Prometí volver, y volví…

Hace vidas prometí volver, y volví; aquí, en este santo lugar que una vez sanó mi alma. Luego lo olvidé, porque el olvido forma parte de este mundo de espejos, el maya, a lo mejor para evitar la locura de tantos dramas que se suceden vida tras vida. Pero hoy, ahora, estoy aquí. Aquí, la verdad es que no necesito ya nada. Bueno, sí, a ti, pero por lo demás, me declaro feliz. Esta vez soy sencilla: mirar el mar, respirar su brisa y beberme la belleza de sus amaneceres me sobra.

Hace vidas prometí volver, y volví; aquí estoy, respirando la melancolía de los atardeceres de este santo lugar y cosiendo mi alma, que casi hicieron añicos. Aquí, con el canto alegre de los canarios empezando el idilio de primavera y las mariposas bailando su danza de la seducción. Aquí, charlando con unos graciosos lagartos, los amos de este pequeño reino, que demandan su merecida ofrenda por hacerme hueco en su playa. Aquí, con el mar revolcando las rocas como un baile de relámpagos borrachos y las olas envalentadas, no sé si por pasión o enojo. Aquí, bajo el sol pintando mi piel de color cacao, en la alegre compañía de un cangrejo ensayando su danza en un cantil mojado, en son con el vaivén de las olas del mar. Sí, faltas tú, pero aun sin ti, esto sigue siendo casi perfecto…

– Al final, amarramos en el paraíso – escucho tu risa a mi espalda, mordiéndote unas cuantas mechas de mi pelo salado por la brisa; y tu vivido recuerdo me adentró en otro ensueño con sabor a olas de mar…

 

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