La yihad es la vía para llegar a la gloria eterna. (…) Tiene más mérito a los ojos de Alá una hora de yihad que setenta años de plegaria» (Abdullah Yusuf Azzam, gran ideólogo palestino de la yihad global, militante de los Hermanos Musulmanes, fundador de las organizaciones terroristas Al-Qaeda y Cachemira Lashkar-e-Tiba, mentor de Obama Bin Laden, autor de múltiples atentados en el Sureste asiático con centenares de muertos, ideólogo que popularizó la idea de la yihad global y volvió a recordar la idea de reconquista de al-Ándaluz, o sea, de España, y autor de los libros Join the Caravan y The Defence of Muslim Lands, que son textos de cabecera de los islamistas radicales de todo el mundo y se recitan en todas las mezquitas y madrazas)

«El único Estado, el único lugar de todo Oriente Medio donde los cristianos podemos sentirnos seguros, esperanzados, con futuro, con todas las oportunidades, como seres humanos normales, es Israel. Tenemos protección, es bueno vivir aquí, es muy fácil, hay diferentes culturas, una gran mezcla, es una democracia. Israel es el país más seguro del mundo. Por eso creo que, en los próximos años, todos los cristianos orientales querrán instalarse aquí, para crecer; es la única parte de la región donde nuestras iglesias no han sido destruidas, el único lugar de Oriente Medio. Y es el único lugar donde podemos ir a la iglesia y rezar sin poner en peligro nuestras vidas. Y donde podemos construir todas las iglesias que queramos. (…) En Israel no hay violencia, ni represión por cuestiones de fe, ni dificultades para practicar el cristianismo» (Elias Zirene, activista cristiano israelí en una entrevista acordada a la periodista Pilar Rahola)

El saludo nazi que practican los islamistas de hoy en día en los territorios palestinos y el resto del mundo

Si alguien quiere comprender un asunto del que no tiene muchos datos, o son contradictorios, lo mejor que puede hacer es analizar sus efectos. En este caso, quien quiere comprender lo que es el islamismo, lo podrá hacer analizando el conflicto árabe-israelí, o palestino-israelí, que son lo mismo prácticamente. También lo podrá hacer analizando la situación de los cristianos u otras religiones en los países islámicos.

En el verano de 2014, el papa Francisco declaró en una entrevista concedida al periódico La Vanguardia que, desde la época de las catacumbas, nunca había habido, hasta nuestros días, un intento tan masivo, organizado e impune de acabar con las comunidades cristianas, y que la persecución que sufren hoy en día los cristianos en muchas partes del mundo es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia. Por poner un ejemplo, los fieles de la Iglesia Ortodoxa Siríaca, que tiene una antigüedad que data del primer siglo de nuestra era, contaban con unos 500 000 feligreses a comienzos del siglo XX en la parte turca de Kurdistán; hoy en día se calcula que no superan 2000. «¿Alguien oye nuestro grito? ¿Cuántas atrocidades tendremos que soportar antes de que alguien acuda en nuestra ayuda?», lanzó un desesperado grito a la comunidad cristiana Fouad Twal, patriarca católico emérito de Jerusalén en mayo de 2006; mientras que el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y ex observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, dijo que «a menudo se olvida que los cristianos somos el grupo humano más perseguido en el mundo».

Y es que, según las estadísticas publicadas en un artículo de The Washington Times en julio de 2017, más de 300 personas son asesinadas cada día en el mundo por su fe cristiana, y cada mes se destruyen unas 200 iglesias alrededor del mundo. El mismo artículo mencionaba que, según el Departamento de Estado norteamericano, sesenta países miembros de la ONU practican o fomentan la discriminación religiosa. La progresión de los atentados contra los cristianos ha aumentado a 309% desde el año 2003 a 2011, según los datos facilitados por Global Terrorism Database (GTD) del National Consortium for the Study of Terrorrism and Responses to Terrorism (START).

Los territorios donde más se perpetran tales atrocidades fueron publicados por Open Doors, una organización que lucha contra la discriminación religiosa a nivel global de hace sesenta años, en su informe World Watch List. Los datos que proporciona son los más fiables posibles, ya que la labor de la organización es auditada de forma independiente por el International Institute for Religious Freedom, y son estremecedores:

  • 215 millones de cristianos, que representan uno de cada doce que hay en el mundo, repartidos en 50 países, sufren un altísimo nivel de persecución;
  • En 21 de esos 50 países, el 100% de los cristianos es gravemente perseguido.
  • Una cuarta parte de los países donde más represión contra los cristianos se da son ocho regímenes de Oriente Medio y África del Norte, que son los siguientes: Argelia, Egipto, Irán, Jordania, los Territorios Palestinos, Qatar, Turquía y Emiratos Árabes Unidos;
  • De los 10 países que encabezan el ranking, 9 son regímenes islamistas (aunque el primer lugar lo ocupa Corea del Norte, el único país no musulmán de la lista).
  • Un rasgo común en todos esos países es que la violencia contra los cristianos no consta en incidentes aislados de la población civil, sino que está regulada por leyes estatales.
  • Otro rasgo es que se trata de países donde no se registran conflictos, sino que lo anterior se debe a regímenes políticos que no contemplan el derecho a la libertad de culto.
  • Una conclusión preocupante del informe es que no existe en el mundo ningún país islámico donde los cristianos puedan practicar libremente su fe. «De esta información inapelable y aterradora se llega a una conclusión igualmente aterradora: que el islam político actúa y perpetúa leyes anticristianas de manera normalizada, sistemática e integral, y lo hace amparado por la legalidad internacional. (…) Son los países “amigos”, sólidos aliados de Occidente, miembros privilegiados del concierto de las naciones, a menudo con cargos de relevancia en la ONU, los que han convertido la cristianofobia en un corpus ideológico fundamental dentro de sus sistemas políticos», decía la periodista Pilar Rahola en su libro O.S. cristianos.

Pese a lo anterior, cuando en el año 2000, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos estableció que la sharía (la ley islámica) es incompatible con la democracia y los valores occidentales, la polémica en el mundo musulmán fue inmensa. Y esto con pleno conocimiento de que, en los países regidos por la sharía es imposible practicar la fe cristiana ni siquiera con unas mínimas garantías. En varios países islámicos incluso se ha llegado al absurdo de crear un cuerpo de policía religiosa, como por ejemplo: la Policía Clerical, en Arabia Saudí; la Polisi Polda Syrah Islam en Aceh, Indonesia; la Basij Force en Irán; el Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio en la Franja de Gaza. Un concepto que impacta en este sentido es el hisbah, que se traduce como «responsabilidad» y se refiere a la obligación que tiene todo musulmán a delatar a las autoridades cualquier conducta que incumpla la sharía, sin importar si se trata de un vecino, de un amigo, o incluso de un familiar. La hisbah se considera una obligación divina y quien no la cumple es penado como «pecador»; en otras palabras: que, si uno no denuncia a su hija, por ejemplo, por haber sido infiel a su esposo, o por ser lesbiana, será considerado un delincuente, aunque no haya cometido ningún delito. Es evidente la abismal diferencia entre lo anterior y los códigos penales de los países occidentales donde, generalmente, no existe ninguna obligación de denunciar a un familiar ni tampoco testificar de en su contra.

Pero ello no es todo, ya que los delitos previstos por los códigos penales inspirados en la sharía a veces ni siquiera se podrían considerar delitos en ningún país civilizado, como por ejemplo: la conversión a otra religión, el adulterio, el matrimonio con un no musulmán, la homosexualidad, etcétera. Sin embargo, el castigo para lo anterior puede llegar a ser incluso la muerte, en los países islámicos. Solo por poner un ejemplo de la clase de leyes que existen en algunos países islámicos, citaré dos artículos del Código Penal iraní:

  • Artículo 102: «Para la ejecución de la lapidación, el varón será enterrado en un hoyo hasta la cintura y la mujer hasta el pecho, y después serán apedreados hasta la muerte».
  • Artículo 104: «Las piedras no deberán ser tan grandes como para matar a la persona de una o dos pedradas, ni tan pequeñas que no puedan calificarse de piedras».

A lo anterior hay que añadir que Irán no solo que es el octavo país más peligroso del mundo para los cristianos, sino también uno de los mayores financistas del terrorismo (entre otras, financia las organizaciones terroristas palestinas Hamas y Hezbollah) y también de algunos partidos de izquierda de Europa, Estados Unidos y Venezuela, como lo demostraron el juez norteamericano Andrew McCarthy en su libro The Gran Yihad, how islam and the left sabotaje America, y Emili Blasco en su libro Bumerán Chavez.

En Irán son habituales los casos como el del profesor Hashem Aghajari, un veterano mutilado de la guerra de Irán contra Irak que defendió la necesidad de la existencia de un «protestantismo islámico». Por tal «delito» fue condenado a muerte, aunque posteriormente se le conmutó la pena a prisión. Otro ejemplo es el del pastor cristiano Hossein Soodmand; estas son las palabras de su hija en una entrevista acordada al periódico británico The Telegraph: «Tenía catorce años cuando vinieron a buscarlo. Estuvo encarcelado durante un mes, pero después la policía religiosa lo liberó sin explicaciones y sin disculpas. Estábamos muy contentos. Pensábamos que el peligro había pasado. Pero seis meses más tarde, la policía se lo llevó de nuevo. Esta vez, le dieron a elegir: podía renunciar a su fe cristiana y a la iglesia de la que era pastor, o sería ejecutado. Por supuesto, mi padre se negó a renunciar a su fe. No pudo renunciar a su Dios. Su creencia en Cristo fue su vida, su convicción más profunda. Así que dos semanas después, mi padre fue sacado de la prisión por los guardias y lo ahorcaron. Desde su ejecución en 1990, el acoso a los cristianos no ha parado de crecer. De hecho, esa sentencia de muerte fue la mecha para una severa represión y control de la pequeña comunidad cristiana, que empeoró progresivamente. Los servicios de inteligencia vigilan a los cristianos, las leyes los discriminan y los agreden, y el Gran Ayatolá Jomeini los señaló desde el primer momento, dejando también clara la filosofía del régimen con respecto a los no musulmanes. En sus propias palabras, (…) todos los no musulmanes son impuros. (…) Y a partir de este precepto fundamental, la lógica derivación: los musulmanes no pueden lavar la ropa de los no musulmanes, o comer con ellos, o incluso tocar sus utensilios, porque mancharían su pureza».

Otro ejemplo muy conocido es el de Shanin Najafi, un cantante de rap iraní que vivía en Alemania y era conocido por sus canciones que promovían la tolerancia a los homosexuales, la libertad de culto y contra la pobreza, la explotación infantil y censura. Eso provocó tanta rabia en el ayatolá Naser Makarem-Shirazi, que promulgó una fetua (sentencia basada en la sharía) contra él y abrió una campaña en Facebook impulsando al asesinato del joven, ofreciendo una recompensa de 100 000 dólares, que luego subió a 500 000 dólares (en la web Shia-Online). Otra web, HonareNab.ir, lanzó un juego llamado Dispara a los apostatas, con la cara del contante como diana. Ello obligó al joven a refugiarse en Estados Unidos. En marzo de 2017 participó en un concierto en Israel y posó con el cantante rock israelí Aviv Geffen. Una foto que dio la vuelta al mundo. «Israel es considerado un tabú en Irán y tengo el gran placer de romper ese tabú. Hago esto en nombre del arte, de la libertad y de la democracia. Si los delitos vinculados a la “ofensa de Dios” recaen a menudo en los musulmanes que expresan algún tipo de crítica o de opinión divergente, también es moneda común contra los bahaístas (acosados y perseguidos de forma especial) y contra los seguidores de Cristo», se expresó el cantante.

Los ejemplos podrían seguir e Irán no es el único país islámico donde los cristianos sufren atrocidades como las anteriores. En Arabia Saudita, la situación es la misma. Se trata de un país cuya Constitución son el Corán y la Sunna, y es el único del mundo en cuyo territorio no existe ninguna iglesia, está prohibido cualquier símbolo cristiano, incluidos los cementerios, y se ha llegado al absurdo de prohibir la muñeca Barbie por considerarla una «venenosa amenaza para el islam»; la sustituyeron con la muñeca Fulla, vestida según el rigor islámico, en burka. Es un país donde tener una Biblia en la mano podría suponerte la pena de muerte, y las webs que dan cualquier información sobre el cristianismo y el judaísmo están censurados. En marzo de 2014, un decreto real estableció que los ateos o cualquiera que rebata la ley islámica, o que proteste contra el régimen, son considerados terroristas y sometidos a la ley antiterrorista.

Además, «los estudios religiosos del reino alientan la violencia hacia los demás y animan a los alumnos a creer que, para salvaguardar su propia religión, deben reprimir violentamente o incluso eliminar físicamente al otro», se lee en un informe del Center of Religious Freedom of Freedom House, que delata que los manuales escolares saudíes son un auténtico «currículum de intolerancia». Lo anterior fue denunciado unos cuantos años antes también por el exjuez saudí Sheikh Abd al-’Aziz al-Qassem quien, junto con el periodista Ibrahim al-Sakran, redactó un informe sobre las escuelas de secundaria y los textos de los planes de estudio sobre las tradiciones islámicas, derecho religioso y asuntos de culto. Según Sarah Leah Whitson, directora de Human Rights Watch en Oriente Próximo, estamos ante una persistente cultura del odio: «Ya a partir del primer grado y durante todos los estudios, los alumnos de las escuelas saudíes aprenden el odio hacia todos aquellos que se consideran de una fe o de una escuela de pensamiento diferente».

Pese a lo anterior, en 2015, un año en el que se ejecutaron unas cien personas en el país, la ONU nombró a Faisal bin Hasán Trad como presidente del Consejo de los Derechos Humanos. Dos años más tarde, el 19 de abril de 2017, la misma ONU eligió a Arabia Saudita como miembro de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer para un periodo de cuatro años. Ello hizo que Estados Unidos se retirara de la Comisión mientras en el mandato estuvo el presidente Trump. Recientemente, después de que ganara las elecciones el presidente Biden, el país norteamericano ha vuelto a adherirse al consejo.

En los territorios palestinos las cosas no van mucho mejor, aunque la situación es distinta en Cisjordania, donde gobierna la Autoridad Palestina, que es más laica y tolerante; y en la Franja de Gaza, donde gobierna la organización terrorista Hamás, que ya sabemos que es el brazo largo de Irán, por lo cual imita a su mentor y financista. Aunque, históricamente, los cristianos árabes de Tierra Santa han abrazado la causa palestina, últimamente las cosas están cambiando, lo cual se pone de manifiesto especialmente en Gaza donde, debido al islamismo radical impuesto por Hamas, los cristianos sufren cada vez más discriminación y acoso. El periodista árabe Khaled Abu Toameh se refirió al fenómeno llamándolo la «talibanización de Gaza». Según el experto en inteligencia Jonathan Schanzer, ello se debe a que «Hamás mantiene el control de la población predominantemente sunita de Gaza mediante una combinación de violencia, gobierno autoritario e islamismo. Aplicación estricta de la sharia, tribunales y policía religiosa, detenciones arbitrarias de cientos de personas, ejecuciones masivas, ausencia absoluta de libertad de prensa, adoctrinamiento en el odio a Israel y en el terrorismo».

Un informe de Hudson Institute redactado por el experto en antiterrorismo Matthew Levitt e intitulado La progresiva radicalización de la sociedad palestina, delata la islamización severa y la política de terror que ha empujado a la pequeña comunidad cristiana de Gaza a un ostracismo progresivo. Aunque, en teoría, el derecho de culto está garantizado en la Franja, bajo el control de las leyes islámicas, el extremismo religioso está aumentando sin cesar, y de la misma forma han aumentado las denuncias de los lideres islamistas contra el «exceso de permisividad» con los «infieles» (leer más aquí). Un caso de violencia muy brutal se registró en 2007, cuando Rami Khader Ayyad, el propietario de la única librería cristiana de Gaza, fue secuestrado, torturado y asesinado, y su tienda fue bombardeada. En el mismo año fue asesinado también el gerente de la sociedad Biblia de Gaza, de 30 años de edad, que fue acribillado a tiros después de haber sido acusado de hacer proselitismo cristiano. Desde 2007, la Navidad dejó de ser un periodo festivo en Gaza. «La gente aquí no celebra la Navidad porque está intranquila. Los jóvenes, en especial, tienen miedo», dijo Imad Jelda, un cristiano ortodoxo que dirige un centro de entrenamiento juvenil. Karam Qubrsi, de veintitrés años, contó a The Guardian que un oficial de Hamas lo paró por la calle y le dijo que se quitara el crucifijo que llevaba al cuello. Cuando el joven se negó, el oficial lo amenazó con detenerlo, aunque al final desistió y lo dejó marcharse. El periodista árabe Abu Toameh también delató secuestros y conversiones forzadas en la Franja de Gaza, y aunque las autoridades gazatíes lo niegan, es conocido el caso de Huda Abu Daoud, que fue secuestrada y convertida al islam junto con sus tres hijas.

En Cisjordania, la situación de los cristianos es algo mejor que en Gaza, aunque el radicalismo islámico también está en aumento y con ello, también la violencia anticristiana. Pese a que las autoridades palestinas lo niegan, sí se dan casos de acoso, como por ejemplo el incendio del convento maronita Mar Charbel, de Belén. Sobhy Makoul, diacono del Patriarcado Maronita en Jerusalén, dijo: «Se trata de un incendio doloroso, realizado con astucia, y no un cortocircuito en la instalación eléctrica (como lo justificaron las autoridades palestinas). Es un acto de vandalismo puro, de índole confesional, obra de un grupo o de individuos afiliados al radicalismo islámico». También se registran acosos, como el denunciado por un joven llamado Zirene a la periodista española Pilar Rahola: «Ayer mismo, en Belén y en Bait Jala, jóvenes musulmanes subidos a unos grandes camiones, al estilo del Estado Islámico, destruyeron cuarenta coches de familias cristianas. Hubo dieciocho heridos. Pero la Autoridad Palestina hace caso omiso, como si no hubiera pasado nada. Lo puedes ver en Facebook, pero hacen todo lo posible para que este tipo de cosas no se sepan, por eso se desconocen». A la pregunta de la periodista si la violencia es periódica y estructural, la joven dijo que: «No es diaria, pero está en el ambiente. Se palpa en el aire. Es parte de su ideología. Utilizan a los cristianos de West Bank de dos formas: por un lado, los utilizan para decir al mundo que aquí también hay cristianos, que no solo son palestinos musulmanes (nota mía: ello porque la Autoridad Palestina recibe ingentes cantidades de dinero tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos y otros países cristianos), y los usan para la propaganda; pero, al mismo tiempo, muchos de ellos también tienen un pensamiento radical y les recuerdan continuadamente que no son musulmanes, que son infieles y que no creen en Dios».

Samir Qumsieh, miembro de una familia cristiana de Bait Sahur y propietario de la cadena de televisión cristiana Nativity, denunció reiteradamente las situaciones de acoso que sufren los cristianos en Cisjordania. Debido a ello, ha sido víctima de numerosas amenazas de muerte y ha sufrido agresiones con cocteles molotov. En 2013, Qumsieh alertó del riesgo del extremismo islamista al periódico The Times of Israel, diciendo que «Al-Qaeda ya ha llegado a West Bank». Miembros de la familia de Qumsieh también han recibido amenazas. Así, su primo, que es oficial jubilado del Departamento de Seguridad de la Autoridad Palestina, tuvo que eliminar de su muro Facebook un fragmento de un sermón debido a las amenazas que recibió. Qumsieh también denunció la explosión demográfica de los musulmanes palestinos, que tienen una media de 6-8 hijos por familia, mientras las cristinas solo tienen dos. Como veremos a lo largo de esta serie, la explosión demográfica es una etapa previa, aunque no obligatoria, de la yihad, igual que la hijra, que se refiere a la inmigración masiva, como la que se da de hace varios años en Europa. Un ejemplo en este sentido es lo ocurrido hace pocos meses antes en las Islas Canarias, que sufrieron una tremenda invasión de más de 21 000 personas en poco más de un mes, que llegaron en cayucos desde las costas marroquíes y, ayer mismo, la llegada de otros 5000 emigrantes en las fronteras de Ceuta y Melilla.

La situación es totalmente distinta en Israel, donde conviven pacíficamente y con total libertad de culto todas las familias cristianas, desde maronitas a melquitas, siriacos, coptos, evangélicos, católicos, ortodoxos, etcétera. En una entrevista acordada a la periodista Pilar Rahola, el joven activista Elias Zirene declaró: «Soy cristiano griego-ortodoxo y me siento orgulloso de ser ciudadano israelí. (…) Durante la época del control israelí, en las zonas cristianas, antes de 1998, antes de Oslo, la gente vivía feliz, segura, tenía buenos trabajos, tenía amigos judíos, conectaba con ellos, se visitaban. Cuando querían celebrar las fiestas religiosas, un día iban a Nazaret, pero otros iban a Belén, este era el espíritu. Era una buena situación para los cristianos en todo el territorio, no solo en los lugares sagrados, en todas partes, de norte a sur. Pero después de Oslo, y después del control de la Autoridad Palestina, la situación para los cristianos empeoró mucho. (…) En los últimos diez años, la población cristiana en Israel ha crecido, hay más gente, más personas que están bien, que quieren vivir como sus amigos judíos, que quieren alistarse en el ejército o quieren hacer el servicio militar, y que están orgullosos de formar parte de este Estado. Es un movimiento al alza entre los jóvenes. Más de 1700 se han alistado en el ejército o hacen el servicio militar. El 70 por ciento de los jóvenes piensa como yo, especialmente después de los efectos de las acciones terroristas estilo Estado Islámico. (…) El único Estado, el único lugar de todo Oriente Medio donde los cristianos podemos sentirnos seguros, esperanzados, con futuro, con todas las oportunidades, como seres humanos normales, es Israel. Tenemos protección, es bueno vivir aquí, es muy fácil, hay diferentes culturas, una gran mezcla, es una democracia. Israel es el país más seguro del mundo. Por eso creo que, en los próximos años, todos los cristianos orientales querrán instalarse aquí, para crecer; es la única parte de la región donde nuestras iglesias no han sido destruidas, el único lugar de Oriente Medio. Y es el único lugar donde podemos ir a la iglesia y rezar sin poner en peligro nuestras vidas. Y donde podemos construir todas las iglesias que queramos. (…) En Israel no hay violencia, ni represión por cuestiones de fe, ni dificultades para practicar el cristianismo». Ello ha hecho que numerosos cristianos pidan alistarse en el ejército, que en Israel solo es obligatorio para los judíos, siendo opcional para los cristianos y musulmanes. Por lo que, desde 1996, se ha cambiado la ley para permitir a los soldados cristianos prestar su juramento sobre el Nuevo Testamento.

Conociendo lo anterior, el afán de la izquierda europea de arremeter contra Israel y negarle incluso el derecho a la existencia, de organizar, participar o impulsar boicots como el ilegal y descarado BDS, por ejemplo, llegando incluso al grotesco de organizarlo en campus universitarios o en el campo del arte, de la educación y de la cultura, como veremos a lo largo de esta serie, despierta serias preguntas. Está claro que el islamismo ha sido marxizado – el nexo entre el islamismo y el marxismo queda patente en los trabajos del gran ideólogo socialista Ali Shariati, que estudio en Paris e inspiró al ayatolá iraní Jomeini -, pero aun así, antes de colgarse el pañuelo árabe al cuello y desfilar por las calles europeas, nuestra izquierda debería meditar en las palabras que Mustafa Setmarian pronunció en el campo de entrenamiento de Al-Ghuraba, de Afganistan: «El terrorismo es un deber; el asesinato, una norma. Toda la juventud musulmana debería convertirse en yihadista». Y después, si es que aún les quedan dudas, que mediten también en las palabras de Abdullah Yusuf Azzam, el gran ideólogo palestino de la yihad global, militante de los Hermanos Musulmanes, fundador de las organizaciones terroristas Al-Qaeda y Cachemira Lashkar-e-Tiba, mentor de Obama Bin Laden, autor de múltiples atentados en el Sureste asiático con centenares de muertos, ideólogo que popularizó la idea de la guerra santa global y volvió a recordar la idea de reconquista de al-Ándaluz, o sea, de España, y autor de los libros Join the Caravan y The Defence of Muslim Lands, que son textos de cabecera de los islamistas radicales de todo el mundo y se recitan en todas las mezquitas y madrazas. Según dicho señor, «todo musulmán de la tierra debería preparar su espada y luchar para liberar Palestina. (…) La yihad significa lucha. Debes luchar allí donde puedes hacerlo. Cuando se nombra la yihad en el Libro Sagrado, se habla de la obligación de luchar. La yihad no debe ser abandonada hasta que Alá sea el único dios adorado. La yihad continua hasta que la palabra de Alá se eleve por encima de todo. (…) La yihad es la vía para llegar a la gloria eterna. (…) Tiene más mérito a los ojos de Alá una hora de yihad que setenta años de plegaria». Azzan también se refirió a la necesidad de matar a los no musulmanes «inocentes», o sea, a los niños, mujeres y en general, cualquier indefenso, justificándolo con que son enemigos del islam: «Con los infieles (o sea, cristianos, judíos y otras religiones, y sin importar si son civiles o indefensos) no hay dialogo, ni negociación, ni pacto; solo conquista y victoria».

A la luz de los anteriores, es evidente que la fe cristiana es imposible en un régimen islámico. «El yihadismo es anticristiano – y judeofobo, homófobo, misógino y totalitario – como lo son los principios de la sharía y, en consecuencia, todo el islamismo político; no es casualidad que sea el hijo violento de la ideología que fomenta», dijo Rahola, recalcando que la historia de la yihad siempre ha estado vinculada a la conquista violenta, y que a partir del siglo XX, la mayoría de los ideólogos del islamismo político siempre han sido defensores acérrimos de una interpretación violenta del concepto de yihad.

El termino yihad aparece unas 41 veces en el Corán, pero sería injusto si culpáramos de la violencia del radicalismo islámico al libro sagrado, porque es a partir del siglo XX cuando los ideólogos islamistas empezaron a defender la obligatoriedad de la guerra santa violenta, el primero siendo Hasan al-Banna, el fundador de los Hermanos Musulmanes y colaborador íntimo del muftí de Jerusalén Hajj Amin al-Husseini, el padre del radicalismo palestino, gran amigo de los nazis y coparticipe en la Solución Final de Eichmann durante la Segunda Guerra Mundial, organizador de múltiples pogromos en el mundo arábico e impulsor del nazismo en Medio Oriente. Fue él quien impulsó el actual lema del yihadismo: «Alá es nuestro objetivo, el Profeta nuestro líder, el Corán nuestra Constitución, la yihad nuestro camino y morir por Dios nuestro objetivo supremo».

También tuvo un papel destacado Ab dar-Rahman ibn Nasir as-Sadi, gran estudioso del Corán de nacionalidad saudí y uno de los grandes hermeneutas de la escuela Hanbali, quien dictaminó que el sura 9.123 del Corán solo se puede interpretar como yihad violenta y una obligación santa para cualquier musulmán. El sura dice literalmente: «¡Oh, los que creéis! Combatid a los infieles que tenéis en vuestra vecindad. Y que os encuentren firmes y valientes, y sabed que Dios está con quienes son temerosos». También destaca Sayyd Qutb, el gran ideólogo y líder de los Hermanos Musulmanes, según el que: «La agresión básica de los infieles es la que perpetran en contra de Dios cuando se someten ellos mismos, o someten a los demás, a deidades diferentes a Él. Es esta clase de agresión que todos los musulmanes deben combatir a través de la yihad».

Yusuf al-Qaradawi

Además de los anteriores clásicos, también destacan varias personalidades más recientes como Yusuf al-Qaradawi y Mustafá Setmarian, que ya he mencionado antes, y según los que la guerra santa tiene que estar encaminada a conseguir que todo el planeta se rija por la ley islámica (la sharía), que todos sus habitantes sean musulmanes y que todos vivan como los salfs, es decir, como los primeros seguidores de Mahoma. Otra cosa preocupante es el concepto de Umma, o de la nación o tierra musulmana que, según Said Ramadan, sería: «cada porción de tierra donde haya un musulmán que declare que existe un solo Dios y su profeta», o sea, toda la tierra, porque en todos los países hay como mínimo un musulmán. También se considera umma cualquier mezquita, incluidas las construidas en Occidente, por ejemplo.

Pero lo más grave de todo es que no se trata de un problema solo de nuestros tiempos, sino también de uno futuro, porque millones de niños y jóvenes están siendo educados en una cultura de odio que no admite la convivencia ni la tolerancia, como vimos antes y veremos a lo largo de este libro. En algunos países islámicos, como Arabia Saudita, por ejemplo, ni siquiera se puede ser ciudadano del país sin ser musulmán. Pero Arabia Saudita está entre los principales financiadores no solo del terrorismo a nivel global, sino también de las mezquitas de Europa y de todo el mundo, donde se difunde, preferentemente, la enseñanza wahabista. Luego, tenemos los manuales escolares de los niños palestinos, que son una verdadera vergüenza y que educan en el odio hacia las demás religiones. Pese a ello, son costeadas principalmente por la ONU por medio de su agencia UNRWA, como veremos más adelante, y también por la propia Unión Europea, que solo hace pocos meses y después de incontables denuncias reiteradas por las autoridades israelíes y varias ONG-s, advirtió de que cerraría el grifo de dinero en caso de que la situación no cambie.

«Deberíamos tener una visión de futuro, valor para plantear la cuestión de una nueva civilización, que es la civilización de la convivencia. Es decir, hemos creado un mundo global desde un punto de vista financiero, económico. Global desde el punto de vista de la emigración, más o menos. Pero no hemos construido el espíritu de la globalización, los valores y la civilización. La civilización de convivir todos juntos, ese es el reto del mañana. En determinado momento, todo se vuelve relativo ante esta civilización de la vida en común. (…) Para vivir en un mundo global se necesita más espiritualidad y más cultura. Sin cultura no haremos nada. Hoy en mundo se ha imbuido de simplificación, este es el drama. (…) Y no olvidar, el islamismo empezó destrozando la Biblioteca de Alejandría. El paternalismo con el islam y la concepción perversa de una multiculturalidad que, en realidad, proyecta su buenismo hacia el mundo musulmán, al que no trata con la madurez critica propia del pensamiento libre, sino con un proteccionismo baboso lo justifica todo. Todo lo contrario, en cuanto se levanta una voz crítica para con el islam, salta inmediatamente en coro la corrección política, levantando el dedo acusador de la islamofobia, un sustantivo que se ha convertido, en sí mismo, en la metáfora de la censura moderna», concluía Pilar Rahola su libro S.O.S. cristianos.

El pueblo palestino, un invento del siglo XX de los árabes para justificar su Yihad contra Israel. PARTE 1º: Breve resumen del origen del nombre «Palestina»

«No hay diferencias entre jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Somos todos parte de un mismo pueblo: la nación árabe. Mire, yo tengo parientes con ciudadanía palestina, libanesa, jordana y siria. Nosotros somos un solo pueblo. Solo por razones políticas y tácticas sostenemos la existencia de una identidad palestina. Porque es de interés nacional de los árabes abogar por la existencia de los palestinos como una forma de oponernos al sionismo. Sí, la existencia de una identidad palestina independiente se debe sólo a razones tácticas. El establecimiento de un Estado palestino es una nueva herramienta para continuar la lucha en contra de Israel y a favor de la unidad árabe.

Una entidad palestina independiente requiere luchar por el interés nacional en el remanente de los territorios ocupados. El gobierno jordano no puede hablar en nombre de los palestinos de Israel, Líbano o Siria. Por razones tácticas, Jordania, que es un Estado con fronteras específicas, no puede reclamar Haifa o Yaffo; mientras que, como palestino, yo no dudaría en reclamar Haifa, Yaffo, Jerusalén y Beersheva. Jordania sólo puede hablar por los jordanos y palestinos de Jordania. El Estado palestino estaría legitimado para representar a todos los palestinos del mundo árabe y allende de él. Así, una vez que hayamos recobrado todo derecho en toda Palestina, no dudaríamos siquiera un minuto en unir Palestina y Jordania».

Sahir Muhsein, jefe del departamento de operaciones militares de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) entre 1971 y 1979, en una entrevista a la revista Trouw, en 1977

«No existe tal país. (…) Palestina es un término inventado por los sionistas. Nuestro país fue por siglos parte de Siria».

Auni Bey Abdul-Haiti, líder palestino, hablando delante de la Comisión Peel, en 1937

«No hay en absoluto tal Palestina en la historia árabe».

Philip Hitti, historiador árabe, en 1946

«Usted no representa a Siria más que yo (…), no se olvide, no existe ningún pueblo palestino ni ningún Estado palestino. Sólo existe Siria».

Hafez Assad dirigiéndose a Yasser Arafat

(Las citas de líderes palestinos o árabes que han reconocido abiertamente que el pueblo palestino es un invento de la década de los sesenta del siglo pasado podrían continuar, pero esto se haría interminable. A lo largo de esta serie las presentaré una por una)

Terrorista palestino

Hoy en día, casi todo el mundo cree que el pueblo palestino es un pueblo antiguo, como tantos otros de la tierra. De hecho, incluso sin ser aun propiamente un Estado, Palestina está presente en la ONU y tiene embajadas en varios países. Sin embargo, se trata de un concepto que tiene menos de un siglo y nació en la década de los sesenta del siglo pasado. Por mucho que alguien simpatice con la causa palestina, no puede no admitirlo frente a las pruebas abrumadoras que lo demuestran, de las que algunas presentaré a continuación. Ello no quita que, ya que se han inventado como pueblo y, por consiguiente, quieren tener su propio Estado y derecho de autodeterminación, esté de acuerdo, igual que casi todo el mundo, que se respete su deseo. Pero no en detrimento de otro pueblo, ni menos aún en base a mentiras que se derrumban como un castillo de naipes cuando uno mira lo que hay detrás. Y lo que hay detrás se llama yihad, o radicalismo islámico, como veremos, y está financiado con ingentes cantidades de dinero que provienen no solo del saco sin fondo de petrodólares sauditas o iraníes, sino también del bolsillo de los europeos, ya que la Unión Europea ha aportado y aporta importantes cantidades de dinero a la causa palestina; del bolsillo de los norteamericanos, ya que Estados Unidos también es uno de los grandes financistas de la causa palestina; y, prácticamente, de todos los países con representación en la ONU que, por medio de su agencia UNRWA, es la mayor financista de la causa palestina y la principal responsable de perpetuar durante décadas el conflicto árabe-israelí. Pero la verdad es que, si uno quiere saber lo que es el islamismo radical y hasta dónde puede llegar, lo mejor que puede hacer es analizar la impresionante cantidad de propaganda de desinformación que hay en lo que conocemos como causa palestina.

Por poner un ejemplo, una de las grandes mentiras que se suelen escuchar es que el pueblo palestino tiene una antigüedad milenaria. Sin embargo, los que afirman lo anterior, palestinos incluidos, aun no se han puesto de acuerdo cuán milenaria es y, mientras algunos afirman que se trata de un pueblo que data de antes de la era de Cristo, otros afirman que tiene mil años de antigüedad, o menos. Uno de ellos es Ray McGovern, un exagente de la CIA con pronunciadas tendencias rusófilas e izquierdistas, quien explicó así las raíces del conflicto árabe-israelí: «aquella tierra que fue el hogar de los palestinos durante mil años, les fue arrebatada cuando se creó el Estado de Israel». En realidad, no es que lo dijera, sino más bien que lo gritara, porque lo hizo plantándose delante de la Casa Blanca con un megáfono para pedir medidas más duras para con Israel. Me pregunto por qué toda esa gente que, aparentemente, tiene cierto grado de cultura e inteligencia, no hace lo mismo con Corea del Norte, Arabia Saudita, Irán, Qatar, China, Sudán, y demás casi interminables países donde los derechos humanos brillan por su ausencia, pero sí arremeten como toros ciegos contra la única democracia de Medio Oriente y contra un diminuto país que apenas se ve en el mapa y que es rodeado por vecinos que han declarado abiertamente que lo quieren aniquilar. Está claro que los izquierdistas no pueden arremeter, por ejemplo, contra Arabia Saudita, porque el lobby saudita, mucho más fuerte en Estados Unidos que el tan acusado lobby sionista, que son cuatro gatos, financia gustosamente a la izquierda, y para ello sobra mirar las cuentas de la fundación Clinton, por ejemplo. Y no digo nada de Irán porque necesitaría otro libro. Sin embargo, me choca bastante que McGovern grite a todo pulmón mentiras como la anterior porque «un veterano de 27 años en el servicio clandestino de la CIA», según demostró Boston Globe, se supone que dispone de la suficiente información como para no liarse en asuntos tan simples que desentrañaría incluso mi gato, que en este caso es la antigüedad de unos setenta años del recién inventado pueblo palestino (uso la palabra «inventado» porque es la misma que usó uno de los líderes palestinos que así lo reconoció públicamente, como veremos luego).

A veces las cosas se comprenden mejor si uno empieza su análisis con el final, que es lo que haré a continuación. Y es que, para comprender qué es el islamismo radical y la yihad (en su aspecto violento que le han dado los radicales islámicos, no en su sentido espiritual) tenemos que entender una de sus más claras manifestaciones: la guerra árabe-israelí, o palestino-israelí, que prácticamente es casi lo mismo. Para ello, tenemos que comprender qué hay detrás de la recién creación del pueblo palestino y también conocer por lo menos un poco por encima la historia del pueblo judío. Porque es con ese diminuto pueblo con quien se han ensayado como nunca los islamistas. Y si ese diminuto pueblo cediera, lo siguiente sería Europa y el resto de Occidente, y esto no porque lo digo yo, sino por haberlo dicho varios líderes islamistas e incluso presidentes de Estados islámicos, como veremos más adelante. Comienzo…

Aunque su declaración formal como Estado se produciría unas cuantas décadas más tarde, podríamos decir que la historia moderna del Estado de Israel comenzó al finalizar la Primera Guerra Mundial, en 1918, cuando los imperios alemán y turco fueron derrotados. Consecuencia de ello, los ganadores, que fueron los imperios inglés y francés, se repartieron el botín, en este caso las tierras de Oriente Medio que anteriormente habían pertenecido a los turcos otomanos. El Imperio Británico bautizó su nueva adquisición, que incluía Jerusalén, con el nombre de Palestina, nombre inventado por primera vez por los romanos unos dos mil años antes para borrar de la historia a los rebeldes y revolucionarios judíos, como veremos más adelante. También se comprometió a convertir dicho territorio en una patria para los judíos, debido al justificado clamor del recién nacido movimiento sionista europeo que nació como fruto de la extrema crueldad de los pogromos rusos, polacos y de otras partes de Europa, colmando el vaso el caso Dreyfuss. De hecho, debido a ello, ya habían empezado grandes oleadas de inmigrantes judíos hacia Palestina a finales del siglo XIX y principios del XX, que hartos de ser hostigados y hasta asesinados como ningún otro pueblo de Europa, clamaban por su antigua patria de donde habían sido expulsados por los romanos dos milenios antes. Aunque, como hemos visto en los capítulos anteriores, la emigración judía hacia su tierra ancestral nunca había cesado y ya sabemos que varios papas la prohibieran desde el temprano comienzo del primer milenio de nuestra era.

Sin embargo, el nombre Palestina no tuvo un uso generalizado antes de dárselo los británicos en 1918. Dicho territorio se llamaba tradicionalmente Judea, derivado del reino de Judá, o sea: el país de los judíos. Fue en el siglo II cuando los romanos se inventaron el nombre de Siria-Palestina, en su esfuerzo de borrar de la faz de la tierra al pueblo judío. Y es que, en los siglos I y II de nuestra era, para evitar una revolución en el imperio, los romanos emprendieron una serie de genocidios que, si hiciéramos un cálculo proporcional en función de la densidad de la población de aquellos tiempos, resultaría lo más seguro que asesinaron a más judíos que Hitler. En su libro La historia de los judíos, Paul Johnson lo resume así: «50 fuertes donde los rebeldes resistían fueron destruidos y también 985 ciudades, pueblos y asentamientos agrícolas. Dio Casio dijo que 580 000 judíos murieron peleando y un número incontable murió de hambre, por el fuego y por la espada. Prácticamente toda Judea fue destruida».

La Menorah representando en el Arco de Tito de Roma, desde hace dos milenios, la conquista del Templo judío

Aunque muchos palestinos e islamistas radicales de hoy en día niegan la existencia del pueblo y del Templo judío (otra prueba más de incultura, o peor), su existencia no solo que está demostrada por incontables pruebas arqueológicas, sino incluso por crónicas de testigos presenciales de la época, como el historiador Flavio Josefo, por ejemplo, cuyas obras más importantes fueron La guerra de los judíos, escrita en el año 75 d. C., y Antigüedades judías, escrita en 94 e. C. El historiador presenció personalmente las guerras judeo-romanas y sus relatos son considerados bastante exactos en el ámbito académico, siendo corroborados por los restos arqueológicos encontrados.

Para darnos cuenta de la magnitud del evento, Johnson menciona en su libro a San Jerónimo, quien dijo que, tras la derrota, había tantos esclavos judíos a la venta, que el precio de uno era menor que el de un caballo. El emperador romano Adriano se empeñó en borrar de la faz de la tierra a Jerusalén y la transformó en una polis griega que llamó Aelia Capitolina, convirtió el Templo de Salomón en un templo pagano, y la pobló con griegos, prohibiendo la entrada a la ciudad a los judíos bajo pena de muerte. El mismo emperador rebautizó Judea como Siria-Palestina, para así borrar toda conexión entre los judíos y su tierra ancestral. Como bien matiza Francisco Gil-White, en términos políticos Palestina en realidad quiere decir: «aquí no hay judíos, ni se permiten». Y es que Adriano se inspiró en elegir el nombre de Palestina de los filisteos (en griego Palestina significando «tierra de filisteos»), que habían dejado de existir varios siglos antes, después de ocupar una delgada tira en la costa del Mediterráneo, no mucho mayor que la actual Franja de Gaza. El otro nombre de Siria provenía de Cele Siria, nombre dado por los griegos al reino de Judá y las tierras aledañas. Hoy en día, muchos palestinos intentan inducir en error a los desprevenidos afirmando que son los antiguos filisteos; sin embargo, los filisteos, un pueblo originario de la isla de Creta, dejaron de existir hace más de dos milenios y nunca tuvieron una presencia significativa ni duradera en Judea, sino que eran piratas y fueron conocidos en antigüedad como los Pueblos del Mar, de triste fama debido a su ferocidad. Pero si fuera cierto que los actuales palestinos fueran los descendientes de los antiguos filisteos, sería más correcto que reclamaran la isla de Creta a los griegos (y no Israel), ya que allí se ubican los orígenes de los filisteos, y no en Judea, donde fueron meros ocupantes de Gaza durante un breve lapso de tiempo. Eso sí, es más que extraño que un pueblo árabe tenga orígenes en Grecia (Creta), como igual lo es que su propio nombre comience con la letra “p”, que no existe en el idioma árabe – para cualquiera que cuente con incluso menos dos dedos de frente el mero nombre “palestino” y su etimología lo delata ya todo, pero ya sabemos que no se puede pretender tal logro de los neonazis, radical islamistas, yihadistas, fanáticos de la izquierda o demás que integran las incontables hordas de judeofobos que hay en el mundo.

Sin embargo, aún en el siglo IV, el autor cristiano Epifanio se refería al dicho territorio como «Palestina, es decir, Judea», delatando con ello que sus lectores lo más seguro que no conocían el significado de la palabra Palestina. Pero, «así como no desapareció el nombre de Judea, tampoco abandonaron los judíos su tierra. Un número permaneció obstinadamente allí y muchos otros pronto regresaron a reconstruir su mundo. (…) Es decir que esa tierra nunca dejó de ser tierra de judíos, aunque sufrió ocupación extranjera hasta la formación del moderno Estado de Israel», según se expresó más que correctamente Francisco Gil-White.

Después de la caída del Imperio Romano, el nombre Palestina cayó en desuso y, según el historiador Nathan Weinstock, en el siglo XIX, «el territorio al que correspondía este nombre estaba compuesto, más o menos, de las regiones occidentales de lo que tradicionalmente se denominaba Siria. No tenía fronteras precisas y la verdad es que nadie sabía qué cosa era. La vaguedad de la palabra Palestina en el siglo XIX se ilustra muy bien en el vocabulario de los primeros sionistas, quienes utilizaban las expresiones Siria y Palestina intercambiablemente».

El termino de Palestina apenas fue usado durante el Imperio Otomán que controlaba la zona, por lo cual tampoco existía como una entidad política o como un pueblo. Fueron los británicos los que rebautizaron la zona con dicho nombre después de arrebatarla a los otomanes después de la Primera Guerra Mundial, creando el Mandato Británico de Palestina. Pero «ni siquiera ellos fijaron exactamente su delimitación territorial y su definición final de 1922 se refería a apenas una cuarta parte del territorio que ellos mismos habían definido como Palestina tan solo dos años atrás, en 1920», escribe Gil-White. En 1946, antes de la partición por la ONU del Mandato Británico en un Estado árabe y otro judío, el historiador árabe Filip Hitti dijo al Comité Anglo-Americano de Investigación que: «No hay en la historia ninguna Palestina, en lo absoluto», dejando claro que los británicos se la acababan de inventar.

Aunque, lo más significativo es que los británicos eligiesen el nombre de Palestina siendo conscientes, lo más seguro, de que su significado político era que «aquí no hay judíos ni se permiten» del emperador romano Adriano. Y más si tenemos en cuenta que, pese a su compromiso de crear una patria para los judíos en Palestina, en realidad sabotearon con mucho ímpetu el movimiento sionista, hasta el extremo de devolver a Europa los barcos de refugiados judíos que llegaban a Israel, incluso con niños a bordo, lo cual hizo que muchos cayeran en manos de los nazis y fueran asesinados en los campos de exterminio. Por lo cual, si Palestina nunca existió, entonces tampoco hubo ningún pueblo palestino en Palestina, y menos aún uno con mil años de historia, como clama el ex espía y pregonero de la CIA Ray McGovern por su megáfono delante de la Casa Blanca.

CONTINUARÁ 

Árabe israelí sobre el conflicto palestino-israelí: Me avergüenzo por ser árabe

Fred Maroun

A continuación, cito del comentario de Fred Maroun, un ciudadano árabe (palestino) israelí que, aunque data del 2015, tiene total vigencia en la coyuntura actual:

«Hace tiempo que me resisto a afirmarlo, pero la actual violencia árabe en Jerusalén ha llevado la idiotez de los palestinos más allá de mi capacidad de tolerancia. Ahora necesito decirlo y lo diré públicamente: Me avergüenzo por ser árabe.

Desde el principio, nos hemos negado a aceptar la existencia de un pequeño Estado judío. Luchamos contra ese Estado con uñas y dientes utilizando todo el veneno y el antisemitismo que pudimos reunir. Aislamos y maltratamos a nuestros propios hermanos palestinos para poder utilizarlos como herramientas contra los judíos. No hemos cedido. No hemos mostrado ni una pizca de compasión, humanidad o incluso inteligencia. Hemos hecho de la destrucción del hogar judío nuestra causa principal. Hemos hecho del odio nuestra religión. ¿Cuándo se acabará esta tontería?

Incluso algunos de los árabes que tenemos el privilegio de ser también israelíes no hemos aprendido a comportarnos como personas civilizadas. Acusamos, amenazamos y silenciamos a Mohammad Zoabi, uno de los nuestros, porque se atrevió a profesar el amor a su país y la repulsa a los terroristas. Nos hemos manifestado en apoyo no de nuestro propio Estado, Israel, sino en apoyo de los terroristas que quieren destruirlo.

Los que somos capaces de aceptar a los judíos como los hermanos y hermanas que son, somos pocos y distantes. Puedo contar con los dedos de las manos los árabes honorables que adoptan esa postura públicamente. El resto somos una vergüenza, la plaga de Oriente Medio y una mancha en la humanidad.

Creamos a Hezbolá, Hamás, Al Qaeda, Daesh y decenas de otros grupos terroristas. También creamos generaciones de dictaduras tiránicas en todo Oriente Medio. Algunas de esas dictaduras son lo mejor que podemos mostrar en un mundo que nos ve como sanguijuelas incapaces de construir democracias o incluso economías.

Los árabes que vivimos en Israel, Cisjordania y Gaza habríamos sido deportados hace tiempo si los judíos se hubieran comportado como nosotros. Sin embargo, seguimos presionando y empujando, con la esperanza de doblegarlos. ¿Cuándo dejaremos de revolcarnos en nuestro propio complejo de víctimas mientras los judíos prosperan, y cuándo empezaremos a construir, en lugar de destruir?

Jerusalén pertenece a los judíos no sólo porque es suya por derecho, sino también porque nosotros no merecemos nada. Aquellos de nosotros, los árabes que viven en Israel, Judea, Samaria y Gaza, hace tiempo que habrían sido deportados si los judíos se comportaran como nosotros. Sin embargo, seguimos presionando y presionando, con la esperanza de romperlos.

Los judíos no se doblegarán. No se doblegarán en Jerusalén ni en ningún otro lugar, ya que son mucho mejores que nosotros. Nosotros seguiremos revolcándonos en nuestro propio complejo de víctimas mientras los judíos prosperan, y esto, compañeros árabes, es todo lo que nos merecemos».

 

Si quieren conocer más sobre Fred Maroun, aquí les dejo el enlace a su blog: Fred Maroun, at The Blogs (timesofisrael.com)

El nazi-islamismo palestino/árabe – los actores del conflicto árabe-israelí: la ONU, el Vaticano, Irán, la ultraderecha y algunos segmentos de la izquierda internacional

En breve, ofreceré datos de sobra sobre el conflicto árabe-israelí que, para entenderlo, desde luego que no es suficiente leerse dos artículos, sino estudiar – con ganas, sin prisa y con tiempo – la historia del pueblo judío, la historia de Europa, la del Vaticano y, especialmente, la de la Segunda Guerra Mundial y los entresijos de la ONU. Sin embargo, debido a los acontecimientos presentes, he pensado que adelantarme con una serie conformada por pequeños posts como el presente ayudaría a aclarar las cosas. En la medida de mi tiempo disponible, presentaré poco a poco los muchos datos que he filtrado durante años en mi intento de comprender la historia de la Segunda Guerra Mundial y qué fue lo que hizo posible que tal barbaridad ocurriera en el seno de la civilizada Europa, y también lo que hay detrás del conflicto árabe-israelí que, por muy extraño que pueda parecer, está más que relacionado con el nazismo, siendo, de hecho, su rostro en el mundo musulmán.

Antes de empezar, aclaro que los que piensan que se trata de un mero conflicto entre los israelíes y los palestinos se equivocan; si así fuera, hace décadas que habría terminado, igual que los demás conflictos del mundo. Los que creen que es un conflicto material – una disputa territorial – se equivocan aún más, y la mera lógica lo delata, ya que sobra mirar en el mapa el diminuto territorio de Israel, que es aproximadamente del tamaño de la provincia española de Badajoz, mientras el territorio árabe es decenas de veces más grandes. Si a ello añadimos que por cada judío que hay en el mundo hay más de 500 árabes que lo quieran asesinar, las cosas se aclaran aún más.

No, no es un conflicto territorial, sino uno religioso. Se llama Yihad y se basa en el Corán, según el cual, si una vez un territorio perteneció al islam, siempre será considerado por los musulmanes como parte del waqf, o sea, de su propiedad. Israel no es el único caso de este tipo, hay más, como España, por ejemplo, que los nazi-islamistas (palestinos incluidos) llaman al-Andalus y que ya han advertido de que la quieren de vuelta, igual que los demás territorios europeos que una vez estuvieron bajo el control de los árabes. Los ultraderechistas y los ultraizquierdistas españoles que se manifestaron ayer por las calles de Madrid con la kufiyya al cuello (que es el pañuelo árabe, que no palestino, pero se ve que la cultura general de esa gente no da ni para saber esto), deberían tener lo anterior más que presente, ya que líderes palestinos han declarado públicamente y sin vergüenza alguna que, después de conquistar Israel, conquistarían al-Andalus, luego Europa Occidental, luego al Gran Satán, que es América del Norte, y luego el mundo entero, pues la meta del islam es, según los radicales islamistas, conquistar todo el mundo – de esto hablaré más adelante.

Pero, además de ser un conflicto religioso (Yihad), este peculiar conflicto ha logrado el milagro de unir intereses de los más dispares posibles. Y es que, tirando del hilo – y también siguiendo el rastro del dinero, una técnica de investigación que casi nunca falla -, una constata que aquí se unen actores que en la vida cotidiana son enemigos acérrimos. Algunos de ellos son los siguientes:

  • La ONU que, en realidad, es la principal culpable de la perpetuación de este conflicto, que financia con ingentes cantidades de dinero que vierte en las arcas de la UNRWA, la ONG que – caso único en la historia – ha creado SOLO para los palestinos. Y es que, mientras los millones de refugiados que hay en el mundo son atendidos por ACNUR, que muchas veces cuenta con menos fondos que la UNRWA, para los palestinos, que según las normas internacionales de derecho ni siquiera hay razón alguna para que se llamen refugiados (en otros posts hablaré de ello), se ha creado una agencia especial que, para colmo, se ha demostrado en incontables ocasiones que no solo ha desviado millones de dólares, lo cual delató incluso un informe interno de la agencia, sino que en sus nóminas ha habido (y hay) terroristas (palestinos). O sea, que la ONU tiene y ha tenido en sus nóminas terroristas islamistas e yihadistas. El asunto es largo y en breve daré hartos detalles que demuestran lo anterior sin lugar a dudas, ya aquí no hay espacio suficiente.

  • Irán, que es uno de los mayores patrocinadores del terrorismo en el mundo. Los brazos largos de Irán son:
    • Hamás, la organización terrorista que gobierna en la Franja de Gaza y cuyos orígenes nazis son más que evidentes para quien conoce en lo mínimo la historia de los Hermanos Musulmanes, la madre de todas las organizaciones terroristas islamistas de hoy en día; y la espectacular carrera de Hajj Amin al-Husseini, el siniestro padre del radicalismo palestino de hoy en día y muftí de Jerusalén a principios del siglo pasado, gran amigo y aliado de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial (cuando vivió como huésped de honor en la Alemania nazi), y familiar de Yasser Arafat, el riquísimo líder palestino nombrado por la revista Forbes entre los hombres más ricos del mundo (el terrorismo, igual que la guerra, es un negocio más que rentable) – por cierto, los actuales líderes de Hamás también son más que riquísimos y desde luego que no viven en la Franja de Gaza, sino en lujosas mansiones en países como Qatar – sí, esos que compraron el club de futbol Barcelona y paso siguiente quitaron de las camisetas de los jugadores el símbolo de la cruz, que ni siquiera era la cristiana, pero que aún así dijeron que molestaba a sus allegados, ¡vaya vergüenza!
    • Hezbolá, la organización terrorista que ha hecho que el Líbano se convierta en un Estado fallido o casi (le falta poco), igual que Siria. Y es que todo lo que toca Irán al final se derrumbe, como una clase de fatalidad que persigue a todo lo que tocan los ayatolás iraníes. Por si algún listo me salta con que criminalizo a Irán – lo cual me ha ocurrido en el pasado -, matizo que no soy yo la que criminaliza a nadie, sino ellos mismos. Y es que en Irán la pedofilia es legal (igual que en muchos países musulmanes), una niña pudiendo ser obligada casarse desde los 7 años de edad; en su Código Penal se describen el tamaño de las piedras con las que hay que asesinar a, por ejemplo, las adulteras, a los homosexuales o, para colmo, a las mujeres violadas (y es que, según las leyes iraníes, la culpable de ser violada es la mujer, no el hombre, porque dicen que ella lo ha provocado); se usan niños en guerras – es tristemente famoso el caso de los niños que el gobierno de los ayatolás mandó a pasear por un campo de guerra minado, con unas llaves de plástico al cuello (fabricadas en Taiwan), y diciéndoles que, si explotaban, no pasaría nada, porque llegarían al paraíso. Y la lista se volvería interminable. Por ello no entiendo cómo es que el presidente Biden insiste en negociar con Irán un acuerdo nuclear, pagando a los ayatolás millones de dólares y arriesgando la vida y la seguridad de todo el planeta; será por los jugosos petrodólares iraníes que entran en las cuentas de los demócratas y que documentó tan detalladamente el ex Fiscal General del Estado Andrew McCarthy en su magistral obra The Gran Yihad: how islam and the left sabotage America (La Gran Yihad: cómo el islam y la izquierda sabotean América). En América Latina, la plaga iraní es aún más acuciante que en Norteamérica, especialmente en Venezuela, otro país tocado por la garra mortal iraní que, a estas fechas, e igual que Siria y el Líbano, es un Estado casi fallido – para conocer los trapicheos que el gobierno terrorista de Irán hizo con el gobierno comunista igual de terrorista de Chávez es muy recomendable el libro Bumerán Chavez, de Emili Blasco.
    • La sucia garra iraní también se hizo visible en su estrecha colaboración con los negacionistas del Holocausto (falsamente llamados “revisionistas”, ya que no son más que unos analfabetos históricos desmontados hace tiempo, pero cuyas teorías pululan aún en los canales de la conspiranoia, creando nuevos y nuevos neonazis en las civilizadas sociedades europeas). En este sentido, es más que conocido el caso de Robert Faurisson, un negacionista franco-británico que en 1960 fue arrestado por su membresía a la organización terrorista Organización del Ejército Secreto (OAS) que operaba en Francia y Argelia, recordada por su triste fama debido a la virulencia de sus ataques – solo en 1962 la OAS secuestró a más de 3000 civiles, la mayoría de ellos siendo torturados, asesinados o desaparecidos. Faurrison tenía la misma idea que David Irving, otro negacionista, declarando que Hitler nunca ordenó ni permitió que nadie fuera asesinado por razón de su raza o religión (se ve que no había leído el Mein Kampf de Hitler, ni había escuchado sus discursos, ni tampoco había conocido la propaganda judeofoba de la Alemania nazi). En 2006, Faurisson pronunció un discurso en la Conferencia internacional para revisar la visión global del Holocausto, patrocinada por Irán, y en 2012 le fue otorgado el premio por «coraje» en Teherán, Irán, por el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad (considerado como terrorista incluso por su propio pueblo). Por si alguien aún dudaba de que el nacional-socialismo europeo tiene mucho que ver con el islamismo radical…

  • El Vaticano – Todos los caminos llevan a Roma, o, ¿cómo era eso? El actual papa es de los mejores de hasta ahora, en mi opinión, por lo que, por mi parte, pocas críticas a su persona. Sin embargo, los anteriores, especialmente Pío XII y Ratzinger no solo que se metieron en asuntos que no eran de su incumbencia, sino que incluso llegaron al absurdo de ayudar a miles de nazis a escaparse después de la Segunda Guerra Mundial en la Argentina de Perón (que se forró hospedando nazis) y otros países de América Latina, y también en varios países árabes, donde esos se dedicaron a formar tropas de terroristas y a perpetuar la enferma y asesina ideología del nazismo, que en los países árabes se llama islamismo (radical). Sí, gracias al Vaticano, entre otros, el legado de Hitler se ha perpetuado y, pese a que en un primer momento el nazismo casi desapareció de Europa, siguió y sigue existiendo en el mundo árabe, que lo han traído de vuelta al viejo continente. A lo largo de esta serie daré los datos en que me baso para afirmar lo anterior.

  • La ultraderecha. Aquí supongo que no hay que aclarar mucho las cosas, ya que la colaboración de los neonazis con los terroristas árabes ha sido documentada más que de resobra. No es que se amen, sino que tienen como nexo su odio al “judío” (y a todo lo que significa libertad, democracia y valores humanos). Uno de los casos más claros en este sentido es lo que se conoce como la Operación Entebbe, cuando neonazis alemanes junto con terroristas palestinos (amigos del conocido terrorista internacional El Chacál) secuestraron un avión de Air France pidiendo un rescate millonario. Por suerte, y gracias a la pronta actuación del Mossad, la inteligencia israelí, la operación fue desmantelada y solo hubo una víctima civil y otra militar (el hermano del actual presidente de Israel, Benjamín Netanyahu).

  • Ciertos segmentos de la izquierda. Esto me parece lo más destacable de este conflicto: que ha conseguido juntar los extremos. Los peores extremos: los neonazis y la ultraizquierda. Se ve que no solo el amor une, sino el odio también. El odio y la enfermedad mental llamada antisemitismo – que es una enfermedad mental no lo digo yo, sino los psicólogos que han estudiado esta dolencia que es fruto de dos mil años de propaganda vaticana, y de otro milenio y medio de propaganda coránica.

Hay más actores en este sucio conflicto que ensangrienta el corazón de la tierra, pero es imposible que resuma miles de folios y datos en unas cuantas líneas, por lo que paro aquí, ya que hablaré de todo ello paso a paso. Considero que es muy importante comprender lo que hay detrás de esta guerra porque quien entiende este conflicto entenderá casi toda la historia y las conspiraciones de la historia moderna de Occidente. En este caso pasa lo mismo que con la Segunda Guerra Mundial: quien consigue comprenderla, comprenderá casi toda la historia de dos milenios de Occidente. Pero por hoy, paro aquí.

El lenguaje de la naturaleza y las sincronicidades

En la naturaleza todo habla, si uno sabe entender su lenguaje que, para comprenderlo, hace falta fundir tu ser con ella, volverse una, integrarte en su seno como una brizna de yerba más. No es un lenguaje verbal, sino que usa símbolos, arquetipos impregnados en la memoria de los mundos desde sus comienzos y, para descifrarlo, se tendrá que echar mano a la intuición, al cerebro creativo. Si uno tiene presente siempre la idea de que todo lo que nos rodea es una proyección de su propia mente y, principalmente, de la mente colectiva de la especie humana – ya que por sí solo, aún es muy difícil crear realidades debido a la poca evolución y cantidad de energía de la que dispone el ser humano como individuo -, entenderá por qué la naturaleza responde a nuestras preguntas con una puntualidad muchas veces instantánea.

Werner Heisenberg

Werner Heisenberg

Lo anterior fue probado científicamente, entre otros, por el Premio Nobel de la Física, Werner Heisenberg, que con su Principio de Incertidumbre marcó un antes y un después tanto en la física como en la filosofía, demostrando el importantísimo papel que el ser humano tiene en el nacimiento de la realidad, ya que su mera atención a una partícula subatómica altera su estado, haciendo que lo que antes era onda/energía se transforme en partícula/materia. «Lo que observamos no es la naturaleza en sí misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de cuestionamiento», decía el científico, recalcando que la materia no es estática ni predecible, y que las partículas subatómicas no son «cosas», sino tendencias. En otras palabras, que no tienen una existencia determinada, definitiva, sino que esa depende del observador, o sea, del ser humano, y que el mero hecho de proceder a una medición ya produce el cambio, la alteración y el caos en ese tejido cuántico. Es decir, que el ser humano actúa sobre su contexto y es capaz de crear nuevas realidades.

https://es.wikipedia.org/wiki/Werner_Heisenberg

Para comprender lo anterior, también serviría el libro La trama de la vida: Una nueva perspectiva de los sistemas vivos, del físico académico Fritjof Capra, más conocido por su best-seller El Tao de la Física. En dicho libro, el científico dio un paso gigantesco en la comprensión de los sistemas vivos, proponiendo un novedoso lenguaje para describir las interrelaciones e interdependencias de los fenómenos psicológicos, biológicos, físicos, sociales y culturales, en lo que es «la mejor aproximación contemporánea a una visión unificada de la materia, la muerte y la vida (…) una seductora invitación a redescubrir nuestro lugar en el conjunto del universo», como se expresó el periodista Jordi Pigem. En su libro, Capra reprodujo una visión de conjunto y holística de la vida, demostrando que todo tiene que ver con todo y que hay una evidente interdependencia entre la naturaleza, la mente, el cuerpo, el alma y la vida, usando para ello los aportes de la biología orgánica, el pensamiento sistémico, la física cuántica, la Psicología Gestalt, la psicología transpersonal, la ecología profunda, la ecología social y el ecofeminismo, las neurociencias y la cibernética, entre otras, para elaborar una síntesis completa y comprensible por una mente no científica, de manera coherente.

Fritjof Capra

Fritjof Capra

También demostró una vez más la hipótesis de Gaia ideada por James Lovelock en 1969 como modelo interpretativo sobre la biosfera, demostrando que, en la naturaleza todo está vivo y tiene cierto grado de consciencia. Y si está vivo, se comunica, se relaciona con su entorno y lo modifica constantemente. Una de las claves de la teoría de Capra es el desarrollo de la Teoría de la Simbiosis de Lynn Margulis y Dorion Sagan, en la cual se demostró la responsabilidad del desarrollo biológico no solo por la competitividad y supervivencia del más adecuado, como dictan los postulados del neodarwinismo, sino también por la simbiosis o colaboración entre sí. Y es que, según Capra, «la vida es mucho menos una lucha competitiva por la supervivencia, que el triunfo de la cooperación y de la creatividad», explicando la vida no desde una concepción mecanicista, sino desde una ecológica.

https://es.wikipedia.org/wiki/Fritjof_Capra

Cualquiera puede comprobar lo anterior y, para ello, simplemente podrá preguntar lo que sea a la naturaleza y, con la mente en total relajación, esperar la respuesta. Si su percepción es limpia, al cabo de pocos minutos recibirá la respuesta en la forma que adopta alguna nube, en el vuelo de algún pajarillo, o en lo que fuese, que su intuición sabrá descifrar con precisión si su estado es pulcro, no alterado por la «civilización». No hay que tener ningún don especial ni menos aún ser mago o bruja para ello, sino que esta intercomunicación es habitual en la naturaleza y los antiguos lo sabían perfectamente. También se dan casos más avanzados, cuando el ser humano interactúa de inmediato y con fuerza en la naturaleza, como por ejemplo los chamanes que invocan y producen lluvia en medio de la peor sequía, o la materialización de objetos al instante (como por ejemplo los objetos de oro que materializaba Sai Baba, los milagros de otros cientos de iluminados, e incluso los mencionados en la Biblia).

Danza de Shiva

Al pensar en lo anterior, recordé a un amigo que se extrañó en algunas ocasiones de que en mi mundo todo habla: las nubes, los pájaros, el viento, el río, el mar, los árboles, todo. Pero la verdad es que ello ocurre no solo en mi mundo, sino en EL mundo, en todo el mundo, en toda la naturaleza, en todo el universo, donde todo habla y el dialogo que se da se parece a una clase de música de las esferas que lo llena todo. Una música que compone la partitura por la que baila Shiva, el creador del universo en la mitología hindú, que con su danza crea y destruye mundos en un ciclo eterno que conocemos como vida, existencia. Ese lenguaje se comprende solo estando con el pecho abierto, en fusión total con la naturaleza, cuando ambos se funden como si fueran uno – que, en realidad, lo son. Es un lenguaje que solo se entiende con el alma, desde lo intuitivo, de allí donde nacen los sueños, y cuya sapiencia es absoluta.

Este lenguaje de la naturaleza se relaciona mucho con las sincronicidades, de las que he hablado en otras ocasiones, un asunto que fue explicado magistralmente, desde el punto de vista de la ciencia, por el doctor F. David Peat, físico catedrático de la Universidad Queen´s de Canadá, en su libro Sincronicidad, puente entre mente y materia. Según él, las sincronicidades no son más que «fallos en el tejido de la realidad» que delatan que los procesos del pensamiento están conectados con el mundo físico más de lo que se creía. El termino «sincronicidad» es aporte del psicólogo C.G. Jung, quien lo definió como una coincidencia tan inusual y tan significativa, que difícilmente se podría deber exclusivamente al azar, y que se manifiesta casi siempre durante los periodos de transformación e intensidad emocional aguda, especialmente cuando la revelación que conllevan está a punto de volverse consciente en la mente del sujeto. Jung se dio cuenta de que las sincronicidades nunca ocurren por casualidad, sino que están relacionadas con los procesos psíquicos del individuo que las experimenta.

Y, aunque Jung no conocía en su época que lo que ocurre en la psique puede ocasionar una manifestación en el mundo real, científicos posteriores se tomaron muy en serio su descubrimiento y lo ampliaron. Uno de ellos fue el físico F. David Peat, quien dijo que las sincronicidades no solo que son reales, sino que además constituyen indicios adicionales del orden implicado, siendo una prueba más de que la aparente separación entre la consciencia y la materia es una ilusión. Peat considera que las sincronicidades son grietas temporales en el tejido de la realidad que nos permiten vislumbrar el orden inmenso y unitario que subyace en toda la existencia, revelando la falta de división entre el mundo físico y nuestra realidad psicológica interior. Por otro lado, la escasez de las sincronicidades en nuestras vidas indica hasta qué punto nos hemos separado del campo general de la consciencia y también el grado de aislamiento que tenemos con respecto al potencial infinito de las órdenes más profundas de la mente y realidad. Según Peat, cuando experimentamos una sincronicidad, lo que realmente experimentamos es «la mente humana funcionando por un momento en su orden verdadero y extendiéndose a través de la sociedad y la naturaleza, moviéndose a través de órdenes de creciente sutileza, extendiéndose más allá de la fuente de la mente y la materia hasta la creatividad misma».

David Bohm

David Bohm

A ello se añade la teoría del conocido físico David Bohm, quien recalcó que no hay que hablar de la interacción entre la consciencia y la materia, sino darnos cuenta de que, en realidad, son una y la misma cosa, el observador siendo lo observado. Él consideraba que la consciencia es una forma más sutil de materia y que la base de la relación entre ambas no se halla en nuestro nivel de realidad, sino en las profundidades del campo cuántico (también llamado orden implicado, láttice o totalidad). Bohm dijo que tampoco tiene sentido hablar de cosas vivas y cosas no vivas, ya que las mismas están entretejidas inseparablemente y que incluso una roca está viva en cierto modo, porque la vida y la inteligencia son inherentes a la totalidad que incluye la materia, la energía, el espacio y el tiempo. Ello es casi idéntico a la cosmovisión andina y a la visión de los antiguos chamanes, que consideraban que todo en la naturaleza está vivo, y también encaja con la teoría de Fritjof Capra de la que hablé antes y que demostró que la Tierra es un conjunto vivo y consciente, concepto desarrollado también por la teoría de la noosfera, la consciencia planetaria.

https://es.wikipedia.org/wiki/David_Bohm

El doctor Carl Pribram, neurocirujano y colaborador y amigo de Bohm, dijo que «nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad objetiva, interpretando frecuencias que son, en última instancia, proyecciones de otra dimensión, de un orden más profundo de la existencia que está más allá del tiempo y del espacio. El cerebro es un holograma envuelto en un universo holográfico». Pribram se dio cuenta de que nuestro universo es un enorme mar de ondas y frecuencias y que percibimos la realidad como algo sólido porque nuestros cerebros interpretan la nube holográfica como los objetos materiales que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, según la física actual, todas las zonas del espacio están integradas por distintos campos formados por ondas de longitud variable y cada onda posee una cierta dosis de energía. Pero cuando los físicos calcularon la cantidad mínima de energía que puede tener una onda, se dieron cuenta de que cada centímetro cúbico del espacio vacío contiene más energía que la energía total de toda la materia que existe en el universo conocido, lo cual demuestra la inmensa naturaleza oculta del orden implicado, el inmenso océano de energía en el cual existimos. El universo material que conocemos no está separado de este mar cósmico de energía, sino que es una onda en su superficie y no existe en sí mismo y por sí mismo, sino que es solo una sombra pasajera.

https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_H._Pribram

La actual ciencia estableció que todos los fenómenos físicos conocidos poseen la dualidad onda/partícula, por lo cual podríamos deducir que la consciencia, que al parecer es una forma más sutil de materia, también posee dicha característica. Cuando la consciencia tiene apariencia de partícula, estaría localizada en el interior del cerebro, mientras que cuando tiene aspecto de onda podría causar efectos medibles mediante la influencia remota. Robert G. Jahn, profesor de ciencias aeroespaciales y antiguo asesor de la NASA y del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, pese a no tener ninguna inclinación para los fenómenos paranormales, por casualidad descubrió a través de unos experimentos que realizaba que la mayoría de los seres humanos posee aptitudes psicoquinéticas en mayor o menor grado, siendo la actividad psicoquinética en gran parte del tiempo inconsciente, aunque puede ser aumentada practicando ciertos ejercicios. Y es aquí donde se podrían explicar no solo fenómenos como la telepatía, las sanaciones a distancia, o la visión remota, sino también el lenguaje de la naturaleza, la intercomunicación permanente que existe entre esta y el ser humano, aunque este, debido a su insana forma de vida en medio de urbes contaminadas y superpobladas, ha perdido en gran medida esa capacidad de comunicarse con el todo – lo cual se recupera trabajando el aspecto intuitivo del ser y conectando de nuevo con la naturaleza.

https://en.wikipedia.org/wiki/Robert_G._Jahn

En muchas ocasiones he dicho que la actual ciencia – principalmente la física cuántica y la psicología – es una bella demostración de los antiguos principios de la alquimia. Lo anterior no es más que uno de esos aspectos. La actual física ha demostrado que, prácticamente, nosotros creamos la materia focalizando nuestra atención en el proceso de observación de la realidad. Somos una clase de pequeños dioses que crean constantemente y, de momento, de forma no consciente, la realidad que nos rodea. Ahora toca aprender a construir de forma consciente, una cualidad que solo se adquiere cuando el ser se ha librado del egoísmo y de todos los vicios que en ese nacen, empezando con la envidia y terminando con la separación absoluta y la ruptura de la Totalidad, o Dios en mayúscula, si prefieren llamarlo así.

Sin lodo, no hay loto

Últimamente se me ha dado por escribir sobre el amor. Supongo que lo hice para comprenderlo mejor porque, en mi opinión, es la esencia de la vida, el Alpha y el Omega de la existencia. Lo deshice en casi todas sus facetas, hurgando dentro de mí ser y también fuera, intentando entenderlo lo mejor que pude. No sé si lo he comprendido aún y, de hecho, pienso que en este mundo nadie o muy pocos pueden presumir de comprender el amor. Más bien creo que es un tema abierto que evoluciona a la vez que evolucionamos nosotros, cambiando sus matices y valores en función de los colores que adquirimos cada cual en nuestro camino evolutivo.

Pero a la vez soy sincera. No presumo de ello, porque la verdad es que, en mi vida, ello ha sido más bien un castigo, que un premio. Pero prefiero quedarme así, da menos quebraderos de cabeza que inventarse y luego mantener una mentira. Soy sincera principalmente para conmigo misma; también para con los demás, pero si para con ellos sí admito, cuando las circunstancias lo requieran, eso que llamamos «mentiras piadosas», para conmigo misma ni eso, prefiero la verdad pura, aunque desgarre el alma. Eso porque considero que la mentira es el primer paso hacia el mal y la prueba de ello es este propio mundo, donde la mentira es reina absoluta e incluso se ha llegado al absurdo de llamarla «libertad de expresión» – y así les va.

La combinación de las dos cosas anteriores resultó en que, en este intervalo de poco más de un año durante el que decidí dedicar algunas de mis letras e instantes de vida a este tema llamado «amor», pinté no solo sus rosas, sino también sus espinas, garabateando sus tristezas pasajeras de la misma forma y con el mismo ímpetu con los que dibujé sus bellezas. Podría haberme contentado solo con lo primero, y la verdad es que habría recogido más laureles, porque está claro que la gente prefiere leer algo bonito – y les doy toda la razón, porque comprendo el hambre de belleza que muchos sufren en este mundo donde, muchas veces, los grises ganan demasiado terreno. Pero, si lo hubiera hecho, no habría sido sincera – y yo lo soy -, y tampoco habría ayudado con nada el proceso de aumento de la consciencia, que es el reto de todos y cada uno de nosotros.

Lo digo porque este mundo es dual, un mundo de luces y sombras, y madurar aquí significa ser capaz de afrontar la realidad en todas sus facetas, manteniendo el equilibrio en cualquier circunstancia: en la alegría y en la tristeza; en los momentos de amor y en los de desamor; en la riqueza y en la pobreza. Sin ese equilibrio nunca seremos capaces de trascender, de superar nuestros condicionamientos y los de este mundo. Es fácil mantener el equilibrio en los momentos de bonanza, pero la verdadera maestría se adquiere cuando uno se mantiene ecuánime en medio de la locura, de ese dolor atroz que a veces nos desgarra el pecho, o cuando nos acechan miedos y problemas existenciales tan graves, que pensamos que es un milagro que aún respiramos.

Igual que el maestro Jesús dijo hace dos milenios que no tiene merito alguno el que ama solo a los que lo aman, ya que esto lo puede hacer cualquiera, y que el reto es amar a los que no te aman – o por lo menos perdonarlos -, de la misma forma considero que no tiene merito alguno el que es capaz de mantener el equilibrio solo en los momentos amenos de la vida, sino que el reto es manifestarlo en todo momento e independientemente de las circunstancias exteriores, aprendiendo a extraer el aliento de vida de nuestras propias aguas interiores. En un mundo dual como este, hay que integrar tanto la luz como la oscuridad, comprendiendo que ambas son aspectos de la misma realidad que nos ayudan a percibir de forma completa y plena lo que nos rodea, porque, ¿se puede saber qué es el amor, sin experimentar también el desamor? ¿Se puede saber qué es el calor, sin haber sentido antes el frío? ¿Se puede saber que es el blanco, sin saber qué es el negro?

Trascender las propias sombras y, consecuentemente, las de este mundo, es imprescindible en nuestro devenir, en nuestro camino hacia lo que verdaderamente somos: hijos del Absoluto, células de Dios y pensamientos que crean mundos y vida – porque todos creamos, aunque la mayoría lo hace sin ser consciente de ello aún. Por esto escribí sobre el amor en casi todas sus facetas, bendiciendo de la misma forma y con el mismo empeño tanto al amor como al desamor, porque sé que, sin lodo, no hay loto; que, sin comprender y trascender el dolor, el miedo, la traición, nadie se comprenderá ni trascenderá a sí mismo y su débil condición de carne cuya meta (obligatoria sí o sí) es volverse Espíritu.

Ahora siento que es el tiempo de volver, en breve, a mi primer amor: la investigación. Lo haré de la misma forma, expresando tanto las luces como las sombras de mi objeto de análisis, aunque eso puede hacer que algunos me rompan más platos en la cabeza de las que me gustaría. Pero es lo que hay, soy sincera, odio la mentira, y prefiero platos en la cabeza, que laureles por mentir, o por expresar solo una parte de la verdad. Ha sido un bonito año este de hablar con vosotros sobre el amor, de abrir mi alma muchas veces (una bendita terapia y un excelente ejercicio de apertura de la solitaria que escribe estas líneas, con sus fuertes tendencias hacia la introspección y aislamiento). No descarto seguir haciéndolo, si el tiempo me lo permita y si las ganas me empujan a ello, pero de momento creo que es un capítulo cerrado del que he aprendido lo que tenía que aprender y por lo que doy las gracias y me despido.

Feliz vida y siempre recordar que… Sin lodo, no hay loto.

Antes de tiempo, me voy…

Antes de tiempo, me voy… Porque no puedo ver mermar tu amor – eso me dolería aún más que tu ausencia. Me voy porque quiero recordarte buscando el calor de mi abrazo dormido en las mañanas sin amanecer aún; y antes de querer olvidarme de la triste soledad en dos buscando alivio entre unas sábanas frías y repletas de sueños perdidos. Me voy porque no quiero que me ames como a una madre, cuando yo siempre te quise amante, y antes de que a mi arte, nacido en la pasión de cortesanas y conjuros de brujas, la mate la aburrida santidad de las madres vírgenes de las iglesias de este mundo, tan absurdo, a veces. Me voy antes de que el muro de hielo que se está levantando entre nosotros difumine tu rostro y deforme nuestros sentires – prefiero recordar tu pelo oliendo a perfume, tabaco y almohada sudada, y esa mirada tuya, tan cómplice a veces, que me comprendía aún sin hablar. Me voy antes de que la ausencia de la pasión, tan aburrida e insulsa, sea lo único que llene el vacío de entre nosotros.

Antes de tiempo me voy… Antes de que te vuelvas sordo a mis lágrimas – los dos perdidos en la cansina rutina de vernos despeinados demasiadas veces al día. Me voy mientras aún creas en mí, mientras aún adores a la diosa que habita las entrañas de mi alma, mientras aún añores el desenfreno de nuestras carnes y el recuerdo de mis gemidos aún te estremezca la piel. Me voy antes de que mi rostro de carne y tierra te aburra tanto, que te haga olvidar lo que sentiste y lo que sentí cuando nuestras miradas se recorrieron, hambrientas, por primera vez y se dijeron sin palabras, en una tímida e incrédula sonrisa: «es ella», «es él».

Antes de tiempo me voy… Porque prefiero ser la estrella fugaz que añores en tus noches sin sueño; antes que volverme fría luz que destapa tus misterios, dejándote desnudo delante de mi mirada crítica, siempre en busca de la perfección en un mundo donde nunca la habrá. Me voy porque prefiero que tu ausencia me sea amena compañía, y antes de que me vuelva ausente en tu presencia. Me voy mientras aún quede algo de eso que nos unió, que me hizo amarte y que te hará no olvidarme, y antes de que mi oscuridad te obnubile tanto, que te olvides de mi luz, que creíste eterna y perfecta aun sabiendo que soy de carne, sangre y huesos. Me voy. Antes de tiempo me voy, antes de que la triste rutina y nuestros arrebatos derrumben lo bello que hubo y que ya no podrá haber. Me voy…

 

(Escrito en abril de 2017)

Susurran las aguas del Ebro

– Adonde el viento te lleve… Para a veces, descansa. Ama al bello hombre que cruzará tu camino, amalo como si fuese el único – porque lo es, igual que tú, igual que todos. Luego, camina adonde el viento te lleve, por mucho que duela, porque ya sabes: no hay más opción que fluir, como fluyen mis aguas, o estancarte entre las rejas de una realidad que otros crearon para ti. No temas, porque el tiempo aliviará tu llanto y sanarán tus lágrimas, para después florecer tus senderos. Recorre tu camino sin importarte adónde te lleva porque es tuyo: tú lo construyes con cada paso que das, con cada pensamiento que pienses, con cada emoción que sientas. Nada está escrito, el destino se construye en cada instante y el futuro no es mas que presente y pasado que se manifiestan en otra secuencia temporal y espacial. Adonde el viento te lleve…

        Dolió el presagio susurrado por las aguas del Ebro. Busqué clemencia en los brazos de la Madre:

– Madre, Diosa… Estoy cansada de volver a empezar de nuevo, de construir sueños que luego no habito y esperanzas que se esfuman antes de cumplirse. Tú, Madre, que habitas el No Tiempo y conoces, desde esa Eternidad, los entresijos del juego… Tú, que sientes lo que yo siento, que sufres lo que yo sufro, que amas como yo amo… Tú, que siempre amainaste mi dolor, para luego florecer mi amor, que también son tuyos… dime si volveré a besar las turbias aguas del Ebro, que tantas veces calmaron mi sed y otras tantas helaron mi piel.

– El reto es no saberlo – sentí su aliento que olía a tierra mojada y romero en flor. Así, recorrerás tu camino y construirás tu destino siendo libre, sin condicionamientos y sin expectativas. Lo único que es seguro, y tú ya lo sabes, es que el camino siempre lleva a la meta que cada uno tiene, que lo acerca, para luego fundirlo con el Eterno donde todos nacimos.

       «Fuerte es el que se desapega de lo que le daña, aunque eso es lo que más ama», escuché de lejos el susurro del Ebro.

        Lloró mi mirada, para florecer mi Camino.

 

 

(Escrito en abril de 2017)

El Tao no lucha, pero siempre gana

El Tao no lucha, pero siempre gana. Uno de los secretos para conseguirlo es saber mantener el equilibrio entre el cocrear y el fluir. Porque hay que saber que el cocrear, un noble acto que acerca al ser humano a su naturaleza divina, se puede volver, en ocasiones, contraproductivo, si no se ajusta al interés de la Totalidad que integramos y conformamos todos y cada uno de nosotros, y todo lo que existe en el universo. El orgullo espiritual impulsa a veces a un cocrear que causa problemas en el conjunto que, a su vez, se vuelcan contra el que los originó, ya que la vida es un bumerang que, tarde o temprano, siempre te devuelve lo que emites. Y es que es muy fácil que una célula se equivoque con respecto al bien del conjunto cuando decide cocrear algo que, a primera vista, parecería benéfico para su propio interés, porque desde su posición no tiene la perspectiva del entero conjunto. Pero por muy benéfica que pudiera parecer a alguien una acción para su propio interés, si no lo es también para el conjunto, al final se volverá dañina también para dicho individuo, porque, igual que en el cuerpo humano un dolor en el talón del pie crea molestias a todo el cuerpo porque se resiente en la propia consciencia de uno, de la misma forma, a nivel social, el dolor de una célula humana, que puede ser cualquiera de nosotros, se refleja en todo el cuerpo social, aunque las demás células humanas aún no lo perciban debido a su poca evolución a nivel de consciencia  – que no es ningún pecado, sino una etapa de la evolución que hay que superar y trascender. Por ello, los yoguis, budistas, hindúes y en general los orientales afirman desde siempre que tu bien es mi bien y tu sufrimiento es mi sufrimiento también y el de todos.

Para poder percibir lo anterior hace falta desconectar unos instantes de la Matrix, del maya, este mundo de espejos que conforma nuestra realidad palpable, un mundo material que, en realidad, no existe, sino que es una creación de la consciencia universal que, a su vez, está compuesta por las consciencias de todos nosotros. Es un sueño a escala cósmica que ha generado una clase de fe tan potente, que ha sido capaz de generar este mundo de materia que nos envuelve a todos, pero que no es más que una ilusión que desaparece bajo las lentes de la ciencia. Porque ahora ya sabemos que lo que conocemos como materia no es más que energía condensada que, a su vez, es información condensada. O sea: pensamiento – Todo es Mente. Y ello no es filosofía, sino ciencia, hechos demostrados de forma empírica en nuestros laboratorios. Es el «vacío» de los budistas, «la nada» que ellos afirman que es la esencia de todo, esa dimensión a la que solo una consciencia iluminada puede acceder y que es casi imposible de explicar usando los términos lógicos que componen el pobre lenguaje humano.

Un vacío inteligente, eso sí. Una consciencia que lo envuelve todo, Dios, si queréis llamarlo así. Ese Dios cuyo nombre no se puede pronunciar, como nos dice la Biblia judeo-cristiana, pero no debido a un incomprensible orgullo que lo prohíba, ya que Dios y el ser humano conforman un conjunto inseparable, igual que el cuerpo humano y las células que lo conforman. El nombre de Dios no se puede pronunciar no porque está por encima del ser humano, sino porque no se puede hablar de algo que no se comprende – igual que un ciego nunca podrá explicarte qué es el rojo, porque nunca ha visto los colores. Y es que, para comprender ese nada, ese vacío inteligente que es la fuente de todo, ese Dios hacia el que se dirige la esperanza de todas las religiones, hace falta salirse de la cómoda caja de la lógica, que crea una falsa seguridad de que todo está bajo nuestro control, y percibir el mundo desde la dimensión de lo onírico, manteniéndose quieto por encima de los pensamientos y ruidos de este mundo. Sin embargo, aún cuando se pueda trasladar a la comprensión lógica ese conocimiento adquirido en esa dimensión que se yuxtapone a nuestra realidad material (y en la que esta nace), es casi imposible expresarlo en lenguaje humano. Por ello no se puede nombrar a Dios, no por otras razones, no porque el ser humano es «pecaminoso», ni porque le es inferior – igual que una célula no le es inferior al cuerpo, ya que este no puede existir sin células, que son los elementos que lo componen. Dios se refleja en el ser humano y en toda la existencia, y no tiene sentido ni podría existir sin estos, igual que ellos no podrían existir fuera de Dios – no hay nada fuera de Dios. Es un fenómeno que, para comprenderlo mejor, se tiene que entender qué es y cómo funciona un holograma.

Por ello, muchas veces es preferible fluir, en lugar de cocrear. Dejarse llevar por las corrientes del río de la vida, pero no como una fatalidad, sino desde la Confianza – en mayúscula porque se refiere a esa certeza interior que uno adquiere después de años (o vidas) de contemplación, dándose cuenta de que todo el engranaje cósmico es una maquinaria extremadamente inteligente donde no existe el azar. «Hasta vuestros cabellos están contados», como dice la Biblia judeo-cristiana.

Ahora se comprenderá mejor la primera frase, según la cual el Tao no lucha, pero siempre gana, que es un excelente resumen de lo anterior – y mucho más a lo que no me he referido en este breve post. También se comprenderá mejor que un buen guerrero es el que sabe que el arte de la guerra supone no solo el manejo perfecto de la espada, sino también saber usar la energía de su contrincante, pero para el beneficio del Todo. El buen guerrero sabe que muchas veces hay más posibilidades de ganar una batalla si fluye y se entrega confiado, volviéndose una herramienta de la Totalidad, olvidando sus pequeños intereses o preferencias. Porque el fluir muchas veces da mejor resultado que calcular la respuesta al ataque desde la lógica – y su cocrear, que nace en lo egoico, en lo individual. Es cuando la lucha se transforma en baile, en un acto de creación desde lo superior, desde encima de nuestras diminutas consciencias. Esta es la diferencia entre un buen guerrero y un mercenario: que el primero sabe cuándo luchar cocreando desde su voluntad y ego; y cuándo fluir, permitiendo que sus brazos no sean ya suyos, sino herramientas de la Fuerza cósmica que todo lo genera. De esa forma el guerrero se vuelve Tao, Dios, un iluminado que ha comprendido el profundo significado de: «Hágase Tu voluntad, y no la mía», manteniendo un estado contemplativo incluso en medio de la más cruenta y dolida batalla, que se adquiere cuando uno comprende e integra definitivamente en su ser la consciencia de que todo esto que nos rodea y que llamamos vida no es más que un sueño colectivo de proporciones gigantescas, un pobre reflejo de sombras del verdadero mundo – un concepto expresado de forma muy aclaratoria en la metáfora de la cueva de Platón.

Esa consciencia conduce, a su vez, a la comprensión de la hermandad de la existencia. Pero no esa hermandad humana, donde hay casos cuando en la misma familia nacen ángeles y demonios y donde hermano quiere matar a otro hermano por meros celos y envidias, sino a la hermandad que hay entre las células de un mismo cuerpo, que saben que el dolor de una se refleja y se resiente en todo el cuerpo, y por esto intentan siempre no dañar, a no ser en caso de legítima defensa.

 

Por ello digo: Hágase Tu voluntad, y no la mía, incluso en mis actos cocreativos.

Una bella eternidad…

La brisa me trajo tu perfume, mezclado con olor a lluvia y mar. Me envolvió en un abrazo colmado de añoro que sentí como si fuera tuyo, porque así me solías abrazar tú. Miré las olas nadando suave hacia la orilla, como sí el mar le hiciera el amor a la tierra en una danza salpicada por gotas de sol que reían alegres en los reflejos del agua; como unas niñas que descubren la vida.

De repente, sin darme cuenta, el tiempo pereció; dejó de existir incluso su recuerdo y, en su lugar, sentí paz. Una paz extraña, atemporal, que lo envolvía todo, como las aguas de un lago sin olas ni orillas cuya belleza apagó todos mis apegos a este mundo. Pensé que, por un solo segundo de esa paz, renunciaría sin arrepentirme a una eternidad en la tierra.

Me acordé de ti, tan bello, hace tiempo. Ese momento que duró unos cuantos instantes, cuando un rayo de sol brilló en tu pelo de una forma que nunca olvidaré, entró a formar parte del eterno que siempre nos envuelve y del que somos ondas, como las olas de un mar. Me pregunté si la eternidad acaso es solo una creación nuestra inconsciente, formada por momentos como ese, que se juntan para cumplir el sueño de inmortalidad que siempre fascinó al ser humano.

Me gustaría que estuvieras aquí, callado, a mi lado, contemplando juntos la belleza del mundo. Pensé que, a lo mejor, la única forma de borrar las guerras es recordar a los seres humanos esta belleza que siempre nos rodea, pero que tantos la han olvidado y ya no la ven, aunque está en todas partes. Porque esos momentos que se vuelven eternos cuando contemplamos la belleza del mundo son los que devuelven la inocencia a las almas, y es ese amor que nace en esos instantes, que no tiene objeto alguno, sino que solo corre desde el corazón envolviéndolo todo incondicionalmente y sin juzgar ya nada, el que borra y sana los tantos absurdos de esta afligida humanidad.

Me gustaría que estuvieras aquí, a mi lado, jugando con el mar, con su brisa, las olas, el sol y mis risas, y construir juntos una bella eternidad…

 

 

Imagen de Dimitri Svetsikas en Pixabay

A veces…