Exprésate. Benditas tus emociones

Para estar por encima de nuestras emociones y que nos sean aliadas, en lugar de enemigas, tenemos que integrarlas. Pero antes de eso, tendremos que sentirlas muchas veces hasta poder asimilarlas, comprenderlas, integrarlas y, finalmente, trascenderlas. Para trascender cualquier emoción, uno tiene que sentirla en lo mas hondo de su carne y alma, cien mil veces, si hace falta, hasta poder integrarla y mirarla de frente sin miedo, con la sonrisa sabia de la Monalisa.

Toda emoción es bendita, porque nos marca el camino hacia nuestro subconsciente, y solo después de aprender a comunicarnos con ese gran desconocido seremos capaces de abrirnos a otras realidades que siempre nos rodean, pero no somos conscientes de ellas. Por ello, no hay que reprimir nuestras emociones, sino expresarlas y permitir al otro también expresar las suyas; tenderle una mano si lo vemos caído y reírnos juntos en sus días de sol. Pero nunca reprimir nuestras emociones ni reprimir a otro, pues las emociones son sagradas y no hay vía más rápida y segura de conectar con nuestro ser.

Así que, benditas tus risas y tus llantos, tu rabia, tus pataletas, tus flechazos, tus amores y tus desamores. Bendita tu rebeldía, tu furia que te ciega cuando te topes con alguna injusticia, y tu pasión capaz de derribar montañas. Bendito el desgarro del dolor y bendita esa mirada que a veces se torna amor en estado puro, como roto de los tiempos primordiales cuando aún no nos habíamos contaminado con la locura del mundo y éramos ángeles. Benditas las mías también, pues lo que veo en ti está también en mí, porque somos espejos y siempre hay una razón más allá de la superficie en nuestro encuentro.

Todas las emociones son igual de valiosas, sin importar, más que a nivel social y en función de sus posibles efectos exteriores, si se ubican en uno u otro polo, en el positivo o en el negativo. Por lo que nuestra ira es igual de valiosa que cualquier otra emoción «positiva», y tendremos que trascender ambas, antes de ser capaces de trascender nosotros mismos como seres. Y de trascender, vamos a trascender algún día sí o sí, de esto no cabe duda. Por ello hay que bendecir el dolor igual o incluso mas que el sosiego, por ejemplo, porque muchas veces es mejor maestro que toda la serenidad y las risas del mundo. De hecho, estas ultimas más bien son el regalo de después, la recompensa del héroe que superó la prueba y sigue vivo después de haber cruzado las tinieblas de su mente y las negruras de su alma.

Así que, benditas muestras emociones y las catarsis en medio de las cuales gritamos y sanamos nuestras almas por medio de la comprensión y del perdón, porque solo así trasmutamos el dolor en amor, y será este último quien abrirá la puerta al ser divino que somos cuando conectamos con nuestro centro, con la mente-corazón, o la inteligencia del alma.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: