La energía Kundalini, el Fuego Sagrado

Los niveles de nuestra existencia espiritual, mental, emocional y física están conectados por vórtices de energía que en el antiguo sánscrito se llamaban «chakras», significando ruedas de luz. Actualmente en nuestro cuerpo existen siete chakras principales, aunque según algunos psíquicos están aumentando a trece, que ya están activos en algunos. Dichos chakras están situados a lo largo de la columna vertebral y en la garganta, entrecejo y coronilla, y su número total, además de los siete principales, es alrededor de setenta y dos mil. La energía universal entra en nuestros cuerpos por los chakras, especialmente por el chakra raíz situado al final de la espina dorsal a la altura de los órganos ge nitales, y de allí sube a través de los demás chakras hasta la coronilla. Cuanta más energía seamos capaces de absorber, más fuerza tendremos para crear e influir en nuestro propio destino y en nuestro entorno.

En el primer chakra, situado en la base de la columna vertebral, reside la Kundalini, que es lo mismo que el Fuego Sagrado del que hablaban los cristianos primitivos y que deriva de la palabra «kundal», que en sánscrito significa «enrollado como un resorte», siendo la energía latente que todos tenemos dentro de nuestros cuerpos. Cuando el ser «despierta», dicha energía empieza a activarse subiendo por los demás chakras hacia la coronilla, donde se une con el Espíritu, transformando al ser y culminando una etapa de su evolución, mientras nos sana en todos los niveles. Cuando la Kundalini se eleva más allá de la coronilla, experimentamos estados místicos de conciencia y éxtasis y adquirimos la comprensión de que la dualidad no es la realidad intrínseca de la existencia, sino una mera ilusión del mundo de la materia.

Hay poca información fiable sobre este misterioso fenómeno, aunque durante las últimas décadas se ha registrado un número en constante aumento de individuos que afirman que dicha energía se ha activado en sus cuerpos, algunas veces de forma involuntaria, otras veces debido a ciertas prácticas psicofísicas e incluso como consecuencia de la ingesta de plantas sagradas, como por ejemplo la ayahuasca, el peyote o el cactus San Pedro.

El despertar de la Kundalini viene acompañado de diferentes sensaciones y experiencias vitales, entre las primeras siendo un fuerte calor en la zona genital. Cuando la energía sube por la columna, se experimenta un sentimiento de unión con toda la existencia e incluso se puede parar la respiración por un breve lapso de tiempo ya sea de forma voluntaria, ya sea sin querer, sin que manifestemos ningún tipo de ahogo o incomodidad, sino todo lo contrario. Cuando la Kundalini llega a la zona del corazón, se experimentan sensaciones como apertura de pecho, calor, palpitaciones cardiacas, hormigueo en los dedos y temblor en el cuerpo. Muchos de los síntomas del despertar de la Kundalini son efectos de cambios en nuestro sistema nervioso, siendo muy común confundirlos con ciertos trastornos neurológicos o biológicos, pero que no son sino síntomas de curación.

Imagen de RENE RAUSCHENBERGER en Pixabay

Imagen de RENE RAUSCHENBERGER en Pixabay

Los síntomas se manifiestan a lo largo de todo el proceso del despertar, que puede durar unos cuantos años o unas cuantas vidas, pero una vez empezado no puede ser anulado, aunque sí bloqueado temporalmente si se dan ciertas condiciones. Antes de que la energía se active, se suelen registrar visiones, sueños vívidos, ideas que surgen repentinamente, eventos sincrónicos o cambios en las creencias y con frecuencia se manifiesta un agudo cuestionamiento de las ideas y creencias sobre Dios y la religión. Cuando la Kundalini llega a la altura de la coronilla, se siente un aumento repentino de energía y se experimenta un cambio en la percepción que a veces hace que el entorno sea percibido en colores muy intensos y a la vez trasparentes, como si la materia tuviese la consistencia de un líquido. En esos estados se recibe información y se experimenta una comprensión holística de la existencia, e incluso uno entiende el propósito y la misión que tiene en la presente vida. Poco a poco, uno empieza a tener recuerdos de vidas pasadas, primero de las más traumáticas que aún no ha sanado a nivel álmico.

Sin embargo, el camino no es de rosas ni mucho menos debido a la limpieza en todos los niveles que se registra en nuestro cuerpo. En mi caso, empezó con una fiebre intensa que en pocas horas subió a más de 40ºC, hasta que me desmayé en la cama en medio de las visiones más extrañas que alguna vez he tenido, despertándome el día siguiente sin fiebre y como si nada, aunque con una sensación de cansancio tan profundo como jamás había experimentado. El ascenso de la Kundalini fue repentino y por aquel entonces aún no sabía nada al respecto, por lo que al principio estuve muy confusa por lo que me estaba ocurriendo, hasta que una amiga que conocía este fenómeno me lo explicó. Las fases de fiebre continuaron durante unos cinco meses, aunque nunca tan elevada como al principio, y duraban entre dos y cuatro días, durante los cuales las visiones se sucedían una tras otra, a veces a una velocidad enloquecedora.

Al principio del proceso, los síntomas pueden ser muy molestos: desde emociones muy fuertes que son casi imposibles de controlar, hasta depresión, picores de todo tipo especialmente en la zona de los chakras principales, variaciones en el peso, zumbido en los oídos, taquicardia y dolores agudos en la zona del pecho, hormigueo, insomnio, urticaria, vibración del cuerpo (que puede ser percibida incluso por los demás), aumento de la energía sexual alternada con la pérdida total de la libido, dolores de cabeza, contracciones musculares y muy habitualmente, inflamación del nervio ciático.

Lo que más me molestaba era la sensación de descargas eléctricas en todo el cuerpo, pero especialmente en la cabeza, que duró unos tres años y aún se manifiesta cuando estoy en ambientes cargados negativamente, ya sea emocionalmente, ya sea por la contaminación. Sin embargo, alternando las anteriores molestias, con frecuencia uno registra la amplificación de sus sentidos, percibe olores muy aromáticos o tiene sueños premonitorios, experiencias místicas y estados de éxtasis que a veces se pueden prolongar durante horas o incluso días, entre otras.

Al cabo de unos cuantos años y en función del grado de limpieza que hemos logrado tanto a nivel físico como emocional y en todos los niveles, los desajustes y molestias iniciales se calman y en casi todos los casos se registra una mejora de la salud y el aumento de la inmunidad del cuerpo, lucidez mental y el resurgimiento de dones que desconocíamos anteriormente y que lo más probable son talentos de vidas anteriores que empiezan a manifestarse paulatinamente en la presente, si se ejercen. Sin embargo, el proceso es muy personal y difiere de un individuo a otro.

Si alguien siente que se le está activando la Kundalini, es mejor no medicarse para paliar los síntomas, que casi siempre son muy molestos al principio, porque ello no haría más que entorpecer este fenómeno debido a los muchos tóxicos que están presentes en la medicina alópata, que la energía intentará limpiar y eliminar del cuerpo, lo que haría que los síntomas se vuelvan aún más agudos. Lo mejor es relajarse y visualizarse envuelto en una luz sanadora, comer lo más orgánico posible y antes que nada, conectarse con la naturaleza, que es lo que más ayuda a soltar y limpiar la cizaña emocional y física. Con el tiempo surgirá paulatinamente una sabiduría interior que guiará a cada uno a vivir de la forma más adecuada para con el propósito por el que vino a este mundo.

Para cerrar, debo mencionar que también existen opiniones contrarias a la anterior, en el sentido de que la energía Kundalini es demoniaca y prueba de una supuesta hibridación de la raza humana por una raza extraterrestre reptiliana maligna, que se dan especialmente en algunos medios de información supuestamente alternativos. Personalmente no estoy de acuerdo con ello y lo explicaré con más detalle en el próximo volumen de este libro.

 

Camino de Libertad 1º, La Bruja del Amor y el Yonqui del Dinero, de Mónica Nita

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