Prefacio de mi libro: La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU

Aprended a ver en lugar de mirar tontamente, y a actuar en vez de hablar. Lo que habéis visto estuvo a punto de dominar el mundo aún no hace tantos años. Las naciones les enviaron donde pertenecen los de su clase. Pero no cantemos la victoria antes de tiempo. ¡Aún es fértil el vientre del que salió la bestia!

Bertolt Brecht, opositor del Partido Nazi

El verdadero musulmán afirma que Alá le protege; el islamista considera que es él quien debe proteger a Alá.

Sanaa el Aji

(Mi libro en Amazon: Amazon.com: La conexión entre el radicalismo islámico, el nazismo, el Vaticano y la ONU: Claves para comprender el conflicto palestino-israelí y el islamismo radical (Camino libre) (Spanish Edition) eBook: Nita, Mónica: Kindle Store)

 

Lo que me animó a escribir este libro fue el auge del nazismo tanto en España como en Europa y el resto del mundo. «Aprended a ver en lugar de mirar tontamente, y a actuar en vez de hablar. Lo que habéis visto estuvo a punto de dominar el mundo aún no hace tantos años. Las naciones les enviaron donde pertenecen los de su clase. Pero no cantemos la victoria antes de tiempo. ¡Aún es fértil el vientre del que salió la bestia!», escribió Bertolt Brecht en su libro La resistible ascensión de Arturo Uli. Brecht fue un opositor del Partido Nazi y huyó de Alemania, donde lo esperaba una muerte segura, el día después del incendio del Reichstag. Sus libros y los de otros 23 escritores que se oponían al régimen fueron quemados en la Opernplatz de Berlin, el 10 de mayo de 1933.

Poco antes de terminar de escribir este libro, el Estado Islámico (también conocido como ISIS, o Daesh) lanzó un nuevo mensaje a España, animando a sus «lobos solitarios» a cometer atentados suicidas y a «aspirar a una muerte gloriosa». Los expertos en antiterrorismo advirtieron que España es uno de objetivos del Estado Islámico y Al-Qaeda. «Juro por Dios que no temo morir, porque es el camino de la yihad; no me canso de amar a la muerte», se escucha en el videomensaje difundido por Adnaj Media-Andaluzía Especial, en forma de cántico de guerra. Lo anterior viene después de que, hace pocos meses, la Policía Nacional en colaboración con el CNI detuvo en Barcelona a tres yihadistas argelinos, de los cuales dos habían llegado en pateras a nuestro país, uno de ellos perteneciendo a Jun and Kilafah, una franquicia del Estado Islámico que opera en Argelia.

Empecé a investigar de forma exhaustiva lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial al toparme a diario, en las redes, con una enorme cantidad de propaganda neonazi más o menos encubierta, más o menos amable, y más o menos odiosa. Después de más de un año de ardua lectura y búsquedas en archivos y redes, me di cuenta de que, muy probablemente, el quid de la historia moderna es justo ese conflicto que, si logramos comprender, entenderemos mejor tanto nuestro pasado como el presente, y así podremos construir un futuro que no nos haga avergonzar cuando miremos a los ojos de nuestros hijos. Al adentrarme en el tema, descubrí la historia del pueblo judío y me di cuenta de que el actual conflicto palestino-israelí está más que relacionado con la Segunda Guerra Mundial. También entendí que, si algo se ha dado de forma continuada en los últimos milenios, eso ha sido que el hostigamiento de ese pequeño pueblo siempre ha venido emparejado con épocas de oscuridad no solo para él, sino para la humanidad como conjunto. Es una constante en nuestra historia que las guerras, las crisis y las revueltas sociales siempre han sido precedidas por el auge del antisemitismo. Hoy en día, esta lacra está adquiriendo cada vez más fuerza, presagiando que los cuervos de la destrucción están abriendo de nuevo sus alas de guerra.

Algunos de los temas tratados en el presente libro podrían molestar a las personas de fe musulmana. Ello no es mi intención ni mucho menos. Todo lo contrario, tengo amigos musulmanes, igual que tengo amigos judíos y de otras religiones y credos. Respeto el islam igual que respeto el cristianismo, en cuyo seno nací, y el judaísmo, al que aprecio por su bella, aunque trágica historia. En realidad, hablaré poco del islam en las páginas que siguen, pero sí del islamismo radical como ideología política que deriva del islam – e intenta sustituirlo – y de su parentesco con el nazismo europeo de los comienzos del siglo pasado. Sin embargo, aunque respete la fe y el libro sagrado de los musulmanes, nadie puede negar que el Corán contiene versículos misóginos, tolera la poligamia y la pedofilia, e impulsa al asesinato por el mero hecho de pensar distinto o practicar otra religión, siendo, de todos los textos sagrados, el que más incita a la guerra y a la intolerancia. Ello ha dado lugar al islamismo, que en su variante radical es una ideología impregnada por el amor a la muerte y a la vez es la forma más letal de imperialismo del siglo XXI, que muchos consideramos mucho más peligrosa que el nazismo del siglo pasado.

Como concepto, el islamismo, que también se llama islam político, es una corriente ideológica que pretende aplicar la sharía, que es un conjunto de normas basadas en el Corán y los hadices (las sentencias del profeta Mahoma), a toda la sociedad. Es la ideología tradicional de los Hermanos Musulmanes, que son la madre de casi todas las organizaciones terroristas islamistas del mundo, y no tiene un equivalente en el mundo occidental. Abarca tanto movimientos y partidos políticos moderados como posturas extremistas, y en su aspecto radical se refiere principalmente al panislamismo y al yihadismo. Se trata de un fenómeno que se presenta en las dos ramas principales del islam, tanto en la sunní como en la chií. En la rama sunní wahabista es la fuente de numerosos grupos terroristas como por ejemplo los Tabligh o el movimiento talibán, y algunas organizaciones como el Estado Islámico (Daesh o ISIS), Al-Qaeda, Hamás, Yihad Islámica Palestina, Boko Haram, Jemaa Islamiya y el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. En la rama chií destacan los grupos terroristas liderados por la República Islámica de Irán, el más conocido siendo Hezbolá. El islamismo registró un importante auge después del fracaso del socialismo y el nacionalismo árabe, y luego también después del triunfo de la revolución islámica en Irán. Actualmente es un fenómeno que se da en todos los países que cuentan con un alto porcentaje de población musulmana.

Los principales rasgos del islamismo son su objetivo de edificar un Estado en el que la legitimidad sea religiosa y su lucha contra los valores occidentales. Al-Zawahiri resumió bastante bien el concepto que el islamismo tiene en el mundo musulmán cuando dijo que: «La democracia es una nueva religión. La legislación en el islam es un derecho de Dios, mientras que la legislación en la democracia es un derecho del pueblo. Se trata, pues, de una nueva religión basada en glorificar al pueblo y otorgarle los derechos y las características divinas. La democracia es asociacionismo con Dios e infidelidad manifiesta. Dios ha dicho «la decisión pertenece solo a Dios. Él ha ordenado que no sirváis a nadie sino a Él”».

Puntos de vista como el anterior hicieron que la Organización Islámica emitiera una Declaración de Derechos Humanos en el Islam basada en la sharía, que también se conoce como la Declaración de El Cairo, de 1990, y es paralela a la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948. Said Rajaie-Khorassani, representante de Irán ante la ONU, lo justifico alegando que la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU era una «interpretación secular de la tradición judeocristiana» y que por tanto no podía ser puesta en práctica por los musulmanes sin infringir la ley islámica. Una de sus críticas fue que, si bien reconoce a la mujer dignidad humana, para nada hace referencia a la igualdad de derechos en general ni ilegitimiza la práctica de la poligamia, que está casi generalizada en muchos países islámicos. Otra es que no reconoce el derecho de cambiar de religión y no ha conservado el fundamento de libertad de culto.

Algunos habrán oído hablándose del choque de civilizaciones y consideran que, igual que el cristianismo tuvo su época de violencia y cruzadas, ahora le toca al islam, que es la religión más nueva de la tierra, por lo que piden paciencia y comprensión frente a este nuevo fenómeno nacido en la década de los veinte del siglo pasado. Sin embargo, al analizarlo, uno se da cuenta de que no se trata del proceso natural de una religión arcaica que evoluciona más lento de lo que debería, sino de una ideología totalitaria (el islamismo radical) que intenta secuestrar a la religión (el islam), robando sus argumentos (el Corán y los hadices) para justificarse. Pilar Rahola, periodista española experta en Medio Oriente, lo explicó de una forma muy comprensiva cuando dijo que: «El problema no eran los alemanes, era el nazismo. Y obviamente, los nazis eran alemanes, pero también lo eran sus víctimas; asimismo, el problema no eran los luchadores comunistas, era el estalinismo, y muy a menudo las víctimas eran comunistas; ergo, el problema no es el islam, es el islamismo. Y a pesar de que todos los yihadistas son musulmanes (con el fenómeno incorporado y creciente de los conversos), la mayoría de sus víctimas también son musulmanas». Y es que, a quienes más ha asesinado esta ideología fascista que intenta imponer una tiranía feudal en todo el mundo han sido los propios musulmanes.

También le han caído víctimas el arte y la propia historia de la humanidad. Para ello sobra mirar las huellas del Daesh en Siria e Irak, donde los radicales yihadistas han destruido piezas de inconmensurable valor que estaban guardadas en el Museo de Mosul o en complejos arqueológicos como el de Alepo, de más de 7000 años de antigüedad, solo porque no eran características del islam. Lo hacían considerando que estaban emulando al profeta Mahoma que, al regresar a La Meca después de ocho años de guerra, se fue a Kaaba y destruyó todos los símbolos que le parecieron paganos. Solo por poner un ejemplo, mencionaré el complejo arquitectónico del dios Bel erigido en el año 32 d. C. en honor al dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad, que se guardaba casi intacto después de casi dos mil años y era de una extraordinaria belleza. Apenas queda nada de él, y como colmo de la locura, los yihadistas decapitaron a Jaled al-Assad, el arqueólogo sirio que custodiaba el lugar y era considerado gran experto en Palmira, de 82 años de edad, porque se negó a delatar a sus secuestradores dónde estaban las piezas más valiosas del yacimiento. Ello puso de manifiesto una vez más que, en el caso del islamismo no estamos frente a un choque de civilizaciones, como intentan justificarlo algunos, sino que se trata de un choque entre la civilización – con sus valores de tolerancia, convivencia, respeto y democracia – y la barbarie.

Las principales fuentes del islamismo radical son el wahabismo y el salafismo. Para Abd al-Wahhab, el padre del wahabismo que desarrolló el islamismo, era más que justificado invadir y destruir pueblos sin siquiera darles un previo aviso, considerando que era necesario declarar la guerra contra los infieles. Su influencia en el mundo musulmán ha sido y es enorme porque unificó el Corán y los hadices, y los impuso como política única de Estado. Sin embargo, visto desde el punto de vista de los valores occidentales, la revolución de este influyente reformador del islam supuso más bien un retroceso, una involución hacia los orígenes más retrógrados del islam originario, el de los salaf, que eran los amigos del profeta. El wahabismo está impulsado en todo el mundo principalmente desde Arabia Saudita, la principal financiadora de las mezquitas de Europa y un país que cuenta con un triste récord: más de 40.000 ejecuciones públicas y 350.000 amputaciones, sin mencionar la destrucción sistemática de los pueblos y del patrimonio religioso de las etnias que vivían en su territorio de hace milenios. Todo ello en nuestros tiempos, en la era de la informática, de la física cuántica y de los viajes espaciales.

Los grandes ideólogos del islamismo radical, todos ellos enemigos declarados de las libertades individuales, que consideran un opio para el islam son, como fuentes clásicas: Ibn Taymiyya y Muhammad Ibn Abd al-Wahhab; y de los tiempos modernos: Hassan al-Banna y Sayid Qutb, ambos ejecutados ya por el régimen egipcio, y Yusuf al-Qaradawi y Mustafá Setmarian, más conocido como Abu Musab al-Suri. Todos eran egipcios, excepto Setmarian, que fue el fundador de Al-Qaeda en España y autor del primer atentado yihadista perpetrado en Europa en 1985 con una bomba colocada en el bar El Descanso de Madrid, que es sirio de nacionalidad española. En un discurso en la Franja de Gaza, Setmarian dijo que era obligación de todo musulmán asesinar a las mujeres israelíes, aunque estuvieran embarazadas, porque sus hijos serían enemigos del islam.

Setmarian fue denunciado por 2500 intelectuales musulmanes de 23 países ante el Consejo de Seguridad de la ONU, pidiendo que sea juzgado por crímenes de lesa humanidad. Ello no solo que no ocurrió, sino que sus libros siguen siendo de libre adquisición y lectura en Internet. El más importante de ellos es Da’wat al-muqawamah al-islamiyyah al-’alamiyyah, de 1604 páginas, también publicado en inglés, que es considerado el Mein Kampf (el libro de Hitler) del yihadismo. De hecho, Setmarian es considerado el Goebbels (el ministro de Propaganda nazi) del islamofascismo. Ali Gommaa, el gran muftí de Egipto hasta 2013 y segunda autoridad espiritual del mundo sunita, dijo que dicho libro es la Biblia del sunismo.

Los pilares de la ideología de Setmarian son tres: 1.º Ha llegado la edad de oro del islam.  2.º La pureza del islam está amenazada por la civilización occidental, los Estados seculares e Israel. Los musulmanes son oprimidos por esos Estados sin Dios y la única solución está en el corazón mismo del Corán: es obligación de todo musulmán luchar por la imposición de la sharía y reinstaurar el Califato, con el fin de conseguir una sociedad islámica perfecta.  3.º El prestigio, el poder y la pureza del islam, vis a vis de Occidente, hace que el juego sea de suma cero, porque el islam vencerá. La sociedad islámica es la voluntad de Alá; los mártires serán recompensados. Tanto los enemigos internos (los musulmanes no comprometidos) como los externos (los cristianos y los judíos) serán una presa fácil.

Setmarian promovió el asesinato de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado justificando que es una forma para que la prensa dé más cobertura a los atentados terroristas, lo que hará que las sociedades occidentales entren en pánico – lo cual es el primer paso para la destrucción de cualquier Estado de derecho. «Cada uno debe hacer la yihad según su capacidad. Si no eres capaz de realizar una acción violenta, insulta, menosprecia, molesta a los infieles que tengas alrededor; si tienes cierta valentía y un cuchillo, utilízalo; si eres capaz de empuñar un arma, úsala; si te ves con ánimo de utilizar un kalashnikov, haz una matanza», dijo. También recomendó cometer atentados terroristas en acontecimientos deportivos, fiestas sociales, conmemoraciones y lugares emblemáticos, sobre todo judíos.

El ideólogo más importante de los Hermanos Musulmanes es Yusuf al-Qaradawi, considerado por el Foreign Policy el tercero de los más influyentes intelectuales del mundo. Al-Qaradawi es presidente de The International Union of Muslim Scholars (La Unión Internacional de los Alumnos Musulmanes); director del programa Ash-Shariah wal-Hayat («La sharía y la vida»), emitido por Al-Jazeera y que tiene una audiencia estimada de sesenta millones de personas; es el responsable de centenares de fetuas que proclama desde el Consejo Europeo de Fetuas que preside; y autor de 120 libros. También es el alma mater de Qatar Foundation que, aunque en apariencia es una fundación de caridad,  por medio de la misma la dictadura de Qatar compró el Futbol Club Barcelona. Una pésima decisión vender uno de los clubs de futbol más representativos de España y con fama mundial al país que más dinero ingresa al yihadismo y donde, por cierto, se refugió Al-Qaradawi debido a la orden de arresto que la Interpol emitió a su nombre a petición de las autoridades egipcias. En Qatar también viven los dirigentes de la organización terrorista palestina Hamás, que se enriquecieron de la noche a la mañana gracias a artimañas como las que se verán a lo largo de este libro, muchas veces con la ayuda de la ONU.

Algunas de las lindezas que al-Qaradawi suelta impunemente en el canal televisivo Al-Jazeera, emitida desde Qatar, con una audiencia de decenas de millones de personas, suenan así: «Oh Alá, agarra a los judíos, los traidores agresores, este pueblo arrogante, astuto y libertino que extiende la tiranía y la corrupción en el mundo. Oh Alá, no dejes ni uno solo. Cuéntalos y mátalos a todos, no dejes ninguno. (…) Para los homosexuales el mismo castigo que para los fornicadores, la muerte. (…) Pegar a las mujeres está permitido cuando han fallado otros métodos de persuasión. (…) Los suicidas son mártires. Su cuerpo es su fuerza. Alá los bendice. (…) Para que una mujer violada quede absuelta de ser la culpable de su violación, deberá demostrar que ha tenido una conducta ejemplar (sí, ha leído bien, en muchos países musulmanes, la mujer se considera culpable de su violación e incluso puede ser condenada a muerte debido a ello, o como mínimo a castigos corporales o cárcel, porque se supone que ha sido ella la que ha provocado al violador)».

De varios documentos desclasificados por los británicos y norteamericanos, y también de algunos que se guardan del Gobierno nazi alemán, sabemos que los Hermanos Musulmanes espiaron y cometieron sabotajes durante el Mandato Británico de Palestina. Un papel destacado lo tuvo el muftí de Jerusalén, Hajj Amin al-Husseini, del que hablaré detalladamente a lo largo de este libro. Husseini estudió en la famosa Universidad Al-Azhar de El Cairo con Rashid Rida y posteriormente, fue el representante de la organización en Palestina. Durante la Segunda Guerra Mundial, se alió con Mussolini y con el Tercer Reich, viviendo en una lujosa mansión en Berlín que le obsequió el régimen nazi y que había sido confiscada de una familia judía. Husseini aportó al régimen nazi soldados que asesinaron a decenas de miles de inocentes en la antigua Yugoslavia, las cifras barajadas por los historiadores siendo de aproximadamente 200.000 cristianos serbios, 22.000 judíos bosnios y 40.000 gitanos. También organizó brigadas de estudiantes árabes para luchar en las Arabishes Freiheitkorps nazis y en mayo de 1943 bloqueó la entrada en Palestina de 4000 niños judíos acompañados por 500 adultos, que terminaron en las cámaras de gas nazis. En septiembre de 1943 impidió otro envío de 500 niños judíos, que también terminaron asesinados por los nazis. Los Gobiernos judío y yugoslavo pidieron después de la guerra que sea entregado para ser juzgado por crímenes de guerra, pero el Gobierno británico se negó y el criminal de guerra palestino vivió tranquilamente en Egipto hasta 1974 y posteriormente en el Líbano.

Después de la guerra, Husseini fue uno de los fundadores de la Liga Árabe y gracias a él, decenas de nazis encontraron refugio en los países árabes. Uno de ellos fue Johann von Leers, Alter Kämpfer y miembro honorífico de los Sturmbannführer (paramilitares nazis) de las Waffen SS. Fue uno de los principales ideólogos del nazismo que después de la guerra vivió en Egipto bajo el manto protector de Husseini, siendo nombrado asesor para asuntos judíos del dictador Gamal Abdel Nasser. También fue el principal conferenciante de la causa antisemita en Medio Oriente y editor de la traducción al árabe de Los Protocolos de los Sabios de Sion que, junto con el libro de Hitler, siguen siendo best-sellers en varios países árabes incluso hoy en día. Otros nazis que encontraron refugio en los países árabes gracias al muftí palestino se dedicaron a formar y entrenar ejércitos para luchar contra los judíos, entre otras.

Un familiar de Husseini fue Yasser Arafat, que se formó con él desde su juventud, honrándolo siempre como «nuestro máximo y primer héroe». De la misma forma es honrado por Mahmoud Abbas, el actual líder palestino. La principal herencia de Husseini es la feroz judeofobia de gran parte del mundo árabe y, si bien es cierto que tanto la judeofobia como la cristianofobia están muy arraigadas en el propio Corán, también es que, antes de Husseini, nunca habían alcanzado límites tan preocupantes. Hoy en día, en los países que cuentan con regímenes islamistas, la judeofobia es política de Estado, mientras que la cristianofobia está cobrando dimensiones que, según se expresó el papa Francisco, no se conocían desde las persecuciones de los primeros cristianos hace dos mil años. Sin embargo, es la judeofobia la que gana con diferencia, siendo el odio colectivo que más ha aumentado en nuestros tiempos, gracias al líder palestino y no solo, como veremos más adelante. Tal es así, que un estudio de 2005 de Pew Research Center titulado Islamic Extremism: Common Concern for Muslim and Western Publics advirtió de que la inmensa mayoría de los ciudadanos que viven en países de mayoría musulmana tienen puntos de vista negativos o muy negativos respecto de los judíos. Ello fue corroborado por el profesor Jaleel Mohammed, uno de los fundadores del Center for Islamic Pluralism, quien dijo que «el 95% de los musulmanes están expuestos al aprendizaje antisemita».

«Es curioso que los judíos, denominados como tales o de manera indirecta – los sionistas -, sean erigidos en figura del enemigo absoluto por tres posturas extremistas muy distintas: la extrema derecha xenófoba, la nueva extrema izquierda tercermundista y el islamismo radical», dijo con toda la razón del mundo Pierre-André Taguieff. Sin embargo, «Europa no se explica sin los judíos, base del pensamiento, de la filosofía, la psicología, la matemática y la ciencia modernas. Pero Europa tampoco se explica sin el odio secular a los judíos, y esta bipolaridad nos condujo a la peor tragedia de la humanidad. Primero les dijimos: “No podéis vivir entre nosotros como judíos”, y los obligamos a convertirse. Después les dijimos: “No podéis vivir entre nosotros”, y los expulsamos. Y después les dijimos: “No podéis vivir”, y los exterminamos. En pocas palabras, ese es el trayecto que llevó desde el edicto de expulsión de los Reyes Católicos de España hasta Auschwitz. Por el camino, Dreyfuss, pogromos, persecuciones, odio», escribió Pilar Rahola en su libro Basta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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