Sobreviviente del romanticismo y del sin ti me muero

Soy una sobreviviente del romanticismo y del sin ti me muero. Lo reconozco sin falsos pudores ni rubores delante de la pantalla del mundo. Le sobreviví y, la verdad, no sé cómo, porque si me pongo a pensar en las elucubraciones y las mil y una teorías y pseudoteorías formuladas recientemente por honrados y no tan honrados terapeutas y pseudoterapeutas, de forma consciente, o más bien sin consciencia, podría considerarme una heroína y reclamar mis laureles. Me refiero a los ilustres y no tan ilustres señores y señoras que, generalmente, llevan estampado el sello de las nuevas pseudociencias y pseudocorrientes espirituales con las que algunos intentan apaciguar la sed de sumisa fe de los que perdieron a su dios debido a los tantos absurdos que abundan en las desfasadas religiones del pasado. La otra categoría de los alarmistas anti-romance – excluyendo a los bravucones amantes de la tontuna que creen que eso les dará un halo de poseedores de súper poderes – la conforman las neofeministas que se dedican a aumentar los años luz que ya hay entre algunas de las mujeres y los hombres de este mundo, que son los que han olvidado cómo mirarse a los ojos por miedo a incumplir los postulados de los que manejan los hilos y, a veces, las almas, desde la sombra.

Antes de pasar a cosas más serias, aclaro que soy feminista, y tú también, incluso si eres hombre, si consideras que ambos sexos somos iguales en derechos, libertades y obligaciones, aunque cada cual con su papel y función bien definida. Pero las feministas de Simone de Beauvoir (que también gustamos las letras de su amado Jean-Paul Sartre), distamos de los anteriores sin avergonzarnos una pizca por llamarnos «a la antigua» porque preferimos el buen sentido, en lugar de experimentos sociales que sabemos que fallarán sí o sí en algún momento, no sin antes dejar su ofrenda de psicosis en el altar de locuras del mundo. En lo que sigue, y para no repetir palabras que ocupan demasiado espacio, y asimismo recalcando que solo expreso mi verdad sin querer ofender ni encender ánimos, llamaré a ambas categorías de negacionistas del amor como «pseudos», que es más corto y da menos dolores de cabeza.

Y ahora sí vuelvo al asunto… Que sí, señores y señoras, soy una sobreviviente del romanticismo y del sin ti me muero. Pero ahorraos los laureles, no me colméis con tantos, porque somos muchos y tiene que haber para todos. Somos esos poetas y artistas que no se avergonzaron por amar al viento ni por regalar rosas rojas y sorber vino de labios ajenos. También somos las brujas, magas y sacerdotisas que perduraron después de ahondarse en la locura de sus vientres y se bebieron sin miedo las aguas de sus emociones, sabiendo que, quien tiene fuerza para dar magia a la vida, también la tiene para sobrevivirse a sí misma. Sí, somos millones y seguiremos siéndolo mientras este no sea el Mundo Feliz de Huxley, el genio del que se olvidaron erigirle unas cuantas Estatuas de la Libertad para recordarle al mundo el camino a NO seguir. Sí, soy una sobreviviente del romance y del sin ti me muero, y como todos los que les sobrevivimos, los defiendo con mi alma, como se defiende lo bello de la vida, y os digo que, quien no es capaz de sobrevivir al sin ti me muero y luego florecer como nunca, tampoco sabrá lo que es el amor. De hecho, ni siquiera sabrá lo que es vivir. Porque el amor no es para los insulsos que prefieren matar las rosas por miedo a sus espinas; tampoco para los como el zorro de la fábula de Esopo que, rabioso por no alcanzar las uvas, las imprecó por agrias, pese a la dulzura que contenían entre sus pieles.

Ahora os diré cómo sobreviví al romanticismo y al sin ti me muero. La receta es simple. Bueno, en realidad, así lo parece, pero de hecho no es una verdad tan llana y tiene sus altibajos que solo la práctica enseña a manejar sin perder el rumbo unas cuantas veces. Para ello, uno se tiene que volver maestro de sus emociones. Sí, lo sé, para nosotras, las féminas que encarnamos el aspecto primoroso del mundo, no es tan fácil, porque todas somos un poco brujas, y las brujas sienten mucho; demasiado, a veces. Pero nosotras también podemos volvernos maestras de nuestro vientre cuando lo sentimos y nos ahondamos en lo que hay allí, en ese torbellino de emociones que a veces nos deja desfallecidas. Sentir todo lo que podemos sentir. Muchas veces; tantas, hasta integrar y luego transmutar eso que sentimos. Esta es la receta para sobrevivir al romance, al sin ti me muero y, en realidad, a cualquier emoción. Porque, sin antes sentir y abrazar tus emociones, jamás las podrás transformar en un pedazo de alma, sino que serás como una pluma que el viento lleva y no sabe ni dónde ni por qué.

Lo digo por experiencia directa, por haberlo practicado mil y una veces y haber sobrevivido, ya que no me leí mil tratados sobre el amor – en realidad, no me leí ninguno ni creo que lo haga, porque prefiero otro tipo de lectura. Tampoco disequé el amor en el altar de la ciencia, que honro como maestra, pero en este caso prefiero prescindir de ella en pos de la sabiduría del pecho, o mente-corazón, como la llaman algunos. Sentí tanto al amor como a su intrínseco romance que le da picantería y brillo. Lo sentí muchas veces, de muchas formas, abrazando a muchos hombres, en muchas vidas. Y le sobreviví. También sentí el sin ti me muero algunas veces, con algunos hombres, en algunas vidas. Y tampoco me morí, mira, estoy aquí, hecha de carne, sangre, huesos y esperanzas, soy esta loca que escribe y describe almas, aquí me tienes, más viva que nunca. Así aprendí que el sin ti me muero solo se puede superar después de sentirlo hasta hartarte de él, de ti y hasta de Dios. Sentirlo hasta no poder más y luego, en lugar de morirte, crear un poema con él. O una canción, un cuadro, o lo que te salga del pecho, pero crear, transmutar, dar a luz. Aprendí que no hay mejor receta ni mejor atajo para llegar a la maestría del alma, que sentir todo lo que se puede sentir, el romance y el sin ti me muero incluidos. Tampoco hay peor receta y peor atajo que reprimir, que es la propuesta de los ilustres señores y señoras del triste Mundo Feliz de los hombres que se volvieron autómatas por asustarse de la pasión del romance y por huir del sin ti me muero antes de sentirlo y ver si de verdad mata o más bien eleva, porque ya sabes, lo que no mata, fortalece y luego eso te vuelve feliz.

Eso sí, el camino no es de rosas siempre y con el sin ti me muero puede haber dos problemas, ambos gordos y ubicados en polos opuestos. El primero es no sentirlo después de una ruptura. Si no lo sientes cuando el ser que amas te dice que andará su camino sin ti, te lo tienes que mirar porque, o no lo has amado, sino que fue una mera ilusión que ahora delata que no eres capaz de reconocer tus emociones (y si no las reconoces, tampoco las podrás volver tus aliadas, lo cual se requiere para volverte maestro de uno mismo); o tienes algún fallo emocional, porque cuando algo se rompe es natural que duela, no hay nada de pecaminoso en ello. El problema es cuando no sientes, porque esto significa que, o estás muerto, o no te falta mucho. El segundo problema es cuando lo eternizas, cuando vuelves crónico ese sin ti me muero, tan natural durante el tiempo que se requiere para asimilar la ruptura sin perder la cordura. Es cuando el dolor se transforma en sufrimiento, y esto sí hay que evitarlo a toda costa porque no hay nada que bloquee más el crecimiento del ser humano, que el sufrimiento.

En realidad, este es el problema con todas las emociones. Es natural sentirlas todas – de hecho, tampoco lo puedes impedir por mucho que te lo canten en los oídos los pseudos de turno, porque así estamos hechos: con emociones, con sin ti me muero, con romance, locuras y los mil y un sentires que anidamos dentro de nosotros. Y no solo que es natural sentirlas todas, sino que, además, es lo que más empuja la evolución del ser humano, porque lo guía hacia el conocimiento de sí mismo y, por consiguiente, de la existencia como totalidad en la que estamos inmersos y conformamos cada uno de nosotros. Lo que no es natural es transformar el dolor en sufrimiento, este es el problema de los que han perdido los cabales y andan como zombis por el mundo. Es un problema de tiempo y también de saber cuándo, cómo, a quién y de qué forma perdonar. El otro problema, aún más gordo, es el recomendado por los pseudos del triste Mundo Feliz: reprimir. Si reprimes al sin ti me muero, no lo sientes de forma consciente, no sabes lo que es y, en lugar de transmutarlo, le cavas una tumba en tu alma donde, al final, caerás tú también, porque el acto de reprimir no sana nada, sino que crea patrones inconscientes que repetirás una y otra vez, intoxicándote cada día más, hasta que despiertes, detectas el fallo y lo sanas. Solo la consciencia sana, no el olvido, no el volver la cabeza en la otra dirección, no el reprimir, y lo que menos, el dejar de sentir. Es un proceso que puede tardar meses, años o vidas, dependiendo de la capacidad de introspección de cada uno, de su ánimo de superación y del valor de afrontar la existencia tal como es, y no como nos gustaría que fuera. Pero una cosa es segura: nadie puede trascender nada sin antes sentirlo a fondo, sin conocerlo en profundidad, sin integrarlo en cada una de sus neuronas y células, el romance y el sin ti me muero incluidos.

Esto es lo que no han entendido los pseudos anti-romance: que no se puede transmutar y, por consiguiente, sanar, lo que no has sentido a fondo. Bueno, esto y también el que, si reprimes el romance y el sin ti me muero no solo que no te sanas ni a ti ni a nadie, sino que, además, matas el arte, que es lo más sublime del ser humano, lo que más lo acerca a su naturaleza divina, porque el arte es crear con el alma, y esto solo los dioses saben hacerlo. Porque gran parte de las obras de arte de este mundo nacieron en el romance, en las lágrimas del sin ti me muero y luego renazco como el pájaro Phoenix, más fuerte, más bello y más luminoso que nunca. No puedes renacer sin antes morirte, y las emociones son clave en este proceso de sublimación. Ámalas.

 

P.D. Para los que no habéis visto la película Un mundo feliz, de Aldous Huxley, o no conocéis la fábula del zorro y las uvas, de Esopo, aquí os dejo los enlaces:

La zorra y las uvas

Un mundo feliz, película completa

 

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