La situación crítica de los cristianos en el mundo islámico y en los territorios palestinos

«Desde la época de las catacumbas, nunca había habido, hasta nuestros días, un intento tan masivo, organizado e impune de acabar con las comunidades cristianas. (…) La persecución que sufren hoy en día los cristianos en muchas partes del mundo es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia» (Papa Francisco)

«¿Alguien oye nuestro grito? ¿Cuántas atrocidades tendremos que soportar antes de que alguien acuda en nuestra ayuda?» (Fouad Twal, patriarca católico emérito de Jerusalén)

«A menudo se olvida que los cristianos somos el grupo humano más perseguido en el mundo» (Renato Raffaele Martino, cardenal, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y ex observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas

«Más de 300 personas son asesinadas cada día en el mundo por su fe cristiana, y cada mes se destruyen unas 200 iglesias alrededor del mundo» (The Washington Times, julio de 2017)

«El islam político actúa y perpetúa leyes anticristianas de manera normalizada, sistemática e integral, y lo hace amparado por la legalidad internacional» (Pilar Rahola, en su libro S.O.S. Cristianos)

«Con los “infieles” no hay dialogo, ni negociación, ni pacto; solo conquista y victoria.» (Abdullah Yusuf Azzam, ideólogo palestino de la yihad global)

«El terrorismo es un deber; el asesinato, una norma. Toda la juventud musulmana debería convertirse en yihadista» (Mustafa Setmarian, discurso pronunciado en el campo de entrenamiento de Al-Ghuraba, de Afganistan)

«La yihad significa lucha. Debes luchar allí donde puedes hacerlo. Cuando se nombra la yihad en el Libro Sagrado, se habla de la obligación de luchar. La yihad no debe ser abandonada hasta que Alá sea el único dios adorado. La yihad continua hasta que la palabra de Alá se eleve por encima de todo. (…) La yihad es la vía para llegar a la gloria eterna. (…) Tiene más mérito a los ojos de Alá una hora de yihad que setenta años de plegaria» (Abdullah Yusuf Azzam, gran ideólogo palestino de la yihad global, militante de los Hermanos Musulmanes, fundador de las organizaciones terroristas Al-Qaeda y Cachemira Lashkar-e-Tiba, mentor de Obama Bin Laden, autor de múltiples atentados en el Sureste asiático con centenares de muertos, ideólogo que popularizó la idea de la yihad global y volvió a recordar la idea de reconquista de al-Ándaluz, o sea, de España, y autor de los libros Join the Caravan y The Defence of Muslim Lands, que son textos de cabecera de los islamistas radicales de todo el mundo y se recitan en todas las mezquitas y madrazas)

«El único Estado, el único lugar de todo Oriente Medio donde los cristianos podemos sentirnos seguros, esperanzados, con futuro, con todas las oportunidades, como seres humanos normales, es Israel. Tenemos protección, es bueno vivir aquí, es muy fácil, hay diferentes culturas, una gran mezcla, es una democracia. Israel es el país más seguro del mundo. Por eso creo que, en los próximos años, todos los cristianos orientales querrán instalarse aquí, para crecer; es la única parte de la región donde nuestras iglesias no han sido destruidas, el único lugar de Oriente Medio. Y es el único lugar donde podemos ir a la iglesia y rezar sin poner en peligro nuestras vidas. Y donde podemos construir todas las iglesias que queramos. (…) En Israel no hay violencia, ni represión por cuestiones de fe, ni dificultades para practicar el cristianismo» (Elias Zirene, activista cristiano israelí en una entrevista acordada a la periodista Pilar Rahola)

El saludo nazi que practican los islamistas de hoy en día en los territorios palestinos y el resto del mundo

Si alguien quiere comprender un asunto del que no tiene muchos datos, o son contradictorios, lo mejor que puede hacer es analizar sus efectos. En este caso, quien quiere comprender lo que es el islamismo, lo podrá hacer analizando el conflicto árabe-israelí, o palestino-israelí, que son lo mismo prácticamente. También lo podrá hacer analizando la situación de los cristianos u otras religiones en los países islámicos.

En el verano de 2014, el papa Francisco declaró en una entrevista concedida al periódico La Vanguardia que, desde la época de las catacumbas, nunca había habido, hasta nuestros días, un intento tan masivo, organizado e impune de acabar con las comunidades cristianas, y que la persecución que sufren hoy en día los cristianos en muchas partes del mundo es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia. Por poner un ejemplo, los fieles de la Iglesia Ortodoxa Siríaca, que tiene una antigüedad que data del primer siglo de nuestra era, contaban con unos 500 000 feligreses a comienzos del siglo XX en la parte turca de Kurdistán; hoy en día se calcula que no superan 2000. «¿Alguien oye nuestro grito? ¿Cuántas atrocidades tendremos que soportar antes de que alguien acuda en nuestra ayuda?», lanzó un desesperado grito a la comunidad cristiana Fouad Twal, patriarca católico emérito de Jerusalén en mayo de 2006; mientras que el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y ex observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, dijo que «a menudo se olvida que los cristianos somos el grupo humano más perseguido en el mundo».

Y es que, según las estadísticas publicadas en un artículo de The Washington Times en julio de 2017, más de 300 personas son asesinadas cada día en el mundo por su fe cristiana, y cada mes se destruyen unas 200 iglesias alrededor del mundo. El mismo artículo mencionaba que, según el Departamento de Estado norteamericano, sesenta países miembros de la ONU practican o fomentan la discriminación religiosa. La progresión de los atentados contra los cristianos ha aumentado a 309% desde el año 2003 a 2011, según los datos facilitados por Global Terrorism Database (GTD) del National Consortium for the Study of Terrorrism and Responses to Terrorism (START).

Los territorios donde más se perpetran tales atrocidades fueron publicados por Open Doors, una organización que lucha contra la discriminación religiosa a nivel global de hace sesenta años, en su informe World Watch List. Los datos que proporciona son los más fiables posibles, ya que la labor de la organización es auditada de forma independiente por el International Institute for Religious Freedom, y son estremecedores:

  • 215 millones de cristianos, que representan uno de cada doce que hay en el mundo, repartidos en 50 países, sufren un altísimo nivel de persecución;
  • En 21 de esos 50 países, el 100% de los cristianos es gravemente perseguido.
  • Una cuarta parte de los países donde más represión contra los cristianos se da son ocho regímenes de Oriente Medio y África del Norte, que son los siguientes: Argelia, Egipto, Irán, Jordania, los Territorios Palestinos, Qatar, Turquía y Emiratos Árabes Unidos;
  • De los 10 países que encabezan el ranking, 9 son regímenes islamistas (aunque el primer lugar lo ocupa Corea del Norte, el único país no musulmán de la lista).
  • Un rasgo común en todos esos países es que la violencia contra los cristianos no consta en incidentes aislados de la población civil, sino que está regulada por leyes estatales.
  • Otro rasgo es que se trata de países donde no se registran conflictos, sino que lo anterior se debe a regímenes políticos que no contemplan el derecho a la libertad de culto.
  • Una conclusión preocupante del informe es que no existe en el mundo ningún país islámico donde los cristianos puedan practicar libremente su fe. «De esta información inapelable y aterradora se llega a una conclusión igualmente aterradora: que el islam político actúa y perpetúa leyes anticristianas de manera normalizada, sistemática e integral, y lo hace amparado por la legalidad internacional. (…) Son los países “amigos”, sólidos aliados de Occidente, miembros privilegiados del concierto de las naciones, a menudo con cargos de relevancia en la ONU, los que han convertido la cristianofobia en un corpus ideológico fundamental dentro de sus sistemas políticos», decía la periodista Pilar Rahola en su libro O.S. cristianos.

Pese a lo anterior, cuando en el año 2000, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos estableció que la sharía (la ley islámica) es incompatible con la democracia y los valores occidentales, la polémica en el mundo musulmán fue inmensa. Y esto con pleno conocimiento de que, en los países regidos por la sharía es imposible practicar la fe cristiana ni siquiera con unas mínimas garantías. En varios países islámicos incluso se ha llegado al absurdo de crear un cuerpo de policía religiosa, como por ejemplo: la Policía Clerical, en Arabia Saudí; la Polisi Polda Syrah Islam en Aceh, Indonesia; la Basij Force en Irán; el Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio en la Franja de Gaza. Un concepto que impacta en este sentido es el hisbah, que se traduce como «responsabilidad» y se refiere a la obligación que tiene todo musulmán a delatar a las autoridades cualquier conducta que incumpla la sharía, sin importar si se trata de un vecino, de un amigo, o incluso de un familiar. La hisbah se considera una obligación divina y quien no la cumple es penado como «pecador»; en otras palabras: que, si uno no denuncia a su hija, por ejemplo, por haber sido infiel a su esposo, o por ser lesbiana, será considerado un delincuente, aunque no haya cometido ningún delito. Es evidente la abismal diferencia entre lo anterior y los códigos penales de los países occidentales donde, generalmente, no existe ninguna obligación de denunciar a un familiar ni tampoco testificar de en su contra.

Pero ello no es todo, ya que los delitos previstos por los códigos penales inspirados en la sharía a veces ni siquiera se podrían considerar delitos en ningún país civilizado, como por ejemplo: la conversión a otra religión, el adulterio, el matrimonio con un no musulmán, la homosexualidad, etcétera. Sin embargo, el castigo para lo anterior puede llegar a ser incluso la muerte, en los países islámicos. Solo por poner un ejemplo de la clase de leyes que existen en algunos países islámicos, citaré dos artículos del Código Penal iraní:

  • Artículo 102: «Para la ejecución de la lapidación, el varón será enterrado en un hoyo hasta la cintura y la mujer hasta el pecho, y después serán apedreados hasta la muerte».
  • Artículo 104: «Las piedras no deberán ser tan grandes como para matar a la persona de una o dos pedradas, ni tan pequeñas que no puedan calificarse de piedras».

A lo anterior hay que añadir que Irán no solo que es el octavo país más peligroso del mundo para los cristianos, sino también uno de los mayores financistas del terrorismo (entre otras, financia las organizaciones terroristas palestinas Hamas y Hezbollah) y también de algunos partidos de izquierda de Europa, Estados Unidos y Venezuela, como lo demostraron el juez norteamericano Andrew McCarthy en su libro The Gran Yihad, how islam and the left sabotaje America, y Emili Blasco en su libro Bumerán Chavez.

En Irán son habituales los casos como el del profesor Hashem Aghajari, un veterano mutilado de la guerra de Irán contra Irak que defendió la necesidad de la existencia de un «protestantismo islámico». Por tal «delito» fue condenado a muerte, aunque posteriormente se le conmutó la pena a prisión. Otro ejemplo es el del pastor cristiano Hossein Soodmand; estas son las palabras de su hija en una entrevista acordada al periódico británico The Telegraph: «Tenía catorce años cuando vinieron a buscarlo. Estuvo encarcelado durante un mes, pero después la policía religiosa lo liberó sin explicaciones y sin disculpas. Estábamos muy contentos. Pensábamos que el peligro había pasado. Pero seis meses más tarde, la policía se lo llevó de nuevo. Esta vez, le dieron a elegir: podía renunciar a su fe cristiana y a la iglesia de la que era pastor, o sería ejecutado. Por supuesto, mi padre se negó a renunciar a su fe. No pudo renunciar a su Dios. Su creencia en Cristo fue su vida, su convicción más profunda. Así que dos semanas después, mi padre fue sacado de la prisión por los guardias y lo ahorcaron. Desde su ejecución en 1990, el acoso a los cristianos no ha parado de crecer. De hecho, esa sentencia de muerte fue la mecha para una severa represión y control de la pequeña comunidad cristiana, que empeoró progresivamente. Los servicios de inteligencia vigilan a los cristianos, las leyes los discriminan y los agreden, y el Gran Ayatolá Jomeini los señaló desde el primer momento, dejando también clara la filosofía del régimen con respecto a los no musulmanes. En sus propias palabras, (…) todos los no musulmanes son impuros. (…) Y a partir de este precepto fundamental, la lógica derivación: los musulmanes no pueden lavar la ropa de los no musulmanes, o comer con ellos, o incluso tocar sus utensilios, porque mancharían su pureza».

Otro ejemplo muy conocido es el de Shanin Najafi, un cantante de rap iraní que vivía en Alemania y era conocido por sus canciones que promovían la tolerancia a los homosexuales, la libertad de culto y contra la pobreza, la explotación infantil y censura. Eso provocó tanta rabia en el ayatolá Naser Makarem-Shirazi, que promulgó una fetua (sentencia basada en la sharía) contra él y abrió una campaña en Facebook impulsando al asesinato del joven, ofreciendo una recompensa de 100 000 dólares, que luego subió a 500 000 dólares (en la web Shia-Online). Otra web, HonareNab.ir, lanzó un juego llamado Dispara a los apostatas, con la cara del contante como diana. Ello obligó al joven a refugiarse en Estados Unidos. En marzo de 2017 participó en un concierto en Israel y posó con el cantante rock israelí Aviv Geffen. Una foto que dio la vuelta al mundo. «Israel es considerado un tabú en Irán y tengo el gran placer de romper ese tabú. Hago esto en nombre del arte, de la libertad y de la democracia. Si los delitos vinculados a la “ofensa de Dios” recaen a menudo en los musulmanes que expresan algún tipo de crítica o de opinión divergente, también es moneda común contra los bahaístas (acosados y perseguidos de forma especial) y contra los seguidores de Cristo», se expresó el cantante.

Los ejemplos podrían seguir e Irán no es el único país islámico donde los cristianos sufren atrocidades como las anteriores. En Arabia Saudita, la situación es la misma. Se trata de un país cuya Constitución son el Corán y la Sunna, y es el único del mundo en cuyo territorio no existe ninguna iglesia, está prohibido cualquier símbolo cristiano, incluidos los cementerios, y se ha llegado al absurdo de prohibir la muñeca Barbie por considerarla una «venenosa amenaza para el islam»; la sustituyeron con la muñeca Fulla, vestida según el rigor islámico, en burka. Es un país donde tener una Biblia en la mano podría suponerte la pena de muerte, y las webs que dan cualquier información sobre el cristianismo y el judaísmo están censurados. En marzo de 2014, un decreto real estableció que los ateos o cualquiera que rebata la ley islámica, o que proteste contra el régimen, son considerados terroristas y sometidos a la ley antiterrorista.

Además, «los estudios religiosos del reino alientan la violencia hacia los demás y animan a los alumnos a creer que, para salvaguardar su propia religión, deben reprimir violentamente o incluso eliminar físicamente al otro», se lee en un informe del Center of Religious Freedom of Freedom House, que delata que los manuales escolares saudíes son un auténtico «currículum de intolerancia». Lo anterior fue denunciado unos cuantos años antes también por el exjuez saudí Sheikh Abd al-’Aziz al-Qassem quien, junto con el periodista Ibrahim al-Sakran, redactó un informe sobre las escuelas de secundaria y los textos de los planes de estudio sobre las tradiciones islámicas, derecho religioso y asuntos de culto. Según Sarah Leah Whitson, directora de Human Rights Watch en Oriente Próximo, estamos ante una persistente cultura del odio: «Ya a partir del primer grado y durante todos los estudios, los alumnos de las escuelas saudíes aprenden el odio hacia todos aquellos que se consideran de una fe o de una escuela de pensamiento diferente».

Pese a lo anterior, en 2015, un año en el que se ejecutaron unas cien personas en el país, la ONU nombró a Faisal bin Hasán Trad como presidente del Consejo de los Derechos Humanos. Dos años más tarde, el 19 de abril de 2017, la misma ONU eligió a Arabia Saudita como miembro de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer para un periodo de cuatro años. Ello hizo que Estados Unidos se retirara de la Comisión mientras en el mandato estuvo el presidente Trump. Recientemente, después de que ganara las elecciones el presidente Biden, el país norteamericano ha vuelto a adherirse al consejo.

En los territorios palestinos las cosas no van mucho mejor, aunque la situación es distinta en Cisjordania, donde gobierna la Autoridad Palestina, que es más laica y tolerante; y en la Franja de Gaza, donde gobierna la organización terrorista Hamás, que ya sabemos que es el brazo largo de Irán, por lo cual imita a su mentor y financista. Aunque, históricamente, los cristianos árabes de Tierra Santa han abrazado la causa palestina, últimamente las cosas están cambiando, lo cual se pone de manifiesto especialmente en Gaza donde, debido al islamismo radical impuesto por Hamas, los cristianos sufren cada vez más discriminación y acoso. El periodista árabe Khaled Abu Toameh se refirió al fenómeno llamándolo la «talibanización de Gaza». Según el experto en inteligencia Jonathan Schanzer, ello se debe a que «Hamás mantiene el control de la población predominantemente sunita de Gaza mediante una combinación de violencia, gobierno autoritario e islamismo. Aplicación estricta de la sharia, tribunales y policía religiosa, detenciones arbitrarias de cientos de personas, ejecuciones masivas, ausencia absoluta de libertad de prensa, adoctrinamiento en el odio a Israel y en el terrorismo».

Un informe de Hudson Institute redactado por el experto en antiterrorismo Matthew Levitt e intitulado La progresiva radicalización de la sociedad palestina, delata la islamización severa y la política de terror que ha empujado a la pequeña comunidad cristiana de Gaza a un ostracismo progresivo. Aunque, en teoría, el derecho de culto está garantizado en la Franja, bajo el control de las leyes islámicas, el extremismo religioso está aumentando sin cesar, y de la misma forma han aumentado las denuncias de los lideres islamistas contra el «exceso de permisividad» con los «infieles» (leer más aquí). Un caso de violencia muy brutal se registró en 2007, cuando Rami Khader Ayyad, el propietario de la única librería cristiana de Gaza, fue secuestrado, torturado y asesinado, y su tienda fue bombardeada. En el mismo año fue asesinado también el gerente de la sociedad Biblia de Gaza, de 30 años de edad, que fue acribillado a tiros después de haber sido acusado de hacer proselitismo cristiano. Desde 2007, la Navidad dejó de ser un periodo festivo en Gaza. «La gente aquí no celebra la Navidad porque está intranquila. Los jóvenes, en especial, tienen miedo», dijo Imad Jelda, un cristiano ortodoxo que dirige un centro de entrenamiento juvenil. Karam Qubrsi, de veintitrés años, contó a The Guardian que un oficial de Hamas lo paró por la calle y le dijo que se quitara el crucifijo que llevaba al cuello. Cuando el joven se negó, el oficial lo amenazó con detenerlo, aunque al final desistió y lo dejó marcharse. El periodista árabe Abu Toameh también delató secuestros y conversiones forzadas en la Franja de Gaza, y aunque las autoridades gazatíes lo niegan, es conocido el caso de Huda Abu Daoud, que fue secuestrada y convertida al islam junto con sus tres hijas.

En Cisjordania, la situación de los cristianos es algo mejor que en Gaza, aunque el radicalismo islámico también está en aumento y con ello, también la violencia anticristiana. Pese a que las autoridades palestinas lo niegan, sí se dan casos de acoso, como por ejemplo el incendio del convento maronita Mar Charbel, de Belén. Sobhy Makoul, diacono del Patriarcado Maronita en Jerusalén, dijo: «Se trata de un incendio doloroso, realizado con astucia, y no un cortocircuito en la instalación eléctrica (como lo justificaron las autoridades palestinas). Es un acto de vandalismo puro, de índole confesional, obra de un grupo o de individuos afiliados al radicalismo islámico». También se registran acosos, como el denunciado por un joven llamado Zirene a la periodista española Pilar Rahola: «Ayer mismo, en Belén y en Bait Jala, jóvenes musulmanes subidos a unos grandes camiones, al estilo del Estado Islámico, destruyeron cuarenta coches de familias cristianas. Hubo dieciocho heridos. Pero la Autoridad Palestina hace caso omiso, como si no hubiera pasado nada. Lo puedes ver en Facebook, pero hacen todo lo posible para que este tipo de cosas no se sepan, por eso se desconocen». A la pregunta de la periodista si la violencia es periódica y estructural, la joven dijo que: «No es diaria, pero está en el ambiente. Se palpa en el aire. Es parte de su ideología. Utilizan a los cristianos de West Bank de dos formas: por un lado, los utilizan para decir al mundo que aquí también hay cristianos, que no solo son palestinos musulmanes (nota mía: ello porque la Autoridad Palestina recibe ingentes cantidades de dinero tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos y otros países cristianos), y los usan para la propaganda; pero, al mismo tiempo, muchos de ellos también tienen un pensamiento radical y les recuerdan continuadamente que no son musulmanes, que son infieles y que no creen en Dios».

Samir Qumsieh, miembro de una familia cristiana de Bait Sahur y propietario de la cadena de televisión cristiana Nativity, denunció reiteradamente las situaciones de acoso que sufren los cristianos en Cisjordania. Debido a ello, ha sido víctima de numerosas amenazas de muerte y ha sufrido agresiones con cocteles molotov. En 2013, Qumsieh alertó del riesgo del extremismo islamista al periódico The Times of Israel, diciendo que «Al-Qaeda ya ha llegado a West Bank». Miembros de la familia de Qumsieh también han recibido amenazas. Así, su primo, que es oficial jubilado del Departamento de Seguridad de la Autoridad Palestina, tuvo que eliminar de su muro Facebook un fragmento de un sermón debido a las amenazas que recibió. Qumsieh también denunció la explosión demográfica de los musulmanes palestinos, que tienen una media de 6-8 hijos por familia, mientras las cristinas solo tienen dos. Como veremos a lo largo de esta serie, la explosión demográfica es una etapa previa, aunque no obligatoria, de la yihad, igual que la hijra, que se refiere a la inmigración masiva, como la que se da de hace varios años en Europa. Un ejemplo en este sentido es lo ocurrido hace pocos meses antes en las Islas Canarias, que sufrieron una tremenda invasión de más de 21 000 personas en poco más de un mes, que llegaron en cayucos desde las costas marroquíes y, ayer mismo, la llegada de otros 5000 emigrantes en las fronteras de Ceuta y Melilla.

La situación es totalmente distinta en Israel, donde conviven pacíficamente y con total libertad de culto todas las familias cristianas, desde maronitas a melquitas, siriacos, coptos, evangélicos, católicos, ortodoxos, etcétera. En una entrevista acordada a la periodista Pilar Rahola, el joven activista Elias Zirene declaró: «Soy cristiano griego-ortodoxo y me siento orgulloso de ser ciudadano israelí. (…) Durante la época del control israelí, en las zonas cristianas, antes de 1998, antes de Oslo, la gente vivía feliz, segura, tenía buenos trabajos, tenía amigos judíos, conectaba con ellos, se visitaban. Cuando querían celebrar las fiestas religiosas, un día iban a Nazaret, pero otros iban a Belén, este era el espíritu. Era una buena situación para los cristianos en todo el territorio, no solo en los lugares sagrados, en todas partes, de norte a sur. Pero después de Oslo, y después del control de la Autoridad Palestina, la situación para los cristianos empeoró mucho. (…) En los últimos diez años, la población cristiana en Israel ha crecido, hay más gente, más personas que están bien, que quieren vivir como sus amigos judíos, que quieren alistarse en el ejército o quieren hacer el servicio militar, y que están orgullosos de formar parte de este Estado. Es un movimiento al alza entre los jóvenes. Más de 1700 se han alistado en el ejército o hacen el servicio militar. El 70 por ciento de los jóvenes piensa como yo, especialmente después de los efectos de las acciones terroristas estilo Estado Islámico. (…) El único Estado, el único lugar de todo Oriente Medio donde los cristianos podemos sentirnos seguros, esperanzados, con futuro, con todas las oportunidades, como seres humanos normales, es Israel. Tenemos protección, es bueno vivir aquí, es muy fácil, hay diferentes culturas, una gran mezcla, es una democracia. Israel es el país más seguro del mundo. Por eso creo que, en los próximos años, todos los cristianos orientales querrán instalarse aquí, para crecer; es la única parte de la región donde nuestras iglesias no han sido destruidas, el único lugar de Oriente Medio. Y es el único lugar donde podemos ir a la iglesia y rezar sin poner en peligro nuestras vidas. Y donde podemos construir todas las iglesias que queramos. (…) En Israel no hay violencia, ni represión por cuestiones de fe, ni dificultades para practicar el cristianismo». Ello ha hecho que numerosos cristianos pidan alistarse en el ejército, que en Israel solo es obligatorio para los judíos, siendo opcional para los cristianos y musulmanes. Por lo que, desde 1996, se ha cambiado la ley para permitir a los soldados cristianos prestar su juramento sobre el Nuevo Testamento.

Conociendo lo anterior, el afán de la izquierda europea de arremeter contra Israel y negarle incluso el derecho a la existencia, de organizar, participar o impulsar boicots como el ilegal y descarado BDS, por ejemplo, llegando incluso al grotesco de organizarlo en campus universitarios o en el campo del arte, de la educación y de la cultura, como veremos a lo largo de esta serie, despierta serias preguntas. Está claro que el islamismo ha sido marxizado – el nexo entre el islamismo y el marxismo queda patente en los trabajos del gran ideólogo socialista Ali Shariati, que estudio en Paris e inspiró al ayatolá iraní Jomeini -, pero aun así, antes de colgarse el pañuelo árabe al cuello y desfilar por las calles europeas, nuestra izquierda debería meditar en las palabras que Mustafa Setmarian pronunció en el campo de entrenamiento de Al-Ghuraba, de Afganistan: «El terrorismo es un deber; el asesinato, una norma. Toda la juventud musulmana debería convertirse en yihadista». Y después, si es que aún les quedan dudas, que mediten también en las palabras de Abdullah Yusuf Azzam, el gran ideólogo palestino de la yihad global, militante de los Hermanos Musulmanes, fundador de las organizaciones terroristas Al-Qaeda y Cachemira Lashkar-e-Tiba, mentor de Obama Bin Laden, autor de múltiples atentados en el Sureste asiático con centenares de muertos, ideólogo que popularizó la idea de la guerra santa global y volvió a recordar la idea de reconquista de al-Ándaluz, o sea, de España, y autor de los libros Join the Caravan y The Defence of Muslim Lands, que son textos de cabecera de los islamistas radicales de todo el mundo y se recitan en todas las mezquitas y madrazas. Según dicho señor, «todo musulmán de la tierra debería preparar su espada y luchar para liberar Palestina. (…) La yihad significa lucha. Debes luchar allí donde puedes hacerlo. Cuando se nombra la yihad en el Libro Sagrado, se habla de la obligación de luchar. La yihad no debe ser abandonada hasta que Alá sea el único dios adorado. La yihad continua hasta que la palabra de Alá se eleve por encima de todo. (…) La yihad es la vía para llegar a la gloria eterna. (…) Tiene más mérito a los ojos de Alá una hora de yihad que setenta años de plegaria». Azzan también se refirió a la necesidad de matar a los no musulmanes «inocentes», o sea, a los niños, mujeres y en general, cualquier indefenso, justificándolo con que son enemigos del islam: «Con los infieles (o sea, cristianos, judíos y otras religiones, y sin importar si son civiles o indefensos) no hay dialogo, ni negociación, ni pacto; solo conquista y victoria».

A la luz de los anteriores, es evidente que la fe cristiana es imposible en un régimen islámico. «El yihadismo es anticristiano – y judeofobo, homófobo, misógino y totalitario – como lo son los principios de la sharía y, en consecuencia, todo el islamismo político; no es casualidad que sea el hijo violento de la ideología que fomenta», dijo Rahola, recalcando que la historia de la yihad siempre ha estado vinculada a la conquista violenta, y que a partir del siglo XX, la mayoría de los ideólogos del islamismo político siempre han sido defensores acérrimos de una interpretación violenta del concepto de yihad.

El termino yihad aparece unas 41 veces en el Corán, pero sería injusto si culpáramos de la violencia del radicalismo islámico al libro sagrado, porque es a partir del siglo XX cuando los ideólogos islamistas empezaron a defender la obligatoriedad de la guerra santa violenta, el primero siendo Hasan al-Banna, el fundador de los Hermanos Musulmanes y colaborador íntimo del muftí de Jerusalén Hajj Amin al-Husseini, el padre del radicalismo palestino, gran amigo de los nazis y coparticipe en la Solución Final de Eichmann durante la Segunda Guerra Mundial, organizador de múltiples pogromos en el mundo arábico e impulsor del nazismo en Medio Oriente. Fue él quien impulsó el actual lema del yihadismo: «Alá es nuestro objetivo, el Profeta nuestro líder, el Corán nuestra Constitución, la yihad nuestro camino y morir por Dios nuestro objetivo supremo».

También tuvo un papel destacado Ab dar-Rahman ibn Nasir as-Sadi, gran estudioso del Corán de nacionalidad saudí y uno de los grandes hermeneutas de la escuela Hanbali, quien dictaminó que el sura 9.123 del Corán solo se puede interpretar como yihad violenta y una obligación santa para cualquier musulmán. El sura dice literalmente: «¡Oh, los que creéis! Combatid a los infieles que tenéis en vuestra vecindad. Y que os encuentren firmes y valientes, y sabed que Dios está con quienes son temerosos». También destaca Sayyd Qutb, el gran ideólogo y líder de los Hermanos Musulmanes, según el que: «La agresión básica de los infieles es la que perpetran en contra de Dios cuando se someten ellos mismos, o someten a los demás, a deidades diferentes a Él. Es esta clase de agresión que todos los musulmanes deben combatir a través de la yihad».

Yusuf al-Qaradawi

Además de los anteriores clásicos, también destacan varias personalidades más recientes como Yusuf al-Qaradawi y Mustafá Setmarian, que ya he mencionado antes, y según los que la guerra santa tiene que estar encaminada a conseguir que todo el planeta se rija por la ley islámica (la sharía), que todos sus habitantes sean musulmanes y que todos vivan como los salfs, es decir, como los primeros seguidores de Mahoma. Otra cosa preocupante es el concepto de Umma, o de la nación o tierra musulmana que, según Said Ramadan, sería: «cada porción de tierra donde haya un musulmán que declare que existe un solo Dios y su profeta», o sea, toda la tierra, porque en todos los países hay como mínimo un musulmán. También se considera umma cualquier mezquita, incluidas las construidas en Occidente, por ejemplo.

Pero lo más grave de todo es que no se trata de un problema solo de nuestros tiempos, sino también de uno futuro, porque millones de niños y jóvenes están siendo educados en una cultura de odio que no admite la convivencia ni la tolerancia, como vimos antes y veremos a lo largo de este libro. En algunos países islámicos, como Arabia Saudita, por ejemplo, ni siquiera se puede ser ciudadano del país sin ser musulmán. Pero Arabia Saudita está entre los principales financiadores no solo del terrorismo a nivel global, sino también de las mezquitas de Europa y de todo el mundo, donde se difunde, preferentemente, la enseñanza wahabista. Luego, tenemos los manuales escolares de los niños palestinos, que son una verdadera vergüenza y que educan en el odio hacia las demás religiones. Pese a ello, son costeadas principalmente por la ONU por medio de su agencia UNRWA, como veremos más adelante, y también por la propia Unión Europea, que solo hace pocos meses y después de incontables denuncias reiteradas por las autoridades israelíes y varias ONG-s, advirtió de que cerraría el grifo de dinero en caso de que la situación no cambie.

«Deberíamos tener una visión de futuro, valor para plantear la cuestión de una nueva civilización, que es la civilización de la convivencia. Es decir, hemos creado un mundo global desde un punto de vista financiero, económico. Global desde el punto de vista de la emigración, más o menos. Pero no hemos construido el espíritu de la globalización, los valores y la civilización. La civilización de convivir todos juntos, ese es el reto del mañana. En determinado momento, todo se vuelve relativo ante esta civilización de la vida en común. (…) Para vivir en un mundo global se necesita más espiritualidad y más cultura. Sin cultura no haremos nada. Hoy en mundo se ha imbuido de simplificación, este es el drama. (…) Y no olvidar, el islamismo empezó destrozando la Biblioteca de Alejandría. El paternalismo con el islam y la concepción perversa de una multiculturalidad que, en realidad, proyecta su buenismo hacia el mundo musulmán, al que no trata con la madurez critica propia del pensamiento libre, sino con un proteccionismo baboso lo justifica todo. Todo lo contrario, en cuanto se levanta una voz crítica para con el islam, salta inmediatamente en coro la corrección política, levantando el dedo acusador de la islamofobia, un sustantivo que se ha convertido, en sí mismo, en la metáfora de la censura moderna», concluía Pilar Rahola su libro S.O.S. cristianos.

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