Las dunas susurraban su nombre…

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Las dunas susurraban su nombre…

– No te entiendo… – dijo ella, mientras una pequeña arruga entre sus cejas le ensombreció un instante la mirada, que reflejaba el horizonte donde se unían el desierto dorado y el cielo turquesa, a rachas removido por hilos de nubes desechas por el viento, que ese día soplaba con ganas.

– No me entiendes porque aún no has sentido mi nombre en esta vida. Nadie puede ver o entender lo que aún no conoce. Como los nativos del Nuevo Mundo, que no vieron los barcos que llegaban desde Castilla para preparar la conquista, porque nunca antes habían visto un barco. Solo el chamán los vio, porque los chamanes aún hablan la lengua de la Tierra y de las estrellas y por ello perciben el mundo tal como es, y no en función de sus vivencias previas. Cuando aprendas a ver como los chamanes y recuerdes la lengua de los signos, entonces entenderás – susurraron las dunas.

– Lo sé – contestó ella, mientras despegaba unos cuantos granitos de arena de uno de sus labios. Lo sé, por ello lo bendigo todo: lo bueno y lo malo, la luz y las sombras, el día, la noche… porque todo me hace sentir algo que antes no había sentido y sé que para volverse Infinito, hay que sentir todo lo que se puede sentir: el dulce y el amargo, el amor y la traición, la calma y la tormenta… Bendigo y luego actúo según cada caso. Bendigo cuando hay que abrazar, y luego abrazo. Bendigo antes de una guerra y luego guerreo, pero lo hago sabiendo que mi enemigo es, en realidad, un maestro que vino a mi vida para traerme una lección, o sanar una herida. Bendigo y perdono los pecados del mundo, y también los míos, y ofrendo mi amor para sanar las heridas que tanto atormentan las almas. En este mundo nada es azaroso, por ello bendigo y agradezco todo, tal como viene: si hay que besar, beso, y si hay que luchar, lucho. Pero siempre bendigo…

– Escucha mis arenas de nuevo, para ver si ahora entiendes mi nombre – susurraron una vez más las dunas. Escucha mi nombre en mis arenas y vientos y ofrenda amor a los recuerdos que te traigan. Sé como el alquimista que transmuta el granito en oro, sin apegarte a nada, ni siquiera al resultado de tus acciones, porque todo lo que ocurre en la vida es una lección maestra, sin importar si vino a base de palos, o a base de besos…

 

«Vida desnuda», de Mónica Nita

Foto: las Dunas de Maspalomas, reserva natural especial del Sur de Gran Canaria, un paraíso en la tierra

 

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