Feliz vida. Pensando en ti…

Fue un día perfecto, cariño; un día que celebré a lo mío, festejando con mi soledad y jugando con mis ensueños. Pensé en ti, pensé mucho en ti. A veces, cuando te pensaba, me abrazabas en las olas del océano, que me contaban las bellezas del reino de las sirenas que oculta en sus entrañas. Llovió un poco, rociando presagios de belleza e ilustrando la infinita abundancia del mundo. El viento también me besó a rachas, estremeciendo mi piel y mi alma, susurrándome tu nombre como una espiral que se acercaba suavemente para no asustar mi ensueño. El día fue gris y mojado, pero tan bello como tú cuando, a veces, intentas disfrazar (sin éxito alguno) el amor que sientes por mí. Luego, el sol volvió a prenderse, relumbrando inocente como casi siempre en este pedacito de mundo. Su sonrisa dorada se entremezclaba con los bucles turqueses del mar y los volvía aún más brillantes, mientras mi santa soledad se dejaba mimar por el vaivén de las olas, compartiendo tu bello recuerdo con ese paraíso que todo lo envuelve.

Feliz año, cariño. Feliz año, feliz tarde-noche y que siempre seas feliz…

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