El pueblo palestino, un invento del siglo XX de los árabes para justificar su Yihad contra Israel. PARTE 1º: Breve resumen del origen del nombre «Palestina»

«No hay diferencias entre jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Somos todos parte de un mismo pueblo: la nación árabe. Mire, yo tengo parientes con ciudadanía palestina, libanesa, jordana y siria. Nosotros somos un solo pueblo. Solo por razones políticas y tácticas sostenemos la existencia de una identidad palestina. Porque es de interés nacional de los árabes abogar por la existencia de los palestinos como una forma de oponernos al sionismo. Sí, la existencia de una identidad palestina independiente se debe sólo a razones tácticas. El establecimiento de un Estado palestino es una nueva herramienta para continuar la lucha en contra de Israel y a favor de la unidad árabe.

Una entidad palestina independiente requiere luchar por el interés nacional en el remanente de los territorios ocupados. El gobierno jordano no puede hablar en nombre de los palestinos de Israel, Líbano o Siria. Por razones tácticas, Jordania, que es un Estado con fronteras específicas, no puede reclamar Haifa o Yaffo; mientras que, como palestino, yo no dudaría en reclamar Haifa, Yaffo, Jerusalén y Beersheva. Jordania sólo puede hablar por los jordanos y palestinos de Jordania. El Estado palestino estaría legitimado para representar a todos los palestinos del mundo árabe y allende de él. Así, una vez que hayamos recobrado todo derecho en toda Palestina, no dudaríamos siquiera un minuto en unir Palestina y Jordania».

Sahir Muhsein, jefe del departamento de operaciones militares de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) entre 1971 y 1979, en una entrevista a la revista Trouw, en 1977

«No existe tal país. (…) Palestina es un término inventado por los sionistas. Nuestro país fue por siglos parte de Siria».

Auni Bey Abdul-Haiti, líder palestino, hablando delante de la Comisión Peel, en 1937

«No hay en absoluto tal Palestina en la historia árabe».

Philip Hitti, historiador árabe, en 1946

«Usted no representa a Siria más que yo (…), no se olvide, no existe ningún pueblo palestino ni ningún Estado palestino. Sólo existe Siria».

Hafez Assad dirigiéndose a Yasser Arafat

(Las citas de líderes palestinos o árabes que han reconocido abiertamente que el pueblo palestino es un invento de la década de los sesenta del siglo pasado podrían continuar, pero esto se haría interminable. A lo largo de esta serie las presentaré una por una)

Terrorista palestino

Hoy en día, casi todo el mundo cree que el pueblo palestino es un pueblo antiguo, como tantos otros de la tierra. De hecho, incluso sin ser aun propiamente un Estado, Palestina está presente en la ONU y tiene embajadas en varios países. Sin embargo, se trata de un concepto que tiene menos de un siglo y nació en la década de los sesenta del siglo pasado. Por mucho que alguien simpatice con la causa palestina, no puede no admitirlo frente a las pruebas abrumadoras que lo demuestran, de las que algunas presentaré a continuación. Ello no quita que, ya que se han inventado como pueblo y, por consiguiente, quieren tener su propio Estado y derecho de autodeterminación, esté de acuerdo, igual que casi todo el mundo, que se respete su deseo. Pero no en detrimento de otro pueblo, ni menos aún en base a mentiras que se derrumban como un castillo de naipes cuando uno mira lo que hay detrás. Y lo que hay detrás se llama yihad, o radicalismo islámico, como veremos, y está financiado con ingentes cantidades de dinero que provienen no solo del saco sin fondo de petrodólares sauditas o iraníes, sino también del bolsillo de los europeos, ya que la Unión Europea ha aportado y aporta importantes cantidades de dinero a la causa palestina; del bolsillo de los norteamericanos, ya que Estados Unidos también es uno de los grandes financistas de la causa palestina; y, prácticamente, de todos los países con representación en la ONU que, por medio de su agencia UNRWA, es la mayor financista de la causa palestina y la principal responsable de perpetuar durante décadas el conflicto árabe-israelí. Pero la verdad es que, si uno quiere saber lo que es el islamismo radical y hasta dónde puede llegar, lo mejor que puede hacer es analizar la impresionante cantidad de propaganda de desinformación que hay en lo que conocemos como causa palestina.

Por poner un ejemplo, una de las grandes mentiras que se suelen escuchar es que el pueblo palestino tiene una antigüedad milenaria. Sin embargo, los que afirman lo anterior, palestinos incluidos, aun no se han puesto de acuerdo cuán milenaria es y, mientras algunos afirman que se trata de un pueblo que data de antes de la era de Cristo, otros afirman que tiene mil años de antigüedad, o menos. Uno de ellos es Ray McGovern, un exagente de la CIA con pronunciadas tendencias rusófilas e izquierdistas, quien explicó así las raíces del conflicto árabe-israelí: «aquella tierra que fue el hogar de los palestinos durante mil años, les fue arrebatada cuando se creó el Estado de Israel». En realidad, no es que lo dijera, sino más bien que lo gritara, porque lo hizo plantándose delante de la Casa Blanca con un megáfono para pedir medidas más duras para con Israel. Me pregunto por qué toda esa gente que, aparentemente, tiene cierto grado de cultura e inteligencia, no hace lo mismo con Corea del Norte, Arabia Saudita, Irán, Qatar, China, Sudán, y demás casi interminables países donde los derechos humanos brillan por su ausencia, pero sí arremeten como toros ciegos contra la única democracia de Medio Oriente y contra un diminuto país que apenas se ve en el mapa y que es rodeado por vecinos que han declarado abiertamente que lo quieren aniquilar. Está claro que los izquierdistas no pueden arremeter, por ejemplo, contra Arabia Saudita, porque el lobby saudita, mucho más fuerte en Estados Unidos que el tan acusado lobby sionista, que son cuatro gatos, financia gustosamente a la izquierda, y para ello sobra mirar las cuentas de la fundación Clinton, por ejemplo. Y no digo nada de Irán porque necesitaría otro libro. Sin embargo, me choca bastante que McGovern grite a todo pulmón mentiras como la anterior porque «un veterano de 27 años en el servicio clandestino de la CIA», según demostró Boston Globe, se supone que dispone de la suficiente información como para no liarse en asuntos tan simples que desentrañaría incluso mi gato, que en este caso es la antigüedad de unos setenta años del recién inventado pueblo palestino (uso la palabra «inventado» porque es la misma que usó uno de los líderes palestinos que así lo reconoció públicamente, como veremos luego).

A veces las cosas se comprenden mejor si uno empieza su análisis con el final, que es lo que haré a continuación. Y es que, para comprender qué es el islamismo radical y la yihad (en su aspecto violento que le han dado los radicales islámicos, no en su sentido espiritual) tenemos que entender una de sus más claras manifestaciones: la guerra árabe-israelí, o palestino-israelí, que prácticamente es casi lo mismo. Para ello, tenemos que comprender qué hay detrás de la recién creación del pueblo palestino y también conocer por lo menos un poco por encima la historia del pueblo judío. Porque es con ese diminuto pueblo con quien se han ensayado como nunca los islamistas. Y si ese diminuto pueblo cediera, lo siguiente sería Europa y el resto de Occidente, y esto no porque lo digo yo, sino por haberlo dicho varios líderes islamistas e incluso presidentes de Estados islámicos, como veremos más adelante. Comienzo…

Aunque su declaración formal como Estado se produciría unas cuantas décadas más tarde, podríamos decir que la historia moderna del Estado de Israel comenzó al finalizar la Primera Guerra Mundial, en 1918, cuando los imperios alemán y turco fueron derrotados. Consecuencia de ello, los ganadores, que fueron los imperios inglés y francés, se repartieron el botín, en este caso las tierras de Oriente Medio que anteriormente habían pertenecido a los turcos otomanos. El Imperio Británico bautizó su nueva adquisición, que incluía Jerusalén, con el nombre de Palestina, nombre inventado por primera vez por los romanos unos dos mil años antes para borrar de la historia a los rebeldes y revolucionarios judíos, como veremos más adelante. También se comprometió a convertir dicho territorio en una patria para los judíos, debido al justificado clamor del recién nacido movimiento sionista europeo que nació como fruto de la extrema crueldad de los pogromos rusos, polacos y de otras partes de Europa, colmando el vaso el caso Dreyfuss. De hecho, debido a ello, ya habían empezado grandes oleadas de inmigrantes judíos hacia Palestina a finales del siglo XIX y principios del XX, que hartos de ser hostigados y hasta asesinados como ningún otro pueblo de Europa, clamaban por su antigua patria de donde habían sido expulsados por los romanos dos milenios antes. Aunque, como hemos visto en los capítulos anteriores, la emigración judía hacia su tierra ancestral nunca había cesado y ya sabemos que varios papas la prohibieran desde el temprano comienzo del primer milenio de nuestra era.

Sin embargo, el nombre Palestina no tuvo un uso generalizado antes de dárselo los británicos en 1918. Dicho territorio se llamaba tradicionalmente Judea, derivado del reino de Judá, o sea: el país de los judíos. Fue en el siglo II cuando los romanos se inventaron el nombre de Siria-Palestina, en su esfuerzo de borrar de la faz de la tierra al pueblo judío. Y es que, en los siglos I y II de nuestra era, para evitar una revolución en el imperio, los romanos emprendieron una serie de genocidios que, si hiciéramos un cálculo proporcional en función de la densidad de la población de aquellos tiempos, resultaría lo más seguro que asesinaron a más judíos que Hitler. En su libro La historia de los judíos, Paul Johnson lo resume así: «50 fuertes donde los rebeldes resistían fueron destruidos y también 985 ciudades, pueblos y asentamientos agrícolas. Dio Casio dijo que 580 000 judíos murieron peleando y un número incontable murió de hambre, por el fuego y por la espada. Prácticamente toda Judea fue destruida».

La Menorah representando en el Arco de Tito de Roma, desde hace dos milenios, la conquista del Templo judío

Aunque muchos palestinos e islamistas radicales de hoy en día niegan la existencia del pueblo y del Templo judío (otra prueba más de incultura, o peor), su existencia no solo que está demostrada por incontables pruebas arqueológicas, sino incluso por crónicas de testigos presenciales de la época, como el historiador Flavio Josefo, por ejemplo, cuyas obras más importantes fueron La guerra de los judíos, escrita en el año 75 d. C., y Antigüedades judías, escrita en 94 e. C. El historiador presenció personalmente las guerras judeo-romanas y sus relatos son considerados bastante exactos en el ámbito académico, siendo corroborados por los restos arqueológicos encontrados.

Para darnos cuenta de la magnitud del evento, Johnson menciona en su libro a San Jerónimo, quien dijo que, tras la derrota, había tantos esclavos judíos a la venta, que el precio de uno era menor que el de un caballo. El emperador romano Adriano se empeñó en borrar de la faz de la tierra a Jerusalén y la transformó en una polis griega que llamó Aelia Capitolina, convirtió el Templo de Salomón en un templo pagano, y la pobló con griegos, prohibiendo la entrada a la ciudad a los judíos bajo pena de muerte. El mismo emperador rebautizó Judea como Siria-Palestina, para así borrar toda conexión entre los judíos y su tierra ancestral. Como bien matiza Francisco Gil-White, en términos políticos Palestina en realidad quiere decir: «aquí no hay judíos, ni se permiten». Y es que Adriano se inspiró en elegir el nombre de Palestina de los filisteos (en griego Palestina significando «tierra de filisteos»), que habían dejado de existir varios siglos antes, después de ocupar una delgada tira en la costa del Mediterráneo, no mucho mayor que la actual Franja de Gaza. El otro nombre de Siria provenía de Cele Siria, nombre dado por los griegos al reino de Judá y las tierras aledañas. Hoy en día, muchos palestinos intentan inducir en error a los desprevenidos afirmando que son los antiguos filisteos; sin embargo, los filisteos, un pueblo originario de la isla de Creta, dejaron de existir hace más de dos milenios y nunca tuvieron una presencia significativa ni duradera en Judea, sino que eran piratas y fueron conocidos en antigüedad como los Pueblos del Mar, de triste fama debido a su ferocidad. Pero si fuera cierto que los actuales palestinos fueran los descendientes de los antiguos filisteos, sería más correcto que reclamaran la isla de Creta a los griegos (y no Israel), ya que allí se ubican los orígenes de los filisteos, y no en Judea, donde fueron meros ocupantes de Gaza durante un breve lapso de tiempo. Eso sí, es más que extraño que un pueblo árabe tenga orígenes en Grecia (Creta), como igual lo es que su propio nombre comience con la letra “p”, que no existe en el idioma árabe – para cualquiera que cuente con incluso menos dos dedos de frente el mero nombre “palestino” y su etimología lo delata ya todo, pero ya sabemos que no se puede pretender tal logro de los neonazis, radical islamistas, yihadistas, fanáticos de la izquierda o demás que integran las incontables hordas de judeofobos que hay en el mundo.

Sin embargo, aún en el siglo IV, el autor cristiano Epifanio se refería al dicho territorio como «Palestina, es decir, Judea», delatando con ello que sus lectores lo más seguro que no conocían el significado de la palabra Palestina. Pero, «así como no desapareció el nombre de Judea, tampoco abandonaron los judíos su tierra. Un número permaneció obstinadamente allí y muchos otros pronto regresaron a reconstruir su mundo. (…) Es decir que esa tierra nunca dejó de ser tierra de judíos, aunque sufrió ocupación extranjera hasta la formación del moderno Estado de Israel», según se expresó más que correctamente Francisco Gil-White.

Después de la caída del Imperio Romano, el nombre Palestina cayó en desuso y, según el historiador Nathan Weinstock, en el siglo XIX, «el territorio al que correspondía este nombre estaba compuesto, más o menos, de las regiones occidentales de lo que tradicionalmente se denominaba Siria. No tenía fronteras precisas y la verdad es que nadie sabía qué cosa era. La vaguedad de la palabra Palestina en el siglo XIX se ilustra muy bien en el vocabulario de los primeros sionistas, quienes utilizaban las expresiones Siria y Palestina intercambiablemente».

El termino de Palestina apenas fue usado durante el Imperio Otomán que controlaba la zona, por lo cual tampoco existía como una entidad política o como un pueblo. Fueron los británicos los que rebautizaron la zona con dicho nombre después de arrebatarla a los otomanes después de la Primera Guerra Mundial, creando el Mandato Británico de Palestina. Pero «ni siquiera ellos fijaron exactamente su delimitación territorial y su definición final de 1922 se refería a apenas una cuarta parte del territorio que ellos mismos habían definido como Palestina tan solo dos años atrás, en 1920», escribe Gil-White. En 1946, antes de la partición por la ONU del Mandato Británico en un Estado árabe y otro judío, el historiador árabe Filip Hitti dijo al Comité Anglo-Americano de Investigación que: «No hay en la historia ninguna Palestina, en lo absoluto», dejando claro que los británicos se la acababan de inventar.

Aunque, lo más significativo es que los británicos eligiesen el nombre de Palestina siendo conscientes, lo más seguro, de que su significado político era que «aquí no hay judíos ni se permiten» del emperador romano Adriano. Y más si tenemos en cuenta que, pese a su compromiso de crear una patria para los judíos en Palestina, en realidad sabotearon con mucho ímpetu el movimiento sionista, hasta el extremo de devolver a Europa los barcos de refugiados judíos que llegaban a Israel, incluso con niños a bordo, lo cual hizo que muchos cayeran en manos de los nazis y fueran asesinados en los campos de exterminio. Por lo cual, si Palestina nunca existió, entonces tampoco hubo ningún pueblo palestino en Palestina, y menos aún uno con mil años de historia, como clama el ex espía y pregonero de la CIA Ray McGovern por su megáfono delante de la Casa Blanca.

CONTINUARÁ 

2 Comments on “El pueblo palestino, un invento del siglo XX de los árabes para justificar su Yihad contra Israel. PARTE 1º: Breve resumen del origen del nombre «Palestina»”

  1. El tema es muy importante es bueno conocerlo , sería bueno crear un resumen lo clave para el conocimiento universal.
    Dios bendiga a Israel.

    • Muchas gracias, José. Sí, es un tema que tiene que ser de conocimiento general. Por ello he decidido poner en un libro los aspectos más aclaratorios de este intrincado asunto. Estos días lo aviso en mi muro de Facebook, aunque las partes más importantes las voy a publicar en breve en posts por aquí también. Sin embargo, creo que es más fácil comprenderlo siguiendo una secuencia, un orden, que es lo que he intentado hacer en el libro. Y más si se trata de europeos cristianos que no saben absolutamente nada de este asunto.
      Dios bendiga a Israel.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: