El lenguaje de la naturaleza y las sincronicidades

En la naturaleza todo habla, si uno sabe entender su lenguaje que, para comprenderlo, hace falta fundir tu ser con ella, volverse una, integrarte en su seno como una brizna de yerba más. No es un lenguaje verbal, sino que usa símbolos, arquetipos impregnados en la memoria de los mundos desde sus comienzos y, para descifrarlo, se tendrá que echar mano a la intuición, al cerebro creativo. Si uno tiene presente siempre la idea de que todo lo que nos rodea es una proyección de su propia mente y, principalmente, de la mente colectiva de la especie humana – ya que por sí solo, aún es muy difícil crear realidades debido a la poca evolución y cantidad de energía de la que dispone el ser humano como individuo -, entenderá por qué la naturaleza responde a nuestras preguntas con una puntualidad muchas veces instantánea.

Werner Heisenberg

Werner Heisenberg

Lo anterior fue probado científicamente, entre otros, por el Premio Nobel de la Física, Werner Heisenberg, que con su Principio de Incertidumbre marcó un antes y un después tanto en la física como en la filosofía, demostrando el importantísimo papel que el ser humano tiene en el nacimiento de la realidad, ya que su mera atención a una partícula subatómica altera su estado, haciendo que lo que antes era onda/energía se transforme en partícula/materia. «Lo que observamos no es la naturaleza en sí misma, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de cuestionamiento», decía el científico, recalcando que la materia no es estática ni predecible, y que las partículas subatómicas no son «cosas», sino tendencias. En otras palabras, que no tienen una existencia determinada, definitiva, sino que esa depende del observador, o sea, del ser humano, y que el mero hecho de proceder a una medición ya produce el cambio, la alteración y el caos en ese tejido cuántico. Es decir, que el ser humano actúa sobre su contexto y es capaz de crear nuevas realidades.

https://es.wikipedia.org/wiki/Werner_Heisenberg

Para comprender lo anterior, también serviría el libro La trama de la vida: Una nueva perspectiva de los sistemas vivos, del físico académico Fritjof Capra, más conocido por su best-seller El Tao de la Física. En dicho libro, el científico dio un paso gigantesco en la comprensión de los sistemas vivos, proponiendo un novedoso lenguaje para describir las interrelaciones e interdependencias de los fenómenos psicológicos, biológicos, físicos, sociales y culturales, en lo que es «la mejor aproximación contemporánea a una visión unificada de la materia, la muerte y la vida (…) una seductora invitación a redescubrir nuestro lugar en el conjunto del universo», como se expresó el periodista Jordi Pigem. En su libro, Capra reprodujo una visión de conjunto y holística de la vida, demostrando que todo tiene que ver con todo y que hay una evidente interdependencia entre la naturaleza, la mente, el cuerpo, el alma y la vida, usando para ello los aportes de la biología orgánica, el pensamiento sistémico, la física cuántica, la Psicología Gestalt, la psicología transpersonal, la ecología profunda, la ecología social y el ecofeminismo, las neurociencias y la cibernética, entre otras, para elaborar una síntesis completa y comprensible por una mente no científica, de manera coherente.

Fritjof Capra

Fritjof Capra

También demostró una vez más la hipótesis de Gaia ideada por James Lovelock en 1969 como modelo interpretativo sobre la biosfera, demostrando que, en la naturaleza todo está vivo y tiene cierto grado de consciencia. Y si está vivo, se comunica, se relaciona con su entorno y lo modifica constantemente. Una de las claves de la teoría de Capra es el desarrollo de la Teoría de la Simbiosis de Lynn Margulis y Dorion Sagan, en la cual se demostró la responsabilidad del desarrollo biológico no solo por la competitividad y supervivencia del más adecuado, como dictan los postulados del neodarwinismo, sino también por la simbiosis o colaboración entre sí. Y es que, según Capra, «la vida es mucho menos una lucha competitiva por la supervivencia, que el triunfo de la cooperación y de la creatividad», explicando la vida no desde una concepción mecanicista, sino desde una ecológica.

https://es.wikipedia.org/wiki/Fritjof_Capra

Cualquiera puede comprobar lo anterior y, para ello, simplemente podrá preguntar lo que sea a la naturaleza y, con la mente en total relajación, esperar la respuesta. Si su percepción es limpia, al cabo de pocos minutos recibirá la respuesta en la forma que adopta alguna nube, en el vuelo de algún pajarillo, o en lo que fuese, que su intuición sabrá descifrar con precisión si su estado es pulcro, no alterado por la «civilización». No hay que tener ningún don especial ni menos aún ser mago o bruja para ello, sino que esta intercomunicación es habitual en la naturaleza y los antiguos lo sabían perfectamente. También se dan casos más avanzados, cuando el ser humano interactúa de inmediato y con fuerza en la naturaleza, como por ejemplo los chamanes que invocan y producen lluvia en medio de la peor sequía, o la materialización de objetos al instante (como por ejemplo los objetos de oro que materializaba Sai Baba, los milagros de otros cientos de iluminados, e incluso los mencionados en la Biblia).

Danza de Shiva

Al pensar en lo anterior, recordé a un amigo que se extrañó en algunas ocasiones de que en mi mundo todo habla: las nubes, los pájaros, el viento, el río, el mar, los árboles, todo. Pero la verdad es que ello ocurre no solo en mi mundo, sino en EL mundo, en todo el mundo, en toda la naturaleza, en todo el universo, donde todo habla y el dialogo que se da se parece a una clase de música de las esferas que lo llena todo. Una música que compone la partitura por la que baila Shiva, el creador del universo en la mitología hindú, que con su danza crea y destruye mundos en un ciclo eterno que conocemos como vida, existencia. Ese lenguaje se comprende solo estando con el pecho abierto, en fusión total con la naturaleza, cuando ambos se funden como si fueran uno – que, en realidad, lo son. Es un lenguaje que solo se entiende con el alma, desde lo intuitivo, de allí donde nacen los sueños, y cuya sapiencia es absoluta.

Este lenguaje de la naturaleza se relaciona mucho con las sincronicidades, de las que he hablado en otras ocasiones, un asunto que fue explicado magistralmente, desde el punto de vista de la ciencia, por el doctor F. David Peat, físico catedrático de la Universidad Queen´s de Canadá, en su libro Sincronicidad, puente entre mente y materia. Según él, las sincronicidades no son más que «fallos en el tejido de la realidad» que delatan que los procesos del pensamiento están conectados con el mundo físico más de lo que se creía. El termino «sincronicidad» es aporte del psicólogo C.G. Jung, quien lo definió como una coincidencia tan inusual y tan significativa, que difícilmente se podría deber exclusivamente al azar, y que se manifiesta casi siempre durante los periodos de transformación e intensidad emocional aguda, especialmente cuando la revelación que conllevan está a punto de volverse consciente en la mente del sujeto. Jung se dio cuenta de que las sincronicidades nunca ocurren por casualidad, sino que están relacionadas con los procesos psíquicos del individuo que las experimenta.

Y, aunque Jung no conocía en su época que lo que ocurre en la psique puede ocasionar una manifestación en el mundo real, científicos posteriores se tomaron muy en serio su descubrimiento y lo ampliaron. Uno de ellos fue el físico F. David Peat, quien dijo que las sincronicidades no solo que son reales, sino que además constituyen indicios adicionales del orden implicado, siendo una prueba más de que la aparente separación entre la consciencia y la materia es una ilusión. Peat considera que las sincronicidades son grietas temporales en el tejido de la realidad que nos permiten vislumbrar el orden inmenso y unitario que subyace en toda la existencia, revelando la falta de división entre el mundo físico y nuestra realidad psicológica interior. Por otro lado, la escasez de las sincronicidades en nuestras vidas indica hasta qué punto nos hemos separado del campo general de la consciencia y también el grado de aislamiento que tenemos con respecto al potencial infinito de las órdenes más profundas de la mente y realidad. Según Peat, cuando experimentamos una sincronicidad, lo que realmente experimentamos es «la mente humana funcionando por un momento en su orden verdadero y extendiéndose a través de la sociedad y la naturaleza, moviéndose a través de órdenes de creciente sutileza, extendiéndose más allá de la fuente de la mente y la materia hasta la creatividad misma».

David Bohm

David Bohm

A ello se añade la teoría del conocido físico David Bohm, quien recalcó que no hay que hablar de la interacción entre la consciencia y la materia, sino darnos cuenta de que, en realidad, son una y la misma cosa, el observador siendo lo observado. Él consideraba que la consciencia es una forma más sutil de materia y que la base de la relación entre ambas no se halla en nuestro nivel de realidad, sino en las profundidades del campo cuántico (también llamado orden implicado, láttice o totalidad). Bohm dijo que tampoco tiene sentido hablar de cosas vivas y cosas no vivas, ya que las mismas están entretejidas inseparablemente y que incluso una roca está viva en cierto modo, porque la vida y la inteligencia son inherentes a la totalidad que incluye la materia, la energía, el espacio y el tiempo. Ello es casi idéntico a la cosmovisión andina y a la visión de los antiguos chamanes, que consideraban que todo en la naturaleza está vivo, y también encaja con la teoría de Fritjof Capra de la que hablé antes y que demostró que la Tierra es un conjunto vivo y consciente, concepto desarrollado también por la teoría de la noosfera, la consciencia planetaria.

https://es.wikipedia.org/wiki/David_Bohm

El doctor Carl Pribram, neurocirujano y colaborador y amigo de Bohm, dijo que «nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad objetiva, interpretando frecuencias que son, en última instancia, proyecciones de otra dimensión, de un orden más profundo de la existencia que está más allá del tiempo y del espacio. El cerebro es un holograma envuelto en un universo holográfico». Pribram se dio cuenta de que nuestro universo es un enorme mar de ondas y frecuencias y que percibimos la realidad como algo sólido porque nuestros cerebros interpretan la nube holográfica como los objetos materiales que vemos a nuestro alrededor. Sin embargo, según la física actual, todas las zonas del espacio están integradas por distintos campos formados por ondas de longitud variable y cada onda posee una cierta dosis de energía. Pero cuando los físicos calcularon la cantidad mínima de energía que puede tener una onda, se dieron cuenta de que cada centímetro cúbico del espacio vacío contiene más energía que la energía total de toda la materia que existe en el universo conocido, lo cual demuestra la inmensa naturaleza oculta del orden implicado, el inmenso océano de energía en el cual existimos. El universo material que conocemos no está separado de este mar cósmico de energía, sino que es una onda en su superficie y no existe en sí mismo y por sí mismo, sino que es solo una sombra pasajera.

https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_H._Pribram

La actual ciencia estableció que todos los fenómenos físicos conocidos poseen la dualidad onda/partícula, por lo cual podríamos deducir que la consciencia, que al parecer es una forma más sutil de materia, también posee dicha característica. Cuando la consciencia tiene apariencia de partícula, estaría localizada en el interior del cerebro, mientras que cuando tiene aspecto de onda podría causar efectos medibles mediante la influencia remota. Robert G. Jahn, profesor de ciencias aeroespaciales y antiguo asesor de la NASA y del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, pese a no tener ninguna inclinación para los fenómenos paranormales, por casualidad descubrió a través de unos experimentos que realizaba que la mayoría de los seres humanos posee aptitudes psicoquinéticas en mayor o menor grado, siendo la actividad psicoquinética en gran parte del tiempo inconsciente, aunque puede ser aumentada practicando ciertos ejercicios. Y es aquí donde se podrían explicar no solo fenómenos como la telepatía, las sanaciones a distancia, o la visión remota, sino también el lenguaje de la naturaleza, la intercomunicación permanente que existe entre esta y el ser humano, aunque este, debido a su insana forma de vida en medio de urbes contaminadas y superpobladas, ha perdido en gran medida esa capacidad de comunicarse con el todo – lo cual se recupera trabajando el aspecto intuitivo del ser y conectando de nuevo con la naturaleza.

https://en.wikipedia.org/wiki/Robert_G._Jahn

En muchas ocasiones he dicho que la actual ciencia – principalmente la física cuántica y la psicología – es una bella demostración de los antiguos principios de la alquimia. Lo anterior no es más que uno de esos aspectos. La actual física ha demostrado que, prácticamente, nosotros creamos la materia focalizando nuestra atención en el proceso de observación de la realidad. Somos una clase de pequeños dioses que crean constantemente y, de momento, de forma no consciente, la realidad que nos rodea. Ahora toca aprender a construir de forma consciente, una cualidad que solo se adquiere cuando el ser se ha librado del egoísmo y de todos los vicios que en ese nacen, empezando con la envidia y terminando con la separación absoluta y la ruptura de la Totalidad, o Dios en mayúscula, si prefieren llamarlo así.

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