Y yo en medio…

Mis ganas de no volver a saber nada más de este mundo cabrón aumentan a medida que amaina mi paciencia para ver cumplirse una noble esperanza (la que fuera).

– Este mundo está perdido, pienso a veces (muchas). Entonces, para qué tanta paciencia, si ya sabes de antemano que el fracaso es, lo más probable, el destino de casi todo de aquí.

Luego, el día siguiente el sol brilla de nuevo y la brisa del océano te recuerda que este mundo, en la misma medida que infierno, también es un paraíso perdido por entre tantas estrellas y tantos universos.

Y yo en medio, intentando no perder el rumbo mientras navego con mi barco pirata por entre los extremos…

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