Olvido y solo presente

– Te amo. Desnúdate. ¿Por qué te marchaste? – la preguntó sonriendo, sin ocultar las prisas de tocarla hasta el fondo de sus carnes y alma.

Ella miró hacia su hombro derecho, en un intento fallido de ocultar sus ganas de morderle cada pedazo del cuerpo. Instantes después le devolvió la sonrisa, alentándolo a que se acercara con una mirada que casi ardía:

– Porque no viniste cuando te llamé, por ello me fui – le contestó, mientras la pequeña arruga de su entrecejo tomaba la forma de una espada que no cargaba amenazas, pero sí algo de amargura. Porque me dejaste cuando iba a mis guerras floridas que defienden inocentes y ahogan mentiras. Las guerras son sucias, feas, dolidas y eso asusta; pero hay las floridas, algunas, como las mías de siempre. Este mundo extraño es un mundo de guerras donde las luces batallan contra las sombras y al revés, sin comprender que no podrían existir unas sin otras. Aquí incluso hay «guerreros de paz y de luz» porque, aunque en otros mundos ni la paz ni la luz se conquistan con guerras, aquí sí, demasiadas veces. Aquí incluso los hijos del arcoíris batallan para que no les arrebatan lo sagrado que vinieron a traer. Por ello me marché, porque cuando me ponía la coraza de guerras floridas, tú te fuiste. Y tú, ¿por qué no viniste cuando te llamé? Y luego, ¿por qué me buscaste cuando ya había abrazado con dulce resignación mi inocente y santa soledad?

Él se le acercó despacio y calló sus reproches en un abrazo que ella sintió como amor y castigo a la vez. Lo había echado tanto de menos, que incluso ahora, en ese abrazo, aún sentía el desgarro de la añoranza. Lo bebió como una sedienta en el desierto que, aunque encontró el oasis, no puede parar de beber el agua de la vida porque recuerda los días pasados, cuando solo era un reflejo de Fata Morgana, espejismo para que sus esperanzas sobrevivan un rato más. La pasión de su cuerpo y alma quemó sus reproches y todo se volvió olvido y solo presente.

Mónica Nita – Camino de Libertad 3º

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