Sopla, hermano viento, sopla…

Sopla, hermano viento, sopla…

Sopla y limpia mis heridas, que aprendí sus lecciones y el dolor ya no me sirve.

Sopla, hermano, y acaricia mi alma con el sabor del océano donde naciste, allá lejos, en el Reino de los Alisios.

Sopla, hermano, y vente para ofrendarte mis risas que brotaron cuando huyeron los miedos; alguno quedará, pero sus garras ya no amedrentan.

Sopla, hermanito, y seca las lágrimas del mundo, que hay demasiadas, más que océanos en la tierra. Seca las mías también, ya que estás, pues a mí tampoco me libró el destino y solo ellas saben amainar mi añoro.

Sopla, hermano, porque son tiempos de cambio, pero lo añejo se obcecó y no quiere dejar hueco a lo nuevo que viene.

Sopla, hermano, y tráeme sus susurros de lejos, que tengo sed de su voz y el recuerdo de sus besos me mata y me atormenta…

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