Soñé que sabía y sabía que soñaba…

Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que la verdad es una, aunque tiene más caras; a veces brilla, otras, se muestra oscura y entre los extremos viste una infinidad de matices: los de cada uno de nosotros. Por eso, para conocerla, tendremos que mirarla no solo desde nuestro ángulo, sino desde los ángulos de los demás también. Esto se vuelve difícil a veces, pero no hay nada más enriquecedor en la vida.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que desde el pico de una montaña incluso el campo de una batalla parece el baile de un carnaval, y que las dificultades se esfuman cuando se analizan desde la altura de la neutralidad y del desapego. Es cuando uno descubre que sus entramadas incógnitas no son más que oportunidades para nuestra evolución.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que en nuestras entrañas brilla el Fuego dormido que, cuando despierta, nos muestra las heridas escondidas en las sombras de nuestras almas, para luego enseñarnos a amarlas y perdonarlas. Esas heridas sanadas son las que nos dan alas para volar, porque antes nos enseñaron a domar nuestros miedos, para volver a Confiar y luego, a Entregarnos. Las llamas del Fuego despiertan al Hombre y a la Mujer que cada uno llevamos dentro que, cuando se desvanece el muro que los separa, dejan de sumar dos para sumar infinitos, sinergia multiplicada en lo Eterno. Es cuando el Amor se vuelve poderoso y el Poder se vuelve amoroso y no hay orgasmo más bello que el orgasmo del alma.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que cada instante es un milagro y que el Infinito se da a conocer cuando los velos de nuestra razón se esfuman, porque vive detrás de la mente. Descubrimos la eternidad en cada uno de los segundos que la conforman.

Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que el Camino es Amor, en una espiral que no tiene comienzo ni fin y que nuestros caminos no son prefijados, sino guiados.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que las leyes del universo se desvelan en lo sencillo de la vida. Ejemplos hay muchos: para limpiar la casa, antes la tendrás que poner patas arriba; no podrás limpiar tu alma sin antes atravesar el caos. Las rosas se abren bajo el fuego del sol; las almas despiertan en el Fuego del Espíritu. Lo que nos hace humanos es el Andar Recto…

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que me decían que Dios tiene un único hijo, cuando yo siempre me sentí hija suya y hermana de sus demás hijos, que somos los seres que habitamos este bello y turbio mundo. También me decían que nunca podremos conocer a Dios, cuando yo lo veía cada día en las mares, en las nubes y en los montes. Y me decían que el amor de las brujas era pecado, cuando yo nací… hechizada. Me decían que cuando morimos nos vamos al paraíso, cuando yo lo encuentro cada día en un atardecer o en alguna flor, en una caricia o en el susurro de los pinos mecidos por el viento, en una canción o en una sonrisa. Y que existe algo que llaman «infierno», cuando yo sé que el Amor no sabe, ni puede, ni quiere crear infiernos. Y me mostraban santos sobrios, cuando los que conozco yo se pasan la vida riendo.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que maduramos cuando nos volvemos niños. Jugando a aprender a crear es cuando el juego de la vida se vuelve disfrute y hay tiempos cuando aprendemos llorando y otros tiempos cuando lloramos comprendiendo. Y no hay llanto que no sea canción que libera.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que nunca perdemos nada; simplemente cambiamos de rumbo.
… que la Luz puede transformar cualquier piedra en «filosofal».
… que no hace falta buscar maestros en templos, porque suelen vivir en la esquina de nuestras casas, siempre más cerca de lo que pensamos. Los míos fueron muchos: un árbol que me enseñó que para ser fuerte, las raíces tienen que ser hondas; un gato, del que aprendí amar sin depender; unas cuantas estrellas que me dijeron que no importa cuán pequeña sea la luz, porque siempre alumbra, sin importarle qué o a quién; una niña que susurraba a su muñeca: «no llores, mi amor te sanará…», que me recordó que lo único que sana es el amor. Mis maestros fueron todo lo que se cruzó en mi camino y todas mis relaciones, que honré delante de los fuegos sagrados con las brujas que sanan la tierra y las plantas que despiertan el alma. Y de los mejores fueron aquellos que más me lastimaron, porque así descubrí el perdón.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que entenderemos el Infinito cuando encontremos la respuesta a la pregunta: «¿Qué fue primero, el árbol o la semilla?».
… que hay de los que, cuando llueve, sienten ganas de llorar; pero también hay de los que se enamoran debajo de la lluvia y cada uno de ellos es bello así como es, llorando o amando, así que, ¿por qué juzgar? El que juzga es el que menos comprende.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que todos los amores son infinitos, incluso los que duran el instante de una mirada. Amando a los demás es como aprendemos a amarnos a nosotros mismos, porque en el otro amamos eso que aún no hemos descubierto en nosotros y solo cuando descubramos quiénes somos, recordaremos el Infinito donde nacimos y que somos.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que los locos son genios que han parado en el camino; nadie se ilumina sin haber cruzado antes la locura. El mundo está repleto de genios e iluminados: algunos descubren fórmulas físicas que desentrañan los misterios del cosmos o crean canciones que abren almas, otros se inventan perfumes que despiertan amores o tartas de chocolate que nacen pasiones. Creando es como manifestamos a Dios.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que el sol brilla igual incluso cuando cerramos los ojos y que los arcoíris nacen en las tormentas. Entonces, ¿por qué no amar también las tormentas? Las tormentas de nuestras almas, en las que nacen nuestros arcoíris.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba…

… que la gota se vuelve océano cuando se funde con él y que el océano se refleja en cada una de las gotas que lo conforman, siendo ello una metáfora para comprender la esencia de Dios y del ser humano, y el lazo inextricable que los une.
… que las verdades son siempre sencillas y que la verdad de las almas solo se puede cantar en colores de poemas, el único lenguaje con el que podemos traducirnos.

 
Soñé que sabía y sabía que soñaba que Sabremos cuando recordemos que nunca dejamos de saber.

Mónica Nita – Camino de Libertad 1º, La Bruja del Amor y el Yonqui del Dinero

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