Donde nació el arcoíris

Ella se acercó despacio, mirando el ondear de sus curvas y de las llamas del fuego reflejado en esos ojos masculinos, que ya no querían tapar su pasión ni ocultarse tras ausencias casi interminables. Se mordió un labio sin darse cuenta, mientras en su mirada irrumpían miles de rayos nacidos en las añoranzas de su pecho, durante tanto tiempo calladas.

– Ven aquí, Loba Solitaria – le dijo él con una voz que estremeció su piel y le despertaron memorias antiguas, que empezaron a sucederse en cascada frente a su callada mirada interior.

Se acercó vacilante, oscilando entre si mostrarle su rostro de fiera, que ocultaba y defendía dolores aún no perdonados, o sacar a relucir el brillo de su inocencia, que solo las hadas del bosque y las aguas del océano conocían. Sus bocas se unieron, olvidando pecados y eras que hace mucho que se fueron, mientras los tiempos del comienzo se abrían:

– ¿Dónde nos guiarán los horizontes esta vez? – lo preguntó.

– Allá donde volvimos a nacer después de cada guerra, a ese reino donde el fuego del sol se une con la pasión de las tormentas, en ese abrazo que disuelve la dualidad y hace que el arcoíris nazca y vuelva a nacer, mientras la Tierra siga viva.

Y los misterios desaparecieron…

Mónica Nita – Camino de Libertad 3º

Foto: James Wheeler

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