Palestina y los nazis – Parte 2º: El muftí de Jerusalén como coparticipe en la Solución Final de los nazis alemanes

«Los musulmanes dentro y fuera de Palestina acogen con beneplácito el nuevo régimen de Alemania y esperan la extensión del sistema fascista, antidemocrático y gubernamental a otros países» – Hajj Amín al-Husseini, muftí de Jerusalén.

 

Los orígenes de la judeofobia en el mundo musulmán se remontan a los tiempos bíblicos, hace más de tres o cuatro mil años atrás, y sus características y funciones políticas han sido y son las mismas que en el mundo cristiano, el cristianismo siendo una sus fuentes. Sin embargo, hoy en día, la virulencia de los ataques judeófobos perpetrados por los musulmanes son incluso peores que los de la Europa medieval y fue hace poco que se escucharon gritos como: «Árabes, levántense y peleen juntos por sus derechos sagrados. Maten a los judíos donde se los encuentren. Esto complace a Dios, a la historia y a la religión», gritos salidos del pecho de Hajj Amín al-Husseini, el padre de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), mentor de Mahmoud Abbas, el actual presidente de la Autoridad Palestina, y tío abuelo de Yasser Arafat, el anterior presidente.

La verdad histórica es que, en los años treinta del siglo pasado, pese a su virulento antisemitismo, Hitler favoreció en una primera fase que los judíos saliesen de Alemania y del territorio europeo que controlaba, siendo la expulsión, y no el asesinato, su política inicial. En este sentido, cito al historiador alemán Tobias Jersak, quien dijo que, «a partir de la publicación en 1995 de la documentación de Michael Wildt sobre el Servicio de Seguridad de la SS y el problema judío, ya nadie niega que, empezando con 1933, la política nazi concerniendo el problema judío buscaba la emigración de los judíos, preferentemente a Palestina». Por otro lado, Gunnar Paulsson aclaró que, incluso después de conquistar Polonia, «los nazis permitían todavía la emigración judía y hasta la favorecían, y consideraban mientras otros planes de expulsión», como por ejemplo reasentarlos en Palestina o Madagascar. Christopher Simpson también demostró que, aunque la matanza de judíos había empezado, promovida principalmente por individuos como Reinhard Heydrich y los 65 comandos Einsatzgruppen del frente del este, «otros ministerios preferían una variedad de planes de deportación y reasentamiento, aunque no se ponían de acuerdo dónde relocalizar a los refugiados ni tampoco cuánto terror aplicarles». Michael R. Marrus y Robert O. Paxton concluyeron que, «hasta el otoño de 1941, aunque nadie definía la Solución Final con precisión, todo indica que se trataba de un vasto programa de emigración masiva que quedaba todavía por especificar».

Sin embargo, en el otoño de 1941 algo sucedió y los nazis cambiaron de opinión, optando ya no para la expulsión de los judíos, sino para su genocidio. Tampoco había dónde expulsarlos porque, como apunta el escritor y exsacerdote católico James Carroll, «los mismos líderes mundiales que habían denunciado la violencia antijudía de los nazis se rehusaban a recibirlos como refugiados. Para que la Solución Final se volviera irreversible, fue crucial el descubrimiento tardío de Hitler sobre la indiferencia política de las democracias europeas para con la suerte de los judíos».

Hajj Amín al-Husseini y Adolf Hitler

El 9 de noviembre de 1941, el muftí palestino Hajj Amín al-Husseini llegaba a Berlín, siendo recibido por los nazis con todos los honores. Poco antes había dirigido para el Gobierno pro nazi de Irak una gran matanza de los judíos de Bagdad, a la que se sumaban varios pogromos que había organizado en las últimas dos décadas en la Palestina británica. El 28 de noviembre del mismo año, Husseini tuvo una larga y tendida charla con Hitler quien, tal como resulta de las minutas nazi, aseguró al muftí que Alemania conquistaría Oriente Medio, que el «objetivo único de Alemania sería la destrucción del elemento judío que reside en la esfera árabe», y que colocaría a Husseini como el «vocero con mayor autoridad para el mundo árabe»⁷. Poco después, el 20 de enero de 1942 se convocó la famosa Conferencia de Wannsee, cuando se estableció que la Solución Final ya no era un programa de expulsión de los judíos, sino de exterminio. Varios investigadores consideran que la llegada de Husseini a Berlín tuvo mucho que ver con lo anterior y ello fue demostrado años más tarde, en 1961, durante el juicio de Adolf Eichmann, el tristemente famoso arquitecto del Holocausto, aliado de Heinrich Himmler y amigo de Husseini.

La influencia del muftí Husseini sobre Eichmann y Himmler fue demostrada delante del Tribunal de Crímenes de Guerra de Núremberg por Andrej Steiner, entre otros, que fue un arquitecto checoslovaco-estadounidense que había participado en la resistencia como miembro del Grupo de Trabajo de Bratislava, una organización judía clandestina. Steiner testificó sobre una conversación que tuvo durante la guerra, en Bratislava, con Dieter Wisliceny, la mano derecha de Eichmann. Según contó, cuando preguntó a Wisliceny por qué los judíos no podían ser enviados a Palestina, «Wisliceny se rio y me preguntó que si no había oído hablar del gran muftí Husseini. Me explicó que el muftí tenía lazos muy estrechos de cooperación con Eichmann y que por lo tanto Alemania no podía permitir que Palestina fuera el 66 destino final, pues sería un golpe contra el prestigio de Alemania, en la opinión del muftí».

Wisliceny explicó a Steiner que: «El muftí es un enemigo mortal de los judíos y siempre ha peleado por la idea de exterminarlos. Insiste siempre en esta idea y también en sus pláticas con Eichmann. El muftí es uno de los progenitores de la destrucción sistemática del pueblo judío europeo por los alemanes y se ha convertido en el colega permanente, socio y consejero de Eichmann en la implementación de este programa. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a acelerar las medidas de exterminio. Le oí decir que, acompañado por Eichmann, había visitado de incógnito la cámara de gas de Auschwitz»⁸. «El muftí jugó un papel decisivo en la decisión de exterminar a los judíos de Europa. No se debe ignorar la importancia de su papel. El muftí propuso repetidamente a las autoridades, principalmente a Hitler, Ribbentropp y Himmler, exterminar a los judíos de Europa. Lo consideró una solución adecuada para la cuestión palestina», testificó Wisliceny. Es evidente pues que el ex oficial de las SS, que corroboró el testimonio de Steiner ante los investigadores de Núremberg, consideraba a Husseini no solo coarquitecto y codirector del Holocausto, sino instigador directo y principal del asesinato de millones de judíos de Europa.

A ello se añade el testimonio independiente del periodista y abogado Rudolf Kastner prestado ante el Tribunal de Núremberg sobre sus conversaciones con Eichmann y Wisliceny en Budapest. Según los testimonios y confesiones que Kastner entregaría mucho después a otra corte, resulta que había colaborado con las nazis durante la guerra, en Hungría, conspirando contra sus compatriotas judíos a cambio de salvar a unos cuantos de su elección. Según el relato de Kastner, en junio de 1944, cuando negociaba la salida de sus elegidos, Eichmann se resistió enviarlos a Palestina y respondió ante su insistencia que: «Yo soy un amigo personal del gran muftí. Le prometimos que ningún judío europeo entraría ya más a Palestina. ¿Lo entiende ahora?»⁹. Unos días después, Wisliceny le confirmó a Kastner que, efectivamente, Eichmann y Husseini eran muy amigos.

Dieter Wisliceny

El propio Wisliceny explicó lo siguiente: «En mi opinión, el gran muftí, que ha estado en Berlín desde 1941, jugó un papel importante en la decisión del Gobierno alemán de exterminar a los judíos europeos y no debe menospreciarse la importancia de ello. Repetidamente le planteó el exterminio de la judería europea a las autoridades con quienes hablaba, y sobre todo a Hitler, Ribbentrop y Himmler. Le parecía una solución cómoda al problema palestino. En sus mensajes enviados por radio desde Berlín nos superaba en sus ataques antijudíos. Era uno de los mejores amigos de Eichmann y lo había incitado constantemente a que acelere las medidas de exterminio. He oído que, acompañado de Eichmann, visitó de incógnito las cámaras de gas de Auschwitz»¹⁰.

Sin embargo, tal como delata un documento de Wisliceny presentado en Núremberg, las relaciones entre Eichmann y Husseini databan de 1937¹¹ y Eichmann confesó en su juicio que en 1939 había viajado a Palestina para familiarizarse con el lugar¹². Posteriormente, según Wisliceny, cuando el muftí llegó a Berlín, Eichmann se reunió con él para discutir la solución al problema judío¹³. Ello deja claro que, antes de la visita de Husseini a Berlín, los nazis no habían ideado aún el sistema de campos de exterminio para asesinar a los judíos europeos – aunque sí existían campos de concentración, pero su fin era, principalmente, el trabajo forzado, y no específicamente el exterminio. Los campos de exterminio fueron un proyecto formalizado en Wannsee, después de que Husseini llegara a Berlín y se entrevistara con Hitler. Esto es lo que dejan claro los testimonios de Andrej Steiner y Rudolf Kasztner sobre sus conversaciones con Dieter Wisliceny, corroborados por el último como testigo directo de lo anterior. Hay otros testimonios en el mismo sentido, como por ejemplo el de un oficial alemán llamado Wilhelm Melchers, que durante los juicios de Núremberg dijo que: «El muftí era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó que le gustaría verlos a todos liquidados».

Durante su juicio en Jerusalén, años más tarde, Eichmann intentó negar su relación con Husseini y declaró: «Vi al muftí solo una vez. Esto fue durante una recepción oficial ofrecida por el Departamento VI en la casa de huéspedes del Servicio de Seguridad a la que habían sido invitados la mayoría de los Oficiales Especialistas de la Oficina Central de Seguridad del Reich. Cada oficial especialista, incluyéndome a mí, fue presentado al muftí. (…) Nunca intercambié palabras con el muftí más que para decir mi nombre cuando me presentaron. No tuve nada que ver con el muftí en términos políticos». Esa estrategia de mentir, negar y distorsionar los hechos se prolongó durante todo el juicio. Eichmann, el principal arquitecto del Holocausto nazi, incluso tuvo la desfachatez de intentar convencer al tribunal de que no era antisemita en absoluto. Sin embargo, sus declaraciones fueron negadas por otros testigos, como los mencionados antes y, asimismo, por otras pruebas.

En realidad, Eichmann fue enviado a Oriente Medio justo para ponerse en contacto con Husseini y otros líderes árabes. Él y el SS Oberscharführer Herbert Hagen llegaron a Haifa en barco el 2 de octubre de 1937, a las seis de la tarde, pero el muftí no estaba porque se había huido para escapar de los británicos, lo cual se refleja en el mismo informe que los dos líderes nazis redactaron a efecto. Es probable que Eichmann conociera al muftí en la primera mitad de 1942 y una de las pruebas en este sentido es que, en las notas de Dieter Wisliceny de 26 de julio de 1946 se lee que este informó personalmente al muftí sobre la Solución Final: «Después de la llegada del muftí al-Husseini a Alemania, visitó a Himmler. Poco después, el gran muftí visitó al director de la Sección Judía del Departamento IV de la Gestapo, el Obersturmbannführer Adolf Eichmann, en su oficina de Berlín, 166 Kurfürstenstrasse. Ya no recuerdo la fecha exacta de la visita. Posiblemente fue a 68 finales de 1941 o principios de 1942. Por casualidad, estaba con Eichmann en Berlín unos días después, cuando me contó en detalle sobre esta visita. Eichmann dio una conferencia al gran muftí en su sala de mapas, donde había recopilado recuentos estadísticos de la población judía de varios países europeos; dio una conferencia detallada sobre la solución de la cuestión judía en Europa. El gran muftí, según él, quedó muy impresionado y le dijo a Eichmann que ya le había preguntado a Himmler y que, de hecho, había obtenido el consentimiento de Himmler en este punto, que un representante de Eichmann debería venir a Jerusalén como su asesor personal cuando él, el gran muftí, volvería después de la victoria de las potencias del Eje. En esa conversación, Eichmann me preguntó si no estaba dispuesto a ocupar el cargo. Pero rechacé en principio tales aventuras orientales. Eichmann quedó muy impresionado por la personalidad del gran muftí. Me dijo repetidamente, tanto en ese momento como en una ocasión posterior, que el muftí le había causado una impresión poderosa, y también a Himmler, y que tenía una influencia reconocida en los asuntos árabe-judíos».

Ver las imágenes de origenEl ex fiscal general de Israel, Gideon Hausner, que participó en el juicio de Eichmann, también demostró los vínculos del muftí con este en su libro Justicia en Jerusalén: «A principios de 1942, Eichmann lo recibió a él y a su séquito en la sede del departamento y les dio una conferencia sobre la Solución Final en Europa. El ex muftí quedó tan impresionado, que inmediatamente le pidió a Himmler que designara a alguien del equipo de Eichmann para que fuera su “asesor personal” para “resolver finalmente” el problema judío también en Palestina, una vez que el ex muftí fuera reinstalado en su oficina por el Eje victorioso. Eichmann acogió con agrado la oferta. (…) Los lazos personales entre los dos continuaron a través del sobrino del muftí, quien más tarde llamó a Eichmann en su oficina». El fiscal preguntó a Eichmann si recordaba la propuesta que se había hecho para que Wisliceny se convirtiera en asesor del muftí y ese respondió: «No recuerdo eso, pero estoy seguro de que eso necesariamente habría sucedido. Puedo decir eso con seguridad. Pero no recuerdo eso».

De los documentos nazis intervenidos después de la guerra y analizados por el escritor y periodista Maurice Pearlman en su detallado trabajo sobre Husseini, resulta que: «en varias etapas de la guerra, y en particular hacia el final, los oficiales (nazis) a cargo de los asuntos judíos (es decir, del exterminio) estaban conformes, a cambio de dinero, con desviar a los judíos que iban a los campos de concentración. En los últimos días de la guerra incluso pensaban permitir que los niños fueran hacia Palestina en barcos “ilegales”. Pero cada vez el ex muftí, amenazando que delataría a los responsables a Hitler si se escapaba algún judío a Palestina, insistió que fueran todos a los campos de concentración. Ninguno escapó». Ello fue corroborado por Steiner, quien afirmó que en una ocasión, cuando Wisliceny y Eichmann quisieron negociar con algunos judíos que querían pagar para enviar a unos niños al campo de 69 concentración de Teresienstadt y de ahí a Palestina, Husseini se enteró y se negó rotundamente, enviando cartas a varias autoridades nazi, que posteriormente fueron presentadas como pruebas en el juicio de Eichmann, e insistió que los enviaran a Polonia; es decir, a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

También se guardan las cartas que Husseini, presentándose como alto diplomático, envió a los gobiernos de Hungría, Rumania, Bulgaria e Italia, solicitando que no dejasen escapar ni a un solo judío¹⁴. A ello se añade un extenso registro fotográfico y grabaciones vídeo delatando las actividades del muftí a servicio de Hitler, y de especial relevancia son las que reflejan su actividad en la ex Yugoslavia que he mencionado en las páginas anteriores. Husseini también participó en debates de alto nivel con los nazis sobre el esfuerzo bélico alemán en Oriente Medio y sus planes para el exterminio de los judíos de Palestina y, «de no ser por Hajj Amín al[1]Husseini, la matanza no hubiera sido tan extendida y cientos de miles de judíos quizá se habrían salvado», aprecia Maurice Pearlman.

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El muftí palestino Husseini saludando a sus tropas que había puesto a servicio de los nazis

Cuando acabó la guerra, a petición del Gobierno yugoslavo y en base a las abrumadoras pruebas presentadas, en el Parlamento británico hubo una fuerte presión para enjuiciar a Husseini por crímenes de guerra y contra la humanidad, pero los Gobiernos británico y francés, que tenían a Husseini bajo su custodia, lo dejaron escapar a Egipto. Posteriormente, un artículo publicado en 1947 por la revista The Nature explicaba que todo ello había hecho que Husseini tuviera una excelente reputación en el mundo árabe musulmán. En 1996, el historiador Rafael Medoff comentaba que «los primeros trabajos académicos sobre el muftí, como el de Maurice Pearlman o el de Joseph Schechtman, si bien obstaculizados por la inaccesibilidad de algunos documentos clave, por lo menos lograron comunicar los hechos básicos de la carrera del muftí como colaborador nazi. Uno hubiera pensado que la siguiente generación de historiadores, con mayor acceso a los materiales de archivo relevantes (sin mencionar la perspectiva histórica más amplia que se obtiene con el paso del tiempo) hubiera podido mejorar el trabajo de sus predecesores. En vez de eso, sin embargo, los historiadores actuales del conflicto árabe-israelí han minimizado o inclusive justificado las actividades nazis del muftí».

Francisco Gil-White aclaró que «el trabajo de Pearlman es de 1947 y el de Schechtman de 1967. Desde entonces ha imperado un silencio casi total sobre el muftí. (…) Medoff, escribiendo en 1996, no cita un solo trabajo académico anterior a 1990 que mencione a Husseini. Y los publicados entre los años 1990-96, o no dicen absolutamente nada sobre la participación nazi de Husseini, o relegan eso a un “resumen” de un párrafo, a veces una frase, que deja casi todo fuera. Algunos autores inclusive afirman – de pasada – que las actividades nazis de Husseini fueron imaginadas por los “propagandistas sionistas”». A ello se añade que en el propio Museo del Holocausto de Estados Unidos no se informa sobre el muftí Husseini, 70 aunque ha habido varios requerimientos por parte de Israel a tal efecto. ¿Quién y por qué no quiere que se conozca el pasado nazi del padre palestino del radicalismo islámico? ¿Qué poder en la sobra es tan poderoso como para prohibir presentar al público la ingente cantidad de pruebas que hay sobre las actividades de Husseini en la guerra? Porque pruebas sí que hay, y muchas, y están expuestas en el Museo Yad Vashem de Israel, pero, ¿por qué nadie en Occidente se atreve a hablar abiertamente de este tema?

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FUENTES:

Francisco Gil-White, Hajj Amin al Husseini: Palestina y los Nazis (El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias nº 1)

El conflicto Palestino-Israelí

Eric Frattini, Kidon, los verdugos del Mossad

Documentos juicios Núremberg delatando el papel de I.G. Farben en la Segunda Guerra Mundial: http://www.profit-over-life.org/

Recurso para la investigación del Holocausto. Proyecto Nikor, Nazi Conspiracy and Agression: Individual Responsibility of Defendants, Hjalmar Schacht: http://www.nizkor.org

Juicio contra I.G. Farben en: http://www.werle.rewi.huberlin.de/IGFarbenCase.pdf

Informe de Ford sobre el historial de guerra de la empresa, publicado en 2001: http://www.media.ford.com/article_display.cfm?article_id=10379

I.G. Farben, recursos históricos, http://www.wollheim-memorial.de

 

 

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