Susurran las aguas del Ebro

– Adonde el viento te lleve… Para a veces, descansa. Ama al bello hombre que cruzará tu camino, amalo como si fuese el único – porque lo es, igual que tú, igual que todos. Luego, camina adonde el viento te lleve, por mucho que duela, porque ya sabes: no hay más opción que fluir, como fluyen mis aguas, o estancarte entre las rejas de una realidad que otros crearon para ti. No temas, porque el tiempo aliviará tu llanto y sanarán tus lágrimas, para después florecer tus senderos. Recorre tu camino sin importarte adónde te lleva porque es tuyo: tú lo construyes con cada paso que das, con cada pensamiento que pienses, con cada emoción que sientas. Nada está escrito, el destino se construye en cada instante y el futuro no es mas que presente y pasado que se manifiestan en otra secuencia temporal y espacial. Adonde el viento te lleve…

        Dolió el presagio susurrado por las aguas del Ebro. Busqué clemencia en los brazos de la Madre:

– Madre, Diosa… Estoy cansada de volver a empezar de nuevo, de construir sueños que luego no habito y esperanzas que se esfuman antes de cumplirse. Tú, Madre, que habitas el No Tiempo y conoces, desde esa Eternidad, los entresijos del juego… Tú, que sientes lo que yo siento, que sufres lo que yo sufro, que amas como yo amo… Tú, que siempre amainaste mi dolor, para luego florecer mi amor, que también son tuyos… dime si volveré a besar las turbias aguas del Ebro, que tantas veces calmaron mi sed y otras tantas helaron mi piel.

– El reto es no saberlo – sentí su aliento que olía a tierra mojada y romero en flor. Así, recorrerás tu camino y construirás tu destino siendo libre, sin condicionamientos y sin expectativas. Lo único que es seguro, y tú ya lo sabes, es que el camino siempre lleva a la meta que cada uno tiene, que lo acerca, para luego fundirlo con el Eterno donde todos nacimos.

       «Fuerte es el que se desapega de lo que le daña, aunque eso es lo que más ama», escuché de lejos el susurro del Ebro.

        Lloró mi mirada, para florecer mi Camino.

 

 

(Escrito en abril de 2017)

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