La farsa de los refugiados palestinos. ONU, la principal responsable de perpetuar el conflicto en Oriente Medio y uno de los mayores financistas del radicalismo islámico

«La población de refugiados palestinos se calculó en 711.000 en 1950 (anotación mía: otras cifras que se barajaron fueron de 600.000). Hoy, parece que aún quedan entre 30.000 y 50.000 (anotación mía: otras estimaciones hablan de unos 20.000) de esos refugiados originales, y la UNRWA declara estar al cuidado de 4.950.000 de sus descendientes. Pero 285.000 de ellos parecen haber desaparecido del Líbano. ¿Cuántos palestinos habría en estos territorios si se elaborara un censo como es debido? ¿Cuántos “refugiados” desaparecerían de la nómina de la UNRWA como han desaparecido del Líbano? ¿Cómo podría afectar eso al presupuesto de la propia UNRWA?» (Shoshana Bryen, analista de políticas norteamericanas de Defensa y experta en Medio Oriente)

«El 99% de los refugiados palestinos son falsos, (…) si se aplicaran los estandartes correctos, simplemente desaparecerían» (Daniel Pipes, historiador, analista político y presidente de Middle East Forum)

«Estoy seguro de que hay miembros de Hamás en la nómina de la UNRWA, y no lo considero un crimen» (Peter Hansen, exdirector de la UNRWA)

«La única forma de resolver el problema de los refugiados palestinos es eliminar a la tóxica UNRWA, que sigue envenenando la mente de nuestros hijos con un odio que lleva a la violencia; hacer que los Estados árabes concedan la ciudadanía a los palestinos que, de todas formas, llevan décadas viviendo en ellos, y establecer un Estado palestino (completamente desmilitarizado) junto a Israel» (Basam Tawil, analista árabe)

 

La definición universal de la ONU para los refugiados es: «cualquier persona que se haya visto obligada a abandonar su hogar permanente en su hábitat natural desde tiempos inmemoriales será considerada refugiada», lo cual otorga el derecho a recibir apoyo financiero, legal y de otros tipos. Sin embargo, hay una categoría de refugiados única en el mundo, que son los palestinos. Solo en su caso, la definición cambió inexplicablemente de esta forma: «Todos los árabes que abandonaron Israel en 1948 y que vivieron allí dos años, serán considerados refugiados él y sus descendientes». Otro aspecto intrigante es que, pese a haber más de 70 millones de desplazados en el mundo, todos ellos atendidos por ACNUR, la agencia de la ONU creada a tal efecto, en el caso de los palestinos, es otra agencia de la ONU la que los asiste, que es la UNRWA.

Cuando estalló la guerra de 1948 que los árabes declararon a Israel, en el país había dos tercios árabes y el resto judíos. Sin embargo, gran parte de esos árabes no vivían allí desde tiempos inmemoriales (en un futuro post aportaré datos concretos) y este es uno de los puntos clave para entender la trama de los refugiados palestinos y qué hay detrás de la misma. Ya sabemos que existen mapas y miles de fotos que delatan que, en los dos siglos anteriores al nacimiento del Estado de Israel, en 1947, la población en Palestina era escasa. También contamos con documentos del Vaticano, que también registró los datos poblacionales de esa época y que demuestran lo mismo. Según los datos que tenemos (en un futuro post aportaré de sobra), el comienzo del asentamiento de árabes en Israel en un porcentaje importante empezó en 1831. Antes, la mayor parte de la población era conformada por judíos y cristianos; también había un porcentaje más pequeño de beduinos y árabes que, generalmente, no eran poblaciones estables, sino transitorias. Se sabe que, en 1831, el hijo de un gobernante egipcio, Ibrahim Pasha, se apoderó de parte de la tierra y trasladó allí campesinos egipcios. Sin embargo, la antigua Judea seguía casi yerma, lo cual hacía que la periferia del imperio otomano, que controlaba la zona por aquel entonces, fuera vulnerable. Por lo que los turcos invitaron a la gente de todo el imperio a establecerse allí. Fue el caso de la familia Husseini de Argelia, por ejemplo, que se refugió a Palestina debido a las luchas de poder internas. Otra ola de colonos egipcios llegó en 1869, después de la finalización de la construcción del Canal de Suez.

Sin embargo, el mayor flujo de árabes en la tierra de Israel se produjo en 1917, cuando se firmó la Declaración Balfour, y fueron mercenarios árabes de los países vecinos que acudieron a la llamada de Hajj Amín al-Husseini a la yihad contra los judíos. Aunque en su fórmula originaria, el hogar judío a que se refería la declaración comprendía toda Palestina (que actualmente es Israel, Jordania y un trozo de Siria), como agradecimiento por su ayuda en la guerra contra los otomanos, Gran Bretaña regaló al rey Abdullah de Jordania más de dos tercios del territorio que antes había prometido a los judíos, que hoy en día conocemos como el Reino Hachemita de Jordania. Con respecto a los judíos, los ingleses redujeron drásticamente el número de personas que podía emigrar a Palestina, incluso durante la Segunda Guerra Mundial (aportaré datos en un futuro post). Pero, mientras los judíos no podían entrar en la región, los árabes sí, y lo hicieron en masa, muchos de ellos alentados por la riqueza que traían los nuevos llegados, los judíos sionistas, y otros tantos que acudieron al llamamiento del muftí de Jerusalén, Hajj Amín al-Husseini, para impedir que los judíos se establecieran en su tierra ancestral.

Un libro interesante que aclara lo ocurrido es La historia secreta del MI 6, del profesor Keith Jeffery, sobre la historia del servicio secreto de inteligencia británica entre 1909 y 1949. Aunque el MI 6 censuró partes del libro, lo que el profesor Jeffery llamó la Operación Vergüenza, sí se pudo dar a conocer. En base a los documentos de la inteligencia británica, sabemos ahora que, durante la Segunda Guerra Mundial, los agentes británicos sabotearon los intentos de los judíos sobrevivientes del Holocausto de llegar a Palestina entre 1946 y principios de 1948, llegando hasta el extremo de intentar bombardear cinco naves de la Haganá, una de ellas con 4500 inmigrantes a bordo. Por otro lado, el MI 6 creó un falso grupo de defensa palestino para luchar contra los judíos. Ahora sabemos que ello ocurría mientras el UNSCOP, un comité de las Naciones Unidas que siguió a la Comisión Peel, estaba recorriendo el territorio de Palestina para trazar mapas para, en función del censo de población, dividir el territorio entre judíos y árabes. Pero mientras a los judíos se les impedía entrar en la región incluso cuando el Holocausto nazi estaba en plena marcha, y también después, los árabes llegaban a Palestina a trompicones y sin ninguna pega.

Es extraño cómo, después de la Segunda Guerra Mundial, cientos de millones de refugiados han reconstruido sus vidas, sin la ayuda de la ONU ni de nadie, incluidos los judíos que fueron echados de los países árabes después del nacimiento del Estado de Israel, pero solo los refugiados palestinos, pese a recibir cantidades ingentes de dinero y asistencia por parte de la UNRWA, creada única y exclusivamente para ellos, lo que más han dado a esta humanidad han sido terroristas y terror. Lo anterior me hace preguntar por qué la ONU ha invertido e invierte tanto dinero para perpetuar esta situación, porque si el conflicto palestino-israelí aún existe, de ello es responsable en gran medida la ONU, además de algunos de los Estados árabes. La única respuesta que se me ocurre es que la ONU cultiva de esta forma el antisemitismo, el odio hacia el único país del pueblo judío del mundo. Un país del tamaño de la Comunidad Valenciana, conformado por una población de menos de 0,02% del total mundial.

En un artículo publicado en The Hill por David May, analista de la Fundación para la Defensa de las Democracias, bajo el título La Agencia de las Naciones Unidas para los Palestinos está demasiado corrupta para ser salvada, se analizan ciertos aspectos de la UNRWA que deberían ser de conocimiento general. Y es que, a raíz de varios informes delatando la corrupción y abusos cometidos por la mencionada agencia, han sido varios los países que últimamente han recortado o anulado su ayuda a UNRWA, entre ellos Suiza, los Países Bajos y Bélgica, y muy probablemente seguirán otros. Según delatan fuentes internas, se trata de actos como «conducta sexual inapropiada, nepotismo, represalias, discriminación y otros abusos de autoridad (…) para suprimir diferencias legítimas y (…) alcanzar objetivos personales». Un año antes procedió de la misma manera Estados Unidos, que cerró el grifo de los 360 millones de dólares anuales en ayudas, que representaban una cuarta parte del presupuesto de la agencia. Ignazzio Cassis, el ministro de Exteriores suizo, dijo lo mismo que muchos otros: que la agencia no hace más que exacerbar el conflicto palestino-israelí, confiriendo estatuto de refugiado a millones de palestinos que, en realidad, no lo son, para así justificar su existencia e incrementar el volumen de donaciones que recibe. (Actualmente, el presidente Biden ha reabierto el grifo de dólares a la UNRWA, y una de sus consecuencias más claras es el estallido del actual conflicto palestino-israelí)

Un caso único en la historia es que, gracias a la ONU y a su agencia, UNRWA, de menos de 700 000 personas que podrían ser considerados refugiados (aunque hay discusiones en este sentido, como veremos en un futuro post), actualmente hay más de 5,4 millones de palestinos con estatuto de refugiado, aunque de ellos solo unos 30 000 abandonaron verdaderamente sus hogares cuando los países árabes declararon la guerra a Israel en 1948. Según los datos que tenemos, el interés desproporcionado de la ONU con respecto a los refugiados palestinos se vuelve más que patente, sin embargo, ello se vuelve falto de ética cuando nos enteramos de que, para el resto de más de 70 millones de desplazados del mundo, atendidos todos ellos por ACNUR, la otra agencia de la ONU para refugiados, se gasta mucho menos que lo que recibe la UNRWA de los palestinos.

Para más inri, la ONU tampoco reconoce el estatuto de refugiado a los judíos que fueron expulsados de los países árabes cuando nació el Estado de Israel. En un artículo para Jersalen Post, Gilad Erdan advirtió de que, a diferencia de los palestinos, que cuentan con una propaganda inaudita hasta la fecha y cuyas fotos se pueden ver expuestas en los pasillos de las Naciones Unidas, nadie habla de los aproximadamente 850 000 refugiados judíos expulsados de los países árabes e Irán en 1948 cuando se creó el Estado de Israel. Un número bastante más elevado que las cifras en alza de los palestinos que abandonaron Israel en el mismo periodo. Y aunque en sus inicios, la UNRWA contemplaba también la ayuda a ellos, sin embargo, esa nunca llegó, y tampoco hubo ni entonces ni después ninguna condena internacional por su saqueo y asesinato. De los miles de millones de dólares que han sido donados a la UNRWA, ni un solo céntimo se ha destinado jamás a ayudar a los refugiados judíos ni se ha hablado jamás de un supuesto derecho de retorno de esos a sus tierras que, por cierto, si se les devolviera, su superficie sería mayor que la del actual Israel (una asociación norteamericana guarda todas las escrituras de propiedad que lo demuestran).

La UNRWA gasta por cada refugiado palestino casi el doble de lo que gasta ACNUR por cualquier otro refugiado, según demostró David May, y mientras la última tiene en su plantilla 16 800 empleados, la UNRWA tiene unos 30 000 para atender mucho menos personas. De paso, la principal responsable de perpetuar no solo la dependencia de los palestinos de las ayudas internacionales, creando así una población parasitaria, y también de perpetuar la fantasía del derecho de retorno (no previsto para tales situaciones en ningún tratado de derecho del mundo) es igualmente la UNRWA. Lo peor de todo es que muchos de los supuestos refugiados contabilizados por UNRWA ni siquiera existen, sino que son inventados por la agencia para justificar su presupuesto, tal como demostró un reciente censo realizado en el Líbano, que probó que dos de cada tres refugiados palestinos simplemente no existe. Si a ello añadimos que, en 2016, por ejemplo, el presupuesto por cada refugiado palestino de la UNRWA fue cuatro veces mayor que el presupuesto para cualquier otro refugiado de ACNUR (246 dólares frente a 58), llegaremos a la conclusión que, para la UNRWA, el problema de los refugiados palestinos y la perpetuidad del conflicto palestino-israelí es el negocio más redondo del mundo. Para colmo, la UNRWA tiene, además, un largo historial de conducta indebida que va desde la incitación al antisemitismo, al apoyo a las acciones violentas contra Israel. «La UNRWA es una organización que actúa contra los intereses del Estado de Israel y de aquellos que están a favor de un acuerdo de paz regional. Cerrar la UNRWA sería el primer paso para tratar la enfermedad antes de que se torne verdaderamente maligna», cerró David May su artículo con una conclusión de las más acertadas posibles.

«La población de refugiados palestinos se calculó en 711 000 en 1950 (anotación mía: otras cifras que se barajaron fueron de 600 000). Hoy, parece que aún quedan entre 30 000 y 50 000 (anotación mía: otras estimaciones hablan de unos 20 000) de esos refugiados originales, y la UNRWA declara estar al cuidado de 4 950 000 de sus descendientes. Pero 285.000 de ellos parecen haber desaparecido del Líbano. ¿Cuántos palestinos habría en estos territorios si se elaborara un censo como es debido? ¿Cuántos “refugiados” desaparecerían de la nómina de la UNRWA como han desaparecido del Líbano? ¿Cómo podría afectar eso al presupuesto de la propia UNRWA?», se preguntaba Shoshana Bryen, analista de políticas norteamericanas de Defensa y experta en Medio Oriente. Y es que no puede pasar desapercibido que se esfumen de un día para otro 285.535 personas en un país tan pequeño como el Líbano.

Lo anterior surge del descalabro del número de refugiados palestinos en el Líbano que declaró UNRWA, en concreto 449.957 personas, y el resultado de una encuesta de la Administración Central de Estadísticas del Líbano y de la Oficina Central de Estadísticas palestina que solo contabilizaron 174.535 personas. Pero el presupuesto asignado por la ONU a UNRWA fue para medio millón de personas, y ya vemos que, en realidad, no son ni la mitad. Entonces, ¿adónde va ese dinero? Lo más probable que en el mismo lugar que los 13 millones de dólares en «gastos no presupuestarios» que salieron en déficit en una auditoría realizada por la propia UNRWA en 2006. Las múltiples anomalías de este tipo hicieron que se intentara en repetidas ocasiones que se enmendara la Ley de Ayuda Internacional de Estados Unidos, pero hasta la fecha ninguno de los intentos ha dado resultado, siendo bloqueadas por el Departamento de Estado.

A lo anterior se añade que las cifras verdaderas de refugiados palestinos han sido más que infladas debido a la propia definición de la ONU que, como sabemos, se inventó un nuevo criterio, único en el mundo, solo para los palestinos. Y es que, mientras para que una persona tenga el estatuto de refugiado se requieren muchos años de residencia en la zona de donde fue obligado a marcharse, en el caso de los palestinos la ONU dijo que solo eran necesarios dos años. Otra anomalía es que los palestinos son el único grupo de refugiados del mundo que transmite su condición de generación en generación, lo cual, añadido a la altísima natalidad de las mujeres palestinas, de una media de entre seis hasta ocho hijos por mujer, hace que, mientras todos los demás grupos de refugiados resuelven su problema en relativamente pocos años, los refugiados palestinos aumentan en progresión geométrica. Sin embargo, los palestinos van aún más allá y no se conforman siquiera con la cifra de 5,3 millones de refugiados, sino que afirman que son 6 millones y pretenden que todos ellos vuelvan a Israel que, recordemos, es un país de 9 millones de habitantes, de los cuales 20% son árabes y también hay muchos cristianos y de otros credos.

El mismo es el caso con los palestinos que no viven en campos de refugiados. En este sentido, se sabe que la Autoridad Palestina cuenta como residentes a 400 000 palestinos que están fuera del país de más de un año, más unos 100 000 bebés nacidos en el extranjero, pero que son inscritos como residentes en la Margen Occidental, según declaró el propio viceministro palestino del Interior, Hasán Ilwi. Los palestinos de Jerusalén Este también están contados erróneamente, pero esta vez doble, porque están registrados como residentes en la Autoridad Palestina, por un lado, y por otro como ciudadanos israelíes palestinos. Los anteriores datos son importantes porque, en función de ellos, se asigna el presupuesto de la UNRWA que pagamos entre todos de nuestros bolsillos.

Daniel Pipes, historiador, analista político y presidente de Middle East Forum, concluye en el mismo sentido, estableciendo que el 99% de los refugiados palestinos son falsos, y que, si se aplicaran los estandartes correctos, simplemente desaparecerían. Los requisitos deberían ser: tener al menos 73 años de edad (una persona que se refugió de Israel en 1948 tendría esta edad ahora), ser apátrida y no vivir en la Franja de Gaza, que es prácticamente un Estado (casi todos los países del mundo reconocen el Estado palestino, aunque aún no es un Estado en sí debido a la negativa de los líderes palestinos). Según el historiador, la manera como la UNRWA perpetúa y expande el problema de los refugiados palestinos suele revestir tres formas: permitiendo que dicho estatuto se herede de generación en generación; manteniendo el estatuto de refugiado incluso después de que la persona en causa haya adquirido la nacionalidad de otro Estado; o asignando tal estatuto a los palestinos que residen en la Franja de Gaza. Sin lo anterior, jamás se habría llegado a aumentar el número de refugiados de 600.000, en 1948, a 5,3 millones en la actualidad, lo cual es un caso único en la historia. Y es que, según un conteo, los verdaderos refugiados palestinos que existen hoy en día no superarían 20.000 o, como mucho, 30.000 personas. Hay mucha diferencia entre las dos cifras.

Como si lo anterior fuese poco, resulta que se ha demostrado que la UNRWA ha manteniendo relaciones de colaboración con Hamás, e incluso que miembros de la organización terrorista han integrado la plantilla de la agencia. Ello pese a la negativa de Hamás de reconocer a Israel, lo cual es más que extraño para una agencia de la ONU, ya que en la ONU Israel sí es reconocido como Estado. Debido a las gestiones de la UNRWA, los palestinos son el único grupo de refugiados el mundo que, en lugar de disminuir, crece. Sin embargo, lo que más choca es la absurda pretensión de la UNRWA de, prácticamente, eliminar a Israel del mapa, ya que, si 5,3 millones de refugiados palestinos regresaran a Israel, significaría su desaparición. En Europa, tenemos el claro ejemplo de Francia, que cuenta con una población musulmana de 9% y los problemas de convivencia ya se suceden uno tras otro; imaginaros qué sería si aceptara que ese 9%, que en caso de Israel es un 20%, se transformara en 70%, que es lo que se le pide a Israel. Imposible. Cualquiera que analice en lo mínimo las gestiones de la agencia de la ONU se daría cuenta de que las pretensiones y actuación de los palestinos y de la UNRWA se han dirigido no para crear prosperidad para los palestinos, sino a destruir el Estado de Israel.

«Está claro que los palestinos se niegan a aceptar que se establezca un Estado palestino junto al Estado de Israel, y que no están dispuestos a acceder al regreso de los refugiados a un Estado palestino: su único objetivo es destruir y desplazar el país vecino. (…) La única forma de resolver el problema de los refugiados palestinos es eliminar a la tóxica UNRWA, que sigue envenenando la mente de nuestros hijos con un odio que lleva a la violencia; hacer que los Estados árabes concedan la ciudadanía a los palestinos que, de todas formas, llevan décadas viviendo en ellos, y establecer un Estado palestino (completamente desmilitarizado) junto a Israel», dijo el analista árabe Basam Tawil.

Adnan Abu Hasna, portavoz de la UNRWA, admitió que la agencia era corrupta, pero a la vez acusó que los propios países árabes hacen muy poco o nada para ayudar a los palestinos. Que ello es así ya lo sabemos, y también conocemos el motivo, que es para tener a disposición carne de cañón barata en la yihad contra Israel y Occidente. Pese a su casi infinita riqueza debida al petróleo, muchos de ellos solo aportan unos mil dólares per cápita a la causa palestina, según declaró Abu Hasna. Salman Abu Sita, director de la Sociedad de la Tierra Palestina, de Londres, dijo en una entrevista a Al Yazira, tras la habitual retahíla culpando a Israel de todos los males del mundo, que a los palestinos no se le concedería la ciudadanía en los países árabes en los cuales residen en base al principio árabe de tawtin. En la misma ocasión hubo una disputa acalorada sobre la eventual concesión de pasaportes a los palestinos en los países de residencia, que se dio entre el Dr. Husein Alí Shaaban, que apoyaba a la Autoridad Palestina, y el Dr. Ibrahim Hamami, que apoyaba a Hamás. El primero opinaba que, si los países árabes incorporaran a los palestinos con los mismos derechos y obligaciones que los propios ciudadanos (recordar que muchos de ellos llevan décadas o incluso toda la vida viviendo en dichos países, lo cual, en cualquier país europeo significaría haber adquirido hace tiempo la nacionalidad en base a la naturalización), ello no afectaría el derecho de retorno a Israel, sino que solo sería una buena forma de facilitarles la vida. El segundo tenía una opinión opuesta y consideraba que, si los palestinos se convertían en ciudadanos con plenos derechos en los países árabes, perderían su identidad palestina y no volverían a Israel.

Lo anterior, expresado públicamente en un canal de televisión tan conocido como Al Jazzera, con difusión internacional, dejaría pasmado a cualquier europeo, porque puso de manifiesto el deseo de la clase política palestina, ya no de los líderes de otros países árabes, de mantener abierto el problema de los refugiados palestinos. «Esta polémica refleja tan sólo el deseo de aferrarse a la descabellada exigencia de regresar al territorio del Estado de Israel mientras se ignora por completo la descortés negativa de los judíos a suicidarse», remarcó con toda la razón del mundo Basam Tawil. De lo anterior, lo único que se puede deducir es que los líderes palestinos no desean que esos regresen a un Estado palestino al lado del Israel, sino destruir a Israel. En la misma entrevista se pudieron escuchar las reharto conocidas acusaciones de que Israel es un Estado segregacionista y de apartheid, aunque en su territorio viven en igualdad de condiciones casi dos millones de árabes (una quinta parte de su población), mientras que los árabes han expulsado de sus países a casi todos los judíos, y en la Franja de Gaza, que contaba con una presencia judía y cristiana milenaria, apenas quedan cristianos y ya no hay ningún judío.

Si nos ponemos a analizar las cifras, por mucho que lo intentemos, no van a cuadrar. «Como resultado del conflicto en Palestina, casi toda la población árabe huyó o fue expulsada de la zona bajo ocupación judía. Esto incluyó a las grandes poblaciones árabes de Yafo, Haifa, Acre, Ramle y Lida. De una población de algo más de 400 000 árabes antes del estallido de las hostilidades, el número actualmente estimado de árabes en el territorio controlado por los judíos es de aproximadamente 50 000», declaró el conde Folke Bernadotte, mediador de la ONU para Palestina durante la guerra árabe-israelí, en 1948. Dos años más tarde, en 1950, la Comisión de la ONU para la Conciliación en Palestina cifró en 711 000 los refugiados palestinos, sin estar aún muy claro en base a qué se llegó a esa cifra. O sea, que de, prácticamente 350.000 refugiados palestinos, se llegó a 711.000 dos años más tarde, para que hoy en día haya 6.000.000!!

Sin embargo, lo más absurdo en todo este asunto es que, en la nómina de la UNRWA, donde trabajan más de 23 000 palestinos, ha habido personas que se ha demostrado que estaban implicadas en actividades terroristas. Dicho en otras palabras: en una de las agencias de la ONU ha habido terroristas en nómina y con contrato. De hecho, Peter Hansen, exdirector de la agencia, declaró sin tapujos que: «Estoy seguro de que hay miembros de Hamás en la nómina de la UNRWA, y no lo considero un crimen». Solo entre los años 2000 y 2004 han sido imputados trece palestinos por su implicación en actividades terroristas, e incluso el ex cónsul general de la agencia denunció que no se están tomando medidas para impedir que se contraten terroristas de Hamás y la Yihad Islámica. Como si fuese poco, en el verano de 2014, las Fuerzas de Defensa de Israel encontraron misiles y cohetes de Hamás en las instalaciones de la UNRWA. Algunos incluso fueron disparados desde las dependencias de la agencia de la ONU, mientras que el año siguiente, empleados y funcionarios de UNRWA incitaron y promovieron discursos de odio de una forma muy amplia en las redes sociales contra los judíos. También fue encontrado un túnel utilizado por los terroristas de Hamas bajo una escuela de la Franja de Gaza perteneciente a la ONU. Incluso se han dado casos cuando se descubrió que el presidente del sindicato de trabajadores palestinos de UNRWA, Suhail al-Hindi, era miembro del nuevo liderazgo político de Hamás. Yoni Fighel, ex gobernador militar y coronel retirado de las Fuerzas Armadas israelíes, advirtió de que, mientras los empleados de la UNRWA sean miembros de Hamas, jamás habrá paz, ya que esos cumplirán los objetivos de su organización, que desde luego que no están encaminados hacia la paz, si lo que dicen en su Constitución es cierto. Ni menos aún juzgando por su saludo nazi de sig heil, con el brazo en lo alto, que no es una peculiaridad solo de los terroristas de Hamás, sino de muchas otras organizaciones terroristas islamistas e incluso de los palestinos que salen a manifestarse supuestamente de forma pacífica.

El diplomado en ciencias políticas Dore Gold explicó a Jerusalem Post que el verdadero lastre para la solución del conflicto palestino-israelí es la propia agencia de la ONU, recalcando que, mientras ACNUR ha disminuido el problema de millones de refugiados en distintas partes del mundo, la UNRWA ha provocado justo lo contrario. «Hay 58 campos de refugiados palestinos en Oriente Medio. Con la aplicación de los Acuerdos de Oslo de 1990, 26 de ellos (…) quedaron bajo control palestino. Sin embargo, no hay indicios de que ni uno solo vaya a ser cerrado. Está claro que la Autoridad Palestina quiere esos campos (…) para mantener vivo su agravio con Israel. En otras palabras, quiere perpetuar el conflicto. (…) La disposición de los palestinos para (…) resolver esta cuestión es probablemente la mayor prueba de fuego de sus intenciones.  (…) Si se quiere poner en marcha una nueva iniciativa de paz, debería incluir (…) un programa para desmantelar los campos de refugiados y promover un esfuerzo masivo internacional para la construcción de nuevas viviendas. Esta iniciativa debería empezar en la Margen Occidental, pero también incluir a Jordania, que alberga la mayor población de refugiados palestinos», dijo Gold.

Es curioso que la ONU, desde sus propios comienzos actuó de forma errónea, como si la disputa entre los árabes y los judíos no fuera igual que las demás, por lo que creó una agencia que se encargara solo y únicamente de los refugiados palestinos. Si tenemos en cuenta que el total de desplazados fue de entre 700.000 y 800.000, según la ONU, aunque ya vimos que analistas independientes barajaron cifras bastante más bajas, y que solo para ellos fue creada la UNRWA, cabe preguntarnos a qué se debió dicho trato cuando, en la misma época, tan solo un año antes, la partición de la India para crear el Estado de Pakistán tuvo como resultado 14 millones de refugiados, para los que no se creó ninguna UNRWA. También cabe preguntarnos por qué no se creó también una UNRWA para los judíos desplazados de los países árabes ni se les otorgó reparación alguna, y eso que fueron en mayor número que los palestinos.

Hay mucha diferencia entre la ACNUR, la agencia para los refugiados de todo el mundo que la ONU considera que no se merecen las peculiares atenciones que se conceden a los palestinos, y la UNRWA. En primer lugar, a diferencia de la primera, la segunda sí se encarga de buena parte de la educación – y aquí hay que ver por qué, entre otras, en los manuales escolares palestinos Israel ni siquiera aparece en el mapa, además de otras barbaridades -, y también de la salud. Se sabe que la ONU se ha encargado para que grandes y sangrientos conflictos pasen desapercibidos, como por ejemplo las guerras de Correa, de Vietnam, Afganistán, Nigeria, Somalia, Irak y la lista se volvería interminable. Casi nadie ha oído siquiera de la guerra de Sudán, donde se perpetró, lo más probable, el mayor genocidio de nuestra historia, después del Holocausto nazi. Sin embargo, todos han oído del conflicto palestino-israelí, que son cuatro gatos, y del que claro que toda la culpa se le echa a Israel por inercia, sin saber absolutamente nada de lo que verdaderamente ocurre, gracias a la propaganda rabiosa digna del ministerio nazi de Goebbels que propaga la ONU, los países islámicos, y que perpetúan alegremente los neonazis del Occidente.

Otro aspecto que no se dice del conflicto palestino-israelí es que, si se creara un Estado palestino – que de facto ya existe -, se perdería la financiación internacional que vierte ingentes cantidades de dinero en las arcas palestinas, haciendo que líderes como Yasser Arafat aparezca en el listado de los hombres más ricos del mundo, según Forbes. Si se creara el Estado palestino tampoco tendría sentido ya la UNRWA y su sequito de empleados entre los que hay incluso terroristas en nómina. Por ello ni la UNRWA ni los líderes palestinos quieren crear ningún Estado. Pero, en este caso, ¿a qué se debe la descarada propaganda que ha convencido a casi todos los occidentales que de lo anterior es culpable Israel?

Otra de las formas de desentrañar este conflicto es conocer la carta fundacional de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), que se fundó en 1964 por la Liga Árabe y a instancia del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (si alguien se riera al enterarse de que ni siquiera la organización más importante de los palestinos fue fundada por ellos, nadie se enfadaría, es más que comprensible). Dicha carta, en su artículo 24 dice: «Esta organización no ejerce ninguna soberanía sobre Cisjordania (nota mía: que estaba ocupada en aquel momento por Jordania, y no por Israel), en el Reino Hachemita de Jordania, en la Franja de Gaza (nota mía: ocupada por aquel entonces por Egipto) o en la zona de Himah. Sus actividades se llevarán a cabo a nivel popular en las áreas liberacionales, organizativas, políticas y financieras». O sea, que en 1964 ni existía pueblo palestino ni pretensiones sobre Gaza y Cisjordania, mientras esas estaban bajo gobierno de los jordanos y egipcios. Pero por sorpresa, tres años más tarde, la situación cambió a 180º de un día para otro, justo después de que Israel ganara dichos territorios en la Guerra de los Seis Días que le declararon sus vecinos árabes, pero que de nuevo ganó el diminuto país. Por lo que, en 1968, el dichoso artículo 24 de la carta de constitución de la OLP fue modificado y desde entonces no solo que los palestinos gritan a cuatro vientos que quieren esas tierras, sino que incluso se inventaron el pueblo palestino, pero en lugar de decir que fue creado en 1967, intentan retorcer la historia peor que los negacionistas del Holocausto… Las cosas se aclaran aún más si a ello añadimos la declaración del líder palestino Mahmoud Abbas, quien dijo que: «Rechazamos (que los refugiados palestinos en Siria renunciasen a sus reclamos de derecho de retorno para poder ser acogidos en Cisjordania) y dijimos que es mejor que mueran en Siria a que renuncien a su derecho de retorno».

Si nos ciñéramos solamente a la ley, los verdaderamente perjudicados en esta causa no son ni de lejos los palestinos, sino los judíos. En este sentido, hay que saber que los Acuerdos de San Remo de 1920, ratificados por la Sociedad de las Naciones, la predecesora de la ONU, que contenían el compromiso para la creación de un hogar nacional para el pueblo judío, nunca han sido derogados. Dichos acuerdos afirmaron prácticamente la soberanía de Israel sobre las tierras del Oeste y en sus comienzos también del Este del río Jordán. Ahora ya sabemos que, pese a los acuerdos iniciales, un año más tarde, Gran Bretaña eliminó Transjordania del territorio asignado de forma inicial al hogar judío, que regaló al Rey Abdullah, creando así el Reino de Jordania. Posteriormente, la partición de Palestina en 1948 después de la Guerra de Independencia de Israel, transformó los territorios bíblicos de Judea y Samaria en Cisjordania, que fue entregada a Jordania también. Dos décadas después, Israel las recuperó después de la Guerra de los Seis Días.

Se sabe que antes y durante la Guerra de Independencia de 1948, muchos árabes se marcharon del actual territorio de Israel haciendo caso a sus líderes. No hay un consenso aún con respecto al número aproximado y las cifras han cambiado a través del tiempo, como hemos visto antes, en función de los intereses de momento. Solo por poner un ejemplo, citaré algunos datos. En este sentido, el New York Times dio un número al alza de los refugiados, afirmando en 1953 que fueron 870 000; en 1955 casi 906 000; unos 925 000 en 1957; para que en 1967 llegaran a casi un millón. Sin embargo, el académico israelí Efraim Karsh estableció, después de una detallada investigación, que el número real de árabes que huyeron de Israel en la guerra de 1947-1948 fue de entre 583 121 y 609 071 personas (y de ello hay que culpar a las naciones árabes por declarar una guerra de aniquilación a Israel, no a los judíos).

Después de la guerra, en 1949 nació la UNRWA con el fin de prestar apoyo a los refugiados árabes y, en sus comienzos, también para ayudar a los refugiados judíos que los países árabes expulsaron de sus territorios, y que fueron bastantes más. Si las cifras fueran correctas, resultaría que, actualmente, hay más empleados en la UNRWA que refugiados palestinos vivos. Porque, como vimos antes, la agencia de la ONU, aparte de modificar las cifras para fines puramente financieros, cuenta como refugiados también a los descendientes de los refugiados originarios, incluyendo bisnietos y hasta el infinito, si fuera por la UNRWA y la ONU. Cuantos más, mejor, porque así justifican sus nóminas.

 

  • CONTINUARÁ –

 

 

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