Emociones

Uno no puede decidir si sentir o no una emoción, la siente y ya está. Lo que sí puede es decidir qué hacer con esa emoción. Porque lo que te puede enloquecer, también te puede iluminar. De hecho, los locos son genios que han parado en el camino, lo he dicho muchas veces, y la barrera que separa la locura de la genialidad es como una raya dibujada en las arenas movedizas de un desierto, ahora está aquí y luego allá. Por ello, hay veces que la locura se confunde con el genio y al revés. Y también por ello ha habido tantos genios que han caído en la locura, sin poder aguantar el peso de su don.

Para volverse maestro de las emociones, primero hay que sentirlas en profundidad y en todas sus facetas. Hay que conocerlas a fondo y luego disecarlas con el bisturí de la mente. Aunque no nos guste y a pesar del dolor que a veces supone el proceso, no hay otra vía, porque si no nos volvemos maestros de nuestras emociones, jamás seremos maestros de nosotros mismos, sin poder trascender nuestra condición y estancándonos en nuestro camino.

Para volverse maestro del sin ti me muero (que uso como ejemplo porque es una de las emociones que más duele, y también porque últimamente a unos cuantos se les ha dado por arrojarla a los fuegos de Hades, supongo que debido a que, aún de forma inconsciente, les falta camino para integrarla) hay que sentirlo unas cuantas o muchas veces, dependiendo de la capacidad de aprendizaje de cada cual, y conocerlo a fondo. Lo mismo que cualquier emoción, en realidad. Está claro que puede causar síntomas muy desagradables que incluso pueden desembocar en una depresión de la leche, pero eso forma parte del aprendizaje emocional y del dominio de sí mismo. Pero pese al alarmismo creado por los anti-romanticismo recién sacados del horno de los experimentos sociales inútiles, no hay que tenerle miedo porque, excepto Romeo y Julieta, pocos se han suicidado por su mala digestión. Y si todos o casi todos le han sobrevivido y más, han salido más fuertes de sus garras, entonces es que no hay que tenerle miedo, sino aceptar la experiencia, analizar cuál es la lección maestra que nos ha traído, bendecirla, integrarla y seguir nuestro camino. Y así con todas las emociones.

Así que dejemos a los anti-romance en su mundo de rosas marchitas, y el resto vamos a atrevernos a sentir, porque no hay otro camino hacia la trascendencia. En realidad, tampoco hay escapatoria ya que, excepto los que niegan sus emociones, y por ello dan vueltas y vueltas durante vidas sin saber por qué se han estancado, el resto tenemos que asumir su maestría como sea, tanto si llega a base de palos como si llega a base de besos. Tampoco nos podemos escapar, de hecho, porque la vida nos repetirá la misma situación una y otra vez hasta que integremos su lección y nos volvamos artistas de nuestras almas. Así que, ánimo, porque en esta o en otra existencia, todos sentiremos todas las emociones, el sin ti me muero incluido, y no una, sino muchas veces, y lo primero que tenemos que asumir es que no hay que reprimirlas, sino amarlas, incluso cuando duelan, porque sin amor no hay comprensión ni sabiduría.

Dicen que los iluminados no son los que no tienen problemas, sino los que manifiestan la actitud adecuada frente a ellos. El mismo es el caso de las emociones. Agradecer que las tenemos y bendecirlas, pues solo los psicópatas no tienen, o las tienen debilitadas. Luego, ganárnoslas de aliadas, pues son el fuego que forja el alma y pueden subirnos al cielo, pero también bajarnos al infierno, solo de nosotros depende dónde queremos estar.

 

Imagen de Bee Iyata en Pixabay 

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