¿Crisis migratoria, o Yihad?

Cada vez más personas empiezan a pensar que lo que está ocurriendo en Europa en los últimos años y en la paradisiaca isla de Gran Canaria estas últimas semanas no es inmigración, sino que tiene toda la pinta de ser una yihad en toda regla. Soy inmigrante y nunca estaría en contra de la inmigración, sino que mi postura ha sido siempre la integración y la tolerancia, considerando que el cambio intercultural es provechoso tanto para el individuo como para cualquier sociedad libre. Sin embargo, cuando 20 000 personas invaden en poco tiempo una isla tan pequeña (y el gobierno de su país de origen se niega recibirlos de vuelta, o lo hace a cuenta gotas) y el gobierno español deja sueltos por la calle a muchos de ellos sin importarle ni lo que podría derivar de eso ni la pandemia ni nada, hay que empezar a plantearse cosas. De paso, en este caso concreto, me pregunto por qué todos esos miles de hombres, en su mayoría fuertes y jóvenes, se vienen justo a esta isla, y no a Lanzarote, por ejemplo, que está unos cien kilómetros más cerca de África que Gran Canaria. ¿A lo mejor porque aquí se ubica la infraestructura militar más importante del archipiélago?

Me he preguntado muchas veces últimamente a qué se debe el auge de la ultraderecha tanto en España como en Europa. Mirando el panorama político, mi respuesta a esta pregunta es que la causa es la propia izquierda europea que ha hecho, con su mala gestión de la crisis migratoria, que la ultraderecha renazca no solo en España, sino a nivel de la Unión. Por muy buenos y hospitalarios que fuésemos, por muy emigrantes e incluso izquierdistas que fuésemos, no hay comparación alguna entre la emigración normal que desde siempre se ha dado y que muchos europeos practicamos, y la inmigración islámica de nuestros días, no solo a nivel cuantitativo, sino principalmente estructural. Cualquiera se da cuenta que muchos de esos millones de inmigrantes islámicos que han inundado nuestro continente desde la década de los noventa no han venido aquí para integrarse y no lo hacen ni después de generaciones. Entonces, ¿es inmigración, o es otra cosa? La otra parte de la medalla es que en el mundo musulmán tampoco son correspondidas las buenas prácticas europeas de buen trato hacia los inmigrantes de fe musulmana, y uno de los ejemplos más claros en este sentido es que, si yo quiero pasear vestida en mi ropa europea en un país islámico como Irán o Arabia Saudita, por ejemplo, lo más seguro es que me ahorcarían o lapidarían solo por ir en pantalones cortos por la calle, o conducir un coche. Sin embargo, en Europa algunos te tachan de islamófobo e incluso te denuncian solo por decir que el burka es un símbolo de discriminación machista, o te asesinan por hacer alguna broma sobre el Corán. Y eso que en el mundo musulmán incluso hoy en día los cristianos son asesinados solo por su fe (por no hablar de los judíos), y de paso han inundado las redes sociales de nuestro mundo con desinformación al estilo de Goebbels, el ministro de Propaganda nazi (de esto hablaré en otra ocasión), para la delicia de la ultraderecha más radical (en este sentido, la Radio Islam de Suecia es una buen ejemplo de propaganda odiosa nazi-islamista y es destacable que su fundador, un exmilitar marroquí, colaboró provechosamente con el neonazi «revisionista» Ditlieb Felderer)

Esto no es multiculturalismo, sino discriminación machista

Lo que ocurre hoy en Europa y en el mundo me recuerda los años previos a la Segunda Guerra Mundial, de la que hay que responsabilizar no solo a Hitler, sino también al buenismo de los políticos europeos que, en lugar de responder con contundencia a los desmanes de un psicópata, intentaron apaciguarlo, lo cual impulsó el nazismo más que la propia propaganda nazi. Lo mismo ocurre actualmente con el nazi-islamismo que invade Europa (y todo el mundo), una ideología bastante más peligrosa que el nazismo del siglo pasado. De hecho, la amistad entre los neonazis y los islamistas es muy conocida y va desde perpetrar conjuntamente atentados terroristas (por poner unos ejemplos menciono el atentado de los Juegos Olímpicos de Múnich, o el secuestro del avión de Air France llevado a Uganda, perpetrados por neonazis alemanes junto con terroristas palestinos), hasta la propaganda odiosa (en un amplio porcentaje antisemita y anticristiana) que envenena las redes de todo el mundo. En lo último, el gobierno terrorista de Irán ocupa una posición destacada, igual que destacada es su financiación a partidos de ultraizquierda tanto en Europa como en otros países, principalmente algunos suramericanos, y su colaboración con los nazis negacionistas (a los que incluso premia, como por ejemplo a Robert Faurisson).

Muchos analistas consideran que en Europa y Estados Unidos la principal amenaza de nuestros tiempos son las fuerzas sofisticadas del islamismo que están colaborando con la izquierda no solo para socavar la seguridad nacional (la inmigración descontrolada e intensiva siendo una de las vías para ello), sino incluso para destrozar el mismo tejido de las democracias europeas, ya que la democracia es antagónica al islamismo (durante la Segunda Guerra Mundial ello se vio claramente, Hitler siendo ovacionado como un libertador en casi todos los países musulmanes, mientras que hoy en día su libro Mein Kampf es best-seller en varios países árabes).

El siglo pasado fue la extrema derecha la que provocó la peor deflagración de nuestra historia, que fue la Segunda Guerra Mundial. Esperemos que ahora no provoque otra la izquierda europea y las políticas de Joe Biden/Barack Obama (cuyas simpatías islamistas son muy profundas, igual que su amor por el gobierno terrorista de Irán que manda niños por los campos minados con una llave de plástico al cuello, diciéndoles que si explotan llegarán al paraíso). Porque si hace un siglo el resultado fueron 60 millones de muertos, sin contar con los lisiados de por vida y el drama de los millones de sobrevivientes, esta vez podría ser mucho peor, y más si tenemos en cuenta que las pretensiones nucleares de gobiernos como los anteriores son apoyados por buenistas izquierdistas como Biden. Personalmente soy apolítica, aunque con ciertas tendencias hacia la izquierda; sin embargo, la actuación de la izquierda europea y española frente a la avalancha descontrolada de inmigrantes islamistas a Europa me está dejando un gusto aún más amargo del que me suele dejar la ultraderecha y, pese a ser una detractora de partidos como Vox, por ejemplo, sin embargo, cito a una de sus diputadas que, hace pocos días, le dijo a Marlaska que se meta a los inmigrantes en su casa.

Hajj Amin al-Husseini, el Muftí de Jerusalén saludando con el saludo nazi a su legión árabe que luchó en el bando de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial

A continuación recordaré algunas citas de algunos líderes islamistas que tienen mucho que ver con la yihad que muchos ya temen que se está perpetrando actualmente bajo la tapadera de la inmigración. Antes de ello, menciono que la cifra de musulmanes que viven en Europa actualmente, muchos de ellos sin ningún deseo de integrarse en nuestra cultura (lo cual despierta la sana pregunta: ¿entonces por qué se vienen aquí?): más de 50 millones. O sea, más que la población entera de España. De paso, el índice de natalidad de los musulmanes es mucho mayor que el de los europeos. Aquí dejo un corto video al respecto:

https://www.youtube.com/watch?v=U0ApL0Y7b24

Ahora vamos a ver lo que dicen los líderes islámicos sobre este asunto:

El expresidente de Argelia, Huari Bumedian dijo en un famoso discurso pronunciado en 1974 ante la Asamblea de la ONU: «Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria. Al igual que los bárbaros acabaron con el Imperio Romano desde dentro, así los hijos del islam, utilizando el vientre de sus mujeres, colonizarán y someterán a toda Europa.»

Después, Ben Laden, repitiendo el discurso de Huari Bumedian sentenció: «Conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres».

También el imán Al Qadarawi, en 2005 hizo la siguiente declaración: «El islam volverá a Europa como conquistador victorioso tras ser expulsado de ella dos veces, una desde el sur, desde Al Ándalus, y la segunda desde el este, cuando llamó a las puertas de Atenas. Conquistando Europa, el mundo será del islam».

Y el exdictador libio Muammar el Gadafi (un terrorista que algunos alaban en las redes últimamente igual que los neonazis alaban a Hitler) dijo: «Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sobre Europa sin espadas, sin pistolas, sin conquistas. No necesitamos terroristas, no necesitamos suicidas, los más de 50 millones de musulmanes en Europa la convertirán en un continente musulmán en pocas décadas».

Ya más recientemente, el presidente turco Erdogán, que está a punto de detonar un conflicto con Grecia y Europa, dirigiéndose a los emigrantes turcos les dijo: “Sois el futuro de Europa, tened 5 hijos, no 3”.

A continuación, expondré escuetamente en qué consta la peligrosa ideología yihadista que emisoras como la BBC, por ejemplo, intentan endulzar con traducciones manipuladas del Corán, tratando de convencer a los europeos para que acepten lo inadmisible. Un libro muy recomendable en este sentido es ¡Basta!, de la periodista Pilar Rahola, y también The Grand Jihad, de Andrew C. McCarty, ex fiscal federal de Estados Unidos. Este último delata cómo el movimiento islamista global, que implica mucho más que ataques terroristas, encontró en Barack Obama a su socio ideal. El mismo es el caso de Joe Biden, su compañero de partido.

Ciudadanos de Gran Canaria manifestándose contra la inmigración descontrolada

Primero, aclararé que la hijra, o hégira en castellano, es una parte intrínseca de la yihad y se refiere justo a la inmigración masiva ilegal hacia los territorios a conquistar por el islam. Lo cual es un fenómeno cada vez más expandido en nuestro mundo no solo en Europa y Estados Unidos, sino en todas partes, Israel siendo la avanzadilla en esta guerra. Actualmente hay “guerras santas” (yihad) en Tailandia, donde los musulmanes del Sur quieren su propio Estado islámico, y para ello masacran a los budistas sin otra razón que la de ser budistas; está sucediendo en Filipinas bajo el mismo patrón, en Birmania, en el norte de la India, en Bangladesh, etcétera. Si la buenista izquierda europea cree que podrá apaciguar a estos elementos, hay que dejar claro que se equivoca igual que se equivocaron los Aliados antes de la Segunda Guerra Mundial intentando apaciguar a Hitler. E igual se equivoca considerando que los terroristas tienen mas derechos humanos que la propia población. De paso, es inaudible en la historia que un Estado proteja más a los inmigrantes ilegales, que a los propios ciudadanos, lo cual es el caso, por ejemplo, en la crisis migratoria de Gran Canaria, durante la cual inmigrantes ilegales marroquíes en plena fuerza y capacidades son hospedados en hoteles de cinco estrellas, mientras que españoles arruinados por las crisis tras crisis de los últimos años duerman en la calle. Ahora daré algunos datos para aclarar qué es la yihad, con la esperanza que la izquierda despierte antes de que Europa, cuna de civilización a lo largo de la historia, se transforme en Eurabia, y antes de que la ultraderecha suba al poder debido a la migración de los votantes de la izquierda que, hartos de las malas gestiones de esa en el asunto migratorio, cambien de acera y voten a la ultraderecha (que es el caso de España, donde Vox está ganando carrera a todo gas).

El islam, que significa «sumisión a la voluntad de Alá», fue fundado por Mohammed ibn Abdallah, o Mahoma, que nació en 570 en Meca, Arabia Saudita. Mahoma luchó contra la idolatría, prohibió las imágenes e, igual que en el judaísmo, mantuvo el rito de circuncisión y la prohibición de comer carne de cerdo. Mahoma desciende de Cedar, uno de los doce hijos de Ismael, de la tribu de los coreixitas, en su infancia fue pastor y fue criado por su abuelo después de quedarse huérfano. Con 25 años de edad empezó a trabajar en el comercio de caravanas de un rico mercader, con cuya hija contrataría más tarde matrimonio. Debido al trabajo, se desplazaba con frecuencia a Siria y fue en esos viajes que entró en contacto con judíos y cristianos, con quienes hablaba sobre la Biblia y a los que admiraba por su doctrina monoteísta. Profundamente religioso, Mahoma solía retirarse a meditar al monte Hira, en la Meca, y a los 40 años de edad, en el año 610, empezó a predicar su mensaje, muy diferente del concepto politeísta de los árabes de aquellos tiempos, asegurando que recibía sus mensajes del Arcángel Gabriel y que son reproducidos en el Corán, que fue finalizado hacía el año 650. En un primer momento, Mahoma pensó que los mensajes le eran enviados por un demonio, pero fue su esposa la que le convenció de que provenían de un ángel y que no se trataba de alucinaciones, como temía él.

Al principio, Mahoma fue rechazado por los árabes y por ello se refugió a Medina. Allí vivía una comunidad muy importante de judíos que había influenciado al monoteísmo a la población local, por lo que su doctrina fue aceptada y Mahoma fue considerado profeta. Sin embargo, los judíos se negaron a considerarlo como tal y por ello Mahoma los expulsó, confiscó sus propiedades y poco más tarde, en 624, asesinó a todos los hombres judíos y tomó como esclavas a las mujeres. Fue el principio del fuerte antisemitismo y feroz xenofobia del islam, que se mantienen hasta nuestros días. En dicha ciudad, Mahoma se ganaba la vida atacando las caravanas de los árabes enemigos que pasaban por la zona y al final desató una guerra en 620 que duró siete años. El 19 de enero de 630, junto con el ejército que había formado, declaró la yihad y Medina pasó a ser el centro religioso y político del islam, opacando a la Meca.

Mahoma luchó por unificar las tribus árabes, entre las que reinaba la división y eternas guerras, usando para ello el islam como doctrina religiosa y política. Sostenía que la Biblia había sido adulterada por los judíos y cristianos, a los que, si bien en un principio había llamado la gente del Libro, ahora llamaba infieles porque no aceptaban sus enseñanzas y no lo reconocieron como profeta. Desde entonces, el islam afirma que la Biblia judeo-cristiana no es la verdadera revelación de Dios, sino el Corán. Mahoma modificó muchos conceptos de la Biblia y uno de los más controversiales fue el pacto de Dios con Abraham y sus descendientes. Así, a diferencia de la Biblia, en el Corán, el sacrificio de Isaac requerido por Dios de Abraham para probar su fidelidad (Gen. 22:2) es atribuido a Ismael, el hijo que Abraham tuvo con su esclava Agar y que es considerado el padre de los árabes. Lo anterior se celebra en Arabia Saudita como Id-al-Adha. Lo anterior hizo que los musulmanes se consideren a sí mismos como “el pueblo elegido”.

La diferencia más significativa entre el Corán y la Biblia judeo-cristiana es la yihad, que hoy en día es invocado por las hordas de radicales islámicos (Hamás, Hezbolá, los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda, etcétera) de todo el mundo para perpetrar sus actos terroristas en base a suras como las siguientes:

«Matad a los infieles dondequiera que los encontréis» (Sura 2:191)

«Ellos son los que Alá ha maldecido, cuya ira ha caído sobre ellos y los ha hecho monos y cerdos… porque alaban al maligno» (Sura 5:61)

«Los infieles no merecen vivir» (Sura 9:5)

«Matadlos y tratadlos duramente» (a los infieles) (Sura 9:123)

«¡Combatid a los infieles que tengáis cerca! ¡Que os encuentren duros! Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociados (se refiere a los cristianos) donde quiera que los encontréis. ¡Capturadlos! ¡Sitiadlos! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!» (Sura 9:11-123)

«A los que no crean en nuestros signos, arrojaremos al fuego, para que gusten el castigo» (Sura 4:56-57)

«Se recomienda a los creyentes que los infieles son enemigos declarados»

Y la lista podría seguir.

En 632, Mahoma se murió de meningitis en brazos de Aisha, su esposa, con quien había contratado matrimonio teniendo él 50 años de edad, y ella 9 (los matrimonios con niñas eran habituales en el mundo islámico y en algunos países musulmanes se han mantenido hasta hoy en día. Sin ir más lejos, el Ayatollah Khomeini de Irán contrajo matrimonio con una niña de 10 años, cuando él tenía 28 años de edad. En Irán la ley prevé actualmente que las niñas se pueden casar desde los 6 años y los varones desde los 14). Por esas fechas, casi toda la península arábica había aceptado el islam y ganaban por la espada los territorios que iban a conformar su futuro imperio, que en menos de un siglo abarcaría desde España hasta Asia Central.

Lo que una vez fue del islam, siempre será del islam, y los pueblos nativos no tienen derecho a reclamar nada

La creencia de los musulmanes es que todo territorio que haya sido conquistado por el islam es propiedad musulmana para siempre y las poblaciones nativas no tienen más derecho a reclamarlo. Lo cual es un concepto peligroso para cualquier civilización; en base al mismo los españoles, por ejemplo, no podrían reclamar España porque, como una vez fue conquistada por los árabes, es bien musulmán para siempre. Es el mismo caso de Israel y varias regiones europeas que en los mapas islámicas de hoy en día aún aparecen como waqf, o sea, territorio musulmán, aunque actualmente pertenecen a los pueblos autóctonos.

El objetivo de la yihad, que el islam define como camino directo al paraíso, es imponer la Sharia, la ley islámica, en todo el mundo. La yihad se lleva a cabo tanto a través de campañas llamadas intifadas, que cuentan con escuadrones de la muerte y terroristas suicidas que todos conocemos, pero también por medio de la hijra, o sea, la inmigración ilegal masiva. Javier Zaragoza, experto en yihadismo, dijo lo siguiente sobre los yihadistas: «Tienen una preparación psicológica enorme y han sido radicalizados y muy adoctrinados. Son individuos imposibles de recuperar para una vida dentro de la sociedad. (…) Con el terrorismo yihadista, la sensación de amenaza es muy fuerte».

Posiblemente no todos los musulmanes sean adeptos de la yihad, sino que se da especialmente en los ámbitos del extremismo islámico que, según Elena Danta, «obliga a los que considera infieles (o sea, todos los que no son musulmanes) a convertirse al islam o, en su lugar, sufrir el exilio o la decapitación. Practica el lavado de cerebro a las mujeres, exhortándolas a llevar a sus hijos pequeños a estallar con las bombas atadas al cuerpo, o a inmolarse ellas mismas. Obliga a sus seguidores a usar como escudo a sus propios hermanos o aniquilarlos, si pertenecen a una secta contraria. Mientras tanto, sus líderes se distraen en sus refugios, como revelan las escenas mostradas en la Televisión Egipcia el 13 de diciembre de 2014 sobre los líderes de Hamas en un “refugio de cinco estrellas”, continuando en su tarea de instar a otros a sacrificarse. (…) El Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo registró 14 806 ataques terroristas en el 2015, con un porcentaje de 41 ataques por día».

Sin embargo, según Jacques Ellul, la yihad es el pilar ideológico del islam, «es una institución y no un evento. Es decir, es parte del funcionamiento normal del mundo musulmán». Mientras algunos consideran que el término se refiere a una lucha espiritual, bastantes más afirman que es una lucha militar contra los infieles, una guerra santa contra los que no están dispuestos a convertirse al islam. El primer sentido es el que suele darle la mass-media europea, especialmente la BBC, cuya posición contrasta radicalmente con lo que afirma la oficina de propagación del islam de Arabia Saudita, o la propaganda de Hamás, Hezbolá y Al Fatah, entre otras (que reciben fuertes subsidios de la primera y también de Irán). El termino aparece por primera vez en el Corán, que los musulmanes consideran que fue escrito por Mahoma por inspiración divina. Sin embargo, hasta la fecha no se sabe quién escribió realmente el Corán, ya que Mahoma no sabía leer ni escribir, y lo mismo los que le rodeaban.

En la Edad Media, Abū Muhammad ‘Alī ibn Ahmad ibn Sa‘īd ibn Hazm, un gran teórico de la yihad, no se refería a la misma para nada en términos espirituales, sino dejando claro que se trata de una guerra armada. El académico francés Roger Arnaldez escribió sobre el Abú Muhammad y explicó su visión, en la cual el mundo se dividía en dos partes: Dar al Islam y Dar al Harb. Islam significa sumisión, por lo cual, el Dar al Islam significaría La Casa de la Sumisión, donde los infieles se habían sometido ya al islam sea por conversión, sea volviéndose esclavos de los musulmanes. Harb significa guerra, por lo cual, con Dar al Harb significaría la Casa de la Guerra y se refiere a los territorios donde aún gobiernan los infieles y justo allí es donde Abú Muhammad exigía que se llevara la yihad. Abu Muhammad se inspiraba no solamente en el Corán, sino también en los hadices, que son las enseñanzas y anécdotas del profeta Mahoma, y consideraba que todo musulmán tiene que esforzarse permanentemente para expandir el islam, incluso por medio de la fuerza. Según Arnaldez, los escritos de Abú Muhammad son muy significativos y dejan claro la yihad consiste en obedecer en todo al dios reflejado en el Corán y «que además de la guerra en el sentido estricto de la palabra, hay también algo así como una alerta psicológica permanente para la guerra. En esta forma latente, la yihad no debe jamás terminar».

Según la Enciclopedia Británica, «aunque la esclavitud existía en casi todas partes, parece haber sido especialmente importante en el desarrollo de dos de las grandes civilizaciones mundiales, la occidental (incluyendo Grecia y Roma) e islámica». Por lo que, igual que en el Imperio Grecorromano la guerra fue el pilar base de la sociedad y fue alabada hasta casi la edad moderna por sus sucesores, de la misma forma lo es la yihad para los musulmanes.

Abu Muhammad decía que «el musulmán que vive en Dar al Harb y recibe órdenes de ir a la guerra deberá obedecer, a menos que tenga una excusa válida». Pero no es el caso de las minorías musulmanas que viven en tierra de infieles (como por ejemplo Europa), que solo tienen que ir a la yihad cuando comience efectivamente la invasión islámica de dichas tierras. No se trata solo de dar muerte a los infieles, sino que «las corrientes islámicas maliquita y janafita permiten asesinar incluso a todos los animales domésticos de los infieles porque “la guerra debe traer la destrucción del enemigo y todo lo que no consume el invasor musulmán debe ser vuelto inutilizable”», como apunta Gil-White, aunque sobre lo anterior hay debate en el mundo musulmán, y añade, citando a Arnaldez: «No hay prácticamente límites a la violencia contra los infieles. No pueden asesinarse mujeres y niños cuando no forman parte del esfuerzo militar. Pero si se les mata durante un ataque de noche (bayat), o sin haberlo querido durante el combate, no hay crimen. Fuera de estas dos excepciones, puede matarse a cualquier infiel, combatiente o no, mercaderes, sirvientes o trabajadores, viejos, campesinos, obispos, sacerdotes o monjes, ciegos y cojos, sin excepción alguna. (…) Algunos autores citan varios hadices para defender otras excepciones: a los viejos, monjes y mercaderes. Pero Ibn Hazm las rechaza todas y niega que la licencia para matar permita asesinar solo a los combatientes. Para justificar su tesis, recuerda el exterminio que hizo el profeta Mahoma de los hombres de la tribu judía de Banu Qurayza, quienes fueron asesinados todos sin excepción, mientras que las mujeres y los niños fueron vendidos como esclavos». Pero en el islam el yihadista no tiene solo la promesa de ganarse el paraíso, sino también el incentivo de quedarse con el botín de la guerra, por lo que, concluye Gil-White, «no son occidentales “islamófobos” por representar a Mahoma lanzando “guerras santas” contra los infieles; son los propios juristas musulmanes que han reconstruido con cuidado la biografía de su profeta y es esa tradición, la tradición musulmana, la que representa orgullosamente a Mahoma esclavizando inocentes, robando la propiedad de los derrotados, violando a mujeres e inclusive a niñas, y exterminando a tribus enteras».

En nuestros tiempos, las cosas no han mejorado mucho en ciertos ámbitos del islam, como por ejemplo en el mundo sunita, que representa el 87% de los musulmanes y es la religión estatal en Afganistán, Pakistán, Jordania, Kuwait, Yemen, Emiratos Árabes, Egipto, Túnez, Catar, Libia, Turquía y Siria. Los sunitas han ampliado su definición del infiel incluso para otros musulmanes que no coinciden con sus ideas y que, por consiguiente, tienen que ser asesinados igual que los infieles que no se convierten al islamismo. Según la tradición sunita, la revelación de Mahoma es final y no hay más que enseñar.

Sin embargo, en el mundo chiita, que representa el 13% de los musulmanes y es la religión oficial en Irán, Azerbaiyán, Baréin, Irak y Líbano, las cosas han ido para mejor, predicando la hermandad universal y la abolición de la guerra. Desafortunadamente, actualmente en Irán la interpretación dominante de la yihad es la que le dio el Ayatolá Ruhollah Jomeini quien, en un discurso de 1942 intitulado «El islam no es una religión de pacifistas» dijo que: «Quienes no saben nada del islam afirman que el islam aconseja contra la guerra. Son imbéciles. El islam dice: ¡Asesina a todos los infieles igual que ellos te asesinarían a ti! ¿Acaso quiere decir esto que los musulmanes se relajen hasta que sean devorados por los infieles? El islam dice: ¡Mátalos (a los infieles), ensártales la espada y dispérsales (sus ejércitos)! ¿Acaso quiere decir esto que nos relajemos hasta que (los infieles) nos dominen? El islam dice: ¡Mata en servicio de Alá a quienes te quieran matar! ¿Acaso quiere esto decir que nos rindamos al enemigo? El islam dice: ¡Todo lo bueno que existe es gracias a la espada y a la sombra de la espada! ¡La gente no sabe obedecer más que con la espada! ¡La espada es la llave del paraíso y éste no puede ser abierto más que por soldados santos! Hay muchos otros versos (del Corán) y hadices incitando a los musulmanes a que peleen y amen la guerra. ¿Acaso quieren estos decir que el islam es una religión que les prohíbe a los hombres la guerra? A quien su alma imbécil le haga decir semejante cosa, le escupo».

En el mismo sentido se expresó el presidente de Turquía, que algunos llaman con toda la razón «el califa neotomano Erdogan», cuando afirmó públicamente que no hay islam moderado, sino sólo islam: «El llamado islam moderado no existe y es inventado por Occidente para debilitar la fe de los musulmanes. Recientemente el concepto del islam moderado ha recibido mucha atención. Pero este término y concepto se originó en el Occidente. El islam no puede ser moderado o no moderado. El islam solo es uno».

http://alwaght.com/es/News/116650/Erdogan-al-pr%C3%ADncipe-heredero-saud%C3%AD-Islam-moderado-no-existe

Es extraño que Turquía sea miembro de la OTAN, cuando es el caballo de Troya de imperialismo islámico en Europa y Occidente y un financiador muy importante del terrorismo (la financiación de grupos terroristas palestinos como Hamas, chechenos a través de IHH, y su apoyo al Estado Islámico no es nada nuevo).

En el mundo árabe Yihad es nombre de mujer. ¿Es aceptable esto en una sociedad pacífica?

Recientemente, en el perfil Facebook del grupo terrorista palestino Al-Fatah en el Líbano se mostró la fotografía de una madre que colocaba orgullosa el cinturón suicida a su hijo pequeño, demostrando una vez más el profundo e irremediable lavado de cerebro que se practica por esa gente. Y no fue un caso aislado, basta con mirar algunas páginas de Internet para tenerlo todo claro. En 2002, la Fatah de Arafat, que recibió el Premio Nobel de la Paz, creó dentro de la Brigada de Mártires Al Aqsa una unidad especial de mujeres suicidas portadoras de bombas y una joven palestina de 19 años de edad, llamada Ayat Akhras, fue el temazo de las noticias de información cuando decía que su heroína era otra muchacha de 14 años, palestina también, que había explotado una bomba muriendo en el acto tanto ella como la adolescente israelí Rachel Levy.

Manifestación en Francia contra la barbarie del terrorismo yihadista

Hay que saber que estos grupos terroristas compensan jugosamente a las familias de los terroristas, que nadie se engañe, y la familia de un terrorista que, por ejemplo, degolla a un profesor francés por la simple razón de unas caricaturas del Corán, vive holgadamente. Por poner un ejemplo, la organización terrorista palestina Hamas compensa a los familiares de los suicidas con 25 000 dólares o más, en función del número de víctimas causadas, dinero que proviene de fondos que proveen no solamente Arabia Saudita e Irán, entre otros, sino incluso la Unión Europea. O sea, tú, yo y todos los que pagamos impuestos en la Unión Europea, también financiamos el terrorismo yihadista, sin saberlo, y hay países como España, por ejemplo, que consideran que el ala política de Hezbolá no es terrorista, pese a que muchos otros países europeos y del mundo así lo han declarado, parando el grifo a la financiación del terrorismo (es la declaración reciente de Arancha González Laya, nuestra ministra de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, que considera que el ejemplo de Alemania y muchos otros países tanto europeos como del resto del mundo no son dignos de seguir).

https://www.europapress.es/nacional/noticia-israel-pide-gonzalez-laya-declarar-terrorista-hezbola-saluda-espana-prohibida-actividad-bds-20201209202946.html

https://www.lavanguardia.com/internacional/20200501/48857758492/alemania-declara-como-organizacion-terrorista-al-partido-hizbulah.html

La «civilización» que los yihadistas quieren exportar a nivel global no tiene nada que ver ni con la libertad ni con la paz. «El Medio Oriente se desangra a diario con asesinatos grotescos, violaciones, secuestros de mujeres, niñas y niños, con el fin de ser vendidos como esclavos. Abundan infames procedimientos como amputaciones, decapitaciones y crucifixiones, obra funesta que en pleno siglo XXI realizan las organizaciones terroristas (…) cuyo enfoque apunta el asesinar especialmente a los judíos y cristianos». Es un mundo donde las mujeres apenas tienen derechos y donde lo grotesco se llama «asesinato de honor, muy común en el mundo mahometano contra mujeres y también niñas que en la opinión de sus parientes masculinos han “deshonrado” a sus familias. Muchas veces, el simple hecho de que una mujer musulmana exija libertad, o actúe como si la tuviere, representa una “deshonra” que le merece la muerte. Otras veces, actos de violencia contra las mujeres son considerados responsabilidad de la víctima y resultan igualmente en el asesinato de la misma. Por ejemplo, sucede inclusive que “un hombre, como ha sucedido en Jordania y Egipto, viola a su propia hija y luego, cuando se embaraza, la asesina para salvar el “honor” de la familia», apunta Francisco Gil-White.

Otra rama del islam es el wahabismo, que es la religión oficial de Arabia Saudita, una de las grandes potencias petroleras del mundo, que tacha de infieles incluso a la mayoría de los musulmanes y es la ideología de la famosa Hermandad Musulmana de la que surgió la OLP (la Organización para la Liberación de Palestina). El wahabismo ya no habla solo de la yihad, sino de la yihad global, y fue generado a finales del siglo XVIII por Muhammad ibn Abd Wahab. Los fondos para la construcción de las mezquitas de Europa provienen en su gran mayoría de Arabia Saudita, donde el wahabismo (y su visión sobre la yihad global) es la religión de estado.

Una gran revolución en el mundo islámico es la ideología bahaí, cuyo profeta Bahá’u’lláh predicó en Irán en el siglo XIX y que también se rige por las enseñanzas de otro de sus grandes maestros, Bab, quien ungió a Bahá’u’lláh. Ambos reinterpretaron la yihad en el sentido de excluir totalmente la violencia, pero debido a ello, los bahaís han sido perseguidos y asesinados en el mundo musulmán. De los cinco millones de bahaís que hay en el mundo, solo 350 000 viven en Irán, mientras que en países como Egipto, por ejemplo, es ilegal. La comunidad más grande de bahaís, de unos 2,2 millones, reside en la India, y su centro espiritual más importante está en Haifa, en Israel.

Santuario Bahaí en Israel

En Occidente hemos sido advertidos en varias ocasiones del peligro de la yihad por algunas mujeres que han sobrevivido al extremismo islamista y nos han contado, poniendo sus vidas en riesgo, el terror que han vivido. Es el caso de Wafa Sultan o Brigitte Gabriel, entre otras. Un caso especial es el de Ayaan Hirsi Ali, que nació en Somalia y que, de haberse quedado en su país, no habría sido más que una esclava, que es el destino de las mujeres en las sociedades musulmanes radicales. Cuando su familia le escogió un esposo, se huyó a Holanda donde, después de aclimatarse, estudió ciencias políticas y tiempo más tarde fue electa como diputada en el Parlamento holandés. También se dedicó a escribir y avisó al mundo occidental sobre los peligros del islam y de su vulnerabilidad frente al mismo. Debido a ello, se convirtió en el blanco de una multitud de inmigrantes musulmanes de Holanda que se empeñaban en asesinarla. Hasta la fecha no lo han conseguido, pero sí han asesinado a su amigo, Theo van Gogh, con quien Hirsi Ali había hecho una película sobre la violencia que sufren las mujeres musulmanas inclusive en Holanda. El asesinato se perpetró en Ámsterdam, una de las capitales más liberales, seguras y bonitas de Europa, y el asesino le clavo al cadáver una carta para Hirsi con el mensaje: «Sigues tú». Por su seguridad, Hirsi se refugió a Estados Unidos.

Ayaan Hirsi Ali

Pero, ¿cómo es la vida de los infieles en el mundo islámico? Para saberlo, habrá que entender el concepto de dhimmitud. Nos enteramos en qué consiste en dhimmi del mismo Corán: no puede portar armas; en general no tiene derecho de propiedad; no puede construir casas de culto nuevas ni restaurar las viejas; no puede atestiguar en las cortes; debe vestir ropas especiales que avisen de su estatus desde lejos (como la estrella de David que los judíos estaban obligados a llevar durante el régimen nazi y que fue una práctica que el cristianismo prestó del mundo islámico y luego lo aplicaron los nazis también); su casa no puede ser más alta que las musulmanas, por muy bajas que sean estas últimas; no puede montar un caballo o mula elegante; no puede caminar del lado bueno del camino; debe permanecer callado siempre que sea prudente. Para el musulmán que asesinara a otro habría condena de muerte, pero si asesinaba a un judío o a un cristiano habría que hacer nada más un pago a la familia, y eso en raras ocasiones porque era preciso que dos musulmanes atestiguaran en contra del asesino a favor del infiel.

A menudo las restricciones eran más severas y para ello sobra con leerse el tratado Relámpagos Contra los Judíos de Al Majlisi, cuyos leyes sobre los dhimmis tratan a los judíos «como si estuvieran hechos enteramente de una sustancia ajena e inmunda» escribe Gil-White, quien también cita la crónica del armenio Ghevond, del siglo VIII, que describe la situación atroz de los dhimmis cristianos en Armenia bajo la dinastía Abasí: «Uno veía escenas horribles de todo tipo de tortura. Y no se les olvidaba cobrarles impuesto a los muertos. La multitud de huérfanos y viudas sufría la misma crueldad; sacerdotes y misioneros en el santo recinto fueron forzados por castigos infames a latigazos a confesar los nombres de sus parientes muertos y de sus padres. En breve, la población entera del país, acosada con enormes impuestos y después de haber pagado enormes cantidades de zuze (monedas de plata), tenía también que colgarse al cuello un sello de plomo. En cuanto a las clases bajas, se les exponía a otros tipos de tortura: algunos eran flagelados por no poder pagar estos impuestos exorbitantes; otros eran colgados en público, o aplastados con máquinas; y otros eran desnudados y aventados en lagos en medio del crudo invierno y los soldados se apostaban alrededor para prevenir que salieran y así asegurar que murieran una muerte infame».

También nos enteramos de cuál fue el trato de los dhimmis analizando el reciente genocidio de los cristianos armenios cometido por los turcos otomanes y que es «el genocidio olvidado del siglo XX», durante el cual fueron asesinados aproximadamente un millón de personas. Christopher Simpson dijo que, al terminar la Primera Guerra Mundial, la mayor parte de los responsables del genocidio se refugió en Alemania, donde recibieron asilo. Ello fue corroborado por Andrew Bostom, quien demostró que, previo a la invasión de Polonia, «Hitler apremiaba a sus comandantes militares con la imperativa de lidiar una campaña brutal, sin tregua, y alcanzar una victoria rápida. (…) En una referencia explícita a los armenios, Hitler preguntó: “¿Quién después de todo habla hoy de la destrucción de los armenios?”. Hitler justificó que hubieran sido aniquilados (y que el genocidio fuese olvidado) como un aceptable nuevo orden mundial, porque “El mundo cree solamente en el éxito”».

Charles de Foucauld

También son relevantes el testimonio de Charles de Foucauld sobre la salvaje opresión de los judíos marroquíes y las pruebas de Arnold Blumberg sobre el trato de los cristianos y los judíos en la Palestina del siglo XIX. Sobre lo último, Blumberg escribe: «ninguna iglesia o sinagoga podía tener ventanas que avistaran sobre propiedad religiosa musulmana. Ninguna iglesia podía hacer sonar sus campanas ni tampoco se permitían crucifijos u otros símbolos cristianos a la vista en sus procesiones religiosas en la vía pública. (…) Una mezquita había sido erguida sobre la cueva que era tumba de los patriarcas judíos. (…) A los judíos se les permitía que ascendieran solo los primeros escalones de la mezquita sobre esta tumba y eran objeto de acosos variados aun cuando se sometían a esta humillante limitación. A los judíos que rezaban al pie de la muralla occidental del Monte del Templo, el recinto más sagrado del judaísmo, se les prohibía sonar el cuerno tradicional o hacer cualquier ruido que pudiese ofender a los musulmanes. Los judíos no podían erguir una mejitza (la barrera que separa a los hombres y mujeres que oran en la muralla) para que no se interpretase como el derecho de construir una sinagoga ahí. Los musulmanes aventaban basura sobre las cabezas de los judíos que iban a rezar al Monte del Templo, sin que las autoridades intervinieran. Solo los musulmanes podían subir al Monte del Templo. Había guardias negros de las tribus sudanesas empleados en asegurar que los infieles no violaran las reglas. (…) Los turcos, por su parte, divertidos, miraban las disputas de los raya (los no musulmanes), con desprecio. Lo hacían porque podían. Aún en las ciudades amuralladas que tenían mayorías judías o cristianas, prácticamente toda la propiedad estaba en manos de patrones musulmanes cuyos arrendados nacían, vivían y morían ahí sin esperanza alguna de volverse propietarios».

Es cierto que la Iglesia Católica también lanzó guerras santas, que fueron las cruzadas y que se parecen a la yihad islámica. Pero esas y otras aberraciones cometidas por la Iglesia a lo largo de la historia fueron muy discutidas en el ámbito teológico por haber contravenido a las enseñanzas de Jesucristo. No es el caso del islam, cuya propia escritura sagrada, el Corán, impulsa a la guerra e incluso promete el paraíso como recompensa por asesinar infieles. Aunque las tres religiones tienen un tronco común, sin embargo, el Corán dista bastante del judaísmo y del cristianismo, y en el islam se justifica lo anterior con que los primeros (los judíos y los cristianos) han corrompido la enseñanza original para refutar el islam, pero que en realidad la Ley es la del Corán, después del que no habrá más revelaciones por parte de Dios, ya que es la ley absoluta. «Es notable esta teoría: judíos y cristianos inventaron la ética con el fin único de fastidiar y engañar a los musulmanes», se extraña con toda la razón del mundo, Francisco Gil-White.

Los principales teólogos musulmanes están de acuerdo en que el profeta Mahoma fue la principal inspiración para el yihadismo (en ese sentido, ver El profeta Mahoma como un modelo de Jihad, de Yusuf Al-Qaradawi). Ibn Jaldún, jurista, filósofo, historiador y sociólogo de renombre, resumió así los cinco siglos de jurisprudencia musulmana con respecto a la yihad: «En la comunidad musulmana, la guerra santa es un deber religioso debido al universalismo de la misión (musulmana) y (la obligación de) convertir a todos al islam ya sea por persuasión o por la fuerza. (…) Los otros grupos religiosos no tenían una misión universal y la guerra santa no era un deber religioso para ellos, salvo sólo con fines de defensa. (…) El islam tiene la obligación de ganar poder sobre otras naciones».

Dar-al-Islam y Dar-al-Harb

Dar-al-Islam y Dar-al-Harb

Juristas islámicos clásicos como Ibn Khaldun también formularon los conceptos Dar al Islam y Dar al Harb. Según lo descrito por el gran 20 º estudioso de la Ley Islámica, «un no musulmán que no está protegido por un tratado se llama harbi; su vida y propiedad están completamente desprotegidas por la ley». Yusuf Al-Qaradawi, líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, jefe del Consejo Europeo para la Fatwa e Investigación y popular personalidad de la televisión de Al-Jazeera, reiteró lo anterior en julio de 2003, dejando claro que esos inocentes harbis no combatientes pueden ser asesinados, y siempre han sido asesinados, con impunidad simplemente por ser harbis, durante razzias (redadas) o campañas de jihad a gran escala que se han producido continuamente desde la época de Mahoma. El patrón esencial de la yihad fue descrito por el historiador musulmán al-Tabari de la recomendación dada por Umar b. al-Khattab (el segundo «Califa Bien Guiado») al comandante de las tropas que envió a al-Basrah (636 EC), durante la conquista de Irak. Según los informes, Umar dijo: «Convoca al pueblo a Dios; los que responden a tu llamado, lo aceptan de ellos, pero los que se niegan deben pagar el impuesto de capitación por humillación y humildad (Corán 9:29). Si se niegan a ello, la respuesta para ellos es la espada sin clemencia».

Muhammad Taqi Usmani

Esta formulación clásica de la yihad es una doctrina viva hoy en día. Por poner un ejemplo en este sentido menciono la obra Islam y modernismo, del juez Muhammad Taqi Usmani. Sr. Usmani, de 65 años, quien fue durante veinte años juez de la Sharia en el Tribunal Supremo de Pakistán (su padre fue el Gran Muftí de Pakistán y uno de los más importantes veinte comentaristas del Corán). Actualmente, Usmani es diputado del Consejo Islámico Fiqh (Jurisprudencia) de la Organización de la Conferencia Islámica, el principal organismo internacional de naciones islámicas en el mundo, y se desempeña como asesor de varias instituciones financieras islámicas globales basadas en la Sharia, siendo una figura destacada en el mundo de la jurisprudencia islámica. Usmani es un visitante habitual de Gran Bretaña y en una visita allí fue entrevistado por el Times, que publicó extractos de sus escritos sobre la yihad, en su periódico de 8 de septiembre de 2007. En el capítulo final de su libro, Usmani refutó a los que creen que solo en la yihad defensiva (para defender tierras musulmanas bajo ataque u ocupación) está permitida en el islam. También refutó la teoría de la BBC en el sentido de que la yihad es ilegal contra un estado no musulmán que permite libremente la predicación del islam. En cambio, sostuvo que los musulmanes deberían vivir pacíficamente en países como Gran Bretaña, donde tienen la libertad de practicar el islam, pero solo hasta que obtengan suficiente poder para participar en la guerra. Usmani destruyó los mitos en el sentido que la yihad ofensiva y expansionista es una distorsión del pensamiento islámico tradicional, o que es algo irrelevante para nuestra era. Su formulación fue reiterada durante una entrevista del 8 de enero de 1998 por Yusuf al-Qaradawi, quien confirmó que la yihad continúa regulando las relaciones entre musulmanes y no musulmanes hasta el día de hoy.

 

FUENTES:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

Pilar Rahola, ¡Basta!

Fernando Pinto Cebrián, Terrorismo yihadista e inteligencia: Vistos por un ex miembro del CNI

Bahae Eddine Boumnina, Descifrando la mente del yihadista

Andrew McCarthy, The Grand Jihad: How Islam and the Left Sabotage America 

4 Comments on “¿Crisis migratoria, o Yihad?”

  1. Has realizado un trabajo extraordinario y lleno de información contrastable. La antigua Yihad sigue presente y el proyecto de transformar Europa al Islam es un hecho.

  2. Pingback: El recién inventado «pueblo palestino» y su relación con los nazis | Mónica Nita

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