Palestina y los nazis – 1º Parte: Muhammad Hajj Amin al-Husseini, el muftí de Jerusalén amigo y colaborador de los nazis

Quién fue Muhammad Hajj Amin al-Husseini

 

En Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con esvásticas y retratos de Hitler.

Joseph Goebbels, ministro nazi de Propaganda, 1937

 

Mohammed Hajj Amin al-Husseini, uno de los padre del islamismo radical, se formó en la famosa Universidad Al-Azhar de Egipto, aunque no terminó sus estudios, por lo que no estaba calificado para ser muftí de Jerusalén, que fue su cargo desde 1921 hasta 1948. Fue un fanático muy cercano a la Hermandad Musulmana y odiaba a los judíos y a Occidente en general, a diferencia de su predecesor y hermanastro, Kamil al-Husseini, que fue un hombre moderado que mantuvo buenas relaciones tanto con los judíos como con los cristianos. Después de la muerte de su hermanastro y con la ayuda de los británicos, Husseini fue nombrado muftí de Jerusalén y desde el primer momento empezó a cometer abusos y a predicar la yihad, pidiendo a sus seguidores que asesinasen a cuantos judíos pudiesen. Fue corresponsable de la creación del primer grupo terrorista palestino, llamado Mano Negra, que se dedicaría a asesinar judíos y a destruir sus cosechas y propiedades. La Gran Revuelta Árabe de 1936-1939 fue invocada en nombre de ese grupo y en los años 90 el grupo terrorista Hamás usó su nombre como apodo de la rama militar de la organización, las Brigadas de Izzedin al-Qassam, llamando Qassam también a un cohete que manufactura y lanza contra la población civil israelí.

El fanatismo de Husseini fue tal, que emitió una fetua que establecía que «todos los musulmanes que mantenían relaciones amistosas con los judíos debían ser considerados infieles». Por ello, la mayoría de las víctimas del muftí y de sus fanáticos fueron los musulmanes moderados que se negaban a arremeter contra los judíos e incluso los ayudaban. No tuvo reparo en asesinar por esta razón incluso a un familiar suyo. El odio de Husseini no se dirigía solamente contra los sionistas, sino también contra los judíos que llevaban una vida ancestral en la región, de antes de la llegada de los árabes a Palestina. En 1929, Husseini distribuyó panfletos que decían: «Oh árabes, no olviden que el judío es su peor enemigo y ha sido el enemigo de sus antepasados», y cuando un grupo de jóvenes judíos recibió permiso de los británicos para realizar una marcha por la paz en el Muro de los Lamentos, el muftí denunció – falsamente – la profanación de la mezquita Al-Aqsa, situada justo al lado y encima del antiguo Segundo Templo, que fue seguida de una masacre en Hebrón, la segunda ciudad sagrada judía, donde sus fedayines atacaron un hospital y una sinagoga y asesinaron a 67 judíos. Seguidamente, atacaron los pacíficos barrios judíos ortodoxos de Jerusalén y otras comunidades hebreas en Haifa, Jaffa, Safed, Motza y Tel Aviv. Cuando fue citado por los británicos para dar cuentas de lo ocurrido, Husseini acudió con los Protocolos de los Sabios de Sion en la mano, aunque a esas fechas ya se había demostrado su falsedad.

Según muchos investigadores, las Revueltas Árabes fueron financiadas en gran parte por la Alemania nazi, ya que se sabe que, en 1937, cuando un representante del muftí viajó a Berlin, el almirante Wilhelm Canaris, jefe de Abwehr, la inteligencia militar alemana, ordenó un envío de armas a Palestina en una operación encubierta. A ello se añade que el muftí fue el principal propagandista del nazismo en Oriente Medio – en 1937, cuando se celebraba el cumpleaños del profeta Mahoma, las calles de Palestina y otros países árabes se llenaron de banderas alemanas e italianas y de fotografías de Hitler y Mussolini. Fue un antisemita acérrimo que organizó muchos pogromos contra los judíos de Palestina y de otros países árabes, siendo el principal aliado árabe de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Durante y antes de la guerra, el muftí residió en Berlín, en una lujosa villa que los nazis habían confiscado a una familia judía y se la pusieron a disposición junto con otros honores y un sueldo de 65.500 reichmarks pagado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Ribbentrop. Hay datos que confirman que se realizaron transferencias sustanciales de dinero a Suiza en las cuentas del muftí y que incluso en abril de 1945, cuando el Ejército Rojo se acercaba a Alemania, el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán le pagó 50.000 reichmarks.

Con la ayuda de la cúpula nazi, el 18 de diciembre de 1942 abrió en Berlín el Instituto Central Islámico, cuyo invitado de honor fue el propio Goebbels, el ministro nazi de Propaganda. En el discurso de apertura, Husseini mencionó las teorías conspiracionistas judeófobas habituales calcadas a los Protocolos de los Sabios de Sion lo cual, evidentemente, gustó mucho a sus invitados, entre quienes estaban Himmler y Rosenberg. En abril de 1944, con la ayuda de Himmler, Husseini abrió una escuela de imanes en Guben, que fue dirigida por las SS de Himmler, donde se formaban imanes que debían inspirar y motivar a los árabes que iban a luchar en las filas de las SS. Posteriormente, Husseini creó una legión árabe ya que, si bien al principio Hitler no se había entusiasmado mucho con la idea, después de la derrota de Stalingrado necesitaba urgentemente soldados para sus tropas.

En marzo de 1943, Himmler se reunió con Husseini en Berlín para organizar una unidad musulmana de las Waffen SS, a la que llamaron la 13ª División SS Handzar (que es el nombre de la daga de los oficiales turcos durante el Imperio Otomano) y que era formada en gran parte por musulmanes bosnios. El muftí se fue a Sarajevo (en la ex Yugoslavia) para pedir apoyo al clero musulmán y a finales de abril de 1943 ya había reclutado 12.000 soldados que, junto con los demás efectivos musulmanes, contaban unos 21.000 hombres. La división cometió verdaderas atrocidades durante la guerra, asesinando indiscriminadamente a miles de civiles desarmados. Handzar no fue la única división musulmana que combatió en las filas nazis, aunque sí la mejor preparada, y sus integrantes, después de participar en múltiples masacres de civiles en Bosnia, se ofrecieron luego como voluntarios para cazar judíos en Croacia.

Según el profesor Bernard Lewis, en noviembre de 1941, en un encuentro que tuvo con Hitler, Husseini intentó convencerle para que ampliase el exterminio de los judíos en la Francia de Vichy y la Italia fascista, aunque en el acta de la reunión lo único que consta es la petición de Husseini para que Hitler proclamase su apoyo al independentismo árabe. Lo que sí se sabe con certeza es que Hitler le prometió que sería nombrado führer de una entidad nazi-árabe, lo cual se deduce de los diarios de Husseini, y también que, a menos de dos meses después del dicho encuentro se celebró la Conferencia de Wannsee en la cual se acordó lo que se conoce como la Solución Final, o sea: el asesinato en masa del pueblo judío. Pamela Geller demostró que Husseini abogó para que los nazis procedieran a intensificar el genocidio de los judíos en la mayor cantidad posible, en una ocasión llegando a solicitar que los nazis asesinaran a 400.000 judíos que pensaban deportar a Palestina.

Pese a conocer la suerte de los judíos capturados por los nazis, el muftí se negó incluso al rescate de varios miles de niños judíos que los Gobiernos aliados de los nazis de Rumania, Hungría y Bulgaria querían mandar a Palestina. En dos cartas dirigidas a los ministros de Exteriores de Rumania y Hungría, el muftí hizo referencia a un boletín de la agencia judía según el cual Rumania quería enviar a Palestina 1800 niños judíos y Hungría 900. «Esto no resolverá el problema judío», escribió Husseini a los dos ministros, recomendándoles que mandaran los niños a Polonia, aunque sabía perfectamente que allí iban a ser asesinados. «Permítame llamar la atención de Su Excelencia sobre la necesidad de evitar que estos judíos abandonen su país; y si hay razones que hagan necesaria su salida (remoción), será inevitablemente mejor e indefinidamente preferible que salgan de su país y se vayan a otros países donde están bajo supervisión activa como Polonia, por ejemplo, para que no representen un peligro o causen daño», escribió el muftí¹. Hay que saber que «supervisión activa» era el término en clave para la matanza masiva de judíos. En el caso de Bulgaria, el muftí intervino con éxito en Berlín y evitó el envío a Palestina.

Dieter Wisliceny

En 1942, Himmler permitió que 10.000 niños judíos fueran trasladados de Polonia a Theresienstadt, para desde allí enviarlos a Palestina. Con respecto a esto, Günther-Eberhardt Wisliceny, Obersturmbannführer de las Waffen-SS, adjunto de Adolf Eichmann para Eslovaquia y también amigo personal, declaró después de la guerra que: «Estaba planeado cambiar a estos niños por prisioneros civiles alemanes, a través de los servicios de la Cruz Roja Internacional». Pero Wisliceny fue convocado a Berlín por Eichmann, quien le reveló que «la idea de la operación planeada había sido conocida por el gran muftí por medio de su servicio de inteligencia en Palestina. Como resultado, protestó enérgicamente ante Himmler, utilizando el argumento que esos niños judíos en pocos años se convertirían en adultos y fortalecerían el elemento judío en Palestina. Siguiendo este consejo, Himmler prohibió toda la operación e incluso emitió una prohibición con respecto a casos en el futuro para que a ningún judío se le debería permitir emigrar a Palestina desde territorios bajo control alemán»².

En 1943, el muftí impidió la emigración de otros 4000 niños judíos y 500 adultos acompañantes a Palestina. «Solicito a Su Excelencia», le escribió al ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop, en una carta de 13 de mayo de 1943, «que haga todo lo posible para disuadir a Bulgaria, Rumanía y Hungría de implementar el plan judío-angloamericano y que preste especial atención a esta cuestión; al hacerlo, estaría prestando un servicio inolvidable al amable pueblo árabe»³. En una segunda carta de 10 de junio de 1943, el muftí le escribió a Ribbentrop que se había enterado de que setenta y cinco judíos, entre ellos también personalidades importantes, habían llegado a Palestina a finales de mes, que otros grupos de judíos de Rumania y Hungría también habían llegado o estaban listos para marcharse, y setecientos judíos de Polonia que tenían familiares en Palestina también estaban listos para partir; además de cinco mil refugiados de Bulgaria, Rumania, Hungría y Eslovaquia que ya tenían los certificados de inmigración en su poder. «Me parece que debería poner en conocimiento de Su Excelencia el hecho de que los árabes, leales amigos del Eje, se sienten heridos cuando notan que sus amigos de los poderes del Eje facilitan el objetivo judeo-inglés de la transferencia de judíos, que son agentes de los británicos y los comunistas, enemigos de los árabes y enemigos de Europa, en Palestina»⁴.

El muftí conocía perfectamente cuál sería de suerte de esos niños. Hay datos que sugieren que visitó el campo de exterminio de Auschwitz en compañía de Himmler, hecho corroborado por Ernst Verduin, un judío holandés que sobrevivió a Auschwitz 3 (Monowitz) cuyo número tatuado era 150811. Verduin vio unos cincuenta hombres vestidos de forma extraña, acompañados por oficiales de alto rango del campo. Cuando preguntó a un guardia quiénes eran, ese le contestó que eran «el muftí de Jerusalén y su séquito que querían ver cómo los judíos trabajaban hasta morir, para que él pudiera hacer lo mismo con los judíos que vivían en Palestina». Se sabe que el muftí había visitado anteriormente los campos de Auschwitz-Birkenau y Majdanek, y en junio de 1942 también el de Oranienburg. Por lo que no se puede decir que desconocía la suerte que tenían los judíos en Europa.

De hecho, incluso supo la cifra de judíos asesinados, ya que en un comunicado en la radio de 20 de septiembre de 1944 preguntó a sus oyentes si rechazaban a 11 millones de judíos. Se sabe que el número total de judíos al comienzo de la guerra era de unos 17 millones, de lo cual se deduce que Husseini conocía la cifra de 6 millones que los propios nazis decían que habían asesinado. Incluso la terminología que usaba era muy parecida a la de los nazis, y mientras esos hablaban de Endlösung (Solución final), el muftí usaba el termino Endgültige Lösung (Solución definitiva), lo cual es muy poco probable que sea una coincidencia, sino más bien demuestra que Husseini estaba familiarizado con la terminología nazi.

En el mismo sentido había advertido también Eichmann, quien le dijo a Ribbentrop que no se debería permitir que los niños emigraran cuando se enteró de la intención de la Oficina del Jefe de Seguridad del Reich de intercambiar 5000 niños judíos por 20.000 prisioneros alemanes. Eichmann le dijo a Ribbentrop que el cambio tenía que ser realizado de inmediato, ya que en caso contrario no se podría realizar el traslado hacia Palestina – supuestamente porque ya habrían sido gaseados⁵. «El muftí es un enemigo declarado de los judíos y no oculta su opinión de que le gustaría verlos a todos asesinados», se lee en unas notas de un funcionario de alto nivel del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán.

Después de la guerra, Husseini se refugió a El Cairo, donde asumió el mando del recién creado Alto Comité Árabe. Tanto Israel como Yugoslavia pidieron a Reino Unido, que por aquel entonces ejercía su protectorado en Egipto, que lo extraditaran para su juicio como criminal de guerra, pero los británicos se negaron debido a su gran influencia en el mundo árabe. En el mismo sentido se pronunciaron la Liga Árabe y el Gobierno egipcio. Después de la creación del Estado de Israel en 1948, Husseini se opuso a cualquier negociación o armisticio. En 1959, Husseini abandonó la carrera política y se trasladó al Líbano, donde falleció en 1974.

Husseini fue un islamista radical y nazi durante toda su vida, y muchos lo consideran el padre del movimiento yihadista y del fundamentalismo islámico de hoy en día. No solo fue uno de los impulsores del Holocausto nazi, sino que después de la guerra lo trasladó a Palestina, pero sustituyendo las cámaras de gas por terroristas y bombas humanas. El antisemitismo al estilo nazi continúa hasta hoy en día en un importante segmento del mundo árabe gracias en gran medida a Husseini, y las dementes teorías conspirativas de Hitler circulan con la misma impunidad en muchos países árabes regidos por sistemas políticos que emulan el nacional-socialismo alemán en una toxica mezcla de judeofobia, socialismo, nacionalismo e imperialismo. Husseini fue un líder panárabe de mentalidad autoritaria que afirmaba que los discípulos del profeta Mahoma deben trabajar para la creación de un califato árabe unido en el mundo islámico y, luego, en el mundo entero – ya que, según el Corán, el islam conquistaría el mundo y sería la única religión del planeta. A diferencia de Europa, que fue desnazificada después de la guerra, el legado de Husseini aún persiste hasta nuestros días y el islamofascismo está en pleno auge en muchos segmentos de la población musulmana.

Husseini no solo colaboró con los nazis en el exterminio de los judíos europeos, sino que también llevó el nazismo al mundo árabe, principalmente a Iraq, y el resultado ya lo conocemos: un legado de gobiernos socialistas totalitarios y la persecución y aniquilación de la minoría judía del país, aunque se trataba de comunidades ancestrales que llevaban muchos siglos viviendo allí. El primer pogromo contra los judíos iraquíes fue inspirado por Husseini y entre 1951 y 1952, el resto que quedaban en el país, que contaban unos 250.000, fueron expulsados con poco más de lo puesto. Hasta la fecha, ni la ONU ni nadie les compensó con nada, a diferencia de las ingentes cantidades de dinero que se han pagado a los palestinos. El mismo fue el caso de otros aproximadamente 850.000 judíos expulsados de los países árabes en 1948, cuando nació el Estado de Israel, después de confiscar sus bienes, que tampoco recibieron ninguna ayuda internacional, sino que fueron asimilados silenciosamente por el país judío. También es de triste fama el pogromo árabe de 1929 en el que toda la comunidad judía indígena de Hebrón fue aniquilada. La justificación de Husseini fue que temía que Palestina se convirtiera en otra Andalucía – se refería a al-Andalus, el nombre de la España morisca que, según los islamistas, pertenece al islam, y no a los españoles.

Las trayectorias de Husseini y Hitler fueron muy parecidas, el primero siendo el representante más férreo del panarabismo, y el segundo, del pangermanismo. La principal diferencia entre las dos ideologías es que, mientras el panarabismo persigue la creación de un califato mundial basado en la fe islámica, con la lengua y cultura árabe como pieza central, el pan-arianismo soñaba con un imperio mundial dominado por una supuesta raza germánica. El panarabismo considera que la ummah árabe debe ser la autoridad gobernante central sobre el mundo islámico y no islámico; mientras que el pan-arianismo nazi planteaba una unión de todos los pueblos arios de habla alemana en un nuevo orden mundial gobernado por los nazis. Pero, mientras el panarabismo es religioso, el nazismo fue secular y se regía por el darwinismo social – aunque hay muchos que consideran que el nazismo en sí fue una religión.

A diferencia del movimiento sionista, que perseguía la soberanía del pueblo judío y salvaguardarlo del terror, asesinato y atroz discriminación que había sufrido durante casi dos milenios en Europa, en un pequeño trozo de tierra que, además, es su tierra ancestral, la causa de Husseini fue, según lo expresó él mismo en sus declaraciones públicas, un vasto califato árabe que prepararía el escenario para el utópico Dar el-Islam, o mundo bajo dominación islámica. A diferencia de los judíos sionistas, que ofrecieron a los árabes ciudadanía, autonomía y el control de sus lugares sagrados, tal como se refleja en el Acuerdo Faisal-Weizmann y lo mantienen hasta el día de hoy, Husseini representaba una cepa regresiva del islam según la cual los no musulmanes eran ciudadanos de segunda con pocos derechos y discriminados en su propio país (llamados dhimmis).

Al convertirse, con la ayuda de los ingleses, en gran muftí de Jerusalén en 1921, al-Husseini dictó una fetua de yihad contra los judíos y declaró que los musulmanes que mantenían relaciones amistosas con esos eran considerados infieles – una condena que perdura en muchos sectores palestinos. También organizó los primeros escuadrones suicidas, el primer objetivo siendo los árabes moderados que se negaban a cooperar. Eso provocó la huida de los árabes moderados de la región, la disidencia quedando prácticamente anulada durante largo tiempo, y condujo a la radicalización de la población palestina, que perdura en gran medida hasta el presente. Husseini sustituyó el sistema tradicional de gobierno que había en Palestina por un mando supremo centrado en su autoridad, de una forma casi idéntica que la de Hitler en Alemania y, prácticamente, aplicaba integralmente lo que los nazis llamaban Führerprinzip.

Husseini fue el principal impulsor de organizaciones y partidos políticos de índole nazi en el mundo árabe. En octubre de 1933, justo después de que Hitler ganara el poder, participó en la creación de una organización llamada Egipto Joven, también conocida como las Camisas Verdes – igual que las Camisas Pardas de los nazis, la famosa SA de triste memoria que todos conocemos -, en cuyas filas estuvo Gamel Abdel Nasser, un protegido de Husseini que más tarde sería el presidente (y dictador) de Egipto. No solo el nombre era casi idéntico con el de las SA de Alemania, sino también su eslogan: «Un pueblo, un partido, un líder».

También se formaron partidos y organizaciones parecidas en Túnez y Marruecos, mientras que, en Siria, Anton Saada, conocido como «el Führer de la nación siria», encabezó el Partido Social Nacionalista (PPS) de Damasco. Como curiosidad, Saada proclamó en su plataforma que «los sirios eran la raza superior por su propia naturaleza». De la rama libanesa del PPS nacerían posteriormente varias milicias y organizaciones islamistas de corte fascista que se enfrentaron en la Guerra Civil del Líbano de 1975. Sami al-Joundi, fundador del movimiento sirio Ba’ath, escribió posteriormente: «Éramos racistas. Admiramos a los nazis. Estábamos inmersos en la lectura de literatura y libros nazis que eran la fuente del espíritu nazi. Fuimos los primeros que pensamos en una traducción de Mein Kampf».

Las Camisas Verdes de Egipto emularon en gran parte al Partido Nazi alemán, utilizando una variación del saludo nazi, procesiones de luz de antorcha y campañas terroristas contra los opositores políticos egipcios y judíos. Durante la guerra, a menudo actuaron como una quinta columna para los nazis y muchos miembros llevaron a cabo acciones de espionaje y sabotaje en nombre del Tercer Reich y contra el Gobierno egipcio pro británico. Los activistas de las Camisas Verdes enviaron información de inteligencia al general nazi Erwin Rommel, el famoso Zorro del Desierto, mientras sus Afrika Korps luchaban en el norte de África, cerca de la frontera egipcia. Cuando Rommel llegó cerca de la ciudad egipcia de Alejandría, los miembros de las Camisas Verdes y del Joven Egipto utilizaron su influencia para paralizar al Gobierno pro británico de El Cairo hasta el punto que Egipto no pudo prestar mucha ayuda a los británicos durante la batalla de El Alamein.

Anwar Sadat, el siguiente presidente egipcio, también fue miembro secreto de las Camisas Verdes durante la guerra y fue juzgado y encarcelado por los británicos como espía nazi. Gamel Abdel Nasser, también miembro de las Camisas Verdes, participaría más tarde en el golpe de Estado de los oficiales de julio de 1952, en Egipto. Siguiendo los pasos de al-Husseini en Palestina, los oficiales egipcios, al tomar el poder, prohibieron inmediatamente toda oposición política y sofocaron toda disidencia. Anwar Sadat, un protegido de Nasser, expresó su admiración por Hitler en una carta enviada al diario egipcio Al Mussawar el 18 de septiembre de 1953, ocho años después de la derrota del Tercer Reich. El nazismo ha dejado huella en el Egipto de hoy en día. Las tropas ceremoniales del presidente egipcio todavía llevan cascos copiados de la Wehrmacht nazi, y los jefes de Estado visitantes son recibidos en el aeropuerto de El Cairo con un desfile militar. En 2001, un columnista egipcio escribió en al-Akhbar, que es patrocinado por el Gobierno: «Gracias, Hitler de bendita memoria, que en nombre de los palestinos vengaste de antemano a los criminales más viles de la Tierra»⁶.

Hitler tenía mucho interés por Palestina y Medio Oriente. En enero de 1932 ya existía un Partido Nazi en Haifa y para 1937 también se fundaron las Juventudes Hitlerianas, que juntaban entre sus miembros a casi todos los niños alemanes de Palestina. En Egipto existía otro Partido nazi, que había sido creado incluso antes de que Hitler subiera al poder por los empleados de las empresas alemanas que estaban en el país. En el Líbano también se fundó uno en 1933. Ello facilitaba el trabajo de incontables agentes nazis que, camuflados de turistas o periodistas, visitaban Medio Oriente llevando material de propaganda, siendo Ankara, Chipre, Haifa, El Cairo, Beirut, Damasco, Bagdad y Teherán los destinos más usuales.

Las acciones nazis en Medio Oriente fueron amplias. Como he dicho antes, hay datos que demuestran que la Abwehr, la inteligencia alemana, junto con la Italia fascista, financiaron las Revueltas Árabes de 1936-1939. Además, el cónsul alemán en Ginebra fue instruido para asistir en secreto a la delegación iraquí ante la Liga de las Naciones para trabar el plan de partición de Palestina. Pronto, empezando con el otoño de 1938 y hasta marzo de 1945, la radio alemana empezó a emitir propaganda antisionista en árabe veinticuatro horas al día durante siete días a la semana, que gozó de gran popularidad. Como si lo anterior fuese poco, en 1942 los nazis crearon el Batallón de Entrenamiento Árabe-Germano formado por voluntarios que provenían, principalmente, de Egipto y Arabia Saudita. Levante-Deutsche-Arabische Legion (también conocida como Sonder Verbande) fue la más famosa formación árabe en el ejército alemán.

También se sabe que en África del Norte se aplicaron muchas de las leyes antijudías nazis. El-Belag, un periódico argelino, propuso en diciembre de 1940 a las fuerzas francesas de Vichy que adoptaran medidas raciales tales como obligar a los judíos a usar ropajes distintivos, mientras que, en las zonas rurales del Túnez, los judíos fueron obligados a coser en su ropa la estrella de David, copiando el modelo de la Alemania nazi. «Si las tropas aliadas no hubiesen echado a los alemanes del continente africano en 1943, dos años antes de la caída de Berlín, entonces la comunidad judía de dos mil años de antigüedad de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y quizás Egipto y Palestina también, con toda probabilidad hubiera encontrado el mismo destino que sus hermanos en Europa», apuntó un académico de la época experto en asuntos del Medio Oriente.

Al-Husseini fue el primer líder árabe que felicitó la subida al poder de Hitler, comunicando al Consejo alemán en Jerusalén que «los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países». Una canción árabe muy popular a finales de la década de 1930 tenía como refrán «No más Monsieur, no más Mister. En el cielo Alá, en la tierra Hitler». Por mucho que lo nieguen, el nazismo fue muy popular en el mundo árabe desde el primer día y los primeros telegramas de felicitación de Hitler después de subir al poder llegaron de los árabes y fueron entregados al consulado alemán de Jerusalén.

Ver las imágenes de origenLa OLP (Organización para la Liberación de Palestina) mantuvo vínculos con los neonazis incluso después de la guerra, aunque después de los Acuerdos de Oslo y el nacimiento de la Autoridad Palestina en la década de los 90 hicieron intentos serios para camuflarlo y no ofender la sensibilidad de sus nuevos aliados izquierdistas. Sin embargo, la nefasta alianza se vio delatada por varios atentados perpetrados por terroristas palestinos en colaboración con neonazis. También hay un montón de fotos que cualquiera puede ver en Internet con manifestaciones de palestinos o árabes saludando, incluso hoy en día, con el saludo nazi y, sin ir más lejos, Fawsi Salim el Mahdi, excomandante de Tanzim 17, la guardia de élite de Yasser Arafat, famosa por sus atentados terroristas, era conocido como Abu Hitler porque nombró a sus dos hijos Eichmann y Hitler. Me parece más que extraño que la izquierda occidental sea tan entusiasmada con unos admiradores de Hitler…

Algunos intelectuales y revisionistas árabes de nuestros tiempos han intentado justificar la efusión de los árabes para con el régimen nazi justificando que se oponía a los británicos y franceses, cuyo colonialismo preocupaba a los árabes. Sin embargo, ello no se sostiene porque la misma afinidad se observa hoy en día y la cooperación entre los neonazis e islamofascistas se da con cada vez más frecuencia y comparten casi el mismo discurso judeofobo – el tema postre suele ser el conflicto palestino-israelí. Las redes están llenas de fotos de árabes manifestándose con eslóganes nazis, esvásticas y alabanzas a Hitler, y los negacionistas del Holocausto son casi todos neonazis o islamistas radicales. Solo por poner un ejemplo, en 2006, Robert Faurisson, un negacionista del Holocausto franco-británico, pronunció un discurso en la Conferencia Internacional para Revisar la Visión Global del Holocausto, patrocinada por Irán, y en 2012 le fue otorgado el Premio por Coraje en Teherán por el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Además de sus anteriores actividades, Faurrison fue imputado en 1960 por su supuesta membresía a la Organización del Ejército Secreto, un grupo terrorista que operaba en Francia y Argelia, famoso por la virulencia de sus ataques – solo en el año 1962 secuestró a más de 3000 civiles, la mayoría de ellos siendo torturados, asesinados o desaparecidos.

El sucesor de al-Husseini, Sheikh Ekrima Sa’id Sabri, gran muftí de Jerusalén entre 1994-2006, se mantuvo en la misma línea que su antecesor y no tuvo ningún reparo en declarar abiertamente, en 2001, hablando del Holocausto nazi que: «Es cierto, el número era inferior a seis millones e Israel está utilizando este tema para obtener simpatía» – lo cual es el mismo discurso que el de los neonazis. En el mismo sentido se había expresado un año antes en una entrevista al diario italiano La Repubblica, cuando dijo: «¿Seis millones de judíos muertos? De ninguna manera, eran mucho menos. Paremos con este cuento de hadas explotado por Israel para capturar la solidaridad internacional». Y como guinda encima del pastel, el 20 de febrero de 2005, en el canal saudí Al Maid dijo que: «Cualquiera que estudia los Protocolos de los Sabios de Sion y específicamente el Talmud descubrirá que uno de los objetivos de estos Protocolos es causar confusión en el mundo y socavar la seguridad en todo el mundo».

Dudo que lo anterior fuera incultura o falta de información, porque hasta los peores negacionistas del Holocausto se vieron obligados a reconocer, frente a la contundencia de las pruebas, que sí hubo entre cuatro y seis millones de víctimas judías asesinadas por el régimen nazi, David Irving, uno de sus cabecillas, siendo uno de ellos. La cifra de seis millones fue barajada por los propios nazis – y ya vimos que, de una forma algo difuminada, se refirió a ella incluso el muftí Husseini – y, aunque hasta la fecha se han documentado solo unas 4.800.000 víctimas mortales, seguramente que hubo más imposibles de documentar. La Segunda Guerra Mundial es el evento mejor documentado de la historia y negar lo anterior es negar el trabajo de miles de académicos, especialistas, historiadores e investigadores más que preparados y más que honrados, que en su gran mayoría ni siquiera son judíos ni tienen nada que ver con el judaísmo. Dudo que está capacitado para hacerlo un individuo que en pleno siglo XXI no sabe aún que el plagio de los Protocolos fue destapado hace un siglo y que hay miles de artículos y libros que lo demuestran. Aunque, en realidad, ni siquiera hace falta estudiar ningún libro, sino que sobra leer los 160 pasajes de los Protocolos, que representan más de la mitad del plagio, que son idénticos o casi idénticos con otro libro escrito cien años antes y que no tiene nada que ver con ningún judío. También dudo que puede hacerlo alguien con una mente tan simple que pueda creer que tal cuento podría ser real – la geopolítica es mucho más compleja que ese triste plagio. Es molesto ver que un documento tan odioso a la vez falso es ventilado por individuos sin cultura alguna para impulsar al odio contra un pueblo entero; pero es inaceptable que lo haga una personalidad como el gran muftí de Jerusalén. Es el motivo por el que he decidido incluir al final de este libro un capítulo dedicado en exclusiva a este tema.

En realidad, la popularidad del nazismo en el mundo árabe se debió y se debe a su parecido con el islamismo radical. Lo que más define a ambas ideologías es su judeofobia y cristianofobia, además de los aspectos autoritarios de ambos. Llama la atención el parecido que hay entre el concepto árabe de ummah y el concepto nazi de patria, o el Lebensraum. También son similares los conceptos de califa y führer. Luego, la sharía comparte con la ideología nazi la idea de un gobierno centralizado e hipernacionalista; mientras que la yihad es similar al blitzkrieg, y Dar el-Islam es casi calcado a la idea del Reich de los Mil Años de Hitler. Por ello pienso que más bien a eso se debió la popularidad de Hitler en el mundo árabe, que perdura hasta nuestros días. Es cierto que no son pruebas irrefutables, pero no se puede obviar ni quitar importancia a que los árabes incluso islamizaron el nombre de Hitler como Abu Ali – excepto en Egipto, donde lo bautizaron Muhammad Haidar. Los árabes pro nazis de Hitler llegaron tan lejos que alardearon que habían encontrado la casa donde supuestamente hubiera nacido su madre, en Tanta, Egipto, que fue convertida en lugar de peregrinación.

 

Fragmento de mi libro La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

Lo puedes adquirir en Amazon apretando este enlace, o, si prefieres el PDF, déjame un mensaje debajo del post, en Messenger, o en el formulario de Contacto de mi blog.

 

Fuentes:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

El conflicto Palestino-Israelí

Eric Frattini, Kidon, los verdugos del Mossad

Documentos juicios Núremberg delatando el papel de I.G. Farben en la Segunda Guerra Mundial: http://www.profit-over-life.org/

Recurso para la investigación del Holocausto. Proyecto Nikor, Nazi Conspiracy and Agression: Individual Responsibility of Defendants, Hjalmar Schacht: http://www.nizkor.org

Juicio contra I.G. Farben en: http://www.werle.rewi.huberlin.de/IGFarbenCase.pdf

Informe de Ford sobre el historial de guerra de la empresa, publicado en 2001: http://www.media.ford.com/article_display.cfm?article_id=10379

I.G. Farben, recursos históricos, http://www.wollheim-memorial.de

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: