La amistad del muftí Husseini con François Genoud, el banquero suizo del Tercer Reich. El muftí nazi delató la farsa de los refugiados palestinos

«Al gran muftí Amín al-Husseini: El Movimiento Nacional-Socialista del Gran Reich alemán ha enarbolado desde su advenimiento la bandera de la lucha contra la judería mundial. Por tanto, siempre ha observado atentamente la lucha de los árabes amantes de la libertad, sobre todo en Palestina, contra los intrusos judíos. El reconocimiento de este enemigo y la lucha conjunta contra él son la sólida base de la alianza natural entre la Gran Alemania Nacional-Socialista y los musulmanes amantes de la libertad del mundo entero».

Telegrama de Heinrich Himmler al muftí Hajj Amin al-Husseini

 

Es de gran interés el registro oficial del acta alemana del encuentro entre Hitler y el muftí Husseini de 28 de noviembre de 1941, en la Cancillería del Reich en Berlín²³. Del acta resulta que el muftí le dijo a Hitler que «los países árabes estaban firmemente convencidos de que Alemania ganaría la guerra y que entonces la causa árabe prosperaría», y que «estaban dispuestos a participar en la guerra no solo negativamente, por medio de comisión de actos de sabotaje e instigación de revoluciones, sino también positivamente por la formación de una Legión Árabe». El muftí también mencionó una carta que había recibido de Alemania en la que se leía que no pretendía ningún territorio árabe y reconocía las aspiraciones de independencia y libertad de los árabes, apoyando la eliminación del hogar nacional judío.

Adolf Hitler y Hajj Amin al-Husseini

Lo más interesante de dicha acta es que el muftí mencionó la cifra de «1.700.000 árabes que habitan en Siria, Transjordania, Irak y Palestina». Los palestinos de hoy en día afirman que, antes del nacimiento del Estado de Israel, en su territorio había un millón de palestinos. Pero el muftí afirmó que solo seis años antes había 1.700.000 árabes en un territorio inmenso que comprendía no solo el diminuto territorio de Israel, sino también Siria, Irak y Transjordania. Corroborando ambos datos, resultaría que 1.000.000 de árabes palestinos vivían en un escaso territorio del tamaño de la provincia española de Badajoz, de poco más de 20.000 kilómetros cuadrados y casi yermo, que es el actual Israel; y el resto de 700.000 vivían en un enorme área de más de 700.000 kilómetros cuadrados y bastante más fértil… Dicho en otras palabras: que en el diminuto y desértico Israel vivían un millón de palestinos, mientras que en un territorio 35 veces más grande vivían tan solo 700.000. Está claro que los cálculos, por mucho uno lo intente, no van a cuadrar. Sin decir que el muftí ni siquiera mencionó en ningún momento a ningún pueblo palestino, sino la palabra «árabes». Este simple dato es más que suficiente para desmontar la farsa de los refugiados palestinos.

Pese a lo anterior y a lo expuesto en los anteriores artículos de la presente serie, que son datos públicos que cualquiera puede consultar, cuando en 2015 el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu mencionó en un discurso ante el Congreso Sionista Mundial el importante papel que el muftí Husseini tuvo en la Solución Final, la prensa internacional saltó por los aires y la ONU consideró «impensable» que alguien sugiriera siquiera que los palestinos estuvieran detrás del Holocausto. «Cualquier sugerencia que el Holocausto contra los judíos pudo ser inspirado por palestinos, musulmanes o cualquier otro que no sean los nazis sería impensable», dijo a la prensa Farhan Haq, un portavoz del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. El argumento base que esgrimían los voceros de la ONU fue que sería imposible que Amin al-Husseini hubiera influido en el Holocausto porque este se reunió con Hitler en 1941, cuando ya había empezado la matanza de los judíos europeos. Sin embargo, ninguno de los anteriores tuvo en cuenta hechos históricos que demuestran que al-Husseini estuvo en contacto con los nazis bastante antes de su encuentro oficial con Hitler en 1941. Sin mencionar los datos que he aportado al principio de este capítulo y solo por poner algunos ejemplos, recordaré lo siguiente:

  • En febrero de 1933, poco después de que Hitler se convirtiera en canciller, el muftí envió un telegrama a Berlín diciendo que esperaba con interés difundir la ideología nazi en Oriente Medio y Palestina;
  • Se guarda un documento sobre una visita de al-Husseini a Yemen en 1936, en el cual el muftí es llamado «un enviado de Hitler»;
  • En julio de 1937, el muftí visitó al cónsul general alemán y le expresó de nuevo su apoyo al Reich;
  • En noviembre y diciembre de 1937, un representante del muftí viajó a Berlin buscando apoyo financiero y militar alemán. Más tarde, al-Husseini se reunió con Adolf Eichmann para hablar sobre la cuestión judía.  En una página del diario del muftí fechada el 9 de noviembre de 1944, se lee: «El mejor de los amigos de los árabes: Eichmann».Encima de la palabra Eichmann está escrito en árabe con la letra de Al-Husseini: un diamante muy raro y el mejor redentor de los árabes.
  • Y lo más evidente de todo: que Husseini vivió en Alemania antes y durante la guerra en una mansión que el Gobierno nazi le puso a disposición, desde donde se dedicaba a emitir sus discursos pro nazis en árabe que se escuchaban en todo el mundo árabe – las grabaciones aún se guardan.

Además de lo anterior, una de las pruebas más concluyentes en este sentido es la duradera amistad entre al-Husseini y François Genoud, también conocido como el banquero suizo del Tercer Reich, amistad que empezó en 1936 y duró hasta bien entrada la década de los 60, cuando ese viajó a Palestina. Genoud fue un férreo nazi que dedicó su vida a ayudar a los criminales de guerra nazis y luego también a los que consideraba los sucesores naturales de Hitler: los islamistas radicales. Entre otras, costeó la defensa del juicio de Eichmann y, posteriormente, también de Klaus Barbie, el jefe de la Gestapo en Francia y del famoso terrorista internacional (y amigo de los terroristas palestinos, como se verá más adelante) Carlos el Chacal. También creó un fondo de ayuda para los criminales de guerra nazis que estaban en prisión e incluso les mandó cestas de chocolate, como demostró Kevin Coogan.

Genoud ganó verdaderas fortunas publicando de forma póstuma las obras de Hitler y Goebbels y se suicidó más que convenientemente a una avanzada edad, justo cuando la justicia suiza destapaba, después de cincuenta años, uno de los episodios más vergonzosos de la Segunda Guerra Mundial: la colaboración del sistema financiero suizo con la Alemania nazi, ocultando el oro robado a las víctimas y a los países conquistados.

Hjalmar Schacht, ministro de Finanzas del Tercer Reich

Trabajando para las agencias de inteligencia suizas y alemanas, Genoud viajó mucho por Medio Oriente y en 1955 se convirtió en el asesor y banquero del nacionalismo árabe creando Arabo-Afrika, una empresa de importación-exportación que sirvió de tapadera para la difusión de propaganda antijudía y la entrega de armas al Frente de Liberación Nacional de Argelia. También hizo inversiones para Hjalmar Schacht, el ministro de Finanzas del Tercer Reich, expresidente del Reichsbank durante la guerra e intermediario clave en la posguerra entre los alemanes y los árabes.

Anteriormente, Genoud había ayudado a muchos criminales de guerra nazis a refugiarse en el mundo árabe. Fue el caso de Alois Brunner, que durante años fue el protegido del expresidente sirio Hafez el-Assad, en Damasco. Unos cuantos años antes, en 1940, junto con un ciudadano libanés, había fundado un club nocturno llamado Oasis, en Lausana, para servir como tapadera de la Abwehr, la inteligencia militar alemana. En noviembre de 1956, William J. Porter de la Embajada de los Estados Unidos en Rabat, notificó al Departamento de Estado que: «El Sr. François Genoud, un ciudadano suizo que reside en Frankfurt/Main, Alemania, y que pretende representar los intereses de Hjalmar Schacht, llamó a la embajada esta semana para hablar sobre (…) inversiones masivas en Marruecos».

La relación de Genoud con el mundo árabe fue muy activa y en la década de los 50 había abierto cuentas bancarias suizas a nombre de los ejércitos de liberación de Marruecos, Túnez y Argelia. En 1958, en asociación con un ciudadano sirio y con Hjalmar Schacht de asesor, Genoud fundó el Arab Commercial Bank, en Ginebra, para administrar el botín de guerra de los separatistas argelinos. Posteriormente, cuando se proclamó la independencia de Argelia en 1962, Genoud se convirtió en el director del Banco del Pueblo Árabe, en Argel.

A partir de la década de 1960, Genoud ayudó a financiar numerosas causas terroristas de los islamistas radicales, vendiéndoles armas y pagando honorarios para su defensa. En noviembre de 1969 se sentó junto al abogado radical Jacques Verges como asesor en el juicio en Suiza de tres terroristas del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) que habían explotado un avión de El Al. Arab Commerical Bank de Genoud pagó la defensa. En la misma década empezó a suministrar armas a los palestinos por medio de New European Orden (El Nuevo Orden Europeo), con sede en Lausana, Suiza. En abril de 1969, Genoud reunió en Barcelona a varios palestinos y los puso en contacto con ex nazis para ayudarlos en su entrenamiento militar. También financió al ayatolá Jomeini, en exilio en Francia mientras Irán estuvo gobernado por el Sah Mohammed Reza Pahlavi. En la década de los 70, Genoud también financió a varios grupos de izquierda para la liberación árabe armada.

Wadi Haddad

También participó el 21 de febrero de 1972 en el secuestro de un Boeing 747 de Lufthansa con destino a Frankfurt. Aquella noche, unos terroristas palestinos secuestraron el avión en el que viajaba el hijo de 19 años de edad del senador Robert F. Kennedy, pidiendo un rescate de 5 millones de dólares. El rescate fue entregado un día después y fue destinado al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), que desde entonces ha cometido numerosos ataques terroristas en todo el mundo. Dicha operación fue orquestada por el terrorista palestino Wadi Haddad con la ayuda de François Genoud. «La cantidad de dinero exigida a Lufthansa fue muy alta», confesó Genoud al periodista francés Pierre Pean, revelando su papel en el secuestro. «Un número demasiado bajo nos habría hecho perder credibilidad. Un número demasiado alto podría haber hecho fracasar la operación, especialmente considerando la rapidez con la que se tuvo que recolectar el dinero».

En la prensa francesa el nombre de Genoud empezó a nombrarse con cada vez más frecuencia cuando se hablaba de los vínculos entre los grupos fundamentalistas islámicos y la extrema derecha europea. En agosto de 1987, el International Herald Tribune informó desde París que: «François Genoud, banquero suizo pronazi que vive en Lausana (…) quien ha sido nombrado varias veces en la prensa francesa como el administrador del “cofre de guerra nazi”, contactó con Wahid Gordji, un funcionario de la embajada iraní en París que fue imputado por un tribunal francés en el atentado con bombas cuando fueron asesinadas trece personas en París en 1986. Esos ataques supuestamente fueron llevados a cabo por un terrorista fundamentalista islamista pro iraní. Gordji también había pagado la publicación de un catálogo de pedidos por correo publicitario de libros neonazis»,  informó el periódico.

También fue amigo del famoso negacionista del Holocausto, David Irving. «Se le preguntó a David Irving sobre Genoud», escribió Gerry Gable, editor de Searchlight, «e Irving dijo: “Oh, conozco a Genoud desde hace muchos años, somos muy buenos amigos. Es un hombre interesante, un banquero del movimiento (neonazi)». Posteriormente, la amistad entre los dos nazis se rompió porque se pelearon por los derechos de la traducción de los diarios de Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler. «No era una persona obsesionada con si uno era de izquierda o de derecha, simplemente cualquiera que estuviera en contra de Israel», escribió el periodista estadounidense Martin Lee, mientras que, en 1992, el Observer llamó a Genoud «uno de los principales nazis del mundo» y dijo: «Los servicios de seguridad afirman que transfirió el oro de los nazis derrotados a cuentas bancarias suizas». «Mis puntos de vista no han cambiado desde que era joven. Hitler fue un gran líder y, si hubiera ganado la guerra, el mundo sería un lugar mejor hoy», declaró el propio Genoud a un periódico londinense en 1992.

A la luz de los anteriores, la negativa tan abrupta de la ONU y demás medios que se han dado tanta prisa y aún más ímpetu por negar la conexión entre los palestinos y los nazis es, como mínimo, sospechosa. A ello hay que añadir una carta de 1943, hecha pública en marzo de 2017 por la Biblioteca Nacional de Archivos de Israel, mediante la cual Heinrich Himmler, el jefe de las SS, elogiaba al muftí al-Husseini y declaraba que los lideres nazis habían seguido de cerca los movimientos árabes contra los judíos, especialmente los movimientos de Palestina. El telegrama de Himmler decía lo siguiente: «Al gran muftí Amín al-Husseini: El Movimiento Nacional-Socialista del Gran Reich alemán ha enarbolado desde su advenimiento la bandera de la lucha contra la judería mundial. Por tanto, siempre ha observado atentamente la lucha de los árabes amantes de la libertad, sobre todo en Palestina, contra los intrusos judíos. El reconocimiento de este enemigo y la lucha conjunta contra él son la sólida base de la alianza natural entre la Gran Alemania Nacional-Socialista y los musulmanes amantes de la libertad del mundo entero. Con este espíritu, le transmito, en el aniversario de la ignominiosa Declaración Balfour, mis más afectuosos saludos y deseos para la materialización exitosa de su lucha hasta la certera victoria final. Heinrich Himmler, Reichsfuhrer-SS».

Judíos iraquíes sobrevivientes del Farhud

En el 26º aniversario de la Declaración Balfour, Himmler expresaba públicamente sus mejores deseos ante el mitin de protesta organizado por al-Husseini en Berlín, delante del Ministerio de la Luftwaffe (el Ejército del Aire nazi), rechazando el establecimiento de un Estado judío. La cartera del Ministerio pertenecía en aquel momento a Herman Göring quien, con el consentimiento de Hitler, había gestionado previamente como fideicomisario unos fondos en valor de 920.000 dólares que el muftí al-Husseini había invertido en acciones de siete grandes empresas alemanas. Ese día, el muftí no fue el único invitado árabe en la oficina del jefe de la Luftwaffe, sino que también estuvo presente Rachid Alí al-Gillani, ex premier de Irak con quien, a mediados de 1941 y con el apoyo de Hitler, Husseini había organizado el pogromo conocido como el Farhud, que arrasó el barrio judío de Bagdad y dejó más de 200 muertos, marcando el principio del fin de la comunidad judía de Irak (el 40% de la población capitalina era judía). El Farhud, también llamado la Noche de los Cristales Rotos de Oriente Medio, fue incitado por la propaganda pronazi aventada en Irak por Husseini y sus colaboradores, y fue seguida por el pogromo de Trípoli de 1941. Fue tan solo uno de muchos ataques contra los judíos en el norte de África y Oriente Medio.

Durante su estancia en la Alemania nazi, Husseini consiguió más de lo que había imaginado: desde su propio programa radiofónico que emitía desde Berlín, hasta bloquear la inmigración judía a Medio Oriente, o el entrenamiento de sesenta paracaidistas árabes por las SS, que el muftí llamaba su «núcleo bélico para la guerra contra los judíos». Su muy famoso llamamiento al linchamiento de judíos («Matad a los judíos dondequiera que los encontréis. Matadlos con los dientes si es necesario») se hizo en una emisión radiofónica desde Berlín el 1 de marzo de 1944. Aparte de oficina, coche oficial y nomina, los nazis le confirieron a Husseini el estatuto de Ario de Honor y en el verano de 1943, Himmler no solo le dijo que a esa fecha ya habían asesinado a tres millones de judíos, sino que incluso le contó sobre el programa nuclear alemán. A cambio, aparte de la férrea propaganda del nazismo en el mundo árabe, Husseini ayudó a los nazis a reclutar musulmanes bosnios para las Waffen-SS (las unidades Handschar, Skanderbeg y Kama).

A la luz de los anteriores, está más que demostrada la influencia del nazismo en el movimiento nacionalista palestino, cuestión que, por mucho que niegue la ONU, los árabes y el poderoso lobby antijudío, es de suma importancia para desentrañar los orígenes de un conflicto que se perpetua de hace décadas (gracias, en gran medida, a la ONU) y también para comprender qué es el islamismo radical que está azotando el mundo con cada vez más ímpetu. El primer gran líder del nacionalismo palestino fue un nazi activo; el siguiente fue su discípulo y sobrino Yasser Arafat; y el actual líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas también fue uno de sus discípulos y homenajeó a Husseini en muchas ocasiones e incluso escribió un libro negando el Holocausto, aunque posteriormente rectificó y dijo que se había equivocado. Sin mencionar a Hamás, la organización terrorista que gobierna en Gaza y cuyo único punto expresado en su Pacto de constitución es la aniquilación de Israel – en base a los Protocolos de los Sabios de Sion, una farsa de la Ojrana, la policía secreta zarista, delatada como tal hace un siglo.

Está claro que pese a que en un principio el nazismo había tachado a los árabes de raza semítica inferior, posteriormente los consideró potenciales aliados contra dos enemigos comunes: la democracia y «el judío». Por ello empezaron a invertir en propaganda en los países árabes. Pero los palestinos no fueron los únicos. El partido político Baaz de Irak, al que perteneció Sadam Husein, y el régimen Asad de Siria también tienen un indudable origen nazi y son clave para ilustrar la sinergia que hay entre el nazismo y el panarabismo. No hay duda de que Husseini no solo que conocía de primera mano el exterminio de los judíos europeos, sino que incluso quiso copiar el modelo en Palestina y uno de sus primeros planes en este sentido fue un ataque químico contra la ciudad de Tel Aviv, por suerte fallido. En su libro Los planes para el exterminio de los judíos en Palestina, los historiadores Klaus-Michael Mallmann y Martin Cuppers demostraron que el muftí tenía previsto construir cerca de Nablus, en Palestina, un campo de exterminio como el de Auschwitz, que había visitado con Himmler.

Alfred Rosenberg De Bundesarchiv, Bild 146-1969-067-10 / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5664905

Los nazis invirtieron un capital considerable en las actividades del muftí y otros líderes árabes pronazis. El muftí tenía sus estaciones de radio no solo en Berlín, sino también en Zeissen, Bari, Roma, Tokio y Atenas, desde donde difundía propaganda pronazi en todo Medio Oriente. Propaganda que daba mucho resultado, si tenemos en cuenta las palabras de Joseph Goebbels, quien anotaba en 1937: «En Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con esvásticas y retratos de Hitler». El año de esta anotación, 1937, es importante, ya que, como vimos antes, algunos afirman que las relaciones entre Husseini y los nazis comenzaron en 1941, después de empezar el genocidio nazi contra los judíos. Lo cual no es cierto, sino que la peligrosa amistad se entabló recién comenzada la década de los 30 del siglo pasado.

Pero la afinidad entre el nazismo y el islamismo radical se hizo notar bastante antes y fue el propio padre de la ideología nazi quien la mencionó entre los primeros. En el temprano 1899, Houston Stewart Chamberlain, cuyo libro Los fundamentos del siglo XIX sentaría las bases del nazismo unas cuantas décadas más tarde, ya estaba fascinado por el islam, por la poderosa voluntad de los árabes y por la forma en que esos se enfrentan a la muerte siguiendo los dictados del Corán. Por su parte, el filósofo del Partido Nazi, Alfred Rosenberg, fue un gran admirador de Chamberlain y odiaba el cristianismo, aunque admiraba al profeta Mahoma – pero pese a ello, detestaba a los mestizos y a los negros de África. Fue uno de sus libros sobre el sionismo, publicado en 1922, que lo convertiría en aliado de los islamistas radicales. «Una Palestina controlada por judíos podría convertirse en un punto focal para las ideas judías de la dominación mundial», escribió Rosenberg. Las ideas de Rosenberg se reflejan casi calcadas hoy en día en el Pacto de Hamás, en la que se lee que los sionistas buscarán controlar toda la región y luego la dominación mundial, y que el esquema sionista no tiene límites (Artículo 32). Para darse cuenta de lo absurdo de esta afirmación sobra mirar en el mapa el diminuto territorio de Israel y el territorio de los países árabes, más de cien veces más grande. También ayuda saber que los judíos representan aproximadamente un 0,02% de la población mundial, mientras que los musulmanes representan casi un cuarto, en concreto 24%.

También es curiosa la similitud entre la visión que tenía Rosenberg sobre Jesús de Nazaret y la que tienen los musulmanes al respecto. Según Rosenberg, Jesús no era judío ni fue crucificado; mientras que los musulmanes creen que sí fue judío, pero minimizan este aspecto, o evitan hablar de ello, y niegan su crucifixión. Sin embargo, hay una nueva corriente que afirma que Jesús no fue judío, sino palestino, y en este sentido se ha pronunciado recientemente la BBC²⁴. Sin analizar datos más complejos, solo si pensamos que el término palestino se creó un siglo después de la crucifixión de Jesús, tras la revuelta de Bar Kojba contra el Imperio romano, como veremos más adelante, se vuelve claro que la teoría de la BBC es una bazofia más que absurda. Referencias a Jesús como palestino también se hicieron en la edición de 13 de diciembre de Sunday Morning de BBC Radio Scotland, sin ninguna mención explícita de la identidad judía de Jesús. Aunque tampoco se puede pedir mucho de una emisora como la BBC por cuyos pasillos pasearon terroristas. Me refiero a una de sus invitadas, Ahlam Tamimi, que perpetró un atentado en Jerusalén que causó 145 víctimas, entre las que 15 mortales, la mitad siendo niños. El informe, actualmente eliminado de la cuenta de YouTube de la BBC, se compartió online bajo el título «Ahlam Tamimi, tu voz es fuerte: respuestas de solidaridad en los sitios jordanos y palestinos con la palestina Ahlam Tamimi».

 

Fragmento de La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

 

FUENTES:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

Klaus-Michael Mallmann y Martin Cuppers, Los planes para el exterminio de los judíos en Palestina

Chuck Morse, The Nazi connection to Islamic Terrorism.

Pilar Rahola y Tomás Alcoverro, Atrapados en la discordia

Eric Frattini, ONU, historia de la corrupción

Adam LeBor, El Súperbanco, la historia oculta del grupo de tecnócratas que gobierna el mundo

Hjalmar Schacht, Las confesiones de un brujo

Neal H. Petersen, From Hitler´s doorstep: the wartime intelligence reports of Allen Dulles, 1942-1945

LeBor Adam, Los banqueros de Hitler

John Weitz, Hitler´s Banker

Andrew McCarthy, The Gran Jihad, how the left sabotage America

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