La Ley Marítima del Almirantazgo

Los primeros datos que tenemos registrados sobre el derecho marítimo provienen de la Isla de Rodas, del año 900 a. C. y el estudio de esta materia se limita a un pequeño círculo de investigadores anglosajones, según los cuales la humanidad creó dos grandes clases de códigos jurídicos: las leyes de la tierra y las del alto mar. Debido a las rudas realidades requeridas para sobrevivir en el mar, bajo la legislación marítima no existen derechos, sino solo privilegios que son concedidos por el capitán del barco a los miembros que integran la tripulación.

Según dichos investigadores, la Ley Marítima del Almirantazgo tiene carácter internacional y por lo tanto está vinculada a la actividad bancaria, al comercio, negocios, seguros, contratos, etcétera. Bajo su jurisdicción, el contrato tiene fuerza de ley y no hay otros derechos, a no ser los del capitán o de la corporación, en su caso. Di chos investigadores consideran que, sin saberlo, vivimos a diario de conformidad con esta ley y que el mismo capitalismo se desarrolló a partir de ella. Pero pese a que en su ámbito funciona correctamente, la extralimitación de sus prerrogativas en ámbito terrestre se vuelve indeseable porque intenta actuar por encima de los Estados y sus leyes, transformándolos en corporaciones y a nosotros en sus empleados, anulando nuestros derechos inherentes como seres humanos en aras de la «liberty», que se refiere a permisos y licencias que son otorgables y/o revocables por el capitán.

Este fraudulento desembarco de la Ley Marítima del Almirantazgo en los Estados Unidos se produjo a partir de 1933, durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, como consecuencia del estado de bancarrota e insolvencia surgidas a raíz de la crisis de 1929. A través de Emergency Banking Act, el 9 de marzo de 1933 Estados Unidos se declaró en bancarrota y se dice que ofreció a la Reserva Federal (FED) a sus ciudadanos como garantía de la deuda que había contraído. El mismo año se introdujo la obligatoriedad del registro de nacimientos, el certificado de nacimiento pasando a ser un título de valor. El mismo sistema se estableció posteriormente en algunos de los países occidentales, aunque con matices diferentes en función de cada país. Debido a que el dólar, el euro y en general las demás monedas no están vinculados al patrón oro ni a ningún otro tipo de valor desde 1971, sino que son creados por los bancos de la nada y son simples letras de cambio que representan una deuda, los Estados empezaron a garantizar sus deudas con los bancos usando como crédito a sus ciudadanos, los cuales se estima que producirán ciertas ganancias a lo largo de sus vidas. O por lo menos esta es la opinión de los investigadores que han estudiado este espinoso asunto. En España lo anterior es aún más patente que en otros países, ya que el número asignado al DNI (documento nacional de identidad) es idéntico al NIF (número de identificación fiscal).

Imagen de David Mark en Pixabay

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Para comprender mejor la sucesión de los eventos que desencadenaron lo anterior, hay que conocer la diferencia entre U.S.A. y U.S. Para ello tenemos que saber que el Gobierno federal de Estados Unidos (U.S.A.) tiene su sede en Washington, en el Distrito de Columbia (Washington D.C.). Pero el Distrito de Columbia no es un Estado de Estados Unidos (U.S.A.) y ni siquiera está incluido con una estrellita en la bandera norteamericana, como los demás Estados. En realidad, el Distrito de Columbia es una corporación conocida como «U.S.» (de United States, que significa Estados Unidos, sin la inicial «A» de América) que fue constituida en 1871 y es un enclave territorial de unas cien millas cuadradas que tiene sus propias leyes, bandera y soberanía. Pero al mismo tiempo, el Distrito de Columbia es la sede administrativa del Gobierno federal de los Estados Unidos y, según los anteriores investigadores, se rige por la Ley Marítima del Almirantazgo, por lo que las conclusiones son más que claras.

De hecho, el mismo nombre del distrito, Columbia, que es el nombre poético de Estados Unidos en referencia a Cristóbal Colón (en inglés Christopher Columbus), lo relaciona con el mar y consecuentemente con la ley marítima. También llama la atención que, pese a ser la capital del país, sus habitantes tienen menos autogobierno que los demás ciudadanos estadounidenses porque, a pesar de que cuentan un gobierno municipal y un alcalde, el Congreso es el que tiene la autoridad suprema sobre la ciudad y el distrito. Por ello, los residentes protestan por la falta de derechos de voto, por lo que, como vemos, pese a ser envuelta en matices de libertad, la Ley Marítima del Almirantazgo en la práctica merma nuestros derechos.

De la Ley Marítima del Almirantazgo heredamos el concepto de «recursos humanos», que es un departamento que existe dentro de casi todas las corporaciones, de lo cual se deduce que los seres humanos somos considerados, en base a esa ley, un recurso que aporta su energía en el proceso y se prevé que genere un cierto monto de beneficios económicos durante su vida útil, luego de lo cual pasa a la categoría de «retired» (jubilado, en inglés), o «re-tired» (re-cansado, o agotado).

Imagen de Free-Photos en Pixabay

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A ello se añade que la Estatua de la Libertad (Statue of Liberty) de Nueva York se encuentra en el mar (en una pequeña islita, en realidad) y no en tierra firme. La palabra inglesa «liberty» no significa libertad, como algunos podrían creer, aunque los términos se acercan mucho, sino que se refiere más a una concesión, que es una libertad otorgada por otro y no intrínseca del ser humano, por lo que tiene más que ver con una autorización o licencia. La palabra que significa «libertad» en inglés no es «liberty», sino «freedom». Por ello, muchos consideran que dicha estatua es una referencia a la Ley Marítima del Almirantazgo que quieren imponernos por encima de nuestros derechos naturales como seres humanos.

En 1845, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un acta por la cual la Ley Marítima del Almirantazgo se podría aplicar también en tierra firme. No se comunicó ninguna oposición a la ley y el Congreso celebró un comité sobre este tema en 1850 que dictaminó que «esta potestad es tan extensa sobre la tierra como sobre el agua».

Camino de Libertad 1º, La Bruja del Amor y el Yonqui del Dinero, de Mónica Nita

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