No me cuentes tus amores…

La besó y se comió una lágrima que se deslizaba perezosa hacia su oreja.

– Amo los secretos que encierran tus lágrimas, aún sin conocerlos. Llora niña, llora y bendice tus lágrimas, porque limpian tu alma para que puedas fluir por la vida. Llora como lloran las nubes, sabiendo que son agua dadora de vida y que más arriba de ellas siempre brilla el sol. Llora y que tus lágrimas se vuelvan río que nutre – le dijo.

Ella lo miró y sus ojos brillaron como brillan las almas que han comprendido los porqués de sus vidas.

– A veces despierto el domingo pensando que es lunes, el tiempo parece que ha perdido sus cabales y galopa como un caballo enloquecido – le dijo. Intenté olvidarte, pensé que así era mejor para mí y también para ti. Pero no me salió, es imposible porque te veo en cada esquina y sé que respiro tu aire incluso si estás en la otra punta del mundo. Me pareció que perdía mi camino por pensar tanto en ti y me sentí culpable, pero al final eso tampoco me importó. Quise inventarme alguna magia para olvidarte, porque los viejos trucos no funcionan contigo, pero para qué hacerlo, si formas parte de lo más sagrado de mí. Ni la distancia ni el tiempo pudieron borrar tu bello rostro de mi memoria y ahora tampoco quiero que lo hagan, porque amarte es la mejor opción que tengo y ya me he acostumbrado a compartir mi soledad con tu recuerdo.

Hizo una pausa, un poco avergonzada por su tanta sinceridad y lo miró intenso, con esa hambre de entrar dentro de él y quedarse allí, para así jamás volver a añorarlo, que tan bien conocía.

– Pero amé antes de amarte a ti… – le dijo.

– Shhh… – le tapó él la boca con un dedo y luego, con un beso que a ella le pareció demasiado apresurado después de tanta espera. No quiero saber nada de tus amores de antes que yo. Lo que sé me sobra, no quiero saber más. Fueron bellos, lo sé, pero desde ahora y en adelante eres mía. Libre, porque solo así puedes vivir, pero mía. No ves que me gusta incluso el sabor de tus lágrimas, porque ahora ellas también son mías… No, no me cuentes tus amores de antes porque solo te puedo imaginar siendo mía y no podría soportarlo sin perder la cordura. Porque yo también desperté los domingos pensando que era lunes y mis días también se helaron, incluso en verano, por echarte de menos como a un pedazo arrancado de mi alma. A veces te añoraba más que al aire, pero ahora estoy aquí, eso pasó, así que vamos a rendir homenaje a las bellezas del mundo y a erigir con ellas templos donde recordar el milagro de vivir. Pero no, no me cuentes tus amores, porque yo solo quiero saber de ti…

 

Foto de Qimono en Pixabay

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: