Breve historia del pasaporte, certificado de nacimiento y DNI

Es curioso lo corta que es la memoria humana a nivel de sociedad. A base de implementación paulatina y repetición diaria, el ser humano se acostumbra a cualquier cosa. La mayoría de nosotros seguro que piensa que el pasaporte existe desde siempre, pero no es así, todo lo contrario. Su antecesor fue la antigua «charter», una carta real usada en Inglaterra por la cual se permitía a los viajeros del mar acceder a los pueblos del interior, ya que siglos atrás, los puertos se consideraban áreas internacionales donde no hacía falta identificarse. Esta es la razón por la que se llama pasaporte, o pass-port, que en francés significa «pase de puerto».

El uso del pasaporte es muy reciente en nuestra historia, igual que el del documento nacional de identidad. En realidad, en Europa no fue requerido antes de las dos guerras mundiales. Antes, la gente era libre de cruzar las fronteras sin ningún tipo de documento. Pero después de la Primera Guerra Mundial, por motivos de seguridad, la Liga de las Naciones, el organismo que precedió a la actual ONU, estableció ciertas directrices imponiendo el pasaporte a todos los ciudadanos a nivel mundial, a la hora de viajar fuera de sus países. Fue una medida tomada inicialmente de forma temporal, para la seguridad de la migración y en ciertos momentos de la historia, los pasaportes se utilizaron como documentos de acreditación de negocios y de la mercancía transportada. Pero posteriormente se volvieron obligatorios y desde 1980, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), una rama especializada derivada de la ONU, es la que se encarga de estandarizar el documento a nivel internacional. Como curiosidad, el papa, entre otros honores, siempre lleva el pasaporte número 1.

Aún más curiosa es la historia del certificado de nacimiento. Algunos investigadores afirman que la evaluación de un país a la hora de pedir un préstamo se realiza en función de los certificados de nacimiento de sus ciudadanos. Dicho de otra forma: los certificados de nacimiento determinan las expectativas de beneficio de un Estado, de lo que deducimos fácilmente que los ciudadanos son usados como mercancía y los certificados de nacimiento son considerados activos financieros sometidos a la normativa mercantil. Pero la cosa va aún más lejos, porque además de lo anterior, el certificado de nacimiento se considera, de conformidad con la Ley Marítima del Almirantazgo, como un certificado de manifiesto, igual que el que recoge el contenido de un buque y su carga, por consiguiente siendo considerados los ciudadanos un artículo propiedad de la corporación, que en este caso es el Estado, o «recursos humanos», que significa «fuentes de ingresos». La nueva persona es nada más y nada menos que la depositaria de la expectativa de beneficio que repercutirá a favor del Estado, garantizando su deuda.

Imagen de Christian Dorn en Pixabay

Imagen de Christian Dorn en Pixabay

Una prueba de lo anterior podría ser que los certificados de nacimiento están impresos en muchos países en papel moneda o de seguridad, igual que el dinero, los bonos, cheques o pagarés. Por ello algunos consideran que, en realidad, el certificado de nacimiento es la prueba de que su titular es propiedad de los bancos con los que su Estado haya contraído deuda. Si así fuese, estaríamos frente a un verdadero robo de nuestra identidad, habiendo sido convertidos en garantías del Estado para con los bancos y anulados nuestra libertad, nuestros derechos y la dignidad que son consubstanciales a todo ser humano.

Con respecto al documento nacional de identidad, su historia a nivel internacional también es reciente. En concreto, empezó en 1933, cuando Estados Unidos se declaró en quiebra como consecuencia de la crisis económica de 1929 (que fue, en realidad, una estafa perpetrada en base a los mismos patrones que la actual crisis). Antes de esa fecha, otros documentos parecidos a los actuales documentos nacionales de identidad eran usados para identificar a los esclavos negros de Estados Unidos. Pero a partir de 1933, todos los Estados norteamericanos comenzaron a emitir un número de serie, convirtiendo a sus ciudadanos en garantía para con los préstamos y bonos municipales contratados con la Reserva Federal. El anterior modelo pronto fue copiado por los demás países del mundo, convirtiendo a los seres humanos en simples «recursos humanos», o dicho en otras palabras: en bienes o cosas, en fuentes de ingresos del gobierno.

Algunos consideran que el uso de las letras mayúsculas en todos nuestros documentos (documentos de identidad, tarjetas de seguridad social, tarjetas de banco, permisos de conducir, etcétera) es una prueba más de lo anterior. Podría ser, porque según la gramática, la capitalización correcta de los nombres propios es que deben comenzar con letra mayúscula y el resto en minúsculas. Ello hace saber a los demás que somos seres vivos y no una entidad artificial creada por el hombre, como por ejemplo una sociedad mercantil, cuyo nombre se suele escribir enteramente en mayúsculas.

Camino de Libertad 1º, La Bruja del Amor y el Yonqui del Dinero, de Mónica Nita

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: