Hajj Amin al-Husseini, el padre del radicalismo islámico y del terrorismo palestino, y su implicación en el Holocausto nazi

«Éramos racistas. Admiramos a los nazis. Estábamos inmersos en la lectura de literatura y libros nazis que eran la fuente del espíritu nazi. Fuimos los primeros que pensamos en una traducción de Mein Kampf. (Sami al-Joundi, fundador del movimiento Ba’ath)

«Los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países». (Hajj Amin al-Husseini, el primer líder árabe que felicitó la subida al poder de Hitler)

«No más Monsieur, no más Mister. En el cielo Alá, en la Tierra Hitler». (Refrán de una popular canción árabe a finales de la década de 1930)

«El muftí es un enemigo mortal de los judíos y siempre ha peleado por la idea de exterminarlos. Insiste siempre en esta idea y también en sus pláticas con Eichmann. El muftí es uno de los progenitores de la destrucción sistemática del pueblo judío europeo por los alemanes y se ha convertido en el colega permanente, socio y consejero de Eichmann en la implementación de este programa. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a acelerar las medidas de exterminio. Le oí decir que, acompañado por Eichmann, había visitado de incógnito la cámara de gas de Auschwitz. (…) El muftí jugó un papel decisivo en la decisión de exterminar a los judíos de Europa. No se debe ignorar la importancia de su papel. El muftí propuso repetidamente a las autoridades, principalmente a Hitler, Ribbentropp y Himmler, exterminar a los judíos de Europa. Lo consideró una solución adecuada para la cuestión palestina. (…) En mi opinión, el gran muftí, que ha estado en Berlín desde 1941, jugó un papel importante en la decisión del gobierno alemán de exterminar a los judíos europeos, y no debe menospreciarse la importancia de ello. Repetidamente le planteó el exterminio de la judería europea a las autoridades con quienes hablaba, y sobre todo a Hitler, Ribbentrop y Himmler. Le parecía una solución cómoda al problema palestino. En sus mensajes enviados por radio desde Berlín, nos superaba en sus ataques antijudíos. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a que acelere las medidas de exterminio. He oído que, acompañado de Eichmann, visitó de incógnito las cámaras de gas de Auschwitz» (Dieter Wisliceny, oficial de las SS nazis y mano derecha de Adolf Eichmann, el autor principal del genocidio nazi, en su declaración oficial firmada presentada el 26 de julio de 1946 al tribunal de Nuremberg – Transcripción, Sesión 50, op cit.)

«El muftí era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó (que) le gustaría verlos a todos liquidados» (Wilhelm Melchers, oficial de las SS nazis)

CONTENIDO:

  1. Quién fue Muhammad Hajj Amin al-Husseini
  2. El muftí de Jerusalén como coparticipe en la Solución Final de los nazis alemanes

 

  1. Quién fue Muhammad Hajj Amin al-Husseini. Paralelismos entre el nazismo alemán y el islamismo radical 

Nazi-islamistas árabes/palestinos

Las trayectorias de Husseini y Hitler fueron muy parecidas, el primero siendo el representante más férreo del panarabismo y el segundo un adepto feroz del pangermanismo. La principal diferencia entre las dos ideologías es que, mientras el panarabismo persigue la creación de un imperio mundial basado en la fe islámica, con la lengua y cultura árabe como pieza central, el pan-arianismo soñaba con un imperio mundial dominado por una raza germánica. El panarabismo considera que la ummah árabe debe de ser la autoridad gobernante central sobre el mundo islámico y no islámico; mientras que el pan-arianismo nazi planteaba una unión de todos los pueblos arios de habla alemana en un nuevo orden mundial gobernado por los nazis. Pero, mientras el panarabismo es religioso y socialista, el nazismo fue secular, socialista y se regía por el darwinismo social.

A diferencia de la causa sionista, que buscaba la soberanía para el pueblo judío y salvaguardarlo del terror que había sufrido durante casi dos milenios en Europa, en un pequeño trozo de tierra que, además, es su tierra ancestral, la causa de Husseini fue, según lo expresó él mismo en sus declaraciones públicas, un vasto califato árabe que prepararía el escenario para el utópico Dar el-Islam, o sea, el mundo bajo dominación islámica. A diferencia de los judíos sionistas, que ofrecieron a los árabes ciudadanía, autonomía y el control de sus lugares sagrados, tal como se refleja en el Acuerdo Faisal-Weizmann y se mantiene hasta el día de hoy, Husseini representaba una cepa regresiva del islam según la cual los no musulmanes eran ciudadanos de segunda con pocos derechos y discriminados en su propio país.

Al convertirse en gran muftí de Jerusalén en 1921, al-Husseini dictó una fatwa de yihad contra los sionistas y declaró que los musulmanes que mantenían relaciones amistosas con los judíos debían ser considerados infieles, una condena que perdura en muchos sectores palestinos y árabes hasta hoy en día. También organizó los primeros escuadrones suicidas, el objetivo primero siendo los árabes moderados que se negaban cooperar. Eso provocó la huida de los palestinos moderados de la región, la disidencia quedando prácticamente anulada durante largo tiempo, y asimismo condujo a la radicalización de la población palestina, que perdura en gran medida hasta el presente. Husseini sustituyó el sistema tradicional de gobierno que había en Palestina por un mando supremo centrado en su autoridad, de una forma casi idéntica que la de Hitler en Alemania y, prácticamente, aplicaba integralmente lo que los nazis llamaban Führerprinzip.

Husseini fue el principal impulsor de organizaciones y partidos políticos de índole nazi en el mundo árabe. En octubre de 1933, justo después de que Hitler ganara el poder, Husseini participó en la creación de una organización llamada Egipto Joven, también conocida como los Camisas Verdes, igual que las Camisas Pardas de los nazis, la famosa SA de triste memoria que todos conocemos, y en cuyas filas estuvo Gamel Abdel Nasser, un protegido de Husseini y más tarde presidente (y dictador) de Egipto. No solo el nombre era casi idéntico con el de las SA de Alemania, sino también su eslogan: «Un pueblo, un partido, un líder».

Como lo imaginan Saadeh y el SSNP,»Siria natural»incluye: Siria moderna, Líbano, Palestina, Jordania, Irak, Kuwait, Chipre,la península del Sinaí,la región de Ahvaz de Irány la región kilikiana de Anatolia

También se formaron partidos y organizaciones parecidas en Túnez y Marruecos, mientras que, en Siria, Anton Saada, conocido como «el Führer de la nación siria», encabezó el Partido Social Nacionalista (PPS) de Damasco. Como curiosidad, Saada proclamó en su plataforma que «los sirios eran la raza superior por su propia naturaleza». De la rama libanesa del PPS nacerían posteriormente varias milicias y organizaciones islamistas de corte fascista que se enfrentaron en la Guerra Civil del Líbano de 1975.  Sami al-Joundi, fundador del movimiento sirio Ba’ath, escribió posteriormente: «Éramos racistas. Admiramos a los nazis. Estábamos inmersos en la lectura de literatura y libros nazis que eran la fuente del espíritu nazi. Fuimos los primeros que pensamos en una traducción de Mein Kampf. Cualquiera que viviera en Damasco en ese momento era testigo de la inclinación árabe hacia el nazismo».

Las Camisas Verdes de Egipto emularon en gran parte al Partido Nazi alemán, utilizando una variación del saludo sig heil, procesiones de luz de antorcha y campañas terroristas contra los opositores políticos egipcios y judíos. Durante la guerra, las Camisas Verdes egipcias a menudo actuaban como una quinta columna para los nazis, ya que muchos miembros del grupo secreto llevaron a cabo acciones de espionaje y sabotaje en nombre del Tercer Reich y contra el gobierno egipcio pro-británico. Los activistas de las Camisas Verdes enviaron información de inteligencia al general nazi Erwin Rommel, el famoso Zorro del Desierto, mientras sus Afrika Korps luchaban en el norte de África, cerca de la frontera egipcia. Cuando Rommel pudo llegar a los acercamientos de la ciudad egipcia de Alejandría, los miembros de las Camisas Verdes del Joven Egipto utilizaron su influencia coercitiva para paralizar al gobierno pro-británico de El Cairo hasta el punto de que Egipto no pudo prestar mucha ayuda a los británicos durante la batalla de El Alamein. Anwar Sadat, el presidente egipcio que le siguió al anterior y joven teniente y miembro secreto de las Camisas Verdes durante la guerra, fue juzgado y encarcelado por los británicos como espía nazi. Gamel Abdel Nasser, también miembro de las Camisas Verdes, participaría más tarde en el golpe de Estado de los oficiales de julio de 1952 en Egipto. Siguiendo los pasos de al-Husseini en Palestina, los oficiales egipcios, al tomar el poder, prohibieron inmediatamente toda oposición política y sofocaron toda disidencia. Anwar Sadat, un protegido de Nasser, expresó admiración por Hitler en una carta al diario egipcio Al Mussawar el 18 de septiembre de 1953, ocho años después de la derrota del Tercer Reich.

El nazismo sigue teniendo su huella en el Egipto de hoy en día. Las tropas ceremoniales del presidente egipcio todavía llevan cascos copiados de la Wehrmacht nazi, y los jefes de Estado visitantes son recibidos en el aeropuerto de El Cairo por un desfile militar. El ex primer ministro israelí Menachem Begin, sobreviviente del Holocausto nazi, fue recibido por los stormtroopers egipcios con cascos cuando viajó a El Cairo para asistir al funeral de Anwar Sadat en 1981. En 2001, un columnista egipcio escribió en al-Akhbar, patrocinado por el gobierno: «Gracias, Hitler, de bendita memoria, que en nombre de los palestinos vengaron de antemano a los criminales más viles de la Tierra», escribió Chuck Morse en su libro The Nazi connection to Islamic Terrorism.

Al-Husseini fue el primer líder árabe que felicitó la subida al poder de Hitler, comunicando al consejo alemán en Jerusalén que «los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países». Una popular canción árabe a finales de la década de 1930 tenía como refrán «No más Monsieur, no más Mister. En el cielo Alá, en la Tierra Hitler». La triste realidad es que el nazismo fue muy popular en el mundo árabe desde el primer día y los primeros telegramas de felicitación de Hitler después de subir al poder llegaron de los árabes y fueron entregados al consulado alemán de Jerusalén. La OLP (Organización para la Liberación de Palestina) mantuvo vínculos con los neonazis incluso después de la guerra, aunque después de los Acuerdos de Oslo y el nacimiento de la AP (Autoridad Palestina) en la década de los 90 hicieron intentos serios para camuflarlo y no ofender la sensibilidad de sus nuevos aliados izquierdistas. Sin embargo, la nefasta alianza se vio delatada por varios atentados perpetrados por terroristas palestinos en colaboración con neonazis, uno de los más famosos siendo el de Entebbe, del que hablaré más adelante. También hay un montón de fotos que cualquiera puede ver en Internet con palestinos o árabes saludando, hoy en día, con el saludo nazi en sus manifestaciones y, sin ir más lejos, Fawsi Salim el Mahdi, excomandante de Tanzim 17, la guardia de élite de Yasser Arafat, famosa por sus atentados terroristas, era conocido como Abu Hitler porque nombró a sus dos hijos como Eichmann y Hitler. Me parece vergonzoso y más que extraño que la izquierda occidental sea tan entusiasmada con unos admiradores de Hitler.

Algunos intelectuales y revisionistas árabes de nuestros tiempos han intentado justificar la efusión de los árabes con el régimen nazi debido a que esos se oponían a los británicos y franceses, cuyo colonialismo preocupaba a los árabes. Sin embargo, ello no se sostiene porque la misma afinidad se observa hoy en día y la cooperación entre los neonazis e islamofascistas se da con cada vez más frecuencia, ya que comparten casi el mismo discurso judeofobo – y el tema postre que suelen usar es el conflicto palestino-israelí. Las redes están llenas de fotos de árabes manifestándose con eslóganes nazis, esvásticas y alabanzas a Hitler, y entre los negacionistas del Holocausto casi todos son o neonazis, o islamistas.

Para colmo, el sucesor de al-Husseini, Sheikh Ekrima Sa’id Sabri, Gran Muftí de Jerusalén entre 1994-2006, se mantuvo en la misma línea y no tuvo ningún reparo en declarar abiertamente, en 2001, hablando del Holocausto nazi que: «Es cierto, el número era inferior a seis millones e Israel está utilizando este tema para obtener simpatía». En el mismo sentido se había expresado un año antes en una entrevista al diario italiano La Repubblica, cuando dijo: «¿Seis millones de judíos muertos? De ninguna manera, eran mucho menos. Paremos con este cuento de hadas explotado por Israel para capturar la solidaridad internacional». Y como guinda encima del pastel, el 20 de febrero de 2005, en el canal saudí Al Maid dijo que: «Cualquiera que estudia los Protocolos de los Sabios de Sión y específicamente el Talmud descubrirá que uno de los objetivos de estos Protocolos es causar confusión en el mundo y socavar la seguridad en todo el mundo».

En realidad, la popularidad del nazismo en el mundo árabe se debió y se debe a su parecido con el islamismo político. Y es que, lo que más define a ambas ideologías es su judeofobia y cristianofobia, además de los aspectos autoritarios de ambos. Llama la atención el parecido que se da entre el concepto árabe de Ummah, y el concepto nazi de patria, o el Lebensraum. También son similares los conceptos de califa y Führer. Luego, la sharía comparte con la ideología nazi la idea de un gobierno centralizado e hipernacionalista; mientras que la yihad es similar al blitzkrieg; y Dar el-Islam es casi calcado a la idea del Reich de los Mil Años de Hitler. Más bien a eso se debió la popularidad de Hitler en el mundo árabe, que perdura hasta nuestros días, y una de las muchas pruebas es que el Mein Kampf de Hitler y los Protocolos de los Sabios de Sión, la farsa más descarada de la historia moderna, son incluso hoy en día best-seller en algunos países árabes. Aunque, sinceramente, lo último tampoco es un argumento muy a tener en cuenta, ya que, recientemente, en España, el libro del dictador nazi también fue best-seller en la conocida cadena Fnac. Los árabes incluso islamizaron el nombre de Hitler en Abu Ali, excepto en Egipto, donde lo bautizaron Muhammad Haidar. Los árabes pro-nazis de Hitler incluso llegaron tan lejos como afirmar que habían encontrado la casa donde supuestamente hubiera nacido su madre, en Tanta, Egipto, que fue convertida en lugar de peregrinación.

Husseini fue un islamista radical y nazi durante toda su vida, y muchos lo consideran el padre del movimiento yihadista y del fundamentalismo islámico de hoy en día. No solo fue uno de los impulsores del Holocausto nazi, sino que después de la guerra lo trasladó a Palestina, pero sustituyendo las cámaras de gas por terroristas y bombas humanas. El antisemitismo al estilo nazi continúa hasta hoy en día en un importante segmento del mundo árabe gracias en gran medida a Husseini, y las teorías conspirativas y dementes de Hitler se propagan con la misma impunidad en muchos países árabes regidos por sistemas políticos que emulan el nacionalsocialismo alemán en una amalgama toxica de judeofobia, socialismo, nacionalismo e imperialismo. Husseini fue un líder panárabe de mentalidad autoritaria que afirmaba que los discípulos del profeta Mahoma deben trabajar para la creación de un califato árabe unido en el mundo islámico y, en última instancia, en el mundo entero. A diferencia de Europa, que fue desnazificada después de la guerra, el legado venenoso de Husseini aún persiste hasta nuestros días y el islamofascismo está en auge en ciertos segmentos de la población árabe.

Al-Husseini se formó en la famosa Universidad Al-Azhar de Egipto, aunque no terminó sus estudios, por lo que no estaba calificado para ser muftí de Jerusalén, que fue su cargo desde 1921 hasta 1948. Fue un fanático muy cercano a la Hermandad Musulmana, que es la madre de casi todos los grupos terroristas islamistas de hoy en día, desde Al-Qaeda hasta Hamás y el Estado Islámico, y odiaba a los judíos y a Occidente en general, a diferencia de su predecesor y hermanastro, Kamil al-Husseini, que fue un hombre moderado que mantuvo buenas relaciones tanto con los judíos como con los cristianos. Después de la muerte de su hermanastro, y con la ayuda de los británicos, Husseini fue nombrado muftí de Jerusalén y desde el primer momento empezó a cometer abusos y a predicar la yihad, pidiendo a sus seguidores que asesinasen a cuantos judíos pudiesen. Fue corresponsable de la creación del primer grupo terrorista palestino, Mano Negra, que se dedicó a asesinar judíos y a destruir sus cosechas y propiedades, y en los años 90, el grupo terrorista Hamás, que actualmente es el órgano de gobierno en Gaza, usó su nombre como apodo de la rama militar de la organización, las Brigadas de Izzedin al-Qassam, llamando Qassam también a un cohete que manufactura y lanza contra la población civil israelí.

Cuando en 1937 un representante del muftí viajó a Berlin para buscar apoyo financiero y militar alemán, el almirante Wilhelm Canaris, el jefe de Abwehr, la inteligencia militar alemana, ordenó un envío de armas a Palestina, en una operación encubierta. El muftí fue el principal propagandista del nazismo en Oriente Medio y en 1937, cuando se celebraba el cumpleaños del profeta Mahoma, las calles de Palestina y otros países árabes se llenaron de banderas alemanas e italianas, y de fotografías de Hitler y Mussolini.  Fue un antisemita acérrimo que organizó muchos pogromos contra los judíos de Palestina y de otros países árabes, siendo el principal aliado islámico de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Durante y antes de la guerra, el muftí residió en Berlín, en una lujosa villa que los nazis habían confiscado a una familia judía y se la pusieron a disposición junto con otros honores y un sueldo de 65 500 reichmarks pagado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ribbentrop. Hay datos que confirman que se realizaron transferencias sustanciales de dinero a Suiza, en las cuentas del muftí, y que incluso en abril de 1945, cuando el Ejército Rojo se acercaba a Alemania, el Ministerio de Relaciones Exteriores le pagó 50 000 reichmarks.

Hajj Amin al-Husseini saludando a sus tropas nazis que entrenó para Hitler

Con la ayuda de la cúpula nazi, el 18 de diciembre de 1942 se fundó el Instituto Central Islámico, cuyo invitado de honor fue el propio Goebbels, el ministro nazi de Propaganda. En el discurso de apertura, Husseini mencionó las teorías conspiracionistas judeófobas habituales calcadas a los Protocolos de los Sabios de Sion que, evidentemente, gustó mucho a sus invitados, entre los cuales estaban Himmler, Rosenberg y Goebbels. En abril de 1944, con la ayuda de Himmler, Husseini abrió una escuela de imanes en Guben, que fue dirigida por las SS de Himmler y donde se formaban imanes que debían inspirar y motivar a los árabes que iban a luchar en las filas de las SS. Posteriormente, Husseini creó una legión árabe nazi, ya que, si bien al principio Hitler no se había entusiasmado mucho con la idea, después de la derrota de Stalingrado necesitaba urgentemente soldados para sus tropas. En marzo de 1943, Himmler se reunió con Husseini en Berlín para organizar una unidad musulmana de las Waffen SS, a la que llamaron la 13ª División SS Handzar (palabra que se refiere a la daga de los oficiales turcos durante el Imperio Otomano, a quien Husseini también había servido) y que era formada en gran parte por musulmanes bosnios. El muftí se fue a Sarajevo (en la ex Yugoslavia) para pedir apoyo al clero musulmán y a finales de abril de 1943 ya había reclutado 12 000 soldados que, junto con los demás efectivos musulmanes, contaban unos 21 000 hombres. La división cometió verdaderas atrocidades durante la guerra, asesinando indiscriminadamente a miles de civiles desarmados. Debido a ello, después de la contienda, Yugoslavia pidió que se le entregara a Husseini para juzgarlo por crímenes de guerra, pero este se escapó a Egipto con la ayuda de los ingleses. Handzar no fue la única división musulmana que combatió en las filas nazis, aunque sí la mejor preparada, y sus integrantes, después de participar en múltiples masacres de civiles en Bosnia, se ofrecieron luego como voluntarios para cazar judíos en Croacia.

Según el profesor Bernard Lewis, en noviembre de 1941, en un encuentro que tuvo con Hitler, Husseini intentó convencerle para que ampliase el exterminio de los judíos en la Francia de Vichy y la Italia fascista, aunque en el acta de la reunión lo único que consta es la petición de Husseini para que Hitler proclamase su apoyo al independentismo árabe. Lo que sí se sabe con certeza es que Hitler le prometió que sería nombrado el Führer de una entidad nazi-árabe, tal como se deduce de los diarios de Husseini, y también que, a menos de dos meses después del dicho encuentro, se celebró la Conferencia de Wannsee, en la cual se acordó lo que se conoce como la Solución Final, o sea: el asesinato en masa del pueblo judío. La escritora Pamela Geller demostró que Husseini abogó para que los nazis procedieran a intensificar el genocidio de los judíos en la mayor cantidad posible, en una ocasión llegando a solicitar que los nazis asesinaran a 400 000 judíos que pensaban deportar a Palestina.

Pese a conocer la suerte de los judíos capturados por los nazis, el muftí se negó incluso al rescate de varios miles de niños judíos que los gobiernos aliados de los nazis de Rumania, Hungría y Bulgaria querían mandar a Palestina. En dos cartas dirigidas a los ministros de Exteriores de Rumania y Hungría (que se guardan), el muftí hizo referencia a un boletín de la agencia judía según el cual Rumania quería enviar a Palestina 1800 niños judíos y Hungría 900. «Esto no resolverá el problema judío», escribió Husseini a los dos ministros, recomendándoles que mandaran a los niños a Polonia, aunque sabía perfectamente que allí iban a ser asesinados. «Permítame llamar la atención de Su Excelencia sobre la necesidad de evitar que estos judíos abandonen su país; y si hay razones que hagan necesaria su salida (remoción), será inevitablemente mejor e indefinidamente más preferible que salgan de su país y se vayan a otros países donde están bajo supervisión activa como Polonia, por ejemplo, para que no representan un peligro o causan daño», escribió el muftí. Hay que saber que «supervisión activa» era el término en clave para la matanza masiva de judíos. En el caso de Bulgaria, el muftí intervino con éxito en Berlín y evitó el envío a Palestina.

En 1942, Himmler permitió que 10 000 niños judíos fueran trasladados de Polonia a Theresienstadt, para desde allí enviarlos eventualmente a Palestina. Con respecto a esto, Günther-Eberhardt Wisliceny, el Obersturmbannführer de las Waffen-SS, adjunto de Adolf Eichmann para Eslovaquia y también amigo personal, declaró después de la guerra que: «Estaba planeado cambiar a estos niños por prisioneros civiles alemanes, a través de los servicios de la Cruz Roja Internacional». Pero Wisliceny fue convocado a Berlín por Eichmann, quien le reveló que «la idea de la operación planeada había sido conocida por el Gran Muftí, por medio de su servicio de inteligencia en Palestina. Como resultado, protestó enérgicamente ante Himmler, utilizando el argumento de que esos niños judíos en pocos años se convertirían en adultos y fortalecerían el elemento judío en Palestina. Siguiendo este consejo, Himmler prohibió toda la operación e incluso emitió una prohibición con respecto a casos en el futuro para que a ningún judío se le debería permitir emigrar a Palestina desde territorios bajo control alemán». (El juicio de Adolf Eichmann. Acta de actuaciones en el Tribunal de Distrito de Jerusalén , op. cit. , Vol. I. p. 244.)

En 1943, el muftí impidió la emigración de otros 4000 niños judíos y 500 adultos acompañantes a Palestina. «Solicito a Su Excelencia», le escribió al ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop, en una carta de 13 de mayo de 1943, «que haga todo lo posible para disuadir a Bulgaria, Rumanía y Hungría de implementar el plan judío-angloamericano y que preste especial atención a esta cuestión; al hacerlo, estaría prestando un servicio inolvidable al amable pueblo árabe». (Ibíd. , Vol. III, pág. 1138.) En una segunda carta de 10 de junio de 1943, el muftí le escribió a Ribbentrop que se había enterado de que setenta y cinco judíos, entre ellos también personalidades importantes, habían llegado a Palestina a finales de mes, que otros grupos de judíos de Rumania y Hungría también habían llegado o estaban listos para marcharse, y setecientos judíos de Polonia que tenían familiares en Palestina también estában listos para partir; además de cinco mil refugiados de Bulgaria, Rumania, Hungría y Eslovaquia que ya tenían los certificados de inmigración en su poder. «Me parece que debería poner en conocimiento de Su Excelencia el hecho de que los árabes, leales amigos del Eje, se sienten heridos cuando notan que sus amigos de los poderes del Eje facilitan el objetivo judeo-inglés de la transferencia de judíos, que son agentes de los británicos y los comunistas, enemigos de los árabes y enemigos de Europa, en Palestina».(Ibíd. , pag. 1139.)

El muftí conocía perfectamente cuál sería de suerte de esos niños y, además, hay testimonios que certifican que visitó el campo de exterminio de Auschwitz en compañía de Himmler, hecho que fue corroborado también por Ernst Verduin, un judío holandés que sobrevivió a Auschwitz 3 (Monowitz) y cuyo número tatuado era 150811. Verduin vio unos cincuenta hombres vestidos de forma extraña, acompañados por oficiales de alto rango del campo. Cuando preguntó a un guardia quiénes eran, ese le contestó que eran «el muftí de Jerusalén y su séquito que querían ver cómo los judíos trabajaban hasta morir, para que él pudiera hacer lo mismo con los judíos que vivían en Palestina». Se sabe que el muftí había visitado anteriormente los campos de Auschwitz-Birkenau y Majdanek, y en junio de 1942 también visitó el campo de concentración de Oranienburg. Por lo que no se puede decir que el muftí desconocía la suerte que tenían los judíos en Europa. De hecho, incluso supo la cifra aproximada de judíos asesinados, ya que en un comunicado en la radio de 20 de septiembre de 1944 preguntó a sus oyentes si rechazaban a 11 millones de judíos. Se sabe que el número total de judíos al comienzo de la guerra era de unos 17 millones, de lo cual se deduce que Husseini conocía la cifra de 6 millones que habían sido asesinados por los nazis. Incluso la terminología que usaba era muy parecida a la de los nazis, ya que mientras esos hablaban de Endlösung (Solución final), el muftí se refirió a Endgültige Lösung (Solución definitiva), lo cual es muy poco probable que sea una coincidencia, sino más bien demuestra que Husseini estaba familiarizado con la terminología nazi.

En el mismo sentido había advertido también Eichmann, quien le dijo a Ribbentrop que no se debería permitir que los niños emigraran cuando se enteró de la intención de la Oficina del Jefe de Seguridad del Reich de intercambiar 5000 niños judíos por 20 000 prisioneros alemanes. Eichmann le dijo a Ribbentrop que el cambio tenía que ser realizado de inmediato, ya que en caso contrario no se podría realizar el traslado hacia Palestina – supuestamente porque ya habían sido gaseados. «El muftí es un enemigo declarado de los judíos y no oculta su opinión de que le gustaría verlos a todos asesinados», se lee en unas notas de un funcionario de alto nivel del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán.

Después de la guerra, Husseini se refugió a El Cairo, donde asumió el mando del recién creado Alto Comité Árabe. Tanto Israel como Yugoslavia pidieron el Reino Unido, que por aquel entonces ejercía su protectorado en Egipto, que lo extraditaran para su juicio como criminal de guerra, pero los británicos se negaron debido a su gran influencia en el mundo árabe. En el mismo sentido se pronunciaron la Liga Árabe y el gobierno egipcio. Después de la creación del Estado de Israel en 1948, Husseini se opuso a cualquier negociación o armisticio. En 1959, Husseini abandonó su carrera política y se trasladó al Líbano, donde falleció en 1974.

Husseini impulsó el nazismo en el mundo árabe, principalmente en Iraq, y el resultado ya lo conocemos: un legado de gobiernos socialistas totalitarios y la persecución y aniquilación de la minoría judía del país, aunque se trataba de comunidades ancestrales que llevaban siglos viviendo allí. El primer pogromo contra los judíos iraquíes fue inspirado por Husseini, y entre 1951 y 1952, el resto de judíos que quedaban en el país, unos 250 000, fueron expulsados con poco más que las camisas que llevaban encima. También es de triste fama el pogromo árabe de 1929 durante el que toda la comunidad judía indígena de Hebrón fue aniquilada. La justificación de Husseini fue que temía que Palestina se convirtiera en otra Andalucía. Se refería a al-Andalus, el nombre de la España morisca. Y es que para él y otros islamistas de la misma índole los territorios que estuvieron bajo el islam una vez siempre le pertenecerán a ese, aunque los conquistaron por la fuerza, lo cual es el caso de Israel y España, entre otros.

  1. El muftí de Jerusalén como coparticipe en la Solución Final de los nazis alemanes

Los orígenes de la judeofobia en el mundo musulmán se remontan a los tiempos bíblicos, hace más de tres o cuatro mil años atrás, y sus características y funciones políticas han sido y son las mismas que en el mundo cristiano, el cristianismo siendo una sus fuentes. Sin embargo, hoy en día, la virulencia de los ataques judeófobos perpetrados por musulmanes son bastantes peores que los de la Europa medieval y fue hace poco que se escucharon gritos como: «Árabes, levántense y peleen juntos por sus derechos sagrados. Maten a los judíos donde se los encuentren. Esto complace a Dios, a la historia y a la religión», gritos salidos del pecho de Hajj Amín al Husseini, el padre de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mentor de Mahmoud Abbas, el actual presidente de la Autoridad Palestina y tío abuelo de Yasser Arafat.

La verdad histórica, apoyada por pruebas sólidas, es que, en los años treinta del siglo pasado, pese a su virulento antisemitismo, Hitler favoreció, en una primera fase, que los judíos saliesen de Alemania y del área europea que controlaba, siendo la expulsión, y no el asesinato, la política nazi inicial. Sobre ello hay un consenso casi unánime en el ámbito académico. En este sentido cito al historiador alemán Tobias Jersak, quien dijo que, «a partir de la publicación en 1995 de la documentación de Michael Wildt sobre el Servicio de Seguridad de la SS y el problema judío, ya nadie niega que, empezando con 1933, la política nazi concerniendo el problema judío buscaba la emigración de los judíos, preferentemente a Palestina». Por otro lado, Gunnar Paulsson aclaró que, incluso después de conquistar Polonia, «los nazis permitían todavía la emigración judía y hasta la favorecían, y consideraban mientras otros planes de expulsión», como por ejemplo reasentarlos en Madagascar. Christopher Simpson también demostró que, aunque la matanza de judíos había empezado, promovida principalmente por individuos como Reinhard Heydrich y los comandos Einsatzgruppen, «otros ministerios preferían una variedad de planes de deportación y reasentamiento, aunque no se ponían de acuerdo dónde relocalizar a los refugiados ni tampoco cuánto terror aplicarles». Michael R. Marrus y Robert O. Paxton concluyeron que, «hasta el otoño de 1941, aunque nadie definía la Solución Final con precisión, todo indica que se trataba de un vasto programa de emigración masiva que quedaba todavía por especificar».

Sin embargo, en el otoño de 1941 algo sucedió y los nazis cambiaron de opinión, optando ya no para la expulsión de los judíos, sino para su genocidio. No había dónde expulsarlos porque, como apunta el escritor y exsacerdote católico James Carroll, «los mismos líderes mundiales que habían denunciado la violencia antijudía de los nazis se rehusaban a recibirlos como refugiados. Para que la Solución Final se volviera irreversible, fue crucial el descubrimiento tardío de Hitler sobre la indiferencia política de las democracias europeas para con la suerte de los judíos».

Poco más tarde, el 9 de noviembre de 1941, el muftí palestino Hajj Amín al Husseini llegaba a Berlín, siendo recibido por los nazis con todos los honores. Llegaba justo después de haber dirigido para el gobierno pro nazi de Irak una gran matanza de los judíos de Bagdad. También se sabía que a lo anterior se sumaban varias matanzas de judíos que había organizado en las últimas dos décadas en la Palestina Británica. El 28 de noviembre del mismo año, Husseini tuvo una larga y tendida charla con Hitler quien, tal como resulta de las minutas nazi, aseguró al muftí que Alemania conquistaría el Oriente Medio, que el «objetivo único de Alemania sería la destrucción del elemento judío que reside en la esfera árabe», y que colocaría a Husseini como el «vocero con mayor autoridad para el mundo árabe». (Author: Germany. Auswärtiges Amt [Foreign Ministry]. Title: Documents on German foreign policy, 1918-1945, from the archives of the German Foreign Ministry. Akten zur deutschen auswärtigen Politik. English Publisher: Washington, U.S. Govt. Print. Off., 1949- Description: Book v. fold. maps. 24 cm.; Series D, Vol. XIII no. 515). Pocos días después, el 20 de enero de 1942 se convocó la famosa Conferencia de Wannsee, donde se estableció que la Solución Final ya no era un programa de expulsión de los judíos, sino de exterminio. Varios investigadores consideran que la llegada de Husseini a Berlín tuvo mucho que ver con lo anterior y ello fue demostrado años más tarde, en 1961, durante el juicio de Adolf Eichmann, el tristemente famoso arquitecto del Holocausto, aliado con Heinrich Himmler y amigo de Husseini.

Dieter Wisliceny

La influencia del muftí Husseini sobre Eichmann y Himmler fue demostrada delante del Tribunal de Crímenes de Guerra de Núremberg por Andrej Steiner, entre otros, que era un arquitecto checoslovaco-estadounidense que había participado en la resistencia como miembro del Grupo de Trabajo de Bratislava, una organización judía clandestina. Steiner testificó sobre una conversación que tuvo durante la guerra, en Bratislava, con Dieter Wisliceny, la mano derecha de Eichmann. Según contó, cuando preguntó a Wisliceny por qué los judíos no podían ser enviados a Palestina, «Wisliceny se rio y me preguntó que si no había oído hablar del Gran Muftí Husseini. Me explicó que el muftí tenía lazos muy estrechos de cooperación con Eichmann y que por lo tanto Alemania no podía permitir que Palestina fuera el destino final, pues sería un golpe contra el prestigio de Alemania, en la opinión del muftí». Wisliceny explicó a Steiner que: «El muftí es un enemigo mortal de los judíos y siempre ha peleado por la idea de exterminarlos. Insiste siempre en esta idea y también en sus pláticas con Eichmann. El muftí es uno de los progenitores de la destrucción sistemática del pueblo judío europeo por los alemanes y se ha convertido en el colega permanente, socio y consejero de Eichmann en la implementación de este programa. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a acelerar las medidas de exterminio. Le oí decir que, acompañado por Eichmann, había visitado de incógnito la cámara de gas de Auschwitz» (declaración oficial firmada presentada el 26 de julio de 1946 al tribunal de Nuremberg. Transcripción, Sesión 50, op cit.]. «El Mufti jugó un papel decisivo en la decisión de exterminar a los judíos de Europa. No se debe ignorar la importancia de su papel. El muftí propuso repetidamente a las autoridades, principalmente a Hitler, Ribbentropp y Himmler, exterminar a los judíos de Europa. Lo consideró una solución adecuada para la cuestión palestina». Es evidente pues que Wisliceny, que corroboró el testimonio de Steiner ante los investigadores de Nuremberg, consideraba a Husseini no solo coarquitecto y codirector del Holocausto, sino instigador directo y principal del asesinato de millones de judíos de Europa.

Rudolf Kastner

A ello se añade el testimonio independiente del periodista y abogado Rudolf Kastner prestado en el Tribunal de Núremberg, sobre sus conversaciones con Eichmann y Wisliceny en Budapest. Según los testimonios y confesiones que Kastner entregaría mucho después a otra corte, resulta que había colaborado con las nazis durante la guerra, en Hungría, conspirando contra sus compatriotas judíos a cambio de salvar a unos cuantos de su elección. Según el relato de Kastner, en junio de 1944, cuando negociaba la salida de sus elegidos, Eichmann se resistió enviarlos a Palestina y respondió ante su insistencia que: «Yo soy un amigo personal del gran muftí (Husseini). Le prometimos que ningún judío europeo entraría ya más a Palestina. ¿Lo entiende ahora?» [citado por Maurice Pearlman] Unos días después, Wisliceny le confirmó a Kastner que, efectivamente, Eichmann y Husseini eran muy amigos.

El propio Wisliceny explicó lo siguiente: «En mi opinión, el gran muftí, que ha estado en Berlín desde 1941, jugó un papel importante en la decisión del gobierno alemán de exterminar a los judíos europeos, y no debe menospreciarse la importancia de ello. Repetidamente le planteó el exterminio de la judería europea a las autoridades con quienes hablaba, y sobre todo a Hitler, Ribbentrop y Himmler. Le parecía una solución cómoda al problema palestino. En sus mensajes enviados por radio desde Berlín, nos superaba en sus ataques antijudíos. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a que acelere las medidas de exterminio. He oído que, acompañado de Eichmann, visitó de incógnito las cámaras de gas de Auschwitz».

Sin embargo, tal como delata un documento de Wisliceny presentado en Núremberg, las relaciones entre Eichmann y Husseini databan de 1937 [Transcripción, Sesión 16, op cit.] y Eichmann confesó en su juicio que en 1939 había hecho un viaje a Palestina para familiarizarse con el lugar y reunirse con el muftí. [Transcripción, Sesión 90, op cit) Posteriormente, según Wisliceny, cuando el muftí llegó a Berlín, Eichmann se reunió con él para discutir la solución al problema judío. [Transcripción, Sesión 16, op cit.] Ello deja claro que, antes de la visita de Husseini a Berlín, los nazis no habían ideado aún el sistema de campos de exterminio para asesinar a los judíos europeos (aunque existían campos de concentración, pero cuyo fin era, principalmente, el trabajo forzado, y no específicamente el exterminio), sino que ello fue formalizado en Wannsee después de que Husseini llegara a Berlín. Esto es lo que dejan claro los testimonios de Andrej Steiner y Rudolf Kasztner sobre sus conversaciones con Dieter Wisliceny, corroborados por el último como testigo directo de lo anterior. Hay otros testimonios en el mismo sentido, como por ejemplo el de un oficial alemán llamado Wilhelm Melchers, que durante los Juicios de Núremberg dijo que: «El muftí era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó (que) le gustaría verlos a todos liquidados».

Durante su juicio en Jerusalén, años más tarde, Eichmann intentó negar su relación con Husseini y declaró: «Vi al muftí solo una vez. Esto fue durante una recepción oficial ofrecida por el Departamento VI en la casa de huéspedes del Servicio de Seguridad a la que habían sido invitados la mayoría de los Oficiales Especialistas de la Oficina Central de Seguridad del Reich. Cada Oficial Especialista, incluyéndome a mí, fue presentado al muftí. (…) Nunca intercambié palabras con el muftí más que para decir mi nombre cuando me presentaron. No tuve nada que ver con el muftí en términos políticos». Esa estrategia de mentir, negar y distorsionar los hechos se prolongó durante todo el juicio. Incluso intentó convencer al Tribunal de que no era antisemita en absoluto. Sin embargo, sus declaraciones han sido negadas por otros testigos, como los mencionados antes y, asimismo, por otras pruebas.

En realidad, Eichmann fue enviado a Oriente Medio justo para ponerse en contacto con Husseini y otros líderes árabes. Él y el SS Oberscharführer Herbert Hagen llegaron a Haifa en barco el 2 de octubre de 1937, a las seis de la tarde, pero el muftí no estaba porque se había huido para escapar de los británicos, lo cual se refleja en el mismo informe que los dos líderes nazis redactaron al efecto. Según algunos historiadores, posiblemente, Eichmann conoció al muftí en la primera mitad de 1942. En las notas de Dieter Wisliceny de 26 de julio de 1946 se lee que este informó personalmente al muftí sobre la Solución Final: «Después de la llegada del muftí Al-Husseini a Alemania, visitó a Himmler. Poco tiempo después, el Gran Muftí visitó al director de la Sección Judía del Departamento IV de la Gestapo, el Obersturmbannführer Adolf Eichmann, en su oficina de Berlín, 166 Kurfürstenstrasse. Ya no recuerdo la fecha exacta de la visita. Posiblemente fue a finales de 1941 o principios de 1942. Por casualidad, estaba con Eichmann en Berlín unos días después, cuando me contó en detalle sobre esta visita. Eichmann dio una conferencia al Gran Muftí en su Sala de Mapas, donde había recopilado recuentos estadísticos de la población judía de varios países europeos; dio una conferencia detallada sobre la solución de la cuestión judía en Europa. El Gran Muftí, según él, quedó muy impresionado y le dijo a Eichmann que ya le había preguntado a Himmler y que de hecho había obtenido el consentimiento de Himmler en este punto, que un representante de Eichmann debería venir a Jerusalén como su asesor personal cuando él, el Gran Muftí, volvería después de la victoria de las potencias del Eje. En esa conversación, Eichmann me preguntó si no estaba dispuesto a ocupar el cargo. Pero rechacé en principio tales aventuras orientales. Eichmann quedó muy impresionado por la personalidad del Gran Muftí. Me dijo repetidamente, tanto en ese momento como en una ocasión posterior, que el muftí le había causado una impresión poderosa, y también a Himmler, y que tenía una influencia reconocida en los asuntos árabe-judíos. Que yo sepa, Eichmann veía al muftí de vez en cuando y hablaba con él».

El Fiscal General de Israel, Gideon Hausner, también demostró los vínculos del muftí con Eichmann en su libro Justicia en Jerusalén: «A principios de 1942, Eichmann lo recibió a él y a su séquito en la sede del departamento y les dio una conferencia sobre la Solución Final en Europa. El ex muftí quedó tan impresionado, que inmediatamente le pidió a Himmler que designara a alguien del equipo de Eichmann para que fuera su “asesor personal” para “resolver finalmente” el problema judío también en Palestina, una vez que el ex muftí fue reinstalado en su oficina por el Eje victorioso. Eichmann acogió con agrado la oferta. (…) Los lazos personales entre los dos continuaron a través del sobrino del muftí, quien más tarde llamó a Eichmann en su oficina». El fiscal preguntó a Eichmann si recordaba la propuesta que se había hecho para que Wisliceny se convirtiera en asesor del muftí, ese respondió: «No recuerdo eso, pero estoy seguro de que eso necesariamente habría sucedido. Puedo decir eso con seguridad. Pero no recuerdo eso».

De los documentos nazis intervenidos después de la guerra y analizados por el escritor y periodista Maurice Pearlman en su detallado trabajo sobre Husseini, resulta que: «en varias etapas de la guerra, y en particular hacia el final, los oficiales (nazis) a cargo de los asuntos judíos (es decir, del exterminio) estaban conformes, a cambio de dinero, con desviar a los judíos que iban a los campos de concentración. En los últimos días de la guerra incluso pensaban permitir que los niños fueran hacia Palestina en barcos “ilegales”. Pero cada vez el ex muftí, amenazando que delataría a los responsables a Hitler si se escapaba algún judío a Palestina, insistió que fueran todos a los campos de concentración. Ninguno escapó». Ello fue corroborado por Steiner, quien afirmó que en una ocasión, cuando Wisliceny y Eichmann quisieron negociar con algunos judíos que querían pagar para enviar a unos niños al campo de concentración de Teresienstadt y de ahí a Palestina, Husseini se enteró y se negó rotundamente, enviando cartas a varias autoridades nazi, que posteriormente fueron presentadas como pruebas en el juicio de Eichmann, e insistiendo que los enviaran a Polonia; es decir, a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

También se guardan las cartas que Husseini, presentándose como alto diplomático, envió a los gobiernos de Hungría, Rumania, Bulgaria e Italia, solicitando que no dejasen escapar a un solo judío. (Transcripción, Sesión 63 op cit.). A ello se añade un extenso registro fotográfico delatando las actividades del muftí a servicio de Hitler, y de especial relevancia son las que delatan su actividad en la ex Yugoslavia que he mencionado anteriormente. Husseini participó también en debates de alto nivel con los nazis sobre el esfuerzo bélico alemán en el Oriente Medio y sus planes para el exterminio de los judíos de Palestina y, «de no ser por Hajj Amín al Husseini, la matanza no hubiera sido tan extendida y cientos de miles de judíos quizá se habrían salvado», según Maurice Pearlman.

Cuando acabó la guerra, a petición del gobierno yugoslavo y en base a las abrumadoras pruebas presentadas, en el Parlamento británico hubo una presión sostenida para enjuiciar a Husseini por crímenes de guerra y contra la humanidad, pero los gobiernos británico y francés, que tenían a Husseini bajo su custodia, lo dejaron escapar a Egipto. Posteriormente, un artículo publicado en 1947 por la revista The Nature, explicaba que todo ello había hecho que Husseini tuviera una excelente reputación en el mundo árabe musulmán. En 1996, el historiador Rafael Medoff comentaba que «los primeros trabajos académicos sobre el muftí, como el de Maurice Pearlman o el de Joseph Schechtman, si bien obstaculizados por la inaccesibilidad de algunos documentos clave, por lo menos lograron comunicar los hechos básicos de la carrera del muftí como colaborador nazi. Uno hubiera pensado que la siguiente generación de historiadores, con mayor acceso a los materiales de archivo relevantes (sin mencionar la perspectiva histórica más amplia que se obtiene con el paso del tiempo) hubiera podido mejorar el trabajo de sus predecesores. En vez de eso, sin embargo, los historiadores actuales del conflicto árabe-israelí han minimizado o inclusive justificado las actividades nazis del muftí».

Francisco Gil-White aclaró que «el trabajo de Pearlman es de 1947 y el de Schechtman de 1967. Desde entonces ha imperado un silencio casi total sobre el muftí. (…) Medoff, escribiendo en 1996, no cita un solo trabajo académico anterior a 1990 que mencione a Husseini. Y los publicados entre los años 1990-96, o no dicen absolutamente nada sobre la participación nazi de Husseini, o relegan eso a un “resumen” de un párrafo, a veces una frase, que deja casi todo fuera. Algunos autores inclusive afirman—de pasada—que las actividades nazis de Husseini fueron imaginadas por los “propagandistas sionistas”».

Saludo nazi de las organizaciones terroristas palestinas Hamas y Fatah

                  • CONTINUARÁ –

 

 

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