Los nazis y el odio como libertad de expresión

Para con la reciente proposición de Podemos de modificar el art. 510 del Código Penal, en el sentido de rebajar las penas hasta 4 veces para los delitos de odio, considero que las fotos de abajo, aunque dolorosas, son muy adecuadas para que cualquiera entienda que la libertad de expresión se vuelve peligrosa cuando la información que se propaga es el odio. Una cosa es la libertad de expresión y otra, la despenalización del odio. Si bien es cierto que al odio no hay que responder con odio, más cierto aún es que de ninguna forma hay que tolerarlo, porque es y fue el principal detonante de todas las guerras de este mundo, junto con el deseo de enriquecimiento ilegítimo de algunos.

La justificación de la propuesta de Podemos se basa en la libertad de expresión, un derecho fundamental digno de toda protección, pero que sin embargo tiene límites, como todo estudioso del Derecho sabe. Desde luego que la libertad de expresión no se puede confundir con la libertad de desinformación, y más en temas tan sensibles como lo son el racismo, la xenofobia, el antisemitismo que, entre otros, registran un aumento alarmante, tal como resulta de las estadísticas del Ministerio de Interior, que junto con varias asociaciones y organizaciones advierte desde hace unos cuantos años de que, debido a la impasividad del Gobierno y a la inexistencia en nuestro país de una Alta Autoridad contra la Discriminación y los Delitos de Odio, tal y como establece la normativa europea, se prevé que irán en aumento.

Solo para dar un ejemplo, según el informe del Ministerio de Interior de 2018, se ha registrado un aumento de más de 21% de delitos de odio, entre 2013 y 2017, el racismo y la xenofobia ocupando el primer lugar. Ello sin tener en cuenta los delitos de odio no denunciados, que la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea estima entre el 60% y el 90% de los casos. Lo cual creo que es suficiente para dejar patente la magnitud del problema.

Llamo la atención sobre este asunto en pleno conocimiento de causa, ya que, como bien sabéis muchos de los que visitáis este espacio, yo misma he sido víctima de delitos de odio en reiteradas ocasiones en los últimos 2 años, los agresores siendo casi en totalidad individuos de ideología nazi, disconformes por haberles llamado la atención sobre los delitos que cometían y/o difundían en las redes, articuladas en nuestras leyes penales con nombres para nada graciosos, entre los cuales destacan la estafa o asociación ilícita, para nombrar solo dos. Mi intención fue honrada y el ánimo merecedor de laureles, pero en lugar de ello recibí las peores vejaciones de mi vida. Hasta la fecha e igual que muchas víctimas, no he denunciado, al considerar en su momento que eran actos aislados. Sin embargo, tales actitudes empiezan a preocuparme al constatar últimamente que este tipo de delitos desde luego que no son aislados, sino que en las redes hay grupos organizados que llegan a contar cientos e incluso miles de miembros, que se dedican a difundir desinformación que puede tener consecuencias muy graves. Es cierto que es muy noble perdonar, pero el acto de perdonar es un arte también y hay que saber para con quién manifestar clemencia y para con quién no, lección que en su momento no había asumido aún, aunque el fallo ya está sanado (lo cual se traduce en que, desde ahora, cualquier incidente de semejante índole será denunciado a los órganos habilitados).

Me parece incorrecta dicha propuesta y más si tenemos en cuenta que llega en un momento cuando el nazismo en nuestro país (y no solo) se está volviendo endémico. En mi opinión, tales medidas no son recomendables cuando en un lapso de tiempo se incrementan ciertos delitos, sino justo lo contrario, en el sentido de incrementar la penalización de los mismos. Lo digo juzgando por el auge de grupos de clara orientación nazi, antisemita y xenófoba que existen en las redes, especialmente en Telegram que, en mi opinión, se está volviendo una cloaca donde delincuentes de todo tipo y colores se juntan, generalmente bajo la protección del anonimato, incitando al odio con desinformación copia-pega de los manifiestos de la Alemania de la 2º Guerra Mundial que, pese a haber sido desvirtuada hace tiempo por la contundencia de las pruebas históricas, sigue alimentando el odio bajo nombres pretenciosos como por ejemplo “Revisionismo histórico” (que de revisionismo poco tiene, sino más bien es odio encubierto y manipulación mental para zombies incapaces de hacer un análisis coherente). Con ello no incrimino de ninguna forma a los demás grupos legítimos de dicha red.

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Centro de concentración nazi Bergen Belsen Fuente: Wikipedia

Si el fenómeno fuese aislado, no lo consideraría un gran problema, porque al fin y al cabo cualquiera puede hacer lo que le dé la santísima gana con sus emociones y sombras. Sin embargo, cuando se trata de negar lo más injusto y dolido de nuestra historia reciente, la desinformación se vuelve más que peligrosa y hace recordar que lo mismo fue causa de la deflagración más inhumana y absurda de nuestra historia conocida: la 2º Guerra Mundial. Pero manchar la memoria de las millones de víctimas de esa sucia guerra desde luego que no es el principal problema, que también, sino el riesgo de volver a caer en el mismo error debido a la minimización o incluso ridiculización de la más inmunda barbarie (que ni siquiera podría llamar humana), para así justificar un odio instintivo, o celos negados.

A continuación, dejo unos cuantos enlaces (de los muchos que hay) que dejan claro cuáles pueden ser las consecuencias de la libertad de expresión, cuando lo que se expresa es odio:

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46004712

https://elpais.com/internacional/2019/12/29/actualidad/1577618911_635229.html

https://www.infobae.com/america/mundo/2019/05/01/antisemitismo-hubo-cerca-de-400-ataques-fisicos-contra-judios-en-2018/

https://www.dw.com/es/polic%C3%ADa-investiga-rayados-antisemitas-en-sinagoga-de-londres/a-51828715

https://antisemitism.org.il/es/67663/

https://www.elmundo.es/internacional/2019/10/11/5da0861e21efa0200a8b4590.html

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-fuerte-aumento-de-los-ataques-antisemitas-alarma-a-europa-nid2220253

En este post me he referido especialmente al antisemitismo debido a mi experiencia personal, y ello pese a que la religión en que estoy bautizada es el cristianismo y pese a que toda mi familia, desde que se recuerde hasta el presente son exclusivamente cristianos, algunos de ellos fervientes. Personalmente, me considero un ser espiritual sin más y arreligiosa (en el sentido de que no me interesa ninguna religión, pero tampoco me opongo a ninguna, consciente de que todas tienen sus luces y sombras). Sin embargo, me pregunto cuál habría sido la actitud de mis acosadores, si fuese judía, gitana, etc. Sinceramente, no quiero siquiera imaginármela.

No me refiero en este post a la Monarquía, que también tiene su peso en este asunto, ya que dicha propuesta llega justo en un momento cuando la sociedad española atraviesa una grave crisis de autonomías. Tampoco me refiero a los demás sujetos que suelen ser víctimas habituales de los delitos de odio, muchos de ellos colectivos vulnerables que ya han denunciado el incremento de los mismos:

 https://www.cermi.es/es/actualidad/noticias/el-cermi-alerta-ante-la-polic%C3%ADa-nacional-del-aumento-de-los-delitos-de-odio

https://www.eldiario.es/politica/Interior-tejera-confidentes-delitos-odio_0_854965253.html

https://www.lavanguardia.com/vida/20191118/471733450152/tercer-sector-denuncia-el-aumento-de-delitos-de-ocio-en-madrid.html

https://www.lavanguardia.com/vida/20191118/471733450152/tercer-sector-denuncia-el-aumento-de-delitos-de-ocio-en-madrid.html

La 2º Guerra Mundial fue consecuencia directa de la generalización del odio hacía colectivos minoritarios, principalmente hacía los judíos, pero también hacía los gitanos, masones, discapacitados y otras minorías, que tuvo como consecuencia el asesinato de 11.000.000 de personas inocentes, sin contar las muertes en los campos de guerra. El odio no debería despenalizarse ni minimizar sus consecuencias, y menos aun en tiempos tan turbios como los nuestros.

Los efectos del odio como política de estado: 11.000.000 personas inocentes asesinadas durante la 2º Guerra Mundial, sin contar con los muertos en los campos de guerra.

Una reciente encuesta de larga escala realizada por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea concluye que en la misma se está registrando en los últimos años un antisemitismo generalizado y persistente: “Más de uno de cada cuatro judíos residentes en la UE informa haber sufrido acoso antisemita al menos una vez en los doce meses que precedieron la encuesta; uno de cada tres ha pasado por situaciones de acoso en los últimos cinco años; poco menos de uno de cada diez ha sido blanco de ataques físicos o amenazas a lo largo del último periodo de tiempo; entre dos quintos y la mitad en Francia, Bélgica y Hungría ya ha considerado emigrar porque se siente inseguro”. Dichas personas son ciudadanos legítmos de los respectivos países, que han nacido, vivido, estudiado, trabajado y cotizado allí durante toda su vida, igual que todos nosotros.

¿Algún día esta humanidad aprenderá de su pasado? A menos de un siglo desde la peor y más infame deflagración de nuestra historia conocida, los hechos vuelven a repetirse bajo el mismo escenario. El llamado “Revisionismo histórico”, ya desvirtuado con pruebas más que contundentes hace tiempo, sigue causando estragos en nuestro mundo y es la vía más rápida hacia el declive de una sociedad ya demasiado enferma como para poder pensar con coherencia. La desaparición del hábito de cultivar la mente y el espíritu con lectura educativa y noble se ha vuelto casi inexistente, especialmente entre los jóvenes, aumentando el riesgo de llegar al caos generalizado. Individuos sin una formación académica adecuada, a veces semi-analfabetos y en algunos casos incluso delincuentes comunes (lo digo por conocer en primera persona el panorama) se erigen como influencers en canales con miles de seguidores incapaces ya de discernir y aturdidos por desinformación tras desinformación y demasiado odio como para poder digerir sin perder la cordura. Y ahora resulta que a la desregularización del internet se le añade una supuesta libertad de expresión, que más bien es dar vía libre al odio generalizado sin miedo a ningún tipo de consecuencia. ¿Hacia dónde vamos?

 

 

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