La noche se volvió luz

La noche se volvió luz y el Lucero de la Mañana esfumó con su belleza los grises del alma.

«Lo sé, siempre lo supe, aunque dudaba de que habías nacido en este mundo y era, porque de tanto buscarte y no encontrarte, mis esperanzas se habían dormido».

«Te amo», escuchó su voz por entre los vahos del alba. «¿Quieres ser mía?»

«Si siempre lo fui. ¿Acaso te olvidaste escuchar el murmullo de las olas que fueron testigos de nuestro pacto, que hace mucho prometimos recordar por eones?».

El océano abrazó su sonrisa y acarició sus mejillas con su brisa salada, volviéndolo ya todo presente. Un eterno presente que iluminaba sus almas como la alegría de una fiesta que nunca acaba.

«Te añoré tanto, que pensaba que la vida entera era añoro. Y ahora, que sé que existes, siento que el tiempo ha parado y que el mundo acaba de nacer, para no volver jamás a caer en olvido».

 

«Vida desnuda», Mónica Nita

Imagen de Johannes Plenio en Pixabay

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